Bien, aquí les dejo lo que he continuado, pero necesito Reviews! son como los Seeeeeeeeeesoooooooos para los zombies, por fa comenten D:
–No… aquí… – El Capitán apenas podía contenerse.
En un parpadeo la había cargado y la llevaba a través del bosque hasta que no pudo más.
La recargó en la hierba que crecía entre los árboles, con un rugido desesperado destrozó sus pantalones y con Seras fue más cuidadoso, la ropa amarilla voló, aterrizando en una de las ramas de los árboles.
Entró en ella mientras sentía el calor en su cuerpo, incontrolable…
– ¡Ahhhhhh! – los gritos de la Draculina alimentaban su locura.
La volteó y ella quedó recargada sobre sus rodillas y manos.
Estampó su cuerpo con el de ella, dejando que el calor avanzara tortuosamente por su cuerpo.
El Capitán se detuvo un momento.
– ¿Hans…? – las palabras de la chica quedaron ahogadas por un grito de lujuria y placer. Ella podía sentirlo aún más grande dentro de ella, su espalda se arqueó, apretó la tierra bajo sus manos.
Los gruñidos de él habían dejado de ser humanos, eran demasiado salvajes, demasiado animales.
Las embestidas eran agresivas, sin piedad, a un ritmo inhumano, demasiado descontrolado.
Los instintos de la Draculina se dispararon mientras su cordura se consumía con el fuego dentro de ella.
Logró ver por el rabillo del ojo uno de los hombros de Hans, el pelaje gris estaba comenzando a cubrir su piel. Pero a ella ya no le importaba…
Ella sintió sus piernas fallar ante su arrasador orgasmo, sus manos impidieron que su cara impactara contra el suelo. Sintió el líquido caliente derramarse en su interior y seguida la lengua del hombre lobo rozando toda la extensión de la línea en su espalda. El espiral comenzaba a girar otra vez, él la hacía sentir… no tenía palabras. Él era una bestia, una bestia que le pertenecía a ella solamente, lo amaba, en cualquier forma y en toda la extensión de la palabra. Qué él fuera tan bueno en el sexo era un extra, sonrió con malicia.
La Draculina recogió su uniforme amarillo con un salto ágil. El enorme lobo observaba cada movimiento que hacía. Ella se rió por la situación de Hans, habiendo destrozado así los pantalones no podía entrar desnudo como quisiera. Lo miró un segundo más y en velocidad vampírica llegó a la mansión, pero algo cruzó por su mente.
Miró la enorme pared de la Mansión Hellsing, inhaló hondo y puso una mano contra la pared piedra, se concentró, buscando el flujo de poder dentro de ella, las sombras de borde rojizo aparecieron alrededor de su mano, entonces su mano se introdujo en el pequeño portal, pegó su cuerpo y el portal se convirtió de su estatura, permitiéndole pasar, la vista al interior del portal era confusa, abstracta. No parecía de una forma fija, siempre moviéndose, no había una salida, sólo estaba el portal de entrada, se concentró de nuevo mientras otro pequeño portal se abría a unos metros del de entrada, pensó en su habitación y el portal se hizo más grande, permitiéndole ver el ataúd al centro de su habitación. Salió del portal y éste se cerró dejando ver de nuevo el muro de la Mansión. Sonrió muy feliz ante su nuevo descubrimiento.
Volteó a ver a Hans, su miraba denotaba la interrogación.
Seras volvió a recargar su mano en la pared, concentrándose en el flujo de poder de nuevo, pensando en el portal de entrada y de salida; la habitación del Haupstürmfuhrer.
Seras se paró dentro de aquella dimensión extraña entre los portales, la sensación era rara, le pareció como caminar en el agua. Le hizo señas al enorme lobo gris para que entrara, muy lentamente se introdujo en el portal, con las fosas nasales dilatadas. Salieron por el portal a unos metros de ellos y de pronto se encontraban en la habitación de Hans.
Caminó hacia el guardarropa y se trasformó en humano. Seras no pudo evitar mirar aquella espalda bien torneada y aquellos muslos y glúteos…
Ahogó una risa nerviosa.
Se sentó en la cama del Capitán, el aire llevó a su nariz el olor masculino de él, impregnado totalmente en la cama.
El hombre lobo se acostó en la cama, mirando al techo, y la Draculina se acostó encima de él, mirando a sus ojos azul hielo.
Se besaron, ninguna palabra necesitaba ser dicha, ella podía sentir las mariposas en su estómago, haciéndola sentir… humana.
