Este capitulo rapido espero les guste, comenzamos ya un poco a saber de qué van las cosas, gracias a quienes han agregado el fic a sus favoritos y por sus comentarios, gracias!

Para este capitulo les recomiendo esta canción /obVxYa0s2tw pueden escucharla cuando Rose habla con Albus hasta el final del capitulo como gusten.


CAPITULO TRES. EL ACCIDENTE. COMENZANDO A DUDAR.

Al fin llegó febrero, mes en el que se llevaría a cabo la excursión al Bosque de Dean y el Torneo de Quidