Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia sí me pertenece.
"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"
Capítulo 9: La apuesta.
Tomoyo arrugó la nariz, ordenando los postres para la cena en una bandeja. Era la única de las Heart Jewelry encargada de la cocina, las demás chicas se paseaban por ahí, vigilando a su posible victima para esa noche. Suspiró, acomodándose la redecilla en su cabeza. No sabía cómo marcar el cuello de Eriol sin tocarlo. Ella no quería tocarlo, mucho menos besarlo, eso rompería la fina capa de cristal que protegía su corazón, aunque por culpa de Li Syaoran, ya se encontraba resquebrajada.
Deslizó su mirada hasta los sillones de la salita de estar, donde Sakura reposaba con Syaoran en silencio, tomados de la mano. Los rumores de su noviazgo corrieron a una velocidad increíble, como el fuego abrazador que consume instantáneamente un trozo de papel.
Tragó en seco, preocupada por su futuro. No sabía qué explicación le daría a su tío cuando regresaran al colegio. El momento de hacer una elección había llegado, y presionando la manga pastelera contra su pecho, escogió el amor incondicional que sentía por su prima.
Salió de la cocina, deshaciéndose de su delantal celeste con un gatito blanco bordado en el pecho, uno de los tantos obsequios de Sakura. Caminó apretando los puños, tragándose su orgullo y toda la desconfianza que sentía por Li.
—¿Algún problema? —preguntó Syaoran mirándola con recelo, abrazando por instinto a la castaña.
Tomoyo negó con la cabeza, dulcificando su expresión para dirigirse a Sakura.
—Déjanos solos —ordenó en forma de petición.
Sakura miró con preocupación a Syaoran, quien se limitó a darle un pequeño beso en la frente.
—Vete —indicó liberándola de su agarre.
Sakura se puso de pie, observando sus alrededores en busca de compañía. Sonrió al ser convocada a la mesa de Shinji. El pelirrojo señaló un par de pudines que había robado de la cocina, por lo que Sakura no lo pensó dos veces, dirigiéndose a deleitar su postre.
Tomoyo se acomodó frente al castaño, sosteniéndole la mirada. Ambos permanecieron en silencio, ignorándose para admirar el atardecer a través de las ventanas. Syaoran espió de soslayo a su novia, que comía encantada el pudin que Shiji le proporcionó. Se movió incómodo en el sofá, analizando las razones del porqué Sakura le parecía más atractiva en esos días.
—Ahora es tuya esa responsabilidad —dijo Tomoyo, sacándolo de sus cavilaciones.
Syaoran sabía que ella se refería a Sakura, y cruzándose de brazos, decidió prestarle la debida atención a la chica.
—A Sakura le gustan mucho los dulces, aunque creo que ya te diste cuenta —Una sutil sonrisa cruzó el rostro de ambos—, y aun no consigo que desarrolle el hábito de comer vegetales.
Syaoran parpadeó ante la expresión maternal en el rostro de la amatista.
—A los diez años de edad, ingresé por primera vez al internado. Mi relación con ella era buena, pero no tan estrecha como ahora porque solo nos veíamos en vacaciones, cuando ella regresaba a casa, si es que volvía —Tomoyo bajó la mirada, jugueteando nerviosa con el dobladillo de su falda—. Sakura era una niña frágil, demasiado inocente, incapaz de desconfiar de las personas; fueron nuestros mismos compañeros los que le enseñaron a desconfiar, burlándose de ella, encerrándola en los baños o en las bodegas cuando los maestros no estaban para cuidarla.
Tomoyo suspiró, haciendo una pausa mientras Syaoran se mantenía expectante a sus palabras.
—Es por eso que a ella no le gusta estar sola, y continúa temiéndole a la oscuridad. ¿Sabías qué duerme con una luz de noche a consecuencia de eso?
Syaoran alzó una ceja, negando con la cabeza.
—Sakura era el blanco de todos los matones del colegio hasta que yo llegué. El grupo de locas como tú nos llamas, no lo fundé para modelar por los pasillos, lo hice por ella, para darle la popularidad que se merece. No soy la típica niña rica y mimada que todos creen, me disfrazo de eso, igual que tú, igual que todos —musitó alzando los brazos para que Syaoran reparara en cada uno de los presentes—. Pero no vine a confesarte mis secretos, vine a exigir que cumplas con la misión que me arrebataste de las manos convirtiéndola en tu novia. Te advierto que ni su padre ni nadie de la familia te quiere cerca de ella, pero sé… —susurró conteniendo un par de lágrimas—, que sabrás comprenderla. Ella es especial, no soy tonta, ella es como tú.
