Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría, y algunos personajes en ella también.


"Oscura tentaciones, Divinas relaciones"

Capítulo 2:La flor de Ruby Moon.


—¡¿Tanto trabajo por unas flores? —preguntó alterado Kerberos.

Syaoran pensaba que su guardián era un exagerado, simplemente habían caminado algunos metros para llegar a Clow Mysteries o técnicamente, solo él caminó, ya que Kerberos prefirió viajar montado en su hombro.

Se acercó al lugar donde se encontraba flotando Kero, para admirar los objetos de la discordia.

—No es posible —murmuró incrédulo. Esa especie de flores no crecía en el mundo humano, era imposible cultivarlas en esta tierra.

Syaoran cortó un capullo de la flor y se la ofreció a Kerberos. La bestia guardiana lo miró con cautela, ¿qué pretendía ese mocoso, envenenarlo? Syaoran bufó ante la desconfianza del muñeco y, terminó forcejeando con él para que se la tragara.

Kerberos tosió en un intento de expulsarla, sin embargo la planta se deslizó por su garganta.

—¡Me voy a morir! —chilló Kero agitando sus alas y sosteniéndose el estómago con las manos.

Syaoran admiró las incontables masetas sobre el estante. Le parecía un hecho aberrante comercializar esas valiosas flores como simples flores ornamentales.

Las flores tenían un exquisito color rubí, de hojas verde azulado, el mejor alimento para un guardián en desarrollo. Aunque, la principal fuente de energía se encontraba en la raíz. Syaoran habia leído sobre los diferentes beneficios que ofrecía la flor de Ruby Moon, era un revitalizante por excelencia, pero solo podían consumirla aquellos que se encontraran gravemente heridos o que estuviesen en la fase terminal de sus vidas.

—Vámonos —gruñó Syaoran saliendo de la tienda.

Kerberos voló de nueva cuenta al hombro de su amo. Le parecía sumamente cómodo viajar de esa manera. Syaoran al percatarse de la situación se sacudió el hombro izquierdo como si tuviese una pelusa encima, de no haber sido por los rápidos reflejos del guardián su cara se habría estrellado contra el asfalto.

Minutos después, ambos atravesaron sin ninguna dificultad la puerta de la habitación. Era casi media noche, y Eriol permanecía despierto frente al ordenador. Los ojos ámbar de Syaoran se abrieron como platos al divisar las imágenes que Hiraguzawa apreciaba embelesado en el monitor.

Fotos de Daidoji.

Con razón me habló tan mal de ella, pensó Syaoran. Hiraguizawa estaba resentido con Daidoji porque ella no lo veía como prospecto amoroso, así de simple.

Los ojos de Syaoran se llenaron de lágrimas, tuvo que contener una estruendosa carcajada. Eso le molestó, él no estaba en ese lugar para reír, mucho menos para hacer amigos. Su madre lo envió a ese lugar a estudiar y a cumplir con sus misiones, no para reírse de su estúpido compañero de habitación.

Dejó todas las especulaciones a un lado y se retiró a su alcoba. Kerberos se acomodó sobre una almohada, se hizo el dormido, y por el rabillo del ojo observó a Syaoran despojarse de sus prendas. El guardián recordó las Jikaidos de su amo, Syaoran no se había arrojado del quinto piso por gusto.

Cuando Li desnudo su espalda, Kerberos comprobó su teoría.

—¿Cuántos años tienes exactamente? —se aventuró a cuestionar Kero.

—Que te importa —respondió Syaoran. Sabía lo que el guardián iba a decirle.

Él quiso usar sus alas esa noche, llevaba meses intentándolo, pero no lo conseguía. Dolía como el infierno desplegarlas, sólo lo habia logrado una vez a los once años porque su padre lo forzó a hacerlo.

—Las Jikaido que permiten desplegar las alas se colocan a los veintiún años, y tú a lo mucho tienes diecisiete —reflexionó Kerberos.

Syaoran permaneció en silencio, el muñeco tenía razón.

—No deberías forzarte —recomendó la bestia al ver como las Jikaido quemaron la piel cerca de los omoplatos.

—No necesito tu lastima —replicó Syaoran sacándose las botas.

Kerberos esperó alrededor de dos horas para actuar. ¿Por qué al estúpido de Syaoran le daba por leer a esas horas de la madrugada? De no haber sido por que le debía un favor no hubiese esperado tanto, la flor que Syaoran le obligó a comer lo revitalizó por completo y cubrió todas sus deficiencias de energía.

El pequeño guardián realizó un hechizo de curación, y los daños en la piel de su amo desaparecieron.

