Chan Chan Chaaaan xD Geniessen!

Seras y Hans caminaron juntos hasta el techo del edificio. La lluvia los empapó pero ni siquiera dijeron algo. Hans se dejó deslizar por la pared hasta sentarse en el suelo. Seras se sentó ágil y silente a su lado.

Se quedaron en silencio viendo las gotas de agua caer.

–Dime… ¿por qué te uniste a Millenium?

Hans miró las nubes, sus ojos ahora azules hielo eran más intensos y claros.

–Porque no sabía quién era. Tengo casi ciento cincuenta años, y no recuerdo más de la mitad de mi vida. Sólo recuerdo las guerras que viví en Alemania, cuando me ascendieron a Hauptstürmfuhrer, y mi primera mutación completa. De ahí en fuera todo está en blanco – Hans suspiró pesadamente –. La verdad solo lo hacía para tener un propósito, recuerdo como todos los hombres soñábamos con ser parte de la Waffen SS, sólo yo y unos pocos lo lograron.

Seras se sentó perfilada hacia Hans, mirando su lado izquierdo de la cara. Su piel se veía nueva, ningún año le afectaba, además que su cara seguía siendo juvenil, a pesar de las marcas que la guerra había dejado.

–En la segunda guerra fue cuando descubrí que podía transformarme totalmente en lobo, y me sentí orgulloso, porque según mi ascendencia solo los pura sangre pueden hacerlo – un atisbo de sonrisa asomó a su cara.

–En esa guerra fue la primera vez que morí…

–¿Huh?

–Sí, estaba en una trinchera, uno de mis compatriotas estaba mal herido, cuando miró algo atrás de mí volteé y por instinto clavé la daga al cuello. Ese soldado cayó muerto, pero atrás había otro apuntando entre mis cejas. Cuando desperté estaba con los cadáveres que estaban siendo identificados. Era de madrugada. Yo simplemente corrí… y cuando me di cuenta corría a cuatro patas.

–Vaya, yo también recuerdo mi primera vez con eso…

–Huí como los demás Nazis, hacia Sudamérica, entonces conocí a Herr Major. Nos convocó a todos y nos implantó ese chip, pero el mío era modificado, ya que él sabía que era un Hombre Lobo. A quién desobedeciera las reglas ardería en las llamas. Yo fui la carta secreta del Major, silente y obediente, como en las tropas de Alemania.

–Vaya, eso es bastante para una sola persona…

–Sí, lo es…

Los dos quedaron en silencio.

La lluvia seguía con el ritmo, ni muy fuerte ni muy débil.

Seras recargó la cabeza contra la pared, miró un momento las nubes y luego cerró los ojos.

El tacto de la mano caliente con su mejilla se sentía bien, el calor le hacía bien. Miró a Hans, sus ojos brillantes, diciéndole demasiadas cosas sin letras. Él se acercó y aquél beso hizo que todo lo demás desapareciera, sólo eran ellos dos, sumidos en la oscuridad que parecía disiparse lentamente…

Alucard estaba sentado en su habitación, sumido en la oscuridad, enojado al punto de casi explotar. Necesitaba sangre, a montones, necesitaba…

Se imaginó destrozando cuerpos, mutilándolos, bebiendo su sangre, totalmente cubierto por ella. Disparando sus armas sin cesar, mirando cómo le huían al rey de las tinieblas, gritando de terror y paralizándose ante su presencia.

El éxtasis provocó el bulto en su entrepierna, pero el flujo de imágenes continuó, sangre, carnicería, era lo único que podría calmarlo en esos momentos, ella lo había traicionado, le había dicho que ella estaría para él, y ella era suya.

Alucard desgarró la carne del hombre lobo, una y otra vez, de mil maneras distintas, le reventó la cabeza, le arrancó el corazón, lo quemó con plata.

Un gruñido emanó de su garganta y una sonrisa socarrona se estiró. Sus dientes totalmente punzantes y filosos en contacto con su lengua.

En ningún momento bebió la sangre sucia de ese animal, de ese fenómeno. Repitió la palabra como si fuera un escupitajo.

Entonces recordó a la Draculina, sus piernas eran un pecado, blancas y esbeltas, ahí donde se encontraba una arteria jugosa. Una arteria que el ansiaba morder, la quería para él solo.

Recordó el sabor de su sangre, la ropa se había convertido dolorosa para el vampiro, no aguantaría mucho más.

Recorrer aquella suave piel, blanca y lisa, dulce. Los gruñidos eran cada vez más fuertes y salvajes.

