Quizás me tarde un poco en actualizar, pero espero que con ésto queden satisfechos por un ratito, disfruten!
Seras caminó hacia el exterior de la mansión. Se sentía extraña con todos los eventos que habían pasado: Haber bebido sangre, masacrar cientos de Nazis que invadían Inglaterra, el Vaticano destruido, ¿un romance con un hombre lobo? Bufó.
Al avanzar unos cuantos metros se dio cuenta que la madrugada estaba helada y se frotó los brazos para calentarse…
¿Calentarse? ¿Sentir frío incluso?
Se sintió conmocionada, ¿Qué demonios? Se sentía rara desde que Alucard la había rescatado de su cautiverio. Entonces se preguntó en verdad qué había ocurrido ahí. No tenía absolutamente ningún recuerdo, era como si de la noche en Cheddar se saltara a la silueta de unos hombres vestidos como el padre Alexander Anderson.
Dio un largo suspiro y se exaltó, vio el vaho salir de su boca y disolverse con la neblina presente. Sintió náuseas y sintió el abdomen contraerse. Con extrañeza levantó el brazo y sopló su aliento directo a la muñeca, se sentía caliente.
Corrió hacia la gran habitación de Alucard.
Corrió por los pasillos y divisó la enorme puerta de madera, entró y bajó las escaleras con velocidad sobrehumana. Su maestro no se encontraba presente. Entonces miró el oscuro ataúd y se sintió mal por interrumpir el descanso de su maestro. Decidió esperarlo y se acomodó en el enorme trono de madera tapizada de rojo carmín.
Frío… Caliente… Sentir…
Alucard notó el perfume suave de la Draculina, el rastro que iba directo hacia donde las escaleras terminaban. Hacia la oscuridad.
Bajó y bajó, solo para encontrar la imagen de su Draculina recargada en un codo, sentada con la pierna cruzada, dormitando en un sueño de vigía. Balanceándose entre la inconsciencia y la realidad.
Nunca olvidaría esa imagen, ese recuerdo.
Ella abrió los ojos pero fue como si siguiera en trance, lo miró y Alucard notó el brillo del reconocimiento, pero ella solo enderezó la espalda y se quedó sentada en el trono.
– Maestro – Seras lo miró fijamente.
– Dime chica policía
– ¿Qué ocurrió en verdad? No quiero mentiras, necesito saberlo.
El alto vampiro la miró sin escrúpulos. ¿Sería ella fuerte?
Dejó escapar un largo suspiro y se acuclilló frente a la chica policía. La miró directo a los ojos, de un color azul más vivo del que recordaba.
– No lo sé Draculina, no lo sé por completo. Pero puedo decirte que te practicaron uno o varios exorcismos.
Seras abrió un poco los ojos y enarcó las cejas. ¿Todavía se practicaban?
– Parece que han intentado revertir el estado de vampirismo mediante métodos muy… alternativos.
– He sentido frío hace un momento…
Alucard sonrió con sorna. Eso era imposible. Pero entonces miró la avergonzada y un poco asustada mirada de la chica. Se le ocurrió algo.
–Permíteme – Se acercó a ella y olió su cuello.
Ella se quedó totalmente quieta.
Seras escuchó como el aire llenaba los pulmones del vampiro. Escuchó el sonido del desplegar de sus colmillos y cerró los ojos.
Sintió la punzada de los filosos caninos penetrando en su piel, pero se mantuvo quieta, esperando la respuesta a su pregunta: ¿Qué estaba haciendo su maestro?
Alucard succionó pequeños sorbos de la sangre, sintió su mismo sabor, delicioso y adictivo, pero había algo que la hacía aún más deleitante. Entonces cayó en cuenta; la sangre estaba tibia, no al punto de la temperatura corporal humana pero definitivamente más caliente que la helada sangre de un vampiro. Lamió las pequeñas heridas, su semblante era serio.
