El siguiente fic es una adaptación del libro de Jan Hudson incluyendo unos cuantos retoques mios, con los personajes de la genial Naoko Takeuch, Nada me pertenece los uso como medio de entretenimiento sin fines de lucro.
gracias por haber seguido esta adaptacion ! por cada review...aquellas personas que son guestnunca pude responderles los review por que por normas ya no se puede por aqui, pero muchisimas gracias por seguirme. Bueno les traigo el ultimo capitulo, solo queda el epilogo que mañana lo tendran. millones milones de gracias...disfruten este ultimo cap! besos!
Capítulo Nº 13 Enamorada
Serena no podía haber pedido un acompañante más agradable que Richard Chiba. Con su cabello castaño y sus ojos celestes, era tan guapo como su hermano mayor... o tal vez incluso más si se tenía en cuenta el atractivo hoyuelo que poseía en la barbilla. El aire que lo rodeaba parecía emitir chispas debido a su exuberancia.
-¿Más vino? -preguntó al tiempo que alzaba la botella.
-No, gracias. Pero, por favor, sírvete otra copa si te apetece.
-Una copa suele ser mi límite. O dos como máximo. No suelo beber mucho.
Serena prestó especial atención a aquel comentario. De modo que Ricgard no tenía problemas con la bebida como su hermano Darien. Qué interesante. De pronto, la situación se había vuelto bastante prometedora. Serena se dijo que tal vez no había prestado a Richard la atención que realmente merecía. Alto, moreno, guapo, rico... Quizá había encontrado por fin al candidato idóneo.
Inclinándose ligeramente, recostó la barbilla en el dorso de las manos y le dirigió una sonrisa deslumbrante.
-Háblame de la fábrica de caramelos. ¿Dónde está situada?
Hablaron de caramelos, de Texas, de sus primeras experiencias en el mundo laboral...
Serena contó anécdotas divertidas que le habían ocurrido mientras vivía en Nueva York, y Richard le habló del tiempo que estuvo viviendo en Dallas. Hacía tiempo que Serena no se reía tanto. En conjunto, la cena fue un éxito absoluto.
Salvo por un detalle.
Seiya permaneció todo el rato sentado en el otro extremo del comedor, mirando a Richard con cara de pocos amigos.
Serena trató de no prestarle atención, pero al final se sintió tan incómoda que sugirió salir al porche para tomar el café.
Hacía una noche realmente preciosa. La luna resplandecía en lo alto, y el aire les hacía llegar la suave fragancia de los pinos y las rosas recién florecidas. Tras tomar unos cuantos sorbos de café, Serena dejó la taza en la barandilla del porche y se recostó en uno de los bancos. A pesar del caos emocional que había experimentado aquellos días, en aquel momento se sintió estupendamente bien.
-Creo que me gusta Texas -dijo.
-¿Y los téjanos? -preguntó Richard soltando también su taza.
Ella sonrió.
-Y los téjanos. Lo he pasado muy bien esta noche. Me gustas, Richard.
-Diablos, tú a mí también -Richard no mostró el menor atisbo de timidez.
-Vaya -dijo ella con una risita-. Estás hecho un buen elemento..., en el buen sentido de la expresión, claro.
-Y tú eres una mujer extraordinaria.
Serena notó que el corazón se le aceleraba. ¿Era posible que por fin hubiera encontrado al hombre perfecto? Cruzó los dedos y deseó con toda su alma que así fuera. Luego se pasó la punta de la lengua por los labios y dijo con voz aterciopelada:
-Richard, ¿quieres darme un beso?
El permaneció callado un momento, como si lo hubiera pillado desprevenido.
-Naturalmente -dijo al fin, y le posó un dulce beso en la frente.
-No, así no -Serena le echó los brazos al cuello, lo atrajo hacia sí y lo besó apasionadamente en la boca.
Había esperado oír sonido de campanas y de fuegos artificiales.
Pero no sintió absolutamente nada.
Intensificó la presión de sus labios y se apretó a Richard con más fuerza.
Siguió sin sentir nada.
Ni el más leve cosquilleo.
