¿Pues qué puedo decir? Tan sólo gracias por los reviews que me han ido dejando aun cuando no he publicado nada en lo que parece un año. Agradezco a cada un de ustedes, a mis lectores y en especia que se toman el tiempo de comentar esta historia.

Un beso a cada un 3

Morenita Black Clearwater "juro que aunque me tome mucho tiempo terminare esta historia"

Susyh

Mafer Longbottom-Hudgens

Liz Lambert

Conii Cullen O'Shea

Caroliinaa

Guest

acidburd

Tailin

kami-sonamy

aldu

Marie A

Nicole Lo

Fernanda HC

Les dejo el capítulo.


küyeṉ…

La llegada de los fríos se produjo en aquel punto muerto entre la noche y el amanecer. Una niebla espesa rodeaba la casa de los Cullen y se introducía entre los árboles en los que estábamos apostados. Para un ojo humano normal, sería imposible ver atreves del follaje y darse cuenta de nuestra presencia, pero los vampiros no tenían problema alguno para saber nuestra posición exacta. Todos nos encontrábamos inquietos y procurábamos no pensar en nada, al menos lograba con éxito no exponer mis pensamientos y mucho menos adentrarme en los de la manada, solo estaba pendiente de a las órdenes de Jacob y con los sentidos totalmente alertas.

Entre la impenetrable niebla distinguía a la familia de vampiros colocados tal fotografía de tarjeta navideña ante la puerta de entrada de su fabulosa casa, todos perfectamente ataviados en sus mejores galas y con el semblante serio e inescrutable, parecían verdaderas estatuas marmoladas de bellas facciones, perfectamente detalladas. El silencio continuaba reinando, en cualquier momento Aro aparecería por un costado junto a sus tres acompañantes.

"Los huelo" ese fue el primer pensamiento unánime que tuvo la manada y estoy segura que el de los Cullen. Todos respirábamos pesadamente, la humedad neblinosa comenzaba a disiparse lentamente. A treinta metros a nuestra derecha cuatro figuras avanzaban entre los árboles. Mis ojos se mantuvieron fijos en los cuatro fríos el par de segundos que se demoraron en llegar hasta la entrada de la casa de los Cullen.

─ Querido Carlisle─ dijo el vampiro estirando sus espantosas manos en señal de saludo. Carlisle sonrió educadamente y casi sin mover los labios le dio la bienvenida─ veo que también nuestros amigos lobunos vinieron a recibirnos.

Al decir esto giro hacia nuestra dirección y nos saludó alzando la mano. Sus ojos rojos como la sangre brillaron con excitación y su sonrisa fría y malévola dejo ver parte de sus dientes blancos como el mármol, tan crudos y asesinos que un cumulo caliente de flujo sanguíneo llego hasta mi cabeza en un segundo, quería arrancarle la cabeza a ese monstruo, destruirlo para siempre. "CalmaClearwater, todos deseamos lo mismo" dijo Jacob con cierta frialdad al verme mostrar los dientes y ponerme en posición de ataque. Asentí gruñendo por lo bajo, y procurando mantener aquel muro invisible en mi cabeza que impedía que los demás descubriesen más allá. Pues aquel simple saludo, aquella mirada excitada, brillante, la misma que pondría un animal hambriento al ver su presa produjo en mí un sentimiento inexplicable, casi de temor, que recorría mis venas y me hacían desear acabar con aquella abominación antes de que ella nos destruyera a nosotros.

─ Ya sabes que ellos solo cumplen su deber─ dijo Carlisle con serenidad y con un gesto de su mano invito a pasar a sus "invitados" hasta el interior de su mansión que se hacía cada vez más visible a medida que la espesa niebla comenzaba a disiparse y la luz del día entraba por un costado.