Seras esperó en silencio ante la extraña mirada de su maestro, ahí donde estaban las dos pequeñas ranuras se tocó, sintió las dos pequeñas marcas que cerraron bajo las yemas de sus dedos.
– ¿Qué ocurre maestro?
– ¿No recuerdas absolutamente nada? ¿Ni siquiera un pequeño atisbo?
–No…
–Tu temperatura corporal es más alta.
Seras sonrió, eso no podía ser posible. Alucard miró la sonrisa de la chica y la miró con seriedad. Se le fue borrando la sonrisa poco a poco.
–Dijiste que sentiste frío, eso es imposible para un vampiro.
– ¿Entonces qué significa eso?
–Lo que sea que te hayan hecho cumplió en un porcentaje el cometido, no eres humana, pero ya no eres vampira a un 100%
– ¿¡QUÉ? – Seras se paró de la silla a velocidad inhumana.
Alucard se rascó la sien, ella conservaba todo, su velocidad, agilidad, fuerza y una visión igual de certera que la de un halcón. Pero su temperatura había aumentado y su piel había adquirido un color menos pálido, sus ojos tenían un matiz más vivo y su sangre parecía renovarse y calentarse.
–Yo tampoco tengo tu respuesta chica policía. Mientras no recuerdes nada no podré ayudarte.
Ella bajó la mirada y jugueteó con sus dedos. El vampiro aspiró el aire, también la esencia de la chica se había vuelto más viva, ese olor flotó a su nariz.
–Ven, vayamos con Integra, esto es algo que no podemos dejar de decirle.
Ambos vampiros caminaron fuera de la oscuridad.
Al entrar a la enorme habitación el vampiro notó a la miembro no oficial, Avery.
Al llegar a su lado ella olisqueó el aire.
–Hueles a miedo vampira – la mitad lobo la miró intensamente.
Seras le sostuvo la mirada durante un momento, entonces Integra carraspeó.
– ¿Qué es lo que quieren? Estoy un poco ocupada.
– Seras tiene algo qué decirle ama.
Integra miró a Seras con severidad mientras daba una calada a su cigarro.
–Yo… yo ya no soy vampira, al menos no completamente.
–Eso es ridículo Seras, ¿Cómo puedes decir tal cosa? No puedes ser "menos vampira" O lo eres o no lo eres, es así de sencillo.
Alucard rodeó el escritorio y susurró algo al oído de Integra, su mirada cambió por un momento y Alucard regresó a su lugar. Integra tomó un cigarro y lo encendió. Les dio la espalda a todos al rotar su enorme sillón de cuero.
–Muy bien, discutiremos esto luego Seras. Déjennos solas.
Alucard comenzó a caminar y tomó del hombro a Seras, arrastrándola fuera de la habitación.
Al llegar a las afueras de la enorme Mansión Alucard chasqueó los dientes y su mirada fue de humor con sarcasmo.
–Debo ir con Integra, regresaré en unos momentos si no es que nuestra ama me asesina – sonrió más ampliamente y desapareció por la puerta de madera.
La Draculina comenzó a caminar.
– ¡Señorita Seras!
La alta y desgarbada silueta de William apareció y le dedicó una sonrisa.
–Sólo dime Seras, si vamos a ser amigos no me gustaría que me llamaras "señorita" todo el tiempo.
–Muy bien señ… Seras – William se rascó la nuca, su rubio cabello reflejaba la luz en un matiz muy bonito.
A Seras se le figuró como un hermano pequeño.
Ambos caminaron a la sombra de un árbol viejo, sus raíces les sirvieron de bancas y se sentaron sin hablar por unos momentos.
Seras se percató de la mirada del joven, que la observaba de reojo, miró el apenas visible tamborileo que hacía con su mano derecha.
–Bien, ¿Qué quieres conocer de mí William?
– ¿Ehhh? – bajó la mirada por un momento y sonrió con vergüenza –. Lo que esté dispuesta a contarme por supuesto.
