El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.
Bueno gente gracias por seguir la historia, me encanta leer sus reviews! saben que politica no puedo contestarlos por aca pero tratare de contestar a cada uno ç(aquellos que firma como guest no se puede contestar)... bueno ya estamos lelgando casi al final, quedan 2 cap mas y el epilogo, perdonen que me demore, pero es que toy tipeando el libro y ademas le agrego toques mios jajajaja besos y miles de gracias por seguirme! que lo disfruten
Capítulo N 11…..diez millones
Serena abrió lentamente un ojo, vio la cabeza que había en la almohada junto a ella y dejó escapar un gruñido. ¿Cómo había podido dejar que ocurriera de nuevo?
La culpa la había tenido el beso.
«Un pequeño beso de buenas noches», le había dicho Seiya. «No pasará nada.»
Y ella había picado como una estúpida.
Pero no volvería a suceder.
-Levántate, Seiya -dijo dándole una palmadita en las nalgas-. Tienes que volver a tu habitación antes de que alguien descubra que estás aquí. Y ha sido la última vez que te metes conmigo en la cama. Ni siquiera debí dejarte entrar. Dios mío, debo de estar mal de la cabeza. No eres mi tipo, ¿comprendes? No eres mi tipo en absoluto.
-¿Porque no estoy podrido de plata? -repuso Seiya-. Ese detalle no pareció importarte anoche -añadió con una sonrisa-. Si mal no recuerdo, me dijiste que...
-No debes tomar en serio lo que dije.
-Pues a mí me pareció que lo decías de Bombon. «Oh, Seiya, amor mío -puso voz de falsete-. Eres el único hombre de mi vida. Nunca podré amar a otro...»
Serena le sacudió con la almohada.
-Cállate. No me interesa lo que tengas que decir. Por cierto, ¿la partida de golf no empieza dentro de veinte minutos?
-¿Qué hora es? -Seiya se levantó de un salto y consultó el reloj-. Vaya, tienes razón. Darien me cortará la cabeza si llego tarde -le dio un beso y salió rápidamente de la cama.
Después de ponerse a toda prisa los pantalones, recogió el resto de la ropa y se dirigió hacia la puerta-. Te veré luego, Bombon.
-No si puedo evitarlo. Más vale que te mantengas alejado de mí hoy -le dijo en voz alta-Vas a estropeármelo todo.
Serena se dejó caer de nuevo en la cama y se cubrió la cabeza con las sábanas. ¿Cómo había cometido el error de pasar la noche con él?
Estúpida, más que estúpida.
Jamás había tenido problemas para darle a un hombre una negativa. No solía practicar el sexo esporádico y, por ese motivo, había tenido que rechazar a más de un moscón.
Pero Seiya tenía algo que la desconcertaba. Se dijo que tendría que poner más fuerza de voluntad, simplemente. Al fin y al cabo, ¿cómo iba a cazar a alguno de aquellos millonarios téjanos si Seiya no la dejaba ni a sol ni a sombra? ¿Acaso acostarse con él era una experiencia por la que mereciera la pena renunciar a la oportunidad de su vida?
Al evocar ciertos momentos vividos la noche anterior, Serena suspiró y sonrió satisfecha.
Seiya era el mejor amante del mundo. Tenía una forma de... ¡No! No debía permitir que aquel hombre arruinara sus planes. Había ido a Texas a encontrar un marido rico, y eso pensaba hacer.
Apartó las sábanas y se acercó al tocador para consultar su lista. Tenía que almorzar con Aaron Golden. Aaron poseía una cadena de tiendas de moda masculina, y llevaba un anillo de diamantes que probablemente costaría lo que ella ganaba en dos años.
Serena abrió el armario e inspeccionó su vestuario. Disponía de toda la mañana para arreglarse, y se había propuesto deslumbrar al bueno de Aaron. Pero resultó que el bueno de Aaron era un pelmazo casi insoportable. Serena reprimió un bostezo al tiempo que jugueteaba con los guisantes de su plato, aburrida como una ostra. ¿Dónde estaba Seiya cuando lo necesitaba?
