Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría.
"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"
Capítulo 3: Inicio de clases.
Syaoran entró tambaleándose a la habitación, y no le importó pisotear a Eriol, quien se encontraba desplomado a medio camino. Con dolor, Syaoran se agachó para recoger el cuerpecito de su guardián. La bestia apenas respiraba, el castaño estaba realmente preocupado, no podía perder a nadie más. Kerberos era un recién nacido, él tendría que haberlo cuidado mejor.
Lo mismo sucedió con Fanren, pensó Li. Él creía que era el principal culpable de la muerte de su hermana, si él la hubiese cuidado mejor, aquello no habría sucedido. Desde ese día, Syaoran prometió que no volvería a perder a ningún ser amado, y quiérase o no, él sentía un cariño distante por Kero.
Syaoran depositó al muñeco sobre la almohada en la que solía dormir. No sabía qué hacer, él era incapaz de realizar un hechizo de curación. Además, gastó la mayor parte de su energía en la pelea. Por un momento pensó en llamar a Deker y Seth, pero esos idiotas eran unos inútiles que no sabían nada acerca del cuidado de un guardián. Llamar a su madre no era una opción, la pobre Ieran se preocuparía demasiado. En la lista de Syaoran, sólo restaba una persona, y él confiaba plenamente en ella.
Sin embargo, ella sólo podría ayudar a Kerberos. Syaoran retiró una mano de su herida, su sangre seguía siendo celeste, y eso era una buena señal (1). Decidió agotar su última reserva de energía en un hechizo.
Caminó hasta donde yacía Hiraguizawa, se acurrucó a su lado, y susurró—: Despierta.
Eriol se incorporó inmediatamente, desorientado, y con los ojos adormilados. Syaoran hizo un esfuerzo sobrehumano para jugar con la mente de Eriol, nunca se imaginó que el sujeto tuviese semejante resistencia. Hiraguizawa fijó su vista en los ojos de Syaoran, los cuales tenían un color dorado cobrizo, Syaoran consiguió entonces dominar su mente.
—¿Tienes un botiquín por aquí? —preguntó el ambarino.
Eriol negó sutilmente con la cabeza.
—Consigue uno entonces, no me importa si tienes que irrumpir en la enfermería —ordenó Syaoran. Eriol asintió y comenzó a salir de la habitación—. No hables con nadie, Hiraguizawa. Cuando regreses, deposita los materiales en mi escritorio, y luego ve a dormir —Eriol emitió un ruidito ahogado en aceptación.
Syaoran se dirigió a la mesita de noche, rebuscó entre sus cajones una piedra negra en forma de hexágono, suspiró de alivio al encontrarla. Se dejó caer pesadamente sobre su lecho a un lado de Kerberos, y presionó la piedra entre sus manos.
—Muéstrame a Evangeline —pidió Syaoran.
El pequeño objeto emitió una tranquilizadora luz blanca, la cual simulaba ser una pantalla. Syaoran esperó algunos minutos hasta que la imagen se definió para mostrarle un cálido y conocido rostro.
—Hola —saludó el castaño, procurando mantener su característica frialdad.
El rostro en la pantalla le pertenecía a Evangeline Fa. Una joven promesa entre las intermediarias, probablemente ella ganaría el torneo femenino por su gran sabiduría, y fortaleza. Syaoran, quien se había jurado ganar el torneo masculino, accedió a sostener una amistad con la chica, ya que posiblemente terminarían casados algún día.
—¿Qué te sucedió? —cuestionó horrorizada. Syaoran esbozó una mueca. Evangeline era diferente, no como las demás chicas de su especie. Ella era todo color, nunca vestía de negro como los demás. Tenía un brillante cabello dorado, y unos magníficos ojos color avellana. Evidentemente, la chica estaba preparándose para dormir.
—Ese es mi pijama favorito —se burló Syaoran.
Evangeline se sonrojó, y cubrió con el cobertor rosa su pijama celeste de encajes, bastante reveladora. Ella nunca imaginó que Syaoran quisiera verla, normalmente sólo la buscaba cuando necesitaba que hiciera una tarea por él o que estuviese metido en problemas. Aunque, ella siempre estaba dispuesta para Li.
—No seas tonto —replicó ella—. ¿Qué te sucedió?
Las facciones de Syaoran se tensaron. —Fuimos atacados por un demonio Kurai.
Evangeline se puso de pie, olvidando lo indecente de su pijama. —¡¿Qué dices, dónde rayos estás?
—En un maldito internado —resopló Syaoran—. Deja de interrogarme, Evangeline. Te necesito —Syaoran aprendió una valiosa lección a lo largo de los años, "Si quieres un favor de Evangeline, pídeselo de buena gana."
Evangeline hizo un mohín. —¿Qué quieres?
—Mi guardián, necesito que lo ayudes —murmuró Li, observando por el rabillo del ojo a Kerberos.
Evangeline abrió su boca, pero no dijo nada. ¿Syaoran pidiendo ayuda por alguien más? Eso era inaudito.
—En unos momentos estaré contigo —indicó la chica—, pero necesito saber dónde te encuentras exactamente.
—En el Fenix Scolarium —gruñó el castaño—. No te preocupes, estaré pensando en ti.