Hans la abrazó, disfrutando del contacto de su cuerpo caliente con el frío. Seras se quedó dormida encima del hombre lobo después de un rato, a él no le importó el tiempo, solo se concentraba en ella… La única razón por la que aceptaba ser una especie sobrenatural…
Integra tiró el vaso de agua contra la pared, escuchó cómo el cristal reventaba y el agua se derramaba.
Volvió a leer las líneas escritas con sangre en aquél papel quemado de algunas partes.
Aún no morimos Integra… Aún No…
– ¡William!
–El mayordomo llegó en un parpadeo, silente como un gato.
–Sí, mi ama
–Llama a los otros, esto es la guerra.
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A pesar de no ser simple mortal, Seras iba un poco nerviosa, la Organización Hellsing le había declarado la guerra la Vaticano abiertamente, eso significaba que los estarían esperando con todas sus tropas.
Alucard miraba indiferente a través del jet, su maestro había creado un campo de sombras alrededor del jet, fundiéndolo con la noche y además protegiéndoles de ataques aéreos.
Hans limpiaba las Mauser C69 con un pañuelo blanco, tenía varias granadas agarradas al cinturón, llevaba su uniforme Nazi, aquél que le había otorgado Millenium.
El enorme Harkonnen estaba dividido en dos partes listo para ensamblar, Seras llevaba el cinturón lleno de las enormes balas de su arma, explosivas, incendiarias, de gas.
Pequeños impactos sonaron, parecía el repiqueteo del agua. Alucard sonrió con sorna.
William puso piloto automático.
–Estamos a punto de llegar, prepárense – William envainó unas pequeñas y relucientes dagas en un soporte especial que tenía otras seis dagas guardadas en cada pierna.
Una gran explosión impacto contra el escudo, el avión perdió estabilidad.
–¡Salgan! – William ordenó, acto seguido pulsó un botón y la puerta del jet se abrió, el aire era frío.
Abajo podían ver las decenas y decenas de hombres disparando sus armas.
Alucard bajó totalmente envuelto en sombras, Seras brincó del jet y Hans detrás de ella. El aire azotó las ropas de todos, el sonido era sólo ese y el silbar del aire.
Las sombras aterrizaron con apenas un sonido hueco, tomaron forma hasta tener el alto cuerpo de Alucard, una filosa espada bastada salió de las sombras, brillante y exquisita. Su Jackal en la mano izquierda.
Hans dejó sus botas marcadas en el suelo y una nube del polvo se levantó. Seras aterrizó de manera que el harkonnen no golpeara el suelo.
El silbar del aire los puso en movimiento, varias lanzas con puntas afiladas de plata volaron por el aire. Hans saltó hacia un lado, evitando a toda costa la plata. Seras se movió como si bailara dejando que las lanzas silbaran a unos centímetros de ella. Alucard dejó que unas cuantas se le clavaran en el torso mientras reía. Atrapó una lanza por el aire y destrozó la madera con la fuerza de su mano.
Los hombres retrocedieron y tomaron distintas armas semi–automáticas. Disparando sin piedad hacia los intrusos. Hans tomó una de sus granadas y la apretó con la mano, la lanzó con fuerza increíble y ésta se clavó en el pecho de uno de los hombres.
BOOOOOM!
El estruendo lanzó polvo y piedras del camino hacia todos lados. Seras se cubrió la cara.
La batalla había comenzado apenas y la sangre corría a raudales ya.
Una bala demasiado rápida impactó en el brazo del hombre lobo. Gruñó haciendo retumbar los oídos de la vampiresa, la bala salió de su cuerpo totalmente aplastada, el sonido de la carne quemada.
Seras apuntó su cañón siguiendo la pequeña estela de pólvora de la bala, invisible para un humano. Disparó sintiendo el retroceso contra su hombro, manteniéndolo firme.
La bala destrozó al hombre y al impactar contra algo sólido explotó enviando astillas y pedazos de tierra por los aires.
Seras vio a William más allá de las líneas de batalla donde estaban ellos, volteó pero no vio a Alucard al lado.
El sonido de la carne destazada llamó su atención, su maestro blandía la espada con una gracia infinita, con años de entrenamiento que no se habían perdido.
La carne cedía muy fácil ante el filo, mientras que con la otra mano disparaba a los pobres soldados.
