El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.
Capítulo Nº 5 ultimo día
Otra noche mas sin haber podido conciliar bien el sueño, estaba deseosa que Darien regresará pronto o terminaría cometiendo un gravísimo error….otra vez, maldición porque Seiya tenia que ser tan deliciosamente atractivo, y sus labios….dio un largo suspiro tocándose los labios aun ardientes por aquel beso. Salio de la cama y fue darse una ducha, ya quedaba solo un día mas y luego, a buscar a su millonario.
Seiya colgó el teléfono de la cocina y maldijo en voz alta. ¿Dónde demonios se habría metido Darien? Había llamado varias veces al hotel de Dallas donde su primo se hospedaba, pero no había conseguido localizarlo. ¡Maldición!
-¿Algún problema?
Seiya alzó la vista y vio que Serena se encontraba de pie junto a la puerta. ¿Habría oído
algo del mensaje que le acababa de dejar a Darien?
-¿Por qué lo preguntas?
Serena hizo una mueca.
-He oído cómo insultabas a la familia de alguien. Y, por tu voz, parecías muy irritado.
-No, no pasa nada. He llamado a un amigo, pero no estaba en casa. ¿Se ha comido el abuelo todo el desayuno?
-Hasta el último bocado. Le pregunté si quería que le leyera algo, pero ha preferido seguir la misa que dan por televisión.
-¿Seguir la misa? ¿Mi abuelo?
-Al menos, eso me ha dicho. ¿Te apetecen unos gofres?
-Pero calientes, si no es molestia.
Serena dejó escapar una risita.
-Puede que sea un desastre como cocinera, pero sé manejar una tostadora.
Abrió el congelador y sacó un paquete de gofres. Mientras Serena los tostaba, Seiya puso la mesa y sirvió unos vasos de zumo de naranja.
-Formamos un buen equipo -dijo en tono animado.
Ella no respondió nada.
-Sí, ya lo creo. Un gran equipo. Nuestra sincronización es perfecta. ¿No estás de acuerdo? -preguntó mientras retiraba una silla y la invitaba a sentarse.
Serena tomó asiento, untó los gofres con mantequilla y luego los roció con sirope.
Titubeó un momento, como si meditara cuidadosamente las palabras que pensaba utilizar, y dijo:
-Mira, Seiya, trabajamos muy bien juntos, pero... Bueno, el beso que nos dimos anoche estuvo fuera de lugar. Nunca debió suceder. Creo que nos dejamos arrastrar por la emoción del momento. Nos afectó mucho lo de Joey y su madre. Quiero decir sólo fue una respuesta lógica y espontánea a la experiencia tan emotiva que acabábamos de compartir.
-¿Tú crees bombón? -Seiya se dio cuenta de que Serena intentaba realmente convencerse a sí misma de lo que decía. Pero no había oído nada tan falso y falto de convicción desde la última vez que asistió a un mitin político.
-Estoy segura de ello. Ya te he dicho que me resultas muy atractivo. Pero no quiero que entre nosotros haya nada. Eres un hombre muy simpático y me gustaría tenerte como amigo. Pero nada más.
-¿Porque deseas casarte con un hombre rico?
-Exacto. Tal vez te parezca egoísta, pero así son las cosas. No quiero andarme con ambages. El beso de anoche fue... fue...
-¿Una reacción espontánea a la emoción del momento? -Seiya añadió sirope a su gofre sin mirarla a los ojos en ningún momento.
-Exacto. No significó nada -Serena cortó cuidadosamente un trozo de gofre y se lo metió en la boca.
-Comprendo. Y si volviera a suceder, imagino que sería otro acto espontáneo entre amigos.
-Efectivamente -Serena alzó la cabeza de golpe-. ¡No! Quiero decir que no volverá a suceder.
-Porque sólo somos amigos.
-Exactamente.
-Amigos. Y no hay ni una pizca de química sexual entre nosotros.
-No.
A Seiya se le escapó una risotada.
-¿A qué viene esa risa? -preguntó ella con ojos entrecerrados.
Él se puso serio y la miró con aire inocente.
-¿Qué risa?
-Lo sabes perfectamente.
-No me hagas caso. Oye, ¿te apetece venir conmigo a Tyler esta tarde? Tengo que recoger unas cuantas cosas. Jenny se ocupará de la tienda y le echará un ojo al abuelo. Podemos quedarnos a cenar en algún restaurante y luego ir al cine. Yo invito.¿Qué te parece?
-Me parece fantástico. ¿A cuánto está Tyler?
-A unos cincuenta kilómetros. Seguro que pasaste por allí cuando viniste de Dallas.
Acabaron de desayunar en silencio, pero Seiya casi podía oír los pensamientos de Serena.
