Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo Clamp. La historia sí me pertenece.
"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"
Capítulo 7: The Dark Knights.
—Esto está horrible —espetó Syaoran alzando la camiseta de su equipo. ¿Cómo rayos se les ocurrió estamparle un tierno mapache guiñándoles un ojo e indicando la señal de victoria con su mano?
—Err…
—Ejem… Señor —carraspeó Shinji señalando a sus espaldas.
—¡¿Qué quieres?
Syaoran escuchó un débil sollozo y volteó.
—Yo lo diseñé —murmuró la esmeralda arrugando el dobladillo de su falda—. Pensé que no importaría mucho el diseño si las camisas eran de color verde… ya que, es tu color favorito.
Syaoran se sintió el ser más miserable del mundo. —No, yo… estaba hablando de la organización del grupo —mintió.
Sakura lo miró con ilusión. —Entonces, ¿sí te gusta?
—Me encanta —respondió procurando ocultar su sarcasmo.
Daidoji se les acercó muy sonriente con una libreta de apuntes en la mano. —Revisé el presupuesto y todo está bien. Ya les notifiqué a los muchachos el incremento en la cuota por el día extra —informó celebrando su victoria interna. Sabía que el castaño odiaría el diseño de la camiseta pero no protestaría si utilizaban el diseño propuesto por Sakura.
—Está bien —contestó retirándose del salón. Iría a desquitar su rabia con el primer bobo que se le cruzara en el camino.
*.*.*
Syaoran recorría las calles de la ciudad con la mirada fija en el asfalto. No había sido su mejor día, sin embargo no podía perderse de tan preciado evento. Posiblemente se encontraría con su madre. No obstante, Ieran no le reprendería en esa ocasión porque era un deber sagrado reunirse las noches de luna llena. Frenó su andar al percatarse de que había llegado a las puertas de la empresa Freez, lugar dedicado a la elaboración de alimentos congelados. Empujó las puertas de cristal, y entró.
Como de costumbre, sólo encontró al guardia de seguridad en la recepción. Realizó un leve gesto con la cabeza en señal de saludo, y se dirigió al último ascensor de la derecha. Rebuscó entre sus ropas una pequeña llave, y la introdujo en la cerradura que reemplazaba el botón de aquel artilugio. Tamborileó los dedos sobre su brazo mientras esperaba ser transportado al vigésimo piso. En realidad, el gigantesco edificio fungía con un doble propósito: servir como una fuente de ingresos para todos los de su especie, y como una excelente fachada para ocultar el concilio de la hermandad. Salió del ascensor y alzó un poco la vista para apreciar el tejado de cristal del salón, iluminado por el resplandor de la luna y algunas velas.
La mayoría de intermediarios se ya se encontraban reunidos. Localizó entre la multitud a Deker y Evangeline, quienes parecían disfrutar de una amena conversación. Dio un par de pasos, y casi de inmediato fue abordado por Seth.
—Necesito hablar contigo —le indicó el rubio.
Syaoran asintió con la cabeza.
Seth se aclaró la garganta, y recargó su peso en la pierna izquierda. —Es sobre aquella niña.
—¿Sakura? —preguntó molesto Syaoran.
—Sí, ella —respondió, incómodo por lo tensa que se puso la situación—. Es extraña.
—Explícate.
—Bueno, el día del partido, no sólo a Deker le pareció atractiva, ¿sabes? —confesó retrocediendo un par de pasos. Syaoran se veía furioso—. A mí, también me gustó. Y eso es lo extraño, un humano nunca llama nuestra atención tan rápido. Para gustar de ellos, hay que convivir, conocerles, es imposible que la tal Sakura haya causado tal efecto en nosotros.
—Pero, ella es humana —afirmó Syaoran.
—Se nota. Nosotros somos como luciérnagas, brillamos para atraer a nuestras parejas. Sin embargo, ella está más apagada de lo normal y aun así, resulta atractiva.
Syaoran analizó la situación unos momentos. Seth tenía razón, pero probablemente se debía a la inocencia y dulzura que expelía la chica. Eso era lo que más les encantaba a ellos en una mujer, y si Sakura poseía todas esas cualidades, obviamente les resultaría atractiva.
—Por cierto —agregó el rubio—. Si piensas tenerla como tu Kanae, debes informarlo a la secretaría. Los preparativos del torneo ya se están llevando acabo, y eso incluye los contratos matrimoniales.
—No quiero tener a nadie de esa forma —replicó apretando los puños.
Seth, se encogió de hombros. —Yo aún no encuentro a la candidata pero, si estipularé en el contrato que en un futuro la tendré.
Syaoran gruñó. ¿Por qué sus amigos no podían ser más consientes? ¿Acaso no se daban cuenta del sufrimiento de las pobres mujeres?
Los murmullos acallaron cuando el actual líder de la hermandad se paró en el centro del salón. Todos comenzaron a tomar sus posiciones. Syaoran buscó su lugar junto a los demás chicos de su edad, observando a los niños de diez años en adelante posicionarse frente a ellos. La razón por la que los infantes lideraban la formación, era porque a la diosa Tsuki le agradaban sus almas puras.
Los intermediarios formaron un espiral alrededor de una pequeña poza de agua, en la cual se reflejaba claramente la hermosa luna llena. Invocaron sus anillos y los convirtieron en su respectiva vara. Su líder giraba sobre su cabeza las cadenas seigi, un ritual que llevaban a cabo para alejar a los malos espíritus. Los miembros de la hermandad extendieron su vara a la altura de su pecho en posición horizontal.
—"Sea uno, el poder de todos" —pronunciaron al unísono.
Los pequeños que por primera vez presenciaban el ritual, cerraron sus ojos ante la cegadora luz que expelieron sus varas al unirse hasta construir un reluciente anillo plateado en forma de espiral. El agua de la poza se tornó de color celeste, y se elevó formando un gigantesco torbellino. Los brazos de los niños temblaron por la expectación, mientras que los mayores curvaban una sonrisa. La turbación del agua fue aminorando para formar una pacífica columna, en cuya superficie levitaba su querida diosa Tsuki. La abastecedora de sus poderes. Ella sostenía entre sus manos un cofrecito elaborado con los más finos cristales, sus cabellos platinados, y su etéreo vestido blanco, se ondeaban grácilmente con el frío viento que acompañaba su aura. La diosa les sonrió cortésmente, y ellos inclinaron su cabeza en señal de respeto.
Una segunda columna de agua se elevó llevando consigo al patriarca de la hermandad. El hombre se arrodilló ante su diosa, y le ofrendó un cofre similar al que ella sostenía. La diosa Tsuki asintió e hizo descender la columna que sostenía al intermediario.
