LISTO FANÁTICOS DE HELLSING, ME INSPIRÉ Y LOGRE HACER OTRO CAPÍTULO, PERO SE PONDRÁ MUYYYYYYYYYYYY INTERESANTE *SONRISA MALICIOSA* NOS VEMOS :D kOMMENTARE BITTE

Después de dar el reporte a Integra, su maestro salió desvaneciéndose por la pared mientras ella usó la puerta. Caminó por los pasillos pero no vio a Hans por ningún lugar. Se metió a su habitación y se metió a la regadera, dejó que el agua caliente le cayera envolviéndola en una calidez que jamás podría generar ella sola.

Alucard, mediante un portal entró a la regadera mientras veía a la chica policía de espaldas, ignorante a su presencia, o eso creyó él.

Seras se volteó dando un letal golpe a la cara de su maestro, éste la esquivo y tomó su muñeca mientras la azotaba contra la pared. La chica lo reconoció y su cara se pintó de un intenso color rojo y bajó la mirada.

El agua ahora caía sobre Alucard, empapando su traje rojo, no llevaba el sombrero pero si sus gafas.

-Maestro, ha ido demasiado lejos – dijo Seras sin fuerza en la voz.

-Seras Victoria, conozco tu cuerpo al derecho y al revés, recuerda que siempre estaremos conectados. Pero dime una cosa, ¿me conoces a mí? – dijo Alucard mientras que con la lengua lamió el mentón de la chica pasando por su labios, le mordió el labio inferior y escucho un ligero gemido por parte de la chica policía. Entonces dio la vuelta listo para desaparecer por la pared, pero antes se detuvo.

-Me divertiré un rato con tu querido Lap Dog – y con eso desapareció por la pared.

Seras frunció el ceño, tenía que detenerlo antes que se iniciara una verdadera carnicería, con apenas tiempo para salir con una toalla cubriéndola corrió hasta llegar a la habitación del Capitán, abrió la puerta y esperando ver a Alucard ahí.

Hans estaba haciendo barras y ajeno a todo lo que había pasado. Se soltó y la miró con interrogación, más aún porque ella solo llevaba una enorme toalla blanca.

Seras se rió ante lo ridículo de la situación, incluso sintió la sorna de su maestro en su interior. Se frotó un lado de la cara.

-Lo siento, es solo que… - ni siquiera encontraba palabras para excusarse de aquello. Se mordió el labio.

El Capitán sonrió ante la expresión de la Draculina, entonces se adelanto algunos pasos y la aprisiono contra la pared. Pasó su lengua por la herida que se había hecho la Draculina cuando se había mordido el labio.

-Hans… - dijo mientras cerraba los ojos.

Antes de besarla y olvidarse de todo sus sentidos se dispararon, reconocía esa presencia, era la presencia de aquel vampiro poderoso.

Seras se quedó recargada en la pared mientras que su maestro y el hombre lobo quedaban frente a frente.

Los dos golpearon al mismo tiempo, el puño del Capitán impacto en la cara de Alucard mientras la mano de este le había perforado el estómago al hombre lobo.

En un rápido movimiento Hans sacó el filoso cuchillo Nazi y lo clavó en la axila del vampiro, éste sangro considerablemente, el suelo se estaba llenando de sangre mezclada de los dos veteranos. Alucard sacó su Jackal y disparó a la pierna de Hans, le destrozó la rodilla y lo hizo caer con un gruñido.

-¡Basta! – gritó Seras mientras con su brazo de sombras los azotaba a los dos en la pared, uno en cada extremo de la habitación.

-Les prometo que la próxima vez correrá más sangre – dijo la chica con una voz autoritaria y firme.

-Qué adorable chica policía, no quieres que mate a tu mascota – dijo Alucard riéndose maniacamente.

Seras apretó más el agarre en el cuerpo de Alucard e incluso escuchó romperse una costilla. Su maestro sonrió más ampliamente.

