EN LA CORNISA
2
- Spencer... ¡Spencer, aquí tienes tu café! - le señaló la camarera
Necesitó refregarse los ojos un largo rato para poder siquiera incorporarse e ir a retirar su bebida de la barra. Con un tremendo peso en sus pies, los arrastró hacia un costado de la tienda para endulzar el brebaje.
- Antes de hacer eso, ¿podrías darme mi café y yo te doy el tuyo? - solicitó una morena de baja estatura.
- ¿Qué?
- Tomaste el café equivocado, fijate.
De inmediato, Reid dedicó con esfuerzo unos segundos para observar su taza.
- ¡Es cierto, lo siento mucho! - se disculpó con una sonrisa débil.
- A juzgar por tu cara, creo que lo más conveniente va a ser que te tomes el café de los dos.
Él fingió una risa sutil y ella lo acompaño con una fuerte carcajada. Pero él, siempre tímido, promovió el intercambio y se retiró tan pronto como éste hubo terminado.
Caminó por la vereda con sombra, la luz del sol sólo acrecentaba su dolor de cabeza. ¿Dónde estaban sus auriculares? Cierto, sobre la mesada de la cocina. Recordó a Morgan explicándole su técnica de llevar consigo un par de repuesto, pero a quién engañaba, esas cosas no le atraían para nada.
Se detuvo ante el semáforo. Cambió su bolso de hombro, el peso de los libros lo tenía agotado. Creyó ver la señal para cruzar, y tan sólo dos pasos luego el parachoques de un auto lo derribó como a un pino de boliche.
Una multitud lo rodeó, especulando entre ellos la gravedad del incidente (que iba desde un rasguño a una indudable muerte). Por fortuna, sólo un pequeño levantamiento en la frente, un raspón en el brazo y las piernas temblando fueron la única consecuencia.
Una mano cálida tomó su brazo y lo ayudó a incorporarse. Para su sorpresa, era la misma acompañante con la que minutos antes se había topado en el café.
- Creo que será mejor que vaya contigo, ¿eh?
