Lamento mucho la demora, tuve un bloqueo inquebrantable durante un rato. En fin, Geniessen!

El estridente tono de llamada del teléfono despertó a Integra, no se molestó en colocarse las gafas, carraspeó un poco antes de contestar.

— ¿Diga?

Las palabras atropelladas del otro lado de la línea le hicieron alejar un poco el auricular, pocas palabras sueltas le hicieron abrir los ojos como platos; Reina… emboscada… muerte… ataque.

Integra inmediatamente se puso de pie con el teléfono aún en la mano.

— ¡William! — gritó a todo pulmón.

El rubio muchacho apareció en un parpadeo. El joven se dio cuenta de la gravedad de la situación y a través de un radio pidió que prepararan el automóvil.

Integra pensó cuán jodido era que el helicóptero que habían comprado llegaría en un día.

— Rápido, debemos irnos cuanto antes.

—Mi ama… ¿no despertará a Alucard?

Integra miró hacia la pared detrás de William, sopesando lo que implicaría despertar al Midian, cerró los ojos un momento.

—No, nuestra prioridad es cuidar a la reina y a Inglaterra. Avísale a Avery que se quede a cargo de la mansión.

— ¿Sólo iremos nosotros, no es riesgoso my lady?

—Confío en tus habilidades para mantenernos vivos.

Integra corrió a cambiarse.

—Prepara mi pistola y mi espada — y cerró la puerta del baño.

William movilizó a la escolta de Sir Integra. Irían detrás de ellos, iba una camioneta con torreta ensamblada a la caja y los mercenarios franceses los cuidarían.

Integra salió del baño y caminaron a paso apretado por los pasillos. Avery miró a William con sus brillantes orbes de hielo.

—Regresaré — le susurró.

Avery se detuvo en la puerta y miró a Sir Integra y a William subirse al automóvil.

—Avery, te dejo a cargo de la mansión. Regresaremos cuanto antes. Si no ocurre… considérate libre de hacer lo que quieras.

La ventanilla subió con un zumbido y el auto derrapó, levantando grava a su paso. La camioneta llena de mercenarios iba justo detrás. Avery se quedó parada sin saber muy bien qué hacer.


Alucard intentó moverse, pero su cuerpo estaba demasiado débil, mantener abiertos los párpados le consumía tanto que había decidido dejar de mirar. Frunció el ceño y mostró una siniestra sonrisa, sus labios sangraron por la resequedad. Se lamió con la filosa lengua.

—My queen… No dejes que te maten.

Cerró los ojos, meditando con la única alma que quedaba en él.

Vampiro, ¿no irás con tu ama?

'No puedo'

La risa de Schrödinger inundo los pabellones de su mente.

¿Acaso no terminas de comprender que soy omnipresente?

'No tiene nada que ver con lo que tú puedas hacer, el sello no te permitirá irte a ningún lado'

No digas tonterías.

Alucard visualizó en su mente al pequeño niño gato cerrar los ojos y fruncir el ceño. Un haz de color carmesí lo atravesó, dándole una descarga eléctrica muy fuerte.

¿Qué clase de sello es éste?

'Uno suficientemente poderoso para mantenerme a mí encerrado.

Esto apesta, ¿Qué clase de ama sella a su discípulo?

'Una ama inteligente' Alucard sonrió con nostalgia.

Venga vampiro, no seas tan poco optimista. Apuesto a que te levantas si te digo… No, mejor no.

Alucard apenas abrió los ojos, el brillo opaco de sus ojos apenas era notorio en la oscura y húmeda habitación.

Schrödinger sintió la curiosidad de Alucard, y sonrió para sus adentros. Se sentó en una roca imaginaria, producto de los recuerdos de Alucard y su antigua tierra natal. Cruzó la pierna y se recargó en un puño.

La reina ha muerto.

Alucard se crispó en su retención y la descarga eléctrica cruzó su cuerpo en un milisegundo. Gimió de dolor y bufó, sintiéndose patético, encadenado ahí a lamer su propia sangre.

No son buenas noticias. Ni siquiera yo sé quién la ha matado Alucard. Podría investigar, pero tu cuerpo atado no me permite utilizar mis habilidades. En este momento realmente odio haber sido pieza clave de tu destrucción y tu resurrección.

'¡Silencio! ¡Insolente!' Alucard mostró los dientes, volviéndose a partir los labios.

Schrödinger rio con descaro. Luego tronó la lengua y negó como si hablara con un niño que no entiende.

