Terminé antes de lo que planeaba, aquí les tengo una buena parte de lo que he escrito. Geniessen!
–Muy bien, éstos son los lugares en los que pueden tener a Seras – dijo Integra señalando con una pluma en un mapa –. He conseguido ésta información de un viejo favor, espero sea verdadero.
Alucard miraba por la ventana, atrás de Integra.
–Y bien, ¿Qué dicen?
Hans miraba parado frente a Integra. William estaba a su costado observando el mapa.
En la enorme puerta de madera sonaron golpes enérgicos. Todos voltearon al mismo tiempo. William sonrió ampliamente.
–Adelante – Integra dio permiso.
La mujer que entro era alta y delgada, debía medir por lo menos 1.74. Su cabello oscuro con destellos grises tenía un brillo excepcional. Su cara era fina, y su piel era blanca como la del Capitán. Tenía los mismos ojos azul hielo y la misma fuerza en la mirada, intimidante, animal.
Sus movimientos recordaban a cómo se movía una pantera acechando a su presa, con gracia, agilidad y seducción. Su vestimenta eran unos jeans negros, una playera blanca y una chamarra desgastada. Sus botas resonaron. En los muslos llevaba dos cuchillos de caza. De su espalda colgaba un sniper muy largo.
Le dedicó una sonrisa a Walter, entonces Integra se dio cuenta que era verdad, sus colmillos eran más grandes de lo promedio, pero no eran finos como los de su siervo Alucard, éstos estaban hechos para triturar huesos sin esfuerzo. A pesar del tamaño de sus dientes su boca no era tosca, tenía labios finos y rojizos.
Hans la miraba intensamente, con sorpresa en la cara, un instinto muy enterrado en su ser se disparó, sin piedad. Un instinto que le gritaba que la hiciera suya, que su raza no debía morir, que continuara con la línea de hombres lobo. Que creara una manada.
– ¡Walter! Qué sorpresa, no has cambiado nada chico – su voz era una mezcla de terciopelo y peligro.
–Lo mismo digo de ti Avery – le dedicó una sonrisa –. Mi ama, ella es Avery, Avery, ella es Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, líder de la organización.
Avery caminó y se recargó en el escritorio. Bajó hasta que sus ojos miraron a los de Integra. Inhaló el aire y arrugó la nariz por el fuerte olor a tabaco.
–Eres fuerte Integra, pareces una humana digna de respeto.
–Mucho gusto Avery – Integra dijo con superioridad en la voz –. Dime, ¿Cómo lograste entrar sin levantar ninguna alarma?
–Me muevo con gracia Sir Integra, sus soldados no fueron un problema, ahora mismo deben estar sumidos en un profundo sueño.
Integra sonrió para sus adentros, era lo que necesitaban.
Alucard miraba intensamente a Avery, algo de ella llamaba mucho su atención, pero no sabía que era. Tenía un magnetismo que no había sentido antes.
El Capitán y Alucard estaban tensos, debatiéndose contra sus instintos.
–Muy bien Avery, ¿Te gustaría cooperar con nuestra Organización? ¿Te gustaría liquidar fenómenos que sólo causan problemas? ¿Te gustaría unirte a Hellsing?
– ¿Unirme a una organización que destruye fenómenos como yo? No lo sé, pero con gusto cooperaré con la misión que los tiene tan preocupados, puedo oler tu enojo Integra, en tanto a ellos dos… – Miró a Alucard y después a Hans, se quedó embobada mirando al hombre lobo, el instinto la tomó desprevenida pero lo controló inmediatamente. Le sorprendía el parecido, los ojos azul hielo, el tono de piel, el cabello gris.
–Muy bien, entonces no perdamos tiempo, mañana al amanecer los quiero a todos reunidos en el helipuerto. William, da a nuestra invitada una habitación.
–Sí, mi señora
Hans salió de la habitación en un parpadeo. Alucard se fue mediante un portal. William y Avery salieron del gran salón de Integra.
