Sé que no tengo perdón al dejar la historia, pero no me había dado cuenta de que este fic formaba parte de una comunidad de Rosepius, y debo dar las gracias a quien tomó en cuenta esta historia para esa comunidad, eso fue lo que me hizo seguir con este fic que, aunque no tenga reviews, doy las gracias a los lectores y lectoras que se pasan por aquí, de antemano muchas gracias.

Espero que este capítulo les guste.


CAPITULO 2. BLANCO Y NEGRO.

Habían pasado dos semanas después de mi charla si así podía llamársele a escribir en un pedazo de pergamino viejo, amarillento y arrugado, mientras te encuentras en medio de la clase de Encantamientos del Profesor Flitwick, un hombrecito de barba blanca y con un poco de pelo crespo y canoso que hablaba con una voz chillona; con Richard y Susana, donde me hablaban de su descubrimiento, por decirlo de alguna manera.

Solté una carcajada en plena clase cuando leí lo que ponían en el pergamino; me sonrojé de sobremanera cuando Flitwick me llamó la atención. Todos mis compañeros de clase me miraban con asombro y otros más con la burla dibujada en sus rostros.

Debían de pensar que era algo extraño verme así puesto que nunca solía reír de esa manera ni tampoco sonreía muy a menudo. Solo unos cuantos, por no decir mis primos y amigos más cercanos son los que realmente pueden decir que sonrío y me río de sus tontos juegos y de las tonterías que platican. Solo ellos por ser mi familia.

Me carcajeé porque no podía ser posible que Axel y Scorpius sean vampiros.

Era un simple mito, un mito que desde la época antigua ha existido y que, gracias a mi conocimiento del mundo muggle gracias a mi madre y abuelos, podía decir que las empresas cinematográficas habían comercializado. He visto tantas películas acerca de vampiros que hasta me he vuelto incrédula.

Además en el mundo mágico no es muy común toparte con un vampiro, según creo, viven alejados de los magos para evitar confrontaciones pero no estoy del todo segura.

No pueden ser vampiros, si lo fueran, ¿Por qué salen a la luz del sol si este les quema? Es algo imposible al menos para mí. Y si esa fuera una de las razones por las cuales dejaron Hogwarts, no tiene lógica alguna.

Richard y Susana no han vuelto a tocar el tema conmigo, estoy segura de que están buscando una manera de que yo lo descubra, pero no tengo tiempo para eso. He notado sus miradas de advertencia y de furia cuando estoy con Axel y Scorpius o con Bastián y algunas de las muchachas, sobre todo cuando estoy con Scorpius.

En la última semana, la relación varada de compañeros-amigos con Axel y Scorpius ha dado un giro de 360 grados. Les hablaba más que a mis propios amigos y eso sirvió para que me mantuvieran vigilada, más de lo que ya lo hacían. Y esto, de una u otra manera, comenzaba a enfadarme.

-¿Por qué tus raros amigos nos ven tanto?-me preguntó Axel en el desayuno de aquel día mientras nos sentábamos en la mesa de Ravenclaw teniendo de frente la mesa de los leones desde donde Roxanne nos observaba fijamente.

A los pocos minutos se nos unió Scorpius tomando asiento a mi lado izquierdo, estaba impecablemente vestido con su uniforme de Slytherin y su cabello revuelto cayendo de forma rebelde sobre su frente.

-Están algo paranoicos-le contesté a Axel con algo de burla y sarcasmo mientras observaba a Roxanne que no nos quitaba la mirada de encima y para tranquilizarla, sonreí en su dirección, eso pareció dejarla más tranquila por ahora.

-¿Siempre son así?-dijo Scorpius enarcando una ceja. Había escuchado toda la conversación y se unió a la plática que mantenía con Axel momentos antes de su llegada.

Me quedé callada tratando de formular una respuesta coherente a la pregunta de Scorpius, tomé un poco de jugo de calabaza antes de contestar-Solo con las personas que no les caen bien o les da mala espina-dije con simpleza.

No se me había ocurrido mentir pero en ese aspecto no era una mentira, era la pura verdad.

Suspiré aliviada, no se si podía darles detalle alguno acerca de lo que mi mejor amigo y mi prima pensaban de ellos, porque de algún modo eso también me afectaba a mí, además si los conocían. Era Scorpius Malfoy, hijo de un mortifago redimido gracias a que mi tío Harry Potter, intercedió por Draco Malfoy, padre de Scorpius, ante el Ministerio de Magia, era el rey de la casa de Slytherin o al menos lo fue hasta tercer curso que fue cuando desapareció.

