Queridos lectores, les informo que este capitulo contiene lenguaje adulto, así que si eres menor o en su defecto no te gustan los lemons te recomiendo que bajes rápidamente hasta la finalización del lemon.

El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.

ojo este cap contiene lemon...para aquellas golozasssss ajjajajajajaj bessoooosss


Capítulo Nº 10 Atosigada

Seiya no necesitó que se lo dijera dos veces. Acercó su boca a la de Serena y ella sintió profundamente la intensa pasión que envolvía sus cuerpos. No debería estar haciendo aquello, se dijo a sí misma mientras se apretaba contra él, pero se sentía como en el mismísimo cielo.

-Bombon, no está bien que hagamos esto después de lo que acabas de pasar –dijo Seiya mientras le besaba el cuello.

-Tranquilo, no pasa nada -dijo ella echando la cabeza hacia atrás para facilitarle el paso -Y, por favor, no te vayas a hacer una idea equivocada. Esto no significa nada.

-Ya lo sé, Bombon -musitó Seiya sin dejar de besarla.

-Sólo necesito que me consuelen.

-Lo sé, bombón, lo sé -contestó él al tiempo que le quitaba la cadena de oro del cuello y la dejaba encima de la mesita.


COMIENZO DEL LEMON

Exhalando un intenso suspiro, Serena hundió los dedos en el espeso y maravilloso pelo

de Seiya y lo invitó a seguir hacia abajo. Él fue desabrochando todos los botones que encontraba a su paso. Haría todo lo que fuera necesario para prolongar el placer.

-Seiya, por favor.

-¿Qué, amor mío?

-Tómame. Házmelo con la boca.

El le desabrochó el sujetador y lo dejó a un lado.

-¿Aquí? -preguntó Seiya tocándole los pezones con la punta de la lengua.

-Oh, sí, ahí.

-¿Te gusta?

-Muchísimo. Sigue un poco más.

El siguió, tal como ella le pedía. Al cabo de unos minutos, ambos se encontraban desnudos. No había zona en el cuerpo de Serena que él no tocara. Y la piel de ella se volvió mil veces más sensible al sentir el contacto de sus dedos, de sus labios, de su lengua.

-Seiya, oh, Seiya -susurró Susurro embargada por el deseo.

-¿Qué quieres, bombon?

-Quiero tenerte dentro de mí. Ahora.

-¿Estás segura de que lo deseas, Serena? – pregunto en una voz cargada completamente de lujuria

-¡Claro que sí!

-¿Ya te has recuperado de las magulladuras que sufriste montando a caballo?

-¿Qué caballo?

-El caballo de Darien.

-Me encuentro perfectamente.

Seiya empezó a abrirse paso entre las piernas de Serena. No obstante, cuando estaba a punto de penetrarla, se detuvo.

-¿Qué pasa ahora?

-Necesitamos protección.

-¿No tienes nada?

-Espero que sí.

Seiya agarró los pantalones del suelo y empezó a rebuscar en los bolsillos.

-¿No estarás tomando la pildora, por casualidad?

-No, ni llevo preservativos. No creí que fuera a necesitarlos.

-Espérame aquí. No te muevas.

-¿A dónde vas?

-Al baño. Espero que esta cabaña esté equipada con todo lo necesario.

Lo estaba. Y antes de que Serena se diera cuenta de lo que iba suceder, Seiya se encontraba de nuevo a su lado, besándola, murmurándole palabras de amor, envolviéndola en un loco frenesí.

Cuando la penetró, Serena se sintió como si hubiese estado esperando aquel momento durante toda su vida. Se aferró fuertemente a él y juntos comenzaron a moverse en perfecta sincronización.

No existía otro lugar, ni otro momento. Cada segundo duraba una eternidad. Sus frenéticos movimientos los llevaron al suelo, pero la pasión siguió creciendo entre sus lenguas, que se buscaban, entre sus manos, que se acariciaban con desesperación. A medida que se iban acercando al clímax, él le repetía una y otra vez palabras de amor provocativas, y los gritos y los movimientos de ella aumentaron de forma incontrolable.

-¡Sí! -exclamó Serena sollozando al notar que una ola de placer estallaba en su interior.

Seiya gritó su nombre y se unió a ella en el ardiente mar del placer.

Durante un largo rato permanecieron así, abrazados, saboreando la sensación de bienestar más profunda que jamás hubieran podido imaginar.

Cuando volvieron a la realidad, ella se dio cuenta de que estaba encima de un zapato y de que algo afilado se le estaba clavando en las nalgas. El cuerpo de Seiya se volvió de pronto tremendamente pesado. Serena intentó moverse.

Él levantó la cabeza y le besó los pechos.

