Disclaimer: Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo Clamp. La historia sí me pertenece.

"Oscuras tentaciones, Divinas relaciones"

Capítulo 10: El anillo I.

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Tomoyo colocó sus artículos de baño encima de una pileta mientras le gritaba a viva voz a Chiharu para que se apresurara a desalojar la regadera. Bufó llevándose las manos a la cadera, si bien es cierto que ella era una persona de escasos recursos, su departamento tenía un baño decente; en cambio los del refugio estaban construidos con varas de bambú, y los treinta minutos que llevaba Chiharu adentro, le indicaban que la corriente de agua que salía por regadera era débil. Tardaría demasiado depilándose y corrigiendo sus imperfecciones higiénicas para exhibirse desnuda esa noche.

—Tomoyo —vociferó Sakura saliendo de una regadera—, puedes usar está.

La amatista curvó las cejas sorprendida, ¡su prima sólo había tardado diez minutos en asearse! Se acercó a ella observándola minuciosamente, sus piernas estaba perfectamente depiladas, le agarró la muñeca obligándola a levantar un brazo, verificando sus axilas, que también estaban depiladas a la perfección. Fue víctima de la envidia, ¡Sakura tenía piel bebé!

—Tomoyo —se quejó la esmeralda liberándose de su agarre.

Daidoji sonrió sacudiendo su cabeza.

—Lo siento, pero no quiero que seamos objetos de burlas está noche.

Un par de lágrimas se asomaron por los ojos de Sakura mientras abrazaba a su prima.

—No quiero hacerlo —gimoteó—. He pensado en desmayarme durante la cena, ¿tú que piensas?

Tomoyo dejó caer sus artículos de baño, y acarició con amabilidad la espalda de Sakura.

—No creo que sea lo mejor, el gótico armará tremendo escándalo cuando te vea tirada en el piso. Además, le informaran de inmediato a tu padre, y es posible que venga a recogerte está misma noche.

Sakura hizo un mohín apartándose de Tomoyo.

—Entonces, ¿qué puedo hacer? No quiero que nadie me vea desnuda —chilló frotándose los brazos—. Me da miedo que Syaoran se nos atraviese en el camino…

Tomoyo le cubrió la boca con una mano.

—No llames a la mala suerte, Sakura —musitó—. Eriol es como la garrapata de Li, si él nos ve, Hiraguizawa también. ¿Quieres eso?

Sakura negó con la cabeza.

—Bien —Tomoyo asintió recogiendo sus cosas—, no se diga más. Te veo en la cafetería dentro de una hora.

Tomoyo avanzó dando grades zancadas a la regadera y Sakura suspiró apuñando una mano en su pecho al quedarse sola. Había algo extraño en esa parte del bosque, miró a su alrededor y no vio más que árboles y hojas secas trazando el camino. Podía escuchar los nacimientos de agua fluyendo para desembocar en la laguna, el canto de los pájaros y el movimiento de las ramas cuando las ardillas pasaban de un árbol a otro.

Sus pies la condujeron al interior del bosque, los latidos de su corazón parecían acelerarse al ritmo de sus pasos, ella era capaz de identificar la presencia de un espíritu fuese bueno o malo, y generalmente le huía a las energías demasiado fuertes, sin embargo ésta era una mezcla de ambos casos. La sensación era similar a la que sentía cuando estaba cerca de Syaoran. Él era seguridad para ella, y peligro para los demás al mismo tiempo.

Sonrió apartando algunas ramas de su camino. Ultimadamente sus sentidos estaban más despiertos, ella no podía explicar cómo o por qué las personas tenían diferentes niveles de energías. Por ejemplo, sus amigas y todos sus compañeros de clases, poseían una presencia similar: débil, casi imperceptible; por otro lado, su familia, Kaho y Syaoran poseían presencias fuertes e imponentes con distintos grados de calidez. Y por último, debajo de todas las categorías se ubicaba ella, la estrella más apagada de ese universo.

Levantó los pies evadiendo varios obstáculos hasta que dio con un claro, la espesa neblina y el gélido frio de la mañana desaparecían en ese punto con los rayos del sol que penetraban sin ningún impedimento, haciendo brillar las hojas verdes y rojizas que descansaban sobre la tierra.

Justo en el centro del claro, tal y como lo sospechó, encontró a Syaoran. Estaba de espaldas a ella vestido con sus habituales ropas oscuras. No le extrañó que llevase puesta la larga gabardina que utilizaba el primer día que lo conoció con el frio que hacía en esa parte del bosque. Tenía los brazos extendidos, y la cabeza ligeramente echada hacia atrás.

Sakura frunció el ceño ante la ausencia de sus largos mechones chocolates cayendo en su frente. Enfocó mejor su vista y se dio cuenta que los pies de Syaoran se elevaban unos centímetros del suelo. Tragó en seco a consecuencia de los inaudibles murmullos que salían de sus labios, las hojas a su alrededor comenzaron a arremolinarse violentamente a su entorno, revelando un circulo dibujado en la tierra.

La paz de hacía unos segundos fue rota por las energías malignas que emergían del interior del bosque. Sakura retrocedió unos pasos al percatarse de que estaba parada dentro del círculo, con un taijitu gravado en el centro. El miedo creció en su interior, Syaoran no podía ser el causante de semejante invocación maligna. Las lágrimas corrieron por sus mejillas…, ella podía ver a los espíritus con sus formas difusas o deformes apilándose frente a Syaoran para formar una sola figura, la de una niña.

Negó con la cabeza sosteniéndose el pecho. Estaba acostumbrada a sentir y escuchar a los espíritus, pero nunca había visto uno. Era imposible. Se cubrió los oídos, el viento, los árboles, cada roca y hasta la última hoja que ondeaba en el aire, murmuraban acerca de la mala acción del hombre, quien había despertado a los malos espíritus que el noble corazón del bosque resguardaba.

Una espada apareció en la mano derecha de Syaoran, la levantó con seguridad, su hoja transparentaba con la luz del sol golpeándola directamente, hasta que perdió su brillo enterrándola en la tierra. Los ojos cafés de la niña brillaron y con una sonrisa engañosa, desapareció de su vista.