"Peinen la zona, ya saben que hacer" la orden de Jacob nos obligó a todos a tomar nuestro rumbo previamente establecido, si los Vulturies traían más amigos consigo los descubriríamos de inmediato. Jacob se quedó tras nosotros esperando a Edward, su mirada me indicó que nada había cambiado…

Cuando terminamos de recorrer la zona el sol se alzaba sobre la parte más alta del bosque. El calor era abrazador y decidí dejar aquella forma y volver a la mía, a la humana. Me refresque en un riachuelo cercano mientras mi hermano descansaba aun en cuatro patas. Le sonreí al ver aquella carita de perrito pequeño y abandonado que tanto enternecía mi corazón y que a él le encantaba regalarme con tal de ver en mis ojos un atisbo de mi antigua yo. Me acerqué a él y acaricie tras sus orejas, el gran lobo canela aulló feliz.

─ ¿No tienes calor?─ le pregunté. El negó con la cabeza y colocó su hocico en mi hombro. Nos quedamos así largo rato, en silencio, yo en mi forma humana y él aun con aquella figura lobuna que tanto disfrutaba. El sol se alzó aún más, ya debía ser medio día. Contemplé el cielo un instante, era tan azul en aquella altura que parecía burlarse de que tuviésemos cada día que conformarnos con aquellas nubes tan oscuras que regalaba La Push. Mi mente estaba dividida en dos: Aro y su mirada, cargada de sangre, cargada de excitación al vernos y Jacob… ¡Maldito Jacob! Y su afán de dictarme ordenes, de hurgar en mi mente, de ser tan insoportable, tan jodidamente hiriente. No veo como pude imaginar mantener una relación de amistad con él si ambos nos empeñábamos en enfrentarnos, sobre todo por la vampirita esa...

¡Dame eso! protestó Leah riendo avergonzada. Jacob soltó una carcajada más fuerte y prolongada basta ¡no te rías de mí!

Leah, Leah, Leah… quien diría que te ves tan inofensiva y adorable en traje de princesa dijo el chico burlonamente, ella se encaramo a su espalda y le quito la fotografía.

Tenía cinco ¿okay? dijo devolviendo la fotografía sobre la chimenea, Jacob aun no paraba de reír si no dejas de burlarte de mí adorable postura de princesa te juro que…

¿Qué?

Vampiro dijo Leah apresurándose hacia la ventana de la sala, frunció el ceño y volteó roja de indignación hacia Jacob es…

Bella terminó el muchacho y salió apresuradamente hacia el patio donde se encontraba la vampira, oculta entre los árboles.

Cuando Jacob apareció luego de unos largos diez minutos, Leah caminaba indignada por la sala. Rodó los ojos y bufó exasperada al ver la cara de Jacob.

Ella quiere que me quede cerca de su casa mientras los Vulturies estén allí- dijo él como embelesado, pasando por alto el estado anímico de su amiga.

¿Y? ¿Acaso te acompañará por las noches o te quiere solo como perro guardián? preguntó en un tono que si despertó a Jacob que lanzó una mirada cargada de advertencia.

No comenzaremos leah dijo él comenzando a enojarse.

¿Comenzar qué? dijo ella alzando la voz no ves que ella sólo…

¡Deja Bella tranquila! la atajó.

Es ella la que debe dejarte tranquilo continuó la muchacha, sus ojos brillaban de indignación ¿no le basta con su marido soñado? ¿O le gusta torturarte? ¡O tal vez necesita tener un esposo y un idiota manipulable enamorada de ella para aumentar su enorme ego!

Me voy dijo el temblando visiblemente de enojo no soporto escucharte cada vez que te entrometes en mi vida, en mis sentimientos, y tratas a Bella como el peor ser humano que pisa la tierra, ¿acaso la envidias? ¿Eso es?

¡¿Envidiarla?! dijo ella temblando también y acercándose peligrosamente ¿envidiar a esa mojigata que sólo juega con el que se hizo llamar mi amigo?

Creo que ese fue mi error ¿no? Pensar que ambos podemos ser amigos, la verdad no te soporto, no soporto nada de ti dijo él, no pensando mucho lo que decía, nublado por la ira que comenzaba a nacer en su pecho y agolparse en sus ojos.

Y si no me soportas ¡¿qué diablos haces aquí?! gritó ella aguantando las lágrimas¡vete de una maldita vez!

Nos vemos mañana antes del amanecer dijo mirándola con frialdad y dando un portazo al salir.