El cóctel con Alan Welborn tampoco fue ningún éxito. Por mucho que lo intentaba, Serena no encontraba ningún interés en temas como el cultivo del arroz o el almacenamiento del trigo. Alan era un hombre muy amable, pero también muy soso. Extremadamente soso.
Haruka Tenoh era harina de otro costal. Había ganado una fortuna jugando al fútbol profesional y luego, tras retirarse, la había invertido en diversos negocios, entre ellos la cría de caballos. Era un hombre muy atractivo, dotado de unos hombros anchísimos y una sonrisa deliciosamente infantil. Tenía el pelo rubio ceniza y unos ojos cautivadores de un verde increible, tenia unos modales tan caballerosos y la hacia reir y sentirse toda una princesa
Durante la cena se mostró brillante, educado y entretenido.
-No sé por qué, pero no consigo llevarme bien con los caballos -le dijo Serena-. La otra tarde salí a cabalgar con Darien y me caí dos veces.-Haruka hizo una mueca.
-Sí, he sufrido varias caídas y me consta que no es agradable. Pero estoy seguro de que soy mejor instructor que Darien. Nada me complacería más que darle unas cuantas lecciones. Sólo tiene que pasarse por mi rancho.
-¿Dónde está?
-Cerca de un pueblecito llamado Brenham. Poseo varios cientos de acres de terreno.
Le aseguro que es precioso, sobre todo en primavera. Me encantaría que lo visitara, de verdad. Y cuanto antes lo haga, mejor.
-Me parece fantástico -respondió Serena esbozando su mejor sonrisa.
De repente, Seiya se acercó a la mesa.
-¿Cómo va eso, chicos? Lamento interrumpirte, Haru, pero te llaman por teléfono.
Puedes atender la llamada en el mostrador.
Tras excusarse oportunamente, Haruka se fue a toda prisa y Seiya aprovechó para ocupar su silla. Echó un vistazo alrededor y luego, inclinándose ligeramente, le susurró a Serena:
-Preferiría no decirte esto, pero creo que debes saberlo para que no te hagas falsas esperanzas.
-¿De qué estás hablando?
Seiya volvió a mirar a uno y otro lado del bar.
-Haruka es gay.
-¡Me tomas el pelo!
-En absoluto. Es un tipo estupendo, pero es decididamente gay.
-Te lo estás inventando, Seiya Kou. No te creo. Pero si ha sido jugador de fútbol, por el amor de Dios.
Él se encogió de hombros.
-Eso no tiene nada que ver. Hay muchos jugadores de fútbol que son homosexuales. Si no me crees, pregúntale a Darien -se levantó de la silla y se alejó con paso tranquilo.
Haruka regresó y siguió mostrándose tan galante como antes, pero Serena no conseguía quitarse de la cabeza la cuestión de sus preferencias sexuales. Aquel hombretón de apariencia tan viril no podía ser homosexual, ni hablar. Seguro que Seiya había mentido como un bellaco. No obstante, se las había arreglado para estropearle la velada. Serena regresó a su habitación temprano. Tras cerrar la puerta y asegurarla con una silla, se metió en la cama. Sola.
Al día siguiente, después de desayunar, los hombres se marcharon en tropel hacia el campo de golf. Serena les dijo adiós con la mano y tomó una segunda taza de café. Luego se acercó al mostrador y pasó unos minutos charlando con Hotaru. Tenía tres horas y media libres antes de su almuerzo con Netflite Willis.
No le apetecía ir a nadar, ni quedarse en la habitación leyendo o viendo la tele. Y, desde luego, no tenía ningunas ganas de montar a caballo.
El viejo Artemis.
Serena sonrió. Claro. Le encantaría hacerle una visita al anciano para ver cómo estaba.
