Aquí les dejo otro fragmento de la historia, disfruten y si gustan comentar sean bienvenidos.

Ella estaba sentada en un edificio en ruinas, hacía días que el fuego había dejado de arder en él.

Dejó que el agua empapara sus ropas, guardó el Sniper modificado en una mochila, sus cuchillos y dagas los tenía en las piernas en distintas fundas, listas para usarse.

Observó la enorme ciudad, ya en pocos lugares el incendio continuaba. Era una ciudad fantasma, ni siquiera se preocuparon por volver a construirla, estaba totalmente devastada.

Recargó la cabeza contra el concreto, estaba sentada en el filo de una pared rota, su pierna se balanceaba en el aire a varios metros de altura, la vista eralúgubremente hermosa, lo que antes había sido Londres y lo que ahora era… Avery sonrió dejando entrever sus afilados caninos.


Seras no abrió los ojos, estaba sentada lo sabía, su cabeza colgaba en el respaldo. Se sentía demasiado débil, le desesperaba eso, sentirse tan insignificante…

– ¿Cómo te sientes querida?

– ¿Qué quieres… de mí?

– ¿Yo? Trato de ayudarte, trato de salvar tu alma de las llamas del Infierno. Esa… maldición que llevas, una señorita no debería acarrear con tan oscuro futuro.

– ¿Y entonces? No es algo de lo que alguien se pueda librar, si destruyen su dichosa "maldición" Me matarán a mi también.

–Es uno de los riesgos, pero trabajamos en ello para que no ocurra una desgracia.

Seras se rió, era patético.

Se quedó callada, entonces escuchó el latido bajo la piel de ese hombre. Cada golpe que su corazón daba, podía sentir la calidez de la sangre e imaginó cómo se sentiría después de beberla.

–No te recomendaría que lo hicieras querida Draculina, mis hombres no son tan… piadosos como yo.

Seras recordó las cadenas de luz y como un reflejo se tocó las muñecas, ya no ardían tanto pero se sentía incómodo cuando las tocaba.

–No deberías tomarlo tan a mal, te estamos tratando de ayudar.

–Pero yo NO quiero su ayuda

–Ya estás acostumbrada a ser una criatura de la noche querida, pero míralo de ésta manera. ¿No extrañas que el sol te bañe sin riesgo alguno?

–Aunque fuera humana el sol sigue siendo dañino

–Bien, ¿Qué me dices de la comida? Debe ser molesto beber lo mismo una y otra vez.

–No hay nada comparado con la sangre.

– ¿No extrañas estar viva? ¿No extrañas tener sentimientos? El tener personas queridas cerca sin querer morderlas o aniquilarlas, dime ¿No te gustaría que tu corazón latiera? ¿Qué se acelerara cuando estás emocionada? ¿O cuándo vieras a alguien amado y te acelerara?

Seras se quedó callada, por primera vez en ese lugar estaba poniendo atención a algo.

– ¿Lo ves? Apuesto a que extrañas todo eso.

Su estómago gruñó, y ella sintió sus mejillas arder. Necesitaba alimentarse. Ese momento le recordó a cuando estaba en el Zeppelín, cuando Hans la había rescatado.

Hans… – fue apenas un susurro mental.

Hans se levantó en apenas un milisegundo. Había escuchado la voz de Seras, apenas un susurro de ella…

Se frotó la cara y se dejó caer en el césped mojado, la lluvia era intensa.

Debo estar perdiendo la razón…

Se volvió a recargar en el enorme árbol, dejando que las pocas gotas que se filtraban le mojaran la cara.

La necesidad de ir a buscarla era tan incontrolable… agradeció la enorme disciplina inculcada del ejército.

–Necesitas sangre querida, si no morirás en el próximo… en la próxima evaluación

– ¿¡Evaluación? ¿¡Así llaman a esa tortura? – Seras se había levantado y estaba agazapada, lista para morder el cuello de aquél hombre.

–No me has dicho tu nombre

Eso simplemente la distrajo.

