Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría.
"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"
Capítulo 4: Sentimientos etéreos I.
La semana transcurría muy, pero muy despacio, apenas era miércoles y Syaoran no soportaba un minuto más de clases. A esos humanos les enseñaban puras tonterías, en biología tendría que asesinar a un pobre sapo, el sapo no le había nada, ¡joder, ¿Cuál era la obsesión de esa gente en asesinar a los animales inocentes? Por suerte, para ese laboratorio le tocó Hiraguizawa como pareja, él haría el trabajo sucio.
Dejó de cavilar acerca de la matanza indiscriminada de animales de laboratorio, y se recostó en la mesa utilizando sus brazos como almohada.
Sakura estaba desesperada por que terminara la hora de matemáticas, ella no entendía nada acerca de logaritmos, y no quería quedar como tonta frente a Syaoran. Por cierto, él casi no le dirigía la palabra, es más, no hablaba con nadie que no fuera Eriol. A Shinji, Tao y Atsu, sólo les daba órdenes, pero nunca lo había visto conversar, y mucho menos reír con ellos.
La maestra dio por finalizada la clase, no sin antes dejar una extensa tarea. La castaña apuntó los ejercicios en su libreta, y guardó sus lápices en el estuche. Syaoran observó el movimiento de las pequeñas manos de Sakura. La chica había retirado la bonita decoración de sus uñas, lastima, a él le gustaban arregladas de aquella manera.
―¿Qué clase sigue? ―preguntó el ambarino.
Sakura cerró su carpeta, y sonrió. ―Ninguna, es la hora de orientación.
―¡¿Por qué murmuran tanto? ―gruñó Tomoyo logrando atraer la atención de los castaños―. Espero que no estés haciéndole propuestas indecorosas a mi prima.
Syaoran bufó e ignoró a Tomoyo. ―Controla a tu fiera, Hiraguizawa ―ordenó dirigiéndose al oji-azul.
Eriol interrumpió su bostezo, y frunció el ceño.
―Es una fiera, pero no es mía. ―espetó.
―¡¿Qué dijiste? ―replicó la amatista.
―Vamos, Daidoji. Te falta poco para morder a las personas que se te acercan ―rebatió Eriol.
Syaoran admiraba con diversión la pequeña disputa que había ocasionado, hasta que Sakura decidió intervenir.
―Tomy, ¿no crees que deberías tratar mejor a Eriol?
La amatista frunció los labios, y entrecerró los ojos.
―No.
―Creo que les hace falta un poco de convivencia ―opinó Sakura―. ¿Qué les parece si saliendo de clases vamos los cuatro por un helado?
Eriol se encogió de hombros.
―Por mí no hay problema.
―Conmigo no cuentes, tengo cita con el manicurista ―dijo Tomoyo cruzándose de brazos.
Sakura hizo un lindo puchero, y sacó su monedero.
―Anda, no seas mala. Yo invito, Touya me dio mi mesada ayer, y… ―La amatista le arrebató el monedero a Sakura e inspeccionó su contenido.
―¿Esta miseria? ―gritó agitando en el aire los tres billetes que conformaban la "mesada" de Sakura.
Sakura se sonrojó y se los arrebató de nuevo. ―Es que, Touya dice que si me da más dinero, yo podría ahorrar lo suficiente e irme de casa en cuanto terminemos la prepa ―balbuceó avergonzada―. Entonces, para prevenir esa situación sólo me da una parte.
Syaoran rodó los ojos al escuchar semejante estupidez. No cabía duda de que Touya Kinomoto era un completo imbécil, él más que nadie debería saber que Sakura jamás haría una cosa como esa; sin embargo, ahí estaba la prueba fehaciente de que ni siquiera conocía a su hermana.
―Bueno, si Daidoji no quiere ir con Hiraguizawa, iremos solo nosotros ―sentenció el ambarino apartando algunos mechones castaños del rostro de Sakura.
Tomoyo al advertir el contacto íntimo entre los castaños, se apresuró a clavar un lápiz en el brazo de Syaoran. ―No la toques.
Las manos de Sakura viajaron de inmediato al brazo de Syaoran. ―¿Te dolió? ―preguntó mientras realizaba pequeños masajes en la zona.
―No ―aseguró dedicándole una sonrisa socarrona a Tomoyo.
Daidoji gruñó, y golpeó con la goma de su lápiz la cabeza de Sakura. ―Tú tampoco lo toques. ―Luego, le devolvió la sonrisa a Syaoran y musitó—: Ni sueñes que te dejaré estar a solas con mi prima, los cuatro iremos por el helado.
La amena conversación de los jóvenes, se vio interrumpida por la sorpresiva entrada del profesor Terada al salón.
―Buenos días ―saludó el hombre tomando su lugar frente a la clase.
―Buenos días ―murmuraron algunos.
―Se los ve muy animados ―ironizó cruzándose de brazos―. Pero no se preocupen, les traigo una noticia que seguramente les levantará ese ánimo.
―¡Sí, por fin vamos a elegir a nuestro representante de grupo! ―intervino Yamazaki.
―Efectivamente, sólo que este año habrá una pequeña variación. Serán dos representantes: uno, será electo por simpatía; y el otro, será escogido por su profesor ―explicó estudiando detenidamente la lista de asistencia―. Li Syaoran ―llamó.
―¿Qué? ―contestó Syaoran.
Terada sonrió. ―Usted es mi elegido joven, pase al frente por favor.
Syaoran no se movió de su silla. ―Renuncio. No me interesa el cargo.
