Hola de nuevo, con este capitulo comenzamos la historia, espero les agrade. Cualquier duda sobre personajes o situaciones que no se entiendan pueden decirlas en un comentario y yo trataré de responder lo más rápido que pueda.

¡Gracias por leer!


CAPITULO 1. CLASES.

Gran Bretaña, Londres. Año 2022.

Comienzan las clases después de casi un mes de vacaciones de Navidad. Esa temporada la pase con mis tíos Bill y Fleur, hermano y cuñada de mi papá, respectivamente. Viven en El Refugio en Shell Cottage.

No disfruté al principio pero llegada la cena y el intercambio de regalos como cada año lo hacíamos, fue un momento diferente y una dicha que hace tiempo no sentía con mi familia paterna se hizo presente. Como una gran calidez interior que comenzaba en mi pecho y avanzaba hasta cada punta de mis dedos, de mi cabello y mis pies.

Esa noche, recuerdo muy vagamente que soñé con una persona pero ese sueño no fue tan nítido, lo veía borroso, como una película mal grabada desde los cines muggles, algo así como ese dicho muggle, una película pirata.

Traté de recordar cuando me desperté al día siguiente y lo hago ahora tratando de descubrir quién o qué estaba en ese sueño tan extraño.

Estoy sentada en uno de los compartimientos del expreso de Hogwarts, mientras pienso en todo lo anterior. ¡Pero qué tonta he sido! No me he presentado aun. Mi nombre es Rose Jeane Weasley Granger, tengo dieciséis años aunque a finales de junio cumpliré los diecisiete y estoy cursando sexto año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería al igual que mis primos Albus Severus Potter, Fred Weasley, Lily Luna Potter, Molly y Lucy Weasley, James Potter y Roxanne Weasley.

Todos son pertenecientes a Gryffindor, con excepción de James, quien pertenece a Slytherin, la casa que odiaba desde antes de comenzar el colegio y ahora se ha vuelto todo un símbolo de la casa de Salazar Slytherin. Estudia el último curso y se está preparando para ser un auror, la casa que odiaba desde antes de comenzar el colegio y ahora se ha vuelto todo un símbolo de la casa de Salazar Slytherin. Yo, pertenezco a Ravenclaw, y estoy orgullosa de serlo, antes de mí, mi prima Victoire se encontraba en esta casa y debo decir que lo que me contó de la casa de las águilas es simplemente impresionante. Amo ser parte de Ravenclaw.

Albus, Molly y Lucy cursan al igual que yo sexto curso en la casa Gryffindor, mientras que Fred y Lily apenas van por el tercer curso también en Gryffindor. Roxanne comparte curso con James en Gryffindor también.

¿He dicho ya que en Junio cumplo los diecisiete? No quiero cumplirlos. Siento que me vuelvo vieja y no quiero sentir eso de nuevo. Recargó mi cabeza sobre la ventanilla del compartimiento, recuerdo los viejos tiempos. Los primeros años de mi educación mágica, a mis amigos que tuvieron que abandonar la escuela cuando cursábamos tercero, por razones que nadie supe explicarme.

Recuerdo a cada uno de ellos y no sé porque presiento que el haberlos recordado ahora, hará que estos meses de estudio sean diferentes. Ya quiero ver a mis amigos, aquellos que tuve después de la desaparición de ellos. No les hablé en vacaciones, solo les mandé unas tarjetas por navidad, tengo tantas cosas que contarles que no se si estos días serán suficientes para contarlo todo.

El tren llegó a la escuela con veinte minutos de anticipación al pueblo de Hogsmeade para que llegáramos puntuales a la cena. Busqué con la mirada a mis amigos, a Richard Nott, un chico de Slytherin de mi curso bastante agradable. De cabello castaño oscuro y ojos marrones y no pude distinguirlo entre tanta gente.

Faltaban veinte minutos, debía darme prisa. Me acerqué a mi mesa y coloqué mi barbilla sobre una de mis manos mientras esperaba que el alumnado entrara al comedor, sin percatarme de una gélida mirada que me seguía.

Esa era una de las ocasiones donde te quedas abstraído, pensando sobre cosas muy tuyas, una plática interna entre tú y tu conciencia, donde ella te contesta y tu le sigues el juego. Me quedé completamente perdida, por poco y no veo que los enanos de primer año habían llegado y formaban una sola fila para ser colocados en alguna casa.

