Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Lamento de veras mucho, mucho, no saben cuánto la demora, pero entre las vacaciones mi computador ha muerto, LITERAL, tuve que comprar una nueva máquina y… etc etc. Total les dejo el último capi de esta historia, les agradezco mucho la acogida los reviews y sobre todo la PACIENCIA.
Ladywithmoustache
Química Perfecta. Capítulo 14
Hinata
1 de abril
Hace cinco meses que no veo a Naruto, desde el día que le dispararon. Los rumores sobre Yahiko y Naruto por fin se han disipado, y los psicólogos y trabajadores sociales han abandonado el instituto.
La semana pasada le dije al trabajador social del instituto que conseguía dormir más de cinco horas, aunque era mentira. Desde el incidente me ha costado mucho conciliar el sueño; me despierto a mitad de la noche porque mi cabeza no deja de analizar la horrible conversación que Naruto y yo mantuvimos en el hospital. El trabajador social asegura que me costará mucho deshacerme de la sensación de haber sido traicionada.
El problema es… que no me siento traicionada, me siento triste y desilucionada. Después de todo este tiempo, sigo acostándome con las fotos que le hice la noche que estuvimos en el club Waterfall.
Después de que le dieran de alta en el hospital, dejó el instituto y desapareció. Puede que físicamente esté fuera de mi vida, pero siempre será parte de mí. No puedo dejarlo marchar por mucho que me esfuerce.
Una de las cosas positivas de toda esta locura es que mi familia llevó a Hanabi a que viera el instituto y le encantó el lugar. Tiene actividades programadas para todos los días, hacen deporte, e incluso hay famosos que hacen visitas cada tres meses. Cuando Hanabi supo esto y el hecho de que se hacían conciertos benéficos quiso atarse con una cadena al lugar.
Me costó mucho dejarla, pero lo hice. Y no monte ninguna escena. Saber que se quedaba allí por su propia voluntad me hizo sentir mejor.
Pero ahora… estoy sola. Naruto se llevó un pedazo de mi corazón cuando se marchó. Me aferro a lo poco que me queda. He llegado a la conclusión de que sólo lograré controlar mi propia vida. Naruto escogió su camino… y no me incluyó en el.
Ignoro a todos los amigos de Naruto en el instituto, y ellos actúan conmigo del mismo modo. Todos fingimos que no ocurrió nada. Excepto Konan. A veces hablamos, pero es muy doloroso. Entre nosotras existe una silenciosa complicidad, y me ayuda pensar que hay alguien que atraviesa el mismo tipo de dolor que yo.
En mayo, cuando abro el casillero antes de la clase de química, un par de calentadores de manos cuelgan en el gancho interior. La peor noche de mi vida me golpea de nuevo, con una fuerza brutal.
¿Ha estado aquí Naruto?¿Fue él quien puso los calentadores allí?
Por mucho que quiera olvidarlo, no puedo. Leí una vez que la memoria de los peces de colores dura únicamente cinco segundos, los envidio. Mis recuerdos de Naruto, mi amor por él, durarán toda la vida.
Llorando me llevo los calentadores al pecho y me arrodillo junto a la taquilla. Soy un despojo humano.
Ino camina hacia mí – Hinata, ¿qué pasa?
Soy incapaz de moverme, incapaz de calmarme.
- Vamos – insiste Ino – Todos te están mirando –
Karin también se acerca - ¿En serio? Ya es hora de que superes que el pandillero de tu novio te dejo tirada. Empiezas a ser patética – dice, asegurándose de que la multitud que se ha agolpado a nuestro alrededor la oiga.
Kiba aparece junto a ella y me hace una mueca – Naruto se merece lo que le pasó – me susurra.
"Sea o no sea correcto, debes luchar por aquello en lo que crees". Tengo la mano cerrada en un puño cuando lo golpeo. Kiba esquiva el golpe, me coge de los puños y me los retuerce tras la espalda.
Sai interviene – Suéltala Kiba -
- No te metas en esto –
- Humillarla porque te dejó plantado por otro es una idea estúpida –
Kiba me empuja a un lado y se remanga la camiseta. No puedo permitir que Sai libre esa batalla por mí.
- Si quieres pelearte con él, tendrás que pasar antes por encima de mí – le digo a Kiba.
