Seras se paseó por el enorme jardín de la mansión Hellsing. Estaba pensando en las palabras de Integra. Parecían demasiado misteriosas, dejaban un aire de preocupación.

En un gran roble encontró a Hans con un libro en las manos, sus sentidos sobrehumanos le permitían leer con la tenue luz lunar. Al acercarse notó que el Capitán inhalaba el aire y la volteó a ver, dejó el libro en el suelo y en un parpadeo ya estaba frente a la Draculina.

-¿Que tal tu paseo? - preguntó en un susurró Hans.

El tono de su voz y el calor de su cuerpo causaban una reacción inmediata en Seras. Sus colmillos se desplegaron en señal de su gozo.

-Reconfortante – Integra habló conmigo.

El Capitán se enderezó y la miró con interrogación.

-No te preocupes, simplemente fueron unas cuantas palabras.

- Ah bien, ¿te gustaría acompañarme?

-Claro, vamos.

Los dos se recargaron en el gran roble, Hans continuó leyendo pero Seras solo se recargó en el y cerró los ojos, escuchando los latidos y respiraciones del Capitán. Al llegar a 300 latidos comenzó a escuchar más y más fuerte el bombeo del corazón de Hans, abrió los ojos y miró la palpitante vena de su musculoso cuello, Hans ni siquiera se dio cuenta.

La Draculina comenzó a acercarse al flujo de sangre inhalando el aroma a bosque y madera con ese toque salvaje. Sus colmillos estaban totalmente desplegados pero en vez de morder directamente, lamió toda la extensión del cuello. El Capitán suspiró y dejó el libro a un lado, la miró con deseo pero se contuvo.

- Wollen du einen Geschmack?

La Draculina lo miró con interrogación y el acercó su cuello. Sin dudar hundió los colmillos en su cuello arrancándole esa sensación que le resultaba tan excitante. Seras se removió hasta quedar a horcajadas sobre él. Continuó drenando pequeños sorbos para no debilitar a Hans, pero pronto se hizo más insistente y con un esfuerzo enorme se separo de su cuello. Tenía las manos en los anchos hombros del Capitán y jadeaban los dos. Seras podía sentir la creciente necesidad del Capitán y sonrió a sus adentros por causarle eso. Aunque la verdad ella lo quería dejar pasar, algo se removía en su interior ansiando por más.

Pero no hubo necesidad de pedirlo, Hans se puso de pie y le tendió la mano, caminaron (más rápido que cualquier humano) hasta llegar a los niveles subterráneos, donde estaban las habitaciones. Llegaron a la habitación de la Draculina cerrando el seguro tras ellos. Hans levantó a Seras y la colocó sobre el escritorio mientras la besaba con intensidad. Seras se separó de Hans y mordió su lóbulo de la oreja, él sin notarlo la embistió ligeramente. Seras lo aprisionó entre sus piernas mientras lo besaba, le quitó la playera y deslizó los dedos con el más fino roce por su pecho desnudo. Hans suspiró de gozo y también removió la camisa del uniforme de Seras, pero ni siquiera se molestó en quitarle el sostén, la deseaba demasiado en ese momento, le levantó la falda oscura y le arrancó las bragas con los dientes, Seras sonrió lujuriosamente y paso sus uñas por la torneada espalda de Hans, sin pensarlo de nuevo la embistió más fuerte arrancando un gemido de ella. Antes de que el Capitán se pudiera quitar los pantalones Seras o tomó por la muñeca, deslizó de nuevo sus dedos por los muslos de Hans y después muy ligeramente apretó en su entrepierna, Seras se deleitó al escuchar los gemidos del Hans y continuó manipulando. Hans se debatía entre dejarla y venirse o tomar el control. Pero cada que tomaba una decisión el placer le borraba la mente por completo. Estaba a punto y Seras se acercó al oído de Hans.

-Dime que tanto te gusta... – la voz cargada de lujuria.

Acto seguido lamió el lóbulo de la oreja y después de morderlo el Capitán no aguantó más, explotó y se recargó en el hombro de Seras jadeando, pensaba que la tenía en su control y el todavía tenía los pantalones puestos y se había corrido. Pero no perdió un solo segundo, se arrancó los pantalones y los boxers y besó a Seras con demasiada urgencia, ella respondió por igual y al sentir el deslizar de Hans dentro de ella sintió como se tensaba su espalda al contacto, se recargó en el hombro del hombre lobo mientras rasguñaba su espalda y sentía a Hans más profundamente. Los dos podían sentir el fuego quemándolos a carne viva, borrando todo lo demás, Hans estaba empapado en sudor mientras la Draculina continuaba con su cuerpo inmutable, las embestidas aumentaron de fuerza e intensidad y los gemidos resonaban en la habitación, Seras apretó más los muslos y el roce ahora causo que el Capitán se viniera por segunda vez y un segundo después la Draculina.

Los dos terminaron jadeando en busca de aire, el ambiente se sentía bochornoso, la Draculina se metió a la regadera y Hans pensó en unírsele, pero estaba por salir el sol y ella necesitaba descansar. Salió de la habitación y a velocidad sobrehumana llegó a su habitación y también se duchó, se acostó y lo último que vio era el oscuro techo de su cuarto.