Aquí estamos de nuevo! No sabéis la alegría que me ha dado leer vuestros comentarios, y saberme acompañada con esta locura de serie en español. Y, por lo poquito que he podido meterme por aquí, ya empiezo a ver más fics de New Girl en este idioma! Me encantaaaaa!

Bueno, a lo que vamos, tengo que comentar una cosilla de nada: aquí Cece no tiene prometido ni nada de nada, okis? Está así así con Schmidt, y eso es lo que cuenta ;)

Muchísimas gracias de nuevo por vuestros comentarios, y espero que os guste esta parte!

Lessa

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Cuando entran en el piso, Nick finalmente revienta:

- ¿En serio no piensas decir nada? ¿ no piensas decir nada?

Jess se desembaraza en total silencio de su abrigo, llevándolo con delicadeza a su cuarto, y guardándolo en una percha, mientras su compañero le sigue cual perrito faldero, mascullando molesto sobre si debería ser él el único que se quedara callado, sólo él, porque él es quien siempre se queda callado en ese tipo de situaciones, y...

Tras todo el viaje juntos de regreso al apartamento, en el cual no ha conseguido abrir la boca frente a la silenciosa impaciencia de él, la última aseveración de Nick la hace finalmente estallar y enfrentarse a su compañero, con un enfado desproporcionado... hacia no sabe exactamente quién:

- ¿Y qué pasa si por una vez no quiero decir nada, Nick? ¿Qué pasa, tienes acaso tú solo el monopolio de no hablar de sentimientos, o qué?

- Caray, sí que parece que te dio fuerte por Pete-Miller achica ligeramente los ojos, mirándola con una repentina intensidad que hace que ella, en medio de su cabreo, se tambalee sin darse cuenta... Parece esconder algo más detrás de esas palabras, y, por unos instantes, Jess se siente repentinamente frágil. Voluble. Como si estuviera siendo examinada en un examen del que no conoce temática ni puntuación.

- ¡No es eso!- se defiende, molesta- ¡No seas absurdo, sólo nos conocíamos de hacía días!

- Bastantes días-y él se encoge de hombros, como queriendo rebatirla-. Más de un mes, ¿no?

- Sí, vale, más de un mes, pero... ¿y tú qué? ¡Tú llevabas más tiempo con Beth! ¿Es que acaso no te importaba lo suficiente, o qué? ¡Se estaban besando los dos!-presiona... Para ser automáticamente rechazada por su compañero. Cómo no:

- Tampoco era tanto tiempo-parece casi tartamudear la última palabra, y ella coge aire, haciendo un último (y fallido de antemano, lo sabe) intento por llegar a él:

- O sea, que no te importaba Beth.

- O sea, que a tí sí te importaba Pete-contraataca.

En décimas de segundo, su insistente amigo se le antoja cual sabueso en plena cacería por un ridículo hueso de escayola, y Jess bufa, hastiada. ¿Qué está buscando que le diga? ¿Y por qué? En momentos como aquél, esos momentos en los que no consigue entenderlo, es cuando siente auténticos deseos de tirar a su compañero de apartamento por la ventana. Por cualquier ventana. Y con su dichosa sudadera roja puesta. Porque, cómo no, él no suelta prenda, ¡pero bien que busca la suya!

Oh, diantres, deja de pensar en ropa con Nick en frente tuya.

Que le den, sí Señor. Allá le ahorquen las negativas de Nick Miller a hablar de sus sentimientos, y presionarla a ella para que sí diga los suyos. Como si Jess no fuera otra cosa que una estúpida marioneta, una cría a la que tienen que sonsacar la verdad acerca de sus salidas nocturnas.

Ni hablar. Por una vez, no piensa confesar nada, no a él. No va a hablar con Nick sobre un tío clavado a Nick, con el que además ha estado saliendo y al que ha pillado besando a otra tía que podría parecerse a ella. Hasta ahí podíamos llegar.

- Pete ha sido como un experimento-le suelta de sopetón. Y, al instante, nota los hombros de Miller tensarse... para justo después aflojarse. Todo tan rápido, que no consigue estar segura de haberlo visto de verdad-. Estoy realmente molesta por culpa de Cece, porque si ella no les hubiera preguntado acerca de si salieron alguna vez, no estaríamos en esta situación, nada más. ¡Llevaban cinco años juntos y no se les había ocurrido esa posibilidad! Pero seguro que no habríamos durado mucho, él era demasiado... distinto. Sentí curiosidad por probar a estar con alguien totalmente opuesto a todos los tíos con los que he estado, pero, definitivamente... ¡No era mi tipo!

Mentira.