-¿Cómo hemos acabado en el suelo? -preguntó.

-No tengo ni idea.

Las manos de Seiya empezaron a explorar las zonas más delicadas del cuerpo de Serena.

-¡Seiya!

-¿No te gusta?

-Sí, pero...

Le acarició los pezones con los labios y ella emitió un profundo suspiro.

-¿Y esto? ¿Te gusta? -volvió a preguntar él.

-Claro que me gusta, pero...

-¿Te sientes consolada?

-¿Consolada?

-Ya veo que tendré que esforzarme un poco mas.

La tomó entre sus brazos, la llevó a la habitación y pasó toda la noche consolándola. Con movimientos sensuales, gritos y promesas de amor de por medio, el la embistió de una manera increíblemente explosiva. Se adentro en cada poro de su piel, la hizo suya y dejo la marca grabada en fuego de sus ardientes besos sobre el cuerpo de la rubia.

FIN DEL LEMON


Un pequeño rayo de luz penetró a través de las cortinas. Serena se despertó sobresaltada.

Sintió el peso del brazo de Seiya rodeándole la cintura y el soplo de su respiración sobre los hombros.

De repente, una gran ansiedad se apoderó de ella. Dios bendito, habían... habían...

Sí. Lo habían hecho varias veces.

Y había sido fantástico.

¿Se había vuelto loca? Buscaba un marido rico, y no un apasionado revolcón con un hombre bueno que no tenía ni un centavo.

Dejó escapar un suspiro. Pese a todo, había sido una experiencia intensa y maravillosa.

Pero Seiya Kou no era el hombre adecuado para ella. En absoluto.

Recordó vagamente que Seiya le había dicho que la quería. ¿Lo habría soñado? No, lo había oído decir aquellas palabras varias veces a lo largo de la noche. ¿Le habría dicho ella a él lo mismo?

No. Seguro que no.

Ella no podía amar a Seiya. No entraba dentro de sus planes. Pero tenía la sensación de haber dicho más de una tontería mientras estaban haciendo el amor.

Seiya se despertó. Levantó la cabeza, sonrió y la atrajo hacia sí.

-Buenos días, Bombon. Espero que no te duela nada -le dijo besándola con dulzura.

-Estoy perfectamente -contestó Serena levantándose de la cama y envolviéndose con una sábana-. Tengo que irme. He de desayunar con Darien.

-Podríamos tomar el desayuno en la cama.

-Ah, no. No vas a disuadirme de mis planes. Sabes muy bien por qué estoy aquí. Admito que ha sido una noche muy agradable...

-¿Agradable?

-Sí, muy …..agradable. Pero eso no significa nada. En el rostro de Seiya se dibujó una amplia sonrisa.

-Borra esa risita de tu cara, Seiya Kou. Te aseguro que no ha significado nada. Me encontraba mal y tú me consolaste. Te lo agradezco, de verdad, pero eso fue todo. Y si en algún momento dije algo que te pudiera hacer creer lo contrario, fue sólo palabrería.

-¿Palabrería?

-Sí, cosas que se dicen en el calor de la noche, pero que a la mañana siguiente no significan nada. ¿Entiendes?

-Yo sentía realmente todo lo que dije, Bombon.

-Bueno, pues yo no. Quiero decir que no recuerdo exactamente lo que dije, pero te estoy muy agradecida, Seiya. Me sentía muy mal, aunque Diamante no llegara a hacerme nada. Me pongo así algunas veces, especialmente por la noche. Mi terapeuta dice que me pondré bien cuando me sienta a salvo y segura.

-Entiendo. ¿Y crees que unos cuantos millones te ayudarán?

-Exacto. Con esos cuantos millones que tú desprecias se puede obtener seguridad.

Rejas, alarmas, perros guardianes... Todo lo que sea necesario. Pero, sobre todo, ese dinero hará que me sienta segura por dentro -agregó señalándose el pecho.

Él asintió de nuevo.

¿Por qué no se tapaba un poco con las sábanas? Allí estaba ella, intentando explicarle por qué no podían estar juntos, y él echado en la cama, totalmente desnudo y excitándose de nuevo.

-¿Necesitas algo más de consuelo? -dijo haciéndole un gesto muy significativo.

-¡Por supuesto que no! ¿Es que no tienes vergüenza?

-Ni pizca -contestó él echándose a reír. Serena se fue para el baño.

Abrió la ducha y se metió en la bañera. Acababa de empezar a frotarse con el jabón cuando se abrió la puerta y entró Seiya.

-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó ella.

-Quiero ducharme -contestó él al tiempo que agarraba el jabón y frotaba el cuerpo de

Serena.

-¿Seiya?