Todo terminó en cuánto ella desapareció. La terrorífica brisa se detuvo provocando el descenso súbito de las hojas que se arremolinaban en el aire, así como los pies de Syaoran. Hasta entonces, Sakura fue capaz de romper en llanto.

—¿Qué hiciste? —reclamó alejándose de él.

La ira y la decepción, opacaron todos los sentimientos puros que sentía por él. Syaoran permaneció de espaldas a ella sin responder.

—Te pregunté, Syaoran —gritó Sakura procurando no ahogarse con su llanto—. Te pregunté quién eras, te pedí que me hablaras de ti, ¿qué significa esto? ¿Por qué lo hiciste?

El castaño retiró su espada de la tierra y el círculo fue cubierto nuevamente por las hojas. En su opinión, esa niña hacia tremendo escándalo por nada, cosas peores había hecho en el pasado. Bueno, la mayoría de las personas tildaban de maléficas sus acciones porque no conocían el verdadero propósito detrás de ellas.

El miedo en el corazón de Sakura disminuyó a medida que los segundos trascurrían. Cerró los ojos reprendiendo todos los sentimientos negativos que albergaba en ese instante, ella no podía odiar a Syaoran, no importaba si él era malo, podía ser un demonio y aun así, ella lo amaría porque ya había demostrado poseer una pizca de bondad protegiéndola, brindándole su amistad a Eriol y a otros chicos, sólo necesitaba ayuda para explotar ese sentimiento.

Se acercó a él, abrazándolo cautelosamente por la espalda, colocando una mano en dónde pensaba que se ubicaba su corazón. La bondad que en ella habitaba, alcanzaba para cubrirlos a ambos. Antes de ese suceso, sus deseos eran egoístas; a partir de ahora, se proponía eliminar toda esa oscuridad del alma de Syaoran hasta su último aliento de vida. Ella no moriría hasta verlo convertido en un hombre diferente, eso lo juraba.

—¿A quién quieres hacerle daño? —cuestionó hundiendo su rostro en la espalda masculina. Se aproximaba la parte difícil: persuadir a Syaoran para que regresara a aquel demonio a los infiernos o a cualquiera que fuese su lugar de procedencia.

—¿Daño? —respondió el hombre—. A nadie querida. Lo que acabas de ver sólo hará más fuerte a Syaoran.

Los ojos de Sakura se abrieron de golpe. Sintiendo el leve temblor que la risa producía en el pecho del castaño, retiró sus manos y se alejó presurosa de él.

—Ahora entiendo porqué lo distraes tanto.

Sakura cayó sentada al piso mirando el impresionante parecido de ese sujeto con Syaoran, no obstante había diferencias notables: su cabello era más corto, sus ojos ámbar no brillaban con gentileza, y la línea de su mandíbula estaba mejor desarrollada al igual que los músculos de su cuerpo. Fuera de eso, eran idénticos físicamente.

—Son muy bonitos —opinó acurrucándose a su lado. Sakura retrocedió impulsándose con los pies, provocándole una sonrisa divertida al castaño—. Tus ojos, son muy bonitos.

—¿Q-quién es usted? —tartamudeó ladeando el rostro, evitando que ese desconocido le pusiera una mano encima.

—Es obvio que Syaoran no te haya hablado de mí, es un mal agradecido, ¿sabes? Nunca valoró todo el tiempo que invertí en él —sonrió acercándose a la esmeralda—. Y ahora vienes tú a arruinar mi trabajo convirtiéndolo en todo aquello que nunca deseé que fuera.

—Syaoran es una buena persona.

—Mi hijo no necesita ser una buena persona —Sakura gimió cuando el difunto padre de Syaoran capturó su rostro presionándole firmemente la mandíbula—, él necesita ser una persona fuerte y desde que está contigo es todo lo contrario. Sólo lo estás utilizando, ¿verdad? Pequeña mentirosa.

Sakura se estremeció de puro pánico. Syaoran le había dicho que su padre estaba muerto, y los espíritus no podían tocar a nadie, no respiraban y su cuerpo no expelía calor. Reprimió los sollozos en su garganta y reunió el valor suficiente para hablar.

—El que lo engaña es otro. Syaoran cree que usted está muerto…

—Lo estoy —confirmó Li—, pero no tengo por qué darte explicaciones. En cambio tú me debes muchas, Kinomoto.

Sakura soltó un grito quejumbroso por la presión excesiva que la mano del tipo ejercía en su mandíbula.

—Eres muy bonita —insistió el castaño—, no es de admirarse que Syaoran este encantado contigo, pero la que obtiene más beneficios de esa relación eres tú. Los espíritus de muerte te persiguen, niña. Lo sabes, y por eso estas con Syaoran.

—No sé de qué me habla —musitó la esmeralda humedeciendo la mano del patriarca de los Li con sus lágrimas—. Yo quiero a Syaoran, por eso estoy con él.

—Una parte de él es lo que quieres —Hizo una pausa oportunista—, pero si de verdad lo quieres como dices, lo dejarás. No permitirás que él eche a perder su futuro por tu culpa. Ambos lo conocemos, cuando él te vea desfallecida en una cama sin poder hablar o moverte, cuando tus ojos ya no brillen para mostrarte su imagen, la excesiva bondad de su corazón despertará y te salvará sin importarle nada.

Sakura apuñó sus manos, estrujando las hojas secas sobre la tierra… Ese hombre sabia sobre su enfermedad, a eso se refería mencionando a los espíritus de muerte, ¿pero qué podría hacer Syaoran para salvarla?

—Puede hacerlo —respondió Hien Li—, a un precio muy alto, puede hacerlo. Si tú permites que lo haga morirá por tu culpa, ¿quieres eso?

Sakura dio un respingo asustada, ella no había preguntado nada en voz alta y pese a eso el padre de Syaoran fue capaz de responderle. Negó con la cabeza liberándose de la prisión a la que estaba sometida, trató de incorporarse astutamente pero el castaño la tiró al suelo de un empujón posicionándose encima de ella.