Syaoran se incorporó al mismo tiempo que la chica, reteniéndola por la muñeca.
—¿A qué te refieres con que ella es como yo?
Tomoyo tiró de su brazo, recuperando la muñeca que Syaoran le sostenía.
—Ya te he dicho demasiado. Mi única intención es que comprendas que de ahora en adelante tienes que cuidar de ella, no espero que me comprendas a mí, ni el porqué de mis actitudes, simplemente compréndela ella —Tomoyo lo miró por encima del hombro antes de retirarse—. No me agradas y sé que el sentimiento es reciproco, pero ahora tenemos algo en común.
Tomoyo salió de los comedores dando tremendas zancadas, procurando esconder el temblor de sus piernas. Rodeó el establecimiento con la intención de reflexionar un rato, pronto se arrepintió de su decisión, al encontrar a Eriol descansando en el lugar en el que ella pretendía sentarse.
Los chicos habían juntado algunos troncos, y dejaron preparada una pequeña fogata para la noche. Yamazaki les prometió un poco de diversión a cambio de que ellos amueblaran el sitio de reunión. Eriol tenía la cabeza entre sus rodillas, exhausto por cargar los gigantescos troncos en su espalda. Syaoran se desapareció después del almuerzo y el grupo de Shinji era patético, ¡esos chicos eran más debiluchos que él! Aunque obtuvo buenas recompensas, ya que algunas chicas de primer año elogiaron sus pequeños músculos.
Eriol sonrió ajustándose las gafas, subió la manga de su camisa e intentó formar el músculo de su brazo derecho. Tomoyo se dejó caer a su lado, riendo divertida.
—No sueñes, Hiraguizawa —se mofó apoyando el rostro entre sus manos.
Eriol dio un respingo, sonrojándose por ser descubierto en una situación tan incómoda.
—La que soñará con tocarlos dentro de poco serás tú —masculló cubriéndose el brazo, adoptando la misma posición de Tomoyo.
La amatista rió entre dientes, aliviando la tensión que le produjo su conversación con Li. Ni siquiera podía recrear esa imagen en su cabeza.
Eriol recogió una ramita para dibujar garabatos en la tierra.
—He notado que solo te ríes cuando estás conmigo —murmuró estudiando la marcha de una hormiga que ascendía por la rama.
Tomoyo volteó a verlo haciendo un mohín.
—Me río de ti, no contigo —espetó clavando su mirada en el dulce rostro masculino.
—¿Y a mí qué? Lo importante es que sonríes —dijo encogiéndose de hombros, revelando el rubor en sus mejillas—. Me consuela saber que soy el causante de todas ellas, y el que solo lo hagas en mi presencia, me convierte en el dueño de cada una.
Tomoyo soltó una exclamación, indignada.
—¿Estas flirteando conmigo? —vociferó alarmada.
La rama que Hiraguizawa sostenía se rompió a la mitad, al tiempo que sus ojos se abrían desmesuradamente.
—¡No, por supuesto que no!
Tomoyo se puso de pie, evidentemente molesta.
—Ya veo —masculló dándole la espalda.
Eriol admiró el rebote de su largo cabello negro al andar. Entonces, una pregunta surgió en su mente: ¿Por qué no le dijo que sí? Quizás esa era la respuesta que ella esperaba.
—Ah, idiota —gimió golpeándose la frente con la rama, su oportunidad se había esfumado.
*.*.*
Sakura miró con preocupación a Kerberos, diluyendo unas gotas de su medicina en el bebedero del segundo piso. El animal seguía tendido en una esquina, desfallecido sin energía alguna. La novia de Kero se alimentaba en esos momentos, y Sakura se encontraba sumergida en una difícil encrucijada. No sabía que nombre ponerle a su segunda mascota, Syaoran le había sugerido nombrarla Airi, pero a ella le gustaba más el nombre de Kitty.
—Hum… Creo que ese nombre le quedaría mejor a un gato —murmuró la castaña, enderezándose—. Entonces, te llamaras Airi.
Chiharu y Rika entraron apuradas a la cabaña, llamando la atención de las demás presentes. Chiharu tomó una respiración profunda, apoyando las manos en sus rodillas.