Giré mi vista al frente como un relámpago algo cohibida por la anterior situación. Miré a mi alrededor para distinguir de nuevo, a mis amigos, que cada uno estaba en su respectiva mesa charlando tranquilamente con sus compañeros.

-Hola, ¿Te molesta que me siente aquí?-me preguntó un muchacho alto, delgado, de corto cabello castaño dorado peinado en picos, me recordaba vagamente a alguien, solo que no sabía a quién. Me señalaba el taburete que estaba a mi lado izquierdo.

-No, adelante-contesté sumida en mis pensamientos, di un respingo cuando la directora Mcgonagall comenzó a hablar.

-Quiero que reciban con bien a los alumnos de primer año y a los chicos que a partir de ahora se incorporaran a sus clases en sexto curso.

Esperen, ¿El chico que se encuentra a mi izquierda me está mirando? Esta sonriendo, ¿Qué acaso lo conozco de algún lado?

-¿Por qué tan sorprendida Rosie Jeanie?

No puede ser, solo había alguien que me llamaba así en tercer curso y ese era….

-¿Axel?-dije aun confundida.

-Yeah, vaya que te tardaste en reconocerme-contestó con una pizca de burla y sarcasmo agregados.

-Haz…cambiado bastante-dije entre tartamudeos.

El chico sonrió con una media sonrisa y adoptando una pose galante dijo-¿Tú crees?

-¿Te has visto en un espejo?-inquirí algo extrañada por su actitud.

-Todos los días y no veo nada interesante.

Muy bien, ahora si estaba ciego. ¿Qué no se daba cuenta de su gran cambio? De repente sentí una fuerte mirada sobre mí, fruncí el ceño. Era el primer día y ya estaban criticando, excelente, simplemente genial.

La fuerza de aquella mirada era tal que me cohibía, no quería mirar al culpable de que mis sentidos se alteraran, observé a Axel que le sonreía a alguien de manera burlona, él no era asi, al parecer las personas cambian con el tiempo.

Me harté de sentir esa mirada y giré hacia donde venia. Ahí estaba él, delgado, tal vez un poco mas alto que la última vez que lo vi, de cabello rubio platinado algo desordenado, unos mechones le caían por la frente dándole un toque rebelde; me miraba con una mezcla de alegría y extrañeza. Sentado en la mesa de Slytherin, de aquella casa en la que fue rey durante tres años, habiendo sido remplazado por mi primo, que solo lo hacía por compromiso hacia aquel chico.

No podía creerlo. Era Scorpius Malfoy, mi gran amor preadolescente; había tenido tantas cosas con él, peleas, discusiones, reconciliaciones pero también había un gran dolor y esa herida aun no sanaba.

Me gire rápidamente al sentir como mis ojos se aguaban, hice que mi largo cabello rojizo cayera hacia a un lado para impedir verlo de reojo. Sufrí demasiado cuando lo dejé de ver y él evitaba cualquier contacto con nuestra escuela, con Richard y conmigo que me decepcionaba y el dolor comenzaba a surgir.

Una de mis amigas se acercó a mi cuando fue dado por terminado el banquete, e hizo que el dolor mitigara pero el recuerdo ahí seguía.

Susana Mcmillan, mi amiga castaña dorada me dirigió una sonrisa elocuente haciéndome entender lo evidente: me seguía mirando.

Negué con la cabeza tratando de decirle que no dijera nada, se sentó a un lado de mí.

-Ni pienses que te voy a dar explicaciones-solté de tajo.

-Pero Jeanie, no te quita la mirada de encima-dijo ella curiosa.

-Aun así-contesté aun en mis trece.

-Ay, que amargada eres.

Puse los ojos en blanco tratando de olvidar el último comentario de mi amiga y salimos del Gran Comedor hasta la sala común de Ravenclaw. En la sala, todos mis compañeros Ravenclaw no hablaban más de la llegada de los nuevos, Axel y Scorpius.

Caray, son personas cualquiera, aunque no niego que Scorpius está más guapo que antes, no deja de ser molesto que estén en boca de todos.

Al día siguiente, tuvimos clase hasta las diez de la mañana, parece que a los maestros les cayó de mas las vacaciones. Fue en ese trayecto de tres horas, que descubrí que no solo eran Axel y Scorpius los que estaban en Hogwarts, también estaban Bastian, Eveline y Charleen.

Charleen Marshall seguía con su efusividad característica, lo cual me agradó, es una de mis mejores amigas ¿Qué puedo decir? Seguía con su cabello negro azabache, largo y lacio, delgada y alta. Pertenecía a Hufflepuff.

