Cargo cult II: La ola irresoluta y la isla desnuda

Se sentía como si en la oficina sólo estuviese su cuerpo presente y su mente hubiera decidido tomar un paseo. Hace unos momentos siendo apenas las cinco de la tarde, el cerebro le había dejado de carburar y cada movimiento que efectuaba era porque su cuerpo ponía a emplear la memoria muscular, nada era planeado, todo era automático como las máquinas ensambladoras de una fábrica de coches.

Y es que toda la energía funcional de su cerebro estaba fija en Maura, con ese recuerdo ardiente dentro de su cabeza no podía pensar mas que en el roce de sus dedos sobre su rostro, sobre su boca, las yemas de éstos trazando patrones desde sus clavículas vagabundeando perezosamente hasta sus pechos, bajando poco a poco para detenerse en su bajo abdomen y como esos dedos regresaban a su rostro tomando el mismo camino ya antes recorrido negándole a propósito el contacto que más deseaba; al ritmo del fingerpicking de las notas graves de bajo eléctrico que avivaron el fuego en su cara y le humedecieron entre los muslos.

"Inicio", "Apagar", "Forza apagado". No tenía la paciencia para apagar el sistema de su computadora de manera correcta. Tomó la pila de reportes del caso Delacroix y los colocó en un cajón de su escritorio para poderlos entregar mañana a primera hora.

- Muchachos, nos vemos luego- levantó su mano abierta en señal de despedida, el Sargento Detective Korsak y el Detective Frost solamente contestaron asintiendo con la cabeza producto de su concentración en sus propias tareas. Rizzoli tomó su saco arrugado y se lo echó encima de los hombros.

El camino de ida a casa también fue en piloto automático. Trataba de recordar en qué exacto momento había cruzado la línea de lo platónico a lo que fuera que tenía ahora con Maura. Pero todo pensamiento racional era desplazado por la ensoñación producida por aquel par de piernas torneadas y fuertes abrazándole por la cintura. Tomó con fuerza el volante de su automóvil con la mano izquierda y con su torpe mano derecha deshizo los primeros botones de su camisa; después ambas manos volvieron a apretar el volante mientras tomaba una curva con un giro algo accidentado. Veinte minutos después arribaba a su departamento con poco tiempo para ducharse, vestirse y arreglarse decentemente (o al menos intentarlo). Luego... luego Maura Isles y ella se verían de nuevo.

Salida de la ducha y luego de vestirse suspiró, un suspiro que más bien parecía un quejido y se miró al espejo. Se encontraba tan nerviosa, pero tan expectante. Terminó de acomodarse el cabello, maquillarse al natural y alisar la ropa con sus manos su armario tomó una cazadora de cuero color chocolate que Maura le había regalado su cumpleaños pasado pero que no había tenido la oportunidad de estrenar. "Yo se que te encantará, además el color va con tus ojos". Sonrió, porque haciendo un recuento anecdótico parecía como si Maura y ella hubiesen estado saliendo desde hace años solo que alguna de las dos -definitivamente más culpable ella que Maura- había estado buscándole tres pies al gato.

Sí, estaba completamente, perdidamente, locamente enamorada de Maura. Y era real. Lo sabía porque no solo sentía la necesidad de adorar el suelo que pisaba cualquier par de los muchos Loubotin o Jimmy Choo de la colección que Maura poseía ; sino que también le deseaba con todo el ardor que sentía dentro de sí.

En este momento tenía un torbellino sentimental en el pecho. Por un lado quería rodear a Maura con sus brazos, caminar con ella tomada de la mano por un parque, mirarle a los ojos y expresarle su ternura con toneladas de besos por todo su rostro después de haber escuchado todos los hechos y estadísticas sobre la tela de cachemira o cualquier otro dato curioso sobre países remotos; pero por otro quería tenerla tendida en su cama, y tenderse encima de ella, pasear las palmas de sus manos justicieras estigmatizadas y curtidas por encima de la voluptuosidad de sus pechos y nalgas, partir sus muslos para devorarla y aguantar un gemido de dolor al sentir esas uñas pintadas del color del vino tintillo clavarse en sus sienes.

Tomó las llaves de su auto, su bolso y acarició el lomo a Jo Friday antes de salir, sin embargo ya había cerrado la puerta de su departamento tras de sí cuando decidió volver para buscar en los compartimentos de la alacena. Entre bolsas de plástico, platos y cubiertos encontró una botella de vino lo bastante buena como para una cita importante o una celebración. Sonrió y siguió su camino.

