Sé que me demoré un poco más de lo esperado, pero espero que lo disfruten. Muchas gracias por el especial apoyo de Dracony, tus comentarios me ayudan bastante :) y el de todos realmente, gracias por seguir la historia.

El resplandor anaranjado del sol engulló las sombras del amanecer. Habían pasado ya 9 meses desde que Hans y Seras habían desaparecido de la mansión.

Integra miró el amanecer parada en el balcón con el que contaba su habitación.

Espero hasta que la luz hiciera que su sombra se proyectara hasta la cama.

Se metió a la ducha y se recargó en las baldosas. No había habido atentados desde hacía buen tiempo, al menos ninguno importante. Sólo ghouls deambulando sin dirección.

Londres había sido totalmente abandonada. Nadie se había preocupado en reconstruir la totalmente devastada ciudad, como si hubiese caído una bomba nuclear en ella.

Los países se habían fraccionado y la lucha de poderes se había hecho más persistente. Los constantes ataques hacia Alemania y su puesta en duda, su defensa legal y también ilegal. Todo era totalmente tenso.

'Pareces consternada por algo ama'

El primer instinto de Integra fue cubrir su cuerpo. Frunció el ceño y tronó la lengua. No se dignó a contestarle al viejo vampiro. Sintió calor en el cuerpo sólo de pensar de lo que era capaz.

Cerró la llave del agua caliente.


El olor de la hierba pisoteada, el impacto que parecía hacer retumbar la tierra detrás de ella, los bufidos y gruñidos que emitía su garganta, el calor quemándole por dentro. El paso de los soles y las lunas le pareció insignificante, las elevaciones y precipitaciones, los grandes saltos a través de riscos, el vacío en su pecho, y lo inmóvil de su corazón.

El rojo refulgente de sus ojos, sus puños tan apretados que la sangre brotó de sus palmas, sus piernas sucias hasta la altura de las rodillas.

El hambre insaciable que la atormentaba parecía pequeña comparada con su temor, tan ardiente que lo desgarrado de su garganta no la dejaba gritar. Pero… ¿A quién le pediría ayuda?

Escapar.

Escapar de la bestia que la perseguía a toda velocidad.

Escapar de la vida.


—My Lady — dijo William a manera de saludo una vez que Integra entró en el espacioso despacho.

—Mayordomo — respondió.

Avery estaba recargada en la silla, manteniendo equilibrio precario sobre dos patas de la pesada silla.

Integra se preguntó por qué esa chica siempre estaba vestida de cuero y llevaba botas de combate.

Su semblante era aburrido, pero sus azules ojos seguían irradiando esa energía incontenida con la misma fuerza que siempre.

—My Lady, hoy le llegó éste sobre — William estiró un brazo y le entregó el grueso sobre.

Integra abrió el sobre con un abrecartas que alguna vez había pertenecido a su tátara abuelo.

En letra cursiva pero descuidada, estaba una sola frase:

La quiero de vuelta.

Integra instintivamente miró a Avery, que seguía haciendo equilibrio en la silla.

La carta no tenía ninguna firma, ni nada que pudiera servirles para rastrearla. No había llegado por servicio de mensajería, simplemente había aparecido en el escritorio de Integra. William había sido el primero en verla.

— ¿Quién la dejó? — preguntó Sir Integra con semblante serio.

—No lo sabemos, simplemente apareció aquí, en su mesa.

Integra pareció meditabunda unos momentos.

—Mejor dediquémonos a las cosas importantes — dijo y después se dispuso a leer reportes de muertes inexplicables.

No parecía haber más ghouls sueltos. Eso simplemente mantuvo a Sir Integra nostálgica. Las cosas se habían aplacado desde que había confinado a Alucard en aquella celda, manteniéndolo con apenas suficiente sangre.

Él era el mal mismo, no sabía ni quería enterarse de cómo su antepasado tuvo el valor de mantenerlo vivo a sabiendas que pudo haber erradicado todo.

—Déjenme sola.