Eveline Sandler, igual con su cara de asco, su actitud arrogante, era la misma niña creída de hace tres años. Su cabello castaño rizado hasta el hombro seguía igual, solo que había engordado algo.

Bastian Rumsfeld, igual de alto, igual de delgado, la misma cara, y el mismo listón de los Chudley Cannons, su cabello negro ondulado lo tenía peinado en picos, al menos en eso cambió.

A los pocos minutos llegó Lorcan Scamander, reconocido Ravenclaw, compañero de curso y un gran amigo, se acercó corriendo con su pinta rebelde y desgarbada, más alto que antes, contento por ver viejos amigos, pero yo notaba algo raro, no sabía que era, pero se sentía en el aire, me asfixiaba.

Tuve que inventar una excusa para alejarme de ellos un momento y poder respirar tranquila. Me dirigía al baño mas cercano, me sentía mareada y con ganas de vomitar, en el camino me encontré con Richard y Roxanne, mi prima.

-Hola Rose-me dijo Richard como si le estuviera hablando a una niña chiquita y es que me consideraba como una hermana menor.

-Hola-dije ya sin voz, cosa que Richard y Roxanne se percataron.

-¿Qué pasa, estas bien?-me preguntaron ambos alarmados.

-Me siento algo mareada es todo-contesté agarrando mi frente con mi mano derecha recargándome en la pared del pasillo.

-Estas pálida-dijo Roxanne seria.

-Estoy bien, solo necesito respirar.

No debí haber dicho eso. Richard me cargó y me acostó sobre una fría banca de piedra del patio de Transformaciones, eso lo debieron de ver Axel, Scorpius, Eveline, Charleen, Bastian y Lorcan porque estuvieron a mi lado en cuestión de segundos.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

-Charleen, tranquilízate, estoy bien-dije tratando de incorporarme, pero todo me daba vueltas y me volví a acostar.

-No estás bien-dijo Eveline severamente.

Odio sentirme débil y Lorcan, Richard y Roxanne lo saben. Traté de pararme, en un principio lo logré, trastabillé, iba a caer de bruces al suelo.

Cerré los ojos pero nunca sentí el impacto. Abrí los ojos y aprecié como unos fuertes brazos me sostenían; alguien había detenido la caída.

Un perfume embriagador llenó mis fosas nasales, al instante supe quien era.

-Scorpius.

-¿Por qué mejor no te sientas?

Le hice caso pero me dolió el modo en el que habló. No era la voz de aquel niño de mi infancia y adolescencia; era la voz de un chico maduro pero se oía seria y sin sentimientos.

Ese no era Scorpius, en un tiempo diferente él era desinhibido, arrogante y chulo. Ahora parecía que todas esas cualidades habían cambiado en él. Observé con el rabillo del ojo como Scorpius se despedía de todos y se iba, ¿Por qué era así de distante? Algunas veces pensé que yo era la única que peleaba con la vida, sin embargo, ver esa reacción en él era completamente nuevo para mi.

Hundí mi cabeza sobre las rodillas, estaba confundida, asustada y alterada. Siempre había soñado con el momento de volverlo a ver y aclarar mis dudas pero nunca imaginé que sería de este modo.

Cuando levanté la cabeza estaba completamente sola sentada sobre esa banca de piedra dura, lo que me faltaba era eso, genial.

-Y el mismo cuento se repite-dije con un suspiro ahogado, esa situación se me hacia siempre insoportable.

Me levanté y comencé a caminar hacia mi primera clase del día con mochila al hombro, aun aturdida. Me dirigí hacia allá sin importarme quien se encontraba en mi camino, lo único que quería era gritar por mi suerte del día. Miré hacia el estadio de quidditch y encontré a Scorpius mirando hacia mí con una sonrisa burlona, se encontraba volando sobre su escoba, una Estrella Fugaz 98 con las ramitas y el palo en color gris. Me ajusté bien la mochila y caminé sin dirigirle una mirada.

-Rose, espera ven-me llamó, lo ignoré no estaba de humor.

-¡ROSE!-me gritó, me giré escandalizada hacia él que sobrevolaba a unos pasos de mi.

-¿Qué no tienes otra cosa que hacer?

-No, es solo que me divierte molestarte es todo-dijo riendo y bajando de su escoba.

Fue la gota que derramó el vaso.