―No le estoy preguntando, joven Li. Todos aquí hemos notado sus conductas antisociales, y en vista de que usted no ha hecho nada por mejorarlas, la junta de maestros llegó a la conclusión de que seremos nosotros quienes lo integraremos al grupo poco a poco. Y la mejor forma que encontramos para hacerlo es esta, así que pase al frente ―ordenó el maestro ante la conducta irrespetuosa de Li.
Syaoran rompió el lápiz que sostenía en dos partes, y las arrojó al piso mientras se ponía de pie. Todos los chicos soltaron una exclamación cuando Li se paró frente a ellos, con él al mando, el salón estaba destinado al fracaso.
―Muy bien, ahora escuchare sus propuestas ―indicó el maestro.
Yamazaki alzó la mano, y le fue concedida la palabra. ―Yo me propongo.
Terada asintió. ―¿Alguien más?
―¡Kyoji! ―sugirió Rika agitando su mano en el aire.
Yamazaki chasqueó la lengua. Sabía que no podría competir contra Hideki, él tenía a toda la población femenina de su parte simplemente por ser apuesto, la simpatía y admiración de los chicos por formar parte del selecto equipo de fútbol.
Las votaciones comenzaron. Tal y como lo vaticinó Yamazaki, perdió 6 a 22 contra Hideki. Los únicos que votaron por él fueron su grupo de mafiosos, Eriol y Sakura. Una derrota verdaderamente humillante. Syaoran maldijo en sus adentros, ahora tendría que compartir su tiempo, y coordinar sus actividades con las de Hideki.
El profesor Terada se acercó a su escritorio, y le entregó una lista de actividades a cada representante.
―La primera actividad que tendrán que realizar será afuera del instituto. Estaremos fuera por dos días ―informó dirigiéndose a la clase. Los alumnos comenzaron a murmurar entre ellos. El Fenix Scolarium rara vez realizaba excursiones, y menos en esa época del año.
―¿Adónde se supone que iremos, profesor? ―preguntó Tomoyo cambiándose de asiento. Syaoran frunció el ceño al percatarse de que Daidoji estaba usurpando su lugar junto a Sakura. Después se regañó mentalmente por ello, él no tenía por qué molestarse. Sakura no era de su propiedad, ella era libre de estar con quien se le pegara la gana.
―¿Celoso? Admítelo, te gusta esa mocosa. ―chilló en su mente Kerberos.
―Cállate, bestia inútil. Tú tampoco me tienes tan contento. Anoche te comiste los dulces de Hiraguizawa, y esta mañana me los cobró porque pensó que yo los había tomado. ―replicó Syaoran.
―Tú tienes la culpa por tacaño. Nunca compras nada para mí, ni siquiera piensas en mí. Antes creía que eras un narcisista, pero cambié de opinión, ¿sabes? Tú ni siquiera piensas en ti mismo, los pocos pensamientos que he percibido de tu parte son para ella. Te recuerdo que esa niña no tiene cabida en nuestro mundo o bueno… Si la tiene, pero no creo que tú quieras tenerla de esa forma ―reflexionó en medio de reclamos Kero.
Syaoran guardó silencio. Kerberos tenía razón, Sakura era un alma demasiado pura, y él jamás se atrevería a pedirle semejante barbaridad. Lo mejor sería guardar sus distancias con ella, a Sakura no le convenía enamorarse de alguien como él, pero…, Syaoran no podía negar que él, ya tenía sentimientos por ella. No sabría decir con exactitud, si eran o no sentimientos amorosos, lo importante era que ya existían, y no podía darse el lujo de verlos crecer frente a sus ojos. A partir de ese día, comenzaría a tomar medidas.
―El proyecto se llama "Mundo verde" ―continuó diciendo el profesor―. Ayudaremos al rescate del bosque Tomuyaki.
―¡Oh! Yo he escuchado sobre él ―dijo Naoko. Su compañero de banco Shinji, la miró con notable interés, produciendo un tierno sonrojo en la joven―. E-escuché que estaba siendo deforestado para construir un centro comercial…
―Así es, nuestra misión será replantar la mayor cantidad de árboles posibles. Para esto trabajaremos en dos grupos. La mitad del salón estará bajo el cargo de Li, y la otra mitad, bajo las órdenes de Hideki. ¿Entendido?
―¡Sí, profesor!
―¿Cómo hará las asignaciones? ―cuestionó Eriol.
Terada pensó su respuesta unos instantes.
―Creo que esta mitad, irá con Li ―señaló el lado contrario al de Sakura―. Los demás, con Hideki ―Tomoyo se sintió realizada porque no habían quedado en el grupo del gótico. Shinji, Tao y Atsu, extrañarían la presencia de su señor. Eriol y Sakura, detestaron la vida por unos momentos hasta que Syaoran pidió la palabra.
―Profesor, ¿no cree que sería más democrático preguntarles con quien prefieren trabajar?
―No aceptas la derrota, ¿verdad Li? ―susurró Kyoji.
Syaoran ignoró su comentario, esperando la repuesta del profesor. Si bien decidió guardar sus distancias con Sakura, eso no significaba que la dejaría a merced de cuanto estúpido quisiera acercársele, y menos si se trataba de Hideki.
―Creo que tiene razón, joven Li. A ver, los que quieran estar en el grupo de Li, levanten la mano ―Los primeros en alzarla fueron Eriol, Sakura, y Tomoyo, quien fue obligada por los dos primeros a hacerlo. Los próximos en alzarla fueron Shinji y Naoko, seguidos de Tao y Atsu.
Yamazaki y su grupo de mafiosos lo dudaron por unos minutos, pero al final resolvieron unirse a la causa de Li. Rika y Chiharu, también alzaron la mano, siguiendo la política de que las Heart Jewelry debían estar siempre juntas. Finalmente, el grupo fue completado por unos cuantos admiradores de las Heart Jewelry.
