El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.
buenoooo...ante ultimo cap gente! besos y a disfrutar! gracias por sus reviews! y acompañarme nos leemos!
Capítulo N 12 Embustes
Seiya y Darien permanecieron en el pasillo, esperando junto a la puerta de Serena mientras ella acababa de cambiarse.
Seiya miró a su primo e hizo una mueca.
-Tienes un aspecto ridículo, Darien. ¿A quién tratas de impresionar con ese atuendo?
Darien, que llevaba puesto un sombrero negro de cowboy, un bañador negro, botas negras y gafas de aviador, se miró y dijo:
-¿Ridículo por qué? ¿No te gustan los vaqueros?
-Sabes muy bien a qué me refiero. Con el sombrero, las botas y esas piernas peludas al descubierto parece que vayas a hacer un numerito en uno de esos locales de striptease masculino.
-Vaya, nunca se me había ocurrido -Darien sonrió burlón-. El sombrero es para protegerme la cabeza del sol. Y éstas son las botas que suelo ponerme para ir a la piscina. ¿Ves? Tienen suelas de goma -levantó una bota para mostrársela-. En cuanto a mis piernas peludas, ¿qué quieres, que me las afeite?
Seiya se echó a reír y sacudió la cabeza.
—Nunca vas a madurar, primo.
-Espero que no, y menos si madurar implica usar zapatos de yuppie Seiya, colega, has pasado demasiado tiempo en California codeándote con diseñadores encopetados. Siempre fuiste un tipo muy bien plantado, y ahora... En fin, perdona que te lo diga, pero parece que tu chica se siente más atraída por mí que por ti.
-Y un cuerno. La ha deslumbrado tu cuenta bancaria, simplemente. Pero acabará abriendo los ojos. ¿Por qué no te largas y nos dejas un rato a solas?
-Ni hablar. Serena me ha invitado, y siempre me gusta complacer a mis huéspedes. Es un chica encantadora. Me cae muy bien, ¿sabes?
Antes de que Seiya tuviera ocasión de contestar, la puerta de la habitación se abrió y Serena salió con expresión apurada. Estaba bellísima, con un bikini verde y una blusa a juego.
-Lamento haber tardado tanto -se disculpó-, pero como hace viento decidí recogerme el pelo en una trenza.
-Una trenza preciosa, si me permite el piropo -dijo Darien quitándose el sombrero y haciendo una reverencia.
-Muchas gracias -Serena se fijó en las botas de DArien y luego miró a Seiya, extrañada.
-Son sus botas de piscina -le explicó Seiya. Serena los tomó del brazo.
-¿Vamos? -preguntaron los dos al mismo tiempo.
Durante un rato, Serena se sintió encantada de contar con las atenciones dé dos hombres tan atractivos y viriles. Pero al cabo de una hora, más o menos, empezó a sentirse como si fuera una vaca solitaria y ellos dos un par de toros bravos que se la estuvieran disputando en la cima de una colina.
Tuvo la sensación de que Darien no se tomaba aquella situación tan en serio como Seiya, aunque, desde luego, resultaba dudoso que alguien que se pusiera unas botas con el bañador se tomara algo en serio.
-Creo que ya habremos hecho la digestión -le dijo Darien a Serena poniéndose en pie-
¿Te apetece darte un chapuzón?
-Prefiero esperar unos minutos más —respondió ella. Lo cierto era que solía bañarse pocas veces. A causa del maquillaje... y de las cicatrices.
-¿No te vas a quitar las botas? -preguntó Seiya.
-Claro que sí, hombre -se sacó trabajosamente las botas y luego colgó el sombrero en el respaldo de la silla. Serena no pudo dejar de mirarlo mientras se quitaba la camiseta. Darien tenía un torso sensacional, bronceado y ligeramente cubierto de un rastro de ello que se perdía en el interior del bañador.
-¿Quieres que ponga ya la música de fondo? -bromeó Seiya.