*.*.*

Fujitaka se paseaba de un lado a otro en la pequeña sala de Kaho Mizuki, bibliotecaria y administradora de Clow Mysteries.

—¿Qué te sucede? —preguntó entre suspiros la mujer. Eran apenas las seis de la mañana.

—¿Ya tienes las píldoras? —indagó mirando inquisitivamente a la mujer.

—Por supuesto —respondió ofendida.

Fujitaka rodeó un mueble de la habitación antes de acomodarse sobre él.

—Quiero que se las lleves a Sakura, y de paso habla con Tomoyo.

—Claro, ¿le sucede algo a las niñas?

—No —resopló cansado—. ¿Has visto al alumno nuevo?

Kaho cruzó las piernas, y rió entre dientes.

—No. No lo he visto, ¿te preocupa que el chico intente acercarse a Sakura? Es eso, ¿cierto?

El director de la institución desajustó su corbata.

—Sí.

—¡Por Dios, Fujitaka! Sakurita ya es mayor, la pobre no tiene novio porque tú y Touya la sobreprotegen demasiado —La sonrisa de Kaho desapareció cuando el señor Kinomoto fijó su vista en el frasco de medicamentos.

Mizuki se puso de pie, y tomó las manos del director entre las suyas. —Aunque nos duela, Fujitaka…, ella no soportará por mucho tiempo, sabes que estos medicamentos dentro de poco no la mantendrán, la flor de Ruby Moon es lo último que podemos administrarle, luego de eso, ella…

—No lo digas —le interrumpió el hombre—. No te atrevas a decirlo.

—¡Es que no es justo que Sakura muera sin haber conocido el amor de pareja! —replicó con voz trémula Kaho.

Fujitaka rechazó violentamente el contacto que mantenía con la mujer.

—Pero no con él —dijo refiriéndose a Syaoran.

—¿Qué tiene de malo el muchacho? —preguntó sin comprender la bibliotecaria, mientras apartaba un par de lágrimas de sus mejillas.

—¡Él es uno de ellos, Kaho! —gritó Fujitaka—. Creí que el apellido Li, era una mera coincidencia. Nunca imagine que Ieran fuera capaz de enviarlo a un lugar como este, ella consiguió engañarme, él no aparece registrado como su hijo.

Kaho palideció por la declaración. —No creerás que ella lo envió para… —tragó en seco, y se llevó una mano temblorosa al pecho.

—No, tenemos un acuerdo con el círculo —recordó el hombre—. Ningún miembro de la hermandad puede hacernos daño.

—Entonces, no hay problema —declaró tranquila Mizuki.

—¡¿Es que no entiendes, mujer? —vociferó Kinomoto poniéndose de pie—. No lo quiero cerca de mis hijos, especialmente de Sakura.

Kaho retrocedió un par de pasos. —Hablaré con Tomoyo para que los mantenga alejados si es lo que quieres, pero sabes que ellos…, se atraen por sí solos, Fujitaka. Tal vez Li no sienta un interés inmediato por ella porque Sakura está débil —explicó—, pero ella se sentirá atraída, y hasta deslumbrada por la energía que él despide.

—¡Lo sé, lo sé! —repuso con pesar el director—. Pero aun así, no lo quiero cerca de mis hijos.

—Bueno, por lo que me comentaste el expediente del joven Li es bastante particular, podrías buscar una buena excusa para expulsarlo —sugirió Kaho.

—Créeme que lo haré —dijo Fujitaka encaminándose a la salida.

Kaho se adelantó para abrir la puerta. —Pase lo que pase, siempre estaré contigo.

Kinomoto le regaló una sonrisa en asentimiento, y se marchó.

*.*.*

Tomoyo observaba con furia la puerta del baño.

—¡Sakura, ¿cuánto tiempo más vas a tardar? —gritó de repente.

—¡Ah…, ah, no mucho! —contestó Sakura.

Daidoji maldijo por lo bajo, mientras enterraba uno de sus tacones en la pobre alfombra. ¡Sakura llevaba casi dos horas en la ducha! Tomoyo miró su reloj y suspiró. Tendrían que correr para consumir un desayuno decente.

Unos golpecitos en la puerta interrumpieron su rabieta. ¿Quién podría tocar tan temprano? Se obligó a abrir la puerta con cara de pocos amigos.

—Vaya, pasaste una mala noche, ¿cierto? —expresó divertida kaho.

Tomoyo rodó los ojos.

—Nada de eso. Buenos días. —saludó haciéndose a un lado para que Mizuki entrara.