Syaoran arrojó la piedra, y se concentró en Evangeline. La joven intermediaria, ya había cambiado todos los talismanes de la vara shinseina, por lo tanto, su guardián podía transportarla al lugar que ella deseara, siempre y cuando alguien estuviese esperando por ella del otro lado.
La chica se materializó en la habitación acompañada de su despampanante tigresa plateada, de ojos violeta. Syaoran se incorporó al percatarse de la presencia de las féminas. La energía de Evangeline era letalmente atractiva, pero no más, Syaoran no tenía sentimientos más allá de la amistado por ella. En cambio, los sentimientos de Evangeline por Syaoran, eran nobles, y profundos. Definitivamente, ella le amaba.
—¡Oh, mira como estas! —chilló Evangeline arrojándose sobre el ambarino para inspeccionar sus heridas.
—Creo que vinimos por el pequeño, no por ese idiota —espetó la guardiana de Evangeline Fa. Los ojos avellana de la joven, viajaron de inmediato hacia el pequeño Kero.
—Tan simpática como siempre, Airi —dijo Syaoran apartando de sí a Evangeline.
—Apresúrate, Evangeline —inquirió la tigresa, ignorando completamente el comentario de Li—. Si tu padre descubre que no estás en la habitación, me castigará.
La rubia acogió en su regazo a Kerberos. —Está muy débil, Syaoran —anunció preocupada.
—Eso ya lo sé —musitó Li—. Por favor Evangeline, ayúdalo.
—Es un recién nacido, mi energía no será suficiente, Syao. Tendrás que hacer un esfuerzo.
Evangeline se sentó junto a Syaoran, con kero en brazos. El castaño suspiró, y miró su emblema. El tubo estaba casi vacío, ayudar a Kerberos le saldría caro, demasiado.
—Vamos a comenzar —anunció ella.
Syaoran cerró los ojos al sentir la cálida energía de Evangeline rodear sus cuerpos. Una esfera verde envolvió al pequeño guardián, elevando su cuerpo frente a ellos. Cuando los brazos de Evangeline se encontraron libres, buscaron el cuerpo de Syaoran, envolviéndolo en un tierno, y sanador abrazo.
Airi, se preocupó por su ama. La chica engañó al castaño, ella no necesitaba de la energía de él para sanar al otro guardián. La verdadera intención de Evangeline, era sanarlos a ambos.
Poco a poco, la energía de Evangeline se fue desvaneciendo. La esfera verde descendió a las manos de Syaoran, cuyas heridas también habían sanado. El castaño abrió los ojos, ya no sentía dolor alguno, y la presencia de Kerberos estaba restablecida.
—Ya están bien —murmuró Evangeline.
Syaoran depositó a Kerberos sobre un almohadón limpio, y se apresuró a sostener a Evangeline.
—Me engañaste, yo no te pedí ayuda para mí —reclamó Syaoran—. No me gusta que te arriesgues por mí.
La rubia le sonrió a Syaoran. —Sabes que haría lo que fuera por ti.
Los ojos ámbar de Syaoran, descansaron sobre los avellana de Evangeline por unos instantes. —Gracias —susurró apartando algunos mechones rubios del rostro femenino. Después de esa tan ansiada caricia, Evangeline se desvaneció en sus brazos.
Airi tomó de inmediato la forma de su dueña. —Tengo que regresar —avisó—, sabes que no puedo llevar a Evangeline en esas condiciones, vendré mañana temprano —Airi desapareció antes de que Syaoran replicará. Igual, de alguna manera tendría que pagar el favor, y que mejor que cuidando de ella.
Eriol abrió la puerta de la habitación de modo automático, depositó el botiquín sobre el escritorio, y salió de la misma forma. Teoría comprobada, Hiraguizawa es un inútil, pensó Syaoran.
Luego de eso, el ambarino depositó a Evangeline en una silla, y cambió los cobertores de la cama para que ella durmiera plácidamente, no entre su sangre y la del peluche. La dejó descansar, y él se marchó a tomar un baño porque lo necesitaba con urgencia.
*.*.*
A la mañana siguiente, Evangeline despertó revitalizada. Simplemente necesitaba dormir algunas horas para restablecerse. Aspiró el aroma de las sábanas, y sobre todo el de su almohada, olían a él, a Syaoran. Toda la habitación estaba impregnada de su perfume. Ella siempre quiso conocer el recinto sagrado de su amado, y ahora se daba cuenta de que no se habia perdido de mucho.
La habitación de Syaoran, era tan fría e inhóspita como él mismo. Le tomó años ganarse la confianza del castaño, y se sentía orgullosa de ello. Evangeline era la única amiga de Syaoran, y debía confesar que eso le agradaba. Fuera de su madre, y de la fantasmita Fanren, ella era la única mujer que tenía la atención del ambarino. Y a pesar de eso, era consciente de que Syaoran no la amaba.
Suspiró frustrada. Buscó a Syaoran por toda la habitación, sin resultados satisfactorios. Se puso en pie, y examinó a Kerberos. Sonrió al darse cuenta que la bestia guardiana se encontraba en excelentes condiciones, aunque le pareció extraño que continuase dormido.
—Eres tan dormilón como tu amo —murmuró. Abrió el armario de Syaoran, tomó prestadas un par de prendas e inició la búsqueda del cuarto de baño. Giró el pomo de la puerta, y se deslizó fuera de la habitación con cautela. Un chico de cabello azulado estaba tumbado en el piso, y Syaoran sobre la cama.