Resultaba evidente que los dos estaban pensando en lo mismo. ¿Que no había química sexual entre ellos? Qué risa. El aire parecía electrizarse cuando los dos se hallaban juntos en la misma habitación. Tardaría unos cuantos días más en convencerla de que estaban hechos el uno para el otro.
Eso sí, antes tenía que localizar a Darien y retrasar como fuera su regreso.
Serena deseó que Darien regresara cuanto antes al Nido de Crow. Tenía que alejarse de Seiya Kou o acabaría cometiendo alguna tontería. Mientras se ponía un poco de perfume, se dijo que ir a Tyler con Seiya era como jugar con fuego. Le sorprendió mucho que la nariz no le creciera unos cuantos centímetros cuando afirmó que entre ellos no existía ninguna química sexual. Porque la mentira había sido descomunal.
Satisfecha con la ropa, deliberadamente sencilla, que había escogido para la ocasión, agarró el bolso y salió a reunirse con Seiya.
Él la esperaba en el porche. Y, por la forma en que la devoró con los ojos al verla llegar,
Serena comprendió que su esfuerzo por resultar poco atractiva había fracasado.
Seiya le sonrió provocativamente.
-Estás guapísima.
-Gracias -casi tuvo que morderse el labio para no decirle que él no se quedaba atrás.
Si no estaba equivocada, Seiya llevaba una camisa y un pantalón de diseño italiano.
Prendas muy caras, indudablemente. Con razón no había logrado salir adelante en California. Debió de haberse gastado todo el dinero en ropa.
-Jenny acaba de llegar, así que podemos irnos cuando estés lista.
-Ya lo estoy.
La acompañó hasta una furgoneta azul que había aparcada enfrente del almacén.
-Espero que no te importe ir en el furgón del abuelo. Tengo que recoger unas mercancías.
-Claro que no me importa. Es más, no recuerdo haberme subido nunca en un furgón.
-Me tomas el pelo.
-En absoluto -al ver el logotipo pintado en la puerta del furgón, Serena enarcó una ceja.
Consistía en un círculo en cuyo interior aparecía la caricatura de un indio americano, trenza y plumas incluidas-. Con el debido respeto, me sorprende que Artemis lleve algo así dibujado en su furgón.
Seiya se echó a reír.
-Bueno, ¿qué clase de comida te apetece tomar? Yo estoy loco por tomar un buen plato chino o italiano.
De almuerzo tomaron pasta en un lujoso restaurante italiano, y a la vuelta compraron comida china para llevar. Tuvieron tiempo para ir al cine antes de recoger las mercancías para la tienda.
Serena deseó poder decir que no se lo había pasado bien, pero lo cierto era que se había divertido mucho. Tal vez Seiya no le sirviera como marido potencial, pero era una gozada estar a su lado. Era un caballero a la antigua usanza y, al mismo tiempo, un hombre moderno. Sabía cómo complacer a una mujer y hacer que se divirtiera.
Seiya era considerado, gran conversador... y poseía una especie de magnetismo casi animal. Era tan guapo que las mujeres se volvían para mirarlo, aunque él ni siquiera parecía darse cuenta. Estaba totalmente concentrado en ella, y no tenía más que rozarle el brazo o dirigirle una de aquellas miradas prolongadas y sexys para que Serema deseara con toda el alma saltarle encima y comérselo a besos. Era, en definitiva, un hombre casi perfecto. Lástima que también fuera pobre. Serena tuvo que recordarse a sí misma una y otra vez que perseguía una meta más ambiciosa. Y eso fue precisamente lo que le dijo a Seiya aquella noche, cuando intentó besarla... por segunda vez. ¿O había sido la tercera?
Al principio la había pillado con la guardia baja, pero, transcurridos unos minutos, Serena había conseguido pensar con claridad y le había parado los pies.
-Me... voy mañana-dijo tímidamente.
-¿Que te vas?
-Darien Chiba debería estar de vuelta mañana, ¿no te parece? Al fin y al cabo, he venido para conocerlo. Por lo de la entrevista, claro está -Serena alzó bruscamente los hombros-. ¡No hagas eso!
-¿Qué?
-Morderme el cuello.
-¿Te estaba mordiendo? -le recorrió la oreja con la punta de la lengua y le mordisqueó el lóbulo-. ¿No te gusta? Creí que estabas jadeando porque te gustaba.
-¡No estaba jadeando!
-A mí me ha parecido que sí.
-Pues no. Y quítame la lengua de la oreja y la mano del pecho.
Él le masajeó el pezón con el pulgar. No tardó ni un instante en ponerse duro como una piedra.
-¿Yeso tampoco te gusta?
-No, no me gusta nada.
-Qué raro. Pues otra vez estabas haciendo ese sonido que parece un jadeo...