La mujer agitó la mano en negación. —No, solo quería entregarle esto a Sakura —dijo extendiendo una bolsita.

Daidoji la tomó, y examinó su contenido.

—¡¿Qué significa esto? Sakura me dijo que su salud está muy bien.

—Solo son vitaminas, querida —mintió—. Y dime, ¿hay alguna novedad?

Tomoyo se apoyó en el marco de la puerta y jugueteó con uno de sus rizos azabaches. —Sí, creo que Sakura está interesada en el gótico que ingresó hace poco.

Kaho contuvo la risa ante la descripción de Daidoji. Era normal que el chico vistiera de esa manera.

—Justamente de eso quería hablarte —agregó la mujer.

La sed de información nueva iluminó el rostro de Tomoyo. —¿En serio?

—Sí, Fujitaka dice que…, no lo quiere cerca de Sakura —susurró.

Daidoji dejó escapar una risita burlona.

—No te preocupes, a mí tampoco me agrada el sujeto —confesó—. Dile a mi tío que puede permanecer tranquilo.

La bibliotecaria carraspeó al advertir la presencia de Sakura en la puerta. —Estás muy linda, cariño —le saludó.

La mirada amatista de Tomoyo se trasladó de inmediato al vestido de su prima, y frunció el ceño.

—Bueno chicas, me retiro —Mizuki decidió abandonar el terreno antes de que Tomoyo comenzara con sus reclamos.

—Adiós —se despidió una sonrojada Sakura.

Cuando Kaho desapareció en el ascensor, Tomoyo explotó.

—¡¿Por qué te pusiste ese vestido? Apenas es martes, y ese atuendo era para el próximo domingo.

A Sakura le aparecieron un par de lágrimas en los ojos. —¿Me veo mal?

Daidoji se regañó mentalmente. —No, no es eso. ¿Por qué te lo pusiste? Además, llevas maquillaje —acusó.

—Es que…, pienso agradecerle a… —Sakura se percató de un pequeño detalle—. ¡No sé su nombre!

—Entonces, te arreglaste solo para hablar con ese.

Sakura asintió tímidamente. Tomoyo refunfuñó un par de cosas inaudibles para Sakura, y agregó—: Está bien, pero yo te acompañaré.

Sakura sonrió. —Gracias, la verdad me daba un poco de miedo hacerlo sola.

Ambas chicas salieron tomadas de la mano, y caminaron hasta la cafetería. Tomoyo suspiró al ver la larga fila de chicos esperando para reclamar su desayuno.

Sakura se sintió culpable, probablemente no alcanzarían un buen desayuno, y tendrían que conformarse con cereal y leche.

—¡Señorita Sakura, Señorita Sakura!

Kinomoto buscó el origen de aquellos alaridos. —Es Shinji.

—¡Qué esperas, vamos! —Tomoyo arrastró a la castaña a través de la interminable fila de alumnos. El grupo de Shinji junto con Eriol, la lideraban.

—Creo que dijimos, Sakura —gruñó Eriol.

—Nadie pidió tu opinión, cuatro ojos —replicó Tomoyo.

Sakura movía su cabeza de un lado a otro en busca de Li, pero no estaba entre ellos.

—¿Qué paso con…, tu compañero? —preguntó Sakura al oji-azul.

Eriol sintió su presión sanguínea disminuir por la pregunta, Sakura le hizo recordar los fatídicos eventos de esa mañana.

Flash Back.

Hiraguizawa despertó más entusiasmado de lo normal. Syaoran habia demostrado que no era tan despreciable como él pensaba. Su compañero tenía un carácter de los mil demonios, pero en el fondo era un lindo angelito o eso creía hasta que decidió despertarlo.

Eriol inocentemente se atrevió a tocar la puerta de Syaoran, se imaginaba que luego de comer sólo un emparedado por la noche, el castaño estaría famélico, y no se equivocó.

Syaoran tenía hambre efectivamente, pero de sangre. Cuando por fin se dignó a abrir la puerta, Eriol temió por su vida.

¿Qué mierda quieres?

Eriol tragó pesado, también se preguntó cómo su compañero tenía la desfachatez de dormir desnudo.

Etto… yo, ¿vas a desayunar? Pensé que…

¡Maldición, Hiraguizawa! —gruñó Syaoran cerrando la puerta en la nariz del pobre Eriol—. La próxima vez que me despiertes, te mueres imbécil.

Esa mañana Eriol aprendió otra de las famosas "Syaoran rules":

1. No tocar a Syaoran.

2. No tocar nada que le pertenezca a Syaoran.

3. No despertar a Syaoran.

4. Aún está por descubrirse…

Fin del Flash Back.