Sorprendida observo que Konan se coloca frente a mí.
- Y antes de tocarla, tendrás que enfrentarte a mí –
Ino se coloca junto a Konan – Y a mí también –
Un chico llamado Lee empuja a un chico llamado Haku, quien acaba al lado de Konan.
- Este tipo puede romperte el brazo de un golpe. Desaparece de mi vista antes de que lo obligue a hacerlo – advierte Lee.
Haku, quien lleva una camiseta azul y unos pantalones blancos gruñe queriendo verse rudo, aunque no se le da muy bien el papel.
Kiba mira de derecha a izquierda en busca de apoyo, pero no encuentra ninguno.
Parpadeo sin dar crédito a lo que está sucediendo. Puede que el mundo no se acabe, sino que deje las cosas como deben estar.
- Vamos Kiba – le dice Karin – De todas formas, no necesitamos a estos perdedores –
Se alejan juntos y casi siento lástima por ellos. Casi.
- Estoy tan orgullosa de ti Sai – dice Ino, lanzándose a sus brazos. Empiezan a comerse a besos allí mismo, sin importarles quién esté mirando ni la política del instituto contra las demostraciones de afecto en público.
- Te quiero – susurra Sai cuando se aparta para tomar aire.
- Yo también te quiero – le contesta Ino con voz de niña.
- Vayan a un hotel – grita uno de los estudiantes.
Pero ellos siguen besándose hasta que empieza a sonar la música por los altavoces. La multitud se dispersa. Todavía tengo en las manos los calentadores.
Konan se arrodilla a mi lado – Nunca le dije a Yahiko lo que sentía. Nunca me arriesgué y ahora es demasiado tarde –
- Lo siento tanto. Yo sí lo hice… y aún así… perdí a Naruto, de modo que puede que tuvieras razón –
Konan se encoge de hombros. Sé que intenta controlarse para no llorar en mitad del instituto.
- Supongo… que algún día lo superaré. No es probable pero, tengo la esperanza – endereza los hombros y se pone de pie, armándose de valor. La observo mientras se dirige hacia el aula. Me pregunto si hablará de ello con otras amigas o si solo confía en mí.
- Vamos – interviene Ino en cuanto se separa de Sai. Me lleva hacia la puerta del instituto. Me enjugo las lágrimas con el dorso de la mano y me siento en el bordillo que hay junto al coche de mi mejor amiga. No me importa saltarme una clase.
- Estoy bien Ino, de verdad –
- No, no lo estás Hinata. Soy tu mejor amiga, estaré a tu lado antes y después de tus novios. Así que suéltalo, soy toda oídos –
- Lo amaba –
- No me digas, Sherlock. Me refiero a que me digas algo que no sepa –
- Me utilizó. Se acostó conmigo para ganar una apuesta y aún así, lo amo. Ino, soy patética –
- ¿Te acostaste con él y no me lo dijiste? Pensaba que era solo un rumor. Ya sabes, de esos que no son ciertos –
Apoyo la cabeza entre las manos, desesperada.
– Estoy bromeando. Ni siquiera quiero conocer los detalles… bueno, sí. Pero solo si quieres contármelos – continua mi amiga – Olvídate de eso ahora. Vi cómo te miraba Hinata, por eso deje de agobiarte con el tema. No podía estar fingiendo, no sé quién te habrá contado sobre la apuesta pero…
Levanto la cabeza para mirarla – Fue él – Ino me mira sorprendida – Y sus amigos lo confirman – miro al horizonte - ¿Por qué no puedo olvidarlo? –
Ino niega con la cabeza, como si intentara borrar las palabras que acabo de pronunciar – Vayamos por partes – sugiere, cogiéndome de la barbilla y obligándome a mirarla – Primero, Naruto sentía algo por ti, lo admitiera o no, con apuesta o sin ella. Y tú lo sabes, Hinata, porque si no, no estarías aferrándote a esos calentadores como lo haces. Segundo, Naruto ya no forma parte de tu vida, debes seguir adelante, te lo debes a ti misma, al bobo de su amigo Yahiko y a mí, aunque no sea fácil –
- No puedo evitar pensar que me apartó de su vida a propósito. Si yo… pudiera hablar con él, conseguiría las respuestas que necesito –
- Quizás él no las tenga y por eso se marchó. Si quiere darse por vencido, ignorar lo que tiene frente a sus narices, que así sea. Pero tienes que demostrarle que tú eres mucho más fuerte –
Ino tiene razón. Por primera vez sé que conseguiré acabar el último curso. Naruto se llevo un pedazo de mi corazón la noche que hicimos el amor, y lo llevará consigo para siempre. Sin embargo eso no significa que tenga que estar esperando toda la vida. No puedo perseguir fantasmas eternamente.