Darien le sonrió y luego se dirigió hacia el trampolín. Subió por la escalerilla y, tras guiñarle el ojo a Serena, hizo un salto digno de un campeón.
-¡Magnífico! -exclamó ella aplaudiendo cuando Darien salió a la superficie.
-¡Diablos! -Seiya se levantó de un salto, se quitó la camiseta azul que llevaba y fue con paso decidido hacia el trampolín.
En lo que a físico respectaba, Seiya tampoco tenía desperdicio. Su pecho, terso y musculoso, era tan atractivo y excitante como el Darien. Tal vez más.
Darien volvió a subir al trampolín e hizo un salto más complicado. Seiya lo igualó.
Darien se tiró de espalda. Seiya hizo lo mismo.
Zafiro se acercó a donde estaba Serena y, al contemplar la escena, le preguntó:
-¿Qué pasa? ¿Están entrenando para las Olimpiadas?
-Qué va. Se han picado, simplemente.
Zafiro soltó una risita.
-Comprendo. Tengo que ir a Tyler para firmar autógrafos en una librería. ¿Te apetece acompañarme? Sólo serán un par de horas. Ah, y cuando acabemos te compraré un helado.
-Si es de fresa, acepto.
-Como usted diga, señorita —contestó Zafiro con una sonrisa.
-¿Me concedes diez minutos para que me cambie de ropa?
-Vaya. Esperaba que vinieras con ese bikini verde. Así podría decirle a la gente que eres una sirena que me he encontrado en la playa.
Serena se echó a reír. Luego se levantó y se dirigió con Zafiro al vestíbulo del club.
Agotado, Seiya se agarró al borde de la piscina y se secó el rostro con la mano. Darien lo siguió, sacudiendo la cabeza empapada como un perrito.
-Primo, creo que estamos demasiado mayores para hacer estas cosas -dijo.
-Sí, ya no somos ningunos adolescentes -Seiya miró por encima del hombro hacia la mesa donde se sentaban.
Serena no estaba.
Echó un vistazo rápido por el recinto de la piscina, pero sólo vio a Richard y a Nicolas, quienes charlaban tranquilamente debajo de una sombrilla.
-¿Dónde estará?
Darien se encogió de hombros.
-No tengo ni idea.
-¿Has visto a Serena? -le preguntó a Richarden voz alta.
-Sí, se fue con Zafiro hace unos minutos.
-¡Maldición!
-No debes preocuparte -dijo Darien-. Zafiro es un buen tipo.
-Eso es precisamente lo que más me asusta. Tengo que encontrarla -agarró la camiseta y se fue corriendo hacia el vestíbulo del club. Nada más llegar a la salida vio cómo Zafiro y Serena se alejaban en un BMW blanco.
-¡Maldita sea! –Seiya arrojó la camiseta al suelo y se quedó mirando el coche hasta que se hubo perdido de vista.
Darien se acercó a él. De nuevo llevaba puesto su sombrero, y tenía un puro sin encender en la boca. Rodeó a su primo con el brazo y le dijo:
-Venga, tío. Vamos a tomarnos un par de cervezas. Y no te preocupes. Volverá.
-No sé qué voy a hacer, Darien. Jamás he sentido nada parecido por una mujer. Creo que voy a volverme loco.
-Creo que te has enamorado, primo. Eso es todo. Sólo puedes hacer dos cosas: o pegarte un tiro o casarte con ella.
-No me atrevo a pedirle que se case conmigo. Estoy seguro de que me rechazaría. Ya te he dicho que quiere casarse con un millonario.
-Pues dile la verdad de una vez, maldita sea. Soy mayor que tú y tengo más experiencia. Hazme caso.
-Diablos, Darien, si sólo nos llevamos tres meses y medio. No me vengas con sermones. En cualquier caso, estoy convencido de que Serena me ama. Pero quiero que lo reconozca antes de saber que estoy tan podrido de dinero como tú.
-Bueno, tan podrido no creo. ¿Cuánto tienes ahora, Seiya?