Justo cuando termina de decir aquellas dos últimas frases, la palabra se incrusta sin poderlo evitar en su cabeza, dándole aún más sensación de inestabilidad. Algo en lo que ha dicho es mentira, y no consigue averiguar exactamente el qué. Pero que la ahorquen a ella también si va a detenerse a pensarlo, está harta de todo. Harta de Cece y sus estúpidas preguntas, harta de ser nuevamente engañada, harta de haber llegado a pensar que sí que podía haber tenido un cierto futuro con Pete, y harta de no poder dejar de pensar en el condenado incidente impronunciable con Nick.

Está tan harta de todo, que definitivamente no tiene ganas de hablar, y mucho menos con su compañero de piso, que parece mirarla un tanto... raro.

Ojalá pudiera saber en qué demonios está pensando.

Ojalá pudiera darle igual el querer saber en qué demonios está pensando.

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Pete no le gustaba.

No le gustaba nada.

Es tomar conocimiento de ello, y sentirse como el ser más insignificante del mundo.

No, espera: Como el más insignificante de todos los seres más insignificantes que pudieran existir sobre la Tierra.

Y no entiende exactamente el porqué de sentirse así.

O quizás sí. Quizás en su interior sí entiende el motivo, pero Nick no quiere decírselo a sí mismo; porque ello conllevaría a tener que analizarse, a tener que explorar sus sentimientos por la persona que tiene justo en esos instantes frente a él.

Y él no es así, ¿de acuerdo? Es un hombre íntegro, un machote que no necesita ser psicoanalizado por nadie, y menos por sí mismo. Y ya está.

No quiere, y punto pelota.

- De hecho, me ha venido bien mandarlo lejos-continúa Jess, ahora aparentemente encantada con su nueva cháchara. Y oyéndola, él se pregunta por qué narices tuvo que insistirle en hablar: casi hubiera preferido que continuara callada... al menos un par de años-. Últimamente estaba dejando muy de lado mi trabajo, y se me están acumulando tareas. Tengo que corregir muchas redacciones de mis alumnos, así que...-y con un gesto indiscutible, la mujer señala hacia la puerta de su cuarto.

Genial. Y ahora lo echa.

Primero lo pisotea, y luego lo echa.

Por unos instantes, Nick se ve a sí mismo pegar un grito, chillarle que a él también le han engañado, que también se siente dolido por lo sucedido, y por oírla decir lo que le ha dicho sobre el puñetero Pete. Pero no lo hace, claro. ¿Qué sentido tendría?

Le caía bien Pete.

Vale, se estaba beneficiando a su novia, pero... le caía bien Pete. ¿Cómo no podía caerle bien, si era clavado a sí mismo?

Y a Jess no le importa dejar de salir con él. Porque Pete, su doble sin nariz señorial, ha sido un mero experimento para ella.

- Ok- se escucha hablar como si no fueran sus labios los que se mueven, sino una radio perdida en alguna otra habitación... y un tanto rota por dentro-. Yo voy a seguir con mi novela.

- No tienes ninguna novela aún. Ni siquiera la has empezado-y ella suelta esas palabras con evidente hastío.

- ¡Estoy en ello!-bufa fastidiado...Y no tiene muy claro de porqué ese fastidio-. ¡Hay que pensar con mucho detenimiento sobre la trama antes de empezarla! ¡Es el paso más grande para todo escritor que se precie!

La mano de Jess vuelve a dirigirse imperativa hacia su puerta (dando evidentemente por finalizada la charla),y Miller sale de la habitación... Para, justo antes de cerrar la puerta a su paso, detenerse unos segundos, y preguntar un tanto titubeante:

- ¿Jess?

- ¿Qué?-responde ella, aún enfadada.

- ¿Estamos bien? Tú y yo, me refiero.

Y no sabe si será por la súplica implícita que se le ha escapado sin querer en esas palabras, por la mirada que seguro deben estar mostrando sus ojos (maldita sea, no lo hace a propósito, ¿vale?), o por haberse dado cuenta la morena de que no habla con quien le ha engañado, que algo en su rostro parece suavizarse un poco. Un tanto susurrante, le responde:

- Claro, Nick. Estamos bien.

Él asiente con torpeza, y cierra poco a poco la puerta de la habitación, dejando a la dueña de ésta a solas con sus dichosas redacciones.

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Dos horas más tardes, Schmidt asoma por su cuarto, cargado de bolsas y mochilas, y sacándolo de un duermevela aparvado... para decirle que se marchan.

...

Vale, vale, de acuerdo: estaba dormido del todo. Con el portátil encendido sobre sus rodillas, sentado en la cama y apoyado en el cabezal de ésta. Las cosas hay que reconocerlas, y ya está. Estaba pensando inútilmente en Beth, en Jess y en la dichosa novela, y... Algo pasó entre medias, y el haber sido despertado por su amigo.

Pero también tiene que decir a su favor que últimamente no duerme lo que se dice muy bien. Concretamente, desde la noche esa en que se dio cuenta de las similitudes entre Jess y Beth. Ni idea de porqué exactamente, desde entonces, consigue sólo tres o cuatro horas de sueño por noche, pero es verdad.

