Aquí la continuación. Espero sus comentarios. Geniessen!

Integra, sentada en su imponente sillón, mordisqueaba el cigarrillo entre sus dientes. Tenía las manos cruzadas, cubriéndole la mitad inferior del rostro. El cigarrillo estaba apagado.

—William.

El alto y desgarbado cuerpo apareció, moviéndose con gracia e indiferencia.

—Sí, ama.

—Llama a Alucard.

El mayordomo hizo una grácil reverencia y desapareció.

Integra notó el sutil cambio en el ambiente, sólo para observar cómo su discípulo entraba mediante un portal a la gran habitación.

Alucard se acuclilló a su lado.

— ¿Sí, mi ama?

— ¿Qué le hiciste a Seras? — preguntó en un tono severo.

Alucard sonrió siniestramente, pero las sombras que proyectaban tanto su cabello como el sombrero le impidieron a Integra observar su expresión.

—Simplemente reclamé lo que era mío desde un principio.

Integra mordió más fuerte el cigarrillo. Por un momento deseó jamás haber despertado al vampiro más viejo. No quiso imaginar cómo habría desarrollado su propósito. Sintió lástima por la pobre e inocente chica. No logró pensar en una razón por la que ella debiera sufrir los apetitos del Midian. Se le hizo simplemente injusto.

— ¿Dónde está?

Alucard frunció ligeramente el ceño intentando localizar el aura de su discípula. Chocó contra una pared sólida y ardiente. Intentó penetrarla, pero le fue imposible.

— ¿Y bien?

—No lo sé, ama.

Integra se levantó de un impulso, tomó las solapas del vampiro y le hizo mirarle directamente. Vio en sus ojos lo divertido que estaba. Le dio un puñetazo con toda la fuerza que pudo. Un hilillo de sangre resbaló por el labio inferior de Alucard.

—Ella no regresará — constató la imponente líder.

Por un momento observó la duda aparecer en ojos del vampiro. Entonces él se puso de pie y salió de la habitación.

Avery buscó a William por varias habitaciones. La Mansión era tan inmensa que de vez en cuando se desorientaba hasta encontrar una referencia y reanudar su camino.

Lo encontró en la cocina, bebiendo de un vaso con agua.

— ¿En dónde se metió la vampira rubia? — preguntó Avery recargándose con los codos en el respaldo de la silla del comedor.

—No lo sé, no la he visto en por lo menos un mes.

—Es extraño.

Ambos permanecieron en silencio.

—Tampoco he visto al Werewolf — dijo William.

—Ni yo lo he sentido.

William se puso de pie y tomó la muñeca de Avery, la condujo a través de los pasillos hasta llegar a la puerta con una placa grabada que dictaba "Hauptsturmführer" en una elegante letra.

William abrió la puerta y condujo a Avery dentro.

El joven mayordomo notó el ligero cambio en Avery, sus fosas nasales un poco dilatadas. Sus pupilas expandiéndose apenas perceptiblemente y regresando de nuevo a su tamaño.

— ¿Para qué me trajiste?

—Quizás lo puedas rastrear, ya sabes, con esas habilidades tuyas.

—Hmmm— Avery cerró los ojos por un momento—. Quizás lo haga.

Salieron de la habitación. William se despidió de ella tomándole la mano como su fuese una doncella. Ambos rieron y él se fue.

Avery lo observó desaparecer al doblar en un pasillo. Levantó una de las placas que estaban en la mesa del Capitán. "Hans Günsche; Hauptsturmführer"

No sabía la razón por la que la chica rubia se había ido tan de pronto, pero sí estaba segura de que el alto hombre lobo iba tras ella.

Caminó en dirección a su propia habitación.


Integra, sentada en su imponente sillón, fumaba un cigarrillo. Observó la cristalina agua contenida en un vaso. Se le figuró a la chica vampiro, como el agua. Pura e inocente, rayando en la torpeza. Pero cualquiera sabía que si se dejaba expuesta mucho tiempo, acababa por contaminarse, perdiendo sus propiedades más buenas.

— ¡William!

El desgarbado cuerpo se hizo presente al abrir la puerta.

—Sí ama.