Syaoran sonrió con suficiencia, nuevamente le había ganado la partida a Hideki.
―Es todo, pueden tomar asiento ―anunció Terada.
Syaoran pasó a un lado de Daidoji sin decir nada, y se sentó junto a Eriol. Se recostó en el pupitre, cerró los ojos, y se quedó dormido.
Al final de la tarde, Eriol decidió despertar con suma delicadeza a Syaoran. El castaño abrió los ojos, y se encontró con la mirada esmeralda de Sakura, observándolo con mucha ilusión.
―¿Nos vamos? ―preguntó Kinomoto curvando una sonrisa.
Syaoran se frotó los ojos con ambas manos, y se levantó de la silla.
―Lo siento, recordé que…, tengo algo que hacer.
Tomoyo sonrió ante el cambio tan abrupto de planes, y Eriol frunció el ceño. Nunca esperó que Syaoran, rechazara una invitación de Sakura. El ambarino comenzó a salir del salón, y Sakura se apresuró para darle alcance.
―¡Espera! Si te enojaste porque Tomoyo ocupó tu lugar… Lo siento ―se disculpó―. No pude evitarlo, yo estaba emocionada por la salida, y… ―Sakura desvió su mirada al piso―, no quiero que estés enojado conmigo, yo… Yo quiero que continuemos siendo amigos.
Syaoran tomó el rostro de Sakura entre sus manos. ―¿De verdad quieres que seamos amigos?
Sakura sintió su rostro arder. ―Sí ―declaró con los ojos cristalinos.
Syaoran liberó el rostro de Sakura para envolver el cuerpo frágil y pequeño de la castaña en un abrazo firme, y consolador. Las manos de Sakura se deslizaron desde los hombros hasta el pecho de Syaoran, donde apoyó su cabeza por unos instantes. Al momento en que Sakura se aferró a él, Syaoran sintió que no era merecedor de tanto cariño. Sakura era demasiado suave, y el único defecto que Syaoran encontró en ella fue el de ser una simple humana.
―Si quieres que seamos amigos, lo seremos ―susurró Syaoran. Sakura se sobresaltó al escuchar esas palabras, y se retiró un poco de él para observarlo―. Sólo ten en cuenta una cosa… De mi podrás tener lo que quieras, lo que me pidas, será tuyo… Lo que sea, menos yo mismo. Yo jamás podre pertenecerte ―Syaoran dejó caer sus brazos, y cerró los ojos para evitar cualquier contacto con Sakura―. Si te consideras capaz de soportar el dolor de que alguien que amas, no puede amarte de la misma forma que tú, podremos ser amigos. De lo contrario, nos mantendremos como hasta hoy lo hemos hecho.
Sakura sonrió con tristeza, y colocó una mano en la mejilla de Syaoran. ―Entonces, seamos amigos porque yo tampoco podré estar contigo por siempre.
Tomoyo y Eriol se miraron porque no comprendieron las razones de los castaños, y dudaban mucho que ellos se hubiesen entendido entre sí. Lo importante era que desde ese día, ambos habían acordado ser amigos.
―Oye, Daidoji ―llamó Eriol ajustándose nerviosamente la corbata―. ¿Qué te parece si nosotros…, también lo intentamos?
Tomoyo miró a Eriol de pies a cabeza. ―Ni lo sueñes.
*.*.*
Después de la cena, Touya decidió hacerle una visita de cortesía a su padre. Además, le urgía tratar un par de asuntos con él. Se despidió de Yukito, y se dirigió al edificio de profesores. Al entrar, la recepcionista le exigió su pase de entrada. Touya exhaló, y rebuscó el documento en la bolsa trasera de su pantalón. Pulsó el botón del ascensor, esperó, y saludó a un par de maestros mientras entraba.
Subió hasta el doceavo piso, y caminó directo a la última habitación del pasillo. Tocó la puerta y para su disgusto, fue Kaho quien lo recibió.
La mujer le sonrió sinceramente al hijo del director Kinomoto, y se hizo a un lado para que el joven entrara. Touya le lanzó una mirada despectiva a la mujer, y se acomodó en uno de los sillones de la sala. Sobre la mesita de cristal que adornaba el centro de aquella habitación, descansaban dos tazas vacías de lo que seguramente fue un refrigerio de té y galletas.
Kaho rodeó el mueble que se encontraba a un lado de Touya, y se sentó tranquilamente sobre él. ―Tu padre está en la ducha, saldrá en unos momentos. ¿Puedo ofrecerte algo?
―Sí, necesito hablar a solas con él ―espetó Touya―. Así que, se me ofrece que te retires.
La mujer trató de esbozar una sonrisa y se puso de pie. ―Está bien ―farfulló recogiendo las tazas vacías de la mesa. Se perdió en la cocina por unos instantes, y luego corrió directo a la puerta.
Fujitaka se asomó a la sala con una sonrisa en su rostro. Frunció el ceño al escuchar el sonido de una puerta cerrarse apresuradamente, y al ver a su hijo Touya de pie en medio de la sala, entendió las razones. Se llevó una mano al rostro, y presionó suavemente el tabique de su nariz.
―¿Cuántas veces te he dicho que no debes tratar de esa forma a Kaho? ―reprendió el hombre mirando acusadoramente a su hijo.
Touya comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación e hizo a un lado la pequeña reprimenda de su padre. ―Hablé con mi madre.
Fujitaka sonrió. ―Ya me lo imaginaba, por eso estas aquí, ¿cierto?
Touya detuvo su paso, y clavó su mirada en los ojos de su padre. ―Ella quiere irse ―informó con notable dolor en su expresión―. Se irá, por segunda vez.