Integra observó la expresión de William, reticente a abandonar la habitación.

—No fue una pregunta.

William y Avery salieron sin más del gran salón.

—O le gusta sacar gente de su despacho desde antes que llegara, o últimamente hace eso siempre — dijo Avery mirando hacia arriba, llevaba las manos detrás de la cabeza con un aire despreocupado.

William, quien caminaba con las manos en la espalda, asintió ligeramente.

—Bien, vayamos hacia los jardines.

Caminaron en silencio. El sol estaba alto en el cielo, irradiando calor y luminosidad uniforme, haciendo que los árboles proyectaran densas y frescas sombras.

Avery se acostó en el suelo y William se quedó recargado en el árbol. El joven notó las fosas nasales de Avery dilatarse y expandirse ligeramente, olfateando un aroma imperceptible para él.

—Huele a él — refiriéndose al Hombre Lobo —. Y a ella también.

—Toda la mansión debe estar impregnada de su olor.

Avery se encogió de hombros y cerró los ojos. Una pequeña brisa sopló, haciendo que los árboles gimieran al unísono. Era un sonido relajante.

William se sentó a un lado de Avery y le acarició el cabello. Ella no abrió los ojos pero sonrió ligeramente.

Avery se incorporó de golpe, olfateando el aire. William observó cómo en la iris comenzó a disolverse el color rojo, anteponiéndose al azul hielo común. William jamás se cansaría de ver eso. El cuerpo entero de la chica comenzó a temblar y se echó a correr a velocidad, levantando pequeños pedazos de tierra por la fuerza de sus piernas. William corrió tras ella lo más rápido que pudo, pero supo enseguida que no la alcanzaría hasta que se detuviera. El joven notó las ropas desperdigadas de Avery por el suelo. Había cambiado de forma.

Avery había notado el olor del hombre lobo, muy denso, como si se encontrara cerca. Corrió en un impulso desconocido. No entendía por qué el olor de ese hombre le causaba eso, sentía la adrenalina y la excitación apoderarse de ella, como si estuviera a punto de cazar a una presa más grande que ella. Llegó al pequeño claro con el río corriendo a través de él. No había rastro del hombre lobo, pero su olor residía ahí como si hubiera pasado la noche ahí.

William tardó unos minutos en llegar, sus zapatos estaban algo sucios y se llevaba el chaleco en un brazo. Miró el lobuno cuerpo, el pelaje brilloso y hermoso, de color negro, y en algunas otras partes, de color blanco-plata.

— ¿Qué fue eso? — preguntó William después de unos segundos.

Es lo que investigo — la femenina voz estaba en su mente, él estaba seguro de haberla escuchado dentro de su cabeza.

La mujer lobo olisqueó el aire y se irguió en dos patas, doblando su estatura.

Puedo notar su olor, pero sólo está aquí, no me lleva a ningún otro lado.

Avery volteó a varias direcciones, intentado conseguir un rastro que llevara a otro lugar que no fuera la mansión, pero no pudo.

Qué va.

—Bueno, regresemos a la mansión.

Avery rió por dentro. William pudo notar en la mirada de la loba su diversión. Casi sonríe.

— ¿Qué?

¿Realmente piensas que entre desnuda allí?

Fue entonces cuando el joven cayó en cuenta y recordó las desgarradas ropas de la chica.

—Vaya… Entonces deberías quitarte la ropa antes de transformarte — dijo William con diversión.

Lo consideraré, pero debo ser cuidadosa ante quién me desnudo sabes. Puedo causar desorden público — William pudo notar la diversión en sus pensamientos.

—Bueno, volveré y te traeré ropa.

William se dio la vuelta y comenzó a caminar cuando sintió las lobunas manos tomarle las muñecas y arrinconarlo contra un árbol. El joven se sorprendió de la fuerza inconmesurable que tenía ella. Las manos se alteraron y su tacto cambió, volviéndose suave y menos caliente. Humana.

—No voltees — le dijo la chica al oído.

