El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.
Bueno ya falta poquito para que termine...gracias a quienes siguen la historia...me alegra que les guste...cuando termine con esta haré otra adaptacion de una novela que lei y tambien dije "es seiya" jajajjaja besossss
Capítulo Nº 9 Mi galante caballero…. quebrado
Serena abrió los ojos de par en par.
-¿Seiya Kou? Pero... pero...
-No podemos luchar contra el destino, Bombon -dijo Seiya soltando una risita.
-Pero... pero...
-¡Qué suerte tienes! -dijo Andrew dándole a Seiya unas palmaditas en la espalda-. Eh,
Darien, deja ese sombrero ahí. La señorita todavía tiene que sacar dos tarjetas más.
-Está bien. Serena, elige acompañante para el postre y el café.
Serena metió de nuevo la mano en el sombrero y sacó otra tarjeta. Esta vez miró el nombre.
-Nicolas Kumada
-¡Demonios, ése soy yo!
-Y ahora elige para las copas de después de la cena.
Serena extrajo una tercera tarjeta.
-Diamante Black
-Entonces mi regalo ha sido el apropiado —dijo él sonriendo e inclinándose ligeramente.
-Eso parece -dijo Serena-. Aunque habrá que ponerlo en hielo.
-Le diré a Pat que lo vigile –contesto galantemente Diamante.
-No sé que es lo que lo que traen entre manos, pero suena a algo pecaminoso -dijo Malachite sonriendo-. Eh, Darien, ¿y qué pasa con los demás? ¿Cuándo nos toca a nosotros?
-Ándate con cuidado -dijo Zafiro-, o tendré que llamar a Ziosite para decirle que no te estás portando como es debido.
-Ni se te ocurra. La señorita simplemente desea hacer unas cuantas averiguaciones para su artículo. ¿No es así, señorita Tsukino?
-Así es, señor Dudley –dijo Serena riéndose.
-Les diré lo que vamos a hacer -terció Darien-. Confeccionamos una lista, sorteamos las papeletas y mañana después del desayuno ponemos los resultados en el tablón de anuncios.
-Pero, ¿quién la lleva a desayunar? -preguntó Aaron.
-Yo mismo -dijo Darien.
-Eh, tío, ni siquiera lo has sorteado.
-Pues denúnciame -respondió Darien con una mueca burlona.
-¿Nos vamos a cenar de una vez? -le preguntó Seiya a Serena ofreciéndole el brazo. Ella entornó los ojos y suspiró.
-Me dan ganas de estrangularte -musitó mientras se dirigían a una de las mesas-. ¿Por qué demonios tuviste que poner tu tarjeta en el sombrero?
-Ya te dije que me vendría bien el dinero. Además, disfruto estando contigo.
-Pero ya sabes que busco un millonario. Lo dejé bastante claro.
-No hay duda de ello, y no lo voy a olvidar. Haremos una cosa. Yo seré tu asesor y te daré información sobre todos estos tipos. Seguro que querrás desembarazarte de alguno de ellos.
-¿Ah, sí?
-Seguro. Por ejemplo, apuesto a que Zafiro no va a contarte que ha estado en la cárcel.-
-¿En la cárcel?
-Sí. Y si estás interesada en perder de vista a alguno de estos tipos, vas a necesitar mi ayuda.
-¿Estás seguro de que Darien bebe demasiado? Yo no lo he notado.
-Confía en mí. Está hecho un auténtico borrachín. ¿Prefieres carne o pescado?
-Pescado. A propósito, ¿cuánto dinero has ganado?
-Doce mil.
-¿Doce mil dólares?
-Sí. ¿Qué prefieres con el pescado, arroz o patatas?
-Arroz. ¿Quieres decir que todos pusisteis mil dólares?
-Sí. ¿Ensalada?
-Sí. ¿Y de dónde sacaste tú los mil dólares?
-De ningún sitio. Darien los puso por mí.
-¿Eso vale?
-Por supuesto que vale. Gané, ¿no? Darien me dijo que pagaría todos mis gastos si accedía a jugar al golf con ellos. ¿Vino?
-Sí, gracias. Todavía no lo veo muy claro. Si el dinero era de Darien, él debería haber ganado la apuesta.
-De eso ni hablar. Sacaste mi tarjeta. Así que gané yo. Esas eran las reglas. No pienses más en ello, Bombon. No merece la pena. Darien está forrado.
El camarero les sirvió unos panecillos calientes y Seiya le pidió la cena.
-¿Crees que Richard, su propio hermano, le hubiera devuelto el dinero a Darien si él hubiera ganado? Claro que no. Pues yo tampoco. Además, voy a necesitarlo para jugar al poker.
