Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría.


"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"

Capítulo 5: Sentimientos etéreos II.


Viéndolo desde cierto punto de vista, Sakura no era el tipo de persona que él hubiese pensado que le gustaría. Un humano, nunca lograba atraer tan rápido la atención de un intermediario simplemente porque no poseían una luz o energía interna que los conectara entre sí. Aunque, con el tiempo podían convertirse en la perdición para los de su especie. Los intermediarios por lo general, tenían una actitud más fría y déspota. En cambio, los humanos eran más dulces y expresivos. En resumidas palabras, una encantadora trampa mortal.

―Oh, mira que cosita tan linda ―exclamó Deker parándose a un lado de Syaoran.

―¿Quién? ¿Evangeline? ―preguntó Seth incluyéndose en la conversación.

Syaoran apretó la mandíbula y esperó impaciente la respuesta de Deker.

―No, la otra ―contestó. Syaoran frunció el ceño―. Mírala es como…, un animalito indefenso.

―¿A quién le estas diciendo animal, bestia? ―gruñó Syaoran.

Deker rió nervioso.

―A la castañita. Creo que iré a presentarme ―avisó ajustándose la camiseta del equipo.

Eriol sonrió divertido al momento en que Syaoran se adelantó y agarró por la parte posterior de la camisa a Deker.

―Tú no vas a ningún lado.

―¿Por qué? Uno de mis besitos no le caería mal ―replicó el pelinegro tratando de soltarse del agarre de su amigo.

―No, en teoría te caería mal a ti. Nuestros cuerpos no son aptos para besar a esas criaturas ―recordó Seth.

―¿Ese tipo de criaturas? De qué hablas, todos aquí somos humanos ―declaró extrañado Eriol.

Seth le dirigió una mirada despectiva a Hiraguizawa y lo señaló como si fuese un pequeño insecto.

―¿Y tú quién eres?

―Soy Eriol Hiraguizawa, compañero de Syaoran ―masculló.

―Hmm… ―contestó desinteresado Seth.

Eriol apretó los puños. No le simpatizaban en lo más mínimo los amigos de Li. Eran tan engreídos como lo era Syaoran en un principio.

Deker carraspeó después de la pequeña interrupción para que Syaoran recordara que debía liberarlo. Una furiosa mirada ambarina cayó sobre el chico al momento en que lo soltó.

―Ni se te ocurra acercártele, no te quiero respirando cerca de ella. Ni siquiera te atrevas a mirarla ―advirtió.

Seth alzó una ceja.

―Esto sí que es gracioso. Una niñita común y corriente logró corromper a nuestro Syaoran ―se burló.

―Sí, quién lo diría ―secundó Deker dándole palmaditas en el hombro a Syaoran―. Te guardaremos el secreto, no te preocupes. Sólo procura mantener intacta tu esencia, eso no puedes entregárselo a nadie.

Syaoran gruñó.

―Ella sólo es mi amiga.

―Sí, nosotros también tenemos amiguitas. Intermediarias, por supuesto ―reveló Seth encogiéndose de hombros.

―¿Intermediarios? ―preguntó Eriol con fastidio.

El grupo de amigos ignoró la pregunta del simple humano, y se retiraron a planear la estrategia para el partido. Eriol sintiéndose el tipo más desdichado del mundo, buscó consuelo con el par de "novias de Syaoran".

―¡Hola Eriol, ¿dónde está Syaoran? ―preguntó emocionada Sakura.

El peliazul hizo un mohín, y señaló el centro de la cancha. ¿Acaso nadie se preocupaba por él? ¿Todo el mundo tenía que girar en torno a Syaoran?

―¿Qué?... Pero, ¿qué hace ahí? ―balbuceó la castaña.

Evangeline sonrió.

―Syao es el capitán de nuestro equipo, y obviamente jugara de nuestro lado ―explicó la rubia.

Una parte del cerebro de Sakura hizo un "click", y se percató de un par de detalles que no había notado antes. Para comenzar, esa chica era hermosa, simpática, tenía en su poder al gato de Syaoran, lo había llamado "Syao", y lo miraba como si fuese un dios. Por otro lado, estaba Syaoran tan frio e indiferente como siempre en el centro de la cancha, pero las palabras que él había dicho hace unos días, golpearon el cerebro de Sakura: "Yo jamás podré pertenecerte". Ahora estaba más que claro el porqué de aquella situación: Evangeline y Syaoran, eran novios. Sakura vio todas sus esperanzas perdidas en ese momento, le sonrió tristemente a la joven rubia y regresó a su lado de la cancha.