Sakura lloró con más fuerza, los ojos ámbares del hombre reflejaban un profundo rencor, como si amar y darle cariño a Syaoran fuese el más aberrante de los pecados.

—No lo dejaré —aseguró con una mirada retadora—. Yo amo a Syaoran, así será hasta el último día de mi vida. Él es la persona más importante para mí y jamás le pediría nada que pusiera en riesgo su integridad.

Hien gruñó presionándole sus débiles muñecas, arrancándole un gemido de dolor.

—Mira estúpida, esto no es cuestión de amor se trata de la seguridad de mi hijo. Ni tú ni nadie sabe todo lo que he hecho por él y no permitiré que una mocosa moribunda arruine mi trabajo, si tú no quieres dejarlo, él sí te dejará cuando vea que has perdido la inocencia que te adorna.

Sakura se quejó gritando el nombre de Syaoran al momento en que Li se inclinó con intenciones de besarla. Cerró los ojos y apretó los labios con fuerza siendo la única medida que podía tomar para protegerse porque el hombre mantenía todos sus miembros inmovilizados.

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Syaoran salió de la cafetería en busca de Sakura, habían quedado de encontrarse en ese lugar para desayunar, sin embargo los minutos transcurrieron y ni ella ni su prima se hicieron presentes. Bajó los escalones del pórtico sintiendo la sueva brisa proveniente de las profundidades del bosque.

Sabía que no estaba muy seguro en ese lugar, los espíritus rondaban entre los árboles, pero por el momento ninguno de ellos le había molestado. La presencia de Airi lo tranquilizaba un poco aunque no se fiaba de esa gata holgazana que lo detestaba, haciendo mención de ella, tomó rumbo a la cabaña de Sakura esperando que estuviera deshabitada para hablar con Kerberos. Más tarde tendría oportunidad de reunirse con su novia, no podía olvidar sus responsabilidades por culpa de su pequeño idilio amoroso.

Recorrió el empedrado camino a los dormitorios acomodándose los guantes que optó por utilizar esa mañana para cubrir sus jikaidos. Suspiró ante la frustración de sentirse débil, de saber que su sangre continuaba siendo roja y que a consecuencia de eso, Kerberos no se estaba alimentando como debía. Tardarían más de una semana en restablecerse. Haciendo cuentas, faltaban dos semanas para la próxima luna llena, por lo que su madre no lo vería en esas condiciones tan deplorables.

También utilizaría el siguiente domingo libre para visitar a su hermana y a Evangeline, agradeciéndole por su ayuda.

—Me alegra que pienses en mí, hermano.

Syaoran sostuvo su respiración al escuchar esa voz a sus espaldas. Permaneció de pie estático, sin realizar ningún tipo de movimiento hasta que la aparición de Fanren frente a él le permitió soltar e inspirar aire nuevo.

La niña rió meciendo su cadera de izquierda a derecha, haciendo volar la falda translucida de su vestido blanco.

Syaoran gruñó sacudiendo su cabeza. La risa de su hermana resonaba como un doloroso eco en sus oídos, no podía ser ella. Fanren estaba en casa con su madre y Lior cuidándola.

El espíritu lo miró con sus ojos cafés muy abiertos y brillantes hacia él, tendiéndole una mano con inocencia.

—Vamos a jugar, hermanito.

Aquellas palabras, fueron las ultimas que ella le dijo antes de morir. Syaoran la miró con sus ojos ardiendo de tristeza, ese día se negó a jugar con Fanren porque estaba cansado después de su entrenamiento.

—Vamos, Syao —insistió la pequeña—. Quiero que me enseñes a lanzar piedritas en el lago.

Todo era igual, sus palabras, su sonrisa insistente y el vestido que Ieran le obsequió ese día. Con un par de lágrimas asomándose por sus ojos, aceptó la mano del pequeño espíritu utilizando la poca energía que poseía para realizar su hechizo spoku sólo en esa parte de su cuerpo.

La risa de Fanren a medida que se sumergían en el bosque, le hizo olvidarse de todo. Volvían a ser únicamente ellos dos, escapándose de la mansión y de sus padres para arrojarle pan a los patos que nadaban en el lago. Su hermana siempre fue su escapatoria de la dura realidad que vivía a diario, le dolía tanto haberla perdido, era una tortura más que un alivio tenerla a su lado en esa forma.

—¿En qué piensas, hermano?

Syaoran dirigió su mirada perdida a Fanren.

—En nada.

La niña ladeó una sonrisa maliciosa.

—Sé lo que piensas y sí, Syaoran. Tú tuviste la culpa, no te costaba nada dedicarme unos minutos de tiempo, nada. En cambio a mí, me costó la vida.

Syaoran frenó su andar prestándole atención al argumento de su hermana.

—Perdóname —murmuró reconociendo su culpabilidad, él no podría haberlo dicho mejor, era culpable y lo sabía.

La risa fue sustituida por leves suspiros lastimeros que trastornaron aún más la mente de Syaoran.

—Me siento sola, hermano —sollozó Fanren desviando su mirada al camino que faltaba por recorrer—. Promete que de ahora en adelante estarás conmigo.

—Lo prometo —Syaoran susurró encantado por el brillo marrón de aquellos ojos.

Fanren volvió a sonreír tirando de su mano, obligándolo a seguir con su marcha. Syaoran en su interior era consciente de que Fanren lo conducía a la laguna del bosque, pero su mente estaba adormecida y falta de voluntad para negarse a caminar, su cuerpo acataba automáticamente las ordenes de ella cuando le decía que tuviera cuidado con una roca o una raíz en el piso.

Su visión se nubló al llegar a la orilla de la laguna, el olor de la humedad invadió sus fosas nasales y la voz de Fanren retumbaba más fuerte en sus oídos, diciéndole que cumpliera con su promesa.

Syaoran estuvo a punto de poner un pie adentro de la laguna cuando un gritó rompió todo el encanto que Fanren ejercía sobre él.