Alucard, Alucard, en tu estado no podrías ni tomarme del cuello para intentar matarme.

Alucard sintió una rabia interior inmensa. Vislumbró al niño gato dentro de su mente en intentó atacarlo. Lo atravesó con su largo brazo, y observó complacido cómo la sangre llenó el suelo terroso. La sonrisa fue eliminada completamente cuando escuchó de nuevo la molesta risa de Schrödinger. Lo tomó del delgado cuello y lo estrujó hasta escuchar las vértebras astillarse, Schrödinger sonrió mientras la sangre brotó de boca y nariz, sus ojos rodaron en blanco y el cuerpo inerte cayó al suelo. Alucard miró el cadáver y sintió una mínima satisfacción por matar a ese asqueroso gato.

El silbido que vino detrás lo sacó de sus casillas, reacio volteó y miró a Schrödinger de nuevo con los brazos en jarras, en una posición totalmente malcriada.

Es divertido hacerte enojar — Schrödinger rio y desapareció de la vista de Alucard.

Alucard gruñó y se quedó parado en el mismo lugar. Preferiría mil veces estar muerto a seguir soportando al niño gato. Pero era cierto que el poder de Schrödinger era incomparable, la omnipresencia; existir y al mismo tiempo no.

El viejo vampiro se relamió los labios sangrantes y rotos.


Integra observó el enorme palacio a sólo unos segundos. El auto aún no se había detenido cuando saltó fuera, corriendo a todo pulmón. Varios agentes estaban en la entrada, y le prohibieron el paso con sus cuerpos.

Walter ya había desenfundado tres dagas de cada mano, listas para hundirlas hondo en los cráneos de aquellos hombres de traje.

— ¡Déjenme pasar imbéciles! Soy líder de la Organización de la Real Orden de los Caballeros Protestantes. El bienestar de la reina es nuestra prioridad.

Los guardias se apartaron e Integra continuó corriendo. Llegó a la sala del trono, Integra sintió que su cuerpo perdió dos grados de temperatura al ver el cuadro completo; la reina, envuelta en alambre de cobre estaba totalmente cubierta, apretada a tal punto que la sangre se demarraba entre los pequeños pliegues entre línea y línea. Su posición estaba forzada de una manera sobrenatural. Integra sintió ganas de vomitar, la reina estaba en la misma posición que la vampiresa considerada "madre" de Alucard, cuyo cuerpo había utilizado Millenium para concebir a su ejército de vampiros artificiales. Las líneas de cobre estaban tan apretadas en los pilares de concreto que varias grietas se habían hecho en el mármol. Integra no pudo evitar apartar la vista de aquella vista, la reina suspendida a unos cuatro metros del suelo.

William le alcanzó un pañuelo e Integra se secó el sudor que perlaba su frente. Pequeñas lágrimas rodaron por su ojo bueno.

Todos parecieron congelarse un minuto, como si el tiempo hubiera decidido guardar luto ante la ausencia de la reina.

Integra frunció el ceño y se secó las lágrimas con el suave pañuelo.

—Tiempo de ser fríos… — susurró para sí misma. Aunque William escuchó perfectamente.

Los verdes ojos miraron con indiferencia la imagen, observó el ángulo de las cuerdas de cobre y cómo habían sido enredadas en los pilares, observó el suelo, salpicado de sangre, formando un gran charco y algunas salpicaduras. No había huellas, habían tenido cuidado de no pisar la sangre. Miró la astillada mesa, parecía que alguien hubiera sido azotado contra ella. Se acercó y observó algunas tiras pequeñas de ropa rasgada, se acercó a su ama.

—Mi lady, tiene que ver esto. — Integra estaba viendo el charco de sangre. Siguió a William a la mesa.

—Hmmm.

Con su mano enguantada tomó una de las pequeñas tiras, la envolvió en un pañuelo limpio y lo guardó en su bolsillo.

—Ven.

William se paró al lado de Integra y le señaló el charco de sangre.

— ¿Qué percibes?

William miró un momento a Sir Integra, y después miró el charco de sangre, el fuerte olor a hierro penetró en su nariz, pero no hacía mella en él. Entonces notó un patrón irregular en la salpicadura, un hueco. Probablemente de un zapato.

William miró hacia arriba, observó el retorcido cuerpo desde allí y se paró justo donde el hueco. La sangre en el cobre estaba coagulándose, impidiendo que siguiera goteando. ¿Por qué alguien se pararía allí?