—Los chicos están bebiendo detrás de los comedores —farfulló con una sonrisa.
Rika le echó un vistazo a su reloj de pulsera, el cual señalaba las nueve de la noche.
—Dentro de un par de horas estarán ebrios, así será más fácil abordarlos.
Naoko se recostó en su cama, relajándose. La verdad le hubiese dado demasiada vergüenza dejarle un chupetón en el cuello a Shinji en estado consciente, quizás por la mañana el chico ni siquiera recordaría que fue ella quien le dejó esa marca y todo seguiría igual entre ellos.
Tomoyo continuó cepillándose el cabello frente al pequeño tocador, aparentemente desinteresada.
—¿Syaoran estaba con ellos? —preguntó con temor la esmeralda.
Rika asintió con la cabeza.
—Sí, pero no estaba tomando, más bien estaba emborrachando a Hiraguizawa.
Tomoyo celebró en sus adentros, agradeciendo al gótico por su mala influencia sobre el oji-azul. Si dejaban pasar un par de horas, tal vez corría con la suerte de encontrar inconsciente a Eriol.
—Vamos a dormir un rato, luego iremos sobre ellos —indicó arrastrando a Sakura a su litera.
—De acuerdo —repuso Mihara, estirándose perezosamente. Ellas no estaban acostumbradas a realizar ningún tipo de trabajo durante el día, por lo que se encontraban exhaustas.
Rika apagó las luces de la cabaña y se metió debajo de sus sabanas. Naoko les dio la espalda, colocándose los auriculares de su reproductor de música, y Chiharu programó la alarma de su móvil a las cero horas en punto.
Tomoyo se acostó de frente a Sakura, buscando la mirada de su prima en la oscuridad.
—¿Dónde estuviste durante la cena? —susurró Sakura.
Tomoyo suspiró, pasándose un mechón de cabello detrás de la oreja.
—No tenía hambre —respondió con la esperanza de desviar el tema de conversación.
—¿Estuviste con Eriol? Porque Syaoran tampoco lo encontró por ningún lado.
—Lo vi, sí. Pero no estaba con él, Hiraguizawa no es una compañía agradable.
Sakura arrugó en entrecejo, disconforme con esa respuesta.
—Ambas sabemos que Eriol no te cae mal, Tomoyo.
Daidoji levantó la cabeza, verificando que ninguna de las chicas estuviese escuchando su conversación.
—¿Y qué quieres que haga? Somos diferentes…
—Syaoran y yo somos diferentes —interrumpió Sakura, manteniendo una expresión de serenidad—, y aun así, estamos juntos.
Tomoyo se sorprendió por el tono de voz tan seguro de la castaña, normalmente ella tartamudeaba hasta cuando le preguntaban el menú de la cena, pero cuando se refería a Syaoran, lo hacía con toda la seguridad del mundo.
—¿Qué te impide reconocer tus sentimientos por él?
La amatista se envolvió en su frazada, dándose tiempo de pensar un argumento coherente.
—No lo has comprendido, ¿verdad? —susurró acariciando la mejilla de su prima—. Dime quienes somos.
—Son Tomoyo y Eriol —contestó la esmeralda con un infantil puchero en el rostro, casi imperceptible para Tomoyo a través de la oscuridad.
—Por eso, dime quienes son ellos —resopló ante el silencio vacilante de su prima—. Tomoyo, es la princesa del Fenix Scolarium y Eriol, es el sapo verde del cuento al que nadie desea besar.
—Eso es una tontería —replicó Sakura.
Tomoyo negó con la cabeza.
—Pero eso no es todo de ellos, puede que Eriol sea un perdedor en el colegio, sin embargo afuera es el millonario príncipe azul con el que toda mujer sueña; Tomoyo, se convierte en la sucia cenicienta en la que ningún hombre de alta sociedad pondría sus ojos. ¿Qué crees que pensaría de mí al descubrir que soy una mentirosa? No puedo arriesgarme a tener una relación con él ni ahora ni nunca. En el colegio estaríamos bien, pero qué sucederá cuando lleguen las vacaciones, cuando él me pida conocer a mis padres. ¿Dónde crees que lo llevaría? ¿Al pequeño departamento dónde vivimos o tal vez al supermercado donde mamá trabaja? No espera, quizás papá guste recibirlo en el taxi que conduce mientras le da un tour por la ciudad.
