N/A: ¡Me alegra mucho los reviews que recibió el prólogo, gracias por su apoyo! Sin más que decir, aquí les dejo el primer capítulo.

Muchas gracias una vez más a mi bby Ilyan (LunosA) bby u make my kokoro go dokidoki

PD: Cuando lean el final no me maten. ¡Hasta el próximo domingo!

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Stranger

Capítulo uno

Examinó su cuerpo desnudo frente al espejo, desde su cabello dorado que caía cubriendo sus hombros y parte de la espalda hasta la punta de sus pies. Además, prestó algo más de atención a sus pechos y sonrió complacida con el tamaño. Frunció el ceño al ver el tatuaje ouroboros entre los ellos. "No podré usar escotes" pensó, pero al mismo tiempo otra parte de ella se sintió aliviada porque "Los escotes no son apropiados".

Al darse la vuelta observó su espalda, no, la espalda de Riza Hawkeye, y detalló el tatuaje, las quemaduras. Recordó todo. Cómo había obtenido el tatuaje, y quién y por qué lo habían quemado. Claro que podía recordar, ella había absorbido los recuerdos de Riza.

Era incómodo, el proceso de absorción no estaba completo y quedaba mucho de Riza dentro de ella, luchando por salir, por tomar posesión de su cuerpo de nuevo. Pero ella la controlaba, compartían pensamientos, después de todo.

Suspiró y se colocó la pijama mientras se dirigía a la cama, cepillando su cabello cuidadosamente. A unos cuantos metros se escuchaban los ladridos insistentes de Black Hayate, junto con el sonido de sus patas rasguñando la superficie de la puerta, pero ella estaba decidida a ignorarlo, había intentado deshacerse del can, matarlo o botarlo pero simplemente no pudo, Riza dentro de ella se lo impidió así que optó por encerrarlo e ignorarlo. Total, si no se callaba en algún momento moriría de hambre.

Se dedicó a examinar las cosas de la Teniente, esperando encontrar algo interesante y personal. Revisó los rincones más recónditos del cuarto con la pequeña ilusión de hallar algo. "Un consolador, debe tener uno. ¿Todas las mujeres tienen algo así, no?." Pero no encontró nada así, de hecho, lo más atrevido que halló fue varios conjuntos de lencería –bastante sexys pero aparentemente sin estrenar– y un libro llamado 'El arte de amar' con una pequeña tarjetita que decía "¡Espero que con esto logres atrapar a un buen macho en Central y me presentes a alguno de sus amigos! Con cariño, Rebecca" decidió leer el libro, mientras los recuerdos de aquella mujer llegaron a su mente, haciéndola sonreír.

···

-¿POR QUÉ? ¿Por qué demonios dejaste que el tipo de la flama escapara? –Exclamó Envy– Además, ¡destruiste los recuerdos de Lust y la dejaste en el cuerpo de la mujer de Mustang! ¿Qué estás planeando, Wrath?

– Como dije, no podemos darnos el lujo de perder a los sacrificios y lo que Lust estuvo a punto de hacer fue estúpido. Además, ahora que está en el cuerpo de esa mujer podrá mantener vigilado al Coronel y su equipo. Es más útil de esa manera –Explicó, sin siquiera voltearse ni mostrarse alterado por los gritos de Envy.

Más atrás de ellos, con lágrimas en los ojos, Gluttony sollozaba porque Lust ya no lo recordaba, después de todo, más allá de seguir a Father, él seguía a Lust y ahora sin ella se sentía bastante perdido. ¿Habría alguna forma de devolverle sus recuerdos? La había visto arder en lava hasta desintegrarse, había visto la expresión de horror de la otra mujer rubia –Teniente Hawkeye, la había llamado Father mientras se aproximaba a ella–, había escuchado además los gritos de dolor de esa misma mujer cuando la piedra filosofal fue insertada en su cuerpo y sin embargo, no quería aceptarlo. Una parte de él se aferraba con fuerza a la creencia de que Lust aún le recordaba, de que sin importar el cambio de apariencia, su amiga seguía ahí dentro. Y estaba pensando en alguna forma de traerla de vuelta.