—Posiblemente lo veas para la cena —contestó finalmente Eriol.

Sakura dejó caer los hombros derrotada, ¿tanto esfuerzo por nada?

—¿Cuál es la urgencia de verlo? —preguntó interesado el compañero de Syaoran.

Sakura cogió su bandeja del desayuno, y avanzó unos pasos en la fila. —Es que quería agradecerle el detalle que tuvo conmigo anoche, fue muy lindo.

Syaoran, ¿lindo? Imposible, pensó Eriol.

*.*.*

Un monstruo llamado Syaoran Li, arrancó al pequeño Kero de su sueño de belleza.

—¿Por qué me despiertas? —reclamó la bestia.

—Son las seis de la tarde y, necesito algo de ti —dijo Syaoran ajustándose las botas.

El guardián flotó alrededor de su amo con los brazos cruzados. —Sabes que todo tiene un precio.

—¿Ah, sí? ¿Acaso yo te vendo mi energía? —espetó Syaoran.

El muñeco no pudo objetar nada. —¿Qué es lo que quieres?

Syaoran esbozó una mueca indescifrable. —Quiero ver tu copia de mí.

Los ojos de Kerberos se abrieron desmesuradamente, su amo no se traía nada bueno entre manos, pero aun así asintió.

Las pequeñas alitas de Kerberos se extendieron hasta envolverlo en un capullo de plumas, con el sello de los Li debajo de éste. Syaoran se puso de pie ante el espectáculo, Kerberos se convirtió en una copia exacta de él. Li obsequió un gesto de satisfacción a su guardián, y todo habría sido perfecto de no ser por la diferencia en la tonalidad de sus ojos.

Los de Kerberos eran dorados, el guardián se encogió de hombros ante el ceño fruncido de Li. —Tú tienes la culpa —alegó la bestia—. Si tuvieses completos los talismanes, la copia sería perfecta.

Syaoran resopló frustrado. Sus planes tendrían que cambiar, hasta el más estúpido se percataría de ese gran detalle.

—Iré a cenar. No me esperes despierto, regresare tarde —informó el castaño escurriéndose afuera de la habitación.

—Espera, ¿qué significa eso? —preguntó Kero siguiéndole el paso.

—Tengo trabajo que hacer.

—¡¿Trabajo? Ni siquiera has comenzado las clases —replicó.

Syaoran no contestó.

Kerberos frenó su persecución cuando Syaoran salió al pasillo, cerró la puerta, y se recostó en ella.

Revisa la gaveta del buró —Kerberos sintió un molesto cosquilleo en su cabeza, el insensible de Syaoran tenía razón, comunicarse por telepatía resultaba de lo más incómodo. Guiado por la curiosidad, la bestia guardiana regresó a la habitación de Li y obedeció la orden.

—¡¿Eres un ladrón?! —chilló Kero al atisbar la fuerte cantidad de dinero que Li escondía en el cajón.

De los mejores —aceptó orgulloso Syaoran.

*.*.*

La cena era un ritual sagrado para las Heart Jewelry. Ellas se reunían en la mesa más exclusiva de la cafetería, para cenar con los miembros destacados del equipo de futbol.

A diferencia de esa mañana, ellas fueron las primeras en obtener su apetitosa cena.

—¿Dónde está Sakura? —preguntó Rika.

Las Heart Jewelry acostumbraban marchar con Tomoyo liderando el grupo, y con Sakura siguiéndoles el paso.

A Tomoyo le apareció una vena en la frente. —Está retocando su maquillaje —musitó.

—¿Sakura retocando su maquillaje? Por favor, eso es ridículo —se burló Chiharu.

Naoko ajustó sus lentes, y le lanzó una mirada despectiva a Mihara. —¿Por qué? Es normal, todas lo hacemos.

—¡Ay, por Kami! Estamos hablando de Sakura —murmuró Sasaki—. De no haber sido por Tomoyo, ella no formaría parte de nosotras.

Chiharu soltó una risita cómplice, y Naoko realmente se sintió ofendida. Su situación no era muy diferente a la de Sakura. Ella se sentía fuera de lugar con las Heart Jewelry, sin embargo se mantenía dentro del grupo para defender a Sakura en las ocasiones en que Tomoyo no estaba para hacerlo.

Tomoyo percibió el aura negativa de las chicas, y detuvo la marcha. —¿Qué sucede? —interrogó con voz cantarina.

Rika y Chiharu evitaron el contacto visual con su líder, porque esos ojos amatistas podían desnudarte el alma en segundos.