-¿Al poker? ¿Te vas a jugar al poker esa cantidad de dinero? No puedo creerlo.
-¿Te molesta que lo haga?
-Si pudieras permitírtelo, no. Todos estos hombres son millonarios, Seiya. Para ellos cien dólares no son nada. Creo que deberías meter ese dinero en el banco. Quizá Diamante pudiera aconsejarte cómo invertirlo. Conoce el mundo de la banca y parece un hombre muy agradable.
-No creo que lo sea tanto. Me mira de una manera muy rara. Apostaría a que es un estafador.
-Vamos, Seiya, no digas tonterías.
-No me sorprendería. Investigaré por ahí. Y tú ten cuidado con Nicolas Kumada. He oído decir que los negocios no le van muy bien.
-¿Quieres decir que está arruinado?
-Casi. Oí cómo les pedía un préstamo a dos del grupo.
-Qué lástima. Pero, Seiya, si Nicolas está tan necesitado de dinero deberías devolverle sus mil dólares.
-De ninguna manera. Es un hombre muy orgulloso, y, en este momento, para él mil dólares son como una gota en un cubo de agua. Tiene millones. Por cierto, se rumorea que Andrew anda también en terreno movedizo. Hace tiempo que las compañías que fabrican materiales para los yacimientos petrolíferos están pasando por dificultades graves.
-¿Ah, sí?
-Sí. Esos dos tendrán que renunciar a su tarjeta de socios el día menos pensado. Y Haruka Tenoh
-¿Qué pasa con Haruka?
-Odio tener que hablar de eso. Sólo son rumores. Ah, ya llega el vino.
Seiya cambió de tema y se mostró como un acompañante encantador, entretenido y atento.
Era un hombre tan atractivo y tan... sexy que incitaba al pecado. Poseía el don especial de hacerla sentir como si fuera la mujer más bella y fascinante del mundo. Pero...
Serena emitió un suspiro.
Seiya tenía todo lo que ella buscaba salvo una cosa. Dinero.
En definitiva, no le convenía como marido.
Le dirigió una brillante sonrisa, retiró la silla y se levantó.
-La cena estaba deliciosa. Ahora, si me disculpas, me reuniré con Nicolas para tomar el postre y el café.
-Pero si todavía no hemos terminado el primer plato.
Serena miró la ensalada que se había dejado a medio comer.
-Oh -exclamó sorprendida y volvió a ocupar la silla, sintiéndose como una completa estúpida.
-¿Acaso estás nerviosa? -preguntó Seiya
-Un poco, quizá. Todos estos millonarios son un poco desalentadores.
-Tranquilízate -dijo él apretándole suavemente la mano-. Esos tipos se ponen los pantalones metiendo primero una pierna y luego otra, como cualquier persona.
Aunque, desde luego, no me gustaría encontrarme a solas con ninguno de ellos.
-¿Por qué no? -preguntó Serena al tiempo que retiraba la mano.
Seiya enarcó las cejas y se encogió de hombros.
-Recuerda que les encanta competir entre sí. No me sorprendería que tuvieran entre manos otra apuesta, y... -se encogió de hombros nuevamente.
-¿Quieres decir que están apostando a ver quién liga antes conmigo?
-Bueno, tampoco he dicho eso, bombon.
-Pero lo has insinuado.
-Olvida que lo he mencionado. Estoy seguro de que no tienes nada que temer. Nunca he oído que en el club se hiciera nada parecido. Ah, ya llega el pescado.
Serena no pudo olvidarlo. Tenía tal nudo en el estómago que apenas pudo probar bocado.
El postre con Nicolas fue bastante tranquilo. Afortunadamente, no intentó llevarla a su habitación ni meterla en ninguno de los armarios donde se guardaban los trastos de la limpieza. Más que nada, habló del puente que estaba construyendo y de los vaqueros de
Dallas. Era un hombre agradable, pero demasiado rudo para ella, aun cuando no tuviera problemas financieros.
Diamante Black, uno de los pocos miembros del club que no daba la impresión de llevar botas de vaquero todo el tiempo, era harina de otro costal. El banquero, de maneras suaves y corteses, la llevó a una mesa apartada situada en un porche contiguo. Serena vio una botella de champán enfriándose en una cubetera de plata. Encima del inmaculado mantel de lino había varios platos de queso y fresas rellenas de chocolate.
-Es maravilloso -dijo Serena mientras Diamante le acercaba una silla.
-Ni la mitad de maravilloso que tú, querida.- Serena sintió cómo se le subieron los colores cuando él se inclinó y le agarró la mano en un elegante gesto de cortesía.
