Disclaimer: Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es completamente de mi autoría.


"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"

Capítulo 6: ¡No son celos!


Syaoran entró en su habitación aproximadamente a las seis de la mañana. Demonios, ahora sí se le había pasado la mano con la bebida, y los idiotas de Seth y Deker lo abandonaron en la barra del bar, ¡esos imbéciles! Jamás volvería a salir con ellos.

Arrastró los pies hasta la cama, y se dejó caer en ella. Se saltaría las clases de la mañana, no tenía ganas de escuchar las clases absurdas de sus maestros, ni las conversaciones irreverentes de sus compañeros.

Hundió el rostro en su almohada tratando de olvidar lo que había sucedido la noche anterior, cerró el puño y descargó su rabia con el colchón. No era fácil aceptar sus sentimientos por Sakura, ¿Por qué tuvo que poner sus ojos en ella? No le gustaba la persona en la que se estaba convirtiendo por ella. Él siempre fue rudo e indiferente con los demás, poco le importaba que los matones como Shinji abusaran de pequeñas criaturas como Sakura. Pero ella hizo la diferencia, ahora él se había convertido en el defensor y amigo de los pobres diablos como Hiraguizawa, y en amigo o lo que fuera de Sakura porque Syaoran estaba convencido de que eran cualquier cosa menos amigos.

Gimió y saltó de su cama cuando sintió un gélido líquido recorrer su cabellera.

―¿Qué te sucede, imbécil? ―gritó Syaoran acercándose peligrosamente a Eriol.

Hiraguizawa no se inmutó, y le arrojó un par de fotografías al castaño. Syaoran las observó, reconociéndolas al instante. Se masajeó las sienes, y suspiró.

―Está bien, te diré la verdad porque ya me cansé de borrarte la memoria cada vez que algo sucede ―gruñó dándole la espalda a un indignado Hiraguizawa.

―¿Borrarme la memoria? ―preguntó confundido.

Syaoran se quitó las botas, y se sentó en la cama.

―Sí, es fácil. ―explicó encogiéndose de hombros.

Eriol exhaló, y se dejó caer al piso.

―Has estado jugando conmigo todo este tiempo ―acusó―. Por tu maldita culpa me da miedo estar solo por las noches ―confesó abrazándose a sí mismo―. Desde que llegaste cosas extrañas suceden, las cosas desaparecen o se mueven de su lugar, siento escalofríos cada vez que entro en la habitación, ¡y hasta en el baño! Lo más extraño de todo, es que por alguna razón mis dulces siempre desaparecen.

Syaoran dejó escapar una risita divertido, todavía estaba un poco ebrio.

―Yo no tengo la culpa de eso.

―¿Entonces, quien? ―vociferó exasperado Hiraguizawa.

Syaoran se recostó sobre la cama, y alzó una mano sosteniendo un objeto invisible a los ojos de Eriol.

―Aquí está el culpable.

―¿Estás borracho? ―indagó preocupado el compañero de Li.

Syaoran esbozó una mueca socarrona mientras jugaba con la colita de su guardián. ―Quizás.

Eriol soltó una exclamación y se acercó cuidadosamente al ambarino. ―Sí, lo estás ―comprobó al percatarse del inconfundible olor a alcohol.

Syaoran chasqueó la lengua.

―No me jodas, ¿no me digas que tú nunca lo has hecho?

Eriol desvió la mirada, y apoyó los brazos en la cama. ―No ―susurró.

Syaoran dejó caer a Kerberos sobre su abdomen, y tanteó en la cama hasta dar con la cabeza de Hiraguizawa. ―La próxima vez, te llevaré conmigo ―le consoló.

―¿E-estás diciendo que pudiste salir de este lugar? ―tartamudeó.

―¿Dónde creías que pase la noche?

―No sé, creí que habías llegado después de las diez porque… Yo me quedé dormido.

Syaoran rodó los ojos.

―No, idiota. Acabo de llegar.

―Pero… ¿Cómo? ―balbuceó Eriol.

―Ya deja de hacer tantas preguntas ―gruñó Syaoran pasándose una mano por el cabello―. ¿Quieres escuchar la verdad, sí o no?

―Sí ―contestó vacilante Eriol.

―Bien, soy un intermediario…

―¿Es alguna clase de demonio? No había escuchado sobre ello ―interrumpió Hiraguizawa acomodándose en el piso.

―No, somos todo lo contrario. Nosotros somos luz ―explicó el castaño girándose para mirar de frente a Hiraguizawa―. En pocas palabras, poseemos magia espiritual. Somos los encargados de mantener el equilibrio entre éste, y el otro mundo.

Eriol asintió.

―¿Y cómo explica eso el hecho de que tengas alas?

―Es por nuestra magia ―respondió el castaño mostrando su emblema, invocó su anillo, y se lo entregó a Eriol―. Son los instrumentos que todo intermediario debe poseer, el anillo potaru funciona como un portal de espíritus, y también es nuestra arma más poderosa. El emblema, funciona como una fuente de energía auxiliar ―explicó admirando su emblema vacío.

Eriol colocó el anillo sobre la cama, y miró a Syaoran con una expresión atónita.

―Continúo sin comprender.

Syaoran exhaló.

―Nosotros nos encargamos de transportar a los espíritus a la dimensión a la que pertenecen.

―¿Te refieres a los fantasmas? ―cuestionó el peliazul.

Syaoran negó con la cabeza.

―Ustedes los humanos confunden el término "espíritu". Los espíritus no son solo almas en pena, ello incluye ángeles y demonios también.

―Ah, quiere decir que eres un exorcista ―dedujo animado Hiraguizawa.