Eriol notó la tristeza en los ojos esmeraldas de la castaña, y por unos momentos, pensó en ir tras de ella y explicarle la situación. Sin embargo, él tampoco tenía clara la relación entre Syaoran y su hermosa visitante.

―¿Quieres sentarte conmigo? ―le cuestionó Evangeline sacándolo de sus pensamientos.

Eriol asintió, y juntos se acomodaron en el nivel inferior de las gradillas con la excusa de que en ese lugar tendrían un mejor panorama del juego. Eriol revisó la batería de su cámara, y a través del lente observó a una furiosa Daidoji, conversando con una desanimada Sakura.

―¿Cuál es tu relación con Syaoran? ―inquirió Eriol mirando fijamente a la rubia.

Evangeline rió y colocó las manos en sus rodillas.

―Amigos, somos amigos desde hace tiempo.

―Ah, yo creí… ―murmuró apenado Eriol. Por un momento creyó que el cabrón de Syaoran sólo estaba alimentando falsas esperanzas en la pobre Sakura.

―No, Syao no tiene novia, por si te lo preguntabas ―dijo Evangeline.

Eriol suspiró aliviado.

―Que bien. Aunque, es extraño ―opinó.

―¿En qué sentido?

―En todos los aspectos ―contestó Hiraguizawa―. No es nada amigable con las personas, es un milagro que articule más de cinco palabras seguidas, y no demuestra interés alguno en las mujeres, en pocas palabras, es antisocial.

―Syaoran no tuvo una infancia muy agradable, amigo ―refunfuñó Evangeline―. Siempre me ha molestado que las personas sólo vean su lado negativo. ¿Por qué no ven que detrás de esa mascara arrogante hay una persona tierna y sensible? Syaoran se comporta como el peor de los patanes ante todos porque fue educado para serlo. No obstante, el mal nacido que lo jodió toda la vida falló en su misión. Niega que Syaoran a pesar de comportarse de esa manera es una persona noble, y en cierto modo desinteresada. La poca confianza que te ha entregado, no se la da a cualquiera, eso puedo asegurártelo.

Eriol alzó una ceja y chasqueó la lengua.

―Tú estás enamorada de él, ¿cierto?

Evangeline se sonrojó y desvió la mirada.

―Eso no tiene nada que ver.

Eriol ladeó una sonrisa y analizó el argumento de la joven enamorada, quien tenía en un concepto demasiado elevado al ambarino, pero a la vez apegado a la realidad. Syaoran había demostrado su nobleza desde el primer día que llegó al instituto cuando compró todas las galletas de Sakura, y sometió al grupo de Shinji para que le pidieran perdón, eso sin contar la vez que la defendió de Hideki. Además, Evangeline tenía razón, él era el único con el que Syaoran sostenía conversaciones esporádicas, exceptuando las peleas verbales que mantenía a diario con Daidoji, y las frases cursis que se le salían para Sakura.

―Ves, no puedes negarlo ―afirmó orgullosa Evangeline.

―No, no puedo ―declaró Eriol mientras daba inicio el partido.

*.*.*

―¿Quién es esa oxigenada, Sakura? ―gruñó Tomoyo señalando disimuladamente a Evangeline.

―Evangeline Fa ―susurró la castaña.

Tomoyo hizo un puchero y sacudió sus pompones.

―Es una coqueta, tiene encantado al cuatro ojos. ¡Míralo! Está a punto babear por ella.

Sakura suspiró lanzando su bastón al aire.

―¿Y a ti qué? Eriol no te interesa en lo más mínimo.

Tomoyo levantó el brazo derecho para que las chicas cambiaran su posición. ―No, no me interesa, pero me molesta cuando se pone en plan de casanova. ¿Acaso no se da cuenta que no tiene oportunidad con nadie?

Sakura corrió a cambiar su bastón por los pompones, y tomó su posición a un lado de Tomoyo.

―Eriol es lindo, no me extrañaría que tuviese alguna admiradora secreta ―dijo la esmeralda con un toque de malicia en su voz.

―¡Ay, por favor! Hasta el gótico tiene más gracia que Hiraguizawa ―replicó la amatista.