— ¿Observar su obra?

—No lo sé, lo mejor que tenemos es que estamos hablando de Millenium. Según nuestros registros eran los únicos que tenían conocimiento de esto.

—La madre de Alucard…

—La reina… ¿Qué conexión existe? ¿O es sólo una broma de muy mal gusto?

William meditó un momento eso. Observó el trono, se acercó a él. Añoraba encender un cigarrillo en ese momento. Rodeó el trono varias veces, sin detectar nada extraño. Observó la silueta de la reina marcada sutilmente en la silla.

—Cuanto tiempo tuviste el trasero pegado ahí… — William rio a lo bajo y se metió las manos a los bolsillos. Estaba dándose la vuelta cuando lo notó.

Se acuclilló y miró las braceras del trono, tenían pequeñas rasgaduras. Como si alguien las hubiera aferrado con demasiada fuerza. Los surcos eran demasiado profundos por debajo. Miró el suelo, observó un líquido blanquecino y viscoso. El olor llegó a su nariz y la arrugó por instinto.

—Mierda… Qué hijo de puta.

Se levantó y con mirada a medio párpado tocó el hombro de Integra.

Integra miró la mano de William y luego le miró a los ojos. William inmediatamente apartó la mano y abrió un poco más los ojos, estaba tan distraído que había olvidado el protocolo.

—Perdóneme mi lady. Creo que necesita ver esto.

Integra lo acompañó sin preguntar nada. Integra se acuclilló cuando William lo hizo.

— ¿Lo ve?

Integra apretó los dientes y los puños. Sintió la sien palpitarle del odio. William pudo escuchar un pequeño sonido gutural que emitió su ama.

— ¡Forenses!

Un grupo de tres hombres se acercó y pidieron permiso. Tomaron muestras sin preguntar ni comentar nada. Se levantaron. Habían tomado muestras de cada lugar del que Integra les había indicado.

Antes de salir uno de los forenses se detuvo.

—Vamos a atrapar a ese hijo de puta — la rabia contenida en su voz era casi tangible.

Integra sólo miró hacia la escena. Tomó un cigarrillo y se lo puso entre los labios. William se acercó a encenderlo.

—Resquiescat in Pace — murmuró Integra.

William volteó la mirada, tomó un pequeño caramelo que tenía en su bolsillo, se deshizo de la envoltura y se lo metió a la boca. Jugó con él un momento y volvió a mirar la reina.

—Hmmm — murmuró, frunciendo el ceño.

Integra lo miró con interrogación. William se movió unos pasos y volvió a quedar debajo del cuerpo de la reina.

—Como un dulce…

Integra ya estaba a su lado, y miró el cuerpo de la reina con intensidad.

—Un vampiro…

— ¿Quién cree que sea, mi lady?

—No lo sé William — Integra dio una calada a su cigarrillo. Expulsó el humo por las fosas nasales —. Nos quedaremos esta noche, tenemos trabajo por hacer.

La luz del sol comenzaba a volverse anaranjada. Integra no había sido consciente del tiempo que habían estado allí adentro. El palacio estaba resguardado bajo estricta vigilancia, evitando que los periodistas o que ningún otro se enterara de lo que había sucedido. Pero no tardaría mucho en filtrarse.

Integra dio un último vistazo a la cruel imagen dispuesta en la sala del trono antes de darle la espalda y salir con el saco colgando de sus hombros.

El equipo que se encargaría de limpiar todo entró con escaleras, pinzas gruesas y grandes maletas.