Syaoran suspiró. Algún día estaría en ambos lugares, un día seria el líder de la hermandad; y al otro, cuando su patética vida terminara, sería ofrendado en ese cofre como el resto de sus similares.
La lluvia de centellas comenzó al momento en que la diosa abrió su cofre para empaparlos con su gracia. Cuando Eriol le preguntó sobre la recompensa que obtenían por ayudar a los espíritus, él olvidó mencionar que la verdadera satisfacción la encontraban esa noche, mientras sus cuerpos se revitalizaban y el tiempo se detenía. En el espectáculo de luces proporcionado por sus mismos antepasados. Una ceremonia de la que él seria participe un día no como espectador ni como receptor de energía, sino como hacedor de la misma. Cuando eso sucediera, él seria libre para formar parte de la eternidad. Y tal vez, con un poco de suerte, podría reencarnar como un humano normal y encontrarse de nuevo con aquella niña que le estaba robando el corazón.
El ritual culminó refilando sus emblemas. Syaoran alzó el rostro para apreciar la retirada de la hermosa mujer de ojos azules, quien se envolvió en un remolino de agua, y desapareció llevándose consigo la nueva ofrenda. La unión de las varas se rompió, y el tiempo para ellos transcurrió de nuevo.
—Vaya, veo que te has esforzado mucho —espetaron a sus espaldas, sacándolo de su ensoñación.
—Hola, madre —Syaoran saludó curvando una sonrisa—. La situación es crítica, ya no hay tantos espíritus por ahí como en los tiempos de guerra.
—Hmm, entonces explícame eso —señaló las varas de Seth y Deker, que se encontraban a su lado.
Syaoran los fulminó con la mirada y los chicos se encogieron de hombros. ¡A los mal nacidos sólo les faltaban dos talismanes para completar la vara!
—Dame tiempo, ¿no? He tenido que acostumbrarme al ritmo de la escuelita a la que me enviaste.
Ieran suspiró. —No me sirvió de nada enviarte a ese lugar. Si quieres, puedo trasladarte de nuevo al Ragnom Holle.
—No —negó de inmediato.
Sus amigos rieron y Ieran alzó una ceja. —¿Por qué?
—Porque —Syaoran buscó en el cielo una respuesta—, estoy…
—Conquistando a una chica —susurró Deker.
—Enamorado —murmuró Seth.
Syaoran se sonrojó furiosamente.
—¿Una Kanae? —dedujo Ieran.
—¡No!
—¡Sí! —alegaron sus amigos.
Ieran exhaló y se masajeó las sienes. —Pensé que tú no eras de esos, Syaoran. Sin embargo, me equivoqué. Dime el nombre de la chica para incluir su nombre en tu contrato matrimonial.
—No, madre. Usted no está equivocada, no soy de esos.
—Bueno, si te decides por alguien dímelo para inscribirla antes que inicie el torneo.
—Ieran, ¿nos concedes unos momentos? —preguntaron un par de hombres a sus espaldas.
Ieran Li asintió. Se acercó a su hijo para darle un ligero abrazo y susurró—: Se fuerte, Syaoran. Aun te falta la última prueba.
Syaoran frunció el ceño y se retiró de su madre. —¿Qué?
—Ieran —llamó uno de los intermediarios con tono autoritario.
—Estás advertido —miró a los tres chicos frente a ella, y se marchó con el par de hombres.
—¿Qué fue eso? —preguntó desconcertado Deker.
Syaoran se giró hacia ellos, y cerró las manos alrededor de sus cuellos. —Ustedes par de cabrones, dijeron que guardarían el secreto. ¿Por qué mierda hicieron eso?
—Tranquilízate, amigo —jadeó Seth intentado liberarse.
—Sí, Syaoran. Nosotros sólo…, velamos por tus intereses —gimió Deker—. Alguien más podría inscribirla para que sea su Kanae, y…
—¿Alguien más? —masculló Syaoran apretando su agarre.
—No nosotros, pero podría haber alguien más, ¿no? —aclaró el rubio.
Syaoran decidió soltarlos y se ajustó la chaqueta. —Lo dudo pero, si llegase a suceder mataré a ese imbécil. Sakura no merece esa vida, y no la tendrá.
*.*.*
—No cabe duda que ser la sobrina del director tiene sus beneficios —decía Tomoyo sentándose en el piso alfombrado de su habitación con un bol de pop corn entre las manos.
—Ser las amigas de la hija y sobrina del director, también tiene sus beneficios —opinó Naoko repartiendo las bebidas.
—Lo mejor, es que ahora estamos juntas de nuevo —comentó Rika abrazando a la esmeralda.
Sakura sonrió en asentimiento, y apoyó la espalda en la cama de Tomoyo. Era viernes por la noche y las Heart Jewelry celebraban su pijamada mensual, donde discutían acerca de las últimas novedades, rumores de pasillo, y por supuesto, sobre los chicos más apuestos del curso. A sabiendas de eso, Rika decidió pedirle disculpas a Sakura, quien sin refutar aceptó sinceramente.
—¿Qué tema discutiremos primero? —preguntó Chiharu tomado algunas palomitas del bol.
—¿Por qué no comenzamos por los chicos? —sugirió Naoko sentándose al lado de Sakura—. Creo que todas tenemos un pretendiente este año.
Tomoyo rodó los ojos. —Si te refieres a la escoria del colegio, tienes razón. Todas tenemos uno.
—No seas tan dura con ellos, Tomoyo —replicó Chiharu—. Desde que Yamazaki se interesó en mí, nos vende los productos casi al costo.
—Sí, Shinji también es lindo —suspiró Yanagisawa.
—Pero ninguna de nosotras tiene novio —decía Rika moviendo circularmente su vaso—. Propongo que ese sea el reto de este mes.
—¡No! —negó rotundamente Daidoji—. Yo no tengo ningún pretendiente que esté a mi nivel, y no pienso rebajarme para ser novia de cualquier tipejo.
Rika sonrió con malicia. —Yo tampoco tengo pretendiente, modifiquemos un poco la situación. Aprovechando que los de tercer año no asistirán al campamento seremos libres de hacer lo que se nos venga en gana. Entonces, sugiero que cada una durante la primera noche, deje su marca en el cuello del chico que le gusta.
—¡Hoe! —exclamó sonrojada Sakura—. ¿Cómo haremos eso? El lápiz labial se borrará por la noche y nadie sabrá a quien besamos.
Las chicas explotaron en una sonora carcajada. —Alguien debe explicarle la técnica a Sakurita.