···

– ¿Haciéndole una visita al coronel? –Inquirió Fuery sonriente. Iba por los pasillos del hospital acompañado por los hermanos Elric.

– El teniente Havoc también está herido, así que quisimos visitarlo también –Respondió Alphonse– Además, quisiéramos saber si hay noticias sobre la teniente.

– Sargento Fuery, ¿también estás aquí por eso? –Está vez fue Edward el que lo cuestionó, observando de reojo los mapas que el sargento llevaba.

– Le hago algunos mandados al Coronel –Contestó, mientras entraban a la habitación.

Un rato más tarde, después de intercambiar saludos con los Elrics y analizar los mapas –marcando algunos sitios– Roy habló.

– Listo, calcule la distancia aproximada al portón, y según el número de pasos que Alphonse asegura que la teniente contó cuando entraron al sótano del laboratorio de investigación 3…La dirección sigue sin estar clara, por lo que… –trazó un círculo en el mapa.

– ¿El cuartel general? –Musitó Edward, algo sorprendido– Y además, ese edificio es…

– La residencia del Capitán General –Completó Alphonse, igual de sorprendido–. ¿Significa que los homúnculos residen ahí abajo?

– Así que efectivamente, Bradley tiene que ver con ellos –Concluyó Roy. Ya estaba seguro después de lo que presenció en el laboratorio aquella vez, pero debía dejárselo claro a los Elric.

– Si es así, me preguntó por qué mató a Greed y su grupo – Dijo Alphonse, su voz sonaba más profunda, más triste. Era obvio que recordó lo que el Fuhrer le había hecho a aquellos hombres.

– Por la misma razón por la que se deshizo de Lust. Es obvio que tiene planes –Habló Roy, su tono de voz no flaqueó, se mantuvo firme. Aunque en el fondo, se arrepentía de haber sido incapaz de evitar que se llevaran a Riza, pero estaba decidido a mostrarse ecuánime hasta encontrar una respuesta a la desaparición de su subordinada.

– Pero, no te parece que si ha acabado con varios homúnculos, ¿no está de parte de ellos? –Sugirió Edward, llevando su mano al mentón.

– El Capitán General es un misterio…– Murmuró Roy con la mirada baja. Su vista escaneando una y otra vez el mapa– En cualquier caso, el enemigo se ha infiltrado a esferas bastante altas del mando militar. Debemos aproximarnos a él con precaución a partir de ahora –Alzó la vista–. Acero, cuídate la espalda –Sugirió, sonando más a una orden.

Edward asintió y luego de permanecer un momento más con ellos, se retiró junto con su hermano.

– Los homúnculos y el Fuhrer…Me parece que vamos a pescar un pez más gordo de lo que esperábamos –Dijo Roy, y en un voz se ponía distinguir un deje de emoción– No valdría la pena de lo contrario –Miró a sus subordinados– Bueno, tengo un montón de trabajo para ustedes.

Pero antes de que pudiera explicarles su plan, Havoc intervino – Ah, sobre eso. Yo no podré participar –Todos lo observaron, Roy contuvo el aliento. Fuery abrió sus ojos sorprendido y Breda apretó sus puños sabiendo lo que Havoc diría.– No podré hacer mucho…Sin las piernas. –Y la habitación de lleno de silencio. Más fue el mismo Havoc quién lo rompió– Lo siento, parece que ha llegado mi jubilación anticipada.

···

Más tarde, en la sala de espera del hospital Roy se encontraba leyendo un libro –solo, contra la voluntad de sus subordinados quienes habían insistido en que necesitaba protección, pero él les dijo que quién la necesitaba más era Havoc– además, la única persona encargada de cuidar su espalda estaba desaparecida por su culpa, por no haber estado ahí a tiempo. Frunció el ceño levemente, sin apartar la vista del libro porque sintió como el peso a su lado se hundía y una voz conocida le hablaba.

– Buenas –Dijo Knox a modo de saludo, con su típico tono amargado.