–Tu ama debe ser severa
–Sí, lo es. Pero es eso lo que me mantiene atado a éste lugar. Te contagia esa convicción extraña.
–Seguro que sí, dime Walter, ¿Quiénes eran esos dos hombres enormes?
–El que estaba vestido de rojo sangre es el vampiro más poderoso. Alucard. El otro es el hombre lobo Hans Günsche, traicionó a Millenium y se unió a Hellsing. Tiene más de 150 años.
– ¿Millenium? Me suena familiar.
William se quedo callado, tenía que salir del apuro.
–Te contaré de ello después, ahora necesitas descansar – Le entregó la brillante llave del dormitorio y se despidió con una reverencia.
Alucard se acostó en el ataúd, miró un rato el profundo oscuro de la madera.
– ¡Hey! ¡Vampiro!
Alucard resopló.
–No deberías ignorarme, te tengo excelentes noticias respecto a tu chica
´ ¿Qué hay con ella?'
–Está siendo inteligente, seduce al líder captor, te apuesto a que lo hace muuuuy bien – Schrödinger rió ligeramente.
´ ¿A qué te refieres con eso?'
–Sí, bueno eso no era lo importante, lo que te quería decir es que puedes hablar con ella. ¡Espera! Escúchame primero. Ella está dormida en éste momento, no hables con ella directamente, con la comunicación mental al que estás acostumbrado. Hay una falla en la barrera de esos hombres. Cuando ella duerme, su aura se expande en forma de sombras, entonces lo consideran normal. Si tú logras que tus pensamientos tomen esa aura de sombras, entonces confundirán tus palabras con sus sueños. Es como si reflejaras pensamientos en su mente.
El vampiro se sorprendió, no sabía que podía hacer eso. Sonrió ampliamente.
–Pero te advierto, sólo tienes una oportunidad, porque si notan otra cosa que no sean esas sombras, te bloquearán de inmediato.
El vampiro cerró los ojos, tanteó en la conciencia de Schrödinger y se transportó, notó las sombras irregulares del aura de la chica, entonces frunciendo el ceño, se reflejó como si fuera parte de sus sueños. Se fusionó con las sombras que rodeaban a la chica.
El sonido de una araña caminando a su lado lo sacó de concentración.
–Rápido vampiro, ¡concéntrate en ella!
Alucard pensó en la chica policía, el primer recuerdo que llegó a él fue su frágil cuello humano, el olor de su sangre manchando su uniforme azul. Su mirada cristalizada de color azul y las lágrimas resbalando por sus mejillas. El siguiente recuerdo fue cuando la aprisionó en la regadera, llevándola al límite.
–Tus deseos serán los que se reflejen en sus sueños vampiro, necesitarás práctica.
Alucard tomó una bocanada de aire y sin abrir los ojos, sonrió.
El guardia del Vaticano vigilaba a la chica dormir profundamente, no podía evitar comérsela con la mirada, nadie lo observaba.
La recorrió una y otra vez en su imaginación, entonces alivió la dolorosa necesidad que tenía con la mano libre. El verla moverse en sus sueños simplemente aumentó su éxtasis. Se olvidó de su trabajo totalmente.
Seras se removió inquieta, sintiendo una extraña sensación en la cabeza, sin salir de su sueño…
Alucard entró abruptamente a la pequeña prisión, el bloqueo se destrozó ante su llegada, llevaba puesta sólo la camisa blanca y el pantalón carmesí, de su barbilla goteaba sangre, pero no era suya. Seras se levantó de la cama.
– ¡Maestro!
Alucard no dijo nada y besó a la chica con ardor. Ella sucumbió ante su deseo, un deseo profundo y doloroso, amplificado por el éxtasis del sabor de la sangre. Se aferró al oscuro cabello de su maestro dejando que su filosa lengua la explorará y chocara con la suya a su vez.
Alucard se separó un momento y le dedicó una aterradora sonrisa.
– ¿Qué ha ocurrido con los soldados? – Seras miró a su maestro.
– Querida Seras, no tienes que preguntarte por ellos más – su voz causó un escalofrío en la chica.