–Ah, no me ayudas en nada, mucho menos con ésta pérdida de memoria – La Draculina arrugó la nariz.
A William se le figuró a un gato haciendo un puchero y se mordió la lengua para no reírse.
–Muy bien, muy bien. Hmmm, ¿Qué puede contarme sobre… su infancia?
William miró el cambio que hubo en la expresión de la Draculina, miró hacia el frente concentrada en algo desconocido para él, de inmediato se arrepintió de preguntar.
–Oh… si quiere ignore la pregunta señorita, no fue mi intención…
–No hay problema William, supongo que es justo que te cuente mis secretos, confío en ti de todos modos – le sonrió medio lamentada y sincera.
Sin dejar de mirar hacia el frente, Seras comenzó a relatarle a William sus años de niñez. Le contó sobre su padre y cuán orgullosa se sentía de él, le contó sobre su madre y sobre sus aventuras, su voz se volvió más baja cuando le contó sobre el asesinato de su padre y cómo había visto todo desde la rendija del clóset, omitió los detalles y le contó su decisión de hacerse oficial de la Policía.
–Siento mucho que haya tenido que contarme eso… yo…
La Draculina sonrió aún mirando hacia el frente.
–No importa, me hace bien dejarlo ir.
William sonrió y miró hacia el frente también.
–Bien, te toca. Dime algo sobre ti.
–De acuerdo – William tamborileó en su rodilla – Soy de Londres, aunque mi padre era Suizo. Por eso el cabello rubio. Mi madre era ama de casa y mi padre trabajaba en una empresa, casi nunca lo veía. Entonces mi madre le fue infiel a mi padre y él se marchó de la casa, unas semanas después regresó y golpeo a mi madre… cuando cayó en cuenta la había matado y me miró, me dijo que nunca le dijera nada a nadie, tomo mucho tiempo antes de lograr superarlo, entonces me hice adicto a mi pasatiempo favorito, lanzar cosas. Siempre fui un niño muy "extraordinario" como lo llamaría mi madre – hizo un ademán con las manos mostrando indiferencia –. Podía escalar árboles demasiado altos, podía correr demasiado rápido para mi edad. Pero lo que más les impresionaba era mi puntería, siempre estaba lanzando objetos, alfileres, lápices, todo lo que encontrara. Un día estaba girando un lápiz entre mis dedos en un café, entonces vi a mi padre. Me enfurecí tanto que comencé a temblar, pero logré calmarme un poco, lo seguí hasta caer la noche, y entonces con el mismo lápiz lo maté, el lanzamiento fue tan certero que apenas 1 centímetro quedo fuera del cráneo. Esa es mi habilidad, mi puntería
Seras miró al muchacho, la indiferencia con lo que lo decía le impresionaba.
– ¿Puntería?
William sonrió y tomó una daga plateada que tenía en un soporte bien oculto, tomó una piedra y se puso de pie, le extendió la mano a Seras y ella se paró también.
– Mantenla entre tus dedos índice y pulgar y no te muevas.
Se movió varios pasos hacia atrás, donde la piedra no era vista, sólo el espacio entre los dedos de la Draculina.
– ¿Cómo sé que no me volarás los dedos? – ella preguntó con una sonrisa.
–Confía en mí – William le guiñó un ojo.
Seras mantuvo firme la pequeña piedra y observó cómo William amagaba un poco con la daga calculando. Entonces lanzó la hoja plateada y Seras sintió el aire pasar entre sus dedos, con ojos vampíricos miró todo con detenido y nítido detalle, la piedra voló partida en dos y la daga se clavó en el viejo árbol a un lado, enarcó las cejas con sorpresa. Nunca había visto una puntería así.
– ¡Vaya! ¡Eso fue increíble! ¿Cómo lo hiciste?