Fujitaka avanzó unos centímetros, y Touya se acercó para abrazar a su padre. ―Ella no puede irse. No puede dejarnos de nuevo. Sakura la necesita, yo la necesito ―reclamó dejando escapar un par de lágrimas que se desvanecieron a lo largo de sus mejillas―. Anoche… Me llamó y dijo que…, pronto será el turno de Sakura. Yo no me engaño, papá. Se perfectamente que Sakura no está bien, ni tú, ni yo, podemos mantenerla con nuestra energía ―sollozó―. No es justo. Primero, mamá… Y después, será mi hermanita… Tengo miedo de quedarme solo, papá.
Fujitaka acarició la cabeza de su hijo. ―No hay nada que hacer al respecto. Nadeshiko ha tomado una decisión y debemos respetarla. En cuanto a Sakura, sabes que hemos hecho todo lo posible por mantenerla con nosotros pero… ―Apretó el abrazo que mantenía con su hijo, y vaciló unos momentos antes de continuar―, es algo que sabíamos desde el día en que nació.
Touya no se contuvo más, y estalló en llanto. ―¡El que tendría que estar en esa situación, soy yo! Yo, no ella… ―gritó aferrándose con fuerza a los hombros de su padre―. Siempre me he sentido culpable por haberle robado el derecho de vivir a mi hermana…
Fujitaka se tensó. ―Tú no le robaste nada a nadie, hijo. El único culpable aquí, soy yo. ―aseveró con un hilo de voz―. La concepción de Sakura fue…, un error de mi parte. Nadeshiko no sabía las consecuencias que tendría la llegada de un segundo hijo a nuestras vidas. Si le hubiese explicado las cosas mejor, ella continuaría con vida ―se lamentó.
Touya se separó abruptamente de él. ―¿Estás diciendo que te arrepientes de haber traído a Sakura a este mundo?
Fujitaka se peinó nerviosamente el cabello con los dedos, y le dio la espalda a su hijo. ―La verdad, cuando Nadeshiko me dijo que estaba embarazada por segunda vez… Lo primero que hice fue pedirle que se deshiciera de la criatura porque simplemente no era conveniente que naciera. Sin embargo, aun después de saber las consecuencias, Nadeshiko decidió tenerla ―Hizo una pausa para darse tiempo de asimilar la situación. No podía creer que le estuviese confesando tales cosas a su hijo, pero él ya era mayor y tenía derecho a saberlo―. El día que Sakura nació, tuve que tomar la decisión más difícil hasta el momento: Nadeshiko o Sakura. Tu madre me suplicó que escogiera a la niña, y así lo hice ―se volteó para encarar a su hijo, y prosiguió―. Pero el mérito de salvar a la niña, no es mío sino de Kaho.
Touya ladeó una sonrisa. ―Es por eso que esa mujer se siente con derechos sobre mi hermana, porque dio su Deixus por ella, ¿no es así? (1)
Fujitaka asintió. ―Por eso tu madre continua en este mundo, porque muy en el fondo temía que yo culpara de alguna manera a nuestra hija por su muerte, y debo confesar que en un principio fue así. Sin embargo, tu hermana supo cómo llegarme al corazón. Una sonrisa de Sakura derrite hasta el tempano de hielo más frio, es una niña encantadora. Sin duda, ustedes son el mejor regalo que Nadeshiko me dio.
Touya apartó las lágrimas de sus ojos, y amplió su sonrisa. ―Lo sé. Nosotros también te amamos, papá.
Los hombres guardaron silencio por varios minutos. Sabían que una simple conversación no solucionaría todos los problemas que tenían encima. Aunque, para ambos era un hecho que tarde o temprano, Sakura los dejaría.
―Por cierto, ese chico Li, es uno de ellos, ¿verdad? ―preguntó Touya aclarándose la voz.
El director suspiró. ―Sí.
―Lo sabía ―musitó―. A Sakura le gusta.
El rostro de Fujitaka se desencajó por completo. ―¿Por qué lo dices? ¿Ella te ha mencionado algo?
Touya realizó un gesto negativo con la cabeza. ―No, por favor, es obvio que ambos se atraen. Deberías ver la forma en que se miran. La tonta de Sakura chorrea baba por el sujeto, y Li no se queda atrás. No obstante, es divertido saber que él no puede tocarla. El cuerpo de Sakura reaccionaría como el de un humano común y corriente.
―Sí, eso me tranquiliza. Así, Li no sospechará de nosotros ―coincidió Fujitaka dejándose caer en uno de los sofás de la sala.
Touya se sentó frente a su padre. ―Dirás de ustedes, porque a lo que nosotros respecta, no tenemos ningún poder especial, y menos Sakura. Es más, ella no tiene idea de lo que es un intermediario.
―Es mejor así ―opinó Fujitaka.
Touya no estaba de acuerdo con eso, pero por el momento lo dejaría por la paz. No quería discutir más con su padre, por lo menos, no esa noche.
―¡Por cierto! ―habló de repente el joven―. Ya está todo listo para el partido amistoso contra el Ragnom Holle ―anunció con entusiasmo.
Fujitaka se masajeó las sienes. ―¿Por qué eres tan persistente? Te dije que no te atrevieras a hacerlo.
―¡No lo hice! ―replicó―. La invitación la hicieron ellos. Y yo, como digno capitán de mi equipo acepté. No íbamos a quedar como cobardes frente a ellos.
―Cancela toda esa estupidez. No tienes mi autorización para entrar en esa institución, y mucho menos el equipo de porristas porque tu hermana va incluida ―sentenció con voz firme.
Touya se atrevió a retar a su padre con la mirada, y se inclinó hacia adelante para hablar.