—Sigues siendo tan malo como siempre —regañó silenciosamente Evangeline.
La chica disfrutó lavándose el cabello con el Shampoo preferido de Li, acarició su cuerpo con el jabón de él también. Finalmente, se cubrió con sus prendas, ahora ella estaba impregnada con su olor, como lo estaría algún día con sus besos, y caricias, pero sobre todo con su esencia.
Cuando Evangeline regresó a la habitación de Syaoran, se enfrentó de nuevo a su triste realidad, ya no lo vería más. Ella únicamente disfrutaba de algunos minutos de su compañía en la escuela, afuera, ella no era nadie en la vida de Syaoran. No obstante, con esfuerzo y dedicación llegaría a ser una buena esposa, y lo más importante, conquistaría el corazón de Syaoran Li.
—He venido por ti, ama —Evangeline advirtió la presencia de su bestia guardiana, y se acercó a ella. Airi, ronroneó por las caricias que la rubia le proporcionó.
—Estoy lista, podemos irnos —anunció Evangeline.
Airi meneó la cola. —¿No te vas a despedir del ingrato ese?
—No te cae bien, ¿verdad? —rió Evangeline.
—Lo detesto —rugió Airi.
*.*.*
Syaoran despertó cerca de las cuatro de la tarde, no dormía tan bien desde hacía meses. Y eso, se lo debía a Evangeline. Saltó de la cama de Hiraguizawa, quien aún continuaba tumbado en el piso, el pobre despertaría con una mialgia terrible, pero poco importaba.
El castaño caminó a su habitación con la esperanza de que ambas criaturas estuviesen bien. Lastimosamente, Evangeline ya se había marchado. Tendría que hacer algo para compensarla luego, Kerberos seguía durmiendo y Syaoran lanzó una maldición. Odiaba alimentar a su guardián de una manera tan cursi, dándole pequeños abracitos o por medio de una caricia voluntaria, pero era eso o marcar a Kerberos. Syaoran detestaba pensar en la segunda opción, por lo que resolvió consultar en sus libros, y encontró la mejor de las soluciones, pero también la más dolorosa, marcarse él mismo.
Invocó su anillo, y este se hizo presente en la palma de su mano. Canalizó su energía hasta convertirlo en una hermosa pluma dorada, en cuyo centro descansaban seis talismanes verdes, y uno rojo. Lo que significa que vencer al demonio Kurai, le otorgó la experiencia suficiente para cambiar un talismán.
El castaño se apoyó en la pared de su habitación, tragó aire, y dirigió la punta de la pluma a su muñeca izquierda. Al contacto con la piel de Syaoran, la pluma se activó. Con una mueca de dolor, el castaño dibujó en esa zona la Jikaido que le permitiría a Kerberos alimentarse de él en cualquier momento. La Jikaido no era más que un carácter chino, que significaba "conexión." Syaoran exhaló satisfecho, en realidad era la marca más pequeña en su cuerpo. Bueno, esa y la de sus manos.
Li reconvirtió la pluma en su anillo, y lo guardó. Pasó al cuarto de baño a lavarse la cara, y los dientes. Su cabello necesitaba un corte, ahora que lo recordaba, la última vez que lo recortó fue hace tres meses. Se apartó los largos mechones castaños, y examinó su rostro. No había moretones afortunadamente. Se vistió con sus típicos vaqueros negros, botas, y una camiseta blanca. Esa vez, no saldría a buscar pelea y menos con el hermano de Sakura. La chica le caía bien, era…, simpática. Quizás le recordaba a Evangeline.
Antes de salir de la habitación, le echó un ojo al pobre Hiraguizawa, procuraría rescatarle un plato de la cena, y se lo traería a la habitación. El sujeto despertaría con jaqueca.
Syaoran llamó al ascensor, salió de los dormitorios, y fue directo a Clow Mysteries. Ese día se sentía benevolente, le compraría unas flores a Kerberos, y le llevaría su cena a Hiraguizawa, suficientes buenas acciones, con eso tendría reservado un lugar en el cielo.
Una campanita resonó en la tienda, al momento en que el ambarino se adentró en ella. Alzó una ceja, la tienda estaba completamente vacía. Se acercó al mostrador, y una adormilada chica le saludó.
—Hola, chico de las propinas.
Syaoran la reconoció como la mesera de la cafetería Tsubasa. —Quiero una flor de esas —señaló a los estantes llenos de flores, no sabía cómo le habían nombrado los humanos a la flor de Ruby Moon.
Nakuru sonrió con malicia. —Hmm… seguramente quieres agradar a una chica.
El gruñido de Syaoran se fundió con el repiqueteo de una campanilla, y Nakuru amplió su sonrisa.
—No es eso.
—¿Entonces? —cuestionó divertida Nakuru.
Syaoran golpeó el mostrador. —¿Me la vas a vender o no? Además, ¿qué no eres camarera, qué diablos haces aquí?
Nakuru dio un respingo.
—Tranquilo. Verás… —alzó el dedo índice y apuntó su mirada al techo—, soy pobre —confesó bajando la mirada, tomó una bocanada de aire, y explicó—: Durante mis tiempos libres trabajo para obtener un poco de dinero, y la colegiatura no es un problema —sonrió—. Gracias a mi brillante intelecto y esplendidas calificaciones, el señor Kinomoto decidió becarme.