La mirada de Sakura viajó de inmediato hacia Syaoran, quien tenía bajo su control el balón en ese momento. El uniforme negro del Ragnom Holle le daba un aire elegante, que contrastaba perfectamente con su talante arrogante y misterioso. Sakura no terminaba de comprender cómo alguien de la edad de Syaoran podía poseer unos músculos tan fluidos y moverse con una gracia casi inhumana. Aunque, todos los estudiantes del Ragnom Holle, parecían tener una anatomía similar a la del castaño. El único que conseguía asemejárseles, era Kyoji Hideki, quien se debatía el balón a todo momento con Li.

El corazón de Sakura comenzó a latir con un frenesí jamás vivido, cuando Syaoran se acercó a la portería del Fenix Scolarium. Todos los estudiantes esperaban expectantes el desenlace de la situación, y de un momento a otro en menos de un parpadear, Syaoran pateó con fuerza y tiró el balón.

―¡Gol! ¡Anotó, anotó! ―gritó Sakura arrojando sus pompones al aire mientras brincaba de emoción.

El grupo de porristas la fulminaron con la mirada, cosa que a Sakura poco le importó. Ella no veía dos colegios rivales enfrentándose en la cancha, ella veía a su amigo disfrutando de su victoria, y desde la distancia la compartía con él.

Touya no dejaba de lanzar maldiciones, el desgraciado de Li, y su grupito de intermediarios los estaban haciendo picadillo. Esos sujetos eran más rápidos y resistentes, ¡ninguno de ellos había derramado una gota de sudor! Y lo que más le enfurecía era que no sólo los superaban en el aspecto físico, sino que también en estrategia. Hideki corrió a un lado de Toya mientras regresaban a sus posiciones.

―¿Qué dices? ¿Jugamos sucio? ―propuso Kyoji.

Touya se apartó algunas gotas de sudor de la frente, y disminuyó la velocidad de su trote. ―Como quieras ―aceptó.

Hideki sonrió. ―Está bien, yo me encargaré de Li.

Touya asintió.

―Sí, yo me encargaré del otro sujeto ―indicó señalando a Deker.

Eriol y Evangeline se pusieron de pie para celebrar la anotación, y permanecieron en esa posición al notar los extraños movimientos de Kinomoto y Hideki.

Deker al encontrarse acorralado entre Kinomoto y otro niñato del mismo equipo, decidió pasarle el balón a Seth. El rubio interceptó la pelota, y consiguió avanzar una distancia prudencial hasta que se encontró siendo bloqueado por tres chicos del equipo contrario, estudió sus posibilidades y optó por cederle el balón a Syaoran. El castaño corrió para recibir la pelota al tiempo que media su velocidad con la de Hideki. El joven estudiante del Fenix Scolarium vio su oportunidad, y aprovechó el momento en que él y Syaoran interceptaron el balón para aplicar sus artimañas, logrando tirar a Syaoran, quien para su suerte sabía cómo proteger su cuerpo durante una caída.

―Eso es ilegal ―reclamó Evangeline.

Eriol asintió y frunció el ceño. Los chicos esperaban que el árbitro marcara la falta de Hideki, sin embargo aquello no sucedió.

―Oiga, ¿no va a marcar la falta? ―gritó Eriol.

El viejo árbitro se encogió de hombros, y contestó—: Yo, no vi nada.

―Hmp, corrupto ―murmuró Evangeline en medio de un puchero.

Eriol sonrió ante la euforia de la chica por el juego y, decidió tomar un acercamiento del rostro femenino. Cuando el lente de la cámara se encontró satisfecho, se desvió hacia el otro extremo de la cancha, donde se encontraba un apagado grupo de porristas, a excepción de Sakura por supuesto, quien ondeaba sus pompones en señal de protesta. Daidoji se encontraba cruzada de brazos, con su piel blanca reluciendo bajo el sol. El lente de la cámara captó el momento en que Tomoyo escupió la goma que mascaba, y articulaba una especie de maldición. Eriol salió de su ensoñación, y volvió a dirigir su atención a la cancha, donde Hideki yacía sobre el suelo con el rostro enterrado en la grama.

Syaoran esbozó una mueca socarrona mientras los miembros del equipo contrario auxiliaban al sujeto. Hideki se incorporó, y limpió el hilo de sangre que corría por su mandíbula a consecuencia de la caída.