— ¿Hace cuánto tiempo que están desaparecidos esos dos?

—Alrededor de un mes mi Lady. No hay rastro absoluto de ninguno. Sus cosas están completas, no falta nada de sus habitaciones. Es como si sólo se hubiesen esfumado.

—Entonces debemos asumir que están juntos y que partieron al mismo tiempo.

Integra tamborileó con los dedos en la sólida madera.

—Necesito saber qué fue lo que hizo Alucard. Tengo una idea bastante clara, pero aun así presiento que no sería motivo suficiente para que Seras se fuera de esa manera.

William supo que hablaba de la última grabación que había captado una cámara de seguridad donde salía Seras Victoria. La imagen estaba borrosa y pixeleada por la rapidez de su aparición. Sólo se podía notar que se trataba de ella corriendo desnuda a toda velocidad hacia el bosque.

William se sentía intrigado y preocupado, resultaba incómodo preocuparse de alguien como la señorita Seras sabiendo de lo que era capaz. Pero también era cierto que se sentía profundamente ligado a ella, como si fuese su hermana pequeña.

—Manda a traer a Alucard, y quiero que esté presente tanto Avery como tú.

—Enseguida mi ama.

William tuvo un mal presentimiento al salir de la habitación.


Alucard estaba sentado con una amplia sonrisa en la cara. Bebió un sorbo del fino vino y depositó la copa de vuelta en la mesa.

Había sido magnífico, simplemente como él lo había querido. No había manera de que su Draculina se sintiera mejor. Verla muerta de miedo había sido lo mejor. Simplemente la sensación de su voluntad flaqueando ante él. Y ella se había comportado justo como lo había anticipado. Paladeó cada memoria, como si fuese la degustación de un platillo. Disfrutó plenamente el verla intentar detenerlo con su poder vampírico, pero no había sido suficiente. Nadie podía con Él.

Sus delirios egoístas y brutales fueron interrumpidos por el golpe en la puerta.

—Adelante —la profunda voz resonó en la piedra.

—Integra te quiere en su despacho, ahora.

Dicho esto se retiró del lugar.

William retuvo la ira que sintió al ver la sonrisa burlona y descarada en cara del vampiro.

William se dirigió al gran salón de nuevo pero se desvió rápido a la cocina, tomó una píldora contra el dolor de cabeza y regresó donde lo esperaba su ama.

Recordó a Avery y fue por ella a su habitación, tocó la puerta y le autorizaron entrar. La encontró acostada en su cama con las manos detrás de la cabeza.

—Integra nos quiere a todos en su oficina.

Avery se puso de pie y pasó a un lado de William con semblante serio. Antes de cerrar la puerta los verdes ojos del humano notaron la brillante placa del Hauptsturmführer en la mesita de noche.

Se dirigieron al gran salón sin cruzar miradas.

Al llegar, Integra estaba de pie y Alucard también. Integra estaba cruzada de brazos y Alucard estaba expectante, pero con los brazos inertes a los lados.

—Te lo preguntaré una sola vez Alucard. Tus palabras fueron "Reclamé lo que era mío desde un principio". ¿Qué fue lo que le hiciste a Seras Victoria? —la mirada de Integra era autoritaria y despreciable.

Alucard rió con fuerza y después se cruzó de brazos.

—Mi ama... ¿Eso que noté fue amenaza? ¿Planea torturarme? ¿Qué me hará? —el tono de Alucard se volvió apresurado y lleno de insanidad contenida —. ¿Me quemará la piel? ¿Me disparará? ¿Me destazará con su espada cada vez que me regenere?

—Te volveré a encerrar. Sé cuánto detestas estar vivo, por eso te encerraré sin ponerte a dormir. Y me aseguraré de mantenerte lo suficientemente vivo para que literalmente mueras de aburrimiento en las mazmorras.

El semblante burlón de Alucard fue barrido en un instante, cómo si le hubiesen mostrado algo horrible.

Sus manos volvieron a caer en sus lados, Alucard sonrió admitiendo su derrota, pero sólo dejándoselo saber a su ama.

— ¿Ellos deben escuchar?