Morderla y escucharla gemir, hacerla gritar su nombre a todo pulmón.

Un gruñido sobrenatural y estruendoso acompañó a la cumbre de su éxtasis. Debía controlarse, pero le era imposible. Le era imposible con ella cerca…

Seras estaba sentada a horcajadas sobre Hans, la lluvia continuaba cayendo.

–Tu corazón late muy fuerte – ella sonrió.

–Un corazón grande para una criatura grande

Tenía las manos recargadas en sus anchos hombros, y sin que él se diera cuenta, estaba sintiendo el flujo de sangre bajo sus yemas hipersensibles.

Acercó su cara, y olió de cerca la piel del Hauptmann. Olía a un bosque, como en Suiza. Ese aroma salvaje que la llevaba a un deseo incontrolable, como si el aroma fuera el reflejo de uno mismo.

Hans simplemente esperó paciente… o eso intentaba.

–Tu olor… se me hace agua la boca… – Seras podía sentir el filo de sus dientes, pero no quería morder, no en ese momento.

Hans puso sus manos en las piernas de la chica, a ambos lados de su cuerpo, aprisionándolo entre ellas. Sus muslos de seda… Poco a poco él caía en aquella demencia animal por ella.

Los dos danzaban en aquél filo peligroso, divirtiéndose y tentándose, observando quién cedería terreno antes.

Seras mordió sin cortar la carne, era una mordida juguetona, justo en la piel que cubría la carótida del hombre lobo, entonces subió la cara, miró los intensos ojos del Capitán y sin perder contacto visual mordió el labio inferior, jalándolo suavemente y soltando. Sonrió al ver como su mirada se oscurecía de deseo, y crecía en ella ese fuego libre.

Hans hizo su jugada.

Se inclinó sobre ella, y la empujó suave hacia atrás mientras daba pequeños mordiscos en el vientre de la chica, bingo. Notó el cambio de respiración, más acelerado. Su piel se calentó un poco bajo sus manos aún en sus piernas. Subió al níveo cuello de Seras, y paseó su aliento caliente por la extensión de su cuello. Hans sabía que a ella le gustaba el calor contra su piel fría. Subió hasta su oreja.

–Dime, ¿aún quieres morderme? – su voz grave y profunda, provocadora.

La espalda de la chica se tensó pero no había perdido.

–Aún quiero, pero deseo más ganar…

En un movimiento fluido y rápido, Seras rasgó la playera de Hans, dejando ver su torso marcado. Acercó sus labio y apenas rozando la piel de Hans, exhaló causando hormigueo en su abdomen. Dio pequeños mordiscos como había hecho con el cuello. Fue más abajo, donde terminaba la línea del pantalón, y los desabotonó bajando un poco más el límite del pantalón verde.

Hans estaba tenso, no sabía si ella ya había decidido terminar el juego, esperar sus acciones fue una agonía, más teniéndola tan cerca de su zona sur.

Seras lamió y mordió trazando un camino de vuelta arriba. Hans frunció el ceño concentrándose en calmar ese deseo animal que había estado alimentándose desde el inicio del juego.

– ¿Te rindes? – Seras lo miró directo a los ojos, se mordió el labio provocándolo.

–No – en un parpadeo Hans había acostado a Seras en el suelo y el se había colocado encima. Desabotonó el uniforme, dejando ver el vientre plano de Seras, lo besó suavemente, entonces tomó la media derecha y la deslizó hacia abajo. La piel descubierta y blanca. Paseó su nariz recorriendo la extensión de su muslo, deteniéndose en la rodilla, entonces comenzó a besar la parte interna del muslo de la Draculina, con toda su fuerza de voluntad, Seras aguantó sin emitir ningún sonido… A penas.

Seras lo volteó, quedando ella arriba, podía sentir la inminente erección de Hans contra ella. Sonrió con picardía.

– ¿Por qué no lo haces de una vez? – se agachó y de manera sutil se deslizó hacia el muslo donde ya no cabía en los pantalones.

– ¿Por qué no sólo…? – Seras pasó la lengua por la tela marcada –. ¿Te rindes?

Un gruñido ronco emanó del pecho de Hans, no resistiría, no podía…

La Draculina deslizó su cuerpo, dejando que rozará con el torso desnudo de Hans.

El hombre lobo la recargó de nuevo en el suelo.

–No… aquí… – El Capitán apenas podía contenerse…

Mua-ja-ja-ja díganme, qué opinan? Reviews plizzz :D