Un alumno adinerado, caprichoso y arrogante que tenia lo que quería cuándo y cómo quería y muchos estudiantes de todas las casas, hombres y mujeres babeaban el suelo por el que caminaba. Era un Malfoy y no les caía nada bien a mis primos ni a mis amigos con excepción de James, quién está en la misma casa y es capitán del equipo de quidditch de Slytherin, y la otra excepción era yo, claro, por razones obvias.

Y era Axel Wells, compañero de casa, mi amigo incondicional, mi compañero de travesuras, la mano derecha de Scorpius, inteligente y astuto. Un excelente estudiante que se ganaba algunos castigos por meterse en peleas clandestinas con Lorcan Scamander que era más revoltoso que su hermano Lysander también de Ravenclaw.

No sabía que tan bien o mal les caía Axel, porque siempre los escuchaba hablando mal de Scorpius, sólo de él, ya le traían manía. Y si, eso me afectaba a mí, yo no quería perder a mis viejos amigos y compañeros de escuela.

En cada clase me sentaba sola, hasta el fondo del salón, todos me evitaban, es decir, no todos me evitaban, porque el simple hecho de utilizar la palabra todos sería generalizar y no es esa la cuestión, solo que me sentía un poco sola porque mis amigos ya no estaban conmigo porque, seamos honestos, no es lo mismo tener a la familia en la misma escuela y que estudien lo mismo que tú y que te los encuentres cada vez que pasas por un pasillo o das unas cuantas rondas por el castillo o los terrenos.

La familia Weasley es grande, el colegio verá algunas cabezas pelirrojas andar por sus pasillos durante unos cuantos años más, ya tuvo entre sus paredes a Ted Remus Lupin y a mi prima Victoire Weasley, así como sus hermanos Dominique y Louis, y ahora quedábamos nosotros y algunos amigos de la familia. No es que no quiera tener a mis primos y a mi hermano en el colegio cerca de mí, al contrario, me alegraba sólo que necesitaba a mis amigos, aquellos que no formaban parte de mi familia, con los que podía desahogarme con tranquilidad y sin temor de hacerles daño con alguno de mis comentarios.

Ya me había acostumbrado a las burlas o a que no me hicieran caso, sólo porque no igualo a mi madre en inteligencia cómo cuando estuvo en Hogwarts, o porque me daban nervios estar en un partido de quidditch sobre mi escoba y jugar para el equipo de mi casa; en ese aspecto me parecía un poco a mi padre pero con el tiempo, hasta Ronald Weasley mejoró en quidditch y aumentó su confianza. En cambio yo, era un desastre.

Trataba de ignorar lo que me había pasado en mi primer año de colegio porque se burlaban de mi cabello rojo explosivo y las pecas que adornaban mi rostro y bueno, no era tan esbelta como muchas chicas de mi edad o como algunas de mis primas, estaba algo pasada de peso en ese momento, ahora estoy tan delgada como un palo de escoba, literalmente hablando, solo me hacia falta crecer algunos centímetros.

Ignoraba todo, pero como siempre, exploté. Me acerqué a un Hufflepuff de mi curso llamado Brian Adams y le solté tremenda cachetada por hablar de mí a mis espaldas, ya había pasado antes y se lo dejé pasar pero ahora…

Estaba segura de que el golpe que le había dado a mi compañero se había escuchado por todo el pasillo, pero ¿Qué se creía? Me caía bastante mal este muchacho, no me importó que toda la clase de Transformaciones me observara, por suerte no había llegado aún el profesor Lupin. Si, Teddy Lupin era nuestro maestro de Transformaciones desde que la profesora Mcgonagall había decidido que llevar las riendas del colegio y dar clases era muy pesado para ella y por lo que sé, le preguntó a Teddy que siempre fue bueno en materia de transformar objetos o personas como diversión, y él aceptó con mucho gusto.

Según mi madre, es el segundo Lupin que pisa Hogwarts como profesor, creo que cuando dice eso se refiere al padre de Teddy, Remus Lupin, que le dio clases a mis padres y al tío Harry durante su tercer año. La verdad daba gracias a Merlín que Teddy no me hubiera visto en uno de mis arranques, no aguantaría la vergüenza y la pena que me daría si él llegara a verme en ese estado.