Tanto William como Avery se sintieron ofendidos por el tono del vampiro, como si se tratara de dos niños y Alucard fuese a contar una historia de terror.

William se mantuvo inmutable pero notó las pequeñas arrugas marcadas en la nariz de Avery, costumbre de loba que tenía. Por un momento vio sus ojos comenzarse a teñir de pequeñas franjas rojas, combinándose con el azul de sus ojos. Se mostró fascinado por un momento pero volteó la vista.

Alucard relató sin pudor, vergüenza, ni siquiera remordimiento, lo que había hecho. Pero fue interrumpido a mitad del relato por la mano de Integra, que simplemente se levantó con un "ya no más" silencioso.

William fue consciente del enojo brutal que le cruzó por el cuerpo, el calor haciéndole activarse. La salinidad de su sudor producido por la adrenalina. Sus manos fueron hacia sus dagas e inconscientemente las deslizó por sus dedos. Por un momento miró de reojo a la chica de piel nívea agachar el cuerpo en amenaza y el retumbar de su pecho. Mostrando los dientes con la anticipación del desgarro de carne.

En un segundo William se movió como una cobra y escuchó el desgarro de la piel a su lado. William deslizó la pierna en un semicírculo pegado al suelo impactando directo a la unión de las rodillas de Alucard, que le hizo caer de rodillas. Con el mismo impulso, William asestó un codazo en la mandíbula de Alucard, quien cayó de espaldas.

William colocó la punta de la daga en la yugular del vampiro, con suficiente presión para que una gota de sangre emanara de la herida. William fue entonces consciente de la mujer loba a su lado, pero sin estar a cuatro patas, sino a dos.

Las patas, con las articulaciones tan particulares que tienen los de la especie en los cuentos de terror, el pelaje, de color negro y plateado, casi blanco. Pero a pesar del pelo erizado, de las garras afiladas y del hocico prominente y lleno de filosos y destructivos dientes, se podía notar la delicadeza del cuerpo femenino. Con curvaturas delineadas sin ser bruscas. Las extremidades fuertes pero no exorbitantes ni desproporcionadas

Los orbes, de un color carmesí intenso, encapsulados en unas líneas negras donde apenas perceptiblemente quedaba el color azul claro intentando mezclarse con el dominante rojo.

Ambos cuerpos, inclinados sobre el vampiro, a punto de destrozarle a sabiendas de que él era el "no Life King"

Integra miró la escena desde su posición. Aún le impresionaba la gracilidad y velocidad de su joven mayordomo, pero le parecía aún inexperto y desbocado. También le impresionó el alto e imponente cuerpo de la mitad lobo-mitad humana. Había visto al Capitán convertirse en esa enorme masa de músculos y pelo, pero cuando no entraba en su fase total, era como si aún fuese humano, con el pelaje y la cabeza lobuna, pero no con las patas articuladas de esa manera. Se preguntó qué sería diferente en el ADN de ella.

—Suficiente — dictó con voz autoritaria la líder.

William arrugó la nariz con enojo, exhaló dos veces con fuerza y frunciendo el ceño soltó al vampiro con desprecio.

La mujer lobo levantó a Alucard con el agarre de una mano y lo puso de pie, apretó con ambas manos su cuello, pero sin apretar demasiado, transformada era mucho más alta que Alucard, por lo que las puntas de sus botas apenas rozaban el suelo.

Integra no dijo nada sobre eso. Estaba asqueada, atónita y muchos adjetivos más. Pero de alguna manera sabía que un día así vendría. Donde Alucard reclamaría "su propiedad" Se frotó la cara un momento, en algún momento de su vida con Alucard de sirviente pensó que quizás Seras Victoria podría revivir esa humanidad consumida por las sombras, por un momento pensó que sería más bien como Vlad, el Vlad que le acarició el cabello a la chica vampiro y le sonrió con tanta dulzura. Apretó los dientes y desechó el pensamiento.

—No me dejas más remedio Alucard, eso que has hecho va más allá incluso de tus estándares.

Alucard cambió el semblante, sus cejas se fruncieron ligeramente hacia arriba. Avery estaba bien familiarizada con esa expresión, los lobos la utilizaban cuando se rendían o se sometían. Su rostro lobuno sonrió al notar la súplica implícita en dicha expresión.