Hans disparó las enormes Mauser, el estruendo seco y un segundo después pedazos de cráneo brincaban amenazando con mancharle la ropa. Era demasiada sangre, demasiada masacre...
Seras sintió el frenesí deslizarse dentro de ella, tentándola a perder el control, pero su lástima por aquellos humanos era más fuerte. Les disparaba en la cabeza, procurando que no sufrieran.
William se asimilaba a una cobra, se deslizaba entre los montones de personas demasiado rápido y de pronto éstos caían con la garganta abierta. Los observó detenidamente. Su cuerpo se contorsionaba con una flexibilidad casi inhumana, su rapidez... nunca había visto a un mortal pelear así, sólo a Walter.
Una bala impactó contra su hombro, esperaba el dolor, pero éste nunca llegó, miró el lugar del impacto pero sólo había perforado su uniforme, no la piel. Apuntó el Harkonnen y antes de disparar una pequeña estrella ninja se clavó entre las cejas de la mujer con el rifle. William le guiñó un ojo.
–¡MUERAN! ¡UNA Y OTRA VEZ! MUERAAAAAAN – Alucard agitaba su espada rítmicamente, sonreía ampliamente, de la nariz hacia abajo estaba todo lleno de sangre y su barbilla goteaba. Su ropa estaba desgarrada y llena de polvo, Su espada goteaba sangre y su Jackal ya no estaba. El sonido de la carne cortada y los gritos de agonía resonaban en los oídos de Seras, frunció el ceño y siguió peleando.
Había demasiados cadáveres, casi tantos como soldados restantes. Seras había disparado la mayoría de sus balas, se concentraba en no dejar que las sombras la alimentaran, pero parecía perder contra la sed de sangre.
Hans tenía el saco verde abierto, las correas de sus pistolas volaban al ritmo de sus patadas, peleaba sin ningún arma, sus guantes blancos estaban teñidos de rojo escarlata de los nudillos. Las rodillas de su pantalón también. Sentía las costillas tronar bajo sus botas, o contra sus espinillas, le gustaba esa sensación, cuando el músculo trabajaba en armonía con los huesos y tendones.
Seras y Hans quedaron lado a lado, los humanos empezaron a correr hacia los bosques.
Alucard los miró irse.
–Chica policía, cázalos por mí.
–Sí maestro...
Seras se adelantó dos pasos, una mano le sostuvo el hombro.
–Sin tu perro – sentenció
–Está bien, puedo con ellos – le sonrió cálidamente al hombre lobo.
Éste la miro por un momento y la dejó ir.
La Draculina trotó a paso vampírico, siguiendo el rastro de olor de los humanos. Brincó sobre uno, aterrizando en su espalda con sus botas. La espina dorsal tronó y el cuerpo quedó inerte. Tomó una piedra del suelo y la aventó contra el cráneo del que huía a toda prisa. A pesar de que el hombre estaba de espaldas, logró ver la sangre salpicando por su frente.
Siguió la esencia del otro grupo. El aroma la guió a un claro, se quedó parada justo en medio, tratando de recuperar el rastro. Los sentidos se le crisparon totalmente. Páginas de la Biblia volaron clavándose en los árboles, creando un escudo. Seis hombres entraron con una Biblia abierta, recitando lo que decía. Cadenas hechas de luz emanaron del suelo aprisionando las muñecas y el cuello de la Draculina, quemándole la carne.
–Aaaahhhhh – el gritó agudo no inmutó a ninguno de los hombres.
–¡Maestro! – gritó mentalmente en busca de ayuda.
–No servirá de nada despojo, ahora eres propiedad del Vaticano.
Seras se quedó sorprendida por la voz en su cabeza. Las cadenas quemaban su piel y el dolor era indescriptible, tenía que hacer algo.
Un pulso en la sien le impidió pensar, era como si le taladraran la cabeza, como una migraña.
El fuego que sintió en su interior... dejó a las sombras consumirla.
El rugido proveniente de su garganta era sobrenatural, uno de los hombres la miró.
A pesar de las cadenas se llevó las manos a la argolla de luz en su cuello, con un gruñido la cadena de destrozó. El brazo hecho de sombras de la chica tomó al sacerdote que la miraba y lo destrozó en 8 partes. La sangre cayó en su cara, llevó uno de los brazos del padre destrozado y goteante y bebió de él. Las cadenas de sus muñecas apretaron más hacia el suelo.
