Nada de esto es mío, los personajes J.K Rowling y la historia es de Kitty.e2. Bueno ahora si me aplique y aquí les traigo el penúltimo capítulo de esta historia, así que los dejo para que lean.
Que lo disfruten
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Hermanos por Contrato
(Adaptación)
Capitulo Catorce
Una Conversación Necesaria
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Tres semanas, tres largas semanas habían pasado desde la última vez que Harry había hablado con Hermione aun no podía entender por qué la castaña se había ido sin decirle nada.
"Estará un tiempo con sus padres, después regresara"
Fue lo que había dicho la abuela, cuando él le pregunto por la chica, pero algo le decía que eso no pasaría y que Hermione ya no volvería.
"Hola, por el momento no puedo atender tu llamada, deja un mensaje y yo me comunicare después"
Escucho Harry que decía el buzón de voz del celular de Hermione, ¿Cuántas veces lo había escuchado? Quizás cien o mil veces, pero no le importaba no dejaría de marcar hasta que ella le contestara.
"Hola, por el momento no puedo atender tu llamada, deja un…"
Toc, toc
—Adelante — dijo mientras colgaba el teléfono y fingía estar muy ocupado con unos papeles
—Disculpe que lo moleste — dijo Die entrando a la oficina — pero la señorita Chang está afuera y dice que no se irá hasta que usted la reciba
Harry no pudo evitar maldecir antes de responder
—Está bien Die, dile que pase… pero en cinco minutos entras y me dices que tengo una reunión urgente o algo, lo que sea, entiendes
—Sí señor, como diga— y salió, para después dar paso a una despampanante morena
—Hola cariño — saludo Cho a Harry intentando darle un beso, pero el moreno la esquivo dando media vuelta y dirigiéndose nuevamente a su escritorio
—Cho, estoy muy ocupado, así que habla y dime qué quieres — dijo Harry en un tono muy serio, que no daba pie a ningún tipo de tontería por parte de la modelo.
—Vengo a negociar contigo — dijo la chica sentándose enfrente del moreno, este la miro extrañado y pregunto
— ¿Negociar? Y que es lo que vamos a negociar — Intentando descubrir si se trataba de una broma
—Esto — poniendo un sobre, encima del escritorio
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Hermionese desplomó sobre la cama con la cabeza entre las manos y lanzó un gran suspiro al aire. El repiqueteo de la lluvia contra la ventana logró tranquilizarla por un momento, pero entonces recordó dónde estaba y esa tranquilidad se desvaneció.
No podía dejar de pensar a cada rato que es lo que estaría haciendo Harry ¿Estaría en el hotel? ¿En la casa? ¿Se acordaría de ella? ¿La odiaría? Lo más probable es que si, que la odiara, pues había hecho básicamente lo que Cho. Irse, sin decirle una palabra del por qué ya no podía estar con él.
"Era lo mejor"
Pensaba cuando el ruido de su celular sonando la sacó de sus pensamientos, se incorporo y tomo el aparato que se encontraba encima de su mesita de noche.
— ¿Diga? —respondió
— ¡Hermione! — Exclamó la voz de Luna — Al fin puedo comunicarme contigo, he tenido que llamar a tu madre para que me de tu nuevo número, ¿cómo es eso de que cambias de número y no me lo informas? —Rió la chica— Hermione se quedo callada, pues se sentía culpable por no haber llamado antes a su amiga. Pero había tenido que cambiar su número de teléfono, ya que las constantes llamadas de Harry la ponían muy mal — ¿Qué tal Londres? — escucho que decía su amiga, entonces reacciono y dijo.
—A simple vista se ve tal y como lo recordaba, me gusta —afirmo
—Oh, eso es maravilloso así tampoco yo me sentiré rara —
— ¿A qué te refieres? —cuestionó la otra confundida.
— ¡Estoy en Londres! ¡Sorpresa! —chilló su mejor amiga. Hermione abrió mucho los ojos, eso sí que era una sorpresa
— ¡Es fabuloso! ¿Cuándo has llegado? —preguntó con auténtico entusiasmo
—Hace como veinte minutos, para ser exacta. De hecho aún estoy en el aeropuerto esperando por un taxi —respondió la otra y de repente a Hermione le asaltó una duda.