—¡Syaoran! —Era la voz de Sakura.

El castaño tomó una bocanada de aire como si este le hubiese faltado desde que salió de las cabañas, su visión nítida regresó, desapareciendo la turbación de sus pensamientos.

—¡Syaoran! —repitió desesperada Sakura. El castaño levantó su brazo, el ónix que llevaba en la muñeca era de color negro, el color del miedo. Sakura estaba pidiendo auxilio.

Rápidamente se giró sobre sus talones y dio el primer paso adelante.

—Syaoran —llamó Fanren.

El ambarino la miró por encima de su hombro, ella continuaba parada junto a la laguna con la decepción marcada en su carita.

—Regresaré Fanren —farfulló llevándose una mano al pecho en un intento de aminorar su angustia—, te lo prometo.

—¡No puedes irte! —gritó la niña apretando sus puños—. No puedes ponerla a ella por encima de mí. Yo soy tu familia, me debes esto, Syaoran. Me lo debes.

Syaoran vaciló por unos instantes.

—Te amo, pero también la amo ella.

—¡Mentiroso! La quieres más que a mí, por eso te vas.

—Maldita sea —gruñó Syaoran comenzando a correr de nuevo al interior del bosque—, no la perderé como te perdí a ti.

—¡Syaoran, regresa!

—¡Syaoran!

Li también gritó desesperado, las voces de Fanren y Sakura clamando su nombre rompían el silencio sepulcral del bosque para llenar sus sentidos de preocupación y desesperanza. Era de día y aun así, podía escuchar otras voces susurrando el preludio de una desgracia.

Corría rasguñándose con algunas ramas, dejándose guiar solamente por su instinto y por la que él creía que era la voz de Sakura. Su corazón bombeaba con frenesí cada vez que llegaba a un lugar erróneo, dándose cuenta que el espíritu del bosque estaba jugando con él imitando la voz de su amada.

Tropezando con una raíz cayó al piso, quedándose acurrucado de rodillas sosteniéndose la cabeza, nunca en su vida había estado tan desesperado, todo su entrenamiento, su fuerza y orgullo no servían de nada en esa situación.

—Déjame en paz, por favor —suplicó llorando como el día en que lo hizo en el hombro de Eriol—. Por favor.

No podía más, ya no lo soportaba. Recurrió entonces a suplicarle piedad a los cielos, su madre le había enseñado a orar cuando era un niño pero él rara vez lo hacía, creyéndose autosuficiente. Tal vez así el espíritu del bosque se apiadaba de él, mostrándole la verdadera ubicación de Sakura, y así fue.

Las voces en su cabeza desaparecieron llevándose su dolor. Lentamente se incorporó, caminando vacilante entre los árboles. Ahora lo preocupante era que ya no escuchaba la dulce voz de Sakura llamándolo o quizás nunca fue ella la que suplicaba por él.

Miró su ónix, que continuaba siendo de color negro y frunció el ceño aligerando su paso. Se aproximó a un claro escuchando débiles gemidos de angustia. En el centro, justo dónde el sol quemaba las hojas con su calor, estaba Sakura tendida sobre la tierra llorando sin consuelo.

Syaoran inspeccionó los alrededores con cautela, no había nada en esa zona del bosque. Posiblemente algo la había asustado en el camino y corrió agotándose hasta encontrar un lugar seguro. Avanzó sin perderla de vista un solo instante, no se movía, simplemente se limitaba a llorar.

—Sakura —habló arrodillándose frente a ella, colocando una mano en su mejilla.

Sakura sintió la liberación de sus miembros y apretando los ojos con fuerza, golpeó con puño cerrado a su agresor.

—¡No te atrevas a tocarme! —advirtió retirándose del hombre.

Syaoran soltó un gruñido por el puñetazo que Sakura le propinó en la nariz.

—Sakura soy yo, Syaoran.

La esmeralda abrió los ojos y sollozó negando con la cabeza.

—No, no eres él. Tú no eres mi Syaoran —retrocedió impulsándose con los pies, preparándose para la huida cuando Syaoran se le acercó—. Vete, no me molestes más. Syaoran vendrá a salvarme, él es bueno. Lo es.

Syaoran se retiró las manos de la nariz y abrazó a Sakura, quien forcejeaba contra él rasguñándolo y golpeándolo con las pocas fuerzas que poseía.

—Tranquila, mi princesa —murmuró Li besando la frente de Sakura—. Todo está bien, ya estoy contigo, a mi lado nadie te hará daño.

Sakura dejó de luchar escuchando esa promesa. Esa era la voz de su Syaoran, había llegado a rescatarla de nuevo. Abrió los ojos reconociendo su rostro, su cabello y su olor tan familiar invadió sus sentidos al momento en que se aferró a él.

Syaoran acariciaba la cabeza de Sakura sintiendo un profundo dolor en su corazón. Era tan inútil que ni siquiera pudo defender a su novia cuando lo necesitó, juraba por su vida que aquel que se atrevió a dañarla pagaría muy caro, no importaba si era espíritu o humano, se pudriría en el infierno por haber hecho sufrir a su querida Sakura.

—Syaoran —gimió Sakura padeciendo un punzante dolor en su cabeza, temblando al percatarse de que el padre de Syaoran seguía de pie a espaldas de su hijo, mirándolos con una sonrisa burlona curvándose en sus labios.

Sakura quiso gritar para advertir a Syaoran pero las palabras se atoraban en su garganta, aumentando el dolor de su cabeza cada vez que lo intentaba.

—"Ya deja de llorar por una broma" —se retorció de dolor en los brazos de Syaoran, esas palabras retumbaron solo en su mente—. "No iba a hacerte nada, tengo esposa y quiérase o no, eres la noviecita de mi hijo" —El sujeto de encogió de hombros—. "Te guardo un poco de respeto por eso, pero conozco a alguien que no lo hará. Así que si deseas mantener tu integridad, no le dirás nada de esto a mi hijo. Si tú me delatas, él sabrá tu secreto también".