Nah, será por el trabajo, últimamente trabaja mucho. Sí, seguro que es por eso.

- ¿Qué os marcháis? ¿De qué hablas?-pregunta, atontado.

Su compañero de cuarto lo mira evidentemente molesto, y se quita las gafas de sol de vacaciones (sí, Schmidt tiene clasificadas sus gafas de sol... y Nick las conoce todas. Pero mejor no pararse a pensar en ello. Ni hablar):

- ¿Ya se te ha olvidado? En serio, Nick, voy a tener que llevarte a un médico, ¡no puedes seguir con esos despistes! El otro día se te olvida comprarme mi suavizante de uso diario, te pones dos calcetines de distinto par, y metes una pizza ya hecha en el horno. ¡En cuanto llegue te llevo a ver a alguien!

- Schmidt...-suspira fatigado.

- Vale, vale: que nos vamos Cece, Winston, Daisy y yo a la cabaña que tiene Daisy en las afueras. Cinco días. ¿En serio se te había olvidado? ¡Llevamos días hablando de ello sin parar!

- Oh, mierda, la cabaña, es cierto-se golpea suavemente el mentón, recordándolo...para detener un momento el gesto, y volverse a Schmidt-. Espera, ¿y Jess qué? ¿No iba con vosotros?

- No, qué va. Creo que ha pasado algo con Pete, porque cuando le he preguntado si teníamos que ir a buscarlo a casa de Beth casi me tira un fajo de papeles que estaba revisando. ¿Tienes alguna idea de lo que ha pasado?

- Lo han dejado. Bueno, más bien lo hemos dejado con ellos. Pero pensé que aún así se iría con vosotros.

- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Se puede saber qué habéis hecho? ¡Si eran fantásticos!-su compañero lo mira acusador, y Miller siente repentinamente ganas de echarse a reír, por lo irónico de la situación.

- Nosotros nada, más bien fueron ellos.

- ¿A qué te ref...

- ¡Schmidddddtttt! ¡Que nos tenemos que ir!- el grito de Winston parece reverberar todo el piso, y el aludido pega un brinco.

- Vale, nos vamos, hablamos después. ¿Estaréis bien?

Nick lo mira con detenimiento: el pelo engominado, camiseta llena de flores chillones, sombrero negro, gafas a juego, y pantalones caqui cortos. El mundo no debería dejar que las personas salieran con pintas como esas, le bufa su mente sarcástica... Mientras otra parte de él, una que no le gusta detenerse a mirar mucho, hace que la imagen le resulte extrañamente tierna.

- Claro, tío. No te preocupes por nosotros. Pasarlo bien, ¿ok? Y taparos mucho, que ya sabes que dicen que va a hacer frío estos días. Ya me iréis contando qué tal todo.

- Por supuesto. Tranquilo, te llamaré por si Jess sale o algo y se te olvida poner lavadoras.

- Se cuidarme solito, Schmidt-se molesta inútilmente. Y su compañero sonríe de pasada:

- Lo sé, lo sé- y con esas palabras, deja perfectamente implícito la mentira oculta en ellas.

Pero da igual, Nick no tiene ganas de discutir con él, no ahora que se marchan todos. Sin mediar más palabras, su amigo sale del cuarto, cerrando la puerta tras de sí, y dejándolo sumido en sus pensamientos.

Hum... ¿cuántos programas tenía la lavadora? Bueno, malo será...

Es cierto que llevaban un tiempo hablando de la dichosa cabaña de Daisy. Todos se habían cogido vacaciones en sus trabajos, y habían estado planificando visitas a hacer por la zona y demás. Bueno, vale, esto último había sido casi íntegramente organizado por Schmidt, pero es lo habitual, y a nadie le importa: las planificaciones de Schmidt suelen ser increíblemente buenas. Iban a ir todos (Jess y Pete incluidos), menos él y Beth. Oficialmente, porque Nick tenía que trabajar; extraoficialmente (de lo cual todos tenían absoluto conocimiento) porque ese mes estaba realmente mal económicamente, y no podía permitirse una escapada como aquella.

Y ante el comentario pretendidamente casual (es decir, totalmente obvio) de Schmidt acerca de que podía invitarlo, Miller se había sentido demasiado incómodo, y le había puesto el grito en el cielo. Ya estaba bien de ser invitado cada dos por tres por él, qué demonios. Se quedaría en el piso, saldría con Beth, y todo sería estupendo.

Lástima que hubiera pillado a la nombrada dándose el lote con el novio de su compañera de piso, y se hubiera quedado con un palmo en las narices.

Y a todo ésto, debería plantearse muy seriamente porqué cada vez que piensa en Pete acaba saliendo a relucir todas las expresiones posibles que incluyen el término "nariz"...