-Lo siento, Richard -dijo de pronto, apartándose de él-. Lo siento de veras -echó a correr en dirección al vestíbulo.
Seiya la llamó en voz alta al verla pasar, pero ella no se detuvo. Entró en el ascensor antes de que él pudiera alcanzarla, deseosa de refugiarse en su habitación.
Entró en la suite y cerró la puerta atropelladamente. Al cabo de unos instantes Seiya estaba afuera, llamándola. Pero Serena no quería verlo. No quería hablar con él. Se lo había estropeado todo.
Corrió hacia el dormitorio y cerró la puerta. Luego se apoyó en ella y se dejó caer hasta que estuvo sentada en el suelo.
¡Maldición! ¡Seiya lo había estropeado todo!
En vez de sentirse cautivada por alguno de aquellos ricachones, se había enamorado perdidamente de Seiya Kou.
¡De Seiya! Un pobre escultor que se dedicaba a tallar figuras de madera con una sierra mecánica.
¿Cómo había podido ser tan estúpida? Tras quitarse la ropa, se metió en la cama e intentó conciliar el sueño.
Pero no logró pegar ojo. Estuvo alrededor de una hora dándole vueltas a la cabeza, tratando de decidir qué hacer. Sólo había una respuesta.
Tener una mansión en Dallas, un anillo de diamantes y un coche de lujo no era, al fin y al cabo, tan importante para obtener la felicidad. Estaba enamorada de Seiya.
Y si se veían obligados a vivir por un tiempo en una de las cabañas de Artemis, podría soportarlo. Había soportado cosas mucho peores.
Salió de la cama rápidamente, agarró una bata y corrió hacia la puerta, decidida a confesarle a Seiya lo que sentía por él. ¡Lo amaba, maldita fuera! ¡Lo amaba y no podía seguir negándolo!
Abrió la puerta y salió al pasillo. Seiya estaba sentado en el suelo, con la cabeza recostada en la pared. Parecía vencido, agotado.
-¿Seiya?
Él la miró.
-Ven a la cama -dijo Serena tendiéndole la mano.
La sonrisa de felicidad que se dibujó en el rostro de Seiya no podía describirse con palabras. Se puso en pie de un salto y la tomó entre sus brazos.
-Oh, Bombon, te quiero tanto...
-Yo también te quiero.
Kyle se retiró un poco y la miró fijamente.
-Dilo otra vez.
-Te quiero.
La abrazó con tanta fuerza que ella soltó un grito.
-Lo siento, bombon, pero no sabes cuánto he deseado oírte decir eso. Fuera de la cama, claro.
-¡Es la primera vez que te lo digo! ¡En la cama o en cualquier sitio!
Seiya se echó a reír.
-Si tú lo dices -tomándola en brazos, entró en la habitación y cerró la puerta con el pie.
Empezó a besarla antes de llegar al dormitorio.
Esta vez, Serena sí sintió sonido de campanas y de fuegos artificiales. El aire que los rodeaba pareció cargarse de electricidad mientras hacían el amor.
Fue una noche que jamás olvidarían.
La luz matinal despertó a Serena. Estaba echada encima de Seiya, desnuda y cubierta por un revoltijo de sábanas. Le rozó el pezón con la punta de la lengua y él abrió los ojos.
-Buenos días.
-Buenos días -respondió Seiya con una sonrisa de satisfacción-. Dímelo otra vez.
Ella se echó a reír.
-Pero si ya te lo habré dicho unas cien veces. Será mejor que te levantes. Hoy acaba el torneo de golf.
-Al infierno el torneo de golf. Dímelo otra vez.
-Te quiero.
Seiya la abrazó.
-Dios mío, me encanta oírtelo decir. Creí que te perdería, que acabarías yéndote con alguno de los tipos del club. Cuando vi que besabas a Richard me dieron ganas de morirme.
-Fue entonces cuando comprendí que te amaba. Lo besé y no sentí absolutamente nada.
-Richard tiene mucho dinero.
Serena dejó escapar un suspiro.
-Lo sé. En fin, supongo que no es mi destino casarme con un millonario.
Seiya le dio un beso en la nariz.
