Les dejo éste pequeño fragmento para que no se desactualicen. Geniessen!
Seras se acostó en su ataúd al llegar a su habitación, sentía esa sensación de óxido en la garganta, pero se rehusaba a beber sangre. Sentía que si lo hiciera perdería ese atisbo de humanidad con el que tanto esmero había mantenido.
Cerró los ojos al caer la mañana.
Cuando despertó un ardor le hizo carraspear. Seguía teniendo sed a pesar de sentirse llena de energía. Sintió un vacío en el estómago.
Abrió la compuerta de su ataúd y se pasó una mano por el cabello. Casi grita por el susto que le causó su maestro, el cual estaba acuclillado al lado de su lugar de descanso.
—Hola chica policía.
—Maestro… ya le he dicho que mi nombre es Seras Victoria.
La sequedad en su garganta la obligó a tragar saliva, inconscientemente se tocó la garganta con dos dedos.
—Estás sedienta.
—No maestro, yo sólo…
Alucard se puso de pie y caminó hacia la pared, abrió un portal y desapareció. Un minuto después regresó con 3 bolsas de sangre.
—Quiero verte beberlas, hasta la última gota.
—Pero…
—Bebe — sentenció el vampiro.
Seras miró ceñuda a su maestro, después miró las bolsas de sangre, sintió un hambre voraz por ellas. Su garganta se sintió tan seca a pesar de tragar saliva. Sintió el vacío en su estómago. Estiró la mano con indecisión, tomó la bolsa y la sostuvo frente a su cara, pensó de quién sería esa sangre, de un adulto, de un anciano, de un niño…
Dejó la bolsa en su lugar.
—No puedo…
—Te he ordenado algo chica Policía, y me gusta que se me obedezca. ¿Te ha quedado claro?
—… Sí maestro.
—Bebe.
La Draculina volvió a levantar la bolsa de sangre, se pasó la lengua por los labios. Sintió esa sed tremenda arder en su garganta. Desplegó sus colmillos, miró a su maestro, cuya mirada se ocultaba detrás de las gafas. El vampiro tenía una pierna cruzada y estaba a la espera.
La rubia hundió los colmillos en la bolsa de sangre, sintió su embriagante sabor llenarle la boca, era mucho más espesa que el agua pero no tuvo una comparación a su sabor. Sintió cómo el líquido al bajar por su garganta le causaba un alivio tremendo. Pero el vacío en su estómago ansiaba por más. Apretó la bolsa en sus manos, apresurando la salida del líquido rojo. Finalizó de beber y tomó la siguiente bolsa, perforándola con los dientes. No dejó escapar ni un solo sorbo, sintió una sensación de energía corriendo por su cuerpo. La sensación se le antojó muy familiar.
—Termina.
—Ya estoy satisfecha.
Alucard se puso de pie y tomó la última bolsa. Hizo una pequeña abertura, lo suficientemente grande para que brotaran unas cuantas gotas.
—Seras Victoria — Alucard habló con esa voz cargada de énfasis —. Tú ya no eres una aprendiz, necesitas más sangre que de costumbre. Huele, y dime si en verdad estás satisfecha.
El olor de la sangre flotó a la nariz de Seras, todavía seguía sintiendo ese hueco en el estómago, pero más reducido.
Alucard pudo notar el Bloodlust ardiendo en fuego en la mirada de la Draculina. Entreabrió los labios y pasó la lengua por la gota que se deslizaba en la bolsa.
El vampiro se reprimió de morderla en ese momento.
La Draculina clavó los dientes en la bolsa de sangre, bebió entre pasividad y agresividad, disfrutando del deslizar de la sangre por su garganta, atiborrando sus papilas del sabor. Dio un último trago y cerró los ojos. Dio un suspiro, ahora sí se sentía satisfecha. La sensación de la sangre se le antojó muy familiar. 'Ya lo he hecho antes…' constató.
Alucard miró divertido la cara de satisfacción de su discípula. Notó la roja gota que se deslizaba por la comisura de sus rojos labios. Sonrió y con su filosa lengua lamió el camino de sangre, desde antes de la barbilla hasta la comisura izquierda. Escuchó el agite leve de la respiración de la Draculina, pero no se movió, como si ya esperase que eso ocurriera.