Bah, da igual. Sea lo que sea, piensa, le vendrá bien unos días tranquilo. Podrá descansar de una vez, comer lo que quiera (y poner las lavadoras que él quiera) y olvidarse del mundo. Del mundo, de las traiciones en forma de besos robados, y de Jess, que...

Oh, mierda, Jess. Jess se queda en el piso.

Con él.

Los dos solos.

Oh, mierda, mierda, mierda...

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El mundo es un asco, y las personas son un asco.

Jess acaba de decidir que ése y no otro va a ser su mantra a partir de ese mismo instante. Porque hay gente buena, sí (la pareja de amigas suyas lesbianas, con las que lleva unas tres horas dando vueltas entran en ese lote), pero en su inmensa mayoría son un asco. Te besan y te ignoran después, besan a quien no deben,...

Poco después de marcharse todos (menos Nick) del apartamento, Jess ya había decidido que las paredes se le estaban echando encima; de modo que, un tanto agobiada, había terminado llamando a sus amistades y salido del piso. Apenas le había dirigido dos palabras seguidas a Nick, un sencillo "voy a salir, llegaré tarde", y una mirada posterior que intentaba suavizar la rudeza de su frase. Realmente su compañero de piso no tenía la culpa de que su novio estuviera besando a otra, ¿no?

A ver, tenía la culpa de montones de cosas que molestaban a Jess, pero ése no era el caso.

O más o menos.

Total, que Nick se había quedado solo en el apartamento (parecía estar quedándose sopa sobre la cama, podía ver sus cabezadas a través de la puerta entreabierta de su cuarto), y Jess se había marchado, para, tres horas después, preguntarse por qué exactamente se había marchado.

No tenía ganas de salir, por mucho que sus amigas intentaran animarla. Y echaba de menos a Cece. Y a la Jess de unos días atrás. Cuando vivía en la más absoluta y feliz ignorancia sobre lo estupendamente familiar que le parecía Pete.

Y tenía sueño, maldita sea. Últimamente estaba durmiendo de pena, a saber por qué.

Conclusión: Se había disculpado ante sus amigas, había cogido el coche, y, molesta con el mundo (y una pequeñiiiiisima parte consigo misma, pero shhh, mejor no pensar en ella) y con casi todos los habitantes del mismo, había tirado para el piso.

Y no es hasta que entra en el apartamento, y ve a Nick levantarse precipitadamente del sofá y ponerse tapándole el televisor y con los ojos esquivos, cuando se da cuenta de que, en cierto modo, su molestia con el mundo tiene un extraño filtro que pasa por Nick Miller. Porque, nada más verlo, vuelve a resurgir un enfado absurdo hacia todo lo que representa su compañero de apartamento.

A saber porqué.

- ¿Qué haces tan pronto aquí, Jess?-pregunta él con evidente nerviosismo, mientras ella suelta el abrigo y se sienta pesadamente en el sofá, frente a él y la ahora tapada televisión.

- Estaba cansada. ¿Por qué estás ahí? ¿Qué estabas viendo?- ladea la cabeza hacia la derecha, y al instante, él se desplaza justo hacia ese lado. Impidiéndole ver lo que fuera que estaba viendo hasta ese preciso instante.

- ¿Yo? Nada.

Jess frunce el ceño, e inclina el rostro esta vez a la izquierda... y él se mueve también a la izquierda. Con cara pretendidamente tranquila, que en Nick no es ni pretendida, ni tranquila. De hecho, juraría que casi puede ver cómo empieza a traspirar debajo de su camiseta. El "sudor Miller de la mentira".

Jesús, alguien debería enseñarle a este hombre a mentir en condiciones, se plantea.

En total silencio, ella vuelve a colocarse en posición neutra, fingiendo que se ha cansado del jueguecito, él la sigue... y con rapidez gira de nuevo la cabeza hacia la derecha, a ver si... Agg, cachis, creía que lo había despistado, pero Nick se mueve también velozmente hacia el mismo lado, impidiéndole del todo la visión de la pantalla del televisor.

Debe ser que la conoce demasiado. Y eso la molesta aún más.

- Oh, venga ya, ¿qué diantre estás... Espera- se detiene en seco, y lo mira con un deje que teme acusador-. No estarás viendo porno, ¿no?

- ¿Qué? ¡No!- la cara de alucinado-escandalizado de su compañero es demasiado sincera, lo cual intensifica al instante las ganas de querer saber qué estaba viendo antes de que ella llegara.

- ¿Y entonces?

- No estaba viendo nada, yo...

- Nick...-bufa, con el tonillo de "no me toques los ovarios, que hoy están demasiado sensibles".

O al menos, ésa fue la expresión que usó Winston de ella en cierta ocasión en que habló exactamente así.