Él lo había dejado claro "no la soportaba" sonrió con ironía, la verdad nadie la soportaba, no quería que nadie la soportase, al menos eso quería creer. Seth se alzó de pronto, sacándola de su mundo de pensamientos.

─ ¿Jake? ─ dijo, él asintió. No quería transformarse, poco le importaba si Jacob se enojaba. Su hermano se alzó por completo, lengüeteó su rostro y corrió hacia el sur, hacia La Push. Evidentemente esa había sido una orden del alfa que aparecía ante ella.

─ No dije que podían volver a su forma humana─ dijo él con una nota de frialdad en su voz. Leah alzó la vista para verle el rostro, no se dejaría amedrentar por él.

─ disculpe el alfa, tenía demasiado calor─ respondió mordaz, sus manos temblaron ligeramente─ no quería oler a perra mojada si me zambullía al riachuelo en la forma que usted tanto resguarda.

Jacob sostuvo su mirada desafiante, contemplo sus ojos castaños que brillaban con reproche, sus pestañas como plumeros enmarcando tan armónicamente sus ojos, sus labios apretados ligeramente y las mejillas encendidas sobre su piel canela. Ella continuaba con las manos puestas a ambos lados de sus caderas y aunque era al menos treinta centímetros más pequeña que él se le presentó tan alta como esperaba.

─ No puedo─ dijo al fin Jacob, aflojando la mirada cambiando el tono de su voz por uno más suave, más cálido.

─ ¿Qué es lo que no puedes?─ preguntó la chica notando el cambio corporal y verbal, disipando por un momento la intensidad desafiante de su mirada.

─ Fingir que volvemos hacia aquellos tiempos en que ambos procurábamos odiarnos, los tiempos en que tú no eras más que una molestia para mí─ respondió él, visiblemente abatido, Leah perdió la compostura por un momento, un minuto de silencio acompañó esta declaración─ lamento lo que sucedió, sólo dije aquello porque logras desesperarme Leah, porque aunque tus intenciones son buenas tú logras que aquel dolor que me provoca este sentimiento por ella sea más intenso.

- Yo…

─ No puedo dejar de "hacerme llamar tu amigo"─ dijo él recalcando estas palabras. Leah sintió desmoronarse aquel muro que traspasaba su mente hacia el exterior, aquel que se construyó en el momento mismo en que él le dijo que no la soportaba, que dejó claro que no deseaba su amistad.

─ No la envidio Jacob─ dijo ella en respuesta─ sólo odio lo que hace de ti.

─ No volvamos a eso Leah por favor, yo no puedo dejar de amarla- pidió Jacob, ella asintió y él le tomó la mano un segundo─ ¿las paces?

─ Creo que mi hermano te enseño a poner ese rostro ¿no? ─ dijo ella con una ligera sonrisa, algo volvía a calentar su interior.

─ ¿Qué rostro? ─ preguntó él sonriendo al captar el cambio en su expresión que indicaba que volvían a ser amigos.

─ El de perrito abandonado─ dijo ella. Jacob frunció el ceño─ ¡no te preocupes te queda perfecta!

─ Creo que en honor a nuestra reparada y reciente paz no contestaré a aquel insulto─ dijo él sonriendo─ ahora debemos volver a casa.

─ ¿No vas a lo de los Cullen? ─preguntó ella para no mencionar al punto de discordia entre ambos. Él negó.

─ Por la noche─ respondió corriendo hacia los arboles transformándose más allá, ella lo siguió.

"haz el favor de no poner ese estúpido escudo entre ambos" pidió él levemente molesto. Ella sonrió mentalmente.

─ ¡Te odio por esto!─ dijo ella mirándolo con reproche, con ganas de asestarle un golpe en la cabeza.

─No es que me agrade tampoco─ respondió él. Ella volteó para no verlo─ ni pienses en golpearme.

─ ¡Maldita sea! Si lo encuentras destrozado será tu responsabilidad─ dijo ella volviendo a verlo nuevamente, él sonrió.

─ Contrólate ¿sí? ─ pidió Jacob mirando por sobre la espalda de Leah, donde se acercaba Sam.