Syaoran se dio un manotazo en la frente.

―No, bueno, podemos realizar un exorcismo sólo si es necesario. Recuerda que no todos los espíritus son malignos, hay algunos que se entregan por voluntad propia, otros que ni siquiera saben que han muerto o no se resignan a estarlo, y los que tienen asuntos pendientes. Por otro lado, están aquellos que les gusta gastar bromas, y los que definitivamente son malignos.

―Oh… ―exclamó Eriol.

―¿Lo comprendes ahora? Nuestra misión es deshacernos de todos ellos, ayudarles a encontrar su camino ―dijo aparentando amabilidad.

―¿Y qué ganan ustedes por todo eso? ―interrogó Hiraguizawa rascándose la cabeza.

―Experiencia, es un requisito para participar en el torneo de los intermediarios. El ganador, se queda con el título de líder de nuestra hermandad. Prácticamente, nosotros estamos en este mundo para servir ―murmuró.

―Entonces, no ganas nada ―reflexionó Eriol.

―Te equivocas, ganas la satisfacción de ayudar a los demás, pero también obtienes una vida miserable ―declaró con notable tristeza en su mirada―. Nosotros no somos libres de escoger a nuestra pareja, la hermandad nos asigna a una mujer que se nivele con nuestras habilidades, con la excusa de que así habrá una mejor descendencia.

Eriol ladeó la cabeza en busca de una explicación.

―Ellos te imponen a tu pareja, tienes suerte si en alguna etapa de tu vida llegas a conocer el amor con esa mujer. Las relaciones entre nosotros no funcionan igual. Ustedes buscan a su pareja basándose en su apariencia física o en su defecto, en sus cualidades, y toda esa mierda romántica. En cambio nosotros, nos atraemos por la fuerza y calidad de nuestras energías ―informó el castaño cambiando de posición para admirar el techo de su habitación.

―¿Quieres decir que solo puedes casarte con otra intermediaria?

Syaoran se cruzó de brazos, y asintió.

―¿Y qué sucedería si te enamoras de una humana? ―preguntó recordando a Sakura.

Syaoran cerró los ojos, y sonrió con amargura.

―Puedo tenerla, pero antes tengo que casarme con la mujer que me asigne la hermandad.

―¿Eso significa que tendrás dos mujeres a la vez? ―vociferó indignado Eriol―. ¿Y por qué rayos tienes que casarte primero con una intermediaria?

―Las relaciones sexuales, tampoco funcionan de la misma forma en nosotros ―explicó avergonzado Syaoran―. La primera vez que nosotros nos entregamos a alguien, le entregamos una parte de nuestra esencia, y eso te une para siempre a una persona. La parte que ella te entrega, siempre estará contigo, de ahí puede que nazca el amor entre la pareja, sin embargo eso casi nunca sucede.

―Por eso buscan a otra que sí puedan amar ―analizó molesto Eriol.

―Las mujeres humanas nos resultan atractivas por el hecho de que pueden darnos la dulzura y el cariño que la esposa no te da. La mayoría de intermediarias son frías y arrogantes, aunque hay excepciones como es el caso de Evangeline ―informó divertido el castaño ante el rostro desencajado de su compañero.

―Lo que tratas de decirme es que la mujer humana se convierte en su concubina ―gruñó Eriol.

―Nosotros preferimos llamarlas Kanae, es un término más amable ―consintió Syaoran―. Pero yo pienso que si realmente amas a esa mujer, no la condenarás a ese tipo de vida.

―Concuerdo contigo ―secundó Eriol―. ¿A qué mujer le gustaría compartir a su esposo con otra?

―No es tanto eso ―suspiró el castaño―. Lo que sucede es que nuestra Kanae, no puede darnos hijos por el hecho de que los humanos no poseen una luz que alimente al producto durante el embarazo, generalmente esos embarazos terminan en tragedia, la mujer muere porque el producto consume todas sus energías, y el producto termina muriendo porque las energías de la madre no son suficientes.

Eriol esbozó una mueca de preocupación.

―¿Siempre termina de esa manera?

―Algunas mujeres sobreviven hasta el término de su embarazo, sin embargo, ellas deciden que es mejor salvar la vida de su bebé. Al final, su sacrificio resulta en vano porque las criaturas no sobreviven mucho tiempo, nacen débiles y enfermas. Ellas no pueden producir su propia energía ―explicó Syaoran―. Es por esa razón que tampoco podemos besar humanos, al momento del contacto, absorben energía de nuestro cuerpo, son como sanguijuelas ―murmuró.

―¡Un momento! ¿Cómo es eso de que si besas a un humano drena tu energía? Entonces… ¿Cómo…?

―La hermandad les coloca un sello a las mujeres para evitar esa situación ―contestó el castaño.

Eriol no sabía si reír o echarse a llorar por la desdicha de Syaoran. Pero, aquello había sido demasiada información para él, ¡Syaoran era virgen! Y él que pensaba que el tipo se había acostado con cientos de chicas. Además, Syaoran se definió a sí mismo como "luz", pero a Eriol le parecía todo lo contrario. Hizo sus estúpidas cavilaciones a un lado, y dirigió su mirada al reloj.

―¡Las diez de la mañana! ―chilló poniéndose de pie―. ¡Vamos a llegar tarde!

―¡Ah, ya qué! Podemos incorporarnos después del almuerzo ―sugirió tranquilamente Syaoran. Agarró de la cola a Kerberos, y lo agitó en el aire―. Oye, bestia guardiana. ¡Despierta!

Eriol comenzó a caminar fuera de la habitación, le compraría un café bien cargado a Syaoran.