– Hola, ¿no se encuentra bien? –Inquirió Roy, ladeando su cabeza para observarlo ya que no esperaba encontrárselo ahí.

– Me duele la espalda –Respondió– Los coroneles están siempre de pié, así que es duro para los viejos como yo –Agregó, sobando su espalda. Roy bajó la vista al libro de nuevo–. Lo supe inmediatamente cuando oí que eras tú el que la mató. ¿Qué estás tramando? –Cuestionó esta vez él, mirando a su interlocutor de reojo.

– ¿Así que declaraste que esa cosa era la Teniente Segunda Ross a pesar de que sabías que tramaba algo? Es maravilloso tener compañeros de batalla –Roy detuvo su lectura, aún sin levantar la vista.

– No somos compañeros de batalla, más bien somos cómplices en crimen –Replicó algo airado por el recuerdo– Tú los quemabas, yo los diseccionaba. Ishval fue un gigantesco lugar de experimentación –Se puso de pie, con las manos en los bolsillos–. Si continúas asumiendo riesgos como ése, pagarás las consecuencias.

– Demasiado tarde –Dijo Roy, y la mano que permanecía sobre el libro abierto se tensó, su mirada se volvió más oscura pero a pesar de eso, no hubo un cambio en su voz. Trataba de permanecer neutro. Knox le preguntó qué había pasado.– Mis subordinados…Uno está paralizado de la cintura para abajo debido a una lesión en la médula. Y mi teniente primera está desaparecida. –Explicó, mientras su vista se perdía por los pasillos del hospital.

···

Un cenicero apareció de manera inusitada bajo el mentón de Havoc, atrapando la ceniza de su cigarro. Él alzó la vista.

– Sólo tengo permiso para fumar uno al día –Dijo saliendo de su ensoñación, tomando el cenicero que Breda sostenía–. Joder, ¿no es gracioso? Ser apuñalado por una mujer y tener que retirarse.

– ¿Qué vas a hacer después del retiro? –Cuestionó con cierto deje de preocupación su amigo.

– Mi familia lleva un almacén, al menos puedo ayudar respondiendo el teléfono.

– ¿No puedes conseguir un Automail?

Havoc golpeó levemente el cigarro contra el cenicero, quitándole la ceniza, antes de responder –El sistema nervioso de mi tren inferior es totalmente insensible.

Breda bufó, mientras abandonaba la habitación –No te queda para nada tirar la toalla.

Fue hasta donde estaba el Coronel Mustang y se acercó a él –Coronel, es sobre las piernas de Havoc –Susurró, pasándole un papel– Aquí hay cierta información que me ha dado el capitán Acero.

Roy lo leyó. Doctor Marcoh…Un Doctor Alquimista. ¿¡La piedra filosofal!?

– Intentaré contactar con él, ¿de acuerdo?

– ¡Cuánto antes mejor…!– Y ya no era un superior y su subordinado los que hablaban. No, eran Heymans Breda y Roy Mustang, ambos amigos de Havoc que harían todo lo que estuviese a su alcance para que él volviese a caminar.

···

Cuando Breda por fin arribó al sitio donde –según Edward Elric– vivía el Doctor Marcoh, una enorme frustración y decepción se instaló en su pecho. No había nada en aquella casa, todo estaba destruido y desordenado. Era obvio que había habido un ataque y sin perder más tiempo, le comunicó por teléfono su hallazgo al Coronel.

– Entendido –Dijo Roy resignado, su agarre en el teléfono volviéndose más fuerte– Buen trabajo –Y colgó–. No hay manera…–Musitó, Fuery a su lado suspiró decepcionado, sabiendo que había pasado.

Al caminar por los pasillos, de vuelta a la habitación, observó como una señora –que lucía bastante triste– y un oficial salían de la misma. Aceleró un poco el paso –tanto como podía, dada su condición– y entró.

– ¿Ésa no era…?

– Mi madre y un soldado de la división de Veteranos –Respondió Havoc, a una pregunta aún no formulada– Han dicho que soy apto para retirarme.