─ Control… mira quien habla─ dijo ella colocándose ligeramente tensa al notar la presencia de Sam a su costado, se acercó a Jacob un segundo y le hablo en voz baja, casi en un susurro que le puso la carne de gallina al Alfa─ ya te lo advertí Alfa, si me provoca lo descuartizo.

─ Jacob─ la voz de Sam la obligó a separarse del muchacho que la miraba con una cuota de risa en sus ojos.

─ Los dos pueden irse a la casa de Charlie, si ven a algún vampiro que no sea un Cullen tienen permiso para destrozarlo─ ordenó Jacob con simplicidad.

─ Ojalá pillemos a uno, así no tendré que…

─ Eso es todo Leah─ se apresuró a decir Jacob con clara intención de no dejarla terminar la frase─ al amanecer pasaré por ahí.

Leah hizo una mueca con su rostro y sin siquiera mirar o esperar a su compañero de guardia se perdió en el bosque transformándose rápidamente. La noche ya había caído y la niebla blanca comenzaba a descender entre los árboles. Sería una larga noche junto a Sam. "Malditos imprimados" pensó, si Paul no hubiese tenido que ir a última hora con Rachel ella no tendría este problema ahora, un simple catarro obligaba a los imprimados a dejar sus puestos sin consideración alguna. Gruñó cuando escuchó las pisadas rápidas de Sam y maldijo a su alfa por décima quinta vez esa noche "Maldito Jacob".

"Escuché eso Leah" la voz de Jacob entró de pronto y sin permiso en aquel lugarcito de su mente en el cual nadie podía entrar.

"¿Como diablos lograste…?"

"Deja de maldecirme" apuntó el muchacho que ya estaba en la casa de los Cullen.

"Sal de mi mente" protestó ella tratando sin mucho efecto de volver a sellar sus pensamientos, aquellos que no quería revelar a nadie.

"Te dije que no hicieras eso, es molesto" gruñó Jacob que no soportaba aquel muro invisible en el cerebro de Leah.

"Con un demonio, sal de mi mente" protestó la chica que lograba cerrar con éxito su santuario mental.

"Vamos a hablar de esto" dijo Jacob, ahora todos los que estaban de guardia podían oír en su mente aquellas palabras. Sam la miró de reojo cuando pasó por su lado.

"Ya se enojó el alfa con la loc…" había querido bromear Quil, pero Jacob lo mandó a callar al instante.

"Espera que te vea perro y te sacaré hasta el último pelo color chocolate de tu linda cabellera" amenazó Leah, Quil soltó una risita que fue secundada por Jacob "par de idiotas" masculló la loba gris.

Al llegar fuera de la casa de Charlie Leah procuró quedar a al menos a unos diez metros de distancia que Sam. Oculta entre los árboles observaba al padre de Bella que miraba por la ventana, la expresión del rostro de Charlie le indicó que sabía que estaban ahí. Se dedicó a escuchar la sarta de incoherencias que se tornaba esa forma de comunicación entre todos, pero se mantenía con los sentidos alertas ante cualquier olor, ruido o movimiento que algún ser vivo hiciese a menos de diez kilómetros a la redonda.

Por su Parte Sam no lograba con éxito el tratar de no pensar en que se encontraba con ella haciendo guardia, cosa que no pasaba desapercibida por la manada que trataba de no darle importancia a los pensamientos erráticos del lobo que tan incómodos los ponían. La niebla descendió considerablemente.

─ Jake ─ la voz de Bella lo obligó a des transformarse. Ella esperó a que estuviese vestido para acercarse más.

─ ¿Como va todo Bells? ─ preguntó. Bella le sonrió, sus ojos rojos como la sangre contrastaban extrañamente con su belleza.

─ Como esperábamos, quiero que se vayan pronto- dijo ella con desazón ─ Aro está feliz con mi conversión.

─ Otro más que se alegra de eso ─ dijo él, claramente molesto. Bella suspiró, pero no respondió a nada.

─ Según Alice se quedaran un par de días más, luego viajaran hasta Latinoamérica ─ comunicó la vampira. Jacob la contempló, aquella que tenía delante de él no era su Bella, pero él continuaba aferrándose al amor que le profesaba antes de su espantosa transformación, como deseaba revertir aquel horrible cambio.