Alucard la empujó a la cama. Ella lo miró desde ahí, perdida en su deseo.
Su maestro se quitó la blanca playera, dejando ver su delgado y cincelado cuerpo. Ella se mordió el labio.
Alucard se agachó y abrió de un tirón el vestido, dejando ver la nívea línea de piel. Besó su vientre mientras escalofríos recorrían la espalda de la Draculina.
Alucard tomó con sus largos dedos los muslos de la chica y se fue deslizando hacía éstas. Besó el muslo interno de su pierna izquierda y pasó al derecho, lamiéndolo, llevando al límite a su Draculina.
Abrió la boca dejando ver aquella letal línea de dientes. El sólo imaginarse que esos dientes se clavaban en su carne le creó una piscina en la ropa interior.
Enterró hondo los dientes en el muslo de la chica, arrancándole un gemido ronco y gutural. La sangre salía a gran cantidad debido a la arteria. Alucard tomaba impulsivamente aquella sangre deliciosa, su deseo se amplificaba al escucharla gemir por él. Lamió aquellas heridas.
- ¡Maestro! ¡Aaahhhhhh! – Seras se aferró a la oscura mata de cabello de su maestro.
Alucard volvió a lamer el clítoris de la chica con aquella gracia suya. Los fuertes jadeos de Seras resonaban en los oídos de Alucard.
El vampiro introdujo aquella filosa lengua en el interior de la chica, degustándola por completo. Ella casi arrancaba el oscuro cabello de él al atraerlo más hacia ella. Alucard lamió las paredes, tomándose su tiempo en una tortuosa danza.
-Más… Alucard… maestro – su Draculina suplicó entre quejidos.
Alucard levantó la mirada y se encontró con los ojos color escarlata de la chica.
-No más gentilezas Seras, eres mía.
Alucard se arrancó la ropa dejando ver su gran erección. Seras lo tomó del cuello y lo azotó contra el suelo de piedra. Se colocó a horcajadas sobre él y se dejó caer lo más fuerte que pudo. La fricción le causó otro grito de placer puro, Alucard dejó entrever una enorme sonrisa, enseñando sus dientes blancos como la nieve. Sus labios rojos por la sangre se encontraron con los de la chica, ella mordió los labios de su maestro haciendo que éste sangrara. Probando su sangre…
El ritmo de Seras era frenético, sus gemidos eran ahogados por los labios de su amo. Alucard sintió las paredes estrechas de ella, gruñendo por su contacto. Seras lo sintió crecer dentro de ella y se acopló a ese tamaño mientras sentía el derramarse de su maestro dentro de ella. Ella se desplomó sobre el cuerpo del Empalador después de su arrasador orgasmo. Inhaló aquél perfume masculino y embriagador que emanaba de su cuerpo…
-¡Escoria! ¡Ponte de pie!
La orden la trajo de vuelta a la realidad, se levantó de la cama lista para un ataque.
La dolorosa punzada que atravesó su sien la hizo doblarse sobre sus rodillas.
-No te muevas, de lo contrario te castigaremos.
Anthony entró en la habitación y al mirar a la chica sus mejillas ardieron.
-Mi querida Seras, no deberías ser tan brusca.
-¿Qué quieren? – La voz de la Draculina sonaba inhumana y rasposa.
-Tenemos que liberarte de la maldición querida
-Déjenme en paz – miró a los hombres que protegían a Anthony, listos para lastimarla.
Se puso de pie, y caminó hacia ellos, muy tranquilamente. Se abrieron paso.
-Procuren no ser tan lentos – Seras admitió su derrota anunciada.
Los hombres del Vaticano caminaron detrás de la Draculina, muy seguros de sí mismos, sus mentes tenían un constante bloqueo, pero Seras se percató de los lujuriosos pensamientos de uno de ellos, recuerdos y pensamientos dónde se encontraba ella acostada en la habitación. Se enfureció, su repugnancia por aquél ser humano aumentó, mentalmente él hombre gritaba aquellos pensamientos desagradables, una y otra vez. Ella se detuvo y se crispó totalmente, lista para saltarle encima, desplegó sus colmillos, quería desgarrar carne.