Li pasó a un lado del sujeto, y susurró—: Eso es para que aprendas a no meterte conmigo, imbécil.

Evangeline advirtió el momento en que el árbitro estaba por marcar la falta de Syaoran, y disimuladamente se desplazó a su lado. La chica tiró de la camisa del hombre para distraerlo, y aprovechó el momento para inmiscuirse en su mente.

―Usted no ha visto nada ―dijo mirándolo fijamente a los ojos.

―Yo no he visto nada ―repitió el árbitro. La rubia se sintió conforme, y liberó la mente del pobre individuo.

Durante el segundo tiempo, el partido amistoso se convirtió en una batalla campal. Ambos equipos parecían estar jugando un partido de fútbol americano. La cámara de Eriol se deleitó con la humillación del equipo del Fenix Scolarium, y se regocijó filmando el instante en que Syaoran anotó el gol que le dio la victoria al colegio Ragnom Holle.

Los estudiantes del colegio visitante bajaron las gradillas, y entraron en el campo para felicitar al equipo. Eriol negó con la cabeza al ver la frivolidad de todos esos sujetos, quienes simplemente ladearon una sonrisa, y chocaban sus palmas unos con otros. La única que realmente destilaba felicidad era Evangeline, ¡hasta los gatos se notaban más eufóricos! Ahora entendía por qué Syaoran tenía esa actitud.

Sakura se olvidó por completo del mundo, y sustituyó sus pompones por una toalla y una botella con agua.

Touya dejó de refunfuñar cuando divisó a su hermana atravesar el campo a toda velocidad. "Definitivamente, no existe mejor hermana que aquella que te consuela en momentos difíciles" o eso pensaba Touya hasta que Sakura lo pasó de largo, y corrió a lanzarse a los brazos del infeliz de Syaoran Li.

El ambarino recibió a Sakura con una expresión atónita en su rostro. La alzó levemente en el aire y se giró en dirección contraria para no verle la cara de fastidio al mayor de los hermanos Kinomoto. Sakura sintió que sus pies tocaron tierra nuevamente, y le obsequió una tenue sonrisa a su amigo mientras le ofrecía la toalla y la botella que había tomado para él.

Syaoran exhaló ante el gesto de la esmeralda y aceptó los artículos que ella sostenía. Miradas curiosas cayeron sobre los castaños, y ambos se sonrojaron. Syaoran creía que eran los efectos de la adrenalina o del ejercicio que acababa de realizar, se llevó una mano a la frente para ocultar el evidente color carmesí de su rostro, y bufó al percatarse de que ni siquiera había transpirado, a diferencia de Sakura, quien se encontraba envuelta por una fina capa de sudor.

Sakura dio un respingo al sentir la suave textura de la toalla deslizarse por su rostro, y Syaoran aprovechó la oportunidad para rozar con la yema de sus dedos la piel caliente y húmeda de la chica. Sakura cerró los ojos ante las sublimes caricias propinadas por el ambarino, y dejó escapar un pequeño suspiro. Syaoran se encontró a si mismo suspirando ante la impotencia que le producía observar aquellos labios rosados y entreabiertos, listos para ser disfrutados; sin embargo, no sería él quien tuviese ese gusto.

Sakura abrió los ojos para encontrarse con la profunda mirada ambarina de Syaoran. Tal conexión, produjo una amalgama de sentimientos en Sakura. La sensación que le producía perderse en los ojos marrones de Syaoran, solo era comparable a la que sentía muchas veces en sus pesadillas, en las que ella se arrojaba en un abismo oscuro y sin fondo. Syaoran era similar al abismo: oscuro y peligroso. Sin embargo, la seguridad que Syaoran exudaba le daba la certeza de que al final, ella caería en un lugar seguro. Los brazos de Syaoran representaban todo eso para Sakura, pero principalmente, seguridad y protección.

Sakura atrapó la mano de Syaoran y la retiró de su rostro. ―¿Por qué haces esto? ―preguntó.

―Porque eres mi amiga ―contestó Li.

Sakura soltó la mano de Syaoran, y bajó la mirada.

―Pero no deberías, tu novia está presente y podría molestarse.

―No tengo novia ―aseguró enojado Syaoran. A lo mejor el soplón de Hiraguizawa le había ido con el chisme.

