Bien, aquí les dejo otro capítulo, Entschuldigung por la tardanza, pero he estado trabajando en otro proyecto más grande. Comenten.
La habitación era muy iluminada, de un blanco fluorescente, había varios anaqueles con cajas etiquetadas.
Sintió algo frío contra toda su espalda, su mente parecía fallar, su cuerpo ardía en carne viva, pero no sabía por qué.
Se intento incorporar pero la carne de su cuello se quemó contra algo que la sostenía contra el frío.
Intento levantar las manos y el resultado fue igual.
Maestro... – apenas un susurró mental.
Escuchó pasos acercándose, incluso sus sentidos inhumanos parecían inútiles, torpes.
Una puerta se abrió, sintió la apenas perceptible brisa.
Otro hombre entró en la habitación.
Las palabras eran borrosas, no entendía nada que estaban diciendo.
Uno de los hombres puso una mano en el centro de su pecho, gruño pero ni siquiera tenía fuerza para eso, se sentía demasiado cansada...
–Calma cariño, prometemos no hacerte nada si te comportas y nos ayudas – la voz de ese hombre era afeminada y engreída.
Seras se quedó tendida, no sabía si correr o gritar. Se intentó incorporar de nuevo y el sonido de la carne quemada llenó la habitación.
–No vampira, no lo hagas, solo te lastimas a ti misma.
El tono de ese hombre comenzaba a molestarle bastante.
– ¿Crees que debamos dejarla despierta? ¿Sería correcto?
–Se purgaría de sus pecados, dejémosla despierta por cada humano que ha fallecido por su culpa.
–Qué mal…
El hombre afeminado salió de la habitación y entraron otros dos hombres y una mujer vestida de monja.
Seras estaba cubierta por apenas una sábana, no se había percatado. Pensaba más claramente ahora.
La monja se acercó a ella, le puso una mano en el hombro. Su mero contacto le molestaba mucho.
–De tus pecados yo te purgo, con la plata los errores arderán, el cuerpo paga un precio y el alma otro.
Sacó una daga de plata, en la empuñadura tenía una cruz dorada forjada.
Cortó la dura piel de la vampira con esfuerzo, trazando dolorosamente.
Los gritos de la Draculina resonaban por toda la habitación, tenía ganas de llorar, las quemaduras de por sí eran fuertes, sentía como la plata le quitaba energía vital, se sentía débil y pequeña… Una lágrima de sangre resbaló por su mejilla y manchó la cama de metal.
Los hombres siguieron recitando, su cuerpo ya no se movía, no tenía energía, sólo reaccionaba a los impulsos, convulsionándose en un ritmo irregular. Tenía la vista nublada, sólo veía la sombra de sus pestañas y un poco más lejos de su cara. Gemidos de dolor se atoraban en su garganta, ya no gritaba…
–Muy bien, hemos terminado por hoy, haremos el siguiente exorcismo mañana.
La monja tomó un envase de oro con líquido adentro, metió su pulgar y trazó una cruz en la frente de la vampiresa. El dolor causó su desfallecimiento. Estaba en el punto de quiebre…
Abrió los ojos, la habitación estaba muy oscura, sus ojos apenas se adaptaron. Se tocó el cuello en busca de cadenas pero no había nada, su piel estaba rugosa y muy sensible, le ardía al más mínimo contacto. Sus muñecas palpitaban de dolor. Estaba totalmente aturdida, no podía recordar por qué estaba ahí y cómo había llegado.
Caminó por la oscura habitación, las paredes eran de piedra. Divisó la puerta y caminó hacia ella con todo el peso de su cuerpo, lista para derrumbarla. Las descarga eléctrica atravesó su cuerpo, dejándola tirada en el suelo. Arriba una pequeña hoja de Biblia estaba clavada, sabía que era un bloqueo, el padre Anderson las usaba a menudo.
–Mierda
Le dolía el cuerpo, palpó la piedra en busca de algo, pero todo sonaba exactamente igual.
Dio un puñetazo a la piedra y esta crujió, volvió a dar otro y la piedra comenzaba a quebrarse pero una voz se escuchó en su mente.
No continúes, no nos obligues a castigarte
Su desesperación por salir era mayor que su cordura, eran sentidos de supervivencia primitivos los que le gritaban más fuerte.
Estampó su hombro contra la piedra a pesar del dolor.
Una cadena de luz sujeto su muñeca, quemándola.
–Ahhhh – gritó, tomó la cadena con la mano libre y la destrozó.
Volvió a chocar contra la pared de piedra, ésta se derrumbó y corrió lo más rápido que pudo, subió unas escaleras y salió a un pasillo muy iluminado, lleno de habitaciones a los lados, le pareció como un hospital o un laboratorio. Siguió corriendo sin detenerse. Se encontraba perdida en el laberinto de pasillos. Podía ver por el rabillo del ojo a los curas persiguiéndola. Se detuvo y corrió hacia uno de los hombres, una lanceta de luz le rozó un costado y vio la sangre salir de su cuerpo, pero no podía detenerse, no ahora.