-Vaya, que me pellizquen -exclamó Artemis media hora más tarde cuando vio entrar a Serena por la puerta de su habitación-. Mira quién ha venido. Puedes retirarte, querida -dijo a la enfermera que lo atendía-. Quiero charlar tranquilamente con esta bella señorita. Serena era modelo, como Claudia y Cindy, aunque aventaja a las dos en belleza, según mi humilde opinión.
Serena se echó a reír.
-Pero qué encantador es usted, Artemis. ¿Qué está leyendo? -le preguntó al tiempo que echaba un vistazo al libro que había en la mesita de noche-. ¿Una novela romántica?
-Así es. Ya te dije que me interesa leer todo tipo de libros. Aunque mi enfermera no es tan buena lectora como tú. Además, me parece que le da vergüenza leer en voz alta algunos párrafos –Artemis dio una palmadita en la cama-. ¿Quieres sentarte?
-Claro. ¿Le apetece que le lea un rato? Me encantan las novelas románticas.
-Por supuesto.
Serena leyó durante una hora, aproximadamente. La historia romántica había despertado el lado sentimental de Artemis, de modo que se puso a hablar de su esposa.
-De joven era un auténtico golfo -explicó-. Pero en cuanto conocí a mi Molly supe que ella era la mujer de mi vida. Nunca volví a mirar a otra.
Serena enarcó las cejas.
-¿Nunca?
-Bueno, es una forma de hablar. Por supuesto que de vez en cuando me he recreado mirando a alguna mujer hermosa, pero nada más. Me enamoré perdidamente de mi esposa y sólo la he deseado a ella. Supongo que así se sentirán mis nietos cuando encuentren a la mujer de su vida. Por cierto, ¿qué tal les va a Seiya y a ti?
Serena sonrió.
-¿Aún está empeñado en hacer de casamentero?
-Sí. Seiya me despellejaría si se enterase de que he vuelto a hacerte otra oferta, pero te aconsejo que te pienses bien lo de los dos millones -sus ojos negros brillaron intensamente-. Me gustaría tenerte en la familia.
-Es usted muy amable, pero no creo que Seiya sea el hombre adecuado para mí.
-¿Estás segura? Puedo elevar mi oferta a diez millones.
Serena se levantó riendo y le dio un beso en la mejilla.
-Es usted incorregible, Artemis. Voy al almacén a buscar un paquete de chocolatinas.
¿Quiere compartirlo conmigo?
-Claro. ¿Y qué me dices de Darien? ¿Te gusta? Es un buen muchacho. Un poco rebelde, pero...
En ese momento, una mujer corpulenta entró en la habitación y dijo:
-Es la hora de su terapia, señor Kou.
-Váyase, mujer -respondió el anciano-. No me trae usted más que tortura. Además, ¿no ve que tengo visita? Estamos hablando de negocios serios.
-Déjese de bobadas -contestó la fisioterapeuta-. Esto es por su propio bien y usted lo sabe.
-Es una negrera -le dijo Artemio a Serena-. Podría darle lecciones a Simón Legree
.
-Seguro que usted también -contestó ella-. En fin, será mejor que me vaya. Volveré a visitarle pronto.
Serena bajó al almacén y estuvo unos minutos charlando con Jenny y Alma Jane. Antes de marcharse compró un paquete de chocolatinas. Cuando sacó el dinero para pagarlo, se dio cuenta de lo poco que le quedaba. Tendría que cazar a uno de aquellos millonarios sin pérdida de tiempo, o se vería en un aprieto serio. Ni siquiera tenía dinero suficiente para llenar de gasolina el coche alquilado.
En caso de apuro, siempre le quedaba el remedio de pedirle dinero prestado a Seiya para volver a casa, pero procuraría que las cosas no llegaran a ese punto. Estaba decidida a llevar a cabo su plan. Lo único que tenía que hacer era elegir a algún rico del club.