–Nunca me lo he explicado, es como si en mi mente se hicieran cálculos y mi mano se mueve por inercia una vez que tengo un "target locked"
–Qué divertido, yo nunca fui buena lanzadora, claro ahora han cambiado mucho las cosas.
Seras tomó una piedra y la lanzó al aire, tomó otra roca de forma más plana y la lanzó con fuerza inhumana, las piedras colisionaron haciendo caer pequeños fragmentos de roca al suelo.
William le sonrió y a Seras le causó querer alborotarle el cabello.
– Ven chica policía. Necesitamos hablar. – La voz de su maestro resonó en su cabeza.
–Hummm. Debo irme William, Alucard me llama.
–Claro señorita Seras. Hasta entonces – le dedicó una reverencia y la acompañó hasta que sus caminos se separaron.
Seras caminó sin saber qué esperar hacia la oscura habitación subterránea de su maestro. Un minuto antes le había llamado por su nombre, y después le volvía a decir "chica policía" dio un suspiro y bajó las escaleras.
Al llegar su maestro estaba hincado mirando su ataúd.
–Integra no está contenta, eso me encanta – sonrió ampliamente –. Me encanta cuando pierde los estribos, adoro cuando la gente pierde el temple, porque entonces muestran quién son en realidad. Yo sé cómo eres tú, chica policía. Esa noche en Cheddar te conocí más que cualquier conocido tuyo, incluso más que tú misma.
Seras no supo qué decir.
–Dime chica policía, ¿Sigues siendo esa virgen?
Alucard pudo notar la mirada y la expresión llena de vergüenza, también notó el rubor en sus mejillas y su titubeo.
–Yo…
Alucard la tomó de los hombros y la miró a los ojos.
– ¿Lo sigues siendo?
–Yo no he cambiado maestro…
–Eso es lo que tú crees, Seras Victoria – el vampiro la miró con una sonrisa de oreja a oreja.
–No maestro… ¡Yo no he cambiado! – lo miró con el ceño fruncido.
– ¡Entonces muéstrame que sigues siendo esa virgen!
Alucard tomó las solapas del uniforme de la vampiresa y reventó los dos primeros botones, entonces mordió con fuerza el cuello de la chica.
– ¡Maestro! – Seras abrió los ojos y sintió sus colmillos desplegarse, filosos –. ¡Deténgase!
Lo intentó apartar sin resultado alguno, los hilos de sangre se deslizaron como serpientes por el cuerpo de la chica, manchando el uniforme de un carmesí vivo.
A medida que el vampiro drenaba ella sintió una sed tremenda, sintió su garganta oxidarse, necesitaba sangre.
Las manos del vampiro se deslizaron de sus hombros y bajaron por su espalda, al llegar al trasero él acunó cada glúteo con las manos y dio un fuerte apretón.
Seras dio un respingo.
– ¡Maestro! ¿Qué está haciendo? ¡Deténgase!
Seras, desesperada, tomó el oscuro cabello del vampiro y tironeó hacia atrás en otro intento de apartarlo, sintió los dientes salir de su carne y reprimió suspirar de alivio.
Alucard la miró con una sonrisa cargada de deseo. Se relamió los labios, rojos por la sangre. Seras todavía tenía el cabello entre sus manos, apretándolo.
Alucard rió bajo y bajó la cabeza. Seras soltó su cabello pero mantuvo las manos en alto, lista para cualquier otra cosa.
–Me sorprende tu convicción chica policía, antes eso te hubiera hecho ceder sin el menor esfuerzo. Pero ten en cuenta que jamás he probado tu carne, y estoy ansioso de hacerlo – su semblante se volvió un poco más serio y a Seras se le hizo intimidante.
'¿Antes?' pensó la Draculina.
–Sí Seras Victoria, antes.
El vampiro dio un paso hacia ella y ella retrocedió, él dio otro paso y ella al retroceder se topó con la negra madera, cayó de sentón encima del ataúd.
