Oh yeah! Aquí otra parte de mi historia un poquito bizarra de Hellsing :D Geniessen!

El Hauptmann saltó el río con apenas un poco de la fuerza de sus piernas.

El sol comenzaba a descender por las montañas, la oscuridad comenzó a tragarse la luz, mientras los sentidos agudizados del hombre lobo captaban todos los matices del extraño color del atardecer.

Se paró a unos metros de ella, se sentó con las piernas cruzadas y con la espalda recta, justo como en el ejército.

–Hans yo…

Él espero paciente.

–Lo siento, yo en verdad lo… siento… – su voz se quebró.

Hans miró atento, muriendo por dentro, las ganas de consolarla eran como un tsunami, como un instinto que no puedes ignorar, lucho con toda su voluntad y se quedó quieto.

–Eres la primera persona que he amado además de mis padres, la única, y lo he echado a perder, pero no se qué sucedió, yo en verdad… en verdad te amo Hans – Seras lo miró con ojos vidriosos.

La oscuridad consumió toda la luz, mientras la luz lunar se abría paso entre las nubes.

– ¿Ahora te das cuenta Seras?, ¡¿Por qué permites qué ese imbécil te manipule así? ¿No te das cuenta? Eres la única razón por la que no me dejé morir en Millenium, la única razón por la que me uní a Hellsing, la única razón…

Hasta ese entonces él no se había dado cuenta que estaba de pie y ella también, mientras veía los pequeños temblores del cuerpo de la chica, que estaba a punto de llorar.

En velocidad inhumana la abrazó, la abrazó intentando fundirse con ella, quería mostrarle lo que sentía con ese abrazo. La estrechó tan cerca de él como pudo mientras sentía el hombro de su playera humedecerse por el llanto de la Draculina, no le importaba si pasaban minutos u horas, solo quería estar con ella.

El llanto cesó después de un rato, Seras se encontraba acostaba mirando al cielo encima del cuerpo de Hans mientras éste la abrazaba, los dos miraban a las estrellas visibles en aquél lugar tan aislado, no habían cruzado ninguna palabra pero sabían exactamente como se sentían.

El sonido del corazón de Hans, el correr del agua y el soplar del viento era lo único que escuchaba Seras, sentía el movimiento de la respiración del hombre lobo, pero ella apenas respiraba por reflejo, no por necesidad.

Yacieron ahí en el pasto durante lo que les pareció una eternidad, absorbiendo aquel momento lo más que pudieron.

Seras se sentía completa, se sentía cálida en aquél cuerpo por siempre frío, le gusto esa sensación, esa sensación que creía perdida desde hacía muchos años, sentía que había recuperado una parte de sí misma, una parte vital, ella no podría vivir sin él, no más.

Se pararon cuando el amanecer se hacía presente y fueron a la habitación de Seras, ella se introdujo en su ataúd y Hans lo cerró, se quedó parado en medio de la habitación, caminó y se sentó en la nueva silla que se encontraba en la esquina y miró el oscuro y resistente ataúd.

El silencio pronto lo introdujo en el sopor y durmió profundamente con la imagen de Seras rondando en su mente.

xx xx xx xx

Alucard caminó sin ningún gramo de humor, vio la gran mansión y atravesó las paredes hasta su habitación, se sentó en su trono y sirvió una copa de vino.

–Maldito hombre lobo de mierda…

Arrojó la copa de vino escuchando el cristal destrozarse en miles de fragmentos.

Vio cómo el vino volaba en cámara lenta por los aires, del mismo brillo de la sangre, sin darse cuenta ahora veía la escena de hace muchas noches, la noche en que le disparó a la chica policía para salvarla, el vino tomó la forma de la sangre que había salido de la herida de la chica, la noche en la que saboreó su sangre y la convirtió en su eterna acompañante. Solo la deseaba en ese entonces, pero después le hizo sentir vivo, le hizo sentir perteneciente al lugar, y nunca lo había abandonado a pesar de haberla lastimado.

Se quedó mirando el vacío….

Caminó hacia el cuarto de su Draculina, cuidando los pasos para no delatar su presencia a los demás.