—Jugaré con ustedes, pero mi marca quedará en el cuello de cualquiera. No hay nadie especial en este momento para mí —aseguró la amatista cruzándose de brazos.
—¿Y qué sucederá con la que pierda? —preguntó Mihara recostándose sobre el piso.
Naoko tomó un puñado de palomitas. —He escuchado que en el bosque hay un manantial.
—Perfecto. La que pierda tendrá que correr desnuda desde la cabaña hasta el manantial, darse un chapuzón rápido y volver a la cabaña —propuso sonriente Rika.
—Ah, pero hacer más divertido el asunto —agregó Tomoyo—. También será perdedora la que se deje marcar por el chico —Definitivamente ella no perdería. Su plan estaba trazado y, este incluía al bobalicón de Hiraguizawa.
Sakura agarró el bol y lo estrechó contra su pecho mientras se llenaba la boca de palomitas. Ella no quería perder ese ridículo reto. ¿Qué tal si alguien la veía corriendo por ahí? ¿Qué tal si ese alguien fuese Syaoran? ¿Se decepcionaría de ella? ¿Dejaría de hablarle? Y lo peor, ¿cómo rayos haría para marcar el cuello de alguien? Necesitaba ayuda, preguntarle a su hermano era una buena opción, ¿no?
Naoko posó una mano en el hombro de la esmeralda. —No te preocupes —susurró—, yo te ayudare. Ninguna de las dos perderá este reto.
Sakura sonrió en agradecimiento y una nueva pregunta surgió en su mente: ¿A quién marcaria?
*.*.*
Syaoran se encontraba en una de las butacas de la cafetería Tsubasa con su típico semblante aburrido, acompañado de un ansioso, y tímido Eriol. Syaoran se recostó sobre la mesa, utilizando sus brazos como almohada. Se aclaró la voz, y dijo—: Y bien, Hiraguizawa. ¿Qué rayos querías hablar conmigo?
Eriol bebió un sorbo de su tercera malteada de fresa, y sacó un papel de su chaqueta. Lo desdobló, y se lo entregó a Syaoran.
El castaño se irguió, y alzó una ceja.
—¿Qué significa esto?
Eriol miró a Kerberos, quien también estaba siendo participe de la reunión. La bestia guardiana lo ignoró por completo y continuó devorando su porción de pastel.
—Tú sabes —murmuró Eriol.
—No, no sé —gruñó Syaoran arrojando el papel sobre la mesa.
Eriol aplanó el papel arrugado con sus manos.
—Kerberos, Evangeline, y yo, hemos trazado un plan para ayudarte con el asunto de los talismanes —explicó temeroso.
—¿Y? —Syaoran hizo ademán para incitarlo a continuar.
—Concluimos que lo mejor sería que empezaras por lo básico. El primer paso será visitar cementerios. Hay una gran cantidad de almas en pena, y no representan el mayor desafió para ti. Luego, visitaremos hospitales, Evangeline dice que esos espíritus son un poco molestos pero no peligrosos. Y, si en un dado caso no llegas a completar los talismanes de esa manera, saldremos a buscar verdaderos peligros —argumentó el oji-azul.
Syaoran se inclinó sobre la mesa, y sonrió maliciosamente.
—¿Saldremos?
—Bueno, en vista de que prácticamente soy el autor intelectual de dicho plan, tengo derecho a documentar cada uno de tus avances —justificó nervioso.
—Hmm.
—No te preocupes, yo cuidaré de él —intervino Kerberos.
Syaoran se comió la cereza que coronaba el pastel de su guardián.
—Está bien.
Kerberos le lanzó una mirada de reproche, pero se guardó su comentario.
Eriol carraspeó.
—Debemos empezar lo antes posible. Acordamos que lo mejor será no salir entre semana, por lo que sólo trabajaremos los fines de semana.
Syaoran rió.
—¿Y cómo harás para salir de este lugar, Hiraguizawa?
—De la misma forma que tú —respondió vacilante Eriol.
Syaoran pensó que sería una situación divertida.
—Andando —indicó poniéndose de pie.
Eriol miró su reloj de pulsera.
—Pero aún es mediodía —replicó.
—Mucho mejor para ti, estaremos de regreso antes que el sol se oculte.
Eriol se levantó de la mesa, y Kerberos voló hasta su hombro. Syaoran los esperaba afuera de la cafetería mientras observaba de lejos el dormitorio de las chicas.
Eriol se paró a su lado, mirándolo de soslayo.
—Ahora que lo recuerdo, ¿no ibas a almorzar con Sakura?
—Sí, pero me canceló —emprendió su andar e ignoró las preguntas de su compañero.
—Eso explica su malhumor —susurró Kerberos.
Eriol decidió desviar el tema, y sonrió.
—¿De verdad cuidaras de mí?
—Por supuesto, sólo tendrás que pagarme con algunos dulces —contestó con astucia.
Eriol hizo un mohín.
—Eres un usurero.
La bestia se encogió de hombros.
—He aprendido muy bien de mi amo.
En medio de ese pequeño debate, llegaron a su respectiva habitación. Syaoran les autorizó para que entraran en sus aposentos y lo observaron mientras rebuscaba sus instrumentos en el baúl. Eriol deslizó su mirada por los pantalones de cuero de Syaoran y se preguntaba por qué su compañero se veía tan bien en todo tipo de ropa.
—Hiraguizawa —llamó el ambarino ajustando un par de cadenas a su cintura.
—¿Qué? —respondió vacilante.
—Deja de verme el trasero.
Eriol se sonrojó y Syaoran ladeó una sonrisa.
—Si no estuvieses enamorado de Daidoji, pensaría que la persona que te gusta soy yo.
—P-pero, yo… Daidoji —balbuceó negando con la mano.
Kerberos rió entre dientes y adoptó la forma de su dueño.
Syaoran caminó alrededor de Eriol analizando cada uno de sus perfiles. —Dime Hiraguizawa, ¿por qué quieres acompañarme en las misiones?
Eriol apartó el sudor de su frente. No le gustaba la forma en que Syaoran lo rodeaba, parecía que el sujeto en cualquier momento blandiría su espada y lo apuñalaría. —Err… para producir videos. Siempre he sido fanático de lo paranormal.
—Aja… Eso significa que harás equipo con nosotros.
—¿De verdad? —preguntó asombrado.
—Sí, pero —Syaoran se paró frente a él—, tendremos que hacerte un par de cambios.
Kerberos estalló en una carcajada y le dio un empujón a Hiraguizawa. —Vaya, el mocoso se pone muy estricto en cuanto a "look" se refiere.