―No cancelaré nada porque soy un hombre de palabra. Previniendo esta situación, acordamos que el encuentro se realizará dentro de nuestras instalaciones, sólo que ellos impusieron una condición ―argumentó cruzándose de brazos.
―Ah, ¿sí?
―Sí. Quieren de vuelta a su capitán para el encuentro ―respondió molesto.
―En otras palabras, te exigieron a Li ―adivinó Fujitaka.
―Así es.
*.*.*
Syaoran entró a la sección de correos en RVS, seguido de su fiel acompañante, Eriol Hiraguizawa. Syaoran no comprendía por qué el sujeto ese lo perseguía tanto, durante la semana trató de deshacerse de él en un par de ocasiones, pero el resultado siempre era nulo.
Llegaron a la ventanilla de entregas, y escribieron los datos correspondientes en la ficha. El empleado le entregó un paquete de tamaño mediano a Syaoran, y una simple postal a Eriol.
Hiraguizawa forzó una sonrisa, y tomó la postal. La curiosidad embargó a Li, por el rabillo del ojo intentó leer la información contenida en ese pedazo de papel, hasta que fue descubierto por Eriol.
―Si quieres podemos intercambiar correspondencia ―sugirió divertido el peli-azul.
Syaoran abrazó posesivamente su paquete, y con un gesto arrogante rechazó la propuesta.
Eriol se encogió de hombros y avanzó hasta la sección de lectura. Cogió una novela romántica de los estantes, y se sentó tranquilamente en una de las sillas metálicas de la sala. Syaoran gruñó y se acomodó en la misma mesa que Hiraguizawa. La verdad, el lugar no era del todo desagradable. La distribución de secciones del establecimiento le parecía correcta. El ala sur, estaba conformada únicamente por la sección de alimentos, a diferencia del ala este, en la que se encontraba la sección de ropa y accesorios. El ala oeste, estaba dedicada únicamente a la sección de belleza, posiblemente Daidoji y las demás Heart Jewelry perdían su tiempo en ese lugar. Finalmente, en el ala norte, se encontraba la sección de correos y lectura, la favorita de Syaoran por ser la menos concurrida de todas.
Eriol desvió la mirada hacia su compañero cuando escuchó el característico sonido del papel al romperse. Syaoran abrió la caja de cartón, y sacó un pequeño cofre similar al que tenía en su habitación. Eriol lo miró con curiosidad, y Syaoran al notarlo, lo retiró de su vista. El castaño continuó hurgando en su paquete. Encontró un dibujo elaborado por Fanren, y un sobre blanco firmado únicamente con un beso marcado con labial carmesí.
―¡Oye, tu dijiste que no tenías novia! ―reclamó Eriol.
Syaoran rompió el sobre, y sonrió con ternura. Eriol no podía creer lo que veía, las únicas veces que Syaoran sonreía era para burlarse de alguien o intimidar a las personas. Sin embargo, en esa ocasión estaba sonriendo con sinceridad.
Querido Syaoran:
Como verás, es la primera vez que intento escribir algo. Sé que mi caligrafía no es muy buena, pero me esforcé mucho para lograrlo. Debo confesar que primero le expresé todas mis ideas a Eva, y luego ella me ayudó a realizar una carta digna de leer. Es muy buena conmigo, me visita dos veces por semana y se queda toda la tarde a jugar. Airi ha intentado comerse a Lior en algunas ocasiones, aún no se la razón, pero es una gatita muy linda.
Espero que no te moleste que te haya escrito, pero la vez que intenté llamarte por teléfono, se escuchaban puros sonidos extraños. Madre dijo que fue porque los fantasmas causamos interferencias en la línea o algo así, me explicó algunas cosas sobre lo que no debo hacer porque no tengo un cuerpo físico. No entendí la mayoría de ellas, pero Lior siempre está pendiente de mí. Madre te envía saludos, y dice que en cuánto pueda te llamará, y si no lo hace, deberás llamarla tú.
Espero que cambies pronto tus talismanes para que puedas regresar a casa. Estoy ansiosa por conocer a tu guardián, por cierto, ¿a él le gustan los duces? Desde que Evangeline viene a casa, Lior los ha consumido a granes cantidades, ella dice que a todo guardián le gustan los dulces, y tiene razón porque Airi es una máquina para comerlos.
El cofre que te adjuntamos a la carta, contiene algunos talismanes de protección para que se los des a tus amigos. Madre dice que es peligroso que ellos permanezcan a tu lado sin protección alguna, ya que si eres atacado por algún espíritu maligno, ellos fácilmente podrían posesionarse de sus cuerpos.
También quiero pedirte un favor. ¿Recuerdas la pulserita que hiciste para mí cuando cumplí cinco? Espero que sí, pensé en enviarte la original como muestra, pero lastimosamente ya no la tengo conmigo, la perdí en el lago. Lo que necesito es que hagas una para Eva y se la des como obsequio por todo lo que ha hecho por mí. La haría yo misma pero…, no puedo. Además, sé que ella la apreciará mucho más si tú se la das.
Espero recibir pronto tu repuesta, hermanito.
Con amor, Fanren.
P.D: El sobre fue una pequeña broma de Eva.
Syaoran terminó de leer la carta, y cerró los ojos. Muchas veces le resultaba difícil sonreírle a las personas, sin embargo en momentos como ese cuando estaba solo, resultaba casi imposible no sonreír.
―¡Vaya, la letra de tu novia es horrible! ―exclamó horrorizado Eriol, quien se encontraba de pie atrás de Syaoran.