Salí enojada del salón, echaba humo, sentía que alguien me seguía pero no quise ni voltear a ver quien era. Lo que ellos pensaran de mí no me importaba ya, estaba harta y me puse histérica.

Jalé mi cabello que se encontraba suelto, hasta que me dolió. Estaba a punto de pegarle a la pared del solitario pasillo, pero unas manos delgadas, blanquecinas y frías detuvieron el acto tonto, torpe y estúpido que estaba a punto de hacer.

¿Cómo era posible que cosas y comentarios tan insignificantes para mí, me hicieran tanto daño? ¿Por qué permitía que todo aquello dominara mi ira, mi frustración y mi coraje sacando lo peor de mi misma llevándome directa a un pozo sin fondo del que no podría salir sola? Está bien, aceptaba que no era tan brillante como mi madre, ni tan buena en el quidditch como todos en mi familia, tan sólo era yo, una muchacha de dieciséis años que buscaba su motivo para seguir viviendo.

No era la señorita Weasley perfecta, yo no podía ser Hermione Granger en sus años de estudiante, no podría igualar a mi madre porque mi intelecto aunque hubiera heredado la inteligencia de ella, era un poco menor que el de mi propia madre y desde que llegué al colegio viví estigmatizada con la figura de Hermione Granger, la bruja más brillante que había pisado Hogwarts. Esperaban cosas de mí que no podía dar, mis notas no eran malas, pero no podía luchar contra las comparaciones que hacían los profesores en cuanto a mi madre y a mí.

-No cometas una estupidez de la que después te vayas a arrepentir-me dijo una voz grave y serena a la vez, que conocía muy bien.

-¡Déjame en paz!-repliqué con un gruñido bajo sin mirar a quien me había detenido de hacer una barbaridad.

-Tranquilízate Rose, dejaste a todos sorprendidos. No puedes regresar al salón hasta que estés tranquila, podrías matar a Brian-dijo esa voz mientras agarraba fuertemente mi brazo que estaba dispuesta a soltar puñetazos contra la pared.

-Lorcan, déjame en paz-dije separando las palabras lentamente al tiempo que me soltaba de su agarre con fuerza.

-Tranquila-dijo Lorcan mientras forcejaba en contra mía.

Quería estar sola, quería enfrentarme a esos sentimientos que brotaban en mí de manera que no podía controlarlos. Cuando era una niña nunca me había pasado, tenía mis emociones en orden, todo estaba tranquilo dentro de mí y todo se descontroló desde mi tercer año y no tenía ni una respuesta para eso, parecía una poción burbujeante sobre un caldero, pero que en cualquier momento iba a explotar. Mis sentimientos eran una bomba de tiempo y no sabía cómo detenerla.

Seguía forcejeando con Lorcan hasta que una voz grave y pausada nos sacó de nuestra pelea.

-Basta ya ambos-era la voz de Bastían. No es que no me agrade verlo pero, ¿Qué hacía allí?

Miré por encima de su hombro y atrás de él se encontraba Axel con la túnica de Ravenclaw a medio poner y su cabello desordenado; Charleen con su cabello largo agarrado en una media coleta, Eveline con su cabello rizado y el uniforme bien colocado y Scorpius que se acercaba lentamente hacia nosotros con su andar elegante y aristocrático propio de una familia aristócrata de sangre limpia, haciendo ondear su capa de Slytherin gracias al viento y a su caminar.

Me solté bruscamente de Lorcan y poco a poco comencé a resbalar por la pared con la espalda pegada a la roca hasta que mis piernas tocaron el frio suelo y caer sentada. Quería estar sola y ellos no lo entendían. Comencé a llorar en silencio y después solté leves hipidos, odiaba sentirme así, débil.

Alguien se sentó a mi lado y me pasó un brazo por los hombros y no pude evitar sentir de nuevo ese perfume tan característico de una persona a quien amaba por sobre todas las cosas. Menta, el olor que mi cerebro había guardado automáticamente como recuerdo de él cuando se había ido junto a mis mejores amigos.