Syaoran le lanzó una mirada fulmínate a su guardián. —Ya que lo mencionas, empezaré contigo. Estás engordando.
—¿Qué?
Esta vez fue el turno del oji-azul para reír.
—Hiraguizawa, estas más delgado que mi meñique —espetó alzando la mano para que Eriol mirase sus dedos—. Entrenarán juntos a partir de la próxima semana.
—Oye… —comenzó a replicar Eriol.
—Cállate, Hiraguizawa —advirtió Li—. Así como yo he aceptado tu ridículo plan, tú tendrás que acatar mis órdenes. Los fines de semana trabajaremos en las misiones, y durante la semana entrenaremos nuestro físico, y tu masculinidad, por supuesto. Eres muy marica, por eso Daidoji no se atreve a decirte lo que realmente siente.
Eriol se sonrojó y desvió la mirada. —Tú también insistes con eso. Tomoyo no siente nada por mí.
Syaoran palmeó su espalda y casi logra sacarle un pulmón. —Lo hará —declaró divertido—. Ya lo verás. Cuando dejes de vestirte como mi difunto abuelo, ella caerá o dejo de llamarme Li Syaoran.
—Podrías cambiártelo a Xiao Lang. Al fin y al cabo, es lo mismo —gruñó cruzándose de brazos.
—Ve por tu cámara, en un minuto nos largamos.
Kerberos frunció el ceño. —¿Qué mosca te picó? Te estás pasando de buena gente con el sujeto —comentó mirándolo acusadoramente.
Syaoran sonrió con malicia. —No me gusta deberle favores a nadie. Él me ayudará con los talismanes y yo con Daidoji. Así, estaremos a mano.
Eriol regresó con su cámara de video. —Oigan, estaba pensando que nuestro equipo debería tener un nombre. ¿Qué les parece "The Dark Knights"?
Syaoran le rodeó los hombros con el brazo. —Perfecto, pero creo que más que un equipo seremos una sociedad secreta, y para eso tenemos que realizar la iniciación de los miembros.
Eriol asentía a cada palabra de Syaoran hasta que se encontraron frente a la ventana. —Bien, esta será nuestra iniciación —indicó con seriedad el ambarino.
Hiraguizawa sacó la cabeza por la ventana. —No entiendo, ¿qué se supone que haremos?
Syaoran esbozó una mueca socarrona a sus espaldas. —Esto —respondió dándole un empujón.
—¡AH, SYAORAN! —gritó Hiraguizawa cayendo desde el quinto piso.
Kerberos se acercó horrorizado a la escena del crimen mientras adquiría su forma de muñeco. —Serás imbécil —musitó lanzándose al rescate de Hiraguizawa.
Una sonrisa tenue apareció en el rostro del castaño. Hiraguizawa no era tan aburrido después de todo.
*.*.*
Eriol se colocó una bandita en la frente, y trataba de enderezar un poco sus gafas, cuando escuchó el aullido de un lobo. Un suceso extraño porque, ¡era de día! Su piel se erizó. Syaoran lo dejó abandonado en medio del cementerio mientras iba en busca de algún fantasma y el peluche mentiroso que iba a protegerlo, al llegar al cementerio se convirtió en mariposa y se largó.
Eriol pensaba que Kerberos había mejorado bastante en sus transformaciones, y sentía orgullo porque él contribuyó prestándole un libro de biología. Ahora Kero podía adquirir la forma de la mayoría de animales existentes. Suspiró y se sentó sobre una lápida, el imbécil de Syaoran se las pagaría. ¡¿Cómo se atrevió a empujarlo por la ventana? ¿Qué pretendía? Posiblemente el holgazán lo asesinaría y así completaría sus talismanes. Pero, también reconocía que no era tan malo después de todo. Le ayudaría en la conquista de Daidoji, ¿cierto? A él no le agradaba el ejercicio y le gustaba la forma en la que vestía, sin embargo por su propio beneficio aceptaría los consejos de moda de Syaoran.
Sacó una barra de chocolate de su bolsillo y arrojó el envoltorio sobre la lápida. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Quizá alguien tomó como una falta de respeto el arrojar el envoltorio de esa manera. Rápidamente se agachó y al erguirse la sensación de terror aumentó.
—¿Kerberos? —preguntó con un hilo de voz.
Una brisa gélida azotó su cuerpo. Pensó que entregar el chocolate como ofrenda sería mejor que entregar su vida. Así que, colocó el chocolate frente a la lápida y se marchó corriendo al otro extremo del cementerio.
—¡Syaoran! —vociferó al divisar a su castaño amigo hablando solo, asintiendo una y otra vez con la cabeza. Kerberos continuaba en forma de mariposa sobre su hombro.
—Sí, es por allá. Si cruzas a la derecha en el primer semáforo llegaras más rápido —indicó seriamente alzando la mano en señal de despedida.
Eriol se coloró por la furia y se atrevió a golpear la cabeza del castaño. —¿Qué rayos fue eso? Con razón sólo tienes un talismán completo. Se supone que los trasladaras al otro mundo, no a otra parte de la ciudad.
Syaoran se masajeó la nuca. Hiraguizawa no era tan debilucho como aparentaba. —¿Qué quieres que haga? No puedo llevármelos si tienen asuntos pendientes y no pienso ser yo el que los resuelva.
Kerberos volvió a su forma de peluche. —¿Por qué gritabas tanto? —cuestionó la bestia rodeando al chico de gafas.
—Ah, es que… creo que un fantasma me persigue —susurró.
Syaoran ladeó una sonrisa, ¿tierna? Y alzó una ceja.
—No creas, te persigue —aseveró señalando a sus espaldas.
Eriol se giró lentamente sobre sus talones y se sintió desfallecer al momento en que atisbó la barra de chocolate flotando en su dirección.
—Muchas gracias, pero no puedo comerlo —le dijo una vocecilla.
Syaoran observó con diversión como el labio inferior de Hiraguizawa temblaba y sus ojos escocían, el sujeto estaba a punto de orinarse en los pantalones. Aunque…
—¿La escuchaste? —le cuestionó incrédulo.
Eriol encendió su cámara y miró a través de ella. —Es… una niña —tartamudeó—. Y sí, la escuché.
Syaoran miró a Kerberos y este se colocó a un lado de Eriol. Muchas veces los espíritus eran engañosos y se presentaban en formas inofensivas para atacar cuando menos lo esperaban. Desenrolló las cadenas de su cintura girándolas un par de veces en el aire, dudó por unos segundos pero al final las azotó contra la figurita fantasmal. La niña dio un respingo asustada, no obstante las cadenas no la dañaron porque se detuvieron antes de tocarla.