El lobo corrió, observó los trastabillantes pasos de la Draculina, ese era su momento de aprovechar. Con toda la fuerza de voluntad que pudo evocar aceleró el paso y dio un enorme salto, a medio aire se transformó en humano y atrapó a Seras en sus brazos, giró para amortiguarle el golpe, al impactar contra la tierra ésta se removió, dejando un ligero surco donde sus cuerpos habían arrastrado. Hans sintió la espalda golpeada y arañada, y apenas le bastó el aire. Observó el demacrado cuerpo de Seras entre sus brazos, pudo sentir sus huesos contra la piel desnuda. Escuchó los leves quejidos y gemidos, y los intentos por liberarse. La fuerza le falló un segundo y Seras se movió un metro en un parpadeo. Hans observó la perdida y hambrienta mirada de la Draculina, aunque le costara la vida, él la salvaría. Volteó la mirada, ofreciendo su cuello a la chica policía. Seras paseó la mirada por el tendón de Hans, sus oídos escuchaban el agitado latido de su corazón, sintió un hambre voraz y se lanzó encima de él, quedó a horcajadas y mordió sin dudar. Hans se crispó un momento por el dolor, y sintió el drenar frenético de su sangre, se quejó en voz baja mientras los dientes se clavaban más en su carne. Comenzó a sentir que los brazos le fallaban y recargó la espalda en el suelo. Su vista fue ennegreciéndose hasta ver a unos pocos metros. Escuchó los sonidos de succión y los gruñidos provenir de Seras. Levantó un brazo y Seras se separó unos centímetros, suficiente para verlo. Sus ojos refulgían ahora de un brillante carmesí, aunque seguía estando demacrada, era menos notable. Hans rozó la mejilla de la Draculina y pasó el pulgar por sus labios en línea, haciendo botar ligeramente el labio inferior. Dejó caer el brazo y dejó que la oscuridad lo envolviera en sus suaves brazos.


Avery caminó por los solitarios pasillos de la mansión. Estaba lamiendo una paleta de caramelo rojo mientras observaba las pinturas que decoraban las paredes. Algunos cuadros le parecían muy gráficos, y otros tan abstractos que no valía la pena esforzarse para descifrarlos. Se preguntó a qué hora regresarían Integra y William. Ir a husmear a las celdas subterráneas no era opción, ver a Alucard sólo le provocaría destrozarlo con sus fauces y desgarrarle la piel. Suspiró y subió hacia el tejado. El sol estaba arrojando los últimos rayos anaranjados, apenas asomando entre las colinas. Cerró los ojos y dejó que el sol terminara de ocultarse, dio un largo respiro y recargó la cabeza en la barda. Tarareó una canción unos minutos, y miró en dirección a la luna ascendiente, estaba a un día de estar llena.

Inhaló el aire, olía a vegetación, a humedad, predijo que llovería pronto.

Un pinchazo en su espalda baja le hizo voltear a ver la oscuridad de los bosques. Aún con su vista inhumana no logró vislumbrar nada. Analizó todo lo que pudo, pero nada fue lo que apareció a su vista.

—Hmmm.

Se paró en el borde de la barda y se estiró antes de dejarse caer como clavadista, estiró la espalda en una línea elegante y justo antes de aterrizar dio media vuelta, aterrizó suavemente en sus talones. Miró hacia arriba, eran varios metros de altura.

—Me darían un diez — sonrió y comenzó a caminar hacia la puerta de la gran mansión.

'Perfecta'

El sonido en su mente había sido claro. Sus sentidos se dispararon, percibiendo una presencia extraña y poderosa. Volteó mostrando los dientes y preparándose para convertirse en loba. Captó un sonido, apenas un silbido en el aire, y explotó en la bestia, corrió a toda velocidad con sus cuatro patas, siguió el rastro del sutil perfume hasta llegar al claro. Se paró en dos patas y olisqueó el aire. El rastro se perdía con el fuerte olor de Hans. Avery miró en todas direcciones, con las piernas tensas, listas para saltar en cualquier momento.

Entonces hizo su aparición.

Avery miró al alto hombre, de un cabello sujeto por una coleta, de un hermoso rubio que resplandecía con la luna. Unos penetrantes ojos azules, llenos de energía. Su porte era elegante, y su vestimenta demasiado elegante. Llevaba un bastón exquisitamente tallado en la mano derecha.

Miró intensamente a Avery, la mujer loba se acercó a él, varios centímetros más alta que él. El hombre era demasiado hermoso…

Su cuerpo cambió de forma, volviéndose humana. Avery sintió un sopor exquisito en el cuerpo con sólo mirarlo. Se sintió completamente sumisa y vulnerable frente a él. Quiso hablar pero no encontró su voz.

—Te he encontrado — su voz era deliciosa, Avery sintió que su razón fallaba.

Levantó un brazo y apenas rozó la línea de su mandíbula, pasó el dorso de la mano por su mejilla. Avery sintió las rodillas fallarle. El extraño la rodeó con un brazo por la espalda baja, evitando que cayera. Soltó el bastón pero no perdió la sonrisa. Si mirada mesmerizante hizo que Avery entreabriera los labios, estaba vencida, no podía contra la seducción que ejercía ese hombre sobre ella. Él la miró desde el rostro hasta los pies.