—Decíamos que los chicos ya tardaron demasiado —intervino Naoko—. Deberíamos esperarlos en la mesa.

Daidoji asintió con una sonrisa, y continuó la marcha. Al llegar a la exclusiva butaca reservada siempre para las Heart Jewelry, la atmósfera se tensionó.

El grupo de Shinji junto con Hiraguizawa se encontraban cenando cómodamente en la mesa.

—¡¿Qué significa esto? —gritó Daidoji.

Eriol sonrió inocentemente. —No sabes leer —ironizó señalando una placa metálica en el centro de la mesa, en la cual se leía:

"Reservado para el señor oscuro."

Daidoji entregó su bandeja a las chicas, y tomó la placa entre sus manos. —¿El señor oscuro? ¿Quién rayos es ese? —exigió saber.

Los chicos se miraron unos a otros, buscando la mejor respuesta. Después de unos minutos de analizarlo y de observar el asiento vacío frente a ellos, Shinji decidió hablar. —Lo que sucede es que no sabíamos el nombre de nuestro jefe cuando mandamos a impresar la placa, por lo que decidimos llamarlo así.

Los demás chicos asintieron.

—Respondiendo a tu pregunta, Daidoji —prosiguió Eriol—. El señor oscuro es, Syaoran Li.

Tomoyo se cruzó de brazos y sonrió. —Ah, el gótico —se mofó.

Shinji apuñaló uno de sus camarones. —¡Oye, respétalo!

—¿Y por qué tendría que respetarlo, acaso es tu novio? —espetó la amatista.

De repente, las otras Heart Jewelry soltaron una exclamación. Tomoyo volteó al advertir los sonidos.

—Lamentablemente no soy gótico, y mucho menos homosexual, aunque no tengo ningún problema con ello —gruñó Syaoran—. Ahora, si tienes alguna duda acerca de mi masculinidad, podría sacarte de dudas —ofreció estrechando con un brazo la cintura de Tomoyo.

Daidoji gimió por el sorpresivo acto del castaño. —Suéltame —masculló dándole golpecitos en el pecho.

Syaoran acercó su rostro peligrosamente al de la amatista. —Me gustan las mujeres fuertes, no sabes cuánto me excitan —murmuró a su oído.

—¡Ya es suficiente! —dijo Eriol levantándose de la mesa.

—No te metas Hiraguizawa —advirtió Syaoran sin despegar los ojos de Tomoyo.

Las Heart Jewelry corrieron en busca de refuerzos. Tomoyo a pesar del miedo latente no se inmutó frente al castaño.

—Tranquilo, cuatro ojos. No necesito que me defiendas —Tomoyo frunció el ceño y retó con la mirada al ambarino—. No te tengo miedo.

Syaoran disminuyó aún más la distancia entre ellos, y aspiró ruidosamente el aroma de los cabellos azabaches. —Oh, por supuesto que sí lo tienes —susurró—. Estas temblando entre mis brazos.

Las lágrimas comenzaron a empañar los ojos amatistas, nadie había humillado tanto su orgullo, y menos de esa manera. Ella no podía recibir su primer beso de un patán como ese, lo reservó por muchos años para su príncipe azul, y ahora estaba a punto de ser besada por el tirano del cuento.

—¿Qué demonios le estás haciendo a mi prima? —vociferó Touya.

Syaoran lo ignoró, y continuó con su jueguito.

—¿Qué le estás haciendo a mi prima? —repitió furioso Touya.

Syaoran liberó de su agarre a Daidoji, y se giró sobre los talones para enfrentar a Touya.

—¿Estas bien? —preguntó preocupado Eriol.

—Sí, gracias. —aseguró Tomoyo con una ligera sonrisa.

Shinji y su grupo se pusieron de pie atrás de Syaoran, los chicos estaban emocionados, era la primera vez que presenciarían una pelea en la cafetería del Fenix Scolarium.

Touya inspeccionó el estado de su prima, y redirigió su mirada a Syaoran. —Eres un cobarde, ¿cómo te atreves a molestar a una niña?

Las Heart Jewelry soltaron un gritó horrorizadas. Syaoran le sonrió maquiavélicamente a Touya, le dio la espalda, y comenzó a retirarse. Kinomoto interpretó ese gesto como una falta de respeto, el castaño era un recién llegado, y por ley tenía que saber quién era la autoridad en esa instalación.

A grandes zancadas se trasladó hasta el lugar donde se encontraba de pie el ambarino, y dejó caer pesadamente una mano sobre el hombro de Li.

Eriol palideció. Kinomoto acababa de violar la primera regla de convivencia con Syaoran.