Antes de que ella pudiera cerrar las piernas y ponerse de pie nuevamente el vampiro tomó sus rodillas, haciéndola mantenerse en una posición sumisa ante él. Él pudo sentir la presión del intento de la Draculina, ella lo miró ceñuda. El vampiro se acercó a ella y se colocó entre sus piernas, se agachó e hizo a Seras echarse para atrás. El vampiro se recargó con los brazos, encerrando a Seras entre él y el ataúd.
–Antes Seras, antes no me hubieses negado nunca el seducirte – Él se acercó más a ella –. Antes no me hubieses negado el degustar tu sangre – Se acercó más.
Ella terminó acostada en el ataúd, mirando fijamente al vampiro, él se acercó y le besó el cuello. Ella hizo la cara hacia un lado, se sintió conmocionada. Sentía ira, y frustración. Alucard pasó la lengua por una parte hipersensible del cuello de Seras y ella emitió un sonido ahogado. Apretó los puños.
–Maestro… deténgase, por favor – su voz sonó débil.
Alucard pasó la lengua con más habilidad por esa zona hipersensible. Le arrancó un jadeo por lo intenso de la sensación.
Alucard lamió las heridas de la fuerte mordida, aún no habían terminado de sanar. Eso le causó una punzada de dolor mezclado con electricidad. Se le hizo una sensación extraña a Seras. Eso le hizo sentirse aún más conmocionada.
–He dicho… ¡Que se detenga! – Seras empujó a Alucard con toda su fuerza, causando que volara unos metros y aterrizara sobre su espalda, pudo notar el desconcierto en su expresión. Sin darle tiempo ella se tiró encima de él como un animal enfurecido, lo tenía agarrado de las solapas. Por un momento le sorprendió su fuerza. Alucard estaba sonriendo con sorna. Seras quiso quitarle esa expresión arrogante de la cara. Entonces ella sintió un bulto contra sus piernas. Al mirar hacia abajo observó cómo el pantalón del vampiro parecía tienda de campaña. Alucard tomó a Seras de la cintura y la forzó a restregarse contra su erección.
La sensación que la golpeó fue muy fuerte, como si un rayo le atravesara el cuerpo y reventara en su vientre. Su espalda se arqueó como reflejo de ese rayo que la volvió a golpear. No estaba familiarizada con esa sensación. Era demasiado fuerte.
– ¡Maestro! ¿Qué… hace? – De nuevo el rayo la golpeó, haciéndole gemir agudamente.
Alucard notó como los puños de la Draculina apretaban con fuerza su saco, que aún tenía agarrado. Siguió embistiéndola, arrancándole jadeos y gemidos.
Seras se sintió más extraña, esas sensaciones le hacían perder el raciocinio, cuando comenzaba a idear una manera de salir de ahí el rayo la golpeaba de nuevo, haciéndola perder la razón por un momento, su mente era un remolino, pero su cuerpo respondía al de su maestro. ¿Qué pasaba?
Alucard sintió cómo la humedad de la chica poco a poco mojaba su pantalón. Sonrió aún más, estaba haciendo un esfuerzo increíble por no arrancarle la ropa y enterrarse en ella, ya tenía planes para eso y no quería echarlo a perder. Embistió con más fuerza.