Los ojos del ambarino se abrieron de golpe, y guardó con rapidez la carta. Hiraguizawa no podía llegar a la parte donde Fanren decía ser un fantasma. Syaoran se puso de pie con el cofre en manos y comenzó a caminar.
―No es mi novia, es una carta de mi hermana ―refunfuñó.
Eriol alzó una ceja, y se rascó nerviosamente la cabeza. ―Eso lo explica todo. ¿Cuántos años tiene?
Syaoran volteó a verlo y esbozó una mueca maliciosa. ―Si me muestras tu postal, te lo diré.
Eriol hizo un mohín mientras rebuscaba la postal en la bolsa de su chaqueta. Se la extendió al castaño, y éste la tomó sin dudarlo.
Eriol:
Los gastos de la colegiatura están cubiertos. Tus tarjetas de crédito están en regla, y deposité más dinero en tu cuenta bancaria si lo necesitas.
Con cariño, Ayrton.
―¿Qué significa esta mierda? ―gruñó Syaoran arrojando la postal a la basura―. ¿A qué pendejo se le ocurre escribir sólo esto?
―A mi tío ―murmuró Eriol.
Syaoran bufó y salió de la sección de lectura a grandes zancadas. Detuvo su paso cuando se percató de que había perdido a Hiraguizawa en algún lado. Lanzando maldiciones regresó al lugar de los hechos para encontrarse con que Eriol seguía mirando el basurero donde él había arrojado la postal. Quizás para Hiraguizawa sí era una cosa importante, y él la había cagado arrojándola a la basura.
La expresión de Eriol, era similar a la que ponía su madre cuando estaba frente al altar de su padre. Aunque, Syaoran nunca supo descifrar a ciencia cierta el sentimiento que expresaba Ieran. Algunas veces, era de tristeza y otras de alivio. Lo que sí sabía, era que él se sentía más tranquilo sin su padre a los alrededores.
Su mirada marrón cayó sobre el cofre que sostenía, lo abrió y escogió uno de los tantos amuletos que contenía. Se acercó a Eriol y extendió su brazo con el puño cerrado.
La mirada azul índigo de Eriol se deslizó de la mano, al rostro de Syaoran.
―Es un talismán rúnico de protección ―explicó. Hiraguizawa lo miró con extrañeza, y Syaoran esbozó una mueca de fastidio―. Tú dijiste que creías en espíritus, ¿no? Entonces, acéptalo y no preguntes.
Syaoran abrió su puño y dejó caer el talismán en la mano de Eriol. Hiraguizawa sonrió, y el castaño entrecerró los ojos.
―Si le dices a alguien sobre esto, te asesinaré ―amenazó apretando el nudo de la corbata de Eriol.
―No… No te preocupes, no diré nada.
*.*.*
Eriol despertó muy entusiasmado el domingo por la mañana. Había trazado los planes para ese día con antelación. Primero, realizaría una limpieza general en la habitación. Después, iría por un delicioso almuerzo a la cafetería Tsubasa, y por último, disfrutaría de la derrota del equipo de fútbol ante la preparatoria Ragnom Holle. Tenía todo preparado para ese evento, las golosinas que llevaría, su nueva cámara de video… ¡Un momento!
―La cámara de video ―susurró Eriol arrojándose al piso para buscarla debajo de la cama. No la encontró.
¿En su escritorio? Nada.
¿En su armario? Negativo.
¿En el baño? Obviamente, no.
¿En la cueva de Syaoran? Probablemente, pero buscar en ese lugar era peligroso.
Eriol respiró profundamente un par de veces, presionó el talismán que pendía de su cuello, y giró cuidadosamente el pomo de la puerta. Al entrar, el mismo escalofrío que sentía algunas veces en su propia habitación o en el baño, lo invadió. La verdad, nunca le habían ocurrido ese tipo de cosas hasta que Syaoran llegó a vivir con él. Si bien creía en lo sobrenatural, jamás pensó experimentar ese tipo cosas en carne propia, por eso agradeció internamente el regalo de Syaoran. Él mismo estaba pensando en adquirir un poco de protección, y la única que podía asesorarlo al respecto era Sakura. Sin embargo, eso ya no sería necesario.
Asomó cuidadosamente la cabeza, y sus pupilas se dilataron a consecuencia de la oscuridad. Cuando sus ojos se adaptaron, decidió que era la hora de avanzar.
Kerberos advirtió la presencia de un extraño en la habitación, y se levantó se sus incomodos aposentos para inspeccionar. Su rostro adormilado se convirtió en una máscara maliciosa al descubrir que Hiraguizawa caminaba de puntitas por toda la habitación, y él tenía que cuidar las pertenecías de su amo, ¿verdad?
Eriol miraba de un lado a otro en busca de su cámara, hasta que se topó con la desagradable imagen de Syaoran durmiendo desnudo de nuevo.
Le regalaré un par de pijamas para San Valentín, pensó Eriol. Se arrodilló para busca el objeto debajo de la cama del ambarino, y sonrió al advertir el éxito de su misión. Metió la mano, y tanteó un poco en el piso hasta que consiguió agarrar el objeto. No obstante, cuando intentó tirar de él, alguien tiro del otro lado. Eriol asustado levantó la cabeza, y su corazón comenzó a palpitar más fuerte cuando vio que Syaoran seguía tumbado en su cama profundamente dormido.
Tragó saliva lo más fuerte que pudo y se agachó de nuevo. Esta vez, levantó un poco el cobertor y echó un vistazo en la oscura hendidura. Nada. Exhaló más tranquilo, y reunió el valor para meter la mano. Frunció el ceño al percatarse de que la cámara ya no estaba en ese lugar. Sintió un leve escalofrío a sus espaldas, y se enderezó lentamente.