— ¿Estás con Ron?
—No —negó la rubia y Hermione suspiró aliviada. Sabía que si Ron venía con Luna, la obligaría a tener una conversación no tan agradable— Pero llega mañana.
—Oh, ya veo, entonces pueden quedarse conmigo, hay suficiente espacio
— ¿De verdad podemos? — Preguntó su amiga con euforia— ¡Será fabuloso! ¡Será como cuando vivíamos juntas en Nueva York! En ese caso voy para allá y de camino me paso al supermercado para comprar cosas para cenar ¿No te parece buena idea?
—Claro —respondió ella riendo con nerviosismo. Así era Luna cada vez que se emocionaba demasiado, hablaba mucho y a una velocidad impresionante— Te daré la dirección
—No te molestes, tu mamá también me la dio
— Entonces nos vemos aquí. — Y cortaron la comunicación
La cabeza de Hermione se transformó en un torbellino nuevamente. Cuando decía que estaba entusiasmada de poder ver a su amiga de nuevo, lo decía en serio, pero no podía evitar recordar los desastrosos sucesos relacionados con su estadía en Nueva York. Además, estaba el hecho de que Luna sabía el verdadero motivo por el cual se había marchado tan repentinamente, y estaba segura de que en algún momento su querida amiga sacaría el tema a relucir.
Se dirigió a la salita arrastrando los pies y se dejó caer sobre el sofá, pero al hacerlo tiro unos libros que tenía encima el mueble. Entonces mientras los levantaba de entre uno de los libros salió una fotografía. Fotografía que por más que quiso no pudo dejar, y es que era la única foto que tenia con él. Cuando vio la cara sonriente de Harry junto a la suya no pudo evitar que sus ojos se la llenaran de lágrimas, cerró los ojos con fuerza e intentó calmarse, sabía que no podía desmoronarse así cada vez que algo le recordara a ese hombre que tanto amaba.
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Toc, toc
Los golpes en la puerta hicieron que la castaña diera un pequeño brinco. Se paró de un salto y corrió a abrir, para encontrarse con una sonriente Luna, quien llevaba una gran maleta a rastras.
— ¡Te extrañé tanto! —chilló la chica de cabello rubio mientras la abrazaba con euforia.
— ¡Yo también te he extrañado mucho, Luna! ¡Siento como si hubiese pasado más que un solo mes desde que me fui! —Exclamó ella correspondiendo a su abrazo— Pasa, no te quedes afuera
— ¡Vaya Hermione, éste lugar es lindísimo! —Dijo Luna observando todo— Realmente tienes buen gusto
—Gracias, me alegra que te guste… no es muy grande, pero como ya te dije, hay suficiente espacio para los tres— dijo la castaña mientras Luna se sentaba en uno de los sillones de la sala y ella se metía a la cocina, para después salir con una charola con té y algunas galletas.
Se sentaron frente al televisor mientras comían las ricas galletas y reían con los videos que mostraban en un programa de animales.
La tarde se pasó rápidamente dando paso a la noche. Las calles iluminadas captaron la atención de Hermione quien se acercó al ventanal para observar con más detalle la ciudad en su visión nocturna. Sonrió vagamente, Nueva York nunca estaría tan tranquilo como aquel lugar.
—Hermione —habló suavemente Luna llamando su atención. Ella volteó para mirarla y supo en seguida de qué iría la conversación— ¿Cómo te has sentido?