*.*.*

Sakura entró dando saltitos a la cafetería, se enteró por un par de chicos que estaban sirviendo su platillo favorito: camarones fritos. Sus ojos esmeralda viajaron inmediatamente a la mesa de las Heart Jewelry, quizá las chicas ya habían reclamado su cena.

La hermosa sonrisa que adornaba el rostro de Sakura desapareció en segundos, su hermano estaba desfallecido en el piso de la cafetería, y el chico de las galletas estaba a punto de rematarlo con un puñetazo.

Syaoran por alguna razón, se percató de la presencia de Sakura en la cafetería y detuvo su golpe a milímetros de estrellarse contra el rostro de Kinomoto. El sujeto era un debilucho, simplemente le había golpeado una vez en el abdomen, y el niñito ya se había echado a llorar.

Sakura se arrodilló a un lado de Touya, quien estaba siendo auxiliado por Yukito.

—¿Qué sucede, hermano?

—Nada, sólo nos estamos conociendo —jadeó el mayor de los Kinomoto.

—Pero…—Una amonestadora y triste mirada esmeralda cayó sobre Syaoran—, ¿por qué lo golpeaste?

Syaoran avanzó un par de pasos, y se acurrucó a un lado de Sakura. —Lo siento, señorita.

Sakura parpadeó lindamente. —¿Por qué?

—Por asustarte —respondió Syaoran como si fuese lo más lógico del mundo. Se puso de pie, y se acomodó en la silla que los chicos habían reservado para él.

—Oye, Shinji —llamó uno de los chicos—, ¿tú viste cuando lo golpeó?

—La verdad, no —contestó asombrado.

—Oh, entonces sí debe ser una especie de demonio o mejor aún, un vampiro —exclamó el joven.

Shinji, y su grupo conformado por Tao Watanabe, y Atsu Mori, sonrieron entre sí. —¡Genial!

Eriol apretó los puños y, encaró a Syaoran. —¿Por qué rayos hiciste eso?

El ambarino apoyó los codos sobre la mesa, y adoptó una expresión aburrida. —Ellos tienen que aprender a respetar, Hiraguizawa.

—Pero no tenías que decirle esas cosas a Tomoyo —reclamó.

Syaoran esbozó una mueca burlona. —No pensaba besarla. En todo caso, si decidiera rebajarme y besar a cualquiera de estas chicas, la besaría a ella —señaló a Sakura.

Eriol se dejó caer pesadamente en la butaca. —¿Qué dijiste, a Sakura? Yo pensé que ella sería la última en la que tú pondrías los ojos.

Syaoran agarró una cuchara de la mesa, y miró su reflejo en ella. —No puedo poner mis ojos en nadie, pero… —No terminó su frase. Ni siquiera él mismo sabía por qué quería besarla.

*.*.*

Las Heart Jewelry decidieron que sería más conveniente cenar en la cafetería Tsubasa. El equipo de futbol, ayudó a la reincorporación de su capitán, el cual fue ridículamente derrotado por el chico nuevo.

Touya refunfuñó durante el camino, y juró que buscaría la revancha.

—¡Ay, por favor, Touya! —exclamó con ojos soñadores Rika—. Tú no puedes compararte con él. En la próxima reunión de porristas, lo propondré como galán del año.

—Estúpida —musitó Touya.

—¿Estás enojado, hermano? —preguntó Sakura mientras buscaban una mesa.

Touya volteó a verla. —Te prohíbo que te juntes con ese —respondió.

Sakura abrió la boca para replicar, no obstante Touya acalló su reclamo posicionando un dedo en la boca de su hermana.

—Te lo advierto, no quiero verte cerca de él.

Sakura ladeó bruscamente la cabeza, y arrugó el entrecejo. —Él pidió disculpas, Touya.

—Te las habrá pedido a ti. En lo que a mí respecta, dejaré eso como una deuda pendiente.

*.*.*

Syaoran perdió el apetito. Desde que le dijo semejante estupidez a Hiraguizawa, éste no dejaba de sonreírle misteriosamente. Había cometido un grave error, él no podía fijarse en ninguna mujer, mucho menos en una humana. Los humanos siempre significaban la perdición para los intermediarios.

—Hem… ¿Señor? —farfulló Shinji.

—¿Qué? —Su voz a sus propios oídos, sonaba más plana de lo normal.

Los tres chicos se miraron entre sí, y le dieron un codazo a Eriol para que fuese él quien comunicara la noticia.

—Es que… —comenzó a decir—, los chicos dicen que…, tú podrías beber su sangre…, si te apetece.