Seras sintió cómo sus piernas temblaban sin control. No podía aplacar esa sensación entre sus piernas, que se expandía a su vientre, una sensación de un espiral en su abdomen, que adquiría más y más fuerza enviando olas a todo su cuerpo. Alucard deslizó la mano hasta la intimidad de la Draculina, él sin gentileza pellizco el hinchado botón de la chica. Seras no pudo contener el grito que emanó desde el fondo de su garganta, su cuerpo se tensó totalmente, sintió una explosión dentro, era algo que jamás había experimentado, era una sensación demasiado fuerte, pero demasiado placentera como para evitar sentirse satisfecha. Entonces ella sintió mucha sed, y se sintió agotada, como si su cuerpo estuviera entumecido de una manera rara. Se dejó caer a un lado mientras respiraba con agitación. Alucard desabotonó con habilidad el uniforme de Seras, apretó los dientes al mirar su piel, que le gritaba que la corrompiera. Se concentró en su palpitante miembro, desabotonó su pantalón y su erección saltó fuera del encierro de la ropa. Seras miró la virilidad de su maestro y tragó saliva, ¿Qué haría ahora? Él se inclinó sobre ella, quedando encima de la Draculina, pero no tenía intención alguna de introducirse. Comenzó a satisfacerse a sí mismo mientras mordía de nuevo el cuello de la chica. Ella reprimió un quejido, de reojo pudo observar cómo su maestro se masturbaba. La visión de él le hizo sentir de nuevo un choque eléctrico, sintió cómo su entrepierna estaba empapada, se sintió totalmente excitada al ver a su maestro. Sus colmillos se desplegaron y el drenar de su sangre se le hizo una sensación inmensamente placentera. Gimió.
Alucard sintió las contracciones en su abdomen, estaba muy cerca. Notó lo borracha de placer que estaba su discípula, eso le causó sonreír, gruñó cuando se sintió al borde del éxtasis. Sintió su miembro palpitar y liberar su excitación. El blanco líquido cayó en el abdomen de Seras, como si fuese un sello de propiedad. Ella era suya.
Seras sintió cómo el líquido se deslizó por su abdomen y sintió un cosquilleo, observó cómo el semen de Alucard se resbalaba por su vientre. Tuvo una sensación extraña, sintió un vínculo con la mente se su maestro.
–Sí Draculina, eres mía
Seras miró a su maestro, que tenía una sonrisa en la cara. Ya tenía el pantalón puesto. Él se apoyó en una rodilla y miró los rojos orbes que eran los ojos de la ex humana. Sabía que seguía excitada, podía olerlo.
–Acostúmbrate a eso Seras, eres mía, cuando yo lo desee, cuando yo lo quiera – dicho eso se inclinó y apartó un poco el uniforme de Seras, observó el endurecido y rosado pezón y lo lamió, dándole una buena pasada. Seras se ruborizó y entreabrió la boca.
Alucard se levantó y abrió un portal en la pared, antes de salir miró a su amante tirada en el suelo, tratando de acompasar sus respiraciones. Observó el brillante líquido aún en su abdomen. Se colocó las gafas y salió de la habitación.
Seras se quedó ahí recuperando el aliento durante otro rato.
Hans caminaba por los pasillos de la Mansión, sumido totalmente en su mente. El olor que percibió lo sacó de sus cavilaciones y lo puso alerta. Entonces notó a la nueva integrante de Hellsing, Avery. Sintió ese instinto muy enterrado dentro de sí rugir y abrirse paso hacia afuera. Mantuvo su expresión inmutable, pero no pudo despegar los ojos de ella.
Avery se acercó al hombre lobo, sintió una punzada en su ser. Algo le gritaba que lo arrastrara a la habitación más próxima. Se mantuvo con semblante observador, pero inconscientemente se mordió el labio. Ella no tenía dudas cuando quería algo, y lo deseaba a él con una fuerza abominable, pero sabía que se metería con la vampiresa. Justo después de pensar en eso ambos lobos escucharon pasos resonando. Entonces Seras pasó a un lado de ellos musitando un "Buen día" y desapareciendo de ahí. Ambos lobos también notaron el intenso olor del vampiro Alucard encima del suyo, Avery volteó a ver a Hans, que tenía la misma expresión fría, pero pudo notar un atisbo de nostalgia en sus ojos. Ella ya no le correspondía a él.
Hans la miró con intensidad, entonces Avery supo su propósito. Lo tomó de la muñeca y fueron a la habitación de Hans.