Hans estaba tensado y listo para atacar, la mitad de su cuerpo ya estaba cubierto de pelaje gris. Con pesar la chica creó dos aguijones de su brazo y lo clavó a la pared, el olor a su sangre casi la saca de su autocontrol.

Vamos chica policía, se cuanto deseas esa sangre, tómala, se egoísta, hazlo.

Seras reprimía aquella locura que poco a poco ganaba terreno, las palabras de Alucard la hacían flaquear mientras controlaba su sed. Soltó el agarre de Alucard pero no el de Hans, caminó dos pasos y se detuvo frente al lobo. Tenso los músculos ordenándoles detenerse.

Sólo unos pasos más Seras, y después podrás dejarte llevar, hazlo, tómalo, deléitate.

Caminó otro paso y sus aguijones salieron abruptamente de Hans, cayó al suelo de espaldas, Seras se colocó encima de él y lamió las heridas, profundizó su roce degustando el interior de la carne del lobo, la deliciosa sangre saciaba su sed y le hacía ir más allá de lo que su mente pedía, pegó las caderas con las de Hans y frotó violentamente por encima de la ropa.

Seras gimió al sentir la dura erección de Hans, las heridas sanaron pero ella no había terminado, se dirigió al cuello y mordió. No podía controlarse, estaba entrando en un frenesí, ni siquiera le molestaba la presencia de su maestro. Hans gruño en un tono bajo, su hambre por la chica crecía junto con su entrepierna. Pero pareció distraer a la Draculina que enderezó la espalda violentamente, miró a su maestro y salió de la habitación desnuda, la toalla se había caído cuando los detuvo a ambos.

En una situación patética Hans se quedó tirado en el suelo tratando de calmar el fuego que sentía en su interior, pero el vampiro ya había desaparecido un rato antes.

La Draculina corrió a su habitación, seguía excitada, la sangre causaba ese efecto en ella, y se amplificaba al tener a Hans cerca. Se recargó en su escritorio y capto su reflejo, entonces cayó en cuenta que no llevaba nada encima y corrió a su clóset, se colocó su uniforme y miró el espejo de nuevo. Su maestro había estado comportándose extraño, la provocaba y después la dejaba en el filo. Golpeó la madera en un ataque de frustración, quería dejar salir todo.

-Que control el tuyo chica policía, por un segundo pensé que lo harías sin preámbulos – dijo Alucard mientras se sentaba en una silla en la esquina de la habitación.

En un arrebato de furia se tiró encima de su maestro, quedando el debajo del peso de la chica.

Lo golpeo varias veces en la cara hasta tirarle dientes y romperle la nariz, continuó golpeando pero disminuyo la fuerza hasta ya no mover el brazo, jadeaba y sentía ganas de llorar.

-¿Por qué está haciendo esto maestro? – pregunto con un hilo de voz.

-Es fácil Seras, tengo una razón por la cual te convertí

La Draculina se puso de pie y se sentó en el borde de su ataúd. Bajó la mirada.

Alucard se adelantó dos pasos y le levantó la cara.

-No quiero estar solo, no más – dijo mientras se agachaba y de lo más ligero, rozó sus labios con los de la Draculina.

Ella simplemente sintió pena por su maestro, ella se hubiese sentido igual de sola durante toda su vida. Alucard se enderezó y se encamino a la puerta, pero sintió los brazos de la Draculina alrededor de él.

-No estará solo maestro, porque ahora yo estoy aquí – dijo la Draculina sintiendo cada palabra en verdad.

Alucard sintió calidez en su interior, una calidez que no sentía desde que había muerto hacía 600 años.

Salió de la habitación dejando a Seras sumida en la oscuridad, se sentó de nuevo en su ataúd, proceso lentamente los sucesos del atardecer y decidió tomar una siesta, se introdujo en el ataúd y durmió profundamente.

OMFG, QUE CARIÑOSITOS xD, COMENTEN PORFAPLIZZZZ :3