Los dos se mantienen la mirada con tozudez, aun sabiendo como sabe Jess que la tozudez de Nick no es ni remotamente tozuda.

Y efectivamente, su compañero de piso suspira vencido a los pocos segundos, para echarse por fin a un lado del televisor, y murmurar, con la mirada huidiza en una esquina de la habitación:

- Una peli de miedo, ¿vale? ¡Una estúpida película de miedo!

- Oh-al instante, su curiosidad se torna en estupidez. Sí, se siente estúpida. Y vergonzosamente infantil.

Mientras sus mejillas se colorean (puede notar el calor subir por su cara a una velocidad vertiginosa. Dichosa piel blanca...), Miller parece recobrar algo de seguridad en sí mismo, pues se cruza de brazos e intenta mantener una pose de supuesta fiereza.

- ¿Y por qué no me lo has dicho?-su voz se ha convertido en un susurro tonto.

Porque es evidente el motivo, claro.

Más que evidente. Pero, eh, los ovarios de Jess están sensibles, el mundo es un asco, y hasta que no escucha a Nick soltar lo que ella ya sabe, no comprende lo soviética (esta palabra la llegó a usar Schmidt en otro momento de cabreo femenino... lo cual le resultó secretamente divertido a Jess, dado que en ese momento sí que se encontraba menstruando, y no en la anterior aseveración de Winston) que definitivamente se encuentra con el mundo:

- ¿Tengo que recordarte qué pasó la última vez que vimos una película de miedo todos juntos, Jess?

- No fue para tanto...

- Oh, no, claro que no. Únicamente nos tuviste al final a los tres velando tu sueño, porque te dio por pensar que un asesino en serio que sólo existía en la peli iba a venir por tí- Nick abre los brazos en una mueca molesta.

- ¡No moría en la peli! ¡Y no os pedí que os quedarais juntos! Con que os fuerais turnando bastaba!-infantil. La palabra se le atraganta en el cerebro con incómoda nitidez.

- ¡Pero si conseguiste que hasta Schmidt y Winston se asustaran! Schmidt no quería irse a dormir solo, y también se negó en redondo a que Winston se fuera a su propio cuarto. "Los protagonistas de color son siempre los primeros en palmarla en las películas", eso fue lo que le soltó. Y claro, ¡así a ver quién acostaba a Winston en su habitación! ¡No he podido volver a ver ninguna película decente de miedo por tí, Jessica!

La imagen que él recrea con sus palabras (o una imagen real, mejor dicho: el recuerdo de los cuatro apelotonados en su habitación) incendia las venas de la mujer, ya de por sí suficientemente incendiadas desde hace horas. Y encima, la llama por su nombre completo. Y odia, odia más que nada en el mundo, que Nick Miller la llame así:

- Sí, bueno, pero... pero... ¡Pero eso pasó hace tiempo ya, Nick! ¿Y sabes qué? ¡Estoy harta de que me trates como una cría pequeña!

- ¡Si te comportaste como una cría pequeña! ¿Cómo quieres que te diga ahora que estoy viendo una de esas películas?-bufa él.

- ¡Pues ya no lo soy! ¡No soy ninguna niña!- una repentina tozudez se abre a pasos agigantados por su pecho, y proclama-. ¿Y sabes qué? ¡Voy a demostrártelo!- se levanta con resolución, y, a pasos acelerados, marcha a su cuarto chillando, teme, cual energúmena-. ¡No le des al play hasta que yo vuelva!

- Jess...-algo en el tonillo de su compañero le dice a ella que comienza a arrepentirse de haber dirigido la conversación a donde la ha dirigido.

Pero le da igual. Le da igual todo. Porque ella es Jessica Day, y a Jessica Day no le deprimen los novios que se entretienen besando a otras, los compañeros de apartamento que la besan (shhhh, esa palabra no: incidente, incidenteeeee) y luego hacen como si no hubiera pasado nada, y, sobretodo, NO LE ASUSTAN LAS PELÍCULAS DE MIEDO.

Jessica Day es una intrépida, una mujer nacida de las llamas de la valentía, y una mujer con una bravura y arrojo que se salen de toda escala, sí, Señor.

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Maldita sea, ha metido la pata hasta el fondo.

Y lo peor de todo es que ni se ha dado cuenta, hasta que ha visto a Jess salir con pasitos apresurados (que en ella, dada su estatura y constitución, resultan enternecedores) hacia su cuarto, berreando sobre que no reanude la película.

Total, que justo después de asegurarle que se quedaría quieto, y hacer un ademán de darle al botoncito del play en el mando (para, de una manera incluso espeluznante, ser detenido a mitad de camino por un "y como te estés acercando siquiera al mando ahora mismo, Miller, te juro que cojo unas tijeras y te corto a tu pareja favorita" desde el cuarto entreabierto de ella), el único hombre machote que se encuentra en esos instantes en el apartamento se termina viendo paralizado frente a la imagen congelada en el televisor de un niño con cara de espanto en primera plana... Y pensando, en esos instantes, que los dos deben tener la misma mueca frente al mundo.