―Pero, yo creí que… Evangeline era… Ella te llamó "Syao" y tiene a tu gato ―balbuceó con ojos cristalinos Sakura.

Syaoran se mordió el labio inferior en un intento de ocultar su sonrisa. ¿Qué demonios estaba haciendo Sakura? ¿Acaso le estaba montando una escenita de celos? ¡Dios querido! Era la primera vez que una chica lo celaba, y debía confesar que era una sensación agradable.

―Evangeline es una vieja amiga ―explicó el castaño.

―Hum… Eso significa que estamos en igualdad de condiciones ―murmuró Sakura en medio de un puchero. Bien, si era así, ella pelearía la custodia del gato. Kero le había parecido un animal encantador, y le serviría de compañía por las noches.

Syaoran posó una mano en la mejilla de Sakura, y la acarició con el pulgar.

―No, Sakura. Mis sentimientos por ti, son diferentes a los que tengo por Evangeline ―reconoció con pesar.

Sakura cubrió la mano de Syaoran con la suya.

―¿Y eso es bueno o malo?

―No lo sé ―respondió el castaño.

*.*.*

Evangeline observó con tristeza la escena bastante comprometedora entre los castaños. Syaoran no solía tratar con tanto cariño a las personas, y sobre todo a las mujeres, ni siquiera a ella que llevaba años siendo su amiga la había acariciado de esa manera.

―"Evangeline" ―llamó Airi al percatarse de los taciturnos sentimientos de su dueña.

La rubia no contestó y se llevó una mano al pecho. La gata se puso de pie y comenzó a correr en dirección a los castaños, a ella no le agradaba en lo más mínimo Li Syaoran, pero quiérase o no, él algún día se convertiría en el esposo de Evangeline y por ningún motivo permitiría que su dueña sufriera antes de tiempo. La guardiana se preparó para saltarle encima a Syaoran, sin embargo su acción fue impedida por la propia Evangeline.

―"Déjalos, Airi. No tiene caso que los interrumpas, lo sentimientos de Syaoran no cambiarán por una insignificante mordida".

―"No planeaba morderlo, iba a desfigurarle el rostro con mis garras" ―replicó la guardiana.

―"Pero no tiene caso, querida Airi" ―Evangeline le dio la espalda a la pareja, y empezó a caminar en dirección al estacionamiento—. "Creo que Syaoran ha encontrado a su kanae, por lo tanto nos conviene mantener una buena relación con ella".

―"¿Vas a permitir esa situación en tu matrimonio?" ―inquirió encolerizada la gata.

Evangeline soltó el asfixiante nudo de su garganta, y permitió que una lágrima escapara de sus bonitos ojos avellanas. ―"Yo haría lo que sea por Syaoran, y si él la necesita a ella para ser feliz, yo la aceptaré con tal de mantenerlo a mi lado".

―"Eres una tonta" ―gruñó Airi—. "Yo sería capaz de sabotear tu participación en el torneo con tal de no verte casada con ese idiota".

Evangeline sonrió, extendiendo los brazos. La gata por acto reflejo saltó al regazo de su dueña. ―"No serias capaz de hacerlo, pero gracias por quererme tanto" ―ronroneó la chica frotando su mejilla con la de la gata.

―"Si, mi ama. En mí siempre encontraras a una amiga".

La distracción del momento, no le permitió a la chica percatarse de que se encontraba a punto de chocar contra la fuerte espalda de un joven estudiante del Fenix Scolarium. El chico advirtió el pequeño accidente, y se apresuró a sostener del brazo a la rubia para evitar que cayera al piso.

La mirada de Evangeline ascendió lentamente desde la mano hasta el rostro del sujeto, quien la observaba maliciosamente con sus oscuros ojos purpuras. La sensación que el contacto le trasmitió a la joven intermediaria fue completamente desagradable, ese chico no guardaba buenas intenciones en su corazón, y como en raras ocasiones sucedía, Evangeline sintió el miedo correr por sus venas. Apretó a Airi contra su pecho, y la gata en un intento de proteger a su dueña de aquel ser maligno, arañó dos veces la mano del tipo.

Kyoji liberó a Evangeline de su agarre, y frunció el ceño.

―Esto no…

―¿Algún problema? ―preguntó Eriol plantándose firmemente entre Evangeline y Hideki.