Ahora soy más fuerte, al menos… eso espero.
Dos semanas más tarde, me quedo sola en el vestuario mientras me cambio para la clase de gimnasia. Oigo un taconeo y levanto la cabeza. Es Sakura Haruno. No me pongo histérica. En lugar de eso, me enderezo y la miro a los ojos.
- Estuvo aquí ¿sabes? – suelta.
- Lo sé – contesto yo, recordando los calentadores de manos en mi casillero. Pero se marchó, de nuevo, como un susurro, estuvo aquí y luego desapareció.
Sakura parece nerviosa, casi vulnerable.
- ¿Sabes esos animales de peluche que dan en la feria como premio? ¿Esos que prácticamente nadie gana, excepto los que tienen mucha suerte? Yo nunca he ganado uno –
- Yo tampoco –
- Naruto era mi muñeco de feria. No te soportaba porque me lo habías quitado – me dice.
Me encojo de hombros – Puedes dejar de hacerlo… ya no lo tengo –
- Ya no te odio – confiesa – He seguido adelante –
Trago saliva con fuerza antes de decir – Yo también –
Sakura suelta una risita. Luego, a medida que sale del vestuario la oigo murmurar – Pero parece que Naruto no –
¿Qué se supone que significa eso?
CINCO MESES DESPUÉS
La brisa de agosto me golpea el rostro. La universidad Byakugan en la ciudad de Suna me saluda por la ventana. Me sacudo el cabello, que ha crecido un poco más. No tengo que peinarlo mientras intento desempacar las maletas en la habitación de la residencia universitaria.
Mi compañera de cuarto, Yakumo, es de Suna. Parece un hada, pequeña y dulce. Podría pasar por una de las descendientes de Campanita. Juraría que nunca la he visto poner mala cara. Ino, al contrario no tuvo tanta suerte con su compañera en la universidad de Konoha. La chica le ha dejado un pequeño espacio en el armario y cada día despierta a las 5:30 AM para limpiar la habitación. Ino está enloqueciendo, pero el que esté cerca de Sai la calma un poco.
-¿Estás segura de que no quieres venir con nosotros? – me pregunta Yakumo. En el campus se celebra una especie de bienvenida.
- Tengo que deshacer el equipaje y le prometí a mi hermana que iría a verla tan pronto terminara –
- Vale – dice Yakumo mientras se prueba distintas combinaciones de ropa para conseguir el "aspecto perfecto" para esta noche. Cuando da con un conjunto, se arregla el cabello y empieza a maquillarse. Me recuerda a mi antigua yo, aquella que intentaba desesperadamente cumplir con las expectativas de todos.
Cuando se marcha media hora más tarde, me siento en la cama y saco el móvil. Lo abro y miro la foto de Naruto. Detesto sentir aquella necesidad. He intentado muchas veces borrar las fotos, borrar el pasado, pero no puedo.
Meto la mano en el cajón del escritorio y saco la bandana de Naruto, recién lavada y plegada en un pequeño cuadrado. Acaricio la suave tela, recordando el momento en que me la regalo. Para mí, no representa a los Akatsuki, sino a Naruto.
Suena el telegono y regreso al presente. Llaman del instituto de Hanabi. Cuando contesto la mujer dice - ¿Podría hablar con Hinata Hyuga? –
- Soy yo –
- Srta. Hinata su hermana Hanabi desea saber si estará aquí antes o después de la cena –
Miro el reloj, son las cuatro y media – Dígale que en quince minutos estaré allí –
Después de colgar, dejo la bandana en el cajón del escritorio y guardo el teléfono en el bolsillo.