-¿Mmm?

-No deberías hacer eso.

-¿No?

-No, y quiero que pares ahora mismo -dijo Serena suspirando sin poder evitarlo.

-Sí, Bombon. Ahora mismo.

-Seiya, esto no significa... nada. Puede que hayamos tenido una excitante aventura sexual, pero yo voy a... Un poco más arriba... ahhh... fantástico... Voy a casarme con un millonario. Estoy decidida.

-Lo sé, bombon. Lo sé.

Serena se las arregló para llegar hasta su habitación sin que la viera nadie. Rápidamente se cambió de ropa, se puso un poco de maquillaje y bajó para tomar el desayuno con

Darien.

Llegó quince minutos tarde, pero él había tenido la amabilidad de esperarla y se puso de pie en cuanto la vio acercarse. Le retiró la silla e hizo una señal al camarero para que trajera café y zumo.

-Siento llegar tarde.

-No te preocupes. A decir verdad, no me habría sorprendido que no te hubieras presentado. Lamento lo que pasó con Black. Parece ser que bebió demasiado. En cualquier caso, los muchachos me ayudaron a meterlo en un coche y uno de nuestros empleados lo llevó a Dallas. Así que no te molestará de nuevo.

-Yo también lo siento. Creo que mi presencia te ha causado problemas.

-De ninguna manera. Ni se te ocurra pensar eso. No quiero que creas que todos los hombres de Texas nos comportamos igual. ¿Te apetece comer algo?

Darien no pudo haber sido más amable. Además de cortés y educado, era guapo, alto

y moreno. Pero mientras comían y charlaban, Serena no dejó de pensar que sería mucho más atractivo si tuviera el cabello largo.

Darien representaba todo lo que una mujer podía desear, pero entre ellos no existía esa química especial, esa sensualidad que solía electrificar el ambiente cuando dos personas se atraían.

No obstante, aquello podría llegar con el tiempo, se dijo Serena. Unos cuantos besos de aquella boca tan sexy harían, seguramente, que se sintiera transportada por los aires.

Mientras lo observaba cortar una loncha de jamón, se fijó en sus grandes manos y en sus dedos largos y perfectos.

-¿No crees? – pregunto Darien

-Perdona, ¿cómo dices?

-Decía que después de tu mala experiencia con Diamante, tal vez deberíamos olvidar la idea de que repartas tu tiempo con el resto del grupo.

-Oh, no. En absoluto. Me encuentro bien. Eso sí, no volveré a meterme con nadie por senderos oscuros.

-Serena, te aseguro que no tendrás más problemas en el club. Todos saben lo ocurrido con Diamante y están bastante disgustados. No queremos que te lleves una mala impresión de los hombres de Texas por culpa de un canalla como él

.

-Tranquilo, no deben preocuparse por eso.

Recordando que, ocurriera lo que ocurriera, tenía un compromiso con la revista Esprit, Serena sacó el bloc de notas del bolso y le hizo a Darien unas cuantas preguntas.

Cuando hubieron terminado la entrevista y el desayuno, Darien tomó el sombrero con las tarjetas y juntos programaron los almuerzos, cócteles y cenas. Después de las cenas estaría libre, cosa que la tranquilizó. Podría unirse al grupo o pasar el resto de la velada con Darien o con quien le apeteciera.

-¿Juegas al golf? -le preguntó Darien.

-No tengo ni la más remota idea de cómo se juega.

Darien sonrió.

-Vamos a jugar un rato esta mañana. Si quieres, puedes acompañarnos o quedarte en la piscina hasta la hora de comer.

Serena decidió quedarse en la piscina.

No se dio cuenta de que se había quedado dormida en la reposera hasta que una mano le tocó el hombro y la zarandeó suavemente. Se despertó sobresaltada, como solía hacerlo siempre.

Andrew vestido todavía con la ropa de golf, estaba de pie junto a ella.

-Siento molestarte -dijo Andrew sonriendo-, pero creo que me toca almorzar contigo. ¿Te gustaría comer aquí, junto a la piscina?

-Estupendo.

-Quisiera refrescarme un poco. Voy a cambiarme y ordenaré que nos traigan aquí el almuerzo. ¿Te apetece algo en especial?

-Me conformo con cualquier cosa, gracias.

En cuanto Andrew se hubo marchado, Serena agarró su bolso y empezó a arreglarse el maquillaje rápidamente. Andrew no era tan guapo como Darien , pero sin duda era un hombre muy interesante. Y aunque Seiya había comentado que los negocios no le iban muy bien, nunca se sabía. Sí, podía ser un buen candidato.

Cuando apenas había empezado a empolvarse la cara, oyó que alguien se zambullía en la piscina.