—"Lo haré" —jadeó Sakura esforzándose por mantenerse consciente—, "pero déjame tranquila".

—"Dile a Syaoran que quieres dejarlo".

Sakura gritó adolorida cuando el mayor de los Li desapareció de su vista y esa orden rebotaba en su oídos produciéndole una insoportable agonía.

—Maldición, cariño —murmuró el castaño apretándola con insistencia a su cuerpo—. Deja de llorar, si no puedo consolarme a mí mismo, ¿cómo quieres que lo haga contigo?

—Quiero que terminemos —gimoteó Sakura—, ya no te quiero a mi lado.

Syaoran no dudo en abrazarla con brazos y piernas.

—No, Sakura. Tú no quieres dejarme, sólo estas asustada —su voz flaqueó pronunciando esas palabras.

—Tengo miedo…, tengo miedo de ti, no te conozco, no sé quién eres —Hizo una pausa obligándose a callar. Ella no quería separarse de Syaoran realmente, pero era eso o continuar sufriendo. Lloró profundamente porque era incapaz de soportar el dolor al que estaba siendo sometida, era demasiado cobarde para defenderse y proteger su frágil relación con Syaoran—. Además, tú no me amas…

Syaoran la empujó suavemente separándose de ella.

—¿Quieres conocerme? ¿De verdad quieres conocerme? —vociferó incorporándose sin retirarle la mirada—. Pues conóceme, Sakura.

Syaoran se quitó la camiseta y los guantes dándole la espalda. Una exclamación de asombro de escapó de los labios femeninos, la espalda de Syaoran estaba cubierta por diferentes tatuajes entre los que figuraban un par de alas cerca de sus omoplatos.

—"Sigue siendo igual de imbécil" —Sakura ignoró la voz del hombre poniéndose de pie con dificultad—. "No te dejará, pero no por eso renunciaré a mis planes. Quedas advertida, niña. Lo que he hecho contigo el día de hoy, no será nada comparado al infierno que sufrirás si te interpones en mi camino".

Se tambaleó sobre sus pies al ser liberada de su tormento y se aproximó a dibujar con sus dedos temblorosos las líneas tortuosas que adornaban los costados del castaño. Ella reconoció algunos nudos celtas modificados y el mismo circulo que estaba gravado en la tierra justo en la zona lumbar de su espalda.

—¿Qué es esto? —preguntó apoyándose sutilmente en él para mantenerse de pie.

—La maldita razón por la que no debo amarte. Yo no nací en este mundo para soñar con ser feliz igual que ustedes, yo nací para solucionar todo lo que ustedes ignoran. Como buen intermediario mi obligación es ayudar a las almas humanas que vagan por el mundo en busca del descanso eterno o bien trasladarlos a un sitio más agradable para que esperen su turno en la reencarnación, eso depende de lo que tú quieras creer.

—Entonces, no eres malo —Sakura murmuró convenciéndose a sí misma de que todo lo vivido fue una pesadilla—. Un ser que ayuda a los demás desinteresadamente no puede serlo.

—No sé si seré bueno o malo, no hago esto por mi gusto, Sakura. Si yo pudiese escoger mi destino, créeme que no sería este —alzó su mirada al cielo sintiendo sus lágrimas evaporarse con el viento—. Escogería una vida a tu lado, donde te amaría todas las noches tomándote como mi esposa para que me dieras hijos sanos y fuertes; no una donde sólo puedo tenerte como mi amante condenándote al sufrimiento y a un vientre vacío.

—No comprendo.

Syaoran suspiró exhausto. No tenía ánimos de explicar nada, sin embargo debido a su impulsiva estupidez y desesperación por no ser abandonado prematuramente por la única chica que había amado, abrió su bocota y ahora afrontaba las consecuencias.

—Yo me debato entre ser y no ser humano, poseo cualidades que tú no tienes, para mí las únicas reglas que valen son las del círculo de la hermandad, que es la sociedad secreta por la que nos regimos. Ellos son los que dicen que sólo puedo tomar una pareja que se iguale a mis habilidades, y para ello debemos pertenecer a la misma especie, por tu cuerpo no corre la energía que fluye por nuestras venas, por eso eres incapaz de darme hijos. No sé y no me importa si me has comprendido, no puedo decirte más.

Sakura suspiró resignada, asimilar que Syaoran decía no ser humano era difícil, pero lo experimentado con su padre ayudó a la situación. En el fondo de su corazón, sabía que Syaoran no era igual a él, que así como habían seres humanos malvados, también podían existir intermediarios malos, o eso pensaba.

—Yo también soy especial —dijo abrazándolo por la cintura—, puedo escuchar y hablar con espíritus, ¿eso no nos hace iguales?

Syaoran sonrió por el tono inocente de Sakura, la desconfianza y el temor habían abandonado su voz a pesar de que continuaba sollozando e hipando de vez en cuando, sentía su cálido aliento golpeándole los hombros y sus senos le rozaban la espalda al respirar, produciéndole cierto cosquilleo que viajaba directo a la piel de sus brazos para erizarla.

—No, tus habilidades tienen un límite. Eriol me dijo que crees en espíritus y es por eso que los escuchas, porque no dudas de su existencia; en cambio las mías ascienden a niveles inimaginables —se giró para mirarla y estrecharla debidamente a su cuerpo. Después de tanta angustia, era lo menos que merecía—. ¿Fue eso lo que te asustó? ¿Un espíritu?

Sakura inclinó el rostro evadiendo su mirada, no era capaz de mentir, pero tampoco podía decir la verdad.

—Dime la verdad, Sakura —exigió Syaoran sosteniéndole la barbilla con delicadeza—. He sido sincero contigo expresándote mis sentimientos y revelándote la verdad sobre mis orígenes. Reconozco que lo has asimilado muy bien, pero no has opinado nada al respecto y…

—Continuas siendo mi Syaoran —le interrumpió Sakura.

—Entonces, ¿por qué quieres terminar conmigo? Dijiste que no me conocías y que tenías miedo de mí, pero yo soy incapaz de dañarte porque te quiero.