—¿Q-que sucedió? —interrogó Hiraguizawa mirando a Syaoran. Las cadenas a simple vista eran normales, pero si las veía a través del lente, expelían un brillo celeste cuando Syaoran las tocaba.
—Efectivamente es el espíritu de una niña —confirmó Syaoran acurrucándose frente a ella—. Las cadenas de seigi solo atan a los espíritus malignos. Dime nena, ¿qué haces aquí?
—Huh, es que yo me perdí —respondió ojos cristalinos.
—Sabes que no puedo llevarte a casa, ¿verdad?
Ella dejó caer la barra de chocolate.
—Sí, pero es mi mami quien me preocupa.
Syaoran frunció el ceño. —¿La has visitado?
Ella asintió. —Mami está esperando otro bebé, pero no es feliz porque papi la culpa de mi muerte —sollozó—. Ella no tiene la culpa, yo la desobedecí y por eso…
Eriol observó con asombro como la mano de Syaoran se tornó traslucida y acarició la mejilla de la niña. —¿Quieres hablar con ellos?
—Quiero despedirme de ellos —murmuró entrecortadamente.
—¿Hace cuánto sucedió esto? —preguntó Hiraguizawa iniciando oficialmente su documental.
Ella levantó el rostro. —No soy muy buena en números. Supongo no ha pasado mucho tiempo, fallecí el día que mami se enteró que me daría un hermanito y ahora ella tiene su estómago así —indicó trazando una curva sobre su abdomen—. ¿Cuánto tiempo tardan en nacer los bebés?
—Nueve meses —contestó el oji-azul—. ¿Cuál es tu nombre?
—Tami.
—¿Edad?
La niña arrugó los labios y se miró las manos. —Creo que así —respondió mostrando seis deditos.
Syaoran ladeó una sonrisa. Tami era un año menor que Fanren. Era la oportunidad que había estado esperando, utilizó la técnica con la madre de Sakura aquella vez, pero el cuerpo de Nadeshiko era más grande y por eso requería más energía. En cambio, Tami era casi de la estatura de Fanren, sin embargo no era una técnica segura porque la inventó él mismo pensando en su hermana.
—¿Quieres abrazar a tu mami de nuevo, nena? —preguntó Syaoran enderezándose.
Los ojos cafés de Tami se abrieron desmesuradamente. —P-pero yo, no puedo hacerlo. Ellos ni siquiera me escuchan.
Eriol miró a Syaoran en busca de una explicación. ¿Por qué él si escuchaba a la niña?
—Todos nacen con la habilidad de escuchar y hablar con espíritus. Sin embargo, la incredulidad y el escepticismo hacen que el don desaparezca cuando crecen. Tú a pesar de ello, continúas creyendo que son reales, que existen y cohabitan con nosotros, por eso la escuchas.
—¡Wow! —exclamó impresionado Hiraguizawa. Syaoran era un tipo muy inteligente. Lástima que eso solo confirmó su teoría.
Syaoran invocó su anillo. Sería el mismo procedimiento que utilizó con Nadeshiko. —¿Entonces? —interrogó dirigiéndose a Tami.
La niña inclinó el rostro en aceptación. Syaoran le inspiraba confianza, era el único humano que la veía y le trató con mucho cariño. Así que, ¿por qué no?
—Si en algún momento llegas a sentir dolor, no dudes en decirlo —ordenó alzando su vara.
Eriol sacudió su cabeza. Era extraño ver a Syaoran utilizar su magia para convertir ese pequeño anillo en semejante instrumento. Una brisa cálida los envolvió al momento en que Syaoran clavó su vara en el césped. Eriol sostenía su cámara firmemente. A simple vista, Syaoran solo permanecía ahí, parado en medio de la nada con los ojos cerrados, pero al observar la escena a través del lente, podía apreciar la energía que desprendía el cuerpo de su amigo, y como ésta envolvía en una esfera a la figurita translucida. Escuchó a Kerberos refunfuñar por la acciones del ambarino, y eso le hizo preguntarse las consecuencias de esa ceremonia. Nunca había escuchado de alguien que le devolviese su cuerpo a los espíritus, a menos que se tratase de una posesión pero no era el caso. Eriol cerró los ojos con fuerza cuando la energía que rodeaba a la niña se explayó más allá de su perímetro, él mismo se vio envuelto en la onda de luz y retrocedió unos pasos por la vertiginosa sensación que aquello le produjo.
Syaoran retiró su vara de la tierra y ésta se desvaneció en su mano. Eriol abrió los ojos y tragó en seco. Podía ver a Tami, ya no era la figura difusa y blanquecina que le mostraba la cámara, era una preciosa niña pelinegra de ojos cafés. Ella miró con emoción sus manos. Palpó su carita y su abdomen con alegría, su cuerpo era cálido de nuevo. Corrió y saltó efusivamente a los brazos del castaño. Syaoran la abrazó con fuerza mientras sonreía, el experimento había funcionado. Fanren podría tener un cuerpo normal por un par de horas, una vida normal por un par de horas. Era lo único que podía hacer por ella, después de todo, el único culpable de su muerte fue él mismo. Colocó a la niña sobre sus hombros y emprendieron su camino.
Eriol corrió para alcanzarlos.
—¿Cómo hiciste eso? —preguntó con una expresión atónita en su pálido rostro.
Syaoran suspiró.
—Basándome en la teoría de que nuestros cuerpos realmente no existen.
Eriol alzó las cejas y pinchó la mejilla derecha de Syaoran con un dedo. —Yo te siento bastante real.
—Soy real, imbécil —replicó el castaño ignorando los tirones de cabello que le propinaba Tami.
Kero miraba con reproche a la niña. No era justo que ella ocupase su lugar en los hombros de su dueño. Los guardianes de los intermediarios eran celosos por naturaleza, por eso Sakura no terminaba de caerle bien, ella ocupaba mucho los pensamientos de Syaoran. Pese a su mala relación, Kerberos amaba a su dueño y no dudaría ni un segundo en dar la vida por él.
—No entiendo, habla claro —decía con frustración Hiraguizawa.
Kero aterrizó en su hombro. —Repíteme el concepto de un intermediario —le ordenó.
Eriol se llevó una mano a la barbilla, era difícil memorizar aquella definición. —E un ser que puede o no tener un cuerpo físico, es una puerta entre dos mundos, aquel cuyo único deber es servir a la hermandad aún después de la muerte… Ahora estoy más confundido.