—Hmm —contestó Syaoran. A él no le importaba la vida de esa chica. ¡Él simplemente quería una planta!
—Sus hijos son una maravilla. Touya es tan guapo —relató con ojos soñadores. Syaoran bostezó—, y Sakurita es un amor —Nakuru fijó su vista en los estantes de atrás, y la curiosidad de Syaoran lo llevó a dirigir su mirada hacia ese lugar.
Sakura Kinomoto, estaba disputándose entre una carpeta rosa o una amarilla. La mirada marrón de Syaoran la recorrió de pies a cabeza. Nunca había reparado en las delicadas facciones de su rostro, en su largo y rizado cabello castaño o en la blancura de su piel. La chica portaba un ligero vestido blanco de punto, sin mangas, y una cintilla que se amarraba en su largo y delgado cuello. Los ojos de Syaoran no habían apreciado nunca, una belleza similar. La notable inocencia de Sakura, resultaba condenadamente sensual.
—¿Ya no vas a comprar la flor? —preguntó Nakuru curvando una sonrisa. Syaoran despegó los ojos de aquella cosita hermosa, y volteó para observar a la mesera.
—Por… por supuesto. —¡Oh, mierda! ¿Desde cuándo tartamudeaba? Se llevó una mano a la mejilla, ¿tenía fiebre? Porque sentía su rostro arder.
—Sakura no está a la venta —susurró en secreto Akizuki.
Los ojos de Syaoran se abrieron desmesuradamente. —¡¿Qué? —Definitivamente, tenía fiebre. Su rostro estaba completamente rojo, y era por eso, porque estaba enfermo, no por la adorable Sakura.
—Hey, Nakuru —saludó Sakura acercándose al mostrador con ambas carpetas.
—Sakurita —chilló Nakuru alzando la mano como si estuviese perdida.
Syaoran deseó desaparecer, pero no podía utilizar el hechizo "spoku" frente a ellas. Sakura colocó las carpetas sobre el mostrador, y…, notó la existencia de Syaoran.
—Hoe… Hola.
—Hola —masculló Syaoran. Sakura tenía dos preciosos hoyuelos en las mejillas que se marcaban cuando sonreía, y Syaoran se maldijo por notarlo.
Sakura sacó un pañuelo que tenía bordado un pollito amarillo en una esquina, se limpió la mano, y se la ofreció a Syaoran. —Sakura Kinomoto…, mucho gusto.
Syaoran ahogó una sonrisa por la acción tan graciosa de la castaña. —Syaoran Li —se presentó. Al estrechar la mano femenina, Syaoran se percató de otro maldito detalle. Sus dedos eran delgados y pequeños. Las uñas estaban cubiertas por un suave barniz rosa, y un diminuto corazoncito blanco adornando a cada una. ¡Joder, la chica era encantadora!
Nakuru carraspeó para que los castaños le prestaran un poco de atención.
Sakura retiró con dificultad su mirada del rostro de Syaoran. El chico era alto, y corpulento, pero sin exagerar. Su cabello castaño oscuro caía rebelde sobre su frente, al punto de cubrir sus pobladas cejas. Los ojos ámbares de Syaoran eran tan profundos que Sakura tuvo miedo de perderse en ellos. Kinomoto reparó en los labios masculinos, carnosos y rosados, suaves y húmedos a simple vista. Se vio forzada a presionar la mano de Syaoran, para no alzar la suya y acariciarlo allí mismo.
—Disculpen, ¿les importaría admirarse después? —interrumpió Nakuru.
Ambos se distanciaron al instante, aunque Syaoran observó con diversión las mejillas erubescentes de Sakura mientras cancelaba su factura.
—¡No puede ser! —chilló Sakura—. Olvide mi monedero —lloriqueó revolviendo su cartera.
Syaoran metió de nueva cuenta su mano al bolsillo, y canceló la cuenta de Sakura.
Nakuru sonrió por dos razones: uno, Li era un caballero, oscuro, pero a final de cuentas un caballero; y dos, dejaba buenas propinas.
Syaoran le extendió la bolsa con las carpetas a Sakura.
—No tenías que hacerlo —farfulló ella—. Si me acompañas a los dormitorios, puedo ir por mi monedero y… —Syaoran deslizó un dedo a lo largo de los labios de ella, dibujando cada una de sus líneas, y arrastrando consigo los restos de su brillo labial.
Sakura tragó aire, moriría ahí mismo si Syaoran no se detenía. Estaba asustada lo reconocía, pero muy en el fondo, le gustaba. Ella no podía explicar la atracción que sintió desde un principio por él, y mucho menos lo que sentía cuando lo tenía cerca.
Syaoran se maldijo nuevamente. ¿Qué rayos estaba haciendo? Él ni siquiera podía tener una aventura pasajera con la chica, ella no era de esa clase. No obstante, era lo único que él podía ofrecer.
—Gracias por su compra —dijo Nakuru aclarando su voz.
Syaoran salió de su tormentosa ensoñación. —No… Tómalo como un regalo, Sakura.
—Gracias —murmuró, pero el castaño ya se había marchado.
Nakuru le dio un empujoncito a Sakura.