–Seras… Seras Victoria

–Muy bien querida Victoria, mi nombre es Anthony. Ahora si no te molesta vuelve a tomar asiento.

Seras a regañadientes se volvió a sentar en aquella elegante silla de caoba.

Anthony se paro y busco algo en uno de los cajones del escritorio, tenía dimensiones muy parecidas al escritorio de Integra.

La bolsa de sangre voló por los aires y con reflejos inhumanos la atrapó. El impulso de beberla fue imposible de suprimir. Clavó los filosos colmillos en la bolsa y sintió la deliciosa sangre resbalar por su garganta. La sensación era tan placentera, tomó el litro entero en un santiamén.

Dio un suspiro cuando hubo vaciado la bolsa.

–Veo que la necesitabas. No les comentes que te la he dado, ellos se enojarían y te castigarían

Seras comprendió que ese hombre estaba a cargo, pero no le gustaba que la trataran mal, ingenió un plan. Si ella lo trataba bien a él, ella tendría "beneficios"

–Te lo agradezco de verdad, Anthony.

El hombre se sonrojó.

–Por cierto, tengo esto para ti – Le paso por el escritorio un vestido parecido al de su uniforme, resistente pero de color carmesí, su par de guantes ahora limpios y sus botas –. Pensé que te gustaría tener puesto eso a lo que traes.

Tenía razón, no podía estar con aquella bata si quería escapar.

Tenía que poner su plan en acción, tenía que deslumbrarlo o fascinarlo con su gracia vampírica, lo que fuera con tal de salir.

–Si me permite Anthony, me pondré esto ahora.

Le dio la espalda dejándole ver la parte de piel que la bata no cubría. Anthony no pudo resistir seguir aquella línea de su espalda y sus definidos glúteos.

Observó cada movimiento que hacía para ponerse aquél vestido. Apartó la vista sintiendo el calor bullir en su pecho y su entrepierna.

Seras pudo percibir con el olfato nuevamente agudo la testosterona en el aire. Sonrió para sus adentros.

Termino de abotonar el vestido y miró al hombre que le había dado la espalda en su sillón rotatorio.

–Te lo agradezco de verdad… Anthony – usó la voz más suave que pudo.

–Puedes… retirarte

Ella no hizo ruido y se puso a un lado de la silla.

–Con permiso…

Miró la puerta detallada de madera. Se veía pesada y resistente. No sabía si salir o no.

Salió de la habitación y casi al instante dos sacerdotes se colocaron a sus costados, escoltándola.

–Si no te comportas, te lastimaremos.

–No tienes que repetírmelo.

Caminaron a través de los pasillos, Seras disimuló muy bien, estaba observando todas las habitaciones por las que pasaban, memorizó todo e hizo un mapa en su mente.

Llegaron a unas escaleras, las paredes y las escaleras eran de piedra. El ambiente era frío.

Caminaron en un enorme pasillo, uno de los sacerdotes comenzó a poner bloqueos a medida que avanzaban.

Todo ese pasillo era para llevar a una sola habitación. Seras supuso que era pura seguridad.

Al entrar recitaron unas cuantas cosas más. Seras se sentó en una silla de madera. Intentó comunicarse con Alucard, buscó su conciencia pero había algo que bloqueaba el paso. Podía percibir a todos los hombres del vaticano, pero cuando creía ver a su maestro éste se ocultaba en las sombras.

Suspiró, en esa habitación sólo había una cama destartalada, la silla en la que estaba sentada y un espejo de cuerpo completo, ése espejo estaba totalmente fuera de lugar, forjado en hierro exquisitamente moldeado, ella podía ver su cuerpo completo en aquél espejo. Se acercó a él y rozó el cristal frío. Recargó la frente en éste. ¿Cómo saldría de ahí? ¿Se arriesgaría a sufrir todo ese dolor por su libertad?

Se acostó en la cama, necesitaba juntar toda la fuerza que le fuera posible.

Ya me encuentro trabajando en lo que sigue, espero y la haya sido de su agrado.