No se dio cuenta de cuándo había llegado al vecindario donde residía la Dra. Isles. El privilegiado barrio le daba la bienvenida con sus luces automáticas para exterior.

-Uh, La que los parió,¡estos ricachones y sus paranoias! ¡Si aquí no hay crimen, es un buen vecindario!- Rizzoli se fortó los ojos cegados por un momento debido a las luces de los vecinos- ¿De cuanto es esa bombilla? ¿Quinientos watts?-

-De hecho son bombillas led, son más potentes y más verdes, hay que cuidar el medio ambiente.-

-¡Maura!-

-Jane... oí gruñidos y refunfuños, supe de inmediato que eras tú. ¡Oh! ¿vino? Qué detalle...- sonrió Maura Isles.

-Oh, ¿fue esa una broma?, cada día me sorprendes, siempre mejoras. Si...vino- sonrió de medio lado entregándole la botella a Maura.

-Aprendo rápido...por favor, pasa. Te he estado esperando, he echado en falta tu presencia- la doctora Isles terminó la frase en un suspiro que produjo escalofríos en la espalda de Rizzoli.

Maura abrió la puerta haciendo una señal con la mano para que pasase, Jane entró y se viró hacia a ella, la forense le siguió después.

-Oh, Maura, que "damallerosa"-

- Qué encantadora. Un momento, por favor- la doctora desapareció de su vista por unos momentos, luego regresó con las manos vacías. Había puesto el vino en su cocina.

Maura emitió una risita al tiempo que ladeaba su cabeza y le miraba con intensidad. Luego sus ojos no pudieron evitar apreciar la cazadora de cuero sobre la camiseta blanca sólida que traía encima.

-Por fin estrenas el regalo que te hice tu cumpleaños pasado... como dije, va con el color de tus ojos-

Isles caminó lentamente hacia Rizzoli con un movimiento confiado y sensual casi felino, la rodeó con sus brazos y parándose en las puntas de sus pies se acercó lo suficiente como para rozar sus labios con los de ella.

- Quería estar cómoda hoy, es Viernes. No estoy usando tacones altos, me gustan estas zapatillas de piso, son clásicas y cómodas ¿Sabías que el modelo se llama BB por Brigitte Bardot? Ella solía usar unas zapatillas rojas, estas son una réplica exacta. ¿Que pensarías si te dijera que ella fue considerada como la mujer más sensual de todo el mundo durante la década de los sesenta?-

Maura hablaba bajo, casi susurrando, mientras Jane le veía a los ojos y se encorvaba para salvar espacio entre las dos.

-Shh..tú eres mi Brigitte Bardot- Jane la besó y el vórtice de datos curiosos se esfumó en el aire.

Fue un beso lento, a comparación con los besos hambrientos que compartieron en el despacho de Maura. Ésta apoyó sus manos en la cazadora color chocolate sintiendo así la suavidad del cuero italiano y se felicitó así misma mentalmente por su buen gusto. Jane pasaba sus dedos por el magnífico cabello de la mujer que ahora tenía su existencia entre sus manos, por lo menos así se sentía acerca de Maura Isles. Mejor amiga, colega de trabajo, amante feroz y voluptuosa.

-¿Tienes hambre?- preguntó Maura, sus talones volvieron a tocar la alfombra.

- Bastante- Jane arqueó sus cejas-Estamos hablando de comida, ¿verdad?

- Mh...sí y no-

Maura rió una vez más y se dirigió hacia la cocina, del refrigerador sacó una cerveza para Jane y la colocó en su mano. Fue hacia la estufa y de ella

-¿Y el vino?

- cuando empecemos a cenar... yo se que no disfrutas tanto del vino como yo, por eso procuré tener lista tu cerveza favorita.

-Vaya, gracias.

-Por nada- le miró entrecerrando los ojos y sonrió- puedes respirar y relajarte.