Integra tomó una pequeña navaja de bolsillo y en el suelo trazó de memoria el símbolo que Alucard había dejado en el suelo en su desaparición.

William y Avery escucharon atentos las palabras pronunciadas en latín que emanaron de la boca de su ama. El pelaje de la mujer lobo se erizó ante el cambio en el ambiente. Jamás había imaginado que las palabras realmente tuviesen tanto poder. William estaba en guardia, concentrado en mantener el temple. Por un momento envidió a Integra, quién había mirado a Alucard de la manera más despreciable que había visto jamás.

El viejo vampiro sintió el poder del círculo, sus rodillas flaquearon y cayó al suelo, sus manos rendidas y con las palmas hacia arriba. Su cabeza baja, obligado por la autoridad de su ama.

—Aún tengo mis recuerdos Integra.

—No te durarán por siempre Alucard. Y sé a quién recordarás en este tiempo, pero ella jamás volverá, y todo habrá sido tu culpa.

La silueta de Alucard se difuminó y en el suelo donde se encontraba se convirtió en un portal de sombras, poco a poco fue desapareciendo por él hasta quedar completamente cubierto. El aire dejó de ser tan frío cuando se cerró el portal.

William en un parpadeo reaccionó y logró tomar a su ama en brazos antes de impactar contra en suelo.

— ¿Qué ha sido eso? — preguntó William volteando a ver a su amiga.

Integra estaba totalmente inconsciente, su respiración era agitada y su frente estaba perlada en sudor. Su ceño estaba fruncido.

''No lo sé' La voz resonó en la cabeza de William, femenina y fuera de lugar mientras veía el imponente cuerpo de la mujer lobo.

'Iré a mi habitación por ropa, no puedo cambiar de forma contigo viéndome' El humor presente en la voz de Avery.

William sonrió genuinamente y bajó la vista a su ama.

—Adelante.

El sonido de la puerta avisó que Avery ya no estaba dentro de la habitación. William se levantó cargando a Integra y caminó fuera de la habitación hacia la recámara de su ama. La recostó sobre la cama y fue al baño, tomó una pequeña toalla y la humedeció. Con suma delicadeza limpió el sudor en la frente de su líder. Sonrió al recordar cómo se había hecho cargo de Avery cuando la había encontrado, pero en esa ocasión no se había atrevido a tocarle.

Una vez que terminó con la pequeña toalla la dejó en el lavabo del baño. Abrió un anaquel y sacó una píldora para el dolor de cabeza. Llenó un vaso con agua y los dejó al lado de la cama, en la mesita de noche.

Se sentó en el sillón mirando hacia la ventana, empezaba a anochecer. Se preguntó dónde estaría la señorita Seras.


Alucard abrió los ojos después de meditar 2 horas, vagando en su mente. Observó la piedra alrededor de él, cada fisura, cada poro, cada insecto que se arrastraba buscando alimento. Movió el cuello pero la restricción limitó el movimiento. La posición en la que estaba era bastante incómoda. Su brazo izquierdo estaba por encima de su cabeza, pegado a la pared por varias argollas hechas de plata bendita. Su brazo derecho pegado detrás de su espalda, en la parte lumbar aproximadamente. Sus piernas estaban estiradas frente a su cuerpo.

El viejo vampiro sonrió con nostalgia. Sus recuerdos hicieron que la realidad se difuminara y se trasformara, haciéndole volver varios años atrás, cuando Integra lo había despertado. Entonces ella sólo era una pequeña, pero a pesar de su edad se había defendido como toda una adulta. Que su sangre pura y deleitante se hubiera derramado frente a él había sido pura suerte.

La sangre de Integra, el vampiro sintió sed de sólo pensar en la textura y delicadeza de esa sangre tan virgen.

Y entonces recordó a Seras Victoria.

El vampiro sonrió ampliamente al recordar las marcas de sus dientes en el níveo cuello cuando la noche en Cheddar. Había sido definitivamente una noche excelente.