Lo abracé con fuerza soltándome a llorar, ya no sabía si por lo que había pasado momentos antes o porque ahora él estaba a mi lado, como un amigo consolándome y dejando que me desahogará y sacara de mí todo aquello que me había guardado por años, desde el momento de su partida. Me correspondió el abrazo de la misma manera, con fuerza, tratando de que me tranquilizara, acariciaba mi cabello con sus manos y me daba suaves besos en el cabello que me daban escalofríos.

Entonces sentí algo distinto, que no había sentido antes, me imaginé que era porque no lo había abrazado así desde que llegó de nuevo al colegio. Su cuerpo se sentía duro y rígido como una piedra pero, eso no me importó he de ser sincera, así que lo seguí abrazando como si la vida se me fuera en ello.

Creí que él me quería, que sentía algo por mí, que los recuerdos que nos unían a los dos aún seguían ahí y él los recordaba tanto como yo, sentí como algo se rompía dentro de mi ser en miles de pedazos, sabía que recordarlo me dolía, sin embargo, Scorpius estaba ahí abrazándome, eso al menos me confortaba pero el dolor y la angustia seguían dentro de mí haciéndome daño. O creo que eso quería pensar, tener un rayo de esperanza que había regresado cuando regresó al colegio junto a todos mis mejores amigos después de largos años de ausencia.

A veces me encontraba pensando en mis amigos como los culpables de todo lo que me había pasado, de que mis sentimientos le ganaran a la razón, era impulsiva, actuaba sin pensar y me dejaba llevar como una inmadura, lo que no debía ser ya que mi casa era la de los inteligentes y racionales Ravenclaw. Los culpaba a ellos porque desde su partida sentí que había perdido todo, mis amigos en los que confiaría mi vida, me habían dejado sola y me preocupaba el hecho de que hubieran dejado el colegio casi al mismo tiempo y durante el mismo ciclo escolar.

Y ahora regresaban como si nada hubiera pasado, como si esos años de ausencia nunca hubieran sucedido y esa actitud me confundía y solo me ponía más nerviosa de lo que ya estaba. No sabían lo que significaba al menos para mi, el tener que enfrentarte año tras año a la sombra que tu propia madre había dejado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechiceria, el tener que esforzarme lo doble por lograr ser como ella o al menos tratar de alcanzar lo que ella hizo apenas pisó el colegio.

Mi vida se había centrado tan sólo en eso, y lo único que pensaba era eso, durante toda su ausencia. Pero me daba cuenta de que ellos no tenían la culpa de nada, solo eran los roles que nos había tocado jugar a cada uno y este era mi rol, lo que debía vivir y asumir. No es que por la ausencia de mis amigos se fuera a acabar el mundo, así que tuve nuevos amigos que, si bien estaban ahí cuando los necesitaba, eran familia o amigos de la familia y no podía contarles lo que pensaba por miedo a que contaran mis secretos.

Impulsiva y desconfiada, así era yo, Rose Jeane Weasley.

No supe cuanto tiempo estuvimos abrazados, entre sus brazos me sentía tranquila, segura, me sentía querida pero él ya no sonreía y eso me entristecía, bueno, no me sonreía a mí.

No voy a negarlo, soñaba con él algunas veces apenas podía observar su mirada, sus ojos grises mirándome fijamente. Traté de olvidarlo pero nunca había podido, estaba viva, claro, si estar muerta en vida es estar viva, literalmente. Solo luchaba por volverlo a ver, se había vuelto mi impulso a la vida y era extraño decirlo ahora porque cuando me empeñaba en olvidarlo, esos días que lo intentaba, no podía evitar el sentirme melancólica y ya no quería sentirme así y ahora, ironía de la vida, estaba junto a mí sentía que todo estaba bien porque Scorpius estaba a mi lado.

¿Cuánto daño le hice a mi familia, a mis tíos y a mis primos por estar sufriendo ante la ausencia de un amor imposible de una adolescente como yo? Recordaba cada una de las miradas llenas de tristeza de mis padres al verme sumida en una depresión que sabían sólo tenía una cura con nombre y apellido pero por más que buscaron nunca dieron con él, por más que amenazaron a su padre nunca supieron de él. Las miradas de mis tíos eran tristes por mi situación, sabían que mis amigos habían salido del colegio pero no sabían sobre mis sentimientos, mis primos tenían miradas llenas de rabia y furia, nunca había sido una chica triste, siempre reía, pero cuando ellos se fueron, todo cambió. Yo cambié.