Hermione suspiró con cansancio, se sentó nuevamente en el sofá y se abrazó de uno de los cojines. Luna era su mejor amiga, quizás la mejor amiga que había tenido en toda su vida, así que no tenía caso ocultarle lo mal que la había pasado esas semanas lejos de Harry
—Mal, me he sentido mal… por más que intento no puedo dejar de pensar en Harry y en lo mucho que debe odiarme en este momento — dijo tratando de controlar las lagrimas que ya estaban por salir de sus ojos
— ¿Odiarte? ¿Por qué dices eso? —acercándose a su amiga para poner su mano sobre su espalda, en señal de apoyo
—Pues porque hice lo mismo que Cho. Irme sin decirle nada… sin despedirme
—Ah no, eso sí que no…no te atrevas a compararte con esa mujer, ya que tú tuviste que dejarlo para que la arpía de Cho no hiciera público el contrato que tenias con Harry, el cual muy probablemente afectaría la salud de su abuelita. Y no por hacerte famosa como ella lo hizo. — decía la rubia un tanto histérica, ante la actitud de su amiga
—Tal vez, pero de cualquier forma me fui sin decirle nada y…— Ya no pudo terminar, por que el solo pensar que Harry la despreciara hizo que comenzara a llorar
— Cálmate linda, ya verás que todo terminara bien — dijo la rubia en un intento por consolar a su amiga, mientras la abrazaba. — Eres una persona demasiado buena, y eso te asegura que en algún momento dios, el cielo o el universo te recompense dejándote ser feliz
—Gracias, Luna, no sé qué haría sin una amiga como tú… pero dime ¿has sabido algo de él? —Se animo preguntar la castaña, ya que en verdad quería saber cómo se encontraba Harry
— No quiero hacerte sentir mal, Hermione, pero la está pasando mal, ya ni siquiera parece él. Ron dice que casi no va al hotel y las pocas veces que lo ha visto se parece a un fantasma.
Hermione se aferró a Luna como si fuera su salvavidas, el mundo daba vueltas alrededor de ella de una forma vertiginosa y todas las cosas que había hablado con su amiga parecían hacer mella en su corazón. Harry había sufrido por su estupidez e impulsividad, y por primera vez la castaña se arrepintió terriblemente de lo que había hecho. Lloró como una niña pequeña en los brazos de su amiga, hasta que sintió sus ojos demasiado hinchados y secos como para continuar, sin embargo, el dolor y la culpa permanecían allí.
Como buena amiga que era, la joven diseñadora se encargó de llevar a Hermione hasta su habitación y acostarla sobre la cama para que durmiera cómodamente. Acto seguido, sacó su celular y marcó el número de Ron; ella y su novio tenían mucho de qué hablar.
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Al día siguiente la lluvia continuaba cayendo tan fuerte como el día anterior. El desánimo de Hermione seguía presente y no pasaba desapercibida para Luna a pesar de que la chica le lanzara sonrisas de disimulo de vez en cuando. La joven diseñadora sabía que no podía quedarse de brazos cruzados, no cuando su querida amiga estaba sufriendo así y realmente esperaba que Ron aceptara su propuesta.
—Ya es medio día —dijo mirando a través del ventanal mientras sostenía con sus finas manos una humeante taza de té— ¿Te quedarás en pijama?
—No tengo ganas de levantarme, el día está nublado, justo como para quedarse acostada —respondió Hermione encogiéndose de hombros. Luna frunció el ceño.
—Podemos hacer de este día nublado algo más entretenido ¿no crees? Además he visto que no tienes nada en la alacena, debemos ir a almorzar a algún otro lugar…
—O podemos pedir comida… pizza, quizá
—Hermione, estamos en pleno invierno, la estación donde más días nublados hay, ¿De verdad pretendes comer sólo porquerías los días así? No señorita, como tu amiga no lo permitiré, así que te irás a dar una ducha y saldremos a almorzar algo saludable.
Sabiendo que meterse en una discusión con la rubia era una guerra perdida, se puso de pie resignada y caminó a paso lento hacia su habitación, sacó algo de ropa sin fijarse realmente en qué era y finalmente entró en el baño.
Luna observó de cerca todos los movimientos que su amiga realizaba. Se encontraba seriamente preocupada y ya no podía hacer más que pensar en lo mucho que le dolía verla así, tan falta de vida. Maldijo internamente a la ex novia de Harry y se imaginó un montón de situaciones ridículas en las cuales la modelo terminaba decapitada, ahorcada, atropellada, quemada o ahogada, era esa mujer la responsable del sufrimiento de su amiga.