—Podría decirse que nosotros nos convertimos en verdaderos intermediarios a los diez años, cuando asistimos por primera vez a la ceremonia de luna llena —explicó Syaoran llegando a la salida del cementerio—. La energía que utilizamos no es gratis. Desde el momento en que nosotros recibimos la energía de nuestra diosa, nuestros cuerpos le pertenecen porque se convierten en energía. Por eso nuestra sangre no es roja como la suya. Si bien un poco de la magia que utilizamos la heredamos de nuestros antepasados, la mayoría proviene de esto —señaló su emblema—. Eso explica el hecho de tener un cuerpo o no. Yo podría pasarme la vida con la apariencia de un simple espíritu aunque no esté muerto, ¿entiendes? Es mi esencia o mi alma lo que importa. El cuerpo físico se convierte en pequeñas partículas de luz que se mezclan con el ambiente mientras no lo utilizo porque eso es lo que es, luz. Luego, sólo necesitas un poco de concentración y magia para integrarlo.
Eriol asintió torpemente.
—¿Entonces a qué se refiere con eso de "aún después de la muerte"?
Syaoran sonrió.
—¿Ves la energía circulante en nuestro emblema?
Eriol miró el líquido brillante y azulado que ondeaba en el tubo que sostenía el dragón sobre el pecho de Syaoran.
—Sí.
—Debe ser el cuerpo de uno de mis antepasados.
Eriol se tropezó con una piedra y Syaoran frenó su andar para que Tami se riera del pobre sujeto.
—¿Qué dices? —cuestionó con la cara enterrada en el asfalto.
—Al morir nuestros cuerpos se desintegran en luz porque son reclamados por el cofre de la vida y la muerte. Los días de luna llena, nosotros tenemos la obligación de regresarle a la diosa Tsuki lo que en vida nos ha prestado. Ella toma como una ofrenda nuestros cuerpos y almas que se encuentran en el cofre. Tu alma se libera el día que ella decide convertirte de nuevo en energía. Por eso se dice que sirves aún después de muerto, porque nuestros cuerpos le servirán como fuente vital a otro intermediario.
—¿Eso significa que no hay fantasmas intermediarios?
—Por supuesto que hay. Al momento en que resolvemos el asunto que dejamos pendiente, el cofre automáticamente reclama nuestras almas. Después de terminar todo ese ciclo, podemos descansar en paz.
—"Que vida más horrible" —pensó Eriol. Pobres tipos, ni después de muertos descansaban.
—Oye… —llamó Tami interrumpiendo su dialogo.
—Hmm —respondió el ambarino.
—¿Puedo tener un helado antes de llegar a casa?
Eriol sonrió.
—Sí, comamos un helado.
—Yo también quiero —secundó Kerberos.
—Todos tomaremos uno a excepción de ti, peluche. Estás gordo —se mofó el castaño.
—¿Qué dijiste? —gruñó la bestia guardiana agitando su puño en el aire.
—Creo que deberías adquirir la forma de un cerdo o una vaca. Un hipopótamo sería lo mejor pero no podemos mantenerte en el agua así que, me conformare con eso.
—¡Te mataré, mocoso! —vociferó el peluche arremetiendo contra su dueño.
*.*.*
Sakura salió de la enfermería con un mohín surcando su rostro. Kaho la abrazó con cariño y le dio un beso en la frente.
—Todo esto es por tu bien, Sakura. No te enojes —suplicó Mizuki.
—Pero no entiendo porque tuvieron que transfundirme sangre, me siento bien —alegó recordando su buena salud durante la semana.
—Tienes anemia, cariño —justificó la pelirroja abriendo la puerta que conectaba al pasillo.
Sakura bufó. —Sabes, no creo que una simple anemia sea lo que me está matando. ¿Cuándo piensan decirme la verdad? Cuando ya esté a un pie de la tumba —espetó soltándose del agarre de la bibliotecaria.
—Sakura, esta no es la forma de comportarte. Tú nunca has sido una niña caprichosa —regañó la mujer.
Sakura se cruzó de brazos y la enfrentó con la mirada.
—No es capricho exigir la verdad sobre mi estado. ¡No sé qué es lo que tengo, Kaho! ¿Qué le diré a mis amigos, y a mi prima el día que caiga desfallecida en medio del aula? ¿Qué sólo tengo anemia?
Kaho suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—Ni los médicos saben lo que padeces, Sakura. ¿Cómo quieres que yo te lo diga? —mintió.
La castaña bajó la mirada.
—La verdad, quisiera saber si existe alguna posibilidad de salvarme, ¿entiendes? —susurró con notable tristeza en su voz—. Antes, yo… estaba resignada a morir pero las cosas han cambiado. Quiero crecer, amar, casarme y tener hijos. Deseo a una persona en especial, entregarme a él, pertenecerle, y sobre todo luchar para que él sea mío.
Kaho sintió como sus ojos escocían. Nunca creyó que llegaría el día en que escucharía a su niña hablar con tanta profundidad. Lastimosamente, ella no podía darle esa oportunidad. Se acercó a la ventana y apreció el mini-zoológico que se exhibía en el núcleo. Sakura se paró a su lado y Kaho la tomó de la mano.
—Díselo, Sakura —aconsejó—. Dile a esa persona a la que tanto deseas lo que acabas de decirme. Dile que tú eres similar a él, pero por defecto y decreto no son iguales. Con esas palabras, comprenderá. Te lo aseguro.
Sakura sonrió. No le servía de nada revelarle su deplorable estado a Syaoran, lo único que obtendría sería lastima de su parte. Lo mejor, era disfrutar a su lado los meses que le restaban.
—Vamos a ver a los animales —sugirió la esmeralda.
—Sabía que te morías por hacerlo —rió Kaho siendo arrastrada al ascensor.
—Es mi recompensa. Me obligaste a cancelar mi cita con Syaoran —soltó con vehemencia.
—Una cita, ¿eh? —preguntó con malicia la pelirroja.
Sakura se sonrojó.
—Dime, ¿ya se besaron? —interrogó divertida.
Sakura quería desaparecer de la faz de la tierra. Tenía una respuesta para esa pregunta, sin embargo prefirió conservarla en sus pensamientos.
*.*.*
Syaoran y compañía llegaron a las puertas del departamento de Tami. Colocó a la niña en el piso y todos se miraron entre sí.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó el oji-azul—. Sus padres no pueden verla así, creerán que de verdad está viva.
—Una modificación, sólo tengo que reducir la cantidad de energía que Tami está absorbiendo. Observa —indicó plegando las manos sobre su pecho. Concentración era lo único que necesitaba, visualizar el flujo de energía que lo conectaba al cuerpo de la niña y regularlo como quien regula la corriente de agua que sale del grifo con una llave.