―¡Espera, Hiraguizawa! No te vayas, tienes que conocer a Kerberos ―gritó Syaoran.

Sí, definitivamente Syaoran continuaba ebrio, el pobre estaba alucinando.

―¡¿Por qué me despiertas? ―se quejó una voz aguda.

Eriol miró hacia atrás inmediatamente, pero no había nadie.

―Hiraguizawa quiere conocerte ―indicó Syaoran con un gesto burlón.

La bestia guardiana mordió al castaño, liberándose de su agarre.

―¿De verdad puedo jugar con él? ―preguntó maliciosamente Kero.

Syaoran asintió.

La bestia se trasladó hasta donde se encontraba un desconcertado Eriol, y se mostró ante él. Los ojos azules de Hiraguizawa se abrieron desmesuradamente.

―¿Este peluche es tu guardián?

Kero hizo un mohín. ―Estoy en esta forma por culpa de ese holgazán ―replicó señalando a su dueño.

―Entiendo, quiere decir que en realidad eres un peluche más grande ―adivinó Eriol.

Kero gruñó y golpeó en la cabeza a Hiraguizawa.

―No, idiota. Mi forma original es fantástica, sé que morirás de la impresión en cuanto la veas. Por el momento, sólo puedo transformarme en la réplica casi perfecta de Syaoran, y adoptar la forma de cualquier animal que vea ―recalcó molesto el guardián.

―Tu carácter es bastante similar al de Syaoran ―opinó Eriol.

―¡Por supuesto que no! ―rebatió Kero agitando sus alitas.

Eriol sonrió y se disponía a salir de la habitación cuando Syaoran lo detuvo.

―Hiraguizawa, lo que acabo de confiarte no puedes repetírselo a nadie ―advirtió el castaño sentándose sobre la cama.

―¿Qué sucedería si lo hago? ―retó Eriol.

Syaoran sonrió.

―Te mueres, carbrón ―amenazó chasqueando los dedos de su mano derecha.

Eriol dejó caer su mandíbula al piso. ¡A Syaoran le salía fuego de la mano! Quizás todo había sido una vil mentira y en realidad su compañero provenía del inframundo. Syaoran apagó el fuego, y meneó los dedos en señal de despedida. Hiraguizawa no diría nada, de eso estaba seguro.

*.*.*

Syaoran caminaba por los pasillos del Fenix Scolarium junto a Shinji y su grupo de tontos, deteniéndose frente al tablero de información, donde Eriol estaba colocando una serie de volantes.

Hiraguizawa volteó y le sonrió sinceramente al castaño. Syaoran rodó los ojos, desde que le había revelado sus secretos a Eriol, éste no dejaba de comportarse de esa manera tan extraña. Además, su bestia guardiana y Eriol, congeniaron muy bien, ya que pasaban las noches conversando, atiborrándose de dulces, y discutiendo acerca de la cultura de los intermediarios. Syaoran en parte agradecía esa situación, él omitió muchos detalles acerca de ellos en la conversación que tuvo con Eriol, era mejor así. Él no quería revelar los detalles de su pasado.

Las Heart Jewelry, a excepción de Rika, quien continuaba sin disculparse con Sakura, atravesaban el pasillo en ese momento. Tomoyo se detuvo al percatarse de que el aviso se refería a su grupo de clase, específicamente al grupo que se encontraba bajo la tutela del gótico.

―¿Para qué es esa reunión? ―refunfuñó. Tenía cita con el manicurista a esa hora.

―Asiste, y lo sabrás ―contestó escuetamente Syaoran.

Sakura le sonrió ligeramente al castaño, y se acercó a él. ―Syaoran, estaba pensando que… Después de la reunión podríamos hacer la tarea juntos ―propuso tímidamente.

Syaoran colocó su mano en la cabeza de Sakura. ―Está bien.

Tomoyo hizo un mohín, y tiró del brazo a su prima. ―Nos veremos en la biblioteca ―indicó incluyéndose en los planes, por nada del mundo permitiría que su inocente prima estuviese a solas con ese salvaje.

Las Heart Jewelry, les dirigieron una última mirada al grupo de chicos, y se retiraron a la cafetería.

Eriol suspiró. ―¿Puedo hacer la tarea con ustedes? ―preguntó distraídamente, era una oportunidad para estar cerca de Daidoji.

Syaoran se encogió de hombros.

―Yo no hago tarea, lo sabes. Así que, te llevaré para que le ayudes a Sakura en lo que necesite.

Eriol asintió enérgicamente con la cabeza, era un precio razonable.

―Señor, ¿podemos retirarnos a la cafetería? ―cuestionó dudoso Shinji.

―El aula donde se llevará cabo la reunión, ya está lista ―agregó orgulloso Tao.

―Está bien, vamos ―aceptó Li.

*.*.*

Tomoyo tenía una sola palabra para definir la reunión: patética. El pobre tonto de Hiraguizawa se encontraba al frente con un tablón de actividades, y nadie prestaba atención a lo que decía. El idiota de Shinji, estaba flirteando con Naoko, y Yamazaki con Chiharu. Rika, se encontraba desolada en una esquina, y Sakura admiraba embelesada al inepto de Li.

Syaoran se levantó de su silla, y le arrebató el tablón de actividades a Eriol.

―¿Podrían callarse un maldito segundo? ―gritó colérico―. A todos ustedes les conviene escuchar las indicaciones de este pobre infeliz, si no quieren morir de inanición en el bosque ―vociferó señalando a Eriol.

Eriol entrecerró los ojos, ajustándose. Al parecer, Syaoran no podía hacer una buena acción sin arruinarla, estaba de acuerdo con que impusiera un orden en el grupo, pero no tenía que denigrarlo de esa manera frente a todos.