- ¿Qué?-

- Tu lenguaje corporal, tu mandíbula tensa, eso indica intranquilidad- se dirigió hacia la estufa y regresó con la cacerola de la cena.
- Bueno...es que- balbuceó Rizzoli

- Relájate, sólo soy yo...-

"Es precisamente por lo que no me puedo relajar" pensó Jane. Maura dispuso los platos y los cubiertos en silencio, sin mirar a su colega de trabajo. Mientras servía la cena alzó su cuerpo de tal manera que una porción generosa de su escote quedó visible ante el par de ardientes ojos oscuros. Palabras concatenadas acerca de la preparación cuidadosa de la cena de esa noche cayeron en oídos ensordecidos como de quien permanece sumergido en el agua. Sintiendo la pupila que quema Maura alzó su vista y levantó sus cejas.

-... y ¿Quieres acompañarlo con salsa?-

- Umm ¿Qué? -

- Que si cenamos- contestó Maura, sabía que Jane no estaba viéndole a los ojos en ese momento

- Sí, sí por supuesto-

Mientras pinchaba un trozo de pollo especiado, Jane observaba a Maura cortar en trozos pequeños su cena empezando por la ensalada. Incluso comiendo el aura de sofisticación le rodeaba, esa noche la siempre ordenada y fashionista doctora Isles se veía más hermosa que nunca.

- Guapa...-

Rizzoli no supo si lo había pensado o si de verdad lo había dicho en voz alta. Bajo la mesa, la rubia se descalzó una zapatilla.
Jane sintió un cosquilleo tibio en sus tobillos por debajo de la pernera. El tenedor resbaló de entre sus dedos cayendo entre el arroz. Espalda erguida, con el rostro ruborizado observó la sonrisa maliciosamente juguetona en el rostro de Maura y cayó en cuenta de que nadie nunca le había intentado seducir de esa manera tan tentadora como en las películas de detectives, falsa inocencia.

- Gracias- ronrroneó Isles

La italiana se levantó de su siento como sin nada, se dirigió hacia la forense, tomándola del mentón le arrancó un beso que más bien fue un encontronazo entre sus labios y narices, pese a esto la rubia se sintió fascinada por la torpeza y aspereza de la maniobra. Decidió marcar el compás para evitar que la detective siguiera insistiendo en hacer colisionar sus rostros.

Una boca pulposa rozando otra de labios finos, humedad, tropezones y dientes chocando entre sí; lenguas antagonistas luego tregua entre las dos. Gemidos ahogados y el sonido de quien está a punto del desmayo por falta de aire.

- No puedo dejar de pensar en ti. Tengo la concentración de un adolescente de quince años... y su imaginación también. Estoy...completamente enamorada de ti. Quiero besarte todo el tiempo, quiero abrazarte, quiero pasar todo el tiempo contigo, quiero hacerte feliz.

A cada palabra, cada una pisándose entre sí, el corazón le latía aprisa al ritmo del reloj de una bomba a punto de estallar.

- y además de eso me deseas-

- Como no tienes idea, tú me haces sentir mariposas en el estómago pero una cuarta más abajo es... es un desastre. Ah, Maura. -

- Jane... dime más, cuéntame...

- Ah, Maura no...

-Sí

Descalza, la forense caminó hacia la detective Rizzoli y tomó sus manos, las cuales colocó sobre sus propias caderas mientras ella pasó sus brazos por debajo de los de la otra mujer. Jane reaccionó estrechándola fuertemente.

-Estoy aquí, no soy ya una fantasía...

-Lo sé

Sus voces eran bajas y oscuras como el rumor del viento en la frescura de la noche. El nerviosismo había abandonado a Jane desde unos minutos atrás cuando Maura le acariciaba la pierna por debajo de la mesa, evocó el arrebato pasional que había tenido lugar en la tarde y supuso que ahora era su turno de hacerle a Maura gemir su nombre con su voz falta de aliento.

- Te besaría hasta el cansancio, pero no es lo único que quiero hacer. Quiero volver a sentir tu piel tocando la mía.

La forense con respiración entrecortada observaba la mirada oscura y desinhibida del rostro que tanto adoraba. Entrecerró los ojos mientras unas manos se abrían paso debajo de su falda y le acariciaban los muslos y las nalgas. Instintivamente se abrazó aún más a Rizzoli. Ambas sentían la calidez de la otra a través de las prendas que les cubrían el cuerpo. Isles le tomó de la mano y la guió hacia su habitación iluminada por tenues luces rosáceas. La pieza en orden lucía acogedora y ordenada, era la primera vez que Jane visitaba esa recámara, pero seguramente no sería la última.