Eriol admiró como el cuerpo de Tami se volvió translucido, pero aun podía verla sin necesidad de usar la cámara.
—Tócala —retó el ambarino con una mano en la frente. Se sentía un poco mareado.
Eriol alzó una mano temblorosa y la posó en la cabeza de la niña. —Maravilloso.
—Eres todo un genio, mocoso. No obstante, hay un pequeño defecto en esta treta —opinó la bestia recuperando la atención de Syaoran—. Los fantasmas no tocan la puerta.
Syaoran se encogió de hombros. —Eso se arregla —aseguró rebuscando un gancho en su chaqueta. Se acercó a la cerradura y en menos de un parpadear la puerta se abrió. —¡voilá!
—Oh, mi Dios —exclamó Eriol—. Tienes que enseñarme todo lo que sabes, ¡eres mi ídolo!
Syaoran esbozó una mueca despreocupada. —Practicaremos en el edificio de las chicas, en la puerta de Daidoji, si quieres —ofreció divertido.
Eriol se rascó la cabeza con timidez, y se preguntó a qué se debía el buen humor de su amigo. Sakura, no era la respuesta en esa ocasión. ¿Entonces, quién?
Ambos chicos se ocultaron tras la pared cuando escucharon unos gritos provenientes del interior del apartamento. Tami los miró con preocupación. —Es papi gritándole a mami, de nuevo —sollozó.
Syaoran suspiró. —Anda, nena. Se fuerte —animó empujándola delicadamente al interior.
Eriol se adelantó un par de pasos y se agachó junto a la puerta entreabierta. Syaoran se posicionó detrás de Hiraguizawa y miró a través de la cámara.
—¿Por qué no entraste con ella? —inquirió Eriol.
Syaoran apoyó su peso en la espalda de Eriol colocando sus manos en los débiles hombros del aludido. No se sentía muy bien, crear un cuerpo para Tami resultaba fatigante y no quería utilizar la energía de su emblema, ya que la reservaba para una ocasión especial.
—Son sus asuntos, no los míos —acotó.
Fijó su vista en la cámara. La mamá de Tami debía tener aproximadamente siete meses de embarazo. Syaoran esbozó una mueca al verla llorando tendida sobre la alfombra. Una mujer en ese estado no tendría que sufrir de esa manera. El padre de Tami permanecía de pie frente a ella, con los ojos rojos y los puños cerrados. El temblor en su mandíbula indicaba la ira y el sufrimiento del hombre.
Lentamente se movió y se acurrucó a su lado. —No llores, Kurumi. Todo esto es tu culpa, ¿recuerdas?
—No lo es —intervino Tami—. Ella no tiene la culpa, papi.
La pareja volteó a su izquierda y abrieron la boca impresionados. Kurumi gateó hasta los pies de su hija alzando una mano temerosa. La niña se acercó para que su madre acariciara su mejilla y una lágrima cayó sobre la alfombra. —Tami —sollozó la mujer pelinegra.
—No puede ser —jadeó el hombre. Esa no podía ser su hija, ella estaba muerta. No podía ser posible que estuviese frente a ellos en ese momento.
—Es ella, Kei —murmuró Kurumi abrazando a la niña—. Es ella.
Tami besó la frente de su madre y se separó de ella. —Mami no tiene la culpa papi —repitió avanzando con pasos firmes—. Yo la desobedecí. No recuerdo muy bien lo que sucedió ese día, tenía miedo porque no sabía cómo volver a casa. Luego, olvidé cómo cruzar las calles y por eso morí —explicó con simpleza—. Ahora he memorizado el camino a casa, y sé que las calles deben cruzarse cuando el semáforo esta en verde para los peatones. Un amigo me lo dijo. Entiende que nadie tuvo la culpa de lo que sucedió, papi. No puedo irme si tú no permites que me vaya.
Kei se arrodilló en el suelo, desesperado. Él no creía en fantasmas, lo que veía y escuchaba no podía ser real. Tami estaba muerta, pero esa niña se parecía tanto a ella. Sus grandes ojos cafés lo miraban con la misma dulzura que su Tami. Su voz infantil y cantarina era igual a la de ella. Su carita de inocencia y su expresión de decepción, eran las mismas que tenía Tami cuando él llegaba tarde del trabajo. Sus ojos se deslizaron por la habitación y miró a su esposa derramando incontables lágrimas observándolo con expectación. Se dio cuenta entonces, que lo único que había hecho desde que Tami murió, era ultrajarla. No recordaba haberle consolado en ningún momento. El día que le comunicó su embarazo, ni siquiera sonrió. No fue un mal padre, pero estaba siendo el peor de los esposos. Solo le preocupó su dolor, nunca pensó en la magnitud del sufrimiento de su esposa, en su salud, ni en la de su hijo.
—Perdóname —suplicó rompiendo en llanto—. Perdóname, Kurumi.
La mujer se lanzó con suavidad a su regazo. —Te perdono porque lo haz comprendido.
Tami sonrió y se unió al abrazo de sus padres. —Gracias, los quiero mucho —declaró disfrutando por última vez el calor de su familia. El cuerpo que Syaoran había creado para ella se desvaneció y sus padres resintieron su abandono. Tami los observó consolarse mientras salía del departamento y sonrió para la cámara de un sollozante Eriol.
Syaoran invocó su anillo y abrió el portal. —Adiós, muñeca —se despidió.
Una cegadora luz blanca rodeó a la niña. —Adiós, Syaoran. Nunca olvidaré lo dulce que fuiste conmigo y espero que tu guardián no continúe subiendo de peso —La cámara captó el momento en que Tami agitó su mano en el aire en señal de despedida. Se fundió con la luz que irradiaba el anillo del castaño y se desvaneció.
Eriol apartó una lágrima fugitiva de su mejilla. —Eso fue… ¿Syaoran? —inquirió.
Syaoran yacía sobre el piso del corredor desfallecido. Kerberos adoptó la forma de su dueño, y lo cargó sobre sus hombros.
—Vámonos —ordenó.
—Pero, Syaoran… —replicó preocupado el oji-azul.
—Sólo está dormido.
Eriol suspiró aliviado.
—Oye, ¿puedo preguntarte algo?
—Claro, por un helado te contesto lo que quieras.
Eriol entrecerró los ojos, ese animal era un abusivo.
—¿Por qué Syaoran se comportó tan… extraño el día de hoy?
—Syaoran tiene una hermana, pero la niña está muerta —relató con una mirada vacilante.