Avery tomó el saco de William y se lo puso en los ojos a manera de venda.

William se sintió incómodo por la privación de su sentido más certero. Sus otros sentidos compensaron, haciendo que su olfato notara con más nitidez el olor de ella y del bosque. Que sintiera de manera más electrificada en tacto en sus muñecas. Que escuchara la suave respiración detrás de él. Se le hizo enormemente erótico.

Las manos de Avery desabotonaron su camisa, sintió los dedos rozar su sensible piel, pasando por cada relieve del músculo marcado. Sintió los llenos labios besar detrás de su oreja. Los dientes mordiendo apenas la piel de su cuello.

Una de las manos se deslizó hasta su entrepierna, pasando un solo dedo por ahí, de abajo hacia arriba.

Avery notó el temblor del cuerpo de William, le impidió darse la vuelta.

—Ah, ah. Nada de eso.

Desabrochó el cinturón del joven, seguido de su pantalón, y lo bajó apenas. Lo tomó por encima de la tela del ajustado bóxer. William sintió el contacto de los senos de Avery en su espalda. Sus manos tocándolo, haciéndole perder el juicio.

Avery bajó el bóxer y la erección de William saltó fuera. Avery lo tomó con firmeza pero sin perder la delicadeza del tacto.

—Sólo — Avery lamió la curvatura de la oreja del joven — déjate llevar.

Avery comenzó a bombear el miembro erguido de William, tenía buenas dimensiones.

William tenía los brazos inertes a sus costados, apretaba los puños fuertemente.

Avery tomó los testículos con la mano libre y los masajeó suavemente. Un dedo rozó el perineo y Avery sintió la embestida involuntaria del joven.

Emitía pequeños quejidos de placer, y gruñía a lo bajo.

Avery siguió bombeando, con más energía y apretó un poco más el miembro en su mano. Sabía que no tardaría demasiado, sintió las palpitaciones en la piel del joven.

—Avery… estoy a punto.

—Déjalo ir — acto seguido mordió el lugar donde el cuello y el hombro se unen.

William dio un quejido final, Avery sintió el cuerpo del joven tensarse y dar pequeños temblores. Embistiendo en su mano el blanco líquido salió disparado con fuerza. Avery bombeó mucho más lento, haciendo que expulsara todo. El olor de William irradió con más fuerza por la excitación, su "amigo" tenía un olor dulce y atractivo.

— ¿Gracias? — dijo William con un tono divertido.

— ¿Piensas que no me devolverás el favor algún día? Entonces me conoces menos de lo que creí — dijo ella con una sonrisa malévola en el rostro —. Te veo en la mansión.

Acto seguido su cuerpo tembló antes de que el pelaje brotara en su piel y sus articulaciones crujieran ante el cambio de fase. El cuerpo lobuno medía unos dos metros y quince centímetros. Dio un salto y se fue corriendo a través de los gruesos árboles.

William se colocó el chaleco y se fijó que su pantalón y camisa estuvieran impecables. Emprendió la caminata de vuelta a la mansión. Esperó con todas sus fuerzas que Sir Integra no requiriera de él en esos momentos.


— ¿Aún no se ha averiguado nada de la carta? — preguntó Sir Integra.

—No, no hay nada en las cámaras de seguridad, los guardias dicen no haber visto nada, es como si se hubiera materializado aquí simplemente.

—Hmmm. "La quiero de vuelta" Se supone que todos los miembros de Millenium murieron y el Vaticano no creo que sea lo suficientemente estúpido para volver a molestarnos después de haber destruido sus instalaciones y más de la mitad de sus tropas.

—Sir Integra, si me permite el comentario, el Vaticano tiene demasiados seguidores, recuerde las Cruzadas, mataron gente porque era "en nombre de Dios" No dudo que los líderes les digan a los Italianos qué hacer.

Integra sólo respondió con un "hmph" apagado y mostró el cigarro para que William lo encendiese.