Darien Chiba seguía pareciéndole el mejor candidato. Lo había observado y no había visto que abusara de la bebida más de lo habitual.
Haruka Tenou tampoco estaba nada mal. Desde luego, Serena no había llegado a creerse ni por un instante el cuento de que era homosexual.
Y no debía olvidarse de Richard Chiba. Richard era una auténtica monada, y esa noche debía cenar con él. Tal vez se compenetraran perfectamente como pareja. Esas cosas nunca se sabían.
Serena se refrescó un poco y fue a reunirse con Netflite para almorzar. Cuando la puerta del ascensor se abrió, se dio de bruces con Seiya. Estaba esperándola apoyado tranquilamente en la pared del vestíbulo.
-Hola, bombon -dijo esbozando una deslumbrante sonrisa-. ¿Lista para almorzar?
-Sí, y haz el favor de no llamarme «bombon». Si me disculpas, tengo una cita con Netflite Willis.
-Eh, esto... me parece que no.
-Claro que sí. Lo tengo apuntado.
-Me temo que ha habido un pequeño cambio de planes.
-¿Cómo?
-Sí. Hoy almorzarás conmigo -le ofreció el brazo.
Serena lo ignoró.
-¿Y eso por qué?
-He ganado tu compañía.
-¿Que has ganado mi compañía?
-Sí. Jugando al golf.
-A ver si lo entiendo. Netflite Willis y tú habéis hecho una apuesta...
-Sí, al hoyo catorce. Es dificilísimo.
-Así que Netflite estuvo dispuesto a ceder su cita conmigo. ¿Y qué apostaste tú?
-Cinco mil dólares.
Serena abrió los ojos de par en par.
-¿Apostaste cinco mil dólares? ¿Pero acaso estás loco?
-Sí, por ti -le dio un beso en la mejilla-. Tengo un hambre de lobo. ¿Nos vamos a almorzar de una vez? -le ofreció el brazo de nuevo.
Serena no dejó de refunfuñar mientras se dirigían a la mesa. ¿Cinco mil dólares? Le costaba trabajo creer que Seiya hubiese cometido semejante insensatez. Cuantas más vueltas le daba al asunto, más irritada se sentía.
Seiya la miró mientras consultaba la carta y le preguntó:
-¿Qué te pasa, bombon?
-Nada. Tomaré salmón y sopa.
-¿Vino?
-Té.
-Si no te pasa nada, ¿por qué estás tan seria?
-No estoy seria.
Permaneció callada mientras Seiya pedía el almuerzo. Luego, cuando el camarero se hubo retirado y de nuevo se quedaron solos, él le dijo:
-¿Quieres decirme qué te ocurre?
-Para serte franca, me siento un poco herida en mi orgullo. Netflite apostó su almuerzo conmigo sin pensárselo dos veces.
-Vamos, bombon -le tomó la mano con ternura y se la acercó a los labios para besarla-.
No te sientas mal. Tuve que pincharle muchas veces para que accediera. Pregúntale
a Andrew o a Malachite. Además, Netflite no te interesa. Se casa dentro de dos semanas con una divorciada -Seiya se inclinó hacia adelante y, en tono casi confidencial, agregó-Créeme, no te lo habrías pasado bien con él. Tiene un mal aliento insoportable.
Serena soltó una carcajada sin poder evitarlo. –Seiya Kou, eres tan incorregible como tu abuelo. He ido a verlo esta mañana. Parece que se va recuperando, aunque no parece muy contento con su fisioterapeuta.
-Eso parece. Ayer estuve hablando con él. Pero la terapia le sienta de maravilla. Tardará una o dos semanas en recuperar la movilidad. Luego, lo más difícil será evitar que se esfuerce demasiado.
-Es un encanto. Le estuve leyendo una novela romántica y llegó a ofrecerme diez millones de dólares si me casaba contigo.
Seiya estuvo a punto de volcar el vaso de agua.