Me tranquilicé y poco a poco me iba soltando de su abrazo ya con la mente más clara, quería decirle que esto no tenía nada que ver con lo que pasamos, con nuestro pasado, que fue solo un momento de debilidad de mi parte, quería hacerle ver que no dependía de él que seguía siendo la chica fuerte que conoció…

¿Para qué me engañaba? Me sirvió de mucho su compañía, lo necesitaba y creo que él también. Nunca me soltó y se lo agradecí en silencio.

Extraño. Podíamos entendernos con tan solo una mirada, cuando comenzamos el colegio, los primeros tres años podíamos saber lo que pensaba el otro y eso siempre me sorprendía y este momento era uno de esos.

-¿Estás bien?-me preguntó Scorpius cuando nos separamos.

-Un poco decepcionada, pero bien-contesté con voz agitada al tiempo que pasaba mis manos por mis ojos para quitar todo rastro de lágrimas.

-¿Siempre tan orgullosa, no?-dijo riendo, lo miré sorprendida era la primera vez que lo escuchaba con la actitud de antes, me sonreía y me desarmó por completo cuando posé mis ojos sobre sus ojos grises.

Asentí con la cabeza-Nadie me quita el poco orgullo que me queda-dije con arrogancia, ¿Hace cuanto tiempo que no hablaba así? Sin duda ese chico me hace mal, de repente me sentí viva de nuevo, como si hubiera tomado una poción revitalizante. Una onda de calor me inundó el cuerpo haciendo que sonriera como no lo había hecho.

Scorpius se giró para mirarme con una ceja enarcada, un gesto típico de él y yo tan solo me encogí de hombros ahogando una risa.

-¡Rose Jeane!

Escuché que alguien gritaba mi nombre, miré a los lados y al frente del pasillo donde estábamos y mis ojos se encontraron con Richard y Susana que corrian hacia nosotros desde el salón de Transformaciones, se pararon frente a mí con la respiración agitada y colocando sus manos sobre sus rodillas para tranquilizar su respiración después de la carrera que habían dado.

-Hola-les saludé sin dejar de mirar lo cansados que estaban-¿Pasa algo?

-Nos dieron un aviso-dijo Richard o al menos eso trataba gracias a que no podía respirar del todo bien.

-¿Qué aviso?-les pregunté enarcando una ceja, a mi lado, observé de reojo como Scorpius se cruzaba de brazos y se recargaba en la pared.

Si Richard y Susana estaban ahí, eso significaba que la clase de Transformaciones había finalizado hace unos minutos. Entonces tendría una falta, una mancha a mi expediente limpio.

-Va a ver un torneo de quidditch especial-dijo Susana Mcmillan respirando normalmente o tratando de hacerlo.

-¿Torneo de quidditch especial?-preguntó Scorpius con voz dura desde donde estaba-¿Por qué?

Enarqué ambas cejas al escucharlo hablar, con los demás hablaba muy cortes y con los compañeros de la escuela era más bien frio y duro.

-Porque quién lo gane, tendrá un viaje gratis a cualquier parte de Europa, es por años, el año que gané es quien irá a ese viaje, no importa la casa a la que pertenezcan-contestó Richard rápidamente.

-¿Cuándo?-volvió a preguntar Scorpius de forma dura a mis dos amigos.

-Empieza en febrero-dijo Susana mirando primero a Scorpius y después a mí, su mirada era de una confusión total, no entendía que hacia sola con Scorpius en el pasillo.

Si, se me había olvidado ese detalle. Cuando me separé de Scorpius me di cuenta de que no estaba nadie con nosotros, nos habían dejado solos, traté de sonreír ante eso pero me contuve ante Richard y Susana, no quería que sospecharan nada de lo que no era.

-Eso no es todo-dijo Richard ya recuperado y respirando normalmente-Habrá una excursión.

-¿Una excursión?-pregunté con sorpresa, no era normal que el colegio hiciera ese tipo de cosas.

-Así es, será en el Bosque de Dean, como parte de una práctica de Defensa-contestó Richard a mi pregunta con una sonrisa contenta y traviesa.

-¿Mcgonagall lo avaló?-pregunté aún sorprendida-¿Qué le dieron a la Directora para convencerla de realizar una excursión?

-La excursión no la planeó Mcgonagall-dijo Richard nervioso.

-¿Entonces quien?-pregunté confundida, esas eran dos noticias que no eran muy esperadas dentro del colegio.