Sakura se paró de puntillas y le dio un suave beso en los labios.

—Dime si estar conmigo te da problemas o te causa algún daño —Había decidido sacrificase con tal de quedarse a su lado, no importaba todo el dolor al que el padre de Syaoran la sometiera, de igual forma eso era algo con lo que aprendió desde pequeña y valdría la pena disfrutar de su relación hasta el final—. Te amo, Syaoran, no sabes cuánto. Quiero quedarme a tu lado amándote y siendo tuya de la manera en que desees tomarme, pero si eso te lastima o pone en riesgo tu vida, dímelo y me apartaré de tu lado.

Syaoran la apretó más ocultando el rostro en la curva de su cuello, ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué él tenía que ser diferente a ella? Quizás las cosas serían más sencillas si hiciera todo a un lado, olvidándose de quién era en realidad y la tomara para largarse muy lejos donde nadie los molestara, pero no podía hacer eso como único descendiente de la familia Li.

—No, no tengo ningún problema estando a tu lado —mintió. No fue capaz de confesarle que hasta un simple beso de su parte lo lastimaba y hería profundamente.

—Entonces perdóname por ser tan débil —murmuró acariciándole la espalda—, prometo que te compensaré quedándome a tu lado sin exigirte nada —Ella se imponía ese castigo por su falta de honestidad con él.

—No puedo darte nada —respondió Syaoran—, así que estamos a mano.

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Tomoyo entró a la cafetería en busca de Sakura, ni siquiera había terminado con su escaneo general de la zona, cuando se detuvo en la mesa de la esquina junto al gran ventanal. Alzó una ceja con una sonrisa socarrona en su rostro, Eriol miraba su vaso de leche como si fuese la octava maravilla del mundo. Sin pensarlo tanto, caminó en su dirección, era la oportunidad perfecta para vengarse. Ajustó la bufanda en su cuello para ocultar el chupetón y tomó asiento sin permiso.

Al principio la desconcertó un poco la falta de reacción del oji-azul ante su presencia, y con el pasar de los minutos la situación le irritó. Carraspeó apartando el vaso de leche del medio para llamar su atención, pero Eriol no reaccionó hasta ella decidió bebérselo por completo.

—Era mi desayuno —gruñó por lo bajo Hiraguizawa.

Tomoyo rodó los ojos.

—Más bien parecías estar pensando en la vaca que la produjo.

Eriol suspiró llevándose una mano al cuello, ahí donde sabía que se encontraba la marca de su desgracia.

—Oye, sé que no somos amigos y que no te simpatizo, pero —titubeó sonrojándose por la escudriñadora mirada amatista sobre él—, ustedes hicieron una pequeña travesura ayer…, y yo quisiera saber q-quién de ustedes me besó.

Tomoyo desvió la mirada ocultando su propio sonrojo, si Eriol la descubría su reputación estaría arruinada por completo.

—¿Por qué supones que fue una de nosotras?

Eriol tragó pesado enderezándose en su asiento.

—Porque Syaoran fue besado por Sakura; Yamazaki por Chiharu y eso me lleva a suponer que también me besó una de ustedes.

Tomoyo se limpió la boca con una servilleta después de comerse la mini-salchicha que descansaba en el plato de Eriol.

—Escuché que estuviste bebiendo anoche —Eriol asintió con la cabeza—. Entonces, ¿reconoces que estabas ebrio?

—Sí —consintió avergonzado Hiraguizawa masajeándose el cuello.

Tomoyo se inclinó sobre la mesa con una sonrisa maliciosa adornando su rostro.

—Algunos chicos tienden a ponerse cariñosos entre ellos cuando están ebrios.

Eriol soltó una exclamación horrorizado. ¡Eso era imposible, él no recordaba nada de eso!

Tomoyo rió divertida por el rostro desencajado de su compañero. Le arrebató las gafas, colocándolas sobre la mesa.

—Piénsalo, tal vez tus ojitos te fallaron ayer y te confundiste —susurró con tono misterioso—. He visto que Shinji tiene uno igual —señaló al aludido en la mesa vecina.

—No puede ser —jadeó Eriol tratando de divisar el moretón en el cuello de su amigo—, no soy gay.

Tomoyo le acomodó las gafas en el rostro para ayudarle a asimilar la realidad.

—Pero no preocupes —decía guiñándole un ojo—, no diré nada.

Eriol sintió las lágrimas de horror y decepción acumularse en sus ojos, ¡Syaoran tenía la culpa de su desgracia! El muy maldito se había largado con su novia dejándolo a merced de esos depravados y él…, ¡él se había atrevido a besar a otro hombre! ¡No, no, no!

Tomoyo se levantó de la mesa satisfecha: su venganza había resultado a la perfección.

—¡Espera, Daidoji! —gritó Eriol apresurándose a seguirla.

Tomoyo se volteó para continuar torturándolo, pero de pronto se encontró siendo abrazada por el oji-azul.

—No quiero que los demás lo sepan, yo soy hombre te lo juro, llevó un tercio de mi vida enamorado de ti, ¡no soy gay! ¡No quiero serlo! Ayúdame.

Bien, eso no se lo esperaba. ¿Por qué demonios las cosas con Eriol nunca resultaban según lo planeado?

—Y q-qué quieres que haga —tartamudeó empujándolo lejos de ella.

—Podemos decirles a todos que tú me lo hiciste —propuso Eriol.

Tomoyo lo miró con sus ojos muy abiertos.

—¿Estás loco? —gritó llamando la atención de todos sus compañeros.

—Shh —Eriol siseó colocando dos dedos en sus labios—, si me haces el favor, costearé tu ropa, maquillaje, tratamientos de belleza, lo que quieras por un mes.

Tomoyo gimió por la excesiva cercanía de Hiraguizawa, si no se deshacía pronto de él, terminaría delatándose.

—Está bien, acepto —refunfuñó dándole golpecitos en el pecho—, pero retírate de inmediato.

Eriol saltó eufórico y en un arranque de excitación extrema, la besó en los labios.