Syaoran dejó resbalar el tenedor de su mano. —¡¿Qué?

—Lo que escuchaste, puedes beber su sangre —reafirmó divertido Eriol.

Li se dio un manotazo en la frente. —No soy un vampiro.

Los tres chicos soltaron una exclamación decepcionados, y Eriol dejó escapar una carcajada.

Syaoran se levantó de la mesa, y borró la sonrisa de Hiraguizawa. —No se decepcionen, tampoco soy completamente humano.

—¿A qué t-te refieres? —tartamudeó Eriol. ¡No podía ser! ¿Compartía habitación con un mutante?

El móvil de Syaoran empezó a vibrar, y se despidió de los chicos diciendo—: No te preocupes Hiraguizawa, no me convertiré en hombre lobo los días de luna llena, aunque esos días son muy importantes para mí.

El castaño salió de la cafetería, y contestó la llamada.

—Diga.

—¡Rayos, Syaoran! Llevamos una hora esperándote —gruñó Seth—. Deker está a segundos de perder la paciencia, y entrar a buscarte.

—No me hables así —replicó Syaoran.

Es que nos urge ese dinero, Syaoran.

—¿Ah, sí? —cuestionó el castaño caminando despreocupadamente.

Sí. Tú al igual que nosotros estás acostumbrado a despilfarrar dinero a montones…

—A diferencia de ustedes, yo soy un gran administrador. Por lo que no me veo en necesidad casi nunca —interrumpió Syaoran.

Lo sé —suspiró Seth—, lo que sucede es que nuestros padres no nos han dado dinero desde hace un tiempo, ya sabes, por nuestras travesuras.

Syaoran sintió una fuerte punzada en la cabeza.

—Kerberos…

—¿Qué dijiste?

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Syaoran. —Lo siento, Seth. Esta vez no puedo acompañarlos —cerró su móvil, guardándolo en el bolsillo de su pantalón.

Después de tan extraña sensación, corrió a una velocidad impresionante, dejando una estela de polvo tras sí. Arrolló a un par de chicos en las escaleras de los dormitorios, pero eso era lo que menos importaba. Ese presentimiento era el mismo que tuvo el día que murió Fanren. Syaoran odiaba tener miedo, odiaba sentirse impotente en momentos como esos, sus piernas le fallaron, y resbaló cayendo al suelo en el último escalón.

Se puso de pie, estaba comenzando a sudar frio, cosa que no era común en él. Abrió la puerta de una patada, no atinó a usar la llave. Al entrar en la habitación de Eriol, su corazón comenzó a latir dolorosamente rápido, no sentía la presencia de Kerberos. Con la mano temblorosa abrió la puerta de su habitación, y un nudo se formó en la garganta del ambarino.

Kerberos estaba tirado en el piso cerca de la ventana bañado en su propia sangre.

—Kerberos… —llamó con un hilo de voz Syaoran.

No hubo respuesta.

La pequeña bestia había vuelto a su forma de muñeco. Con pasos torpes Syaoran se aproximó al cuerpo desfallecido de su guardián, y antes de que pudiera auxiliarlo, un alarido infernal resonó en la habitación.

Syaoran se volteó, y fue embestido por un cuerpo informe que se ocultaba entre las sombras. El ataque no le dio tiempo de reaccionar, Syaoran cerró los ojos cuando sintió algunos cristales de la ventana incrustarse en su cuerpo. Al abrirlos, se percató de que estaba cayendo al vacío, y que el cuerpo amorfo que se le vino encima, le pertenecía a un demonio.

*.*.*

Hiraguizawa agradeció internamente a Kami, por la reparación del elevador. Además, se encontraba rebosante de alegría. Acababa de comprarle una nueva cámara de video a Yamazaki, necesitaba actualizar su videoteca. El primer paso sería una entrevista con "el señor oscuro", solo esperaba no encontrarlo desnudo como en la mañana.

Aunque, el video se vendería muy bien. Las chicas no dudarían en comprárselo. Salió del ascensor, y encendió la cámara, filmaría desde el pasillo. La puerta de su habitación, capturó la atención de Eriol. ¡El miserable que aseguraba no ser completamente humano la dejó abierta!

El ruido de unos cristales romperse alertó al peli-azul. Con cámara en mano, se adentró sigilosamente en la habitación. Los ojos azules de Hiraguizawa se abrieron desmesuradamente, el cuarto de Syaoran estaba oscuro y con la ventana rota. ¿Acaso su compañero era un suicida?