Kyoji ladeó una sonrisa burlona.

―Ninguno, Hiraguizawa. Simplemente ayudé a esta niña y a su estúpida gata para que no cayeran al piso ―espetó.

Eriol tomó de la mano a Evangeline y comenzó a caminar cautelosamente con ella.

―Yo cuidaré de ella de aquí en adelante, despreocúpate ―rebatió Eriol.

Evangeline suspiró aliviada cuando perdieron de vista a ese chico, y presionó sutilmente la mano de Eriol. ―Gracias ―murmuró avergonzada. Era la primera vez que un chico la defendía.

―De… De nada ―tartamudeó Eriol. ¡Era la primera vez que caminaba de la mano con una chica!

―¿Podrías hacerme un favor? ―susurró Evangeline.

Eriol asintió nervioso.

―Dile a Syaoran que en este lugar hay presencias extrañas, y que los demonios Kurai solo pueden ser invocados por uno de nosotros ―Evangeline sonrió ante el rostro desencajado de Hiraguizawa.

―No entiendo ―reclamó Eriol.

―No es necesario que lo hagas, Syaoran lo entenderá ―aseveró Evangeline.

Eriol exhaló frustrado, ¿acaso todos los amigos de Syaoran venían de otro planeta? ¿Por qué ella se refería a sí misma como "uno de nosotros"? Maldición, ante sus ojos todos parecían humanos normales, aunque probablemente todos fuesen miembros de una secta oculta o algo por el estilo, ya que absolutamente todos vestían de negro, cargaban en su cuello una especie de emblema, y parecían tener una excelente condición física. Además de sus inusuales temas de conversación.

Evangeline frenó su marcha cuando estuvieron frente a los autobuses del Ragnom Holle, y soltó la mano de Eriol. ―Fue un gusto conocerte ―se despidió.

Eriol sintió el calor de su mano desvanecerse poco a poco, y una desconcertante sensación de vacío lo invadió. ―Espera, yo quisiera… Mantener algún contacto contigo.

Los ojos de Evangeline se abrieron desmesuradamente por la sorpresa. ―Err… Está bien ―farfulló metiendo su mano en el bolsillo derecho de su vestido. Sacó un pequeño papel rosa, y se lo entregó al chico―. Ahí están mis datos… Ya sabes, teléfono, correo electrónico, y dirección, aunque dudo que puedas ir a visitarme ―explicó divertida.

Eriol admiró incrédulo el pedazo de papel, ¡no lo podía creer! ¡Era la primera vez que conseguía el teléfono de una chica!

―Gracias, yo… Yo te escribiré.

Evangeline dejó escapar una risita, y se acercó a Eriol para despedirse de él con un fugaz beso en la mejilla.

―Eso espero.

Eriol soltó una exclamación y se retiró del estacionamiento hasta que Evangeline desapareció en el autobús. Tenía que compartir su alegría con alguien, es más, celebraría su primer éxito en conquistas. Ya era hora de que alguien le hiciera un poco de caso, ¿cierto?

*.*.*

Syaoran arrojó su uniforme en el cesto de ropa sucia, el cual estaba a punto de reventar. Desde que llegó a ese maldito lugar, no recordaba haber pisado la lavandería. Suerte que había empacado la mayor parte de sus prendas. Quizás le ordenaría al grupo de tontos que lo perseguían en todo momento que hicieran esa pequeña tarea por él.

En vista de que era domingo por la noche y todos los chicos aburridos de su nuevo instituto regresaban temprano a sus habitaciones, él aprovecharía y se escaparía un par horas después de la cena. Se metió en la ducha sonriendo ante la diversión que se avecinaba. Hacía tiempo que no se divertía un poco con sus amigos, además ya extrañaba visitar diariamente el bar donde solían embriagarse. A Deker y Seth les encantaba ese lugar por el tipo de entretenimiento que ofrecían, pero Syaoran pensaba que era algo estúpido ver una a mujer desnudarse y bailar sin razón aparente. Así que, él solamente iba por la bebida.

El castaño salió del baño, y entró en su habitación, donde Kerberos dormía plácidamente sobre la cama. El intermediario gruñó al advertir que el guardián continuaba en su forma de gato, él odiaba el pelo de esos animales, siempre se pegaba en la ropa, y él probablemente fuese alérgico a los gatos, ya que comenzó a estornudar en repetidas ocasiones.