Se tomaron el tiempo para desvestirse mutuamente. Haciendo caminar sus dedos por cada centímetro de piel. Primero, Jane dejó que Maura le despojara de sus prendas pausadamente, luego esta se encargó de velar por el orden de la ropa que no esperaba ver más hasta que el sol se asomara por la ventana. Maura volvió la espalda hacia ella e hizo su cabellera hacia un lado.

- Desvísteme- dijo con voz suplicante

La otra tomó el cierre entre sus dedos con delicadeza y lo haló hacia abajo besando cada área a medida que avanzaba. La doctora sintió escalofríos.

Despojada de su vestido, sintió una mano justo en las costillas debajo de su sostén negro de encaje mientras que la mano izquierda de Rizzoli abría los ganchillos ágilmente.

- Hoy no dejaba de pensar en ti, en lo que tuvimos en tu despacho. En cómo te gusta tenerme a tus pies besándote tus zapatitos caros -
- Oh, Jane- Emitió un quejido gutural al sentir el la tibieza de la respiración de Jane en su nuca.

Las manos delgadas, pero fuertes y ligeramente callosas de Rizzoli palpaban aquellos senos con avidez. Cada que sentía las yemas de los dedos presionando y halando sutilmente sus sonrosados pezones un quejido rodeaba por sus labios desapareciendo entre la torridez del cuarto. Dio un giro y sujetando a Jane del brazo se tendió en la cama con ella encima.

Era como en sus fantasías, con Maura debajo y ella a horcajadas observando sus ojos entrecerrados, la boca entreabierta, la piel del pecho ruborizada a punto de arder; el cabello rodeando su rostro furiosamente sonrojado. La médica apretujaba sus muslos para aliviar su desbordante tensión. Jane se abrió paso entre ellos y su mano entró en contacto con la humedad a través de aquella sedosa ropa interior bordada, la cual terminó en el suelo de un movimiento brusco.

- Exactamente así estábamos en mi fantasía. Yo encima mientras te hacía gritar mi nombre.

-¿Sí?

-Oh sí

Maura y Jane volvieron a besarse lenta y rubia daba ligeros mordiscos al labio inferior de la morena.

- Tócame Jane, lléname-

La detective no estaba segura si ese tono de voz era imperativo o más bien era una imploración. La mano derecha de la doctora Isles tomó su mano izquierda y la colocó de nuevo entre sus muslos. Los dedos hacían movimientos acompasados sobre aquel firme botón entre los pétalos de su sexo.

Con años de frustración encima Jane le tomó la palabra penetrando en ella, llenándola. Maura la aprisionó con sus piernas fuertemente por la cintura queriéndola sentir imposiblemente más cerca, más profundamente. Sus caderas iban y venían. Rizzoli sentía sus músculos del brazo tensos, punzantes. Las manos tibias y sedosas que le acariciaban el abdomen bajaron cubriendo el desastre entre sus piernas que con caricias decididas le llevaban lentamente hacia la orilla como la ola irresoluta. Siseó.

- Sostenme, sostenme

- Aquí

Gemidos, suspiros, sudor. La habitación concentrando todo el calor que dos cuerpos desnudos podían generar, era la muerte más dulce. Jane enunciando una y otra vez el nombre de Maura como rezando a una deidad carnal. Maura halando sus cabellos para volverla a besar y a susurrarle en el oído cuánto le amaba. Esa noche la detective durmió escuchando los latidos del corazón de Maura Isles mientras ésta jugueteaba con los dedos entresacando su cabello.

Notas Finales: Pues bien. No pensaba tener buenos reviews en verdad, pero si los tuve aunque si bien no es tan visitada la sección en Español. Espero que les haya gustado la segunda parte y conclusión de la historia y también espero que no piensen que me quedó sucia como tanta porquería mal escrita que anda por allí, tal como esa trilogía sobre esposas y "media centena de proyecciones incoloras" y (que no es mi intención :c ). Aunque esto sea como llaman los anglosajones PWP (plot, what plot?) realmente la trama es pura seducción.

Por cierto, tengo por ahí un blog que pueden visitar ( metiéndose a mi perfil encontrarán el enlace) ahí publico historias originales no rizzles. Estoy haciendo mi primera historia de varios capítulos y me gustaría que más gente la leyera y opinara.
Saludos.

8 de Junio de 2013. Revisado y editado por faltas de ortografía y sintaxis