Corrió hasta la escena. Alrededor de los vidrios rotos goteaba un líquido que Hiraguizawa hubiese reconocido como sangre, si no tuviese un color celeste brillante. Abrió la ventana rota, y sacó la cabeza.

Syaoran estaba tirado en el césped, sin embargo seguía con vida, y aparentemente batallando con algo invisible a sus ojos. Eriol decidió ver a través de la cámara, y ajustó el zoom hasta que obtuvo una imagen nítida.

Syaoran tenía una gigantesca masa negra arriba de él. Definitivamente, su compañero no era humano.

El castaño empujó con brazos y piernas al demonio hasta que logro quitárselo de encima. Él nunca había enfrentado algo similar, de haberlo previsto hubiese pedido ayuda a Seth y Deker.

Luego, Syaoran recordó lo que ese asqueroso demonio le había hecho a Kerberos. El muñeco era estúpido e inútil, pero era su guardián, y él se encargaría de vengar cada gota de sangre y sufrimiento que derramó.

Eriol observó con cierta incredulidad el momento en que la masa informe se convirtió en una especie de ángel, con la diferencia de que tanto la piel, alas, y cabello eran de color negro.

Syaoran se preparó para la batalla, invocó su espada, y se abalanzó sobre el demonio.

Eriol no perdía ningún detalle, al momento en que Syaoran hizo aparecer una espada con un simple movimiento de manos, el demonio le imitó.

Ahora se escuchaba el repiqueteo de las espadas al chocar. Eriol tenía en concepto de tipo rudo a Syaoran, pero cambió de opinión, el castaño era en realidad un arma mortal.

La forma en que Syaoran blandía su espada era impresionante, sólo que estaba en desventaja porque no tenía alas. El demonio se aprovechó de ese pequeño detalle para tomar la delantera, y desapareció frente a los ojos de Li por unos instantes.

—¡Arriba de ti, Syaoran! —gritó Eriol.

Esa bien intencionada advertencia, resultó catastrófica para el ambarino, que se distrajo al atisbar a su compañero gritándole desde la ventana, y el demonio consiguió lastimarlo.

Eriol descubrió entonces, que el líquido celeste que goteaba de la ventana efectivamente era sangre de…, Syaoran.

Syaoran gimió de dolor por primera vez en años. Ese maldito demonio lo había herido en el costado derecho, no bastándole con eso, le agarró por la espalda, elevándolo por los cielos.

Eriol se preocupó. El demonio ascendía cada vez más, mientras Syaoran se retorcía en sus brazos. Cuando llegó un punto en el que casi fueron invisibles a la vista de Eriol, el agresor de Kerberos soltó a Syaoran.

Hiraguizawa cerró los ojos esperando lo peor. Una maldición en un idioma desconocido, lo obligó a abrirlos. Eriol casi se desmaya cuando vio el par de alas negras que sobresalían de la espalda de Syaoran.

El castaño volvió a ascender, hasta quedar al mismo nivel que el demonio, quien masculló otra maldición. Syaoran sonrió, y enterró su espada en el tórax del otro ser alado.

Eriol se cubrió los oídos por los infernales alaridos del contrincante de Syaoran.

El ambarino se apresuró a invocar su anillo. La luz que emitió el pequeño instrumento, cegó la vista de Eriol. Después de algunos parpadeos recuperó la visibilidad, pero Syaoran no estaba por ningún lado.

Hiraguizawa comenzaba a creer que el demonio había regresado al infierno llevándose a Syaoran con él.

Se equivocó.

Eriol dejó caer la cámara al piso. Syaoran se encontraba de nuevo frente a él, jadeando, y agitando sus hermosas alas en el aire.

—Syaoran… yo…

Li no tenía ánimos, ni fuerzas para discutir en ese momento. Por lo que resolvió colocar un hechizo en la mente de Hiraguizawa. —Olvidarás todo lo que acabas de ver.

—Lo olvidaré —repitió Eriol antes de caer desmayado.


Notas de autora:

Hola, espero que haya disfrutado de la poca acción en este capi, jeje. Ya que, en el próximo dudo mucho poner una escena similar. También, quería decirles que estaré actualizando mínimo cada 15 días, quizá tarde un poquito más. Les pido disculpas de ante mano si eso llegase a suceder, pero las vacaciones terminaron, los estudios cada vez son más pesados, y consumen todo mi tiempo y energía.

Por eso quiero agradecerles el tiempo que se toman para leer mi historia. Juró que se los agradezco mucho. Me inspira en sobremanera el apoyo que recibo de su parte.

Gracias a todos y cada uno por leer, y sobre todo por dejarme sus comentarios. Que igual, son muy importantes para mí.