Volteó a ver al hombre, miró su cuello, lleno de venas y dos arterias importantes, una a cada lado de la fina piel que sostenía su cabeza. Un gruñido sobrenatural escapó de la garganta de Seras.
–Querida, cálmate por favor, no queremos hacerte daño.
–Cállenlo
– ¿A quién?
La Draculina apuntó al hombre distraído, pensando en obscenidades sobre ella.
– ¡Yo no dije nada fenómeno! – El hombre levantó una mano, del dedo extendido emanó una aguja de 30 centímetros de largo que salió disparada contra el corazón de la Draculina, el sacerdote al mando la atrapó en pleno vuelo y la destrozó con una mano.
–Nosotros no castigamos sin razón, tenemos nuestro propósito claro y eso que has hecho es una falta total. Hablaré contigo después de realizar nuestra tarea.
Continuaron caminando y al llegar a la gran puerta del pasillo de piedra el Sacerdote de alto Rango colocó la mano en la nuca de Seras, el pulso de energía que emanó de su mano la desmayó antes que ella pudiera voltear.
La tomó en brazos como a una esposa y la llevó cargando hasta la habitación de un uniforme color blanco, la habitación olía a estéril y a medicamento.
– ¿En éste proceso la mantendrán dormida? – Anthony preguntó mientras la observaba fijamente.
–Eso creo, ¿prefieres qué la despertemos?
–No, claro que no. No soportaría verla sufrir tanto.
– El proceso será más lento, eso te lo puedo asegurar.
– Hmmm, lo que sea mejor para ella entonces.
– Muy bien – el enorme y alto sacerdote se adelantó unos pasos, murmuró algunas palabras en latín y las cadenas de luz se cerraron en torno a las muñecas, tobillos y cuello de la Draculina. Sólo eso bastó para despertarla con un movimiento apenas visible. Se quedó totalmente quieta, pero su respiración era agitada a sabiendas de lo que iba a ocurrir. Cerró fuerte los ojos, frunciendo el ceño. El Sacerdote tomó eso cómo su aprobación.
– ¡Comencemos! – la voz de ése hombre era fuerte y resonó en oídos tanto de la Draculina cómo de los humanos.
Ahora había 4 sacerdotes, la monja ya no estaba.
Uno se colocó a los pies de la Draculina. Dos se colocaron a los flancos y el de alto rango en la cabeza. Los murmullos llenaron la habitación, los dos hombres a los flancos eran los que estaban recitando. Seras sofocó un grito en la garganta al sentir el miedo atenazarse de ella, era tal que dolía físicamente. Esos hombres estaban invocando algo mucho más fuerte que la presencia de su propio maestro, le dieron ganas de vomitar. Abrió los ojos, su respiración ya no eran solo agitados, sino violentos jadeos, presa del miedo. Entonces se percató que tenía una especie de espejo justo arriba de ella, en dónde sólo estaban reflejados los sacerdotes, no ella. Eso la sumió en una clase de disgusto extraño, sabía que se veía reflejada en los espejos normalmente. Sintió unas nauseas terribles mientras la vista se le ennegrecía. Se sintió extraña, la vista volvió y se encontró dentro de la dimensión alterna y lúgubre parecida a la que aparecía al abrir un portal, pero éste no tenía entrada ni salida, simplemente estaba flotando ahí, sin poder moverse. Algo la empujo con mucha fuerza, contra algún límite de ésta dimensión, entonces una abertura apareció, la abertura se hizo más grande pero el sonido era como si cortasen carne, cómo si la rompieran, forzando un camino fuera. Se sintió desfallecer a medida que la seguían empujando fuera de la dimensión, se sintió vacía y desorientada, cómo si le arrancaran algo valioso de las manos, el empuje le arrancó un grito de angustia y nostalgia por aquello que acababan de quitarle. Su mirada se desenfocó de nuevo.