-Me parece que te equivocas.
-¿Qué quieres decir? -preguntó ella, temiendo de repente que Seiya no quisiera casarse con ella.
-Bombon, tengo que confesarte algunas cosas. Pero antes quiero que me prometas que no vas a enfadarte, ¿de acuerdo?
-¿Cómo voy a prometerte semejante cosa? -se sentó en la cama dando un respingo-.
Dios mío, Seiya, ¿no estarás casado, verdad?
-No, no se trata de eso. Es sólo que... no he sido totalmente sincero contigo.
-¿De qué hablas? Seiya respiró hondo.
-Verás, Darien y Richard son primos míos.
-¿Y?
-Mi abuelo Artemis no necesita el almacén para ganarse la vida. Es rico. Ni siquiera sé cuántos millones de dólares posee.
Serena se quedó estupefacta.
-¿Artemis? ¿Artemis es... es...?
-Millonario, sí. Darien y Richard son ricos porque el abuelo les entregó un millón de dólares a cada uno y prometió darles diez más si doblaban dicho millón en un año. Y lo consiguieron.
-Vaya. ¿Y a ti también te dio dinero?
Seiya carraspeó para aclararse la garganta.
-Sí, a mí y a Yaten, mi hermano. El abuelo me dio el primer millón cuando acabé la carrera.
-¿El primer millón? ¿La carrera? ¿Qué carrera?
-Estudié cirugía plástica.
Serena notó que una ola de furia la invadía de pronto. Saltó de la cama y se cubrió con una sábana.
-Me mentiste. Me hiciste creer que eras un escultor sin dinero, cuando en realidad eras... eras...
-Rico -dijo Seiya por ella-. Perdóname, bombon. Pero ahora puedes cumplir tu sueño de casarte con un millonario. Estoy podrido de dinero -añadió con una sonrisa.
-¿Y quién más estaba al tanto de toda esta farsa? ¿Darien? ¿Richard?
-Bombón…..
-¡Así que te ayudaron a tomarme el pelo! Dios mío, qué humillante -se sintió tan avergonzada que deseó que la tierra se la tragase-. Sal ahora mismo de mi habitación, sinvergüenza. No quiero volver a verte nunca más -tuvo que apretar los dientes para no romper a llorar.
-Pero, bombon, yo te quiero.
-¿Que me quieres? Tú no sabes lo que es el amor, Seiya kou. ¡Vete ahora mismo!
-De acuerdo, de acuerdo. Me iré. Te dejaré sola un rato para que te tranquilices. Sé que metí la pata, y lo siento...
-¡Fuera de aquí!
-Está bien -Seiya recogió sus cosas y se marchó.
Serena rompió a llorar desconsoladamente. Se sentía como una auténtica estúpida.
Sólo le quedaba la opción de marcharse cuanto antes. No podría volver a mirar a la cara a Darien ni a Richard.
Se puso rápidamente en pie y empezó a sacar su ropa del armario.
Justo cuando Serena acababa de cerrar la portezuela del Mercedes, Zafiro se acercó al coche y le dijo:
-He salido a dar un paseo. No irás a marcharte, ¿verdad?
Ella se sonó la nariz y trató de sonreír.
-Sí, ya va siendo hora de que me vaya.
-¿Qué te pasa, Serena? ¿Has estado llorando?
-Oh, no, qué va. He descubierto que soy alérgica a los pinos. Qué tontería, ¿verdad?
-Perdona, pero no te creo. Pareces disgustada. ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
-No... -de repente, se acordó de que no tenía dinero ni para echar gasolina-. Bueno, odio pedírtelo, pero, ¿me prestas veinte dólares? Te los devolveré en cuanto pueda.
Zafiro se sacó una cartera del bolsillo.
-Toma cien dólares. Y no hace falta que me los devuelvas. ¿Necesitas algo más?
Serena lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
-No. Has sido muy amable conmigo. Ojalá hubiéramos tenido tiempo para charlar más despacio.
Él le entregó su tarjeta.
-Llámame cuando tengas un hueco.