─ Deja de eso Jake… ─ dijo ella adivinando sus pensamientos.

─ No puedo Bella ¿acaso no ves lo que hiciste con tu vida?, ¿en lo que te transformaste? ─ preguntó con dolor.

─ Claro que lo se Jake ─ dijo ella con su melodiosa voz ─ y no quiero herirte más, yo amo a Edward, eso lo sabes, soy su esposa ahora, es todo lo que quise en esta vida.

─ Pudiste tener otra junto a mí ─ dijo él no dándose por vencido, ella lo contempló con ojos lastimeros.

─ Perdóname Jake… pero siempre supiste que yo…

─ Amabas a Edward ─ terminó él.

─ Lo siento, yo te quiero, pero no pude, sin él yo no soy nada ─ - dijo la vampira y sus ojos rojos se opacaron un instante. Aun no entendía porque continuaba amándola…

─ Tú eres mucho, aun sin él Isabella Swan ─ dijo el muchacho y apretó los puños cuando de entre los árboles una figura platinada se acercaba lentamente ─ adiós Bella.

─ Jake… ─ dijo ella llamándolo, pero el muchacho ya había cambiado de forma y comenzaba a alejarse, hundiendo sus patas en la tierra húmeda.

─ Estará bien Bella ─ la voz de Edward la sacó de su ensimismamiento.

─ Eso espero…

¡No aguanto! Ese fue el pensamiento que tuvo Leah antes de volver a su estado humano cuatro horas más tarde desde que comenzara su guardia. Respiraba con dificultad, se puso el vestido entre las sombras. Su corazón se aceleró al sentir el cuerpo de Sam tras ella.

─ ¿Estas bien? ─ preguntó el muchacho. Ella volteó y se encontró a un palmo de distancia.

─ ¡Sácame de tu mente Sam! ¡Hazlo de una vez! ─ ordenó ella con rabia contenida ─ ¡deja de hacerme daño así!

─ No puedo Leah… tú… tú no haces más que aparecer, siento que… ¡maldita sea! ─ exclamó el chico visiblemente alterado, confundido, debatiéndose entre sentimientos que no lograba entender.

Ella cerró los ojos un segundo para tranquilizarse. Aun no sacaba de su mente el recuerdo que hace unos instantes Sam dejo escapar de su mente, aquel primer beso entre ambos, cuando ella no tenía más que quince años. Abrió de golpe sus parpados cuando la mano de Sam toco suavemente su mejilla.

─ ¡No te atrevas Sam! ─ dijo ella apartándose al instante. Él la miraba angustiado, suplicante.

─ No sé qué me pasa Leah, perdóname ─ dijo sin apartar la vista de ella ─ por favor perdóname.

─ No tengo que ─ soltó ella ─ sólo deja de meter mi nombre y el de Emily juntos en tu mente, tú la amas a ella, ella es tu vida, solo déjame en paz Sam.

─ No puedo, ¿no ves que no puedo? ─ dijo Él alzando la voz, desesperándose. Leah lo miró a los ojos, oscuros como la noche, y sintió que aquella llama se encendía al mirarlo comenzaba a arder con un nuevo ímpetu, con un nuevo oxígeno, uno muy diferente al de su amor de adolescente.

─ Si quieres hacerme sufrir por todo lo que te he reprochado estos años no hace falta que recuerdes nuestra historia juntos ─ dijo ella comenzando a serenarse, él alzó los ojos y se acercó un poco más.

─ Nunca he querido hacerte sufrir küyeṉ (1) ─ dijo él acariciando nuevamente su mejilla. Ella sintió su ser desmoronarse, aquella palabra la trastornó por completo. Apartó la mano de Sam de un manotazo y comenzó a temblar visiblemente.

─ ¡No vuelvas a decirme así!, ¡no vuelvas a hablarme, no quiero saber de ti! ─dijo ahogando su voz entre el nudo que comenzaba a quemar en su garganta. Sam apretó los puños ante aquel desliz que provoco que se alejase de ella, que aquel calor tan dulce de su mejilla escapase de sus manos y se odio, se odio completamente.