—Aunque tu pensamiento es razonable, no lo creo William. Este asunto es algo personal, alguien o algo que quiera a Avery de vuelta — Integra se rascó la sien —. Debemos suponer que es Avery, porque si fuese Seras, esta carta habría llegado varios años antes.

William estaba consciente de ello.

'¿Para qué la querrían? La chica sólo se mete en problemas' pensó y luego sonrió. 'Creo que precisamente por eso'

Avery estaba en su habitación, acostada con los brazos detrás de la cabeza, meditabunda. El sopor invadió su cuerpo, cerró los ojos y se dejó llevar a la deriva de sus sueños.

Las figuras extrañas comenzaron a solidificarse, volviéndose nítidas, vio la mansión, en su lúgubre fachada estaba Sir Integra y William, ambos subiéndose a un auto negro y partiendo.

Se acercó al auto y su ama bajó la ventanilla del auto.

Regresaré lo más pronto posible, quedas a cargo de la Mansión.

Dicho eso había arrancado a toda velocidad a un destino que ella desconocía.

Deambuló por los jardines de la gran mansión y se adentró en el bosque, caminó hacia el claro donde había captado la esencia del hombre lobo, tan penetrante y viva.

Aspiró el aire y el mero hecho de olerlo le hizo sentir esa tensión sexual que arremetía contra su cuerpo. Se tiró en el césped, el calor en su columna dando paso a la bestia lobuna. Se incorporó y aulló a la luna que se cernía en todo su esplendor.

Una presencia la sacó de su ensoñación, estaba oculta en las sombras, pero ella estaba segura de que la estaba mirando. Una silueta caminó y se hizo presente, pero no salió de las sombras, el hombre debía medir 1.89 metros de estatura, y tenía una complexión delgada.

Se acercó a él, mucho más imponente de lo que él era. Pero algo no iba como debía, no se sentía fuerte, sino deseosa por aquél desconocido. Se dio cuenta que estaba frente a él totalmente desnuda, presa de sus propios impulsos extraños. Se sentía totalmente vencida ante ese desconocido, entregada devotamente, como una fanática que se entrega al sacrificio por un dios.

El hombre estiró un brazo y con el más fino de sus roces le delineó la línea de la mandíbula, ese mínimo gesto hizo que sus rodillas temblaran. El desconocido habló con una voz suave y deliciosa.

Cierra los ojos.

Ella obedeció sin ningún preámbulo, ninguna duda, innaturalmente segura del desconocido.

Ella notó que él dio un paso adelante, sus labios rozaron los de ella y un brazo la tomó firme de la espalda baja, pegándola a él.

Te haré disfrutar esto como si fuera la última noche…

Acto seguido ella sintió la irrupción en su centro.

La onda de placer que atravesó su cuerpo fue tan intensa que se despertó en medio de un gemido. Una gota de sudor resbalaba por su frente del lado izquierdo, respiró pesadamente y se incorporó a medias. Sentía hormigueo por todo el cuerpo, y su necesidad por un hombre era realmente atormentadora. Se rió a lo bajo, burlándose de sí misma y sus impulsos.

Decidió salir de la habitación a respirar aire fresco. Miró el atardecer sentada en el filo de la azotea, el aire removió su cabello y cerró los ojos un momento.

Cuando los abrió de nuevo la luna apenas se estaba haciendo presente. Decidió ir al despacho de Integra a molestar un rato.

Bajó las escaleras y se dirigió a la gran habitación. Encontró a William y a Sir Integra en sus posiciones habituales, Integra fumando un cigarrillo y William justo detrás.

— ¿Se te ofrece algo, Avery?

—No, simplemente estoy aburrida.

Integra sonrió con sorna, ésta mujer no aprendería a respetar a la autoridad aún si le inyectasen plata en las venas.

William observó el reloj de Integra desde su posición. Eran las 11:46 p.m.

—Mi ama, creo que es hora de que descanse, ha estado despierta desde las 6:30 a.m. — sugirió William.

Integra se puso de pie y William la siguió silenciosamente. Los tres salieron de la habitación y dejaron a Integra en el umbral de su puerta.