—O sea que ella es…
—Un espíritu —completó.
*.*.*
Syaoran se masajeó la nuca, le dolía la cabeza y estaba malhumorado. Esas sensaciones incrementaron al llegar al núcleo, donde había una exhibición de animales silvestres, específicamente los rescatados del bosque Tomuyaki. No le molestaban los animales, no. Él adoraba a toda la fauna, al que odiaba era al sujeto que intentaba flirtear con Sakura apoyándose de un pobre conejito blanco.
Syaoran apretó con furia a su guardián, quien descansaba sobre su hombro y lo sacudió en el aire. —Despierta bestia inútil.
—¿Qué rayos quieres? —preguntó a la defensiva.
—Conviértete en algo adorable.
—¿Adorable? —se cuestionó a sí mismo.
—Algo que le guste a una chica —especificó el castaño.
Kerberos frunció el ceño recordando el libro de biología de Eriol.
—¿Qué te parece esto?
—Eres… una rata —se quejó el ambarino.
—"Soy un hámster, imbécil" —rebatió el guardián.
—A la mierda, te ves adorable —reconoció dando grandes zancadas en dirección de la esmeralda.
—Eres muy lindo —comentaba Sakura acariciando al conejo que Daisuke Maeno sostenía.
—¿Quién, yo o el conejo? —bromeó Daisuke.
Sakura se sonrojó violentamente y alzó la mirada para estudiar al chico de cabellos cenizos y ojos celestes. Su mirada era como el agua cristalina, bonita. No podía negarlo.
—Obviamente se refiere al conejo —Syaoran respondió entre dientes.
—Ah, hola —saludó amigablemente Daisuke.
—Adiós —masculló envolviendo la cintura de Sakura con su brazo.
Sakura gimió sorprendida y sus mejillas se confundían con las nubes rubescentes de la tarde. No encontró más remedio que sucumbir ante el posesivo agarre del castaño. Caminaron hasta la cafetería Tsubasa y se acomodaron en la última butaca de la derecha.
—¿Qué hacías con ese sujeto? —cuestionó Syaoran cruzándose de brazos.
Sakura bajó la mirada avergonzada. —N-nada, yo solo estaba acariciando al conejito.
—Hmm. ¿Y por qué estabas sonrojada?
La castaña jugueteó nerviosa con sus dedos. No podía decirle que los ojos de Daisuke eran bonitos, probablemente se enojaría y dejaría de hablarle. —Por la colita del conejo —mintió cerrando los ojos con fuerza.
Syaoran negó con la cabeza. Sakura le estaba mintiendo. La situación era inconcebible, él trabajando arduamente toda la tarde para completar sus talismanes, y su querida amiga coqueteando con un desconocido.
Se inclinó sobre la mesa y capturó una de las manos de la esmeralda. En esa ocasión, el barniz de sus uñas era de color durazno y estaban decoradas con una pequeña flor rosada. —Bonitas —opinó entrelazando sus dedos.
Sakura pensaba que su corazón en cualquier momento colapsaría. Syaoran la miraba como si fuese una inofensiva presa fácil de devorar, sin embargo no le tenía miedo.
—Ya que te gustan los animales, tengo un regalo para ti —dijo colocando a Kerberos sobre la mesa.
Los ojos de Sakura se abrieron desmesuradamente.
—¡Es hermoso! —chilló tomando al hámster blanco con manchas cafés entre sus manos—. Pero está un poco pasado de peso.
—"Ay, esta mocosa" —gruñó Kerberos con intenciones de morder el pulgar de la castaña.
—"Ni se te ocurra" —advirtió Li—. "Tú le rasguñas un centímetro de piel y serás animal muerto. Lo juro."
—Gracias, Syaoran —dijo Sakura frotando a Kerberos contra su mejilla—. Yo pensaba pedirte prestado a tu gato por un tiempo, pero creo que esto es mejor. Le compraré una jaula y una rueda para que haga un poco de ejercicio.
Syaoran se mordió el labio inferior. Sakura no paraba de hablar del sobrepeso de Kerberos, a ese paso su bestia guardiana odiaría a Sakura por el resto de su vida.
—Por cierto, ¿cómo se llama?
—Huh… Kero —respondió dudoso.
—Es muy lindo. Lo cuidaré mucho, lo prometo.
Sakura le sonrió tiernamente con sus ojos esmeraldas brillando con ilusión. Por esa sonrisa, sacrificaría lo que fuera y eso incluía a su guardián.
**Continuará**
Agradezco sus reviews del capítulo anterior. Sé que en este no hubieron muchos momentos SxS, pero el próximo lo tendrá. Lo prometo, (xD). Me gustaría mucho que me dejasen saber su opinión sobre esta parte de la historia. Ya era tiempo de ver a Syaoran trabajar, ¿no creen? También ha cambiado su actitud respecto a Eriol. ¿Y qué será de Kero en manos de Sakura?
Para Vhjj: Hola. No, no lo es. Conozco la saga que dices, y pues su temática gira en torno a que Jace, quien es un cazador de sombras porque tiene sangre de ángel, ayuda a Clary para que ella logre despertar a su madre que se auto-hechizó, en el proceso descubren que ella también es una nefilim, pero da la casualidad que Valentine (malvado padre de Clary), les dice que son hermanos y por eso no pueden amarse, y al final resulta que no lo son. Bueno, no veo eso en mi fic por ningún lado. Lo único que veo en común son las marcas en la piel. Las runas en la saga de cazadores tienen sus formas definidas, se ponen en la piel, en el piso o donde sea con una estela, dan habilidades, son curativas, para ellas no hay nada imposible. A diferencia de las Jikaido en este fic, que solo se usan en la piel y más que nada sirven como protecciones. En ningún momento las he mencionado como runas. Además, las runas como tales existen, no son absolutamente invención de Clare. Y, tampoco veo a los cuchillos serafín, la copa mortal, ni nada por el estilo. Los cazadores de sombras tienen la habilidad de ver a las hadas, vampiros, licántropos, y otras criaturas que tampoco veo por aquí. Como lo expliqué en el fic, los intermediarios son más seres espirituales que otra cosa, de ahí que pelean o ayudan a los espíritus, con el objetivo de reunir experiencia para participar en el torneo, cosa que no tiene nada que ver con la saga, ya que las habilidades de mis personajes se basan más bien en los poderes que se supone que poseen los médium, y los hechiceros, por supuesto. En fin, no es una adaptación, la historia es de mi autoría. Gracias.
Próximo capitulo: Bajo las mismas condiciones, se mi novia.