―¿Buscabas esto? ―le preguntó un peluche volador probablemente amarillo de ojos diabólicamente rojos.
―Yo… Yo… No, sólo estaba… ―Eriol cayó al piso y comenzó a arrastrarse afuera de la habitación.
Kerberos voló hasta la puerta y bloqueó la salida de Hiraguizawa. ―¿Por qué te vas tan rápido? A mí me gusta jugar contigo. No es la primera vez que nos vemos ―La voz chillona de la bestia guardiana resonó como un eco en la habitación.
―¡Syaoran! ―gritó Eriol― ¡Despierta, un monstruo! ¡Auxilio, ayúdame!
El castaño se cubrió la cabeza con una almohada al escuchar los alaridos de Hiraguizawa. Sin embargo, no consiguió ignorarlos. Los molestos sonidos provenían de su propia habitación. Se incorporó inmediatamente, y contempló con furia la escena de Hiraguizawa arrodillado frente a Kerberos clamando perdón.
―Mierda ―masculló acercándose al circo que había montado Kerberos.
El castaño le lanzó una mirada desaprobatoria a la bestia guardiana, y se acurrucó a un lado de Eriol.
―Pss… Hiraguizawa ―siseó. El oji-azul volteó a verlo, y Syaoran aprovechó la oportunidad. Chasqueó los dedos frente a él, y Eriol cayó sin conciencia al piso.
―Lo siento, yo sólo quería jugar un poco. No imaginé que fuera tan miedoso ―se excusó Kerberos encogiéndose de hombros.
―Eres un idiota, ¿qué pretendías? Es obvio que iba a asustarse. Es un humano y no está acostumbrado a este tipo de situaciones ―regañó Syaoran mientras arrastraba a Eriol fuera de su habitación porque no pensaba cargarlo como si fuese una princesita. Lo dejó tendido a un lado de su cama y luego, se dispuso a poner un poco de orden en su habitación.
―Kerberos.
―¿Si? ―contestó amablemente la bestia.
―Ve a ordenar la habitación de Hiraguizawa ―musitó con autoridad.
―¿Qué? ¿Por qué? ―protestó el peluche.
―Porque por tu culpa esta inconsciente.
La bestia dejó caer sus bracitos resignado y comenzó a volar fuera de la habitación. ―Está bien.
*.*.*
Uniforme, listo.
Pompones, listos.
Zapatillas, listas.
Peinado y maquillaje, perfectos.
La castaña dio un saltito de emoción frente al espejo, y preguntó—: ¿Cómo me veo?
Kaho colocó sus manos sobre los hombros de Sakura.
―Muy bonita ―respondió con una sonrisa. Había hecho un buen trabajo con el cabello de Sakura. Simplemente tuvo que recogerlo en un moño, y adornarlo con listones rojos, blancos y anaranjados.
Sakura sonrió tímidamente, y se cubrió el rostro con los pompones.
―¿Tú crees que yo… pueda gustarle a un chico?
Mizuki abrazó a la chica por la espalda, y apoyó suavemente su barbilla en la cabeza castaña. ―Por supuesto, cariño. Dime, ¿de quién se trata? ―preguntó curiosa. Aunque, era lógica la respuesta.
Sakura descubrió sus ojos esmeraldas y miró con preocupación a Kaho a través del espejo.
―Li―susurró.
―No te preocupes ―suspiró Kaho―. No tengo nada en contra del joven Li. Aunque, no puede decirse lo mismo de tu padre y hermano.
―Lo esperaba de Touya, pero no de papá ―dijo decepcionada Sakura―. Además, sólo será durante algún tiempo.
Kaho frunció el ceño.
―¿Le has dicho al joven Li que estás enferma?
―No, no pienso decírselo. No quiero que Syaoran este conmigo por lastima ―argumentó descubriéndose el rostro por completo.
Kaho la giró con delicadeza para que quedaran frente a frente.
―Estoy segura que eso nunca sucederá. Pero si esa es tu decisión no hay nada que se pueda hacer al respecto ―decía besando la frente de la esmeralda.
―Gracias, Kaho. Te quiero mucho, ¿lo sabes, verdad? ―cuestionó obsequiándole un abrazo a la bibliotecaria.
―Lo sé, mi niña. Lo sé.
*.*.*
―¡No puedo creerlo! Creo que tendré que hacerle una visita al médico ―exclamó preocupado Hiraguizawa mientras salía del ascensor en compañía del ambarino.
―Sería conveniente ―mintió el castaño.
Al salir del edificio, Syaoran se sintió aturdido por las energías que pululaban en la atmósfera. Sin embargo, esas energías eran inconfundibles, sólo podían pertenecerles a…
―¡Syaoran! ―vociferó Evangeline corriendo para lanzarse encima del castaño.
―Eva, ¿qué rayos haces aquí? ―preguntó Syaoran al momento que Evangeline aterrizó en sus brazos.
―Vine con el equipo ―explicó separándose del castaño―. Ellos te esperan en los vestidores.
―¿Qué dices?
Evangeline hizo un puchero y se dirigió a Hiraguizawa.
―¿No se lo has comentado?
Eriol parpadeó sorprendido. ¡Una chica linda le estaba dirigiendo la palabra!
―¿Comentarme qué? ―gruñó Syaoran recuperando la atención de la rubia.
―Nuestra preparatoria retó a un partido de fútbol a la tuya, bobo. Y tú vas a jugar de nuestro lado ―informó orgullosa.
―¡¿Qué? ―preguntaron los chicos al mismo tiempo.
Evangeline colocó la cesta que cargaba en el piso. ―Lo que escuchaste, los muchachos llegaron a un acuerdo. Nosotros veníamos hasta la institución con la condición de que nuestro capitán jugara con nosotros.
