FINALMENTE TERMINE ESTE PEQUEÑO FRAGMENTO DE LA HISTORIA, DISFRUTEN Y COMENTEN (HELLSING NO ME PERTENECE ._.)

P.D. Hans es jodidamente sensual *drool* :3

La enorme explosión en el atardecer tomó a Hellsing desprevenido, el ala oeste de la gran mansión había recibido un misil lanzado desde el otro lado del enorme patio.

Todavía no se ocultaba el sol por lo que Hans fue solitario al despacho de Integra.

-¿Alguna idea de quienes sean los intrusos? – preguntó Integra con un cigarro en la mano.

Hans negó con la cabeza.

-Bien, elimina la amenaza hombre lobo, es prioridad.

Hans desapareció de la vista de Integra mientras ella se volvía a recargar en el enorme sillón de cuero.

Al llegar al patio el hombre lobo olfateó el aire, entonces los detectó y corrió hacia la masa de hombres que le disparaban sin cesar, pero un segundo antes que lograran impactar en su cuerpo se desvanecía como el polvo.

Podía sentir la adrenalina correr en sus venas mientras la vista se le hacía más brillante. Tomó a los primeros dos hombres de la línea y los pulverizó chocando sus cabezas que salpicaron su playera y su cara. Hans saltó sobre otro rompiéndole las costillas con sus pesadas botas. Giró sobre sí mismo mientras de un puñetazo le volaba la mandíbula a otro soldado. Eran mercenarios contratados.

Una bala impacto en su pierna pero ni siquiera lo atravesó. Con una mano levantó al hombre responsable mientras lo ahorcaba y le rompió el cuello. Dos hombres se le tiraron encima mientras intentaban inmovilizarlo, caminó con ellos dos encima y de espaldas los estampó contra un árbol. A uno se le rompió la espina y a otro la cadera.

A lo lejos divisó otro batallón y corrió, a varios metros antes de llegar sacó su cuchillo de caza que se había quedado cuando era miembro de Millenium. Con increíble velocidad se adelantó mientras rebanaba los cuellos de aquellos mercenarios, el último gemía y se quejaba, estaba paralizado de miedo y sudaba mientras mantenía el arma apuntada al hombre lobo. Hans se acercó dos pasos y al mercenario se le cayó el arma de las manos.

Sin pensarlo se echó a correr mientras Hans pensaba en como matarlo, simplemente sacó la gran Mauser y le disparó en la cabeza, un enorme hoyo se le hizo en donde iba el ojo. Quedaban dos grupos de hombres más, así que camino al penúltimo. Los mercenarios estaban de rodillas apuntándolo y amenazándolo, pero el siguió caminando. Ninguna bala penetraba en su dura piel y el cansancio era minúsculo. En un fluido movimiento desapareció de la vista de los tiradores mientras se recargaba en una rama justo encima de ellos. Con sigilo cayó en el césped con un sonido hueco, le tapó la boca y le cortó la garganta al primero, al segundo le rompió el cuello, pero el sonido alertó a uno de los tiradores y volteó disparando una ráfaga de balas. Hans las esquivó y de un golpe en el estómago lo perforó, mientras veía su mano ensangrentada atravesando el cuerpo del mercenario un dolor agudo y ardiente creció desde su hombro mientras el proyectil lo clavaba en un grueso árbol. Una flecha brillante estaba clavada en su hombro mientras lo quemaba a carne viva, solo se le ocurría una respuesta; Plata.

Sentía como la flecha plateada le quitaba fuerza vital y la tomó con una mano mientras lo quemaba, de un tirón la arrancó y la tiro lejos, gruñía de furia, iba a descuartizar al causante, destrozó a los hombres con fuertes patadas partiéndolos a mitades. Escuchó el aire silbar de nuevo y esquivó la segunda flecha, olfateó el aire y le pareció un olor familiar, lo siguió a lo largo de un sendero.

Entonces se sorprendió de lo que vio.

Seras olía la sangre aún dentro de su ataúd, solo era cuestión de segundos para que pudiera salir sin preocupaciones, pero cada segundo se le astillaba más hondo en las costillas.

Con un rugido salió del ataúd y fue directo a la oficina de Integra.

En su escritorio había una pesada revolver cromada con balas bendecidas.

-Veo que ya te levantaste, busca al Capitán y ayúdalo, tu misión prioritaria es evitar que dañen más la mansión y elimina la amenaza tan rápido como puedan.

-Sí señora – dijo Seras mientras se desvanecía.

Integra estaba calmada, su pensamiento la reconfortaba:

'No puede haber un ataque peor que el de Millenium'

Seras pronto divisó una masa de hombres armados que la apuntaban, se dirigió a ellos sin dudar mientras esquivaba las veloces balas, al llegar disparó el enorme Harkonnen destrozando a 4 hombres con una sola bala. Mientras recargaba el arma un mercenario le disparó con una magnum 44 y esta le impacto en el brazo mientras Seras gemía de dolor. La potente pistola había logrado un daño masivo, pero ella no era humana.

Boom.

Cayeron muertos otros 6 hombres mientras Seras trataba de controlar el impulso de saciar su sed de sangre.