Ambos caminaron en dirección a sus habitaciones. La habitación de Avery era la más cercana.

— ¿Gustas pasar? — preguntó Avery sin voltear a verlo, se quedó parada en el centro de la habitación, esperando la respuesta del humano.

Sintió una mano tomarle la muñeca y con un movimiento fluido y firme ella quedó de frente a la puerta con ambas muñecas prisioneras de las manos de William.

—Creo que es hora de que te devuelva el favor.

Sin darle tiempo a la mujer lobo, le bajó el cierre del pantalón e introdujo la mano, tocándola en lo más íntimo de su cuerpo.

Ella se intentó dar la vuelta pero William no la dejó.

—Ah, ah, nada de eso.

Ella sonrió ampliamente. William retiró la mano y tomó el pañuelo de seda blanco de su bolsillo. Cegó a la mujer lobo, cosa que en el primer momento la incomodó, pero al sentir las manos de William recorrerle el cuerpo se olvidó por completo de la venda. William introdujo dos dedos en el centro de Avery con firmeza y fuerza, haciéndola dar un respingo por la sensación. Miró sus manos arañar la pared con fuerza. La embistió con los dedos, haciéndole jadear, sus caderas se movieron al ritmo impuesto por él.

—Más William… — suplicó.

Le tomó uno de los senos y la arrastró hacia mullida cama, la tiró y ella aterrizó con un suave rebote. Le quitó las botas y bajó su pantalón. Besó la parte interna de los níveos muslos, Avery se retorció de placer con la sensación.

William la miró directo a los ojos, observó que su lado salvaje estaba saliendo a flote, el rojo debatiéndose con el azul hielo, dándole una tonalidad púrpura a sus ojos. Se enterró entre sus piernas y ella arqueó la espalda por la intensidad de la sensación. William lamió el pecho botón en círculos, abrió la entrada con los pulgares e introdujo lo más que pudo la lengua. Estaba empapada y caliente.

Avery se aferró al rubio cabello, sus piernas temblaban incontrolablemente, estaba tan cerca…

—Córrete — le ordenó el humano, quien pellizcó el sonrosado botón.

Avery se vino violentamente, la presión en su clítoris hizo que su orgasmo se extendiera a unos segundos más en el cielo. William observó la hermosa imagen de la mujer lobo teniendo su clímax, su cuerpo temblando incontrolablemente, con esa sonrisa pícara en los labios. Sus manos aferrándose a la sábana, exclamando non-senses.

—Eres mejor de lo que esperaba William — dijo con una sonrisa y con los ojos cerrados aún.

William sonrió del lado en una expresión presumida e irresistible. Avery lo tomó de las solapas y cambió de posición, quedando el debajo. Avery le abrió el chaleco y la camisa con apuro. Podía notar el bulto entre las piernas del joven, que estaba ansioso por penetrarla.

Avery desabotonó el pantalón en apenas un parpadeo y bajó la prenda. William tenía un ajustado bóxer de color negro. Lo miró completo un momento, las líneas en su abdomen, perfectamente visibles a la tenue iluminación, sus brazos marcados al recargarse sobre los codos, sus amplios hombros y las clavículas. Miró las piernas, bien torneadas por el ejercicio. El bulto entre sus piernas. Bajó el ajustado bóxer y lo tiró sin dirección.

Se colocó justo encima de él.

Avery descendió lentamente, William se observó entrando al cuerpo de la mujer y sintió una sensación sumamente erótica. Avery se dejó caer y él entró por completo en ella, sintió cómo se deslizó hasta embonar con ella. William echó la cabeza hacia atrás por la sensación, era demasiado calor.