—No creo que a Eriol le importe eso, Tomoyo —opinó Sakura—. Solo habla con él, dile la verdad.
Tomoyo abrazó a Sakura, conteniendo las lágrimas que no derramaría por su ridícula situación.
—Ayúdame, Sakura. Compréndeme —suplicó escondiendo su rostro en el cuello de ella—. Yo te creí cuando me confesaste que podías hablar con tía Nadeshiko, creo en todas esas personas que dices escuchar. Entonces, apóyame en esto. No es fácil para mí mantener esta farsa, invierto más tiempo del que todo el mundo piensa estudiando, aprendiendo el comportamiento y los modales que toda chica de sociedad debe poseer. Durante las vacaciones me la paso estudiando lugares, su cultura e idioma para no quedarme callada cuando todos relatan lo maravillosas que fueron sus vacaciones y como castigo por fingir lo que no soy, me he ganado el desprecio de muchos, pero también, la admiración de varios.
—Pero no tienes a tu lado a la persona que quieres.
Tomoyo se mordió el labio inferior, Sakura era la única persona a la que jamás le mentía, sin embargo en ese momento decidió hacer una excepción.
—No, no lo quiero —repitió con insistencia, ya no para Sakura sino para ella misma.
*.*.*
Syaoran sonrió abriendo su sexta botella de cerveza, burlándose de sus patéticos compañeros.
—Son unos bebés —musitó apreciando las vivas llamas de la fogata.
Le arrojó una piedrita en el pecho a Hiraguizawa, beber a solas estaba tornándose aburrido y Eriol era muy estúpido en estado de ebriedad, aunque solo necesitó cuatro botellas para emborracharlo.
—No creo que tenga tan poco aguante —murmuró poniéndose de pie para recoger a Eriol del piso.
Lo sacudió violentamente por los hombros, y al no percibir reacción alguna, lo dejó caer de nuevo. Procedió a hacer lo mismo con Yamazaki, los mafiosos y Shinji, pero ninguno de ellos dio señal de vida. Se encogió de hombros, mirando las diez botellas que esperaban por una boca sedienta.
—Ni modo —dijo sentándose en un tronco—, tendré que sacrificarme por ustedes.
Entrecerró los ojos, atisbando con cautela los arbustos a su espalda. Creyó escuchar el ruido de un animal, pero luego bajó la guardia al descubrir que solo era Yamazaki roncando. Se pasó una mano por el cabello, rememorando su día. La mirada, el olor, y la textura de los labios de Sakura lo estaban volviendo loco. Sus sentimientos por ella continuaban siendo los mismos, lo que cambió fue la forma en que lo atraía. La atracción por ella era casi desgarradora, tenía la necesidad de sentirla cerca, de estar con ella.
Exhaló, atribuyendo esas emociones a su debilidad, ya que ahora se sentía como un simple insecto desesperado por encontrar una fuente de luz o calor, y maldijo porque nuevamente sus pensamientos volvieron a la castaña, a la cual podía comparar con la más perfecta de las luciérnagas, que brillaba en la oscuridad, atrayéndolo para electrizarlo con su luz cuando estuvieran en contacto.
Sacudió su cabeza en un intento de reprender sus candentes pensamientos, de lo contrario, no llegaría virgen al matrimonio. Eso le provocó una ligera risita, porque no podía imaginarse una escena de esa índole con su Sakura, pese a que ya tenía una vaga imagen de su cuerpo desnudo en su cabeza. El short y la camiseta de esa mañana le habían revelado pequeños detalles de ella, como el gracioso lunar junto a su ombligo y la estreches de su cintura. Tenía un trasero bonito y redondo, aunque sus muslos eran muy delgados. Syaoran se encogió de hombros, aquello se solucionaba con alimentarla un poco más.
—Sakura… —suspiró alborotándose el cabello.
—¿Qué? —le respondió la castaña con un hilo de voz, ella planeaba darle una sorpresa y se decepcionó al saberse descubierta.
Syaoran se sonrojó, arrojando la botella vacía que sostenía lejos de la vista de la castaña. Palpó todos los bolsillos de su chaqueta, buscando los caramelos de menta que Eriol le obsequió esa mañana. Al encontrarlos, masticó la mitad de ellos, irguiéndose para recibir a su novia.
—¿Qué haces? —preguntó Sakura jugando con los botones de su suéter de lana.