Cojo el autobús hasta la otra punta de la ciudad. Antes de darme cuenta estoy avanzando por la sala del instituto donde, según la recepcionista, encontraré a mi hermana.
Me encuentro con Chiyo, la mujer que ha sido el vínculo entre mi hermana y yo. Me recibe con un caluroso abrazo.
- ¿Dónde está Hanabi? – le preguntó, recorriendo la habitación con la mirada.
- Jugando a las damas, como de costumbre – responde Chiyo, señalando un rincón.
Reconozco su cabello de espaldas. Cuando me acerco, reconozco a la persona que está jugando con ella. El cabello rubio tendría que haberme dado una pista de que mi vida estaba a punto de dar un giro sorprendente, aunque no había podido verlo bien hasta ahora. Me quedo paralizada.
No puede ser. Mi imaginación debe de estar jugándome una mala pasada.
Sin embargo, cuando se da la vuelta y me atraviesa con aquellos ojos azules que tan bien conozco, la realidad me golpea como un martillo.
Naruto está aquí, a diez pasos de mí. Todo lo que siento por él me invade de nuevo con la fuerza de un maremoto. No sé qué decir ni qué hacer. Me vuelvo hacia Chiyo, preguntándome si ella sabía que Naruto estaba aquí. Por su expresión esperanzada comprendo que sí.
- Ha venido Hinata – oigo que le dice Naruto a mi hermana antes de ponerse de pie y darle lugar a Hanabi para que pueda verme.
Me acerco a mi hermana como un robot y la abrazo. Cuando la suelto, Naruto se planta frente a mí. Lleva un pantalón color caqui y una camisa blanca. No puedo dejar de mirarlo. El estómago empieza a darme vueltas y me siento mareada. El mundo se desvanece a nuestro alrededor. En aquel instante sólo existe él.
Finalmente, consigo recuperar la voz – ¿Naruto…? ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunto con un nudo en la garganta.
Él se encoge de hombros – Le prometí a Hanabi la revancha, ¿verdad? –
Estamos cara a cara y alguna fuerza invisible no me permite apartar la mirada de él.
- ¿Viniste hasta aquí solo para jugar damas con mi hermana? –
- Bueno, no es la única razón. Voy a la universidad de Suna. Tras dejar los Akatsuki, la señorita Yuhi y el director me ayudaron a graduarme. Vendí a Kyubi. Estoy trabajando en la asociación de estudiantes y ya tengo un crédito –
¿Naruto? ¿En una universidad? Su camisa, perfectamente abotonada en los puños esconde la mayoría de sus tatuajes de los Akatsuki.
- ¿Dejaste la banda? Pensaba que era demasiado peligroso, Naruto. Dijiste que la gente acababa muerte –
- Fue… bastante horrible. De no ser por Haku, seguramente no lo habría conseguido… -
- ¿Haku? - ¿el tipo más agradable del instituto? Estudio detenidamente su rostro y descubro una nueva cicatriz sobre el ojo y otras con muy mala pinta en la oreja y el cuello - ¡Dios mio! ¿Qué te hicieron? –
Él me coge la mano y la coloca sobre su pecho. Su mirada es tan intensa y oscura como la primera vez que lo vi, el primer día del instituto, en el parqueadero.
- Tardé mucho en comprender que debía poner las cosas en su sitio. Enfrentarme a mis propias decisiones. A la banda. Me golpearon y me marcaron como a un ternero, pensé que no iba a salir de esa. Pero todo eso no fue nada comparado con el hecho de perderte. Si pudiera tragarme cada maldita palabra que dije en el hospital, lo haría. Pensé que si te apartaba de mí, evitaría que acabaras como Yahiko – levanta la mirada y me atraviesa con sus ojos – Nunca volveré a dejarte Hinata, nunca, te lo prometo –
¿Lo golpearon? ¿Lo marcaron? Siento nauseas y las lágrimas empiezas a agolparse en mis ojos.
- Shh – dice él, rodeándome con los brazos y frotándome la espalda con la palma de las manos – No hay de qué preocuparse, estoy bien – canturrea una y otra vez con voz ahogada.
Me siento bien, podría quedarme en sus brazos toda la vida.