Entró a la habitación sin permiso, con sólo una cosa en mente: Seras Victoria.

La necesitaba como un humano necesita al aire, tenía que pertenecerle a él y a nadie más. Necesitaba probar su carne, saber lo que era estar fundido con ella.

Escuchó la regadera dentro del baño, entró y observó el esbelto cuerpo de la chica, mojado y demasiado apetecible.

El roce de su pantalón ahora era insoportable, no podía más, la necesitaba ahora.

Se metió a la regadera.

–¡Maestro! – gritó ella tratando de cubrirse.

La acorraló contra la pared mientras su ropa se empapaba, se quitó el saco y la camisa, lo tiró al suelo mientras sentía el agua correr por su piel. La mordió en el cuello saboreando su sangre, estaba en medio de un frenesí, iba a descargarlo todo esa noche.

Estampó su cuerpo con el de ella, su piel era suave y delicada, apetitosa…

Seras reaccionó con la misma brusquedad y lujuria, sus ojos ahora de un brillante carmesí, lo empujó contra la pared contraria destrozando el concreto, quedando encima de él, sintiendo la inminente erección contra ella.

Se deslizó y de un tirón arrancó los pantalones de su maestro, dejando solo la ropa interior que tiró con los dientes.

Alucard la levantó en apenas un parpadeo y la recargó contra el mueble de madera, la Draculina sintió la madera fría contra sus pechos, y se aferró al borde al sentir la embestida ruda de su maestro. Ella lo había anticipado, sabía que su maestro no iba a ser gentil y eso solo la excitaba más, sentía la misma sensación, el mismo arranque que su maestro, sintió sus colmillos totalmente desplegados, listos para morder.

Alucard la embestía con mucha fuerza, sintiendo el interior de Seras deleitante, la madera crujía, los profundos surcos y los pedazos de madera que ella había arrancado ensuciaban el suelo.

Los gruñidos de Alucard resonaban por toda la habitación, lo necesitaba, necesitaba explotar.

Sin dejar de embestirla se agachó y lamió la extensión de la espalda de Seras, escuchar sus gemidos lo volvía loco, estaba demasiado perdido.

Mordió con fuerza aquella piel blanca sin cuidado lamiendo la sangre que emanaba, sintió las paredes de la chica más apretadas a causa de su orgasmo.

–Todavía… no – gruñó el vampiro.

Embistió y toco el punto G de Seras, causándole un grito de placer, arqueó la espalda, su cabeza descansaba en el hombro de su maestro.

La Draculina lo empujó con demasiada fuerza causando que azotara de espaldas con el suelo mientras ella quedaba a horcajadas sobre él. Lo sintió profundo dentro, no resistió más. La chica clavó los dientes en el cuello de su maestro, su sangre sabía a deseo puro, a lujuria y salvajismo. Gruñeron los dos.

Seras tomó un ritmo sobrenatural, demasiado agresivo y frenético. Alucard la sintió más estrecha y no pudo contenerse más, explotó violentamente con un sonido ronco y sintió las paredes más estrechas contra él.

–¡Haaaaaaaaaans! – gritó ella antes de desplomarse sobre Alucard.

xx xx xx xx

La enorme oscuridad de la habitación y el silencio lo desconcertaron. Escuchó el gotear del vino derramado, se movió para percatarse de la mancha en su pantalón y el creciente bulto.

–Mierda

Se levantó y se desvaneció por las paredes, caminando hacia la lluvia que caía atronadoramente, se mojó totalmente, sin sentir frío.

Caminó para mezclarse en las sombras, en donde pertenecía…

Seras se levantó del ataúd jadeando de miedo, presa del miedo y la angustia. Las manos que sintió sosteniendo fuerte sus brazos…

Gritó con toda la fuerza de sus pulmones, era el desagradable hombre que había asesinado a sus padres, aquél hombre que le había disparado, empujándola a lo más profundo de la habitación, creyéndola muerta…

– ¡Seras! – Hans la zarandeó firme, haciéndola reaccionar.

Lo miró, reconociendo su cara y el miedo se atenazó de ella. Rompió a llorar con fuerza, y Hans la levantó sin esfuerzo, la llevó hacia los pasillos y caminó.