—Al parecer, dentro de poco serás la señora de las tinieblas —se burló—. Mira que enredarte con el famoso "señor oscuro," tu padre morirá cuando lo sepa.
Sakura no le prestó atención a la broma de Nakuru, simplemente sonrió, y abrazó las carpetas que Syaoran compró para ella.
*.*.*
Eriol despertó al olfatear un aroma agradable, seguramente una hamburguesa con queso, y papas fritas. Palpó la superficie dura y fría sobre la que reposaba, ¿qué sucedió? Lo último que recordaba era haber salido del ascensor con su cámara de video, sólo eso. Trató de incorporarse y los brazos le fallaron, su cuerpo dolía horrores, y su cabeza le estaba matando.
—Te caíste de la cama, has estado inconsciente todo el día —informó una voz masculina. Hiraguizawa levantó unos centímetros la cabeza, Syaoran estaba tranquilamente sentado en su cama, jugando con su iphone.
Eriol estiró su cuerpo perezosamente, se quitó los lentes, y consiguió sentarse. Syaoran sin despegar los ojos del aparato, le ofreció un par de analgésicos al peli-azul, éste sin dudarlo aceptó.
Después, Syaoran arrojó una bolsa que contenía los alimentos que Eriol, olfateó anteriormente. Le dio un mordisco a una papa, y se atrevió a preguntar—: ¿Trajiste algo de beber? La garganta me está matando.
Syaoran gruñó por la interrupción, y dejó caer una botella de jugo en las piernas de Hiraguizawa. Eriol empezó a comer en silencio, aun no se explicaba tan extraño suceso. Además, Syaoran era un cabrón inconsciente, ¿no pudo simplemente despertarlo para que volviese a su cama? Aunque, le trajo una buena ración de comida y eso era un punto a favor.
Syaoran chasqueó la lengua, y arrojó el iphone de Eriol fuera de su vista. Se recostó en la cama, le gustaba, era más suave que la de él.
—Oye, Hiraguizawa —llamó el castaño.
—Hmm… —contestó Eriol devorando su hamburguesa.
—¿Qué haces en un lugar como este? No creo que seas un chico problema —reflexionó el ambarino.
Eriol dejó de masticar, y pensó su respuesta unos minutos. —Estoy huyendo de algo que, ni siquiera me persigue.
Syaoran se incorporó levemente, y cambió de posición para observar la triste expresión de su compañero. —No entiendo.
Eriol sonrió. —No todos estamos aquí porque seamos como tú, Syaoran. Algunos, prefieren permanecer en este lugar para evitar mudarse cada dos meses, debido a los negocios de sus padres —tomó un sorbo de jugo, y prosiguió—. Esa es la razón principal, a nadie le gusta estar solo, y aquí encontramos el hogar que nuestros padres no nos dan —se encogió de hombros—. Ya sabes, ellos prefieren los negocios.
—Pero, tú no estás aquí por ninguna de esas razones —intuyó Syaoran.
Eriol observó su botella vacía. —Tienes razón. Sin embargo, eso no significa que no haya estado dentro de ellas.
Syaoran cambió de posición nuevamente, y se quedó observando el techo. Hiraguizawa escondía muchas cosas, él lo sabía. Su mente era un laberinto con múltiples entradas y casi ninguna salida, por eso le costó tanto dominarlo.
Eriol se encogió y abrazó sus piernas. —¿Tienes novia, Syaoran?
Por primera vez, Eriol escuchó reír a su compañero. —No, nunca he tenido una.
—¡¿Qué dices?
—Lo que escuchaste, ¿para qué? Sería inútil. Al final, me obligaran a casarme con una mujer que no amo, pero una vez que este con ella, jamás podré dejarla.
Eriol suspiró y se acostó de nuevo en el piso. Syaoran en un acto de bondad le arrojó una almohada.
—Bueno, existe el divorcio —opinó Eriol.
—No es tan fácil —dijo exasperado Syaoran—. Aunque nos separemos, siempre estaremos unidos.
Ambos chicos se quedaron callados. Eriol, porque no entendía, y Syaoran, porque no podía explicarlo.
—¿Cuánto falta para el domingo libre? —preguntó el castaño, rompiendo el incómodo silencio.
Eriol se rió entre dientes. —Esta semana no cuenta, amigo.
Syaoran maldijo a todo el mundo.
—¿Qué es lo que necesitas?
—Un corte de cabello —bufó.
Eriol se levantó del piso. —¿No has entrado a "RVS"?
—No.
—Es mucho más grande de lo que crees —decía revolviendo sus cajones—. Me daré un baño e iré contigo.
Syaoran asintió con el ceño fruncido, ¿desde cuándo se volvió tan amigo de Hiraguizawa? Estuvo a punto de revelarle sus secretos, tendría que tener más cuidado de ahora en adelante.
*.*.*
La semana introductoria había terminado y Sakura despertó muy temprano en su primer día de clases, razón por la cual Tomoyo se adelantó a la cafetería con las demás Heart Jewelry para pescar un buen desayuno. Por suerte, todas quedaron en el mismo salón, pero eso poco le importaba a Sakura. Lo que verdaderamente emocionaba a la castaña era que Syaoran Li sería su compañero. Con gran ilusión permitió que sus bucles castaños adornaran sus hombros y espalda dejándolos sueltos. La mirada esmeralda descendió a su falda color escarlata e hizo un mohín frente al espejo, a Tomoyo se le pasó la mano en esa ocasión, ¡la falda estaba demasiado corta, y sus piernas y muslos demasiado delgados! Sakura luchó durante algunos minutos con el dobladillo de la prenda sin obtener resultados satisfactorios. Syaoran nunca se fijaría en una flacucha como ella. Sakura siempre se caracterizó por poseer las curvas menos peligrosas entre las Heart Jewelry, y el mal sabor de boca aumentó durante las vacaciones de invierno.