Tomoyo escuchó las ovaciones de sus compañeros, diciendo que Eriol era el primer valiente que se atrevía a declarársele, y lo más increíble era que aparentemente fue aceptado. La amatista ahogó un grito de cólera en su garganta, ¡Eriol era un atrevido!

—Abusivo —musitó pateándole la pierna, arrancándole un grito de dolor al chico.

Ella salió de la cafetería con su rostro haciéndole competencia al rojo de las fresas silvestres que estaba sirviendo con el cereal, dejando a Eriol retorciéndose de dolor en el piso.

Shinji y Yamazaki corrieron a auxiliar al pobre desgraciado que fue agredido por la líder de las Heart Jewelry, y lo levantaron sobre sus hombros chiflando y celebrando el beso que le había robado a la fierecilla Daidoji.

—Demonios amigo —exclamó Shinji—, después de esto tendrás tu propio club de fans.

Eriol no disfrutó de su victoria, ¡acababa de declarársele a Tomoyo! ¡No podía ser! Necesitaba el consejo de Syaoran de inmediato.

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—Ves Kerberos, te lo dije —masculló Airi sobrevolando el bosque convertida en águila, llevando en sus garras a Kerberos, quien conservaba su forma de hámster.

—Ah, ya no me regañes —se quejó Kero masajeándose la sien con su pata.

—¿Qué explicación le daré a Evangeline si algo le sucede a ese imbécil? Mira que irse de la mano con un demonio, ¡es un estúpido! Y tú un inútil regordete. Les advertí que Syaoran estaba propenso a caer en una de estas trampas porque no tiene las jikaidos especiales.

Kero frunció el ceño rascándose las orejas.

—Pero el espíritu del bosque estaba tranquilo ayer por la noche. Además, la persona que nos tendió la trampa debe conocer muy bien a Syaoran, sólo así ese demonio pudo adquirir la forma de su hermana. No me extraña que haya sido esa mocosa.

Airi descendió buscando una rama cercana, ninguno de los dos percibía la presencia de Syaoran porque estaba demasiado débil y las energías provenientes del bosque lo opacaban, confundiéndolos todavía más.

Colocó a Kerberos en un nido de pájaros y ella se detuvo a prestarles atención a los leves susurros que circulaban en el ambiente. Kero salió del nido acercándose a Airi, manteniendo la vista bajo sus patas.

—Es la voz de Syaoran —indicó.

Airi asintió con la cabeza, adquiriendo su forma de peluche.

—Es un imbécil —repuso trasladándose unas ramas abajo para admirar más de cerca el espectáculo.

Sakura y Syaoran se besaban y acariciaban cómo un par de amantes, la preocupación fue sustituida por la rabia cuando confirmó que esa era la verdadera Sakura y no el demonio que se lo había llevado. Sus sospechas sobre ella aumentaron dándose cuenta que Syaoran no llevaba ninguna prenda cubriéndole el torso, dejando al descubierto sus jikaidos, entonces Sakura ya sabía lo que Syaoran era en realidad.

Posiblemente fue ella quien invocó al demonio para después salvarlo y quedar como la heroína del cuento, pero Airi por ningún motivo lo dejaría perder su Deixus con alguien tan insignificante.

Voló presurosa hacia ellos al momento en que Syaoran deslizó sus manos dentro de la camiseta de Sakura, apretándola en un intento desesperado de fundirse con ella. Los gemidos y jadeos de ambos llenaron sus pequeñas orejas, y ella se las cubrió gruñendo cuando se recostaron en el piso.

—¿Qué demonios crees que haces? —gritó la guardiana jaloneando el cabello de Li. La esencia de ese idiota le pertenecía a su dueña, no a la bruja mocosa que estaba debajo de él.

Syaoran gimió adolorido, estaba demasiado sensible por la pérdida de energía que sufría besando a Sakura, pero la bestia tenia razón. ¿Qué hacía?

Miró a Sakura debajo de él, con los ojos brillantes y labios hinchados, lista y dispuesta para entregarse a él. Sin embargo, no podía tomarla. Apoyó los brazos en la tierra, y recargó su frente en la de Sakura.

—Lo siento, princesa. No puedo llegar más lejos contigo.

Sakura se mordió el labio inferior reteniéndolo con sus brazos, evitando que se incorporara.

—¿Por qué? Soy tuya, Syaoran. No me importa lo que seas, yo sólo quiero ser tuya.

—Esto es ridículo —espetó Airi sentándose en la espalda de Syaoran.

Syaoran no respondió, quedándose abrazado de Sakura unos minutos más. Aunque la repuesta rondaba en su mente y palpitaba en la punta de su lengua: "porque te quiero, no puedo hacerte esto atándote a mí por siempre".

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Touya salió de su habitación, recostándose en la pared mientras observaba dormir a Yukito. Una sonrisa divertida se curvó en su rostro. Todos en el internado lo tildaban de raro por la forma en la que él trataba a su mejor amigo, y es que la energía que exudaba el cuerpo de Tsukishiro, le resultaba letalmente atractiva. El problema era que esa energía le pertenecía nada más, y nada menos que a la mujer de su padre, siendo Yukito el respectivo guardián de Mizuki.

Soltó una risita irónica, él no odiaba a Kaho por ser la verdadera esposa de su padre, no. Touya sabía que a pesar de todo, el verdadero amor de Fujitaka era Nadeshiko, su madre, dejando a Kaho como la mujer que recogía las sobras. El verdadero motivo de su desprecio hacia la bibliotecaria, era la atracción que sentía por ella.

Cerraba los ojos y la imaginaba, ella estaba metida en su sangre y en su carne, la necesidad de tenerla cerca dolía, ardía en su interior. Pero todos esos sentimientos eran prohibidos. Era aberrante pensar que estaba enamorado de la esposa de su padre, de la mujer que lo veía como un hijo. Sin embargo, su atracción por Kaho no era un simple capricho adolescente, él se sintió atraído por ella siendo apenas un niño, razón por la cuál no permitió que Mizuki lo criara.