Hauptstürmfuhrer.

Abrió la puerta y caminó a su cama, donde se sentó y reconfortó a la chica. Durante un buen rato sus sollozos fueron lo único que se escuchaba, en un largo rato él se limitó a acariciarle el cabello y abrazarla con fuerza.

El sollozo cesó, la chica se tranquilizó y suavemente empujó al hombre lobo hacia atrás, Seras se acostó cruzada en el pecho de Hans, escuchando sus respiraciones profundas, sus latidos potentes.

–Gracias

–No hay de qué – el Capitán paseó sus dedos por la espalda de la Draculina.

La oscuridad de los niveles subterráneos siempre iba acompañada de una temperatura baja.

La diferencia de temperaturas le causó gracia a Hans, ella era fría como el hielo, y él cálido como un horno.

Seras se deslizó con los ojos cerrados, disfrutando del momento con cada fibra de su ser, lo besó, pero no había rastro de desenfreno, de lujuria, solo cariño…

La envolvió con sus brazos, él soportaba todo el peso del cuerpo de la chica, liviana como una pluma, se sintió cómo en el río, en donde sabía que se había dicho todo, en donde había quedado en claro lo que él sentía por ella, y lo que ella sentía por él, sin interferencia del vampiro.

William tocó la puerta.

–Disculpen, la señora Integra Hellsing los quiere en su oficina, ahora.

–Verdammt…

– ¿Huh?

Los dos se incorporaron en la oscuridad, Hans rodeó con su brazo los hombros de ella y Seras le rodeó la cintura. Caminaron juntos hasta la puerta de roble, William se había adelantado.

Entraron a la gran habitación, el respaldo del sillón de Integra les daba la espalda, solo se veía el humo ascendiente del cigarro que fumaba.

–Seras, ¿Dónde está Alucard?

–No lo sé mi ama

–Búscalo…

Seras inhaló profundamente, expandió su conciencia buscando aquella presencia oscura de su maestro, estaba molesta con él y la verdad no lo quería cerca.

Lo detectó a muchos kilómetros de distancia, pero sabía que era él.

`Maestro…

¿Qué quieres chica policía?

`Integra te quiere ver en su oficina

Hmmm…

`Adiós Alucard

Seras cortó contacto con él, le había hablado con indiferencia fría y cortante, pero sabía que para alguien como su maestro no le afectaría.

– ¿Y bien, Victoria?

–Yo creo… que él no vendrá en un rato

–Lo suponía…

Integra se puso de pie, tomó un pequeño cutter y se cortó un dedo, cerró los ojos y comenzó a recitar en latín, dibujo en la ventana un sello muy parecido al de su siervo.

Seras se crispó, el olor de la sangre de Integra no tenía igual, era una sangre cien por ciento pura, sintió sus colmillos filosos y los tocó con la lengua, el roce le hizo sangrar un poco de la lengua. Hans notó el tenso cuerpo de la Draculina y le apretó un hombro.

–Tranquila… – dijo demasiado bajo para el oído humano.

–Eso intento – dijo soltando un largo suspiro.

Und Gott Mit Uns – recitó Integra.

La temperatura bajó algunos grados, entonces el aire azotó el gran salón, William se puso tenso y sacó unas pequeñas dagas de entre sus dedos, listo para lanzarlas. Hans se colocó frente a Seras listo a cualquier ataque, sus ojos de un brillante carmesí, Seras se tensó pero no se movió.

La ira y frustración de su maestro era cada vez más próxima, y sabía que habría problemas.

Las sombras tomaron forma en medio de la habitación, arremolinándose inquietas.

Alucard estaba acuclillado apretando los dientes, que brillaban sobrenaturalmente, hilillos de sangre resbalaban por sus finos labios. Su cuerpo crispado y los puños cerrados.

–Has desobedecido, Alucard, y eso no me tiene para nada complacida…

–Lo sé Integra… – la ira en su voz era casi palpable.

–Déjenos solos

Todos se retiraron con una reverencia.

Pobre Alucard, sus propios pensamientos lo traicionan, y se tiene que resignar a sus ensoñaciones xD Dejen Review! Son very very Important para mí!