Pasó casi toda la temporada interna en el hospital, tuvo que mentirle a su querida prima Tomoyo para que no se preocupara, dejándole como consecuencia un cuerpo débil y desnutrido. Los médicos no le dieron un diagnostico certero, y lo más extraño era que su padre no les exigió la mayor explicación respecto a su enfermedad. Las vitaminas que Kaho le llevó hace unos días, aliviaron algunos de sus síntomas, ya no sentía mareos repentinos, y mucho menos los dolores descomunales que solían atacar su cuerpo. Sin embargo, las tormentosas pesadillas nocturnas aumentaron desde que empezó a consumirlas, pero en la mente de Sakura era preferible sufrir ese tipo de inconvenientes a tener que afrontar aquellos dolores de nuevo.
La castaña apartó una fea pelusa de su chaqueta azul, y ajustó su corbata escarlata al cuello de la blusa. Cogió su carpeta rosa, aquella que Syaoran le obsequió la semana pasada, y salió de la habitación.
Caminó directo al salón de clases, dispuesta a pedirle a Syaoran que fuese su compañero de banco, aunque eso significaría hacer a un lado a Tomoyo y ella no deseaba causarle incomodidades a nadie. Algunos de sus compañeros ya se encontraban el aula, seguramente porque tuvieron el mismo pensamiento que ella, reservar un asiento para compartirlo con su futuro compañero. Sakura escogió la mesa junto a la ventana, atrás de ella se encontraba Yamazaki y su grupo de mafiosos. Esos chicos siempre escogían los asientos del fondo, era casi una tradición que ellos ocuparan ese lugar. Minutos después, aquellos que no tuvieron que sacrificar su desayuno por una banca decente comenzaron a entrar.
Sakura esperaba expectante la entrada de Li, cuando fue abordada sorpresivamente por Kyoji Hideki.
―Hola, Saku ―resopló el chico a su oído.
―!Hoe! ―exclamó la castaña dando un respingo.
―¿Por qué estás tan sola? ―preguntó Hideki enrollando su dedo en uno de los bucles castaños de Sakura.
―E-estoy…, esperando… ―Sakura interrumpió su lamentable tartamudeo cuando Kyoji se acomodó a un lado de ella.
―¿Qué te parece si somos compañeros de banco este año? ―preguntó Hideki rodeando los hombros de Sakura con su brazo.
La castaña ladeó la cabeza con la boca abierta para observar la fuerte y pálida mano sobre su brazo. Ella deslizó su mirada esmeralda al rostro masculino, Kyoji era el sueño de cualquier mujer, pero ella no era cualquiera.
―Disculpa, pero y-ya tengo un compañero ―espetó la esmeralda con el ceño ligeramente fruncido.
El chico de ojos color púrpura río entre dientes.
―No creo que a Tomoyo le moleste.
―No, no es Tomoyo ―aclaró la joven Kinomoto.
Kyoji borró la sonrisa de su rostro y la miró con seriedad.
―¿Entonces, quién es?
―Eso no te interesa ―murmuró Sakura ladeando su rostro hacia la ventana.
―Hmm… Esa no es una respuesta que me agrade, Sakura ―indicó Hideki.
La esmeralda incomoda por la cercanía con su compañero, procuró liberarse de su agarre, sin embargo Hideki no se daría por vencido, él no descansaría hasta obtener una respuesta satisfactoria.
*.*.*
Syaoran entró seguido de Eriol al aula 2-B, el maldito cuarto donde estaría encerrado toda la endemoniada mañana. Syaoran estaba acostumbrado a recibir sus clases por la tarde y entrenar por las noches. Él era un ave nocturna, lo reconocía, las sombras eran lo suyo.
Eriol escuchó los gruñidos de su compañero durante el desayuno, y la intensidad de estos aumentó cuando emprendieron su camino al colegio, específicamente cuando entraron en el aula.
―Al parecer, no podremos sentarnos juntos ―dijo Eriol al observar la mayoría de bancos ocupados.
Syaoran gruñó en respuesta y Eriol admiró el aspecto desgarbado de su compañero por quinta vez en el día. Syaoran omitió de su vestimenta la incómoda corbata escarlata e intencionalmente olvido abotonar su elegante chaqueta azul. La única prenda que el ambarino portaba correctamente eran los pantalones, y aun así, el condenado se veía magnífico. El corte de cabello aunque fue mínimo, disminuyó un poco su aspecto amenazador, y Eriol lo envidió por eso. ¿Por qué él no podía verse igual de apuesto?
―!Eriol, por aquí! ―gritó Yamazaki agitando su mano en el aire.
―!Oh, genial! Tendré que sentarme junto al gángster de la clase ―masculló Eriol.