—Nada, sólo estaba… Comiendo —farfulló ofreciéndole un caramelo.
Sakura negó con la cabeza, señalando a los sujetos ebrios y a las botellas en el piso.
—Me alegra que no hayas caído en lo mismo que ellos.
Syaoran se masajeó el cuello, avergonzado y un tanto divertido por la inocencia de su novia.
Sakura sonrió, acercándose a él para abrazarlo.
—Hueles raro —comentó, intentado separarse de él.
Syaoran pasó sus brazos alrededor de su cintura, apretándola contra su cuerpo.
—A mí me encanta tu olor —susurró, ocultando el origen de su extraño aroma. Si Sakura continuaba con el tema, le diría que Eriol le derramó su bebida hace un par de horas. De todos modos, Hiraguizawa no podía desmentirlo.
Sakura se preocupaba por sus propios problemas, las chicas la enviaron a ella primero, al percatarse de que Syaoran era el único que seguía en pie, y con él allí no podrían llevar a cabo sus maléficos planes. Por lo tanto, su misión era alejar al castaño de la zona y no perder la apuesta.
Sus plegarias fueron escuchadas al momento en que Syaoran la levantó del piso, no quedándole más remedio que abrazarlo fuertemente con sus manos y piernas.
—No deberías estar afuera, te llevaré a tu dormitorio —Syaoran justificó así su pequeña travesura, la verdad es que sólo necesitaba sentirla cerca y esa era una buena forma de hacerlo sin necesidad de tocarla y espantarla.
Sakura agitó su mano en el aire, despidiéndose de sus amigas que estaban escondidas entre los arbustos. Se acomodó en los brazos del castaño y cerró los ojos.
—Syaoran, háblame de ti —balbuceó besando con suavidad su cuello, preparando la delicada piel que dentro de poco mordería. Se moría de la pena, pero sería peor correr desnuda por todo el campamento y según le instruyó Naoko, tenía que morder, chupar o algo así.
Syaoran se mordió el labio inferior, reprimiendo un jadeo, cuidándose de no tropezar en el camino. Eso era mucho mejor que un ardiente y doloroso beso en los labios. Abrió la boca, pero Sakura no le permitía coordinar ideas. Nunca pensó que ella fuese tan atrevida o quizás el olor a alcohol que expelía su cuerpo la estaba mareando. Sí, eso debía ser.
—M-me gustas, es lo único que tienes que saber —tartamudeó con su voz rasposa y profunda.
Continúo caminando, impacientándose por el silencio y la ausencia de los labios de la castaña. El viento gélido y cruel estaba borrando el rastro húmedo que sus amables labios habían dejado en su cuello.
—Si te hablo de mi familia, ¿me besarás de nuevo? —le cuestionó con timidez, desviando su mirada al cielo.
Sakura se separó de él, y sonriendo asintió con la cabeza. Sus mejillas rojas resplandecían compitiendo con el brillo de las estrellas, como si estuviesen tratando de averiguar quién se encendía más.
—No tienes que hacerlo, si te da pena —Syaoran repuso después de un minuto.
Sakura lo besó con ternura en los labios, arrancándole un gruñido quejumbroso.
—Puedo perderla, contigo —admitió apoyando la barbilla en su hombro.
Syaoran divisó las primeras cabañas a lo lejos, disminuyendo el ritmo de su marcha para no separarse tan pronto de ella.
—Mi padre murió, pero no lo lamentes porque yo tampoco lo hago. Vivo con mi madre y, mi hermana pequeña, se llama Fanren —relató con una ligera sonrisa—. Tengo la módica cantidad de dos amigos, Seth y Deker, son par de idiotas, así que no vale la pena mencionar más de ellos. Evangeline, es mi mejor amiga y ahora que lo pienso, eso hace la cantidad de cuatro amigos, incluyendo a Hiraguizawa.
Sakura deslizó sus dedos por los cabellos oscuros de Syaoran, emocionada por la poca información que él estaba compartiendo.
—Estoy en el internado como una medida de prevención, soy bastante travieso —explicó por la cara de desconcierto de Sakura—. Y si todo resulta según mis planes, no estudiaré aquí el próximo semestre.
—¿Te irás, pero qué sucederá con nosotros?
Syaoran le besó la punta de la nariz, frotando su mejilla con la de ella.
—No pienses en eso, lo importante es que estamos juntos, ahora —Era preferible esa frase a tener que confesarle que no volverían a verse.