Alucard frenó el hilo de sus pensamientos al recordar las palabras de Integra. Tenía razón, podría haber vivido desde el nacimiento del hombre, pero en algún momento sus recuerdos se terminarían. Él no podía darse ese lujo.


La mujer lobo cambió de forma al llegar a su habitación.

—Carajo, esas botas realmente me gustaban — se quejó mientras rebuscaba en su armario algo qué ponerse.

Escogió una playera holgada que dejaba ver una parte de su vientre, unos pantalones entubados y otro par de botas con hebillas plateadas.

Salió de la habitación y se dirigió a donde Integra.

Entró en la habitación y observó a su amigo sentado cerca de la ventana. La luz de luna impactaba en su rostro, difuminando cualquier arruga o imperfección y haciendo a su piel ver nueva y cuidada. El verde de sus ojos era totalmente blanqueado por la brillante luz.

Avery le sonrió ampliamente a su amigo. William volteó hacia ella y también le dedicó una sonrisa, formando pequeñas arruguitas en las comisuras de sus ojos. El joven se dio cuenta que los caninos de Avery variaban de tamaño. En ese momento eran como colmillos humanos, un poco más largos de los promedio, pero humanos.

—Aún no despierta. Lleva así 4 horas — William recargó los codos en las rodillas y juntó las manos, con los pulgares se sostuvo la barbilla.

—No debes preocuparte por ella, desde aquí escucho su corazón y sus pulmones, sólo está exhausta.

—Debo quedarme hasta que despierte.

—Entonces te haré compañía.

Avery se sentó en la bracera del sillón y recargó el cuerpo, quedando media acostada. William permaneció en su misma posición.

—Realmente es una buena líder — Avery dijo en voz baja.

—Sí, lo es. Su temple es inmutable, en todo el tiempo que he estado aquí, creo que nunca la he visto perder el control. Sólo una vez arrojó un vaso de cristal contra la pared. Pero me sorprende que sólo haga eso teniendo a Alucard de sirviente. Yo ya lo hubiera ejecutado, o dadas las circunstancias me hubiera puesto una bala entre las cejas.

Avery rió ligeramente. Se inclinó hasta la altura de la oreja de William.

—No creo que ninguno de los dos quiera eso — susurró.

William sintió un escalofrío recorrerle la columna pero se mantuvo quieto, controló el impulso de voltear a verla y la miro de reojo, ella miraba hacia el frente con una sonrisa disimulada en los labios.

Ambos notaron el cambio en la respiración de la mujer en la cama. Atentos observaron a Integra incorporarse con cansancio y frotarse los ojos con una mano.

— ¿William?

—Aquí estoy mi Lady. Ha desfallecido después de encerrar a Alucard.

—Alucard… — dijo mirando hacia el frente —. Muchas gracias por la atención William, envía a alguien más y tómate la noche.

—Mi lady…

—Es una orden.

William cerró los labios y se puso de pie, hizo una reverencia y con los ojos apunto a la puerta para que Avery comenzara a moverse.

—Buenas noches mi Lady, cualquier cosa que se ofrezca…

—Anda, sal de una vez — dijo la líder con una sonrisa socarrona.

William sonrió al darse la vuelta y salió junto a Avery.

— ¡Vaya, vaya! Así que te llevas tan bien con Integra — Avery le dio un ligero empujón con el hombro.

—Siempre nos hemos llevado bien, que tú especules cosas es algo distinto — intentó devolverle el empujón pero ella rodó sobre su talón, esquivando con gracia al joven.

—Muy lento — dijo ella con aire juguetón.

— ¡Ya verás! — William se abalanzó sobre ella.

Avery comenzó a correr y William fue detrás de ella.

La mujer lobo desapareció por la puerta que daba a uno de los jardines. William perdió su rastro por un momento, escuchó el silbar del aire y esquivó una pequeña piedra. La vio parada en una gruesa rama de árbol, ella se rió en voz alta, tomó impulso y saltó de la rama, sus manos se asieron al borde del tejado y con el impulso del impacto en su pierna derecha ascendió. Le hizo una seña a William de que subiera.

—No, no de nuevo — dijo con voz rendida.