La Draculina abrió los ojos y miró los de su maestro, oscurecidos e intimidantes. Seductores. Por un momento sintió un deseo imbatible de besarlo, pero un timbre en su cabeza la trajo de vuelta a la realidad y se apartó con rapidez.
— ¡Maestro!
Alucard le dedicó una sonrisa, mostrando todos sus dientes. A la Draculina se le antojó amenazador.
—Integra quiere verte chica policía.
Seras dio un suspiro y se puso de pie. Se colocó sus botas y sacó el vestido amarillo de su armario. Entonces se percató que Alucard estaba sentado expectante con una sonrisa, la pierna cruzada al igual que sus brazos.
—Maestro… necesito cambiarme.
—Lo sé chica policía. Pienso ver eso.
—Pero… no debería…
—Chica policía, ¿Por qué sigues jugando a ser inocente? — Alucard se sentó al filo de su silla —. Recuerda que hace poco te hice tener un orgasmo, dime, ¿qué más privacidad pretendes obtener después de eso?
La joven se sonrojó y le dio la espalda a su maestro. Recordó las horas anteriores y sintió fuego en su abdomen. La sensación tan enloquecedora que había sido…
—Déjame ayudarte — La voz de Alucard fue profunda y un poco rasposa.
De pronto la ropa que llevaba puesta Seras cayó al suelo con apenas un sonido hueco. La Draculina cerró los ojos sin saber qué esperar. Sintió apenas el roce de su maestro delinear su cintura.
—Listo.
Seras abrió los ojos de nuevo y observó la vestimenta, estaba puesta y ella ni siquiera había sentido cuando había ocurrido.
—Mae… — dio la vuelta pero la alta silueta había desparecido.
'Es un enigma… sólo me pone a prueba'
Salió de la habitación para encontrarse con Integra.
Hans Günsche estaba recargado en el tronco de un árbol. Observó el espacio abierto que se formaba entre los árboles. Observó el lugar exacto donde había tomado a Seras como un animal. Recordó la textura de su piel contra su tacto sobrehumano, intensificado por la adrenalina. Recordó el olor que le hacía perder la razón inundar sus fosas nasales. Recordó la vista del cuerpo femenino cediendo ante él. Entregándose a él con devoción. Recordó la sensación triunfante que era enterrarse en ella y hacer que gritara su nombre. Recordó la sensación de estar dentro de ella.
Sintió una rabia tremenda, mezclada con el éxtasis de los recuerdos, sintió frustración y un vacío en el estómago. Golpeó el árbol, una y otra vez, como si fuese un saco de box. Cada golpe le hizo sentir una emoción. Continuó descargando estrés, pero a medida que sus golpes eran más fuertes, más recuerdos de la rubia inundaron su cerebro. Golpeó aún más fuerte el tronco, sus nudillos comenzaron a sangrar, pero no se detuvo. Sintió el caliente de su cuerpo. Sintió la presión en su bajo vientre. Dio un golpe más y se aferró al tronco a medida que su miembro descargaba el producto de su éxtasis. Jadeó y gruñó a lo bajo. Ansiaba poseerla de nuevo.
Alucard llegó a su habitación, tenía una expresión lamentada y reprimida. Le costaba demasiado trabajo estar cerca de su discípula. Era esa lujuria, esa ansiedad por su carne la que lo golpeaba una y otra vez, poniendo a prueba su temple. Se sentó y se sirvió una copa de vino mezclada con sangre. Bebió con rapidez acabándose la copa en apenas unos segundos. Pronto sus planes se convertirían en actos. Necesitaba esperar sólo unos días más, hasta que Seras se recuperara 100% de su cautiverio, sólo entonces no correría el riesgo de matarla. Se sirvió otra copa de vino.
Los golpes en la pesada puerta de madera sacaron a Integra Hellsing de sus pensamientos.
—Adelante.
La Draculina entró, el fuerte olor a tabaco que siempre pululaba en el aire le llenó los pulmones. Seras arrugó la nariz inconscientemente.
— ¿Para qué quería verme?
—Le he estado dando vueltas a lo que Alucard me dijo. Pero sinceramente, no tiene caso que nos esforcemos demasiado. Es un acto irreversible el que te han hecho. Lo que sí quiero saber es esto: ¿Realmente cómo te sientes?
La Draculina sopesó la respuesta un momento y tomó asiento. Se recargó en el respaldo de la silla y entrecerró los ojos.