Avery comenzó a mover las caderas, subió y bajó con un ritmo lento y firme, William casi salía por completo y se enterraba nuevamente dentro. William tomó los senos de Avery con las manos y los masajeó suavemente. Él se movió y se colocó de rodillas con ella todavía a horcajadas, ahora su rostro quedaba a la altura de las clavículas de Avery, lamió el erecto pezón. Sintió el calor del cuerpo de la mujer contra el suyo. La irrigación sanguínea a toda velocidad, haciendo su cuerpo hipersensible. La embistió con toda la fuerza de su abdomen y ella se dejó caer más veloz. Sintió las contracciones en su abdomen, pero resistió. La hizo rodar para quedar él encima, ella lo rodeó con las piernas, permitiéndole el acceso completo. Ella encontró su ritmo, respondiendo a las caderas del humano. Sabía que ella estaba cerca, sentía las contracciones y el temblor en su cuerpo. William acarició el botón de placer de la mujer, haciéndole arquear la espalda de placer, ella pegó su frente en el hombro de William.

— ¡William! — llamó mientras su mirada se perdía por segunda vez, su cuerpo entero temblando por las ondas de placer intenso.

—Aún no he terminado — constató el chico, volteándola, ella recargó las manos en el colchón mientras el joven comenzaba a penetrarla de nuevo.

William no se contuvo y embistió con velocidad y fuerza, sólo esperaba durar lo suficiente para terminar con ella.

—Te sientes tan bien — le dijo él a ella, provocando su excitación.

Ambos gimieron y jadearon, William tenía pequeñas gotas de sudor perlándole la frente, Avery sintió el sudor resbalarse por su cuerpo. La temperatura corporal no podía ascender más.

—Avery… — gruñó William, sintiendo su abdomen tensarse involuntariamente.

—Córrete conmigo — dijo Avery entre jadeos.

Embistió unas veces más, sintió las contracciones de la chica apretarlo bien dentro, ese fue su fin, gruñó a los bajo mientras su abdomen embestía con cada chorro de eyaculación. Avery pegó la frente al colchón mientras su abdomen se contraía y relajaba, sintió el hormigueo en todo su cuerpo. Ambos se desplomaron en la cama, él con una sonrisa del lado y ella con una sonrisa discreta.

—No lo haces nada mal, ¿sabes? — dijo ella con tono burlón.

—Estoy consciente de mis dotes — dijo William con el mismo tono.

Avery le dio un puñetazo flojo en un brazo. Él le sonrió y la besó un buen rato. Ella se recargó en él y conciliaron el sueño casi de inmediato.


Angustia, de esa que te carcome el alma. Mientras continuaba corriendo miró sus manos, estaban tan delgadas que los huesos y tendones sobresalían con el mínimo esfuerzo, su velocidad ya no era la misma. Su mente estaba completamente rota, en un abismo blanco que no le permitía que las imágenes y sonidos fueran coherentes. Se pasó la lengua por los labios, la sangre brotó de ellos, estaban secos y pálidos, la sangre…

Aminoró el paso unos pocos kilómetros. Sangre. Era una palabra tan corta, y el tan sólo pensarla le llenaba la cabeza de pensamientos inhumanos.

Ella era inhumana.

Continuó corriendo incluso más rápido. Sentía su alma fragmentada en miles de pedazos, como un muerto viviente que apenas contiene la consciencia suficiente para hacerle notar el terror que tenía ella de existir.


Le rompía el ser verla correr, más fuerte era el dolor de verla tan demacrada que el cansancio y el hambre de haber corrido durante tanto tiempo. No entendía cómo era posible que incluso un vampiro resistiera tanto, sabía que si se acercaba demasiado, ella correría más aún. Su cuerpo le estaba pasando factura, sentía sus músculos hinchados y llenos de ácido láctico. La fatiga le hacía jadear y cada bocanada de aire le quemaba con el calor de un ascua. Pero era peor ver como ella se consumía con cada paso que daba, si ella no se detenía, se vería forzado a detenerla y retenerla hasta hacerla recuperarse. 'Sanarla'

Era algo distante y con el mero hecho de pensarlo imaginó lo martirizante que era la existencia en esos momentos para ella.

'Debo alcanzarla' se decidió.

¿Qué les parece? Acepto sus comentarios, gracias por leer. Hasta el siguiente capítulo.