Cinco minutos más tarde, reaparece Jess con su pijama puesto, y se sienta enérgicamente a su lado en el sofá. Cual velocista a punto de salir pitando de la marca de salida:

- ¿De qué va?

- De un niño...

- Que debe ser ése-ahora la carrera de velocidad de su compañera parece ser de obstáculos, mientras señala al evidente protagonista torturado del film.

- ...Sí, claro, de ese niño-tartamudea él, y señala la pantalla- que ve un monstruo todas las noches salir de su armario, y...

- ¿Al que nadie cree?

- Exacto.

Se hace un momento de silencio (supone que para que la mujer se haga a la idea) que es después cortado por ella, en un:

- Ok. Ya puedes darle al play.

El dedo de Miller se detiene unas décimas de segundo sobre el mando, y finalmente se promete a sí mismo no flaquear, y no ceder ante Jessica Day. De modo que toma aire con fuerza, y oprime el dichoso botoncito, reanudándose la película.

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Hora y cuarto más tarde, la pantalla se ennegrece del todo, tras unos créditos finales en el más total y absoluto silencio. Satisfecho, Nick apaga con el mando el televisor, y suspira.

- Guau. ¡Realmente no me esperaba ese final! ¿Qué, te ha gust...

La menuda figura sentada a su lado (y a la que se ha negado a mirar en ningún momento) parece extrañamente más pequeña de lo habitual, hecha un auténtico ovillo... ¿y eso con lo que se tapa hasta casi los ojos no era la mantita preferida de Schmidt? Hum...

- ¿Jess?-casi instintivamente, se acerca un poco más a ella, la preocupación saliendo a flote con vergonzosa rapidez-. ¿Estás bien?

- Cl...claro, Nick. Perfectamente- susurra ella como respuesta, la vista clavada en la pantalla ya apagada del televisor.

Nick entrecierra los ojos, pensativo. ¿La piel de su compañera siempre ha sido así de blanca?

- Eh...- quiere decir algo, lo que sea. Pero la incertidumbre le detiene, y ella gira sólo unas décimas de segundo sus azulados ojos, clavándolos en los suyos con fuerza.

Una de las cosas que más ha conseguido impresionar a Nick en toda su vida son, precisamente, esos ojos. Nunca ha sabido porqué, pero es cierto. Y, claro está, nunca se lo dirá a su compañera de cuarto, pero... pero esos ojos le atrapan, le hacen querer hundirse en esa masa azulada intensa.

- Te he dicho que estoy bien-parece coger algo más de fuerza esta vez, y él asiente lentamente.

Que le aspen si piensa preocuparse más por ella. No fue él precisamente quien la ató al sofá para que viera la película, y...

Atar a Jess. Oh, Dios bendito.

Ese calorcito repentino no es ni medio normal. Y ni siquiera se considera católico, ¿por qué acaba de meter a Dios en la frase?

Para, colega, o acabaremos muy mal.

- De acuerdo- se levanta del sofá, y comienza a caminar hacia su cuarto-. Pues me voy a acostar ya, que mañana me toca pringar pronto. Ya sabes: vienen algunos proveedores al bar, y tengo que abrir a primera hora- su compañera permanece en absoluto silencio, y tampoco se mueve, con la vista al frente-. Jess...

- Sí, claro- y algo en esas dos palabras le dice que no le ha oído absolutamente nada-. Yo me quedaré un poco aquí, viendo la tele.

- Está apagada-le anuncia, sintiéndose un tanto estúpido por anunciar tal obviedad.

- Sí, claro- parece pensar un par de segundos en lo que él le ha dicho, porque continúa-. La enciendo ahora. Tú vete a dormir.

A unos pasos ya del sofá, Nick la contempla de espaldas a él unos instantes más... y encogiéndose de hombros, marcha a su habitación.

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Tres horas más tarde, y en el silencio más absoluto de la noche, una voz de ultratumba comienza a murmurar su nombre. Un susurro contínuo, un "Nick, Nick, Nick" que le va sacando paulatinamente de su sueño reparador.

Ahora no, quiere decir. Ahora no, que hace nada se durmió, que necesita dormir, que no está durmiendo bien, se merece dormir, por favor, ahora no...

Pero nada, la voz de los infiernos (es imposible que sea de cualquier otro lugar, no puede ser de ningún sitio bueno) parece realmente empeñada en despertarlo, porque sigue con su maldita cantinela: "Nick, Nick, Niiiiiiiiickkkk...".

Y algo parecido a la comprensión amenaza con desentumecerlo del todo cuando reconoce, en medio de su ahora duermevela, un timbre femeninamente conocido...