Mordió directo al cuello del hombre, la deliciosa sangre resbaló por su garganta, sentía como la llenaba de vida… El escozor en su garganta fue insoportable.
Tosió convulsivamente tratando de calmar la sensación dentro de su garganta.
Un sacerdote se acercó a ella.
–Un nuevo experimento que estamos probando, al parecer funciona a la perfección.
El sacerdote se acuclilló frente a ella.
–No creas que intentamos dañarte, intentamos ayudarte a revertir esa maldición sobre ti, queremos librarte de ser una criatura de la noche
– ¿Cómo pretenden hacer eso? – su voz era iracunda y rasposa por el escozor.
–Tenemos… Algunos métodos bajo la manga
–Llévenla a mi oficina, hablaré con ella por mi mismo – era el de la voz afeminada.
–Pero señor… su sangre es la única que no ha sido tratada con la bacteria
–No se preocupen, estaré bien
El padre puso la mano en la cara de Seras y ella perdió el conocimiento de nuevo.
–Verdammt – El Capitán golpeó la pared de su habitación, sus heridas sanaron casi al instante.
Caminó al despacho de Integra, necesitaba iniciar la búsqueda ahora.
–No puedo dejar que vayas sólo.
–Cada segundo que pasa… no sabemos en dónde está o qué le están haciendo.
–Es un riesgo que todos estamos tomando Capitán. Así que empieza a calmarte.
Alucard entró por un portal en la puerta.
–Ah, la mascota está aquí.
– ¿Has tenido suerte Alucard? – Integra lo miro por encima de sus lentes.
–No, ese maldito bloqueo no me deja
William tuvo una idea, pero se debatía en si comentarla o no.
– ¿Mi ama, sabe como trabajan los bloqueos del Vaticano?
–Por supuesto, en este caso parece que el bloqueo está dirigido a Alucard…
– ¡Eso! ¿Qué pasaría si alguien más intenta contactar con ella?
–No es mala idea, pero ellos deben tener monitoreada a la chica, sabrán si hablamos con ella, o si alguien habla con ella.
El silbido de Schödinger resonó en la cabeza de Alucard.
` ¿Qué quieres? '
– Tu rudeza me lastima vampiro – la risa del chico sonó.
`Dime dónde está'
–Ah ah ah, no tan rápido, aún no me has mostrado que en verdad la quieres de vuelta, sólo la quieres para tirártela ¿no es así?
La rabia de Alucard incrementó, antes eso era cierto, esas piernas y esos senos debían ser suyos, pero ahora… era totalmente diferente.
– ¿Lo ves? No me puedes mentir, porque ahora yo soy tú.
Alucard se sintió estúpido, ahora estaba pagando el precio de haber conservado a ese molesto chico gato.
–Entonces… ¿Qué planeas hacer vampiro? ¿Cómo piensas convencerme?
Alucard tanteó, intentando tocar la conciencia de Seras, pero nuevamente se estrellaba con aquél muro invisible.
–Es inútil Alucard, soy tu esperanza si la quieres volver a ver
'Dime, ¿Qué tengo qué hacer?´
–Lo sabrás a su tiempo….
La presencia de Schrödinger desapareció.
– ¡Mierda!
– ¿Qué ocurre, Alucard? – Integra lo miro estresada
–Nada mi señora, me frustra solamente.
–A todos… – Integra dio una calada a su cigarro –. Muy bien, retírense todos, quiero hablar a solas con William.
Hans caminó y se agachó para que sus ojos quedaran al mismo nivel que los de su ama.
–Considere lo que le he dicho, aunque sea piénselo por favor.
Dicho esto se retiró, sus botas hacían eco en el gran salón.
Alucard se había ido ya.
– ¿Qué crees que debamos hacer? –Integra miró al techo.
–Hmmmm… Mi ama, ¿Qué opina si traigo a una vieja amiga?
– ¿De qué hablas?
–Tal vez ella nos pueda ayudar
– ¿Quién? William deja de andar con rodeos.
– Su nombre es Avery, o al menos eso recuerdo.
– ¿Qué tiene de especial ella?
–Está des… digamos que no conoce límites, además de que ella no es humana.
–Estoy intrigada
–Ella es un experimento, que descubrí después del destrozo de Millenium, en los escombros del gran Zeppelín. Mitad humana, mitad Mujer Lobo.
– ¡¿Qué? ¡¿Cómo lograron eso!
– No lo sé, usted sabe que los Nazis usaban el método prueba y error, al parecer les dio resultado. Y hay algo más que decirle.
– ¿Qué ocurre?
– La podríamos considerar una hermana de Hans Günsche, tienen el mismo ADN.
La lluvia comenzó a repiquetear en la ventana.