―Ustedes, grupo de locas ―dijo señalando despectivamente a las Heart Jewelry―. Diseñarán la camiseta de nuestro equipo. No quiero que incluyan mierdas como corazoncitos y florecitas en el diseño, apéguense a la realidad del proyecto.

Tomoyo abrió la boca para replicar, pero Sakura la detuvo. Syaoran se veía realmente furioso.

―La mafia organizada, se encargará de hacer la lista de víveres ―ordenó refiriéndose al grupo de Yamazaki―. Realizarán el presupuesto, y se lo entregaran a Hiraguizawa ―Yamazaki asintió con una sonrisa surcando su rostro, para ellos fue un cumplido ese sobrenombre.

―Shinji, tu grupo se encargará de verificar todos los suplementos ―Los chicos asintieron, y Syaoran arrojó el tablón de actividades―. En la próxima reunión, expondremos el presupuesto, y fijaremos la cantidad que cada uno deberá cancelar. El dinero se lo entregarán a Hiraguizawa. Después organizaremos los grupos que estarán encargados de la despensa, y cocina. Ahora, fuera de mi vista ―resopló exasperado.

Todos los chicos a excepción de Sakura, Tomoyo y Eriol, abandonaron el aula mientras murmuraban entre sí.

Syaoran se desajustó la corbata, y se pasó una mano por el cabello.

―Sakura, discúlpame por incluirte en el grupo de locas.

Sakura rió.

―Creo que sí lo estamos, un poco.

―No lo estamos ―musitó Daidoji, tomó la mano de su prima y comenzó a salir del aula―. Los esperamos en la biblioteca.

Eriol recogió su carpeta, emprendiendo su camino. Syaoran le siguió el paso con la mirada fija en sus zapatos. ¡Se estaba convirtiendo en un blandengue sin remedio! Él nunca se disculpaba después de ofender a una persona. Seguramente si su padre continuase con vida, ya le habría dado una buena paliza por imbécil. Suspiró mientras subía los escalones de la biblioteca, y agradeció a los dioses porque eso afortunadamente no sucedería.

Entró en el edificio, localizando con la mirada a las chicas, y a Hiraguizawa, quien ordenaba sus lápices y calculadora sobre la mesa. Syaoran se sentó frente a Sakura, y ésta le sonrió como si él fuese la criatura más tierna del mundo. Él era todo lo contrario, desvió la mirada, y gruñó recostándose sobre la mesa.

Daidoji carraspeó, y sacó una página de su carpeta.

―Sugiero que dividamos la tarea. Sakura y yo somos buenas en Historia, Hiraguizawa puede ayudar con la de Química, y el gótico con Matemáticas.

―A mí me parece una idea excelente ―concordó Eriol.

―Yo también estoy de acuerdo ―contestó aliviada Sakura. Así no tendría que lidiar con los problemas de matemática frente a Syaoran.

Syaoran gruñó y sacó un lápiz de su bolsillo. ―De acuerdo.

Los chicos iniciaron sus tareas mientras que Syaoran garabateaba una serie de líneas sin sentido sobre una página. No había tomado apuntes de la tarea, y no se rebajaría a pedir los apuntes de alguien más.

Eriol arrugó un pedazo de papel y se lo arrojó al castaño. Syaoran alzó una ceja e inspeccionó su contenido.

Matemáticas II, tomo 5. Ejercicio 16. Ve a pedírselo a la bibliotecaria.

Syaoran se levantó de la silla, y se dirigió al mostrador. Una mujer pelirroja le sonrió, y se quitó gafas.

―¿Si? ―preguntó cortésmente.

Syaoran le extendió el papel que le dio Hiraguizawa, y Kaho se marchó en busca del libro.

Minutos después, regresó con el libro en manos, y lo colocó sobre la mesa mientras lo registraba. Syaoran tamborileaba los dedos sobre su brazo, y Kaho no pudo evitar dirigirles una mirada, haciendo una mueca al apreciar las Jikaidos en las manos del ambarino, aunque, era de esperarse en el hijo de Hien Li.

―Aquí esta ―avisó Mizuki.

Syaoran tomó el libro, y cruzó su mirada con la de la mujer.

―¿Podrías decirle a Sakura que su padre quiere hablar con ella esta noche? ―preguntó amablemente.

―Claro ―afirmó Li.

La atención de Syaoran cayó de inmediato sobre Sakura, frunció el ceño y se acercó a la mesa. Aparentemente, Sakura se encontraba discutiendo su tarea con Daidoji, pero algo no estaba bien en ella.

―Sakura, ¿te sientes mal? ―inquirió el castaño al percatarse de la palidez en el rostro de la chica.

Sakura sonrió y negó sutilmente con la cabeza. Tomoyo estudió con detenimiento el rostro de su prima, y colocó una mano en su frente. No tenía temperatura, pero estaba transpirando.

―No mientas, en este lugar hay aire acondicionado y tú estás empapada ―replicó Tomoyo poniéndose de pie―. Te llevaré a la enfermería.

―No, por favor… ―pidió Sakura.

Syaoran bufó y la obligó a ponerse de pie. ―No te comportes como una niña berrinchuda, Daidoji tiene razón, vamos a la enfermería.

Sakura se soltó del agarre del castaño. ―¡No quiero ir, y mucho menos contigo! ―objetó con los ojos cristalinos. ―No quiero ir a ese lugar… ―declaró rompiendo en llanto.

Syaoran retrocedió un par de pasos. Sakura nunca le había hablado de esa manera. Eriol se acercó a Syaoran y posó una mano sobre su hombro.