La conciencia llegó de nuevo y se vio a ella misma acostada en la mesa de metal con aquellos hombres de túnicas gris humo, colocados alrededor de ella. Vio su propio cuerpo tendido inerte en la mesa, arqueado de una forma sobrenatural. De sus ojos cerrados emanaban lágrimas carmesí. Su boca estaba abierta y la mandíbula tensa, sus colmillos totalmente desplegados, todos los tendones del cuello marcados, más no emitía ningún ruido. Esa vista la trastornó, ¿Se veía así cuando mataba humanos? ¿Tan?… ¿Innatural?
Su cuerpo cayó como plomo en la mesa, recuperando una vista no tan agresiva, sus tendones se relajaron pero su boca seguía abierta y un hilillo de sangre resbalaba por su labio inferior. Se sintió totalmente desorientaba, podía ver su propio cuerpo sufriendo, a los hombres pero ella… era cómo un fantasma, separado de su cuerpo…
Un jalón arqueó de nuevo su cuerpo pero ella (su esencia) también lo sintió. El dolor la dejó con el grito en la garganta, era como si le intentaran arrancar el corazón, cómo si algo se abriera paso a través de ella. Sollozó violentamente mientras veía su cuerpo convulsionar, los hombres eran ajenos a la esencia de la Draculina, quién veía todo desde una esquina de la habitación.
– ¡Prepárense! – gritó el hombre alto.
La Draculina miró estupefacta cómo su propio cuerpo levitaba.
El hombre alto puso una mano a escasos centímetros del cuerpo de la Draculina, justo arriba de su vientre. Con la otra mano levantó dos dedos y los deslizó desde dónde estaba su mano hasta la garganta de la Draculina, repitió el movimiento una y otra vez.
Seras vio su cuerpo convulsionar una vez más y el horrible dolor regresó, atravesándola, haciéndola llorar. Apenas con fuerza miró de nuevo lo que hacían con ella. El cuerpo levitando dio una sacudida y vomitó sangre, manchando la nívea piel de la cara. Entonces algo extraño pasó. Una pequeña esfera de color carmesí encendido salió de su boca. El hombre alto la miró como si se tratase de un diamante, pero no la tocó, la pequeña esfera flotó hasta lo que parecía aquél espejo justo arriba de ella. Al momento de tocar el cristal, éste hizo un ruido cómo si se estrellara en miles de fragmentos, y éste se pintó de sombras con bordes de color sangre, moviéndose sin parecer tener una consistencia, justo cómo la dimensión alterna. La esencia de la chica regresó a aquella dimensión alterna, ahora dentro del espejo, mirando su cuerpo muerto de frente, en un ataque de pánico se estiró para alcanzarlo, para tratar de enmendar el daño que acababan de causarle, su mano tocó el límite del espejo, tenía una consistencia parecida al agua. Su mano salió del espejo, ignorando el dolor que sentía en el centro del pecho, sonrió al rozar su propio cuerpo. Un golpe de energía la regresó de inmediato a la prisión dentro del cristal.
– ¡No! ¡No…! Por favor… – suplicó sollozando, sintiéndose cada vez más indefensa, más insignificante ante el poder de aquellos hombres.
El hombre alto recitó una última palabra y los tres hombres restantes salieron disparados. Cómo un rebote.
Seras inhaló el aire cómo si la hubieran sacado del agua, jadeando, ignorando el dolor que producían las cadenas, feliz de estar de nuevo en su cuerpo. Saboreo el dolor, feliz de saber que sentía de nuevo, que ya no estaba a la deriva.
Entonces las nauseas borraron su felicidad, sintió un hueco en el estómago, se sintió demasiado débil, vacía…
–Maldición, estuve a punto… – El hombre alto se frotó la cara y se limpió con un pañuelo.
Seras se quedó inmóvil, aturdida y con temor de aquél vacío que le causaba arcadas.
–Llévenla a la nueva habitación, y dejen una muda de ropa limpia. Se lo ha ganado.