Se vistió con su típica indumentaria negra, con la diferencia de que en esa ocasión, sustituyó su chaqueta negra por una gris. Salió de su habitación y no encontró a Hiraguizawa por ningún lado, se encogió de hombros, y se encaminó al ascensor.

Presionó el botón de aquel artefacto innumerables veces, hasta que el artilugio se dignó a abrir sus puertas. Al salir, se dirigió a la cafetería.

Frunció el ceño cuando pasó junto a un árbol de cerezo, y desvió su camino al escuchar voces. Syaoran invocó su anillo y se apresuró a convertirlo en su vara shinseina. Una de las presencias le pertenecía a un humano, pero la otra definitivamente era un espíritu. Utilizó su hechizo "spoku" para no ser descubierto por el humano, y se acercó por la parte posterior del árbol.

Descubrió entonces, que la presencia humana le pertenecía a la dulce Sakura, quien conversaba tranquilamente con el espíritu de una mujer parecida a ella, de cabellos negros, y ojos esmeraldas. Ahora sabía porque Sakura se había ganado la reputación de loca, ella poseía habilidades extrasensoriales. Sin embargo, no poseía la visión. Sakura no podía ver a los espíritus, solamente los escuchaba.

Syaoran se paró atrás de Sakura, y miró inquisitivamente al espíritu de la mujer.

Sakura se percató de una tercera presencia, y su corazón latió con temor.

―Mamá… ―susurró.

―No te preocupes, mi pequeña. Él no te hará daño ―dijo Nadeshiko―. Sin embargo, ha llegado la hora de partir.

―Pero no puedes irte ―gritó Sakura cerrando sus puños. Le dio la espalda a Nadeshiko e intentó localizar a la tercera presencia―. No te la lleves, por favor ―sollozó―. No me la quites, te lo suplico.

Syaoran no se atrevió a articular palabra, ya que si lo hacía, probablemente Sakura le reconocería la voz. El intermediario miró a Nadeshiko, y la mujer entendió la mirada turbada del castaño.

―Sakura, soy yo la que quiere irse, cariño ―anunció con dulzura.

―¿Por qué? ―protestó la esmeralda en medio del llanto―. Creí que nos iríamos juntas, mamá. No quiero quedarme sola, tengo miedo de marcharme sola, espérame, por favor. ―suplicó arrodillándose sobre la grama―. Falta poco para que yo cumpla mi deseo.

Syaoran sintió una dolorosa punzada en el corazón. ¿A qué rayos se refería Sakura? ¿Acaso ella…? No, eso no podía ser.

Nadeshiko se arrodilló frente a su hija e inútilmente intentó abrazarla. Cerró los ojos con impotencia, y simuló estar acariciando el rostro de su hija.

―No, mi pequeña. Falta mucho para que eso suceda, y no puedo esperar. Te prometo sin embargo que ese día no estarás sola, alguien estará contigo, él iluminará tu camino.

―Es que… Tengo miedo ―gimió Sakura—. Si no quieres esperarme, llévame contigo pero no me dejes. Ya no quiero padecer esa agonía, estoy dispuesta a intercambiar el tiempo que me queda con tal de no sufrir más ―sollozó.

Los ojos de Syaoran comenzaban a irritarse. No entendía por qué Sakura hablaba de esa manera, sin embargo él estaba en la obligación de ayudar al espíritu de esa mujer a abandonar este mundo. Pero antes, le obsequiaría al corazón de Sakura un poco de consuelo.

El castaño alzó el brazo con el que sostenía la vara shinseina, girándola tres veces en el aire, clavándola finalmente en la tierra. Nadeshiko le agradeció con una sonrisa al joven, y acogió a su pequeña en su regazo. Sakura se abrazó con fuerza de su madre, y lloró con insistencia en el cuello de la mujer. Ella nunca tuvo el placer de disfrutar del calor materno de Nadeshiko. Lo más parecido que Sakura conocía eran los brazos de Kaho, en los que ella se había criado. Kaho significaba eso para ella, una segunda madre, y al igual que a Nadeshiko, tampoco quería perderla, a ambas las amaba con todo su corazón.

Nadeshiko se puso de pie junto con Sakura, y besó por última vez la frente de hija―. Hasta siempre, mi cerezo ―se despidió la mujer. Syaoran comprendió la señal, y retiró su vara shinseina de la tierra.