―Daidoji, llévatela de aquí. Es mejor que se retire a descansar a su habitación ―recomendó―. Yo te llamaré más tarde para entregar lo que resta de la tarea.

Tomoyo asintió, y abrazó a Sakura, que se retiró del lugar sin despedirse de Syaoran como siempre solía hacerlo. Syaoran se llevó una mano al pecho, le dolió recibir semejante trato de parte de Sakura. Ella que no se cansaba de sonreírle le había gritado, rechazando con desprecio el contacto que sostenían.

Eriol palmeó la espalda de su amigo.

―No te preocupes, seguramente está en sus días.

*.*.*

Ieran Li entró en el salón de Rakib, donde se llevaban a cabo las reuniones organizadas por los miembros del círculo de la hermandad. Ocupó su lugar correspondiente, y esperó a que se incorporaran los demás miembros. El padre de Evangeline la saludó con una pequeña reverencia, acomodándose junto a ella.

―¿No sé por qué te llamaron? ―preguntó curioso Sheng Fa―. Esta reunión es para la iniciación de los chicos, y por lo que sé, el tuyo ya se inició.

―Pues sí, yo tampoco entiendo por qué me llamaron. Syaoran tiene todas las Jikaidos reglamentarias ―comentó Ieran.

―Quizás tenga que ver con su desempeño en las últimas semanas ―opinó Sheng hundiéndose en su silla.

Ieran exhaló, y fulminó con la mirada al padre de Evangeline.

―Syaoran es… Un poco lento, pero ten por seguro que ganará ese maldito torneo.

Sheng sonrió y su mirada avellana se deslizó por el rostro enojado de Ieran.

―No he dicho lo contrario, mujer. Sé que Hien le dio una buena crianza a tu hijo, y será un buen líder para nosotros.

―Ah, sí. Lo crió muy bien ―masculló Ieran.

―Evangeline te ha visitado mucho ultimadamente. Eso es extraño, ya que Syaoran no se encuentra en ese lugar ―comentó maliciosamente el intermediario.

Ieran frunció el ceño.

―No tengo por qué darte explicaciones acerca de la ubicación de Syaoran ―replicó.

―No tienes que hacerlo, todos sabemos que lo mandaste al Fenix Scolarium.

―¿Qué dices? ―preguntó alarmada Ieran.

―Lo que sucede es que no sabes hacer bien las cosas ―se burló Sheng―. No le dijiste a tu hijo que no podía revelar su ubicación, y sus amiguitos junto con Evangeline se encargaron de ventilar ese secreto. No entiendo cómo fue que terminaste casada con Hien, tú nunca estuviste a su nivel ―agregó con desdén.

Ieran apretó los puños.

―Me casé con ese mal nacido porque me obligaron a hacerlo ―espetó.

―Deberías respetar la memoria de tu marido ―recomendó el rubio limpiándose las uñas.

Ieran alzó el rostro, y dirigió su mirada hacia otro lado. No tenía ánimos de seguir discutiendo con el mejor amigo de su difunto esposo.

La reunión dio inicio. Se discutieron los requisitos que los jóvenes debían reunir para participar en el torneo, incluyendo el tema de las Jikaidos. Se acordó que el último día de ese mes, se marcaría a cada uno de los muchachos, a excepción de Syaoran Li, quien tenía Jikaidos de sobra.

Tal y como lo vaticinó Sheng Fa, Ieran fue convocada a la reunión para hablar sobre las conductas de Syaoran. Los padres de Seth, y Deker, tampoco se salvaron de la reprimenda. Al final, una furiosa Ieran Li, salió de aquel salón. Quizás consideraría la idea de hacerle una visita a su hijo en aquel internado.

*.*.*

Syaoran apagó su reloj despertador. Por fin había llegado el tan ansiado domingo libre. Suspiró y salió de la cama. Se enteró por Daidoji que el día del incidente en la biblioteca, la situación de Sakura se agravó por la noche, y tuvieron que trasladarla al hospital. Por lo que tenía días sin ver a la castaña. Li salió de su habitación e hizo una mueca al percibir el aroma de la loción de Eriol.

―¡Syaoran! Qué bueno que ya despertaste ―saludó Hiraguizawa dándose los últimos retoques en el espejo. Syaoran bufó y se masajeó las sienes, el perfume de Eriol era demasiado fuerte para su gusto―. Yamazaki me avisó que Sakura regresó del hospital ayer por la noche.

El espíritu de Syaoran revivió en ese momento.

―¿De verdad? ¿Y cómo se encuentra?

Eriol sonrió.

―Los chicos dicen que tenía un buen aspecto. ―respondió vacilante.

Syaoran se apoyó en la puerta del baño. ―¿Y tú sabes por qué se la llevaron?

―Las Heart Jewelry, comentan que sufrió una intoxicación alimentaria o eso fue lo que les dijo el padre de Sakura. ―contestó limpiando sus gafas con un pañuelo.

Syaoran se enderezó y abrió la puerta del baño. Él no se comería ese cuento, Sakura y su familia ocultaban algo más, de eso estaba seguro.

Eriol esperó a que el castaño terminara de arreglarse para marcharse juntos al centro comercial. En los últimos días, se le había notado bastante decaído, y más gruñón de lo normal. Por lo que Eriol resolvió llamar a Evangeline, y citarla en el mismo lugar que ellos visitarían.

Eriol tomó las llaves de su auto, y abrió la puerta de la habitación. Syaoran le siguió el paso sin dirigirle la palabra, y ambos subieron al ascensor. El peliazul dejó escapar una risita divertido al observar la vestimenta de Syaoran, que en esa ocasión portaba un conjunto de vaqueros azul marino, una camiseta blanca, y una chaqueta de cuero negra.