La luz de las velas iluminó el cabello plateado de Diamante mientras él le rozaba los dedos con los labios. En fin, se dijo Serena con resignación. ¿Qué importancia tenía una
Que fuera bastantes años mayor que ella cuanto contaba con inmensas cantidades de
dinero? Además, las cirugías plásticas hacían milagros.
-¿Pero qué demonios haces?
Seiya se sobresaltó al oír la voz de Darien.
-Llevan ya tres copas de champán y se están poniendo morados de fresas.
-Ese Diamante es un suavón. No deja que la hierba crezca bajo sus pies. No sé qué es lo que tiene, pero creo que las mujeres se vuelven locas con él. Parece bastante entusiasmado con la señorita Tsukino.
-¡Y un cuerno! ¡Serena es mía!
-Quizá deberías decírselo a ella. Parece encontrarse muy a gusto con Diamante. A propósito, me debes doce mil dólares y un beso.
-¿De qué hablas? No te debo nada. Y no pienso besarte, desde luego.
-En fin, tampoco me voy a morir por eso -dijo Darien con una sonrisita-. ¿Cuál es el hombre más afortunado que conoces?
Seiya no tuvo que pensárselo mucho. Era Darien. Siempre lo había sido. Incluso cuando el abuelo Pete les dio a cada uno de sus nietos un millón de dólares como regalo de graduación, prometiendo multiplicar la cantidad por diez si el receptor doblaba el millón en dos años, Darien había tenido un golpe de suerte. En lugar de invertir el dinero o montar un negocio, como hicieron los demás, Darien compró lotería.
Y vaya si ganó. Once millones de dólares.
-¿Qué tiene que ver tu suerte con que yo te dé un beso?
-A decir verdad, estoy más interesado en tu dinero. Sin embargo, no me importaría que me diera un beso nuestra querida señorita Tsukino.
-¿Qué nombre crees que sacó Serena de ese sombrero?
-¿No fue el mío?
-No. Hice trampa cuando ella me pidió que lo leyera. ¿No te interesa saber a dónde van?
-preguntó Darien estirando el cuello para mirar por la ventana.
-Déjame ver -dijo Seiya apartando a su primo para poder ver mejor-. ¿A dónde han ido?
-Al estanque.
-Como la toque, le rompo las piernas.
-¿Y tú eres médico? ¿Qué me dices de tu juramento hipocrático?
-Ese tipo no es paciente mío. Le romperé las piernas.
Serena comprendió demasiado tarde que dar un paseo con Diamante para contemplar los peces no había sido, ni mucho menos, una buena idea. No sólo estaba demasiado oscuro para poder distinguir los peces, sino que, además, se hizo obvio que Diamante había bebido demasiado. Obviamente habría tomado algunas copas antes de reunirse con ella. Su comportamiento había dejado de ser tan cortés como al principio.
Aquel hombre estaba completamente borracho.
Cuando le deslizó la mano por la cintura para agarrarle las nalgas, ella se apartó de él rápidamente.
-Oh, oh. Nada de eso, señor Black.
-Diamante, preciosa. Llámame Diamante-dijo abalanzándose sobre ella-. He estado deseando probar el sabor de esos deliciosos labios desde la primera vez que te vi. Vamos, dame un beso.
Ella trató de esquivarlo, pero él le plantó un húmedo beso en la mejilla y empezó a acariciarle el cuello con los labios. El pánico empezó a apoderarse de Serena. «Tranquilízate, tranquilízate», se dijo. Podía manejar la situación sin problemas.
Aquel hombre estaba borracho, simplemente. Serena ya había salido adelante en situaciones como aquella.
Serena se secó la mejilla y lo apartó de sí.
-Señor Black, por favor.
-Diamante
-Diamante, por favor, déjame. Ha bebido demasiado y no sabe lo que hace.
-Lo sé muy bien. Hago lo que los dos hemos querido hacer desde que te di la primera fresa.
¡Qué estúpida había sido al flirtear con él! Diamante la abrazó con fuerza y buscó de nuevo su boca.
Ella sacudió desesperadamente la cabeza de un lado a otro, tratando de evitar el contacto de sus labios.
-Déjame, por favor, déjame. -Diamante le metió la rodilla entre las piernas y le introdujo la mano debajo de la blusa. La tela se rompió y un torrente de recuerdos horribles acudieron a la memoria de Serena. Lanzó un grito que rasgó el Silencio de la noche.
-¡Eres un cerdo! -gritó alguien detrás de ella. De repente, Serena estaba libre, pero no podía dejar de gritar.