A Integra le recordó mucho ese gesto a Alucard.
—Confundida más que nada. Tengo ésta sed… que yo recuerde no había sido tan intensa. Pero después de lo que me han dicho… No me extraña mucho. Aunque está la cuestión de "creerlo", todavía tengo esa pequeña resistencia a creer lo que me contaron. Sobre todo la… relación que mantenía con ese hombre alto, el hombre lobo. Tan siquiera pensarlo es… No lo sé, ¿Una vampira y un Hombre Lobo? No es posible.
Integra miró expectante a Seras, después sacó una cajita y un cigarro. Encendió el Zippo y dio una calada al cigarro. Jugó con el cigarro un momento antes de dejarlo en el cenicero.
—No le daré rodeos a esto Seras. Esto fue lo que pasó.
Seras tragó saliva.
Avery se estaba balanceando en el margen de la barda del techo con gracia. Sus brazos separados del cuerpo a manera de equilibrio. Escuchó un silbido y su oreja se movió instintivamente, tic adquirido desde que aprendió a cambiar de forma. Miró a William agitar la mano desde abajo.
— ¿Te mantienes en forma mayordomo nuevo? — le gritó desde lo alto.
— ¿A qué te refieres?
—Sube — le ordenó con una sonrisa.
William miró desde abajo la pared de la Mansión Hellsing. Podría tener más de 12 metros de altura, y había muy pocos lugares de dónde sostenerse. William suspiró con una sonrisa.
—Bitch — musitó antes de dar el primer salto contra la pared.
— ¡Te escuché!
William rió y dio otro salto, aferrándose a un espacio entre los ladrillos, producto de la degradación del material con los años. Saltó de nuevo, una gota de sudor resbaló por su ceja. Le gustaban los retos, y ese era uno bueno. Miró hacia abajo, habría 6 metros entre él y el suelo, le restó importancia, jamás le había preocupado morir. Era algo que pasaba quisieras o no, el problema era el cuándo.
Avery miró a su amigo llegar a donde estaba ella , William con aire indiferente enarcó una ceja al mirar hacia abajo.
— ¿Pasé la prueba?
— Quizás… — Avery se bajó un ágil salto.
—Bien… ¿Qué ocurre? — William cruzó las manos detrás de la espalda.
Avery rió ligeramente.
—Supongo que debes ser buen mayordomo después de todo.
William miró a su amiga. Recordó después de haberla encontrado entre los escombros del Zeppelín y llevarla hasta el sótano de su casa, donde después de haber matado a 3 nazis se volvió un lugar seguro.
Por supuesto, como era de esperarse, cuando Avery despertó y miró a William sentado en una esquina de la habitación observándola, reaccionó violentamente. Después de esquivar la embestida dirigida hacia él y mirar a la mujer visiblemente no humana acuclillada en los restos de silla destrozada, levantó las manos e inclinó la cabeza a manera de rendición. Le había explicado apaciblemente cómo había quitado los escombros, la había cargado y puesto en un lugar seguro. William no se había atrevido a tocarla siquiera para limpiar la suciedad de su cara, así que después de notar el cambio de actitud de la misteriosa mujer le ofreció una toalla limpia, una muda de ropa que había encontrado en el clóset de su difunta madre y su propio armario, la dirigió al baño.
Avery se había quedado parada después de entrar al baño, intentó hacer memoria de cómo había terminado allí, pero nada surgió de su mente. Miró la ropa que tenía en las manos. William no parecía un mal chico. Tomó el pantalón y lo desgarró, era demasiado formal para su gusto. La playera que le había dado era de hombre, un sutil olor había flotado a su nariz, acercó la playera a su nariz y aspiró el aire. Olía al chico que se la había dado. ¿Desde cuándo podía hacer eso? Enarcó las cejas y por un momento le pareció que estaba dormida y teniendo un sueño. Los golpes en la puerta la habían sacado de sus cavilaciones.
— ¿Estás bien? — preguntó el joven rubio.
—Sí… ¿Querrías darme privacidad?
—Claro, lo siento.
Avery escuchó los pasos irse, bajó la mirada. Escuchó a William sentarse, de nuevo le sorprendió. ¿Había tenido tan buena audición desde siempre? Comenzó a frustrarse, ¿Qué le había ocurrido?