-Eso no te incumbe. Pero tengo bastante, sí. Vendí la consulta y la casa que tenía en
California por una buena suma.
-Que no se entere Nicolas, o querrá enrolarte en su próxima aventura empresarial. Parece que tiene acorralado a mi hermanito pequeño. Mejor será que le echemos una mano a Richard
-¿Tiene Nicolas apuros económicos?
-Qué va. Está más forrado que tú y yo juntos. Pero no le gusta arriesgar su dinero.
-¿Y cómo le va a Andrew?
-Fenomenal. Acaba de firmar un contrato con los árabes que le reportará unos cuantos millones.
-Caramba, espero que Serena no se entere.
-¿Por qué?
-Le dije que Andrew no tenía donde caerse muerto en realidad.
Darien soltó una risita y sacudió la cabeza.
-Veo que te has estado inventado alguna que otra historia. ¿Qué más le has contado?
Seiya sonrió burlón.
-Que Haruka es gay.
-¿Gay? ¿Haruka? –Darien echó la cabeza hacia atrás y prorrumpió en sonoras carcajadas.
Serena se lo pasó estupendamente en compañía de Zafiro. Después de salir de la librería, fueron a tomar el helado de fresas que le había prometido.
-Hacía años que no tomaba un helado –dijo Zafiro.
-Y yo. Antes vivía tan aterrada por la posibilidad de engordar, que me privaba de ciertos pecadillos.
-¿Por qué te preocupaba tanto el peso? ¿Eras modelo o algo parecido?
-Sí. Trabajaba en Nueva York, pero decidí retirarme hace un par de años.
Zafiro se quedó mirándola fijamente.
-¿Y por qué te retiraste? Sigues siendo una mujer impresionante.
-Gracias.
Serena pensó en contarle una de las excusas superficiales que solía utilizar siempre que le preguntaban por el tema, pero miró directamente a Zafiro. Tenía los ojos más amables y bondadosos que había visto en muchísimo tiempo. De algún modo, la invitaban a que se sincerara, a que abriera su alma.
Agachó la cabeza y revolvió el helado con la cuchara. Luego le contó el episodio del ataque que sufrió y la agonía de los meses que siguieron.
Tardó más de una hora en contárselo, pero no se dejó atrás ningún detalle.
-Lo has pasado muy mal, ¿verdad? -dijo él tomándole las manos con ternura.
Ella se encogió de hombros.
-Hay quien lo ha pasado peor. Gané bastante dinero e incluso llegué a reunir unos ahorros, pero el tratamiento médico me dejó casi en la ruina. Mis padres me ayudarían si supieran cuál es mi situación, pero no quiero preocuparlos.
Zafiro le apretó la mano con suavidad.
-Aun a riesgo de parecer machista, creo que una mujer hermosa como tú debería buscarse un marido rico y vivir sin preocupaciones. ¿No te interesa nadie del grupo de
Darien?
Serena dejó escapar un suspiro.
-Me... interesa una persona. Pero han surgido complicaciones.
-¿Quieres que te ayude? Tengo mucho más dinero del que puedo gastar...
-No, Zafiro. Eres muy amable, de verdad, pero no podría aceptar dinero de ti.
-Seguro que al final te irá bien con esa persona que tanto te interesa. Eres una persona bella y sincera, Serena. Cualquier hombre que te tuviera como esposa podría llamarse dichoso. Incluso yo, si pudiera, estaría contento de tenerte a mi lado.
-¿Estás casado?
Zafiro sonrió.
-No. Verás, jamás lo he dicho a ningún miembro del club, pero soy... gay.
-¿Gay? ¿Igual que Haruka?
-¿Haruka? -Zafiro se echó a reír-. No, Haru no es gay.
-¿Estás seguro?
-Segurísimo.
Serena entrecerró los ojos.
-¡Ese canalla! ¡Me dan ganas de matarlo!