Giró rápidamente la cabeza y vio una forma masculina que se acercaba buceando hacia donde ella estaba. Vaya, Andrew era verdaderamente rápido. Una cabeza oscura surgió del agua. No era Andrew, sino Seiya.

-Hola. Él agua está estupenda. Vamos, métete.

-No, gracias. Andrew y yo nos disponemos a almorzar y no quiero mojarme el pelo.

-Te he visto con el pelo mojado, y creo que estás muy sexy.

-¡Seiya! Vamos, vete.

-Creo que me quedaré a nadar un rato. Hacía mucho calor en el campo de golf. ¿Te he dicho que he lanzado un setenta y ocho? He ganado otros dos mil doscientos dólares.

-Eso está muy bien. Y ahora, vete, por favor. Andrew está a punto de regresar.

-Si yo fuera tú, me olvidaría de él. Después de todo, no sólo tiene un negocio que se va a pique, sino también dos niños y una amante en Lubbock.

-Lárgate, Seiya. No creo ni media palabra de lo que dices.

-¿Crees que te mentiría? -dijo Seiya sonriendo-. Si mal no recuerdo, te advertí que Diamante Black no era de fiar.

-Oh, está bien. Y ahora, ¿quieres marcharte, por favor?

-Tus deseos son órdenes para mí -dijo Seiya. Y se alejó nadando.

Andrew regresó, y la comida llegó pocos minutos después. Con el pelo rubio oscuro, veteado de gris en las sienes, Andrew no estaba nada mal en traje de baño. Además, era casi tan encantador y caballeroso como Darien.

Mientras estuvieron charlando no comentó nada acerca de los dos niños de los que había hablado Seiya, ni dijo que sus negocios fueran mal. Serena le hizo unas cuantas preguntas para su artículo, aunque no logró concentrarse del todo. Cada vez que levantaba la vista veía a Seiya moviendo la cabeza y haciéndole señales.

La cena con Zafiro fue tan desastrosa como el almuerzo. No por culpa de Zafiro, sino de

Seiya. Cuando ella y Zafiro, un hombre de piel curtida y de pelo azulado, se sentaron en el reservado después de cenar, Seiya se acercó a ellos y, haciendo gala de una desfachatez tremenda, dijo:

-Creo que este tango es nuestro.

Antes de que Serena tuviera ocasión de reaccionar, la levantó de la silla y la agarró entre sus brazos.

-Bailas el tango, ¿verdad?

-Por supuesto que lo bailo, pero...

-Estaba seguro de que lo harías. Has nacido para bailar el tango.

Apretó su mejilla contra la de ella y se deslizó por la pequeña pista de baile. Cada vez que ella intentaba separarse, él la sujetaba como si fuera un yoyó y se deslizaba hacia el otro lado de la pista.

-Por Dios, Seiya...

-Qué sexy te pones cuando bailas.

-Seiya Kou...

-Me encanta la manera en que pronuncias mi nombre.

La canción terminó por fin. Pero cuando Serena intentó regresar con Zafiro, Seiya la agarró y le dijo:

-Espera. Escucha. Es una samba. ¿Bailas la samba?

-Sí, yo... No. No la bailo.

-Demasiado tarde, ya te tengo.

Serena intentó zafarse de él.

-Escucha, Desi Arnez, si quieres bailar la samba, hazlo tú solo. Estoy acompañada, ¿lo recuerdas?

-Ah, sí. Con el presidiario. ¿Te ha hablado de cuando estuvo en la cárcel?

Serena regresó junto a Zafiro. Éste se levantó cuando la vio acercarse a la mesa.

-Lo siento -dijo Serena mientras sostenía la silla.

-Yo también lo siento -añadió Seiya al tiempo que agarraba otra silla-.

- Me muero por hablar contigo un poco más, Zafiro, y hacerte algunas preguntas sobre ese galeón que encontraste en la costa de Puerto Rico hace dos años.

A Serena le entraron ganas de estrangularlo. A pesar de sus indirectas, Seiya permaneció pegado a ellos como un percebe en la quilla de un barco viejo.

Cuando Serena se dio finalmente por vencida y se despidió de Zafiro, Seiya se levantó sonriendo.

-Te acompaño hasta tu habitación, Bombon —le hizo un guiño a Zafiro y le dijo-: Somos vecinos, ¿sabes?

Mientras subían en el ascensor, Serena tuvo que contenerse para no gritarle. Si Seiya

pensaba que iba a pasar la noche con ella, estaba muy equivocado.


BUENO YA SOLO QUEDAN 3 CAP Y EL EPILOGO...ASIQUE A DISFRUTAR DE ESTA HERMOSA HISTORIA! BESOSS