"Y pensar que yo la admiraba"pensó con disgusto
Para cuando Hermione hubo terminado, ya eran cerca de las dos de la tarde, y Luna se preguntó si la joven se había dado la ducha más larga de su vida a propósito.
Hermione miró a su amiga y entendió que la estaba preocupando demasiado, casi podía ver la angustia reflejada en su pálido rostro, así que intentando olvidar por un momento lo que la afligía, le dio una pequeña pero sincera sonrisa de gratitud que la rubia fue capaz de interpretar a la perfección.
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Comieron en un restaurante cercano mientras al departamento. Hermione le relataba los pormenores de su corta estadía en casa de sus padres. Luna, por su parte, no dudó en darle una gran sorpresa justo antes del postre.
— ¿Estás embarazada? —exclamó Hermione en un intento por adivinar lo que su amiga quería decirle.
—No, no es eso —rió la otra divertida ante la expresión de la chica.
—Entonces, ¿se van a casar? —intentó de nuevo.
—No, tampoco es eso, aunque no niego que me gustaría…
— ¡Oh, vamos, Luna! ¡No seas tan mala y dímelo! —suplicó sin despegar sus ojos de ella.
—Está bien, pero ¿Estás segura de que estás preparada para oírlo? —cuestionó, y entonces la joven asintió casi automáticamente, pues la curiosidad le carcomía los nervios.
— ¡Viviré de nuevo en Londres! —exclamó de repente.
Hermione parpadeó rápidamente hasta que por fin comprendió a cabalidad las palabras de su amiga. Entonces, le dedicó una gran sonrisa.
— ¡Luna, eso es fabuloso! ¿Cuándo será? ¿Cómo pasó?
—Bueno, pues me han ofrecido un puesto en una revista y dado que esta es mi ciudad, no pude decir que no. Así que me mudaré en un mes más —explicó.
—Ya veo, pero ¿qué hay con Ron? ¿Tendrán una relación a la distancia?
—Oh, no, por supuesto que no. No podría verme sin él mucho tiempo, así que también vivirá aquí. Se encargara de los negocios de su familia.
—No sabes cuánto me alegro —dijo finalmente con sinceridad. La idea de tener a su amiga cerca la alentaba bastante.
—Es por eso que Ron llega hoy. Buscaremos un bonito departamento para los dos mañana por la mañana. Si quieres puedes acompañarnos —ofreció.
—No, muchas gracias, odiaría hacer el mal tercio. Eso es algo que deberían hacer ustedes solos, ya me llevarán a conocer el lugar cuando lo elijan.
Después de comer y al ver que la lluvia había calmado un poco decidieron caminar por un parque cercano hablando de todo y de nada. La caminata le sentó tan bien a Hermione que pocos minutos después de que llegaran a su departamento, se quedó profundamente dormida en el sofá.
Luna la observó con cariño y puso una manta sobre ella. Entonces, redactó una nota que dejó sobre la mesita de centro antes de salir sigilosamente.
Hermione soñó con él. Soñó que todo era como antes, o incluso mejor, pero justo antes de que pudieran besarse, Harry le espetaba lo mucho que lo había hecho sufrir y le afirmaba que la odiaba. Despertó sobresaltada y con un sentimiento de inquietud tan grande que no pudo evitar las inminentes ganas de llorar, hasta que notó un trozo de papel doblado sobre la mesita. Lo tomó y lo leyó.
"Hermione, he ido al aeropuerto a buscar a Ron, no quise despertarte, pero volveremos para la cena, lo prometo.
Te quiero.
Luna"
Terminó de leer y abrazó sus rodillas. Cuánto se alegraba de que por lo menos una de las dos tuviera la oportunidad de estar con la persona que amaba. Suspiró pesadamente y entrecerró los ojos, entonces el sonido del timbre la sobresaltó. Se puso de pie con lentitud y caminó arrastrando los pies, pensando que se trataba de su amiga y su novio, abrió la puerta con toda confianza.