-Los cursos de sexto de las cuatro casas con permiso de Mcgonagall, nos llevará Teddy Lupin como responsable-dijo Susana intercediendo por Richard que estaba frotándose las manos con nerviosismo ante tantas preguntas que estábamos realizando.

-¿Quién la organizó?-pregunté dándole vueltas al asunto en mi cabeza ganándome una mirada de reproche por parte de Richard por tantas preguntas.

No había estado en el momento que dieron el anuncio, así que por eso debía preguntar para estar segura de todo, ¿Quién me mandaba a faltar a clases? Ya recordé, las palabras que decían de mí a mis espaldas y que odiaba que me hicieran daño y actuar como lo había hecho antes de la clase, pensé enfurruñada, ya vale, me enojé conmigo misma al no haber impedido mis impulsos más primitivos que usaba como un mecanismo de defensa.

-Alice y Rachel, dice Rachel que conoce muy bien el lugar-dijo Susana con seriedad lanzando una mirada furtiva a Scorpius a mi espalda.

-¿Qué va a pasar con las clases?-pregunté preocupada pues me importaba que mis calificaciones no bajaran con esa excursión que mis compañeros de curso habían organizado, escuché un bufido a mi espalda, supuse que sería Scorpius y miré a Susana que había rodado los ojos ante mi pregunta y Richard había sonreído de medio lado negando con la cabeza.

-Me parece Rosie, que nos las suspendieron, porque como te dije, irán los cuatro cursos de sexto de las cuatro casas-dijo Susana con burla y una sonrisa sarcástica que me hizo soltar un bufido.

Di una cabezada dándole a entender a Susana que había entendido y entonces pasó algo que no sé cómo explicar, pasó tan rápido…

Scorpius se colocó a un lado de mí y me tomó por una de mis manos recordándome sus etapas como buscador en el equipo de quidditch de Slytherin, medio segundo después Richard Nott lo sostenía del cuello de la túnica estampándolo contra la pared donde Scorpius había estado antes.

Me alejé de ellos completamente asustada y me abracé a Susana quien observaba todo sin pestañear, un rayo de luz nos dio en la cara haciendo que ambas nos reflejáramos en el vidrio de uno de los cuadros del pasillo, en un acto instintivo miré hacia el vidrio del cuadro donde el reflejo de Susana junto al mío aun se observaba y pude ver también el reflejo de Richard en el vidrio que sostenía un cuerpo que no se reflejaba en el vidrio, pensé que se debía a que la luz del sol no había llegado hasta Scorpius, sino hasta nosotros tres.

Una ola de aire hizo que volviera la mirada hacia la escena que estaba enfrente de mí y observé con sorpresa como Axel y Bastián trataban de separar a Richard y Scorpius, entonces se escuchó la voz chillona de Eveline sacándome de la sorpresa y junto con su llegada, el rayo de sol que nos había reflejado en el vidrio había desaparecido volviendo al clima nublado común en esos tiempos de frio.

-¡Suéltalo, Richard! ¡Déjalo!-chilló Eveline desesperada.

No podían separarlos, Scorpius no hacía nada por defenderse y eso me dejó sorprendida, solo me fijé en como el chico de ojos grises se dedicaba a mirar fijamente a su agresor directo a los ojos. Richard estaba rojo de coraje y miraba a Scorpius con ganas de matarlo.

Mi mirada pasaba de Axel y Bastián a Charleen y Eveline, de ellas a Scorpius y Richard y por último a Susana y a mí. ¿Sería verdad que…? ¿Serian en realidad vampiros? Muchas preguntas comenzaron a meterse en mi cabeza y no tenían respuesta por ahora. ¿De dónde habían salido tan rápido Axel y Bastián y Charleen y Eveline? ¿Por qué habían aparecido justo en ese momento?

Con una fuerza que no sé de donde la obtuvo, Bastián separó a Richard, lo levantó levemente del piso y lo lanzó a un costado de Susana y de mí. Richard se levantó con enojo y se acomodó bien su túnica y jersey de color verde con plateado mientras miraba con odio a Scorpius y a los muchachos que teníamos enfrente.

Malfoy observaba todo con aparente calma pero podría apostar a que por dentro estaba hecho una fiera. Respiró hondo y se fue junto a los otros cuatro sin dirigirme una palabra ni una mirada, de hecho ninguno lo hizo.