―¡Estas utilizando más colores de lo usual! ―se mofó Eriol.

―Por lo menos no me veo igual de pendejo que tú. ―rebatió Syaoran.

Eriol frunció el entrecejo, y analizó su propia vestimenta. Lucía un conjunto de pantalones casuales color gris, una camisa blanca del mismo diseño, y un jersey negro con estampado de rombos blancos y rojos, la combinación perfecta, a su criterio.

Los amigos salieron del edificio y emprendieron su camino al estacionamiento. Al llegar, unos alaridos guturales captaron su atención, y buscaron el origen de semejante sonido.

Daidoji golpeaba enérgicamente con su zapato una de las llantas de su automóvil. Syaoran desvió la mirada hacia Sakura, quien se encontraba recostada en la puerta del carro. Syaoran metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, y se acercó a ella.

―Hola, ¿cómo estás? ―saludó tímidamente.

Sakura se enderezó y apretó su pequeño bolso entre sus manos.

―Bien, gracias. ―susurró.

La mirada de Syaoran se deslizó por el menudo cuerpo de la esmeralda. Vestía un pequeño vestido rojo strapless que marcaba perfectamente sus curvas, y un par de botas negras hasta la rodilla.

―Te ves muy bien. ―opinó Li.

Sakura se sonrojó.

―Gracias, tú también. ―farfulló avergonzada.

Syaoran le sonrió ligeramente, y se atrevió a retirar la boina negra que ocultaba los bonitos rizos de Sakura. La castaña se acomodó el cabello, y le devolvió la sonrisa a Syaoran.

―Es la primera vez que te veo sonreír de esa manera.

Syaoran sin dudarlo terminó con la distancia entre ellos, y la abrazó mientras le depositaba un fugaz beso en la mejilla.

―Lo que sucede es que te extrañe mucho, mi princesa ―le susurró al oído.

Sakura se esforzó para no llorar, de lo contrario arruinaría su maquillaje y Syaoran se daría cuenta de su mal aspecto.

―Yo también te extrañé. No me atreví a llamarte porque…, pensé que estarías enojado conmigo por la manera en que te traté ―murmuró aferrándose desesperadamente a la cintura de Syaoran.

Syaoran guardó silencio. Las primeras horas, había estado colérico por culpa de la esmeralda, pero con el pasar de los días, eso se convirtió en preocupación. Al parecer, necesitaba más que energía para sobrevivir en el mundo, ahora necesitaba las sonrisas de su pequeña Sakura.

Sakura levantó el rostro y clavó su mirada en los ojos de Syaoran.

―¿Podrías llevarnos al centro comercial? Al auto de Tomoyo se le pinchó una llanta. ―explicó.

Hasta ese momento, Syaoran volvió a ser consciente de los estrepitosos alaridos de la amatista.

―No te preocupes, Daidoji llegará con Hiraguizawa.

Sakura se paró de puntitas, y le estampó un beso en la mejilla a Li.

―Veo que no has cambiado. Creí que en mi ausencia te acercarías más a Tomoyo ―reclamó en medio de un puchero.

Syaoran rompió el abrazo, y tomó de la mano a Sakura.

―Lo intentamos, pero no funcionó ―confesó encogiéndose de hombros.

*.*.*

―¡No puede ser! ―gritaba Tomoyo golpeando su automóvil―. ¡Ahora no podré salir de este lugar!

Eriol carraspeó.

―Yo podría llevarte ―ofreció.

―¿Quién se atrevió a dañar a mi zafiro? ―interrogó refiriéndose a su carro.

―Creo que fue un accidente. ―contestó Eriol.

Tomoyo miró a Eriol con ojos cristalinos.

―Seguramente fueron ustedes. ―acusó.

―¡¿Nosotros? ―vociferó ofendido Eriol.

Daidoji recorrió el estacionamiento con la mirada, y se percató de la ausencia de Sakura.

―¡Lo ves! La estrategia era distraerme para secuestrar a mi prima. ―chilló desesperada.

―Daidoji, sabes que Syaoran sería incapaz de dañar a Sakura. ―respondió Eriol.

―Eso lo veremos, ¿dónde está tu auto? ―preguntó.

Eriol señaló a su izquierda. Tomoyo ocupó el asiento trasero porque por ningún motivo pensaba sentarse junto a Hiraguizawa, era mejor que pensaran que él era su chofer.

*.*.*

―¡¿Adónde vas? ―cuestionó Kaho bloqueando la entrada del ascensor.

Fujitaka intentó hacer a un lado a la mujer.

―Voy a acompañar a los muchachos al centro comercial. ―refunfuñó.

Kaho rió.

―No, más bien vas a vigilar a Sakura.

El director frunció el ceño.

―Y si fuese así, ¿qué?

Kaho colocó sus manos en los hombros de Kinomoto.

―Déjala, Fujitaka. Sakura no ha tenido una buena semana, es justo que se divierta un poco.

―Puede divertirse conmigo. ―replicó Fujitaka.

Mizuki suspiró.

―Cuándo vas a entender que nos conviene que Li se enamore de ella.

―Nunca. No permitiré que Li la tome como su Kanae ―vociferó.

Kaho retiró sus manos.

―Él no haría eso ―susurró―. Él no es como tú.

Fujitaka resopló y acunó el rostro de Kaho entre sus manos.

―Kaho…

La mujer lo miró con reproche, y apartó el rostro.

―No, Fujitaka. Ya estoy cansada de esta situación, tú nunca me escuchas, nunca me das mi lugar. ―sollozó.