–Ghnrrr – El esfuerzo por romperlas surtió efecto, las cadenas se destrozaron, justo cuando iba por otro de los sacerdotes una lanza de luz se clavó en el centro de su pecho. Abrió los ojos, estaba paralizada, era como si dieran miles de descargas eléctricas a su cuerpo, haciéndolo torpe.
Nuevas cadenas de luz volvieron a sujetar su cuello, sus muñecas y tobillos. La azotó contra el suelo quedando boca arriba.
Uno de los sacerdotes se acercó y colocó la mano sobre la cara de la Draculina. Ella lo intentó morder pero su cuerpo estaba sedado, solo su cerebro trabajaba, sus sienes punzaban. El sacerdote siguió recitando en latín. Su cuerpo comenzaba a sentirse como una pluma... su vista se cerraba. Luchaba con toda su fuerza contra la inconciencia.
–Ghnnn – Logró sujetar el brazo del padre antes de que las sombras la engulleran.
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Alucard esperaba pero sabía que algo andaba mal, pero cuando intentaba entrar en contacto con la chica algo bloqueaba su paso.
Hans estaba sentado con la expresión fría.
–Vayamos a buscarla – William dijo mientras trotaba hacia los bosques.
Los dos seres sobrenaturales le siguieron.
Captaron la esencia de la sangre casi al instante, siguieron el rastro para encontrar al hombre con la espina rota y al otro con la cabeza perforada.
El dulce aroma de la Draculina flotó hacia la nariz de Hans, lo reconocería en cualquier lugar. Se transformó en el enorme lobo gris, corrió internándose profundo en el bosque. Alucard se crispó.
–Mierda... ¡MIERDA! – el vampiro olfateó el aire y miró los árboles, tenían los pequeños orificios de los clavos con las hojas. Alucard sabía los trucos del Vaticano por el padre Anderson.
En el centro del claro había sangre, sangre que no era humana, sangre con un aroma inigualable y un sabor más exquisito que el más caro vino.
Alucard estampó su puño destrozando un árbol. Las astillas le cortaron la cara, pequeños hilillos de sangre resbalaron por su cara.
–Capitán, peina el perímetro, ¡búscala!
El enorme lobo gris corrió a toda la velocidad que pudo, haciendo un perímetro de 5 kilómetros. Pero la esencia de la chica no estaba en ninguna parte, simplemente se había desvanecido...
Regresó sin resultado alguno, la rabia en su interior creció como un parásito. Se trasformó en humano de nuevo, tomó al vampiro por las solapas y lo azotó contra un árbol.
–¡Maldito seas vampiro!
–Suéltame
–¡Si tu estúpido ego no hubiera sido tan grande ella seguiría aquí!
Alucard no dijo nada, sabía que era verdad pero odiaba quedar como un estúpido.
–Tenemos que regresar con Integra...
El hombre lobo se transformó de nuevo en la masa de pelo gris y desapareció entre los árboles. La madrugada era fría y el aliento caliente de William producía vaho.
El vampiro y el humano se fueron en el jet.
–¿¡Qué ellos qué? – Integra estaba alterada.
–Se la llevaron mi ama, algo me impide entrar en contacto con ella, es como si chocara con una barrera.
–Mierda... – Integra se frotó el ceño –. Tenemos que encontrarla, no sabemos a dónde la han llevado, pero te aseguro que no les gustará para nada.
El vampiro se retiró.
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Alucard se introdujo en su ataúd, esperaba que con la fuerza que éste le daba la lograra ubicar, pero esa barrera era impenetrable.
Seras...
El vampiro apretó los dientes, en su boca degustó su propia sangre. Le molestó el poder de su omnipresencia, no sabía usarlo a la perfección aún.
El pequeño Schrödinger rió en su interior.
Parece que necesitas una ayudita...
`Te he dicho que no hables conmigo escoria.'
No deberías ser tan grosero vampiro, soy el único que puede ayudarte en este momento.
Alucard se quedo callado, frunció el ceño y apretó los puños.
` ¿Dónde está?'
Ah, eso te lo diré después, primero tienes que mostrarme que eres digno de mi sabiduría.
`Mierda contigo, ¡Dime dónde está!
Hmmm, cálmate... hasta entonces...
–Ghhhraaaaaaa – El rugido hizo retumbar el ataúd.
Intentó contactar de nuevo con la Draculina pero rebotó de nuevo con aquella barrera invisible.
Seras...
Pobre el dilema de Alucard, pobre chica policía, pobre Hans, POBRES TODOS xD me encanta! Reviews :D