Tomó un cadáver del cuello de la camisa y lamió la sangre que había en su cuello salpicado. Sin darse cuenta había desgarrado su carne y tomaba impulsivamente la sangre que emanaba de la herida. Un sonido distrajo su atención, alguien se acercaba y le erizaba el vello de la nuca, pero a pesar de sentirlo no podía verlo, oírlo o siquiera olerlo. Una mano le tocó el hombro y en cuanto volteó ni siquiera el suelo se había marcado de pisadas. `La guerra me hace daño´ fue lo que pensó la Draculina.

Un cambio en la corriente del aire trajo un olor demasiado apetecible y lo reconoció inmediatamente, olía a la sangre de Hans, trotó por el césped siguiendo el olor hasta que llegó a un sendero y divisó una sombra, pero era demasiado pequeña para ser la silueta de Hans, tenía una ballesta en la mano y apuntaba hacia Hans. Dio dos grandes pasos y justo antes de inmovilizar al atacante éste se volteó clavándole una daga en el muslo haciéndola retroceder, un segundo después silbó el aire y un objeto le había atravesado el estómago, sellándola con el árbol de atrás. El atacante era una mujer, su cara estaba destrozada y deforme cubierta por algunas vendas llenas de sangre, el cabello era muy corto y llevaba una cruz de los miembros de Iscariote.

Parece que te tendré que matar a ti también – dijo la mujer con una horrible pronunciación, sus mejillas estaban hechas trizas.

Seras se concentraba en la flecha clavada en su abdomen, dolía demasiado para ser una flecha normal.

Sin aviso la mujer disparó otras tres flechas, dos se le clavaron en los muslos y la restante en su brazo derecho, la Draculina sintió sus piernas fallar pero las flechas la mantenían sujeta al árbol. Se sentía cada vez más débil y apenas lograba escuchar el rugido procedente del pecho de hombre lobo.

Eso te mantendrá quieta – dijo la mujer mientras le daba la espalda de nuevo.

Se acercó a Hans mientras desenfundaba un brillante cuchillo fino y filoso.

Aún tengo las cicatrices de la última batalla perro, así que te propongo un trato, Quid pro quo. Pasó el cuchillo por la playera de Hans y de un movimiento la cortó dejando a descubierto el torso del lobo.

Con el más fino de los roces el cuchillo tocó la piel de Hans mientras esta ardía dejando la línea de piel quemada por donde pasaba el cuchillo. Presionando más la mujer cortó una línea en diagonal cruzando por toda la longitud del torso de Hans. El rugido que surgió de su garganta era una mezcla entre rabia y dolor acumulándose poco a poco. Con una estocada clavó el cuchillo en su pierna muy cerca de donde se encontraba la flecha clavada produciendo un dolor indescriptible, Hans sintió la pierna fallarle.

Seras miraba todo desde atrás mientras luchaba contra las flechas de plata, tomó la del brazo izquierdo y de un tirón la sacó haciéndola gritar del dolor, jadeante tomó la flecha de su pierna izquierda, pasando de un jadeo a otro grito logró sacar la segunda flecha, la tercera flecha salió mientras ella caía de rodillas inhalando y exhalando tratando de calmar el dolor que sentía. Un aullido de dolor del Capitán le cayó como un balde de agua fría y saltó encima de la mujer. Ésta la pateó intentando quitársela de encima pero el cuerpo de Seras era duro como el concreto. Seras lanzó una mordida a su cuello pero se encontró con el brazo de la mujer. De un tirón le arrancó un pedazo de carne y la atacante gritó de dolor, con el cuchillo dio una estocada pero Seras brincó dos metros atrás, en cuanto la mujer levantó la ballesta y apuntó a la Draculina, un enorme cañón le apuntó en la sien y Seras escuchó el susurro de Hans.

- Esta vez, no tendrás tanta suerte

Boom.

La mujer cayó en el suelo con un golpe hueco y literalmente sin la mitad de la cara, en un silencio pesado el hombre lobo y la Draculina recogieron los cuerpos destrozados y los juntaron en una pila, Integra ordeno que los quemaran, y así fue.

El Capitán estaba sentado cerca del fuego pero Seras estaba alejada, la batalla le había impactado un poco, en especial el odio de aquella mujer. Antes de abrir la boca un estremecimiento le recorrió la columna entera y sus sentidos se agudizaron por instinto, entonces reconoció la presencia de su maestro, esto la hizo sonreír, le faltaba aquella soberbia por parte de Alucard y por más extraño que fuera, lo echaba de menos.

Pero Hans no reaccionó igual, en un parpadeo estaba convertido en el enorme lobo gris, olfateaba el aire y echó a correr a una velocidad en la que solo era una silueta de pelo.

Seras corrió tras él y al llegar al despacho de Integra la puerta estaba abierta, Alucard estaba arrodillado frente a su ama con la cabeza agachada, Integra lo miraba fijamente.

-Bienvenido, Midian.

-Un gusto estar de nuevo aquí, mi ama.

-Maestro… - susurró Seras.

OMFG LLEGÓ ALUCARD :O QUÉ PASARÁ AHORA *LEVANTA LAS CEJAS INSINUADORAMENTE* NOS LEEMOS PRONTO ;) ATT. FEUERENGEL