Syaoran no le prestó atención, sus resplandecientes ojos marrones estaban clavados en la pareja que se encontraba adelante de Yamazaki. Sakura y el tal Hideki se encontraban en una posición bastante comprometedora. Kyoji sostenía la mandíbula de Sakura con una mano, mientras que la otra descansaba sobre los hombros de la chica.
Una sensación desconocida embargó a Syaoran, ¿por qué le molestaba tanto ver a la niña Kinomoto tan cerca de otro sujeto?
―Vaya, mira eso. Kyoji molestando de nuevo a Sakurita ―musitó Eriol.
La sensación desconocida por Syaoran fue reemplazada por otra más grata o al menos, para él lo era porque la conocía muy bien: la ira.
―¿A qué te refieres? ―cuestionó preparándose para partirle la cara al idiota ese.
―A Hideki le gusta jugar con Sakura. Todo el círculo de populares cree que él es un santo, pero están muy equivocados, eso te lo aseguro. El infeliz ha intentado propasarse con ella en más de una ocasión, y no se lo ha dicho a nadie porque nadie le creería, ya sabes, por la fama que tiene ―explicó Eriol.
Syaoran sintió su sangre hervir, le arrojó su carpeta a Eriol, y sin decir palabra alguna se aproximó a la pareja.
―Ya déjame tranquila ―sollozó Sakura.
―Ni loco ―contestó Hideki.
Syaoran llegó justo a tiempo para escuchar semejantes comentarios, cosa que logró enfurecerlo aún más. Agarró a Hideki por el cuello de la chaqueta y lo obligó a ponerse de pie.
―¿Qué te sucede, imbécil? ¿Por qué la estas molestando? ―gruñó Syaoran.
Kyoji sonrió sínicamente. ―Que te importa ―respondió.
El ambarino le devolvió la sonrisa, y lo arrastró hasta la esquina del salón estrellándolo un par de veces contra la pared. ―Escúchame bien idiota, no quiero verte cerca de ella, ¿entiendes? Si llegó a verte de nuevo rondándola o poniéndole un dedo encima te mato, eso no lo dudes.
―No te tengo miedo, Li. Llevó dos años queriéndome comer esa cerecita, y tú no estarás todo el tiempo con ella, ¿o sí?
Syaoran nunca se había sentido tan enojado, ¿qué insinuaba el idiota ese? Sakura era como un ángel, pura e inocente, y él por nada del mundo permitiría que un demonio la ensuciara y le rompiera sus preciosas alas. No, eso jamás.
―Eso no lo sabes, yo puedo estar donde quiera a la hora que se me plazca ―masculló Syaoran aumentado la fuerza de su agarre.
―Entonces…, veremos quién gana ―declaró Hideki casi sin aliento.
El castaño decidió liberar a Kyoji cuando percibió la presencia de Sakura atrás de ellos.
La esmeralda se sintió culpable por los disturbios, ahora todos sus compañeros tendrían en concepto de salvaje a Syaoran, y todo por defenderla. Las pequeñas ilusiones que se había forjado estaban destruidas, Syaoran ya no sería su amigo, y mucho menos querría ser algo más. Él como todos se alejaría de ella porque solo traía problemas, era una carga para todo el mundo, incluso para su familia.
―Los ángeles no lloran, princesa ―susurró Syaoran limpiando el par de lágrimas que habían escapado de aquellas lagunas esmeraldas.
Eriol dejó caer su mandíbula al piso porque la voz áspera y profunda de Syaoran fue reemplazada por un sonido cálido y melodioso. ¡La maldita voz de Syaoran era tan suave como la seda! Y, ¿por qué estaba acariciando el rostro de Sakura? Además, a ella parecía gustarle. Definitivamente, se había perdido de algo.
―¿Puedo sentarme contigo? ―preguntó el ambarino retirando sus manos del rostro femenino.
Sakura se llevó ambas manos a las mejillas en un intento desesperado por mantener en ese lugar el calor, y las sensaciones que Syaoran gravó en ellas. El ambarino no espero respuesta de la chica, simplemente la tomó por la cintura y la condujo a su respectivo pupitre, no sin antes dedicarle una sonrisa socarrona a Hideki, quien continuaba sosteniéndose el cuello con ambas manos.
Ese día, él habia ganado.
*.*.*
Tomoyo entró al salón de clases dando estrepitosos taconazos, su prima la dejó plantada en el desayuno, y todo por sentarse junto al gótico ese o quizás el muy sin vergüenza se sentó junto a ella sin permiso. A grandes zancadas llegó hasta la banca donde se encontraba una sonrojada y evidentemente nerviosa Sakura, acompañada de Syaoran, quien no disimulaba su aburrimiento.
Sakura se sobresaltó al divisar la figura de su prima. La amatista se cruzó de brazos, y frunció el ceño. ―¿Qué significa esto, Sakura?
Syaoran observó por el rabillo del ojo la expresión de culpabilidad de la castaña, y decidió intervenir.
―¿Estas ciega, Daidoji? Significa que tu prima ya tiene un nuevo compañero, así que, ve a refunfuñar a otra parte.
Tomoyo dejó caer ruidosamente su carpeta en la mesa, y retó con la mirada al ambarino. ―Sakura ha estado a mi lado casi desde que nacimos, y un recién llegado como tú no tiene derecho a separarme de ella. Así que, definitivamente el que se irá, serás tú.