Se oyó un puñetazo y alguien cayó al estanque.
Luego, otros brazos la rodearon. Un olor masculino familiar la envolvió y la confortó.
-¿Seiya?
-Sí, Bombon, soy yo. Cálmate. Ya ha pasado todo.
-Seiya, yo... él...
-Chist. No digas nada.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Darien, que en esos momentos se acercaba corriendo.
Seiya siguió abrazando a Serena y dándole palmaditas tranquilizadoras en la espalda.
-Será mejor que saques a Black del estanque antes de que se ahogue. Pero te aseguro que si vuelvo a ver a ese hijo de perra soy capaz de matarlo.
-Al infierno con Black-respondió Darien- ¿Serena te encuentras bien?
-Físicamente, creo que sí. Pero emocionalmente está hundida.
-¿Llamo a un médico?
-¡Por Dios, Darien!
-Ah, sí. Lo olvidé. Escucha, ¿por qué no la llevas a esa cabaña hasta que se calme un poco? Nadie la ocupa y no está cerrada con llave. Yo me encargaré de Diamante.
Seiya meció a Serena en sus brazos y la condujo a la cabaña. Ella se le colgó del cuello como si fuera una niña y recostó la cabeza en su pecho. El cuerpo entero le temblaba como si se le estuviera congelando.
Seiya la llevó adentro, encendió la luz y se sentó en el sofá con ella en el regazo. Los dientes le castañetearon cuando intentó hablar.
-Chist. Ya pasó todo, Bombon. ¿Tienes frío?
Serena asintió enérgicamente.
-¿Enciendo el fuego?
Serena asintió de nuevo con la cabeza. Cuando él intentó dejarla a un lado y levantarse, ella se le agarró al cuello.
-Bombon, no puedo sostenerte y encender el fuego a la vez.
-Olvídate del fuego. Apriétame muy fuerte y no me dejes sola. Tenía miedo, mucho miedo. Diamante me trajo recuerdos horribles del hombre... del hombre de Nueva York.
Entró en mi apartamento e intentó... intentó violarme. Yo me resistí y él me hizo un corte en la cara. Grité y grité sin parar. Abrázame, Seiya. Abrázame y no dejes que me hagan daño.
-Chist. No permitiré que te hagan daño. Ni te dejaré sola.
Durante un buen rato permanecieron abrazados, sin hablar, sin moverse. Lo único que se oía en la habitación era el sonido de la respiración de ambos y el tictac de un reloj que había encima de la chimenea. Al cabo de un rato, Serena dejó finalmente de temblar.
-No me violó. Huyó y nunca lo encontraron. Un cirujano plástico me arregló la cara, y un psicólogo me ayudó a superarlo. Ahora estoy bien.
-Por supuesto que lo estás.
-Sí, realmente me encuentro bien.
-Casi.
Seiya la abrazó con más fuerza. Poco a poco la tensión que Serena había sentido en todo el cuerpo se fue disipando. Él notó cómo ella se relajaba entre sus brazos.
-Dios, me siento como una estúpida –dijo Serena suspirando profundamente.
-Pues no tienes aspecto de estúpida.
-¿Qué aspecto tengo?
-Tienes el aspecto de una bella mujer a la que un necio insensible ha dado un buen susto.
-Empezó siendo muy amable, pero estaba borracho.
-No hay excusas que valgan.
-No supe controlar la situación. Creo que exageré. Empezaron a venirme recuerdos muy desagradables y tuve miedo.
-Aun así, oí cómo le decías a Black que te soltara, pero él no lo hizo. No trates de disculparlo. Nada de lo que ha ocurrido es culpa tuya. Me gustaría castrar a ese cerdo con unas tijeras de podar. Me gustaría...
-Vamos, Seiya, ¿quién está exagerando ahora? Seiya intentó seguir hablando, pero las palabras se le atragantaron. Sus miradas se encontraron y una chispa de luz resplandeció entre los dos. Él se moría por besarla, pero sabía que Serena estaba muy vulnerable y de ninguna manera satisfaría su deseo a costa de ella.
Además, tal y como él se sentía, un beso no sería suficiente. No, tendría que dejarlo para más adelante.
-¿En qué estas pensando? -musitó ella.
-En nada.
-Eres un mentiroso.
Serena alzó la cabeza y situó los labios a la altura de la boca de Seiya.
-Te debo un beso -susurró.
-¿Ah, sí?
-Sí, por haber ganado.
Sus bocas se atraían como si fueran imanes.
-Bombon, pienso que no es buena ide...
-No pienses en nada. Sólo bésame.