-Espero que no te tomes en serio al abuelo -dijo mientras se secaba la mano con una servilleta.
-Claro que no. Le dije que no eras mi tipo. Creo que ahora quiere convencerme de que
Darien es el candidato ideal. Y tal vez tenga razón.
Esta vez el vaso se volcó del todo.
-¡Maldición! -exclamó Seiya levantándose de la silla. Tenía todo el pantalón empapado de agua.
El camarero acudió corriendo para secar la mesa mientras Seiya se secaba los pantalones con una servilleta. Darien, que se hallaba en la otra punta del comedor, se acercó tranquilamente y, al ver la mancha de agua que se extendía por la bragueta de Seiya, dijo en tono burlón:
-Vaya, he oído decir que las duchas frías suelen surtir buen efecto.
-Maldita sea, Darien -vociferó Seiya. Serena, por su parte, intentaba contener la risa-. No tiene gracia.
-Para mí sí la tiene -repuso Darien guiñándole el ojo a Serena-. ¿Por qué no vas y te cambias de pantalones? Yo entretendré a la señorita mientras tanto.
Seiya le lanzó una mirada asesina.
-No pienso dejarla sola contigo.
-Pero, hombre, ¿qué mosca te ha picado? Fíjate, estamos rodeados de gente. Te aseguro que Serena no corre ningún peligro conmigo. Anda, ve a cambiarte.
-Está bien. Vuelvo en un minuto -Seiya dejó la servilleta empapada en la mesa y salió presuroso del comedor.
-¿Qué demonios le pasará? -dijo Darien-. Nunca lo había visto comportarse de ese modo. Debe de ser por ti - añadió con una sonrisa de complicidad-. ¿Vanen serio?
-Oh, no -se apresuró a responder Serena—. En absoluto. Seiya es un hombre adorable, pero no es mi tipo.
-¿Ah, no? -Darien sonrió-. ¿Y cuál es tu tipo?- De repente, Serena sintió una gran timidez.
No obstante, hizo un esfuerzo y se animó mentalmente a sí misma. «Adelante, nena.
Atrévete. Puede que ésta sea la oportunidad de tu vida.» Se pasó la lengua por los labios y se inclinó ligeramente hacia adelante, dedicándole una sonrisa explosiva.
-Me gustan los hombres morenos, altos, de pelo corto, ojos celestes y guapos -le acarició una pierna con los dedos de los pies-. Como tú.
A Darien se le cayó el vaso de agua que sostenía en la mano. Intentó agarrarlo en pleno aire, pero sólo logró derribar también el de Serena. Esta vez fue ella la que acabó empapada de agua.
-¡Maldición! -se lamentó Darien, poniéndose rápidamente en pie para secarle la falda con una servilleta.
-¿Qué diablos estás haciendo? -vociferó Seiya corriendo hacia ellos desde la otra punta del comedor.
Darien se detuvo en seco. Se miró la mano y luego a Seiya.
-No te lo creerías aunque te lo dijera -luego, dirigiéndose a Serena, añadió-: Lo siento mucho. Creo que esta vez nos toca a nosotros cambiarnos de ropa -le ofreció el brazo-.
Si te parece, Serena, creo que le diré a Curtis que nos sirva el almuerzo en la piscina.
-Nadie te ha dado vela en este entierro, Darien-dijo Seiya en tono cortante-. Serena y yo pediremos el almuerzo al servicio de habitaciones.
Ella le dio un codazo disimulado y dijo:
-Vamos, Seiya, no seas aguafiestas. Podemos comer los tres en la piscina -obsequió a Darien Chiba otra sonrisa arrebatadora.
Y Darien no pudo por menos que corresponderle.
Y y y y? les gusta? A mi me encanta ver asi de competitivo la vez unidos Darien y Seiya me gusta mucho jajajajajaj. Espero que lo esten disfrutando ya pronto llega el final!