―Kaho, mi intención jamás ha sido lastimarte.

―¡Pero lo estás haciendo! ―gritó la mujer―. Sakura lo es todo para mí, ella es la hija que tú nunca quisiste darme.

Fujitaka tragó pesado y abrazó a Mizuki.

―Hemos hablado muchas veces de ese tema, Kaho. Yo te di tu libertad, pero no quisiste irte.

La mujer ocultó su rostro en el cuello masculino.

―No lo hice porque te amaba… Sabes que aún te amo ―confesó entre sollozos.

Kinomoto cerró los ojos, y apretó contra sí a su verdadera esposa.

―Gracias por tu fidelidad, querida. ―murmuró.

*.*.*

―¡Sakura, Sakura! ―gritaba Daidoji corriendo para abrazar a su prima.

Sakura negó con la cabeza, y salió al encuentro de la amatista.

―Estoy bien, Tomoyo ―informó al notar la mirada cristalina de la chica.

―Creí que el gótico te había secuestrado ―excusó.

Sakura rió, y Syaoran fulminó con la mirada a Daidoji.

―¿Cómo se te ocurre semejante estupidez? ―gruñó.

Tomoyo se separó de Sakura. ―Cualquiera lo pensaría. ¡Mira la pinta de matón que tienes! ―exclamó.

―Pues, a mí me parece que se ve muy bien. ―opinó una tercera voz femenina.

Tomoyo hizo un mohín, y se volteó para enfrentar a la autora de semejante aberración. Sus palabras se suspendieron en el aire cuando se percató de que Evangeline y ella estaban utilizando el mismo vestido.

―Esto no puede ser. ―jadeó indignada.

Evangeline hizo un puchero.

―Cierto, este vestido lo diseñé yo misma. ―indicó.

―¡Yo también! ―exclamó Tomoyo acariciando su precioso vestido azul.

Sakura se preocupó y comenzó a buscar una diferencia entre los diseños, sin embargo no encontró ninguna.

―A mí me parece que ambas se ven muy bien. ―habló Eriol.

―¡Tu cállate, cuatro ojos! ―espetó Tomoyo―. No tienes derecho a opinar.

Evangeline entrecerró los ojos, y tomó la mano del peliazul.

―Gracias por el cumplido, Eriol. No le prestes atención a esa neurótica.

Syaoran estuvo a punto de aplaudirle a Evangeline, ni siquiera él era capaz de enfurecer a Daidoji de esa manera.

―Hmp… Vámonos, Sakura. ―musitó la amatista dándole la espalda al grupo de chicos.

―T-Tomoyo, yo me quedaré con ellos. ―balbuceó tomando de la mano a Syaoran.

El castaño sonrió con arrogancia, y esperó con expectación la reacción de Daidoji.

―¿Qué dijiste? No creerás que me quedaré sola todo el día. ―reclamó.

Evangeline sonrió, y se colgó del brazo de Eriol.

―Puedes quedarte con nosotros. ―invitó.

―¡No!

Los chicos se encogieron de hombros, a excepción de Sakura, a quien sí le preocupaba la situación.

―Entonces, vámonos ―ordenó el ambarino.

Tomoyo apretó los puños. Nadie se había atrevido a desafiarla de esa manera. Además, esa rubia falsa le estaba robando a su mayor admirador. No le tenía ningún aprecio al cuatro ojos, pero… ¡No podía perder a uno de sus fans! ¡No, eso nunca!

A grandes zancadas alcanzó a los muchachos, y apartó a Evangeline de Hiraguizawa. Evangeline empujó a Tomoyo, y se aferró con fuerza al brazo de Eriol.

―¿Está es la chica que te gusta? ―preguntó en un susurro.

Eriol esbozó una mueca, y asintió.

La rubia sonrió maquiavélicamente.

―Entonces, le daremos una lección. ―planeó dándole un beso en la comisura de los labios.

Tomoyo chilló al observar la escena, y estaba a punto de lanzarse sobre Evangeline, cuando Sakura capturó su mano.

―¿Tomoyo, qué haces? ―inquirió.

―Defendiendo mi territorio. ―gruñó.

Syaoran ahogó una carcajada.

―¿Tu territorio, Daidoji? No sabía que Hiraguizawa era de tu propiedad. ―se mofó.

Tomoyo se sonrojó violentamente, y desvió la mirada.

―Es mi admirador número uno. Una diva como yo, no puede darse el lujo de perder admiradores. ―justificó con un hilo de voz.

―¿No será que estas celosa, Tomoyo? ―preguntó divertida Sakura.

La amatista soltó una exclamación.

―¿Cómo se te ocurre? Yo jamás pondría mis ojos en un tipejo como ese. Mira las fachas que trae encima. ―gritó.

Los castaños alzaron las cejas incrédulos, y optaron por ignorar a Tomoyo.

Daidoji continuó refunfuñando algunas horas, mientras que Evangeline y Eriol conversaban amenamente sobre trivialidades. A diferencia de los castaños, que no habían abierto la boca en todo el día, y se limitaban a comunicarse por medio de contactos afectuosos y miraditas extrañas a los ojos de Tomoyo.

Sakura y Evangeline arrastraron a los muchachos al cine, discutieron un par de minutos, y seleccionaron una película romántica. Syaoran rodó los ojos, y compró los boletos para la función.

―¿Desean algo de la dulcería? ―masculló el castaño.

―Sí, yo quiero unas palomitas de caramelo, y un té de limón. ―pidió emocionada Sakura.

―Las mías que sean de mantequilla. ―ordenó Evangeline.

―¿Y tú, Daidoji? ―preguntó cortésmente Eriol.