―Hasta siempre, mami ―susurró Sakura.

Syaoran colocó un hechizo sobre Sakura para que esta se quedara dormida, lo cual no fue muy difícil, ya que el hechizo anterior la había debilitado un poco. Se adelantó rápidamente para atrapar el cuerpo de la castaña, y la depositó delicadamente sobre la grama.

―Gracias ―dijo Nadeshiko.

―No hay de qué ―contestó el castaño―. Por lo que entendí, tú eres su madre ―afirmó.

―Así es ―respondió el espíritu.

―Entonces, explícame por qué ella habla de esa manera, ¿a qué se refería cuando te pidió que esperaras por ella?

Nadeshiko sonrió con tristeza.

Ella es mi hija, joven Li. Y si ella no te lo ha dicho, yo tampoco puedo hacerlo.

Syaoran suspiró exasperado, y convirtió la vara en una estrella de siete puntas.

―¿Estás dispuesta a ayudarme?

―Cuando llegue el momento, así será ―confirmó―. Y prepárate, porque será muy pronto. Antes de lo que te imaginas. Cuídate mucho, joven Li, y si puedes cuida también de mi niña.

Syaoran asintió, y activó el portal para que Nadeshiko entrara. La estrella que Syaoran sostenía con ambas manos, despidió una cegadora luz blanca que envolvió al espíritu de la mujer, y por fin, después de dieciséis años, Nadeshiko logró abandonar este mundo.

Syaoran tomó a Sakura en sus brazos, y se vio en la necesidad de llevarla a su habitación. Pasó desapercibido en el dormitorio de las chicas gracias a su magia. Con dificultad encontró la habitación de Sakura, y la dejó descansar sobre su lecho. Se sentó a un lado de ella mientras limpiaba el rastro que las lágrimas habían marcado en su rostro, y caviló acerca de lo que pensaría Sakura si llegase a enterarse de que fue él quien le arrebató a su madre.

Su móvil empezó a vibrar, anunciando la llegada de Seth y Deker. Syaoran se inclinó sobre el rostro de Sakura, y por un momento se vio tentado a rozar sus labios con los de ella. El refrescante aliento de Sakura golpeaba su rostro en cada respiración, sin embargo, ya le había entregado suficiente de él esa noche, por lo que resolvió únicamente besarla en la mejilla.

*.*.*

Eriol entró a su habitación casi flotando en una nube, pese a los desplantes de los amigos de Syaoran, el día había sido espectacular. Conoció a una chica preciosa, disfrutó de la derrota del equipo de fútbol de su colegio, y acaba de atiborrarse una hamburguesa gigante. No podía pedir más.

Encendió el ordenador, y conectó su cámara de video. Era un buen momento para editar la película y cargarla a la página oficial del Fenix Scolarium. Pensó en el fantástico encabezado que adornaría el video, y se sentó frente a la computadora. Notó entonces, que la memoria contenía una grabación previa a ese día, pero él no recordaba haber grabado algo con anterioridad, a no ser que el abusivo de Syaoran la utilizara para sus fines malévolos.

Decidió revisar el video, y casi se cae de espaldas a los pocos minutos de su reproducción.

―¡El demonio! ―vociferó saltando de su silla. Su mirada viajó de inmediato a la puerta de la habitación de Syaoran, y comenzó a encomendarse a todos los dioses que conocía. ¡Él compartía habitación con el mismísimo satán! Y al parecer en el video, Syaoran se estaba enfrentando contra otro demonio más horrible que él.

Hiraguizawa tragó pesado, y abrió de una patada la puerta de la pieza de Syaoran. Ese sujeto le debía muchas explicaciones, sin embargo, él no estaba para dárselas.

**Continuará**


Notas de autora:

¡Hola! Disculpen el retraso con esta parte, pero he estado muy ocupada con asuntos de la facultad, atravesando los exámenes parciales, para los cuales tenía que estudiar demasiado, por lo que opté por alejarme un tiempo de los fics. Espero que comprendan la situación.

También quiero agradecerles por los comentarios que me dejan, es de mucha utilidad saber su opinión respecto al curso de la historia. El próximo capítulo, lo publicaré el viernes de la próxima semana para compensar el retraso. Muchas gracias.

Próximo capitulo: ¡No son celos!