-Necesitas darte un buen lavado en los oídos. ¡Apártate de mí ahora mismo!
-No puedo, bombon.
-¿Por qué no?
-Porque me tienes sujeto con todas tus fuerzas. Serena trató de retirar los brazos. Lo intentó de veras.
-Creo que me he quedado paralizada -susurró antes de alzar la cabeza para besarlo en los labios. Un solo beso, se dijo. Sólo uno.
Cuando finalmente se separaron, Serena entró en la cabaña, cerró la puerta y se apoyó en la rugosa pared de madera. Saboreó la sensación persistente que los labios de Seiya habían dejado en los suyos.
Lástima que fuera pobre.
Echó el cerrojo de la puerta y comprobó todas las ventanas para cerciorarse de que estaban cerradas.
Al día siguiente, Alma Jane anunció que volvía definitivamente al trabajo. Seguía un poco pachucha, pero, según dijo, su enfermedad se había vuelto «tolerable». Seiya se hallaba en el taller, trabajando con la sierra mecánica en un nuevo diseño. Y Serena, por su parte, acababa de leerle a Artemis un capítulo del último libro de Warren Buffet.
-Nunca había oído hablar de este escritor -le confesó al anciano-. ¿No le aburren estos tratados de economía?
-No. Me gusta seguir de cerca la obra de Buffet. Es un hombre muy inteligente. De él he aprendido a... -se interrumpió de repente y tosió un par de veces.
-¿A qué ha aprendido?
-A invertir el dinero de mi pensión. No es que tenga mucho, entiéndeme. Vaya, ¿oyes eso?
-¿El qué?
-Eh... nada, nada. ¿Quieres quedarte a ver conmigo El precio justo? Me cae muy bien el presentador -encendió la televisión y puso el volumen al máximo.
-¡Artemis! ¡Está demasiado alto! -Serena agarró el mando a distancia y bajó el sonido. Sólo entonces oyó el ruido característico e inconfundible de unos rotores. Corrió a la ventana para echar un vistazo.
-Es un helicóptero. Un helicóptero blanco y negro. Vuela tan bajo que casi roza los árboles.
-¡Será estúpido! Se va a matar el día menos pensado.
-¿Quién se va a matar?
-Pues... bueno, no sé.
-¡Mire! ¡Ha aparecido otro helicóptero! Darien Chiba debe de haber regresado. Será mejor que vaya a hacer el equipaje.
-¿A hacer el equipaje? ¿Para qué? Creía que te gustaba estar aquí con nosotros. ¿Quién me va a leer si te marchas?
-Oh, Artemis, lo siento mucho -besó al anciano en la frente como si fuera un niño pequeño-. Debe entender que mi estancia aquí ha sido simplemente temporal. Tengo que hacer cierto trabajo.
-¿Escribir sobre esa panda de sinvergüenzas? Una pérdida de tiempo y papel, en mi opinión.
Serena sonrió.
-Deduzco que no le caen bien Darien Chiba y su club de jóvenes millonarios.
-Que me caigan bien o no es lo de menos. Simplemente opino que deberían sentar la cabeza y casarse en lugar de andar por ahí pilotando helicópteros o jugando al golf. Y Darien más que ninguno.
Serena soltó una risita de complicidad.
-¿Sabe? Pienso hacer lo posible para quitar de la circulación a alguno de ellos. ¿Qué le parece?
Artemis frunció el ceño.
-¿A uno de esos? Creía que te gustaba Seiya.
-Su nieto es un hombre muy valioso, Artemis, pero mis planes no han cambiado. Seiya y yo sólo somos amigos –Serena volvió a posarle un beso en la frente-. Espero que le vaya bien en la cita con el médico. Vendré a visitarlo dentro de un par de días.
Mientras bajaba las escaleras del almacén, Serena notó un nudo en la garganta. Los ojos se le llenaron de inesperadas lágrimas.
No se detuvo en el taller para hablar con Seiya. Diciéndose a sí misma que no quería interrumpirlo mientras trabajaba, corrió hacia la cabaña con la intención de vestirse y hacer las maletas. Justo al tomar el pomo de la puerta oyó el sonido de un disparo.
Seiya al escuchar aquello corrió a ver que quería su abuelo, si se encontraba con bombón, para que estar llamando de esa forma, cuando llego al dormitorio el anciano intentaba pararse.
-Pero que demonios intentas hacer abuelo – lo reprendió mientras lo ayudaba acomodarse nuevamente.
-Darien ha llegado, Serena vio los helicópteros, debes apurarte – el anciano no termino de hablar que Seiya bajo de un salto las escaleras. Pero al llegar al porche del almacén vio como el mercedes iba dejando una estela de polvo.
Maldición – corrió hacia el teléfono.
