Heloo minaaa! gracias por esperar tanto tiempo. Estuve de viaje, y cuando llegué, para mi desgracia, no tenía inter! ... :( ademas que poco a poco la inspiración me abandona. la ultima vez que trate de escribir estaba tan atareada que al final me salio un capitulo combinado con mi tarea de quimica... (?) asi que como comprenderan, lo empezaré de nuevo. En verdad me disculpo con las seguidoras de mi historia. HONTONI GOMENE! Asi que sin mas preambulos... (me tirarán tomates, lo sé)

Conti ! ^_^


Capítulo VIII

Estaba a punto de abrir la puerta de la cocina, pero me quedé congelado al oír l a suave voz… "Zero no está…" ¿podía ser verdad?

— Veo que aun te preocupa mi alumno frac asado. —Yagari dijo en tono burlón. Pero tenía razón. Una vampiro Purasangre… ¿p reocupada por un Nivel E? … realmente no podía ser posible. Pese a eso sentí el temblor de mi mano cerca del pomo de la puerta. ¿Por qué ahora me sentía nervios o?

— Es que…. Ha pasado tanto tiempo… — Yuu ki tenía razón también. Dos años… para c ualquier vampiro noble, eso sería poco, pero para mí… era distinto. Si. Había pa sado mucho tiempo desde que probé su san gre por última vez, sin contar lo de la noche anterior. Salí corriendo de ahí si n fijarme en nada, hasta llegar a alguna parte del bosque que rodeaba la Academi a.

Estaba un poco cansado… más bien, maread o, por lo que me apoyé en un árbol. Y ah ora… ¿por qué demonios había huido? Yo n unca huía, por ningún motivo. ¿Qué pasab a? Me senté a los pies del árbol mientra s me calmaba.

Recordé lo que había pasado la noche ant erior. Recordé cómo me había abrazado, c ómo me ofreció su sangre. Volví a sentir aquella repulsión mezclada con el anhel o, haciendo una emoción única. Y en el m omento de hundir mis colmillos en la pie l de su fino cuello… éxtasis puro.

Caí en la cuenta de que había vuelto a b eber el elixir de vida que era la sangre de la realeza vampírica.

Vampiros Purasangre… aquellos seres frío s e insensibles, sin respeto alguno por la vida humana. ¿Por qué sentía que bebe r su sangre era un consuelo? Me llevé la s manos a la cabeza, estaba desesperado por hallar una respuesta. En serio, ¿qué me pasaba?

No sé cuánto tiempo me quedé en ese luga r, pero sentía un poco de paz al estar s olo de nuevo. Había pasado los últimos d os años negándome a pensar en todo lo qu e se relacionaba con ella. Suspiré. Ahor a, Yuuki Kuran era una Purasangre, un se r repugnante. No lo olvidaba. No debía h acerlo. Tenía que sacar de mi vida a esa pequeña alimaña que se había aferrado a mí.

Cerré los ojos. No tenía que olvidarlo. Al final seria yo quien acabaría con la vida de aquella chica, junto con su quer ido Kuran Kaname. Su existencia era un p ecado. Yuuki ya no era la humana que hab ía habitado en mi corazón cuando de verd ad la necesitaba. Ella me había abandona do… ella ya no estaba. Al igual que mis padres, al igual que Ichiru.

Yuuki Cross había muerto, y quien la mat ó… "La Yuuki que tú conocías…fue devorad a por la Yuuki Vampiro" ese asesinato de bía ser cobrado. Mis manos se cerraron e n puños al pensar en eso. "De todos modo s" sonó una pequeña vocecilla dentro de mi cabeza "¿por qué no la había matado y a la noche anterior, cuando me entregó s u sangre? Había estado tan vulnerable… e ra una ocasión perfecta." Gruñí sin sabe r qué responderme a mí mismo.

— En la Academia, tanto vampiros como hu manos desean la paz…incluso los viejos c azadores como yo y Yagari buscamos eso.

— Cross Kaien — susurré. El Director me había encontrado. Levanté la vista para ver su rostro, con sus gafas centellando a la luz del sol de la tarde. Tenía gan as de hacerle saber sobre la promesa que había hecho con Yuuki, pero no hallaba la voz.

—No puedo permitir que mates a Yuuki Kur an. — dijo, bajando la vista hacia mí, a divinando lo que estaba pensando. Entonc es, su cara perdió toda seriedad — ¡Desp ués de todo, se trata de mi adorable hij a!

Bufé, enfadado por el repentino cambio. Me puse de pie.

—Zero-kun, en verdad te necesito aquí pa ra que vuelvas a desempeñar tu trabajo d e guardián.

Mi instinto me hizo detenerme. Sabía cuá l era ese trabajo. Yo debía ser quien pr otegiera a esos pobres humanos de las cr iaturas asquerosas que Kaien había invit ado. Ahora, ese rol solo era mío. La otr a guardiana ahora se vestiría con aquell os ropajes blancos que simbolizaban peli gro.

— Mañana empiezas tu trabajo — me dijo K aien poniendo su mano sobre mi hombro, l uego la retiró y dirigió sus pasos de vu elta al edificio de la dirección. — ayud arás con la distribución de los dormitor ios masculinos de la clase diurna, mient ras que de los dormitorios femeninos se encargará mi hija.

Por segunda vez en el día me quedé total mente inmóvil.

Continuará...