Moría de celos cada vez que ella dormía con su padre, y odiaba a Fujitaka por utilizarla para descargar sus preocupaciones. Aún cuando Nadeshiko continuaba con vida, Fujitaka nunca dejó de acostarse con Kaho, y pese a eso lo comprendía. Ellos estaban unidos por sus esencias, era imposible una separación. Lo intentaron, sí. Pero fracasaron porque de una u otra manera, aunque sus corazones no lo desearan sus cuerpos necesitaban estar unidos.

Touya suspiró pasándose una mano por el cabello. Debido a su amor por Kaho, entendía a la perfección la situación de Li y Sakura, pero por ningún motivo permitiría que su hermana tuviese el mismo destino que su madre siendo la Kanae de un intermediario. Claro, si sobrevivía a su defecto de nacimiento. Lástima que los híbridos no tenían derecho a un Deixus, de lo contrario, él se lo hubiese entregado hace muchos años a su hermana.

Cada noche, le rogaba a los cielos que en un acto de infinita misericordia sanaran a Sakura, no perdía nada intentándolo, quizás no perdería nada arrodillándose ante Li y suplicarle que por amistad, por amor o por lo que fuera, salvara a su hermanita sin reclamar nada a cambio. No obstante, el Deixus era uno de los privilegios más valiosos que poseían los intermediarios y si Li lo utilizaba con Sakura, automáticamente la chica formaría parte de sus pertenencias. Entonces sí, que Dios lo ayudara porque nadie podría hacer nada cuando la hermandad reclamara a Sakura para convertirla en la Kanae de Li.

Salió de su habitación sin reprender a Yukito por descuidarse y liberar su presencia mágica, al fin y al cabo, Li no se encontraba en la institución.

Caminó por los inhóspitos pasillos cavilando sobre sus planes a futuro. Necesitaba una mujer, definitivamente la necesitaba. Casi al instante, descartó a todas sus compañeras de clase, ninguna de ellas le atraía, los humanos no le resultaban interesantes.

Rodó los ojos exasperado, nunca saldría de esa maldita situación. Él no podía competir en el torneo, por lo tanto, ¡nunca tendría una esposa! Lo cual significaba que terminaría dolorosamente casado con una humana, sufriendo cada vez que la chica le exigiera un beso, condenado a no tener descendencia, y continuaría locamente enamorado de Kaho. Su suerte, era una mierda.

—¡Touya! —ronroneó Nakuru colgándose de su brazo.

—¿Qué quieres? —gimió Kinomoto al borde del llanto por su maldito destino.

Nakuru hizo un puchero.

—Extraño a Sakurita.

—Yo también —consintió el moreno—, pero tú pudiste acompañarla.

—No, el guardián de Li fue con ella, me cae muy mal esa bola de pelos —confesó cruzándose de brazos—. ¿Puedes creer que Kaho quería encerrarme en una jaula con ese animal de quinta?

Touya soltó una risita pasando un brazo por encima de los hombros de la castaña.

—Celos de guardiana falsa, ¿eh?

—Yo soy la guardiana de Sakurita, cuidé de ella por mucho tiempo hasta que nuestra energía dejó de mantenerla —refutó Akizuki colocándose las manos en la cintura.

—Yo sé —murmuró Kinomoto—, y te lo agradezco mucho, Kira.

Nakuru sonrió ante la mención de su verdadero nombre, amaba a su amita Sakura, pero hubiese preferido mil veces ser la guardiana de Touya. Ella continuaba alimentándose de la energía de Fujitaka por las deficiencias en el sistema especial de Sakura, por lo que Touya ni siquiera le prestaba atención, en cambio al estúpido de Yukito, quien se alimentaba de Kaho, lo miraba como si fuese un dios.

—Oye, no te gustaría que yo fuese tu guardiana —propuso abrazándolo cautelosamente, con dobles intenciones, nadie dijo que un guardián no podía enamorarse de sus dueños, ¿o sí?

—No, en realidad no necesitamos ningún guardián —opinó Kinomoto—. Nosotros no tenemos derecho a participar en el torneo, evitamos a los espíritus problemáticos y pensándolo bien, tú y Yukito están fuera de forma, no son más que mascotas de compañía o amigos "normales".

Un par de lágrimas se asomaron por los ojos de Nakuru.

—Es cierto, hace mucho que no nos asignan un misión, quizás deberíamos pedirle a nuestros verdaderos dueños que nos conviertan de nuevo en huevos —sollozó sintiéndose inútil.

—No quise decir eso —resopló Touya, posando una mano en la cabeza de la chica—. Lo que yo quiero es que vivas tu vida como Nakuru Akizuki, no como Kira la guardiana de la familia Kinomoto porque eso se acabó hace mucho tiempo.

—¿Y cómo Nakuru Akizuki, tampoco me quieres? —insistió la joven castaña.

Touya observó de lejos a Kaho entrando en la biblioteca, soltando un suspiro de frustración negó con la cabeza. Ella había liberado su presencia mágica ese día.

—No, lo siento.

**Continuará**

Notas de autora:

Holis, no tengo mucho que agregar en esta parte, salvo mis infinitos agradecimientos por la espera que han tenido. Por segunda ocasión, me he visto en la necesidad de dividir un capitulo, así que el título de "el anillo" lo comprenderán en la próxima parte. No me detendré tampoco a dar detalles sobre el padre de Syaoran, salvo que todo lo que hace tiene un propósito, ¿bueno o malo? Más adelante lo sabrán. Ah, también sé que más de alguno se preguntará cómo demonios tiene un cuerpo si está muerto. (?) Bueno, tengo la respuesta pero no se las daré aun. (:P)

Gracias por el apoyo que me han expresado en sus comentarios, eso me ha impulsado a ser más organizada con mi tiempo y poder actualizar pronto. (Pronto para mí, porque pensé que actualizaría hasta junio, ustedes saben).

En fin, ¡gracias, mil gracias, a las chicas que siempre me apoyan con sus comentarios! También a los que no comentan pero agregan a sus alertas y favoritos. (:D)

Nos leemos pronto.