Se quitó el chaleco de color gris humo, removió las mancuernas de sus mangas y desabotonó su camisa, subió sus mangas hasta la altura de sus codos. Subió al árbol con velocidad y fuerza. Pero sintió presión al ver la distancia entre la rama y la fachada de la gran edificación.

— ¿Qué esperas? ¿Acaso ya te acobardaste? — Avery gritó desde la fachada.

William sonrió aceptando el reto.

—Fuck you.

Tomó impulso y saltó. La adrenalina le hizo ver lentas las cosas a su alrededor, el sonido del aire, el oxígeno contenido en sus pulmones, su corazón latiendo con fuerza, su ropa agitada por el viento, pero lo que más llamó su atención fue la brillantez de la mirada de su amiga, sumamente divertida viéndolo. Sus orbes del color del hielo refulgiendo contra la luz lunar. Le pareció hermosa.

Fue entonces que cayó en cuenta que su impulso no iba a bastar, apretó el abdomen pretendiendo conseguir más fuerza de impulso, apenas rozó la fachada de la mansión.

Una mano se cernió sobre su muñeca y un empujón lo levantó. Por un momento vio sólo el cielo antes de que su espalda impactara en seco contra el concreto.

Reaccionó justo a tiempo antes de incorporarse al notar que el cuerpo de Avery estaba encima del suyo, pero ella no lo estaba viendo, había estirado el cuerpo para poder mirar la Luna. Posición que ponía en una situación incómoda a William, porque los senos de Avery estaban a apenas centímetros de su rostro. También el hecho de que ella estuviera a horcajadas sobre él no ayudaba.

Fue entonces cuando ella lo miró a los ojos que supo sus intenciones. Se acercó a él pero se detuvo a apenas milímetros. William pudo sentir en sus labios la anticipación de su roce.

— ¿De verdad lo deseas? — los orbes azules y verdes no pudieron observar otra cosa.

William tomó la cintura de Avery y la hizo rotar, quedando él encima de la mujer.

Ella rió antes de ser acallada por los labios del joven. Fue apenas un roce, suficiente para enviar sensaciones a sus cuerpos. El joven se separó para mirarla a los ojos. Entonces la delicada mano se deslizó por su cuello y lo atrajo, los llenos labios contra los suyos.

William se preguntó qué había sucedido para que ella pensara en él de esa manera. Le restó importancia al sentir las manos de Avery acariciar su cabello. Con la yema de los dedos apenas rozó el expuesto vientre de la mujer lobo. La respiración de la mujer se hizo más pesada y profunda. Se sentía fuerte bajo sus dedos, pero lo suave de la piel le deleitó.

Sus cuerpos estaban totalmente unidos, no había espacio entre ellos. Pero ninguno perdió el control, su beso era lento, sutil. Como si disfrutaran demasiado del mero contacto entre ellos.

Avery empujó ligeramente a William, el comenzó a incorporarse, pero su espalda se topó con la barda del techo. Avery se sentó encima de él, rodeándolo con las piernas. Lo besó nuevamente. Las firmes manos del joven asieron la cintura de Avery, acercándola un poco más.

Disfrutaron del pequeño momento, ensimismados uno del otro.


— ¿Qué ha sido eso? — William preguntó sin dejar de mirar hacia el frente.

Avery, recargada en la pared a su lado, sonrió un poco y volteó a verlo.

—Bien, en mi país se le llama "besar"

William sonrió apenas y su semblante volvió a ser serio.

—Sabes a lo que me refiero.

— ¿De verdad quieres hablar sobre ello?

William, quién tenía la mano de Avery entrelazada con la suya la levantó y con el índice rozó la mejilla de la mujer.

—Sí, sí quiero.

Avery miró nuevamente al frente.

—Para serte sincera no lo sé. Simplemente aparecieron éstas ganas de pasar mi tiempo contigo.

William recordó su primera impresión de Avery, aun cuando la había visto llena de escombro y suciedad, salvajemente atractiva. Pero jamás se había aventurado a decirle algo. Mucho menos después de que lo había atacado de esa manera.

Con el pulgar acarició la mano de la chica.

—Por cierto, te sienta bien estar en forma — ella rió en voz baja.

William sonrió ampliamente.

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