– Nadie ha dicho que no vayas a curar…

– No soy tan estúpido como para creer que puedo servir para algo.

– Pero…

– ¿No necesitamos un militar incapaz de mover, no? Mejor concéntrate en encontrar a Hawkeye –Sugirió, e inmediatamente notó como el rostro de Roy tomaba un gesto frustrado, lleno de rabia pero había algo más…–¿Por qué me miras así? –Lo tomó por el cuello de la camisa– ¡Déjame en paz! ¡Lárguese! ¡No me digas que vas a perder tiempo preocupándote por un subordinado cuando otro está desaparecido! ¿Es por la promesa qué le hizo al General de Brigada Hughes? ¡No necesito su compasión! –Exclamó lleno de rabia. Más Fuery intervino, soltando al Coronel de su agarre. Havoc se quedó en silencio y por un momento lo único que se escuchó en aquella habitación fue el sonido de las bocanadas de aire que él tomaba–. Déjeme a un lado, yo no sirvo de nada. Se lo ruego…

– Lo entiendo –Asintió Roy, tomando la muñeca de Havoc, colocándola sobre la cama de nuevo– Te dejaré.

Havoc se encogió de hombros, suspirando. Pero se tensó cuando Roy volvió a hablar– Te dejaré aquí y me voy. Más te vale que me sigas, te espero arriba –Y abandonó la habitación.

Escuchó como la puerta se cerraba tras la salida de su superior y como Fuery lo enderezaba en el colchón con cuidado.

– El Coronel Mustang es incapaz de dejar a alguien atrás. Aún cuando creemos que todo está perdido, él sigue ahí, sin rendirse –Explicó Fuery, acomodando la almohada de Havoc, quien seguía con la mirada perdida.

– ¡Idiota! ¿Cómo un iluso como él ha podido llegar tan alto en este país? –Exclamó, cubriendo su frente con su antebrazo.

– La Teniente solía decir que…"Podemos dar gracias de tener a un iluso como él" – Dijo, sonriendo levemente al recordar las palabras de Riza.

···

Fuera de la habitación, Roy estaba sentado, rodeando su abdomen con su brazo. La herida le estaba doliendo aún, pero no podía perder más tiempo. Tan pronto como Fuery lo alcanzó le ordenó que le trajera el uniforme –aún cuando este le dijo que todavía no estaba en condiciones de abandonar su reposo–.

Luego de ponerse el uniforme y subir a su vehículo, Roy dejó a Fuery en el hospital.

– ¡Señor! ¿Cree que está en condiciones de manejar? –Había cuestionado su subordinado con preocupación.

– Claro que sí. No te preocupes por mí. Quédate con Havoc –Aseguró, introduciendo la llave en el auto– Por cierto, ¿dónde está Hayate?

– En el Departamento de la Teniente. He estado yendo a alimentarlo todos los días –Contestó algo confundido el joven.

– Bien. ¿No encontraste nada extraño en el departamento?

– Nada, señor.

– ¿Cuándo fue la última vez que fuiste?

– Ayer, señor. Planeaba ir más tarde.

– No te preocupes, yo iré a revisar al perro –Decidió, arrancando el auto–. Ah y, gracias por todo Fuery –Dijo mientras el Sargento lo observaba alejarse por la carretera.

Fuery suspiró mientras limpiaba sus lentes. Si la Teniente estuviera ahí, lo hubiera regañado por dejar que el Coronel se marchase solo.

···

Lo primero que Roy escuchó al llegar al apartamento de Riza, fueron los insistentes ladridos de Hayate. Pero no pasó por desapercibido el hecho de que el can no estuviese olisqueando bajo la puerta como solía hacerlo, además de que las luces estaban encendidas.

Usando la copia de las llaves que Riza escondía en un lado hueco del marco de la puerta, entró. Observando todo cuidadosamente, con sus guantes de ignición bien puestos y su mano lista para chasquear sus dedos ante la señal de cualquier cosa peligrosa, más cuando se volteó para encontrar a alguien saliendo de la cocina, bajó su mano y se permitió sonreír aliviado.

– Teniente…