—Eres aún más hermosa de lo que esperaba.

Con un dedo paseó por la piel de Avery, rozó su mandíbula, bajó por un lado de su cuello, delineó su clavícula y continuó bajando, pasando el dedo entre sus senos hasta llegar a su ombligo. Levantó de nuevo la mano y con el dorso volvió a acariciar su mejilla. Se acercó a su oreja.

— Cierra los ojos.

Avery sintió todo su ser retumbar con sus palabras, su cuerpo tembló con anticipación.

— Voy a hacer que disfrutes esta noche como si fuera la última…

Sintió la irrupción repentina en su centro y el grito fue ahogado por los dulces labios de ese hombre.

La mujer lobo no sabía qué estaba ocurriendo, su razón estaba completamente nublada, aletargada. Fascinada. No le importó sentirse tan vulnerable, tuvo la sensación de que le entregaría todo a ese ser tan magnífico.

Era gentil, se movía con una suavidad agonizante. La besó con paciencia, saboreando hasta la más ínfima sensación que recibía su piel. Avery rodeó el cuello del hombre con sus brazos, las suaves embestidas le hicieron perder la razón, la lógica. Reemplazadas por un placer incomparable. Echó la cabeza hacia atrás y él besó cada centímetro de él. Amortiguó sus graves gemidos con la nívea piel de la mujer lobo.

—Mírame — le susurró.

El hombre observó fascinado el precioso color violáceo del iris de la mujer lobo. Avery se sintió embriagada al mirar sus intensos ojos azules.

Sintió desfallecerse cuando su vientre se estrujó a la llegada de su éxtasis. Él continuó embistiendo suavemente, prolongando su orgasmo. La respiración entrecortada de Avery le quitó el aliento al hombre. Podría provocarle eso todos los días y nunca se cansaría de mirarla.

La mujer loba tuvo la mejor liberación que había sentido. Sintió el aire cambiar y el hombre la dejó suavemente en el pasto. Avery miró al hombre, llevaba la camisa abierta, observó fascinada su piel, levantó una mano y apenas la rozó. El hombre rodeó la mano con la suya y la besó. Comenzó a embestir de nuevo. Besó a Avery con más necesidad y las embestidas se volvieron más fuertes. El roce de sus manos por su cuerpo, la exquisita textura de su piel la lanzó de nuevo al abismo. Tocó su fuerte pecho con las manos. Sintió su interior contraerse. Se aferró al pasto y su espalda se arqueó en respuesta. El hombre la sostuvo con el brazo bajo su espalda y besó el espacio entre sus senos. Se sintió apretado por el caliente centro de la mujer lobo. Perdió el control y se dejó ir. Su abdomen se contrajo y embistió unas veces más. Gimió al terminar de expulsar su éxtasis y se recargó en el hombro de Avery. Jadearon con fuerza.

—Eres perfecta — susurró a su oído.

Avery lo besó con suavidad. Se perdió nuevamente en esa mirada azul.

—Hora de irnos — la levantó con apenas esfuerzo y la abrazó fuerte contra su cuerpo.

La mujer lobo sintió el aire cambiar y logró vislumbrar cientos de plumas negras y blancas antes de perder la consciencia.


Alucard abrió los ojos con pereza, sintió una extraña sensación de incertidumbre. Como si algún sonido se filtrara por una grieta de las gruesas paredes.

¿Lo conoces, vampiro?

'¿De qué hablas?

No lo sé, lo haz detectado, ¿no es así? Eso significa que no es humano.

'Humph'

Vaya, estoy sorprendido de tu indiferencia — Schrödinger rio ligeramente.

'¿Y qué quieres que te diga? No puedo salir de esta prisión.

No pierdas el espíritu Alucard, si no, ¿Quién me mantendrá entretenido?

Alucard gruñó, pero no se movió.

La presencia se hizo más fuerte. Alucard sintió incomodidad, como si reconociera ese aire extraño. Entonces, como una lanceta de luz, llegó a su mente. El gruñido grave resonó a través de toda la estancia. Alucard se removió, y el sonido de las restricciones opacó su rugido. Las descargas eléctricas le consumieron, su ira no iba a ser suficiente para liberarse.

El aire extraño se esfumó, justo como había llegado. Alucard se dejó de mover y frunció el ceño.

—Demasiado tarde — dijo, mientras hilillos de sangre resbalaban por sus labios.

Bien, espero les haya gustado. Nos leemos, espero sus comentarios.