- Nick...

- Mmmm-su boca no consigue pronunciar nada más coherente, aplastada como está contra la almohada.

- ¿Estás despierto?- la voz (Jess, aggg, es Jess, comprende al fin), a pesar de ser dicha en un susurro, le taladra los tímpanos, y quiere chillarle, aún medio dormido, que claro que está despierto, ahora sí que lo está. Pero su boca parece pesar unos veinte kilos, porque todo cuanto consigue es un:

- Pfffí.

- Nick, no te asustes, pero... creo que hay algo en mi armario.

- Jffffeees...

- No, en serio, Nick. Llevo todo el rato escuchándolo, y...

- Ffffelícula...

- Que no, que no tiene nada que ver la película, de verdad, que estoy segura de que...

- FFFFFrrrabajjjjjo mañaaanaaaa, Jfffffees...

- Ya, ya sé que trabajas mañana, y no te despertaría si no fuera algo importante, Nick, de verdad, yo...

- Fuérr...fuérrrmete, Jfffeeess...

- ¡Que no puedo!-y su voz suena total y absolutamente angustiada, para después soltar una de las frases que más ha aprendido a odiar Nick Miller en toda su vida-. Te necesito, Nick.

No, no, no y yo. No piensa levantarse. Ni hablar. Por ahí no pasa. El sopor comienza a vencerle de nuevo, y le sigue costando pronunciar las palabras, como si alguien le hubiera metido un puño extremadamente grande en la boca:

- Mmmmi pueffffftaaaa. Pesssstilloo.

- Ya sé que tu puerta tiene pestillo, ¿a qué viene eso ahora? -su compañera, en medio de la oscuridad reinante, parece adquirir un tono fastidiado en medio de su miedo-. Te estoy diciendo que hay algo en mi armario, ¿y todo lo que se te ocurre es...

- FFFierra. Dueeeerrrme aqqqqqqq...

- ¿Sierra? ¿Tienes alguna sierra por aquí? ¡Buena idea! Pero eh, espera, ¿por qué tienes una sierra aquí metida?- a veces su compañera de piso merece que, como mínimo, le tiren un cubo lleno de agua bien fría a la cabeza, brama su cabeza:

- Fffffffffffffffffffierraaaa, Jfeeeee...fffffffcccccierraaaaa.

- Ah. Vale. Cierro, y... ¿qué hago yo?-y ahora el tonito se ha vuelto de pronto más agudo de lo habitual en ella.

Pero Nick ya se ha cansado del diálogo, su cuerpo le exige lo que lleva días negándole, y consigue, justo antes de volver a caer totalmente dormido, dejar de estar en el medio de la cama, para echarse a un lado y dejar el otro al alcance de ella.

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El gesto que acaba de hacer su compañero de apartamento consigue sorprender tanto a Jess que, por unas décimas de segundo, el pánico visceral que lleva sintiendo desde hace más de tres horas se diluye en medio de su asombro.

Y eso es decir mucho, porque el espantoso pánico que Jess lleva sintiendo en su cuerpo desde hace más de tres horas es... decir espantoso es quedarse corto, sin duda.

Evidentemente, no tiene nada que ver con la película en cuestión. Eso ha sido una sorprendente coincidencia, lleva repitiéndose todo ese tiempo. Ella no tiene la culpa de que su armario, al igual que el del niño protagonista, esté habitado por "algo", y...

Desde el otro lado de la puerta, le parece oír un crujido, y antes de que se dé cuenta de lo que hace, se ve cerrando aceleradamente la puerta de Nick frente a ella, y echando el cerrojo... Para quedarse justo después petrificada.

Está encerrada con Nick Miller.

A solas. En su cuarto.

Bueno, recapacita: Ha sido idea de él, no suya. A ella, evidentemente, no se le habría ocurrido algo así jamás. Para nada.

Pero ahora está allí. Encerrada con él. Escuchando la suave respiración cerca suya.

En su cama. En la cama en la que le ha dejado un hueco.

Un hueco para ella.

Sus pensamientos le suenan más incoherentes de lo que suelen sonar, y eso la molesta sobremanera.

Oh, vaya: Nick no ronca. Le gusta que no ronque, la verdad odia los hombres que roncan, nunca le dejan dormir en condiciones, y...

Pero vamos, que a ella le trae al fresco que Nick ronque o no, éso es una cuestión absolutamente secundaria, nada que...

El crujido vuelve a sonar fuera de la habitación, y casi al instante Jess se ve acercarse a la cama de su compañero. En una oscuridad que no le impide apreciar la forma abultada de él en una cama seguro calentita, confortable...

No estás pensando de verdad en dormir con Nick, no después del... incidente, y no después de lo de Pete, alias " Nick versión dos".

Ni hablar. No, Señor, ella tiene una reputación, una clase que...