Abrí la boca asombrada, hace un momento estaba en el paraíso y ahora… ¿Ahora que? Tenia que encarar a Richard, no era justo que cada vez que se le antojara se peleara con Scorpius.

-¿Y ahora a ti, que te pasa?-le dije encarándolo con una mirada furiosa.

-Estoy tratando de protegerte-me dijo de forma serena y mirándome con seriedad.

Coloqué mis manos en mi cintura, en una postura que me recordaba a la abuela Weasley y le grité iracunda-¡Protegerme! ¿Protegerme de qué según tú?

-Te lo dijimos hace dos semanas-dijo Richard con seriedad mientras Susana escuchaba sin entender nada-No nos quisiste creer, por lo que debemos tomar nuestras precauciones-terminó de hablar con la voz impregnada de frialdad y un semblante calculador.

Rodé los ojos exasperada-¿Otra vez con eso?-le espeté enojada sin mirarlo.

-¡Aunque no te guste, sí!-soltó Richard de golpe haciendo que me callara y me quedé perpleja ante su reacción-Rose, créeme son vampiros.

-Richard, eso es imposible, los conozco desde que iniciamos Hogwarts, además no hay vampiros en el mundo mágico y si los hay están extintos y en el mundo muggle son un mito-dije con enojo y con terquedad, ¡Cómo si no supiera nada de los vampiros! Los vampiros del mundo mágico mantenían algunas semejanzas con los que se hablaba en el mundo muggle, pero en el mundo mágico, no había vampiros, estaba en duda su existencia-¡Sólo son un simple mito!-dije casi gritando.

-¿Hace cuanto que dejaste de verlos y supiste algo de ellos?-preguntó Richard insistiendo con el tema que comenzaba a exasperarme.

-Casi tres años, ¿Por qué?-le contesté confundida y desesperada.

Richard me miró con tristeza y confusión para después hablarme con un tono solemne-Hace un año se confirmó la muerte de Charleen Marshall en el condado de Kent con quince años, medio año después se confirmó la muerte de Bastián Rumsfeld del condado de Hampshire, dos meses después fue la de Eveline Sandler que vivía en Manchester y hace tres meses la de Axel Wells y Scorpius Malfoy en el condado de Wiltshire.

Escuché atenta todo lo que mi amigo decía, no podía ser cierto. La prueba de su falsa muerte estaba ante mis ojos, yo los conocía, yo los vi, los veo, no estaban muertos.

No es cierto, pensé y me fui corriendo al salón de Transformaciones por mi mochila que se habían olvidado esos dos, ya era hora del almuerzo. Cuando entré me encontré con un anuncio en la pizarra diciendo que el dia de mañana no tendríamos clase por la excursión y como si hubiera esperado a que solo yo mirara el letrero, este se borró completamente y salí del salón con mis cosas colgando del hombro izquierdo.

No me topé con nadie mientras salía como un relámpago del salón y dirigí mis pasos hacia la sala común de Ravenclaw, dándole vueltas en mi cabeza a lo que me habían dicho y lo que había presenciado hace unos minutos.

Seguía diciéndome que nada de eso era cierto, que era un plan que habían puesto a funcionar en mi contra. Llegué a la entrada de la sala común, frente a la estatua de una bruja y escuché el acertijo que era la contraseña para entrar.

-¿Qué es lo que aun no ha sido, que debe ser, pero cuando lo sea ya no lo será?-habló la estatua con voz fría.

-El día de mañana-contesté rodando los ojos, esa era la misma pregunta que me realizaba todos los años, quizá porque cuando cambiaban la contraseña aparecía yo.

Entré a la sala común, una estancia de gran tamaño de forma circular, rodeada por grandes ventanales que te daban una linda vista hacia el Lago Negro, del lado izquierdo encontrabas unas bonitas mesas de madera de roble donde los estudiantes se sentaban a realizar los deberes, una chimenea de forma rectangular colocada al lado derecho le daba a la torre un aire cálido y confortable sobre todo en aquellos días del mes de Enero, unos sillones de color azul oscuro colocados estratégicamente frente a la chimenea y unos cuantos frente a las ventanas.