―No quedan más asientos libres ―replicó Syaoran.
La amatista gruñó en respuesta, el despeinado ese tenía razón. Su mirada cayó sobre el pupitre que se encontraba atrás de los castaños, el cuatro ojos y Yamazaki lo ocupaban. Tal vez podría conseguir algo.
―Tú…, el gángster. ―especificó cuando Eriol le dirigió una mirada.
―Dime ―respondió Yamazaki orgulloso de su sobrenombre.
―Ve a buscar otra silla, necesito este lugar ―ordenó chasqueando los dedos para que Yamazaki se apresurara.
―Tú no eres nadie para darme órdenes ―rebatió Takashi ante el gesto petulante de la amatista.
―Te equivocas, las Heart Jewelry somos tus mejores clientas amigo, y no eres el único traficante del establecimiento. Si no quieres perder a unas clientas tan valiosas como nosotras, desocupa esa silla inmediatamente.
Yamazaki cerró su carpeta, y obedeció. Tanto Eriol como Sakura estaban sorprendidos por el tono amenazador de Daidoji, ya que ella se caracterizaba por su dulce tono de voz.
La amatista ignoró los rostros atribulados de sus compañeros y volvió a dirigirse al ambarino.
―Listo.―indicó sacudiéndose las manos―, puedes ocupar el asiento de atrás.
―Tomy, la verdad es que…, yo le pedí que…, ocupara este lugar. Yo quiero que él sea mi compañero ―confesó tímidamente la castaña.
Eriol lanzó una risita burlona por la expresión de incredulidad y furia que surcaba el rostro de Tomoyo. Syaoran casi sonríe de felicidad por la declaración de Sakura, él desocuparía el asiento solo si ella se lo pedía, y al parecer, eso no iba a suceder.
A la hora del almuerzo, Tomoyo armó tremendo escándalo en la cafetería porque todas las Heart Jewelry quedaron en distintos lugares. Rika decidió sentarse junto a Kyoji, Naoko con el idiota de Shinji, Chiharu se vio obligada a aceptar la propuesta de Yamazaki, su querida e inocente prima Sakura habia caído bajo los encantos de "El señor oscuro", y ella lastimosamente, terminó compartiendo su banca con el cuatro ojos.
―!Esto es horrible! ―chilló Tomoyo apuñalando la lechuga de su ensalada―. Las Heart Jewelry mezcladas con la escoria del Fenix Scolarium.
―Bueno, mi compañero no es tan malo ―opinó Rika―. Sé que todas las del salón A mueren por sentarse junto a Kyoji, aunque según las últimas encuestas, la mayoría se derrite por el compañero de Sakura ―bufó Sasaki.
La esmeralda se sonrojó y dejó de jugar con su ensalada para dedicarle una mirada furtiva a Syaoran, que se encontraba almorzando en la exclusiva butaca que una vez estuvo reservada para ellas.
―A ese ni me lo menciones ―advirtió Tomoyo apretujando su botella de agua mineral―. Lo odio.
―Dinos Sakura, ¿es cierto que tu amiguito atacó sin razón aparente a Kyoji? ―indagó curiosa Chiharu―. Yamazaki me lo comentó.
Sakura apuñó la mano que tenía sobre la mesa. ―Eso no es cierto, él lo hizo porque Kyoji me estaba molestando —aseveró la castaña.
Rika y Chiharu soltaron una carcajada. ―Ay por favor, no sueñes querida. Kyoji nunca pondría un ojo en ti, y seguramente Li está contigo sólo porque quiere divertirse un rato. Quizás le parecen excitantes tus problemas sicológicos ―se mofó Sasaki.
Naoko tomó el puño de Sakura entre sus manos antes de que la castaña terminara clavándose las uñas en su propia mano. Kinomoto entendió el mensaje, y entrelazó sus dedos con los de Yanagisawa buscando un poco de apoyo.
Tomoyo se levantó súbitamente de la mesa, y tomó su bandeja. ―Esos comentarios están fuera de lugar en nuestro grupo, Rika. Muchas veces te he advertido que midas tus palabras, y esta vez cruzaste la línea. Acabas de ganarte una expulsión temporal del grupo. Hasta que reflexiones tus actos, y le pidas una disculpa sincera a Sakura quedas fuera ―sentenció la amatista retirándose de la mesa.
Sakura y Naoko le siguieron el paso a Daidoji. Chiharu dudó por unos momentos, pero al final decidió marcharse con las chicas.
―Esto va para ti también Chiharu, si vuelves a reírte de Sakura correrás con la misma suerte de Sasaki ―advirtió la amatista tomando la mano de su prima.
Mihara asintió en silencio, y Naoko sonrió satisfecha, al fin se hacía justicia dentro del grupo.
Notas de autora:
Hola, me siento muy feliz porque tarde menos de quince días, jajaja. Y espero que les haya gustado el capítulo, si usted considera que esta historia merece un review puede dejarlo (xD).
(1): La sangre de Syaoran es de color celeste debido a los poderes que recibe de la luna, se relaciona bastante con la energía que guarda en su emblema, la cual es un obsequio que la diosa Tsuki les otorga los días de luna llena. Cuando la sangre de los intermediarios se torna de color rojo, significa que han agotado sus reservas de energía, y es una mala señal porque estarían demasiado susceptibles a cualquier ataque.