En menos de un segundo su corazón pareció detenerse. No podía creer lo que sus ojos veían e incluso pensó que quizás se trataba de alguna alucinación, pero cuando observó que el piso se mojaba debido a las gotas de agua que resbalaban por el cabello de Harry, se convenció de que aquello era la más pura realidad.
Abrió la boca como queriendo decir algo, y luego la cerró. Se observaron en silencio durante unos momentos. Hermione no podía despegar su vista de él, de sus ojos verdes y su cabello negro tan desordenado y mojado que…
—Te-te traeré una toalla. Pasa —dijo alejándose rápidamente de la puerta, para entrar rápidamente y encerrarse en el baño.
Se observó en el espejo. Tenía las mejillas encendidas y sus ojos parecían querer salirse de sus órbitas. Intentó tranquilizarse mientras controlaba su respiración apoyada en el lavabo. La situación le parecía tan ridículamente irreal que no sabía qué debía hacer ni cómo tenía que comportarse. Tomó una toalla limpia del mueble donde las había guardado y la sujetó con fuerza, admitía que no se sentía lo suficientemente valiente como para salir de allí y tratarlo como a un invitado más, sin embargo, sabía que si él no se secaba el cabello y la ropa pronto, podría enfermar.
Giró el pomo de la puerta con el corazón latiéndole tan aprisa que le zumbaban los oídos. Intentó no pensar en nada, pero entonces la imagen de él parado junto a la ventana mirando la ciudad mientras anochecía la dejó sin aliento. Harry pareció darse cuenta de su presencia, ya que se volteó y caminó hacia ella.
—Gracias —dijo con voz ronca tomando la toalla que ella silenciosamente le alcanzaba. La piel de Hermione se erizó completamente y no pudo hacer nada más que observar mientras se secaba el cabello.
—Si quieres puedo traerte una manta, tendrías que esperarme un momento…
—Déjalo así —cortó él secamente.
—Lo siento —dijo ella indicándole que podía sentarse— Me has tomado por sorpresa, yo… nunca pensé que vendrías.
—Ron… bueno en realidad fue idea de él y de Luna.
—Por supuesto, debí imaginarlo —murmuró Hermione cuya voz no paraba de temblar. Estaba realmente nerviosa— ¿Quieres un té o mejor un café? Luna ha comprado uno realmente bueno…
—Está bien —respondió el hombre sin mirarla.
Hermione sintió como si su corazón fuese aguijoneado por mil agujas, no necesitaba ser adivina para entender cuánto daño le había hecho, sólo bastaba con observar sus ojos unos segundos. Puso la cafetera y se quedó completamente absorta pensando en la conversación que había mantenido el día anterior con su amiga. Había llegado a la conclusión de que hubiese sido mejor hablar con Harry acerca del asunto con Cho, en vez de haber tomado el camino que tomó… pero ahora que lo tenía frente a ella no sabía qué hacer.
Volvió a la realidad cuando el sonido de la cafetera la alertó de que el café ya estaba listo para servir, pero justo antes de que pudiera tomar una taza, sintió como dos brazos fuertes la abrazaban por la espalda. Sus mejillas se encendieron y su corazón comenzó una loca y desenfrenada carrera.
—Harry —murmuró con sorpresa viendo sus reflejos a través del cristal— ¿Qué estás…?
— ¿Por qué, Hermione? —interrumpió él con voz suave mientras enterraba su cabeza en la curva que iba desde su hombro hasta su cuello.
Ahí estaba la esperada pregunta, pero ella seguía sin saber qué responder.
—El motivo lo sé. Lo que quiero saber por qué no me lo dijiste nada, necesito escucharlo de tus labios —pidió con seriedad.
Los ojos de Hermione se abrieron de par en par con completa sorpresa. ¿Cómo que lo sabía? ¿Podía ser posible que Luna se lo hubiera dicho? Intentó descifrar su mirada, pero sólo vio un profundo dolor en ella, entonces sus propios ojos se volvieron acuosos. El sentimiento de culpabilidad y el arrepentimiento hacían estragos en ella nuevamente, tal como la noche anterior.