―¡Genial! Estoy ansioso por ver la cara que pondrán Hideki y Kinomoto cuando pierdan ante ti, amigo ―expresó Eriol palmeando la espalda de Syaoran.
―¡Oh, eres amigo de Syao! ―chilló emocionada la rubia―. Evangeline Fa ―se presentó ofreciéndole una mano al compañero de Li.
―Un gusto. Eriol Hiraguizawa ―respondió seductoramente provocándole un sonrojo a la chica.
Syaoran vio como la gran cesta de picnic que cargaba Evangeline se movía, y se agachó para inspeccionarla.
―¡No! ―advirtió Evangeline. Demasiado tarde. Airi ya había saltado sobre Syaoran.
―Maldita gata ―gruñó Syaoran quitándosela de encima. Si Evangeline no hubiese estado presente le habría dado una buena golpiza.
―Creo que los animales advierten las intenciones de las personas. Eso significa que tú no tienes buenas intenciones con su dueña, Syaoran ―opinó Eriol.
La pareja de intermediarios se sonrojó, y Airi saltó a los brazos de su dueña.
―No digas estupideces, Hiraguizawa ―replicó el castaño.
―Bueno, vamos a la cancha de fútbol. Ya casi es hora ―indicó el compañero de Li.
Los jóvenes empezaron a caminar, y Evangeline clavó su mirada avellana sobre Syaoran. ―¿Dónde está tu guardián? ―susurró casi inaudiblemente.
―En mi habitación ―contestó el castaño.
―Dile que venga a la cancha, Syao. Traje algunos dulces para él.
―Está bien, pero tú te encargaras de enseñarle a convertirse en un gato normal ―condicionó el castaño.
Evangeline sonrió.
―No hay problema.
*.*.*
―Sakura… ―llamó Tomoyo observando las gradillas que eran ocupadas por los visitantes del colegio Ragnom Holle.
―¡Hoe! ―Sakura estaba abstraída en sus propios asuntos. ¡No veía a Syaoran por ningún lado!
―Esos chicos son… Bastante raros, ¿no crees?
La mirada esmeralda de Sakura recorrió el lugar.
―Tienes razón, guardan cierta similitud con…
―¡Con el gótico! Lo sabía, esto es horrible ―se quejó Tomoyo cubriéndose el rostro con los pompones. Nunca había visto tanta ropa negra junta. Definitivamente, todos ellos tenían mal gusto.
―¡Oh, mira Tomoyo, gatitos! ―gritó Sakura señalando a una chica rubia seguida de una pareja de gatos. Uno gris con franjas negras, y el otro color mostaza con las patitas y el pecho blanco.
La castaña no contuvo la emoción y corrió hacia la chica. Los gatos maullaron al advertir la presencia de Sakura, y Evangeline le sonrió amablemente a la chica.
―Hola ―saludó Sakura acurrucándose para admirar mejor a los felinos―, ¿son tuyos?
―Airi, si es mía ―respondió señalando a la gata gris―. Kerberos le pertenece a un amigo, seguramente lo conoces, acaba de ingresar a esta institución.
―Syaoran… ―murmuró Sakura intentando acariciar al animal. Kerberos la miró con desconfianza, y trató de arañar a la esmeralda. Sakura retiró inmediatamente la mano, y miró con tristeza a Evangeline―. Creo que no le caí muy bien.
―No es eso, lo que sucede es que es igual de arisco que su dueño ―indicó jaloneándole las orejas al gato. Airi se acercó a la esmeralda, y comenzó a arañar juguetonamente sus pompones.
Evangeline aprovechó la pequeña distracción, y sacó algunos dulces de su cesta.
―Toma, prueba con esto.
Sakura tomó los dulces que le ofrecía la rubia e intentó dárselos a Kerberos. El animal no resistió la tentación, y terminó comiendo de la mano de la castaña. Al final, tuvo que rebajarse y ronronear para que le diera un poco más. Sakura sonrió agradecida, y se puso de pie.
Evangeline la imitó y le tendió una mano.
―Evangeline Fa.
―Sakura Kinomoto ―se presentó la castaña.
Eriol y Syaoran llegaron justo al momento en que las jóvenes se estrecharon la mano.
―Huy, ya se te juntaron ―se mofó Eriol.
Syaoran chasqueó la lengua, y apreció la belleza de ambas chicas. Evangeline, era alta y esbelta. Tenía un cuerpo perfecto a la vista de cualquiera. El vestido amarillo que llevaba se ondeaba grácilmente alrededor de sus piernas con el viento, y sus cabellos dorados resplandecían cegadoramente bajo el sol. Evangeline con su alegría y ternura, había iluminado muchas veces la oscura personalidad de Syaoran. En cambio, Sakura era más bajita, y su cuerpo más frágil y menudo. El uniforme de porrista le sentaba perfectamente. Su falda era blanca, y estaba decorada con franjas amarillas, rojas y anaranjadas en el dobladillo. Al igual que el cuello en "V" de su camiseta.
Syaoran comparó los sentimientos que ambas le producían, y descubrió que no eran iguales. El cariño que sentía por Evangeline, era más fraternal. Por otro lado, estaban los sentimientos desconocidos que tenía por Sakura. La atracción que sentía por ella. El deseo de protegerla y mantenerla siempre a su lado. ¡Maldición! Ahora se sentía mas confundido que nunca.
**continuará**
Notas de autora:
(1): Deixus, significa "segunda oportunidad". Podría decirse que es como una regla de intercambio. El intermediario da su Deixus a cambio de lo que desee.
No daré muchos detalles al respecto porque aún no es tiempo.
¡Nos leemos!