Y el crujido suena de nuevo, lejano pero presente; casi como si, en medio de su afán por aterrarla, le preguntara un simple "¿te decides o no?"

La respuesta es instantánea: Jess suelta el bate bajo la cama de él (vale, sí, tenía el bate del piso agarrado con fuerza, pero eso no tiene porqué decírselo a su compañero de apartamento), y se desliza un tanto agarrotada entre las sábanas, al lado de su atocinado amigo.

Eso es: amigo. Piensa en eso. Es tu amigo, y ya habéis dormido en otras ocasiones juntos, no es nada del otro mundo.

Lástima que en esas ocasiones siempre hubiera más gente, y ningún incidente apasionado entre ellos dos.

Oh, sí: Las sábanas están calentitas, la manta es amorosa, y el cuerpo de él se le antoja de pronto como una agradable estufa en medio de la noche fría. Si hubiera podido, se habría traído el calefactor de su cuarto (está empezando a hacer frío de verdad, y su radiador es el único que hay en el apartamento ahora), pero claro, estaba en su armario, y...

¿Le gustará a esa cosa del armario comerse los calefactores en sustitución de humanos? Porque si es así, Jess se lo regalaría encantada de la vida.

La respiración de Nick en sueños es agradable. Tranquilizadora, de hecho. Le hace desear acurrucarse contra él y escucharla hasta caer rendida de sueño.

...

Bueno, él está totalmente dormido, así que tampoco hace mal a nadie, ¿no? De modo que la mujer, colocada de lado, se encoge en postura fetal frente a él, y cierra los ojos, concentrándose sólo y exclusivamente en su suave sonido, en su olor corporal que tan bien ha aprendido a conocer (y que, shhh, le gusta, pero no piensa decírselo a nadie, y menos a él), y en el conocimiento absoluto de que, pase lo que pase, Nick Miller está allí con ella, y no la dejará caer a manos de ningún monstruo, demente, o...

Los pensamientos se diluyen en medio de una agradable cacofonía interna, y Jessica Day queda instantáneamente dormida.

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Cuando horas más tarde Nick se despierta, lo primero que ve es el techo de su habitación... y lo primero en lo que piensa es en Jess.

Al momento, su cejo se frunce: ¿pensar en Jess? A saber por qué. Pero sorprendentemente la siente cerca de él, casi podría jurar que puede aspirar su suave aroma a frutas cítricas (adora realmente el olor del champú de ella, se bañaría en él todos los días), oír su suave respiración, y...

Escucharla. Como la está escuchando ahora mismo.

Atónito, Nick ladea el rostro... y se encuentra con que, acurrucada hasta casi tocándole, está su compañera de apartamento. Dormida. Con una mano bajo su cara, las rodillas flexionadas y una angelical mueca de satisfacción. Un lejano recuerdo de cierta conversación nocturna pugna por salir de su cerebro (como excusa al motivo de que ella esté allí), pero la corta sin darse apenas cuenta.

Cielo Santo, Jess está en mi cama.

El golpe mental que ello le supone le comprime cualquier otra idea abotargada que pudiera haber tenido esa misma mañana, y sin apenas darse cuenta de lo que hace, acerca su rostro al de ella.

Está preciosa durmiendo. Ya, es cierto: Ha dormido con la mujer en otras ocasiones, pero no recuerda haberse podido fijar con tanto detenimiento. Quizás fuera porque siempre han coincidido con más gente en la misma habitación, y no era plan de quedarse atontado mirando a alguien, pero... Está preciosa, se repite, presa de una absurda repetición.

Realmente preciosa.

Aproxima su nariz al pelo extendido de ella sobre la almohada (sobre su almohada, se rectifica), y aspira con la máxima delicadeza posible. Y qué bien huele.

Qué bien huele toda ella, maldita sea.

Su mano, como si fuese la de otra persona cualquiera, se desliza hacia su femenino rostro; y antes de que pueda siquiera detenerla, deposita una casi fantasmal caricia, que enciende todas las terminaciones nerviosas de su propio cuerpo, y descarga una vitalidad casi imposible en su aún adormecida piel.

Tiene que salir ahora mismo de esa cama, o nunca querrá irse. No sabe porqué siente eso, pero está seguro de su veracidad.

Y no piensa detenerse a analizarse, no cuando en unos minutos sonará el despertador (ha mirado fugazmente la hora mientras se acercaba más a ella) y podría abrir los ojos y encontrarse con él mirándola como si fuera el tesoro más increíble que se hubiera encontrado en toda su vida.

De modo que se levanta en total silencio, apaga el despertador para que no suene, y, caminando con extrema lentitud, coge la ropa que tenía preparada en una silla y sale de la habitación. Dispuesto a salir a trabajar.

Sin darse cuenta, en ningún momento, de la amplia sonrisa que cubre su cara.

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(Continuará)