Naruto apoya su frente en la mía – Tienes que saber algo. Acepte la apuesta porque en el fondo sabía que si me involucraba contigo emocionalmente estaría acabado. Y estuvo a punto de ocurrir. Has sido la única chica que ha conseguido que lo arriesgue todo por un futuro que merecía la pena – confiesa, enderezándose y dando un paso atrás – Lo siento, Hinata, dime lo que quieres y te lo daré. Si crees que serás más feliz sin mí, solo tienes que decirlo. Pero si todavía me quieres… haré todo, todo lo que esté en mis manos para que esto… – dice señalándose la ropa - ¿Cómo puedo demostrarte que he cambiado? –
- Yo también he cambiado – le aseguro – Ya no soy la niña que era antes, y lo siento… pero esa rosa… no te pega nada –
- Es lo que te gusta –
- Te equivocas. Yo te quiero a ti, no una imagen idealizada. Definitivamente te prefiero con vaqueros y camiseta, ese eres tu –
Naruto baja la mirada para observar su atuendo y suelta una carcajada.
- Tienes razón – admite, mirándome de nuevo – Una vez… dijiste que me querías, ¿sigues… sintiendo lo mismo? –
Mi hermana observa toda la escena. Sonríe abiertamente, dándome la fuerza que necesito para decir la verdad.
- Nunca dejé de hacerlo, ni siquiera cuando quise olvidarte desesperadamente lo logré –
Deja escapar un lento y profundo suspiro y, más aliviado, se frota la frente. Tiene los ojos vidriosos. Cuando noto que mis ojos se empiezan a humedecer lo agarro por la camisa – No quiero discutir todo el tiempo, Naruto. Salir contigo debería ser divertido, el amor debe ser divertido – tiro de él. Quiero sentir sus labios contra los mios - ¿Podremos conseguirlo? –
Nuestros labios se rozan ligeramente y entonces se aparta de mí… ¡Oh Dios mío! Se arrodilla, me sujeta las manos entre las suyas y el corazón empieza a latirme con fuerza.
- Hinata Hyuga, te demostraré que soy el chico que estabas convencida que era hace diez meses. Me esforzaré por llegar a ser la persona que quiero ser. Tengo planeado pedirte que te cases conmigo dentro de unos años, el día que nos graduemos – ladea la cabeza y su voz adopta un tono más juguetón – Y te garantizo una vida llena de diversión, sé que tendremos peleas, pero sé que luego vendrán increíbles reconciliaciones, algún día regresaremos a casa y podremos convertirla en el lugar que todos esperan. Tú, yo, Hanabi y todo miembro de la familia Hyuga o Uzumaki. ¿Qué dices Hinata?
No puedo evitar sonreír mientras me enjugo una solitaria lágrima que desciende por mi mejilla ¿Còmo no enamorarse locamente de este chico? El tiempo que hemos pasado separados no ha cambiado nada en absoluto. No puedo negarle otra oportunidad, sería como engañarme a mí misma.
Ha llegado el momento de arriesgarse, de confiar una vez más.
- Hanabi ¿crees que tu hermana volverá a aceptarme? – le pregunta Naruto agachándose hasta quedar a su altura. Ella le da unos suaves golpecitos en la cabeza. Las lágrimas empiezan a inundar mis mejillas rápidamente.
- ¡Sí! – grita Hanabi con una sonrisa de oreja a oreja. Parece más feliz y alegre de lo que ha estado en mucho tiempo. Tengo a mi lado a las dos personas que más quiero en el mundo, ¿qué más puedo pedir?
- ¿Qué carrera has elegido? – le pregunto a Naruto.
Me mira con su irresistible sonrisa y responde – Química, ¿y tú? –
- Química – le digo, rodeándole el cuello con los brazos.
- ¿Puedes besarme para ver si aún existe química entre los dos? –
Sonrió y me siento como una niña pequeña en la mañana de navidad, finalmente sus labios rozan los míos con mayor intensidad de la que puedo recordar.
Parece que al final, el mundo no se ha acabado… quizás, solo estemos empezando a vivir realmente.
FIN
MIL GRACIAS POR LEER. PRONTO SUBIRE UNA NUEVA HISTORIA Y ESPERO QUE LA DISFRUTEN TANTO COMO ESTA. ADIÓS.