―Yo no quiero nada, las golosinas engordan. ―espetó dirigiéndole una mirada socarrona a Evangeline.

Syaoran chasqueó la lengua, y se llevó consigo a Hiraguizawa para que las chicas discutieran en paz.

Evangeline posó una mano en su cintura. ―¿Insinúas que estoy gorda?

Tomoyo se cruzó de brazos. ―La duda sólo denota inseguridad.

Sakura miraba de un lado a otro conforme avanzaba el intercambio de palabras.

―Me tienes envidia porque soy rubia natural. ―se burló Evangeline acariciando su cabello.

―Por lo menos no tengo la cabeza hueca. ―rebatió la amatista.

―¡No soy ninguna tonta!

―No, lo que eres es una ofrecida. Claro, como el gótico no te presta atención, decidiste enredarte con Hiraguizawa.

Evangeline permaneció en silencio, y Tomoyo se declaró ganadora. Para Evangeline no habían pasado por alto las atenciones que Syaoran tenía con Sakura, pero ella no podía hacer nada al respecto. Reconocía que muy dentro de su corazón, deseaba estar en el lugar de la castaña, sin embargo eso no era posible. Ella se conformaba con saber que Syaoran por primera vez en su vida, era feliz.

―Ya podemos entrar. ―avisó Eriol cargando con todas las golosinas.

Sakura arrastro a Tomoyo, y le concedió a Evangeline unos momentos a solas con el ambarino.

―¿Qué te sucede? ―preguntó Syaoran al notar el cambio de humor en su amiga.

La rubia negó con la cabeza, y sonrió sutilmente. ―Nada.

Syaoran sacó de su bolsillo una pulsera elaborada con cordones morados, adornada con diferentes dijes en forma de corazón, y se la entregó a la chica.

Evangeline la tomó y la acunó entre sus manos.

―¿La hiciste para mí? ―gimió con pequeñas lagrimas que amenazaban con escapar de sus ojos avellanas.

―Sí, yo… Pensaba dártela el día del partido, pero tú te fuiste sin despedirte, y luego recordé que este día es nuestro aniversario.

Evangeline apartó una lágrima de su mejilla. ―No creí que lo recordaras, siempre pensé que para ti era una fecha estúpida y sin sentido, por eso no hice nada para ti este año. ―susurró.

Syaoran colocó una mano en el hombro de su amiga. ―Ya has hecho suficientes cosas por mí. ―excuso regalándole un pequeño beso en la frente.

Evangeline sollozó, y apretó la pulsera contra su pecho. ―Prométeme que siempre seremos amigos.

―Los mejores. ―prometió Syaoran, y el corazón de Evangeline se sintió satisfecho.

*.*.*

Evangeline llegó de la escuela y arrojó su bolso a un lado de su cama. Cambió su horripilante uniforme negro por una camiseta blanca, y unos shorts rosados. Amarró su cabello en una coleta, y se sentó frente al ordenador.

Sonrió al percatarse de que Eriol tenía iniciada su sesión, y decidió entrar en la sala de chat.

"Hola, guapo", bromeó. En las últimas semanas, ellos habían forjado una preciosa amistad. Evangeline se sentía dichosa porque ambos congeniaban perfectamente, lástima que Eriol sólo fuese un simple humano, de lo contrario, sería un buen prospecto para olvidar a Syaoran.

"Mi bella dama, ¿cómo estás?", respondió Hiraguzawa.

Evangeline suspiró.

"Sufriendo por mal de amores, ya sabes".

"Lamento mucho tu situación, Evangeline".

"Sí, lo sé. Mejor cuéntame cómo van las cosas con Daidoji".

"Muy mal", contestó rápidamente Hiraguizawa.

Evangeline hizo una mueca.

"Perdóname. Yo sólo intentaba ayudar, pero al parecer empeoré las cosas".

"Por supuesto que no. Tomoyo solo se molestó porque estabas utilizando uno de sus diseños".

Evangeline rió.

"Sí que la hicimos rabiar, ¿no? Lo mejor de todo es que se tragó todo el cuento".

Eriol agregó un emoticón de una carita feliz.

"Así es, pero me siento mal por ella".

"¿Por qué? Ya era tiempo que te desquitaras por todas sus humillaciones".

"Sí, pero desde ese día ni siquiera me dirige la palaba. ¡Hasta cambio de asiento con el gánster de la clase para no verme la cara en todo el día!"

"Compréndela, la pobre está celosa", dedujo la rubia.

"No son celos, Evangeline. Lo que sucede es que no soporta que alguien tenga más atención que ella".

"A mí me lo parecieron. Sin embargo, fue un día agradable. Hay que repetirlo".

"Concuerdo contigo. Dentro de dos semanas podremos salir de nuevo".

"Lo siento, no podré acompañarlos. Ese día me colocaran las Jikaidos para el torneo".

"¿Y qué sucede con eso?"

"Es como hacerte un tatuaje solo que más doloroso, si le preguntas a Syaoran él te responderá que duelen como el infierno".

"Vaya, si él lo dice debe ser cierto".

Una doncella tocó la puerta de la habitación, y le avisó a Evangeline que la cena estaba lista.

"Tengo que irme, hablaremos otro día", se despidió.

"De acuerdo, adiós".

**continuará**


Notas de autora:

¡Hola! Vaya, logre colocar el capítulo un día antes, jaja. Espero que lo hayan disfrutado. Como ven, el nombre del capítulo no iba dirigido a los SS como algunos pensaron, xD. Sin más que agregar, me despido. Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior. Nos leemos dentro de dos semanas.

Próximo capítulo: The Dark Knights (Los caballeros oscuros).