'Esto no es normal'
Miró la pequeña regadera, supuso que un baño le haría bien. Se desnudó y colocó la mano debajo de la regadera. El agua estaba fría. Se metió debajo del flujo de agua y sintió su piel reaccionar ante la temperatura. Inhaló y exhaló hasta que se acostumbró al frío del agua. Se duchó con calma.
Una enorme explosión cortó el agua y le hizo caer de sentón en el suelo, apenas había tocado tierra cuando se paró en un parpadeo. Volvió a desconcertarse pero ni siquiera tuvo tiempo de pensar, pequeñas detonaciones se habían hecho presentes fuera de la casa. El estruendo le había hecho gemir de dolor y cubrirse los oídos.
Se cambió con una velocidad que le sorprendió, pero su instinto aclamaba más su atención. Salió del baño y observó las llamas quemando una estructura de madera atravesada en la pared.
Corrió hacia el pasillo y encontró la destrozada sala, no había rastro del chico rubio. Volteó y encontró un hueco en la pared. Había saltado y corrido por unos 3 segundos antes de escuchar un crujido y un bramido de dolor. Era el chico.
Había regresado sin saber muy bien por qué. Entonces había visto un soldado nazi pisando el pecho del joven. Avery había visto la sonrisa socarrona del nazi, y justo cuando lo vio sacar un cuchillo había corrido.
El dolor que atravesó su mano no la había detenido, el calor que sentía en su pecho era demasiado, minimizando totalmente el dolor.
William miró la punta del cuchillo justo frente a su cara, atravesando una mano. Una gota le cayó en la mejilla. Entonces disparos se hicieron presentes, junto con rugidos y silbidos del aire. William se cubrió la cabeza y dejó de ver.
Cuando abrió los ojos observó la silueta de la chica a la que había salvado. Estaba de espaldas y pudo ver las largas uñas que poco a poco se replegaban a un tamaño normal. La chica había caído de rodillas, jadeante y con sangre salpicada en la cara.
William había corrido hacia ella.
— ¿Te encuentras bien?
Avery había levantado la mano en donde tenía una abertura causada por el filoso cuchillo. Era una herida horrenda. William miró estupefacto cómo se había cerrado con un sonido similar a cuando se quemaba algo.
Los ojos hielo de Avery se habían encontrado con los verdes de William, se habían abrazado mientras Londres ardía lentamente.
— Mi nombre es Avery.
William por puro instinto atrapó la pequeña piedra dirigida hacia su cara.
—Pensé que no la atraparías. ¿En qué estabas pensando?
William sonrió.
—En cómo casi me matas la noche del desastre.
Avery le sonrió amigablemente a su amigo.
—Bueno, dime ¿qué hubieras pensado tú si fueras una chica y despertaras en un lugar desconocido, con un hombre desconocido mirándote desde la esquina de una habitación?
—Fair Enough — William hizo un ademán con las manos restándole importancia.
—Y bien… Dime, ¿cómo llegó esa vampira aquí? Sin ser grosera, pero se me hace torpe.
William se rascó la nuca. Integra le había contado algunos aspectos ese día, cuando tomaron chocolate caliente en la habitación de su ama.
—Bueno, hasta donde yo sé la señorita Seras Victoria fue rescatada por el vampiro Alucard. Desconozco las razones, pero Alucard le disparó, dejando un hueco enorme en el pecho de la señorita Seras para poder impactar al vampiro que le habían ordenado matar. La pistola que en ese entonces tenía era menos potente que la Jackal, pero aun así hizo perder demasiada sangre a la chica. Después de eso el vampiro la llevó en brazos hasta donde Integra y desde entonces trabaja para ella, Alucard no le ha dicho ni siquiera a Integra el porqué de su transformación.
—Alucard… es un enigma, pero te aseguro que sé cuáles fueron sus motivos entonces — Avery rió ligeramente —. No necesitas ser un genio para descifrarlo.
El sol comenzó a ocultarse, los rayos naranjas dieron un color extraño a las claras pupilas de ambos. William observó cómo Avery movía la oreja, después miró hacia otra dirección y observó a la rubia Draculina desaparecer entre los árboles. Se preguntó qué estaría haciendo. Pero era la hora en la que ella salía usualmente de su ataúd.
Desapareció entre los árboles.
William y Avery intercambiaron una mirada y continuaron recordando.
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