Syaoran subió los escalones de la cabaña de Sakura y se quedó de pie frente a la puerta. Su noche romántica había terminado.
Sakura tragó en seco, nerviosa. Si no actuaba de inmediato, perdería la apuesta. Se aferró con fuerza a los hombros y a la cintura del castaño al momento en que intentó depositarla en el piso. Syaoran la sostuvo de nuevo, apretando sus muslos con las manos.
—Las chicas no están adentro —murmuró la esmeralda.
Syaoran movió la cabeza para echar un vistazo por la ventana. Efectivamente, la habitación se encontraba vacía y oscura. Todos los miedos de Sakura reunidos en un solo sitio.
—Bueno, si quieres puedo dormir contigo.
Sakura lo miró con sus ojos muy abiertos, evidenciando el terror que le produjo su propuesta.
Mierda, sabía que ella no aceptaría, pero no podía perder la oportunidad de sugerirlo.
—Es broma —musitó frustrado.
Sakura soltó una risita nerviosa.
—Lo sabía —mintió sonrojada.
Syaoran se giró apoyando su espalda en la puerta, tenía los brazos entumecidos. Sakura miró su reflejo en los ojos marrones de Syaoran, y sonrió al notar que ella se veía bonita bajo la luz de la luna en ese par de orbes ambarinos.
Syaoran se relajó al sentir los labios de Sakura deslizarse por su cuello, suspirando cada vez que sus dientes raspaban su piel con suavidad. Torció la boca en una mueca de disconformidad, no era justo que solo ella trabajara por su relación esa noche.
Maldijo al momento en que Sakura le clavó sus dientes en el cuello, succionando con fuerza la zona lastimada, pero dos podían jugar a lo mismo. Además, si le ponía su marca, el idiota de ojitos celestes sabría que ella tenía dueño, un novio fuerte y malvado que no se tentaría el corazón para darle un buen puñetazo si intentaba coquetear con ella.
—No —exclamó Sakura, cerrando los ojos no por el dolor de la mordida, sino porque había perdido la apuesta.
*.*.*
Las chicas salieron de los arbustos, visualizando cada una a su víctima. Chiharu siendo la más fuerte de las cuatro, se llevó cargando sobre sus hombros a Yamazaki, sorprendiendo a todas sus amigas.
Rika se lanzó encima del más guapo de los mafiosos, ya que ella no tenía un chico especial, y Naoko se acercó con timidez a Shinji, arrodillándose a su lado.
Tomoyo se cruzó de brazos, buscando discretamente a Eriol. Lo localizó atrás de un tronco, donde Syaoran lo dejó tirado a merced de un salvaje hormiguero. La pelinegra esperó a que sus amigas realizaran su trabajo, enviándolas de vuelta a su dormitorio, asegurándoles que ella estaría bien.
Las chicas se miraron entre sí, encogiéndose de hombros. Voluntariamente acataron la orden de su líder, alegando estar muriendo de sueño.
Tomoyo se aseguró de que sus subordinadas se retiraran, apretando una mano contra su pecho en un intento de tranquilizar su corazón. Respiró profundo, acurrucándose al lado de Eriol. Dormido no era tan feo, bueno, lo reconocía, Eriol no era feo. Mientras preparaban la cena, escuchó la conversación de las mocosas de primer año, ovacionándolo por su fuerza y belleza, como si cargar un pequeño tronco fuese una gran proeza.
Le quitó las gafas y le revolvió un poco el cabello. Un cambio en su estilo no le caería mal, pero ella no estaba en condiciones de fungir como su asesora personal; sino para cumplir su absurda apuesta. Vaciló por un instante, pensando si sería mejor darle un chupetón al mafioso sobrante.
Eriol hizo diferentes muecas, quejándose por el malestar en su garganta. Abrió un ojo, y al notar su visión borrosa se frotó los ojos, sin embargo no veía casi nada. Se palpó el rostro, percatándose de que no llevaba puestas sus gafas. Intentó incorporarse, golpeando su cabeza contra otra en el proceso.
—¿Quién eres? —le preguntó a la chica que se quejaba frente a él, llamándolo estúpido o imbécil, la verdad no entendía muy bien.
—Nadie —masculló la amatista. Agradeciendo a los cielos que Eriol tuviese problemas visuales.
—Nadie —repitió soltando una risita tonta—, te pareces a Tomoyo.