-Mira, Scorpius Hyperion Malfoy Greengrass, no soy tu juguete, así que búscate a otra para tu diversión-dije enfrentándome a él, estábamos frente a frente, era dos cabezas, casi tres mas alto que yo, pero aun así nos veíamos fijamente uno al otro.

Me sorprendí al ver que sus ojos tenían un color negro oscuro como la noche, nunca había visto unos ojos así y me asustaba, además me sentía nerviosa, no era la primera vez que lo enfrentaba pero su forma de mirarme era diferente a la de años atrás.

¿Qué debía hacer? ¿Correr y huir como una cobarde o seguir enfrentándolo?

No me decidí por ninguna, aun así tenia los nervios a flor de piel, me sonreía de manera burlona mostrando su reluciente sonrisa, no me iba a dejar ir tan fácil y yo no me daría por vencida.

Él iba a hablar pero yo lo interrumpí.

-¿Usas lentes de contacto?-observé como la pregunta lo descolocó y se me quedó viendo como si estuviera loca.

Inventos muggles contra magos sangre limpia, salen perdiendo, debía recordar eso.

-Por supuesto que no ¿Por qué dices eso?

-Tus ojos…. Tu forma de mirarme…me aterra-dije sintiendo un leve escalofrío que Scorpius notó.

-¿En serio? No eres la primera que me lo dice.

Tiene otra. Pensé sintiendo un agudo dolor en el pecho, al menos me hacia una idea cuando estaba sola, pero tener la verdad de frente es difícil aceptarlo y sobre todo a mí.

-Que bien-dije en un hilo de voz.

-Ey, ¿Te pasa algo?

-Nada, estoy bien-dije sin verlo a los ojos.

-¿Segura? Si quieres te acompaño a tu próxima clase…

¿En verdad esta preocupándose por mi? Solo quiere que no me pase nada y luego le eche la culpa por ser la última persona que vi en un radio de diez metros cerca al salón de encantamientos.

-No hace falta-dije con una sonrisa.

-No sé a cuantos has engañado así, pero conmigo eso no funciona Rose-habló con voz seria.

Escuché las voces de Axel, Bastián, Eveline y Charleen que se acercaban hacia donde nos encontrábamos. Hacia un poco de calor aquel dia y eso que nos encontrábamos en pleno enero. Merlín sabe cuánto odio estos días y como si hubiera escuchado mis plegarias, el cielo se nubló y el aire comenzó a soltarse.

Las miradas de los cuatro se posaron en mi persona en un segundo. Al instante, Scorpius se acercó a mí y se colocó a un lado. Su mirada estaba llena de advertencia pero no hacia a mi, era a aquellos cuatro.

Scorpius me tomó de la mano, estaba helada, su mano parecía hielo, lo miré anonadada y sorprendida.

-Vete ya, Rose-dijo sin mirarme y me soltó.

Lo obedecí y me fui corriendo hacia el salón de encantamientos. No sé porque me dijo que me fuera, solo eran mis compañeros de escuela ¿no? Aunque su mirada de advertencia me hizo ver las cosas con más claridad.

Creo que algo ocultan, solo que no se que es. Cuando estoy con ellos, tengo una extraña sensación, me siento confundida, recelosa, vulnerable. No entiendo que es lo que sucede.

¿Qué está pasando? ¿Qué ocultan?

Un papelito saltó a mis manos en plena clase teórica de encantamientos, lo abrí y me encontré con la letra de Susana.

"Necesitamos hablar" decía lo que había escrito Susana, la miré y con un gesto de la mano donde sostenía su pluma, me indicó que escribiera, así lo hice.

"¿Qué sucede?

"Rose, aléjate de Malfoy y Wells" esa letra era de Richard sin duda alguna, ¿Por qué me decía eso? Esperaba cualquier cosa menos eso.

"¿Por qué? ¿Qué hicieron Axel y Scorpius?

"No es lo que hicieron, sino lo que son" escribió Richard de vuelta, miré el pergamino con extrañeza, no entendía a donde querían llegar.

"No están hablando en serio"

"Es la verdad Rose, aléjate"

-Richard, necesito una respuesta coherente" ahí voy yo y mi sabiduría de Ravenclaw, necesitaba saber porque decían eso, eran de mis amigos de quienes estábamos hablando, después de todo.

"No te va a gustar nada lo que vamos a decirte. Rose, ellos no son humanos, se siente en el aire que no son humanos".

"¿Ah no? ¿Entonces que son según tú?"

"Vampiros".