Serena se despidió de Zafiro y se dirigió hacia la autopista. Condujo a Dallas de un tirón, deteniéndose sólo para repostar gasolina. No sabía de dónde iba a sacar el dinero para comprar el billete de avión para Washington. Podía habérselo pedido a Zafiro, pero no lo había hecho por cuestión de orgullo.
-Mina—dijo Serena en el interior de la cabina-, ahora no puedo contártelo con detalle.
Por favor, empeña los candelabros de plata de mi tía Luna en la tienda del señor Getz e ingresa el dinero en mi cuenta. Lo necesito para comprar el billete de avión.
- Por dios Serena dime que es lo que te ha pasado – ella se quebro en llanto
– he sido una estupida, simplemente he sido una estupida.
Después de colgar, Serena se sentó en la terminal del aeropuerto. Tardaría un buen rato en poder sacar del cajero automático el dinero que Mina debía ingresar en su cuenta, así que decidió armarse de paciencia.
No había desayunado. Hizo un cálculo rápido y decidió que podía gastarse unos cuantos dólares en comida, de modo que entró en el restaurante más cercano.
Cuando estaba a mitad del desayuno, alzó la vista casualmente y notó que se le erizaba el vello de la nuca.
Seiya acababa de entrar en el restaurante y se dirigía hacia ella dando grandes zancadas.
Serena miró a su alrededor, buscando una posible salida, pero no vio ninguna. Así pues, decidió ignorarlo. Agarró el cuchillo y el tenedor y cortó un trozo de pastel.
-Serena, bombon, casi me he vuelto loco buscándote.
Ella se limitó a tomar un sorbo de café, sin mirarlo en ningún momento. Seiya se sentó en una silla e intentó hablarle, pero ella siguió sin hacerle el menor caso.
-Maldita sea, bombón, escúchame. ¡Te amo!
La gente que había en el restaurante se quedó mirando.
-Seiya, por favor, no montes una escena. Márchate. – le dijo a medida que intentaba que los sollozos no comenzaran de nuevo, su voz quebrada la traiciono.
-No, pienso marcharme. Y no me importa que todo el mundo se entere. ¡Te Amo! - luego, mirando a la gente, siguió diciendo-: La Amo. Y deseo casarme con ella. Está enfadada conmigo porque soy millonario. Señores, ¿a ustedes les parece justo?
-Cielo -dijo una pelirroja de mediana edad-, si ella no te quiere, vente conmigo.
-¡Marylin!
-No me importaría nada casarme con ese tipo. Es guapísimo. Y rico, por si eso fuera poco.
-Seiya, vete, por favor -Serena se tapó el rostro con las manos y se concentró en su plato.
Él se levantó y se fue. Al cabo de unos minutos, regresó cargado de ramos de rosas y claveles. Depositó las flores en el suelo, a los pies de Serena.
-Te ruego que las aceptes y que me perdones -se puso de rodillas delante de ella.
Serenapuso los ojos en blanco y deseó que la tierra se la tragase.
-Seiya, por favor. Estás dando un espectáculo. Vete.
-No hasta que digas que me perdonas. Bombon, amor mío, te amo con todo mi corazón. Nadie te amará nunca como yo te amo. Mi abuelo te adora. Mis primos te adoran. Jamás en la vida volveré a mentirte. Cásate conmigo, por favor.
La gente empezó a animarla y a aconsejarle que aceptara.
Serena miró a Seiya a los ojos. En ellos vio la llama sincera del amor.
-¿Me perdonas?
-Sí -respondió ella suavemente.
-¿Ha dicho que sí? -preguntó alguien.
-Sí -repitió Serena en voz alta.
La gente empezó a aplaudir.
-¿Quieres casarte conmigo? -le preguntó Seiya.
-Sí.
Los aplausos llenaron el restaurante. Cualquiera hubiese dicho, al contemplar la escena, que los Cowboys acababan de ganar otra vez la Super Bowl.
Bueno hasta aquí ha llegado este fic que les parecio? Les gusto? Cuando lei la historia no para de pensar que era para ellos por eso quise compartirla ahora silo queda el epilogo que mañana estara arriba. Besos y gracias por el apoyo!