Daidoji chilló, sonrojándose ante el peligro de ser descubierta.
—¿Por qué lo dices? —preguntó cubriéndose la boca con el pañuelo que le sacó a Eriol del bolsillo.
Eriol levantó una mano, peinando con los dedos un mechón de su cabello.
—Tu cabello es igual al de ella, aunque no puedo diferenciar bien tu rostro —indicó entrecerrando los ojos.
—No soy, no sueñes —espetó apartándole la mano.
Eriol rió, agarrándola por los hombros para atraerla hacia él, provocando que Tomoyo perdiera el equilibrio. Él giró sobre la tierra, quedando encima de ella.
Tomoyo gritó, dándole golpecitos en el pecho. Hiraguizawa estaba borracho en medio del bosque, donde nadie escucharía sus gritos de auxilio si él intentaba propasarse con ella.
—Te pareces —insistió—, con eso me conformo.
Tomoyo se disponía a gritar de nuevo, pero su alarido murió al momento en que Eriol posó sus labios sobre los de ella. Ahí estaba, su primer beso, con un príncipe disfrazado de sapo. Ella pasó sus brazos alrededor de su cuello, acercándolo más. De todos modos, Eriol no recordaría nada al día siguiente y ella no dejaría ninguna zapatilla de cristal para que la buscara entre todas las doncellas del colegio.
Nadie sabría la verdad sobre lo sucedido esa noche, salvo ella, quien trataría de olvidar ese hecho como fuese posible.
*.*.*
A la mañana siguiente, dos primas lloraban abrazadas frente al espejo, siendo las únicas perdedoras de todo el grupo. Tomoyo gruñó, ahora odiaba más al idiota de Hiraguizawa, ¡le había marcado su precioso cuello! Lo odiaba, por su culpa tendría que correr por todo el bosque desnuda a media noche, arriesgándose a pescar una pulmonía.
—Ese gótico es un salvaje —masculló apreciando el moretón en el cuello de su querida prima.
—Él no tuvo la culpa —sollozó Sakura, escuchando las carcajadas de sus amigas.
—¡Oigan! —gritó Naoko, arrancándole una bufanda del cuello a Chiharu—. Ella también tiene uno.
Sakura y Tomoyo se desplazaron con rapidez al lado de Mihara, ofreciéndole su regazo para consolarse. La chica no lo pensó dos veces, y se echó a llorar.
—Por lo menos ya no estamos solas —repuso la esmeralda.
Tomoyo asintió con la cabeza, arrepentida por dejarse llevar por sus bajos instintos… Eriol Hiraguizawa, sería historia, muy pronto.
*.*.*
Las cinco víctimas de las Heart Jewelry, se reunieron formando un círculo, escudriñándose con la mirada.
—¡Oh, mierda! —vociferaron al unísono, señalándose entre ellos—. Era una trampa.
—Y caímos —agregó Shinji.
—Bueno, lo importante es que lo disfrutamos —repuso Yamazaki.
—No —murmuró Eriol, llevándose una mano al cuello—, yo ni siquiera sé quién me hizo esto.
Syaoran levantó las cejas.
—A mí me lo hizo Sakura —confesó ligeramente sonrojado.
—A mí Chiharu —indicó Yamazaki.
—Yo no sé —admitió Shinji—. Cuando desperté esta mañana, ya lo tenía.
—Yo tampoco —reconoció uno de los mafiosos de Yamazaki.
Syaoran se cruzó de brazos, rodeando al grupo de chicos.
—Tenemos sospechosas: Las Heart Jewelry.
—¡Hay que espiarlas! —sugirió Shinji ajustándose la chaqueta—. En estos momentos deben estar aseándose, yo voy primero.
Syaoran estiró el brazo, capturando al idiota pelirrojo.
—No seas imbécil, no permitiré que las espíes en los baños, Sakura debe estar con ellas.
Shinji tragó en seco, disimulando su miedo a recibir una paliza.
—L-lo siento, mi señor. Yo juro que no era mi intención espiar a la señorita Sakura —farfulló cubriéndose el rostro.
Syaoran lo arrojó dentro del grupo de nuevo, a él no le interesaba quién había marcado a los demás chicos, lo que quería era comprobar su teoría porque solo una de las Heart Jewelry se atrevería a dañar al inocente Eriol de esa manera: Tomoyo Daidoji. Estaba seguro, y lo comprobaría.