Las cadenas de luz desaparecieron pero ella no se movió, estaba conmocionada.
Uno de los hombres de túnica gris la cargó. Ella simplemente colgaba inerte en sus brazos… perdida en sus pensamientos.
Llegaron a una nueva habitación después de cruzar por otro enorme y extenso pasillo. Pero éste ya no era de piedra, sino de azulejo blanco uniforme, parecido al resto del edificio.
La dejaron acostada en la cama y después de dejar toallas limpias y una muda de ropa en el baño, se retiraron.
Seras estaba sumida en sus pensamientos, recuerdos de toda su vida la embargaban, pasaban muy rápido.
`Tranquilízate Seras, respira hondo, eso… ´ pensó para ella misma, el remolino en su cabeza se fue calmando poco a poco, su respiración volvió a ser normal. Entonces ordenó sus pensamientos. El hueco que sentía era tan real como ella vampira. Siguió ordenando su mente, pero sintió una negrura que no le era familiar, algo se le escapaba cuando creía que lo tenía, lo único que visualizó antes de que ese recuerdo se esfumara fueron el pelaje gris de un lobo gigante y su mirada, con un iris de color rojo sangre, en los cuales el fuego llameaba imparable y salvaje.
Intentó evocar el pensamiento de nuevo pero no pudo, sólo que la figura plateada a la luz de la luna se quedó soldada en su mente, cómo si no lo quisiera dejar ir. ¿Qué era esa criatura? Seras se remojó los labios y notó el sabor de la sangre. Se metió a la ducha dejando que el agua caliente la envolviera en el calor.
Alucard estaba sentado en su trono de madera, observando el oscuro vacío, mirando las escaleras, la única entrada a la habitación.
Se levantó en un ataque de histeria, algo… algo lo había alterado. Era algo que no había sentido jamás.
– ¡Seras! – gritó en su mente.
–Vampiro. Eso ha sido extraño, hasta yo lo he notado. Investigaré que le han hecho a tu chica.
La conciencia de Schrödinger se distorsionó haciéndose confusa.
–Vaya, eso es sádico… – El chico gato se rió por lo bajo.
– ¿Qué le han hecho? – la impaciencia hacía sonar desafinada la voz de Alucard.
– Al parecer… le están borrando la memoria, y eso no es todo, parece que le quitarán su esencia vampírica. La quieren volver humana de nuevo.
–Imposible… ¡Eso no puede ser! ¡No pueden hacer tal cosa, esas son estupideces! – Alucard golpeó la pared, dejando sus nudillos marcados en la piedra.
–Bueno, ya le han quitado una parte de la memoria y una parte de su ser. No dudes en que le quitarán lo demás.
–Mierda… ¡MIERDA!
Alucard casi echó a correr hacia el despacho de Integra.
Entró azotando la puerta de madera y mirando intensamente a Integra con el entrecejo fruncido.
– ¿Qué pasa, siervo? – La voz fría de Integra no tenía interés.
– La están exorcizando Integra, la quieren volver humana.
– ¿¡Qué? – Integra se levantó de la silla –. Inconcebible… ¿Pueden hacer eso?
–No lo sé. Jamás pensé que tuvieran tanto poder.
– Maldita sea, todavía no sabemos ni por dónde empezar a buscar. Tenemos que encontrarla antes de que el daño sea irreversible.
–Yo puedo ayudarte Alucard.
–Dime dónde está… por favor, sólo dímelo…
– ¿En verdad estás preocupado por ella no es así? Vaya, el mismísimo Alucard me ha pedido una cosa por favor – Schrödinger rió contento –. Muy bien.
Las imágenes aparecieron en la mente de Alucard, claras como el agua. Entonces, sin dar explicaciones abrió un portal en la pared.
–Regresaré Integra, no me invoques.
Antes de que su ama pudiera decir algo Alucard se encaminó hacia aquellas imágenes sin orden.
Acepto comentarios y sugerencias. Espero haya sido de su agrado. Auf Wiedersehen!