─Me largo de aquí ─ dijo ella volviendo a su forma lobuna y corriendo entre los árboles. No quería saber de nadie, ni nada. Cerró su mente, desobedeció a Jacob que intentaba saber porque diablos Leah dejaba su puesto y corrió, corrió sin punto fijo. Su corazón comenzaba a deshacerse nuevamente. Sentía la sangre en sus venas fluyendo con ímpetu, quemando su cuerpo, corrió entre los árboles, corrió para perderse. Su cerebro ardía intensamente. Todo estaba tan nublado…

Te amo… tú eres mi küyeṉ había dicho él luego de besarla y ella no necesitó de traducción para aquella palabra, ella era su luna, la compañera del sol.

Cuando logró dejar de correr, no sabía en qué parte del condado estaba, tan sólo veía todo cubierto de niebla, tanto por sus ojos empapados en lágrimas, como por la espesa capa blanca que rodeaba todo. Se desplomó en el suelo y cubrió su cuerpo con aquel vestido nuevamente. Quería gritarle al mundo, al destino, quería gritarle a él que la estaba dañando más aun, quería hacerle daño, mucho daño…

─Ésta servirá ─ una voz metálica llegó hasta sus oídos, un olor a putrefacción inundó su nariz, levantó la vista y se dio de lleno con su enemigo: un vampiro alto y delgado de tez olivácea y ojos inyectados en sangre, la contemplaba con la boca ligeramente abierta.

Se apresuró a levantarse, pero el calor no llegaba a su cuerpo, sintió las piernas desfallecer.

─ Que hace una chica tan linda como tú en un lugar como éste… tan sola… ─ la voz del vampiro la hizo estremecer.

─Deja la charla Dimitri y terminemos con esto ─ la voz femenina llegó hasta sus oídos y buscó con su mirada la fuente de ésta. Y saliendo de entre la niebla estaba ella, con los ojos rojos llenos de desdén, ataviada en su larga túnica gris oscuro.

─ ¿No quieres jugar con ella primero Jane? ─ preguntó Dimitri. La vampiresa lo pensó un segundo, observando a Leah que comenzaba a colocarse tan pálida y fría como un tempano, aterrada de que su cuerpo no reaccionase, de que la maldita metamorfosis no viniese, acorralada contra un árbol por el vampiro de larga cabellera.

─Creo… ─ dijo Jane acercándose, sus ojos relampaguearon de triunfo al reconocerla ─ que Ésta es uno de esos perros.

─No me llames perro maldito ser aborrecible ─ al fin le había salido la voz, Jane no prestó atención a sus palabras.

─No podemos beber su sangre ─ sentenció Dimitri ─hay que llevárnosla.

─Pero si podemos enseñarle modales ─ dijo casi en un susurro imperioso la castaña y sus ojos centellaron, refulgiendo como fuego escarlata.

Todo comenzó a arder, se quemaba viva, el dolor trepaba por su cuerpo y su grito se ahogaba entre la fría risita de Jane.


NA: ¿Y qué tal les pareció? Luego de tanto tiempo, no sé dónde meterme para no sentir que les he fallado. No quiero que piensen que no me importa dejarlos esperando tanto tiempo por un capitulo, es sólo que las circunstancias de la vida no han dejado que continúe escribiendo. Espero me disculpen.

A ver si me dejan algún comentario aunque sea para insultarme por ser una mala, malísima persona, por dejarlos así.

Un beso a todo el mundo.

Alle.

(1)Kuyén esta palabra viene del mapudungun küyeṉ que significa Luna. no logré encontrar en internet la traducción de luna en Quileute, así que tuve que ocupar la que le da el pueblo Mapuche aquí en mi lindo país Chile. Les dejo un poquito de la leyenda de küyeṉ : "Luna, küyeṉ , es la elegida como la esposa preferida deAntu(Sol) Se dice que cuando la eligió como esposa, este hecho provocó la envidia del resto de estrellas, lo que terminó por provocar una guerra. Al final de la guerra, Antu castigó a los rebeldes, y a las estrellas les atenuó su brillo, por eso la luz más brillante de la noche es küyeṉ".

La luz más brillante para Sam era Leah.

PD: ruego disculpen cualquier falta ortográfica que se me haya pasado. :B