Mientras regresaban al Nido de Crow, Serena intentó idear algún modo de vengarse de Seiya, pero no se le ocurrió nada apropiado. Finalmente, dejó aparcada la cuestión y subió a la suite para arreglarse un poco. Estaba citada para tomar una copa con Malachite Dudley, el vendedor de Cadillacs. Dado que estaba prometido, no era un candidato viable, pero era un tipo pintoresco y cuadraría bien en el artículo.
Cuando bajó al vestíbulo para reunirse con Malachite, encontró a Seiya en el lugar de costumbre. Serena alzó la barbilla e intentó pasar de largo, pero él la agarró del brazo.
-¿A qué tanta prisa?
-Estoy citada con Malachite, aunque eso no es asunto tuyo.
Seiya esbozó una mueca burlona.
-Me temo que ya no estás citada con él.
-¿Qué quieres decir?
-Que lo voy a sustituir.
-¿Otra vez has vuelto a ganar una cita conmigo jugando al golf? -repuso ella furiosa.
-Pues no. Esta vez he ganado la cita jugando al poker.
-Me sorprende que no lo hayas retado a un concurso de salto de trampolín.
-¿Estás enfadada por eso, bombon? Lo siento. Darien y yo siempre competíamos de niños.
-Me trae sin cuidado lo que hagan Darien y tú.
-Vamos, bombon, no te enfades. Sudé tinta para ganarle la apuesta a Malachite. Acompáñame a tomar una copa.
De pronto, a Serena se le ocurrió una idea perversa. Se volvió hacia Seiya y le sonrió.
-De acuerdo. Hace una noche preciosa. Vamos al porche -le acarició el cuello de la camisa-. Tomaré, un daiquiri de fresa. ¿Por qué no vas a buscar las bebidas? Te esperaré fuera.
Seiyase inclinó y la besó en la mejilla.
-No tardaré ni un momento.
Cuando salió con las bebidas, unos cuantos minutos más tarde, Serena lo estaba esperando junto a la barandilla del porche.
-Estoy aquí -le dijo cuando vio que la buscaba con la mirada.
Seiya le dio el daiquiri.
-Te sienta de maravilla la luz de la luna.
-Gracias, pero eso ya me lo han dicho antes.
Él se inclinó para besarle el cuello, pero ella se retiró despacio.
-¿Seiya?
-¿Sí, bombon?
-Creo que Haruka es un hombre encantador. ¿Sabes que me ha invitado a su rancho?
-¿De veras?
-Sí -le recorrió con las yemas de los dedos el cuello y la pechera de la camisa—. ¿Estás absolutamente seguro de que es gay?
-Sí, absolutamente seguro. Ni se te ocurra visitar su rancho. No harías más que perder el tiempo.
Serena le vació el daiquiri encima de los pantalones.
-¡Embustero! -arrojó la copa al suelo, se dio media vuelta y se fue.
Seiya recogió la copa, pero poco pudo hacer para limpiarse el pantalón. En fin, las cosas podían haber sido peores. Al menos, nadie había presenciado la escenita. Dios todavía hacía pequeños milagros.
Oyó unas risitas sofocadas en el porche y comprendió que había dado gracias al cielo con excesiva antelación. Eran Darien y Richard.
Los hermanos se acercaron a él y lo miraron de hito en hito.
-Apuesto a que ese mejunje está frío -dijo Richard.
-¿Pero qué clase de problema tienen tus pantalones con los líquidos? –preguntó Darien en tono burlón.
-No digan ni una palabra más, se lo advierto -dijo Seiya furioso.
-Ya te advertí que tanta mentira acabaría perjudicándote a la larga -repuso Darien-
Será mejor que le digas la verdad de una vez por todas, o acabarás perdiéndola.
Seiya agachó la cabeza.
-Supongo que tienes razón. Se lo diré esta misma noche.
-Si es que está dispuesta a escucharte.
-Me escuchará. Richard , ¿me dejas que vaya a cenar con ella en tu lugar?
-Ah, no, ni hablar.
-¡Maldita sea, Richard! ¡Pídeme lo que sea a cambio!