Miré a mi alrededor y encontré a Lysander Scamander platicando animadamente con Salvador Roosevelt. Lysander era un chico de cabello rubio despeinado y de ojos azul oscuro con un aire soñador muy parecido al de su madre, Luna Lovegood. Lysander iba en mi mismo curso y por un tiempo, fue un gran amigo de Axel Wells antes de que decidiera desaparecer de la faz de la tierra. Cuando miraba a Lysander me recordaba mucho a Scorpius, ambos rubios con la diferencia de que uno era de ojos azules y el otro los tenia grises.

Si era verdad que Scorpius fuera un vampiro, ¿Eso me importaría? No, creo que no, me enamoré de él por su forma de ser y tal vez físicamente había algo. Me habían inculcado que el amor era incondicional y que se debe confiar plenamente en el otro, pero eso, ¿De qué me serviría ahora?

Me acerqué a uno de los ventanales y me dejé caer en uno de los sillones y miré el lago y a las personas que paseaban cerca de él o descansaban en los verdes pastizales de los terrenos del colegio.

No me importaba si fuera un vampiro, al fin y al cabo, lo amaba por quien era no por lo que sea, humano o vampiro. Suspiré amargamente mientras mis cavilaciones seguían.

Axel era mi amigo, no me importaba tampoco que fuera un vampiro, así lo quise, así lo quería. ¿Qué había de diferencia? Nada podía ser humano o vampiro, me daba igual.

Charleen… era mi mejor amiga, claro que no me importaba si es vampiro o no, es ella, la que confió en mi por primera vez, quien me brindó su amistad incondicional, ¿Quién era yo para juzgar?

Un leve silbido cerca de mi hizo que me saliera de mis pensamientos comenzando a buscar a la persona que había silbado y me sorprendí al ver de quien se trataba: Lysander.

Le indiqué con una seña que se acercara, se sentó en el sillón a mi lado, lo miré con extrañeza y comenzó a hablar de forma muy misteriosa, como si supiera algo.

-Nunca dejó de pensarte, siempre hablaba de ti. Si se alejó fue para no hacerte daño, pero a él le dolió mucho más que a ti, parecía un zombie-sonrió con sarcasmo, insisto como si supiera algo y siguió con su discurso-Casi no hablaba y luego pasó lo de…-se interrumpió unos segundos y luego me miró como acusándome-Él regresó para buscarte y explicarte todo, pero tu nueva actitud lo volvió más inseguro. Considérate su próxima pareja Rose Jeane Weasley Granger, él regresó para estar contigo ya que no puede vivir sin ti.

Abrí la boca sorprendida por lo que Lysander había dicho, conociéndolo nunca me hubiera dicho lo que en ese momento escuché. No podía entender nada, ni a qué se refería.

-¿De qué hablas?-le pregunté cruzándome de brazos parándome del sillón y recargándome en la ventana.

-Pronto lo descubrirás-contestó Lysander con una sonrisa ladina y se fue dejándome más confundida que antes.

Dirigí mi mirada hacia la ventana y me sorprendí al ver parada sobre el tejado a un águila enorme de pelaje dorado. Miraba fijamente hacia la ventana como si quisiera espiar a alguien o a mí. No sé como pero con el simple contacto de mis ojos con el águila, hizo que volteara a verme con unos ojos de un extraño color gris acuoso, no me quitaba la mirada de encima.

No era la mirada que un simple animal tendría, ni tenia el tamaño de un águila normal, esa águila parecía más grande, de un tamaño descomunal y no era común ver águilas en los terrenos de Hogwarts, nunca en mis seis años de estancia en el colegio había visto algo igual.

Me asusté y corrí hacia las escaleras que daban a las habitaciones de sexto curso. Cerré la puerta con un fuerte golpe mientras sentía como mi corazón latía agitado y acelerado, caminé hacia mi cama con edredón de color azul oscuro.

Nunca había visto un águila, las familias de magos adineradas las usaban para mandar su correo, eso lo sabía, pero nunca había visto un águila de ese tamaño descomunal.

Con tanta cosa que me estaba sucediendo desde que regresamos de vacaciones de navidad, creía que me volvería loca y que tendría que encerrarme en San Mungo.

Pero, ¡Por Merlín, cómo me asusté!

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué aparecían cosas como esa águila en los terrenos del colegio, porque Lysander me había dicho eso?

¿Acaso Richard tenía razón y los vampiros sí existían en el mundo mágico y no estaban extintos y eran un mito como se creía?

Debía investigar todo eso, quizá una visita a la biblioteca no estaría mal después de todo.