Integra estaba sentada en el borde de su cama, tenía sueño y estaba cansada, mucho más con el regreso de Seras, la integración de Avery y la indiferencia de su mayordomo, William. El joven le caía bien, aunque no se mostrara muy abierto a la plática, lo que le extrañaba era que siendo tan informal, se mostraba demasiado respetuoso, impidiéndole hablar con él. Integra se rascó la cabeza antes de dejarse caer en el suave colchón, dio un suspiro.
–William, ven por favor.
El alto y desgarbado cuerpo se hizo presente en la habitación. Le hizo una reverencia y puso las manos detrás del cuerpo, esperando.
–Prepárame dos chocolates calientes, sin azúcar, por favor.
Integra pudo notar la extrañeza ante la petición de dos tazas. Pero sin decir más él hizo una nueva reverencia y se retiró.
Integra esperó pacientemente a que su mayordomo regresara con las dos tazas. Entonces acomodó un sillón y una silla con cierta distancia de separación.
Al regresar William, Integra le hizo un ademán de que tomara asiento.
–William, sé que hay mucha cortesía en nuestra relación, pero… quiero que eso se acabe. Puedes seguir siendo igual de respetuoso como lo eres, pero me gustaría que participaras más. Más que mi empleado, quiero que seas mi cómplice.
William enarcó las cejas, nunca se imagino esa situación.
–Por supuesto mi lady. Entiendo – William observó a Integra beber su chocolate.
–Muy bien, entonces, comencemos a hablar – le dedicó una sonrisa a su mayordomo.
William miró el líquido contenido en la taza, no sabía por dónde empezar, ¿Qué sería correcto decirle? ¿Qué sería mejor mantener en secreto? Bebió un sorbo.
–Bien mi lady, ¿qué es lo que le gustaría saber de mí?
–Comienza con tu entrenamiento, me intriga saber cómo adquiriste esas habilidades.
'¿Entrenamiento? Buen chiste mi lady' pensó William.
–No tuve un entrenamiento, jamás.
William observó cómo su jefa enarcaba las cejas.
– ¿Nunca?
– Usted ha visto mi historial, ¿No es así? Supongo que debía saberlo antes de preguntármelo. Sin intención de ser grosero por supuesto.
–Sí, lo había leído. Pero pensé que era un error del sistema.
William soltó una ligera risa.
– ¿Qué es tan gracioso?
–Puedo leer entre líneas mi lady, entiendo perfectamente que crea que es anormal que un chico tenga tantas habilidades, y sí, noto ese aire de extrañeza con el que me mira, pero le aseguro que soy 100% humano.
Integra frunció levemente el ceño, él había dado en el clavo, y apenas lo conocía, eso la molestó, no supo porqué.
William arrugó el entrecejo, había hablado demás, de nuevo.
–Lo siento mi lady, no debí…
–No hay cuidado William, tienes razón, y por eso no te reprendo.
William se pasó una mano por el alborotado cabello
–Claro, no quise ser rudo mi lady. Supongo que puedo confiar en usted.
– Por supuesto William.
Ambos bebieron de sus respectivas tazas.
Hans Günsche tenía el ceño marcado profundamente, sus fosas nasales estaban dilatadas, expandiéndose al ritmo de cada respiración, sus dientes estaban apretados, marcando los pequeños músculos en su mandíbula, una gota de sudor resbalaba de su sien, un sentimiento de traición le atenazaba el pecho, rugió con fuerza pensando que eso lo haría irse, pero no fue así.
Apretó más fuerte la cintura de Avery a medida que su abdomen impactaba contra sus glúteos. Gruñió con más fuerza, quería dar paso al animal que con las garras trataba de abrirse paso hacia afuera.
Dio una embestida brutal y fue su fin. Sintió su abdomen contraerse totalmente, dando paso a la liberación. Pero ese sentimiento permaneció en su cuerpo.
Avery sabía que Hans no estaba bien.
Entonces, ¿Qué dicen? Son libres de dejar un comentario, saludos y espero haya sido de su agrado.