Harry se sorprendió cuando en un brusco movimiento, la joven lo abrazó con fuerza. Las manos del moreno no tardaron demasiado en encontrar nuevamente el camino hacia la cintura de la chica y le correspondió de igual forma, si bien era cierto que había sufrido y dudado, en ese preciso momento se sintió en plena calma y sonrió al pensar que ése era exactamente el efecto que Hermione siempre le producía. Calma.
—Perdóname —susurró ella bajito y sin despegar su cara del pecho del hombre— Perdóname, por favor, perdóname Harry. ¡Fui una tonta! No te lo dije por temor a lo que ella podía hacer, pero de haber hablado contigo podríamos haber solucionado esto entre los dos y...— la castaña no pudo continuar por que la opresión que sentía en la garganta no la dejo
—Lo que Cho hizo no tiene perdón. Lo que tú hiciste fue algo sumamente generoso —afirmó el chico acariciando la espalda de Hermione.
—Pero…
—Regresa conmigo a Nueva York —la interrumpió él separándose unos segundos para mirarla directamente.
Hermione quedó embobada con el brillo apasionado que tenían los ojos del hombre, y deseó poder observarlos siempre, a cada hora, cada minuto… Pero entonces la dura realidad la despertó como si le hubiesen tirado un balde de agua fría.
— ¿Y qué pasará con nosotros? ¿Seguiremos fingiendo que somos hermanos? —Interrogó buscando en sus ojos las respuestas a sus preguntas— Si Cho se entera…
—Tengo un plan, Hermione, pero necesito que confíes en mí, ¿Puedes hacerlo? —preguntó casi con súplica.
—Sí, sabes que sí —respondió ella en seguida.
Harry sonrió. Sonrió con una sonrisa tan amplia que pensó que no sería capaz de volver a ponerse serio jamás, y con esa dicha y en un acto de devoción, besó la frente de la joven, que no pudo hacer más que suspirar de la emoción. De su frente pasó a su mejilla, la punta de su nariz, el mentón, y, luego de separarse para observar sus vivaces ojos castaños, le besó los labios con tanta ternura, que Hermione sintió como su corazón y su estómago daban un vuelco.
—Te amo —susurró él juntando su frente con la de ella— te amo tanto, que temo por el bien de mi cordura.
—Y yo a ti, Harry —contestó— Ya no quiero pasar un día más sin ti.
Aquello bastó para que el hombre se hiciera presa de sus labios una vez más, pero esta vez con más ansias. La cabeza de Hermione daba vueltas, pero le agradaba esa sensación, y en un impulso por sentirlo más cerca pasó sus brazos por su cuello y se empinó en la punta de sus pies.
Él, abrumado por el deseo que comenzaba a consumirlo, estrechó mas el agarré de su cintura y aumentó la exigencia del beso, hasta que sus labios no parecieron ser suficientes para probarla, sino que una de sus manos se deslizó por la espalda de la joven, en una caricia tan íntima que resultó en un jadeo de ella. Se detuvieron sólo por el deleite de observarse con sus ojos brillantes y sus labios rojos, y entonces con una pequeña sonrisa, ambos entendieron a la perfección que lo que cada uno quería, era exactamente lo mismo.
Harry, sin aviso previo, la llevó en sus brazos hasta la habitación, guiado por las indicaciones que la castaña le daba entre risas. La había soñado tantas noches, que ahora que por fin la tenía, no pretendía dejarla ir.
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Bueno, eso es todo, espero les haya gustado, como ya les dije este es el penúltimo capítulo así que la próxima vez que nos leamos será con el capitulo final.
Ahora quiero darle las gracias a quienes me dejaron un review, me dio mucho gusto leerlos y también a quienes me tienen en favoritos, alertas o simplemente leen esta historia.
Muchas Gracias
Y ya saben los reviews no cuestan, y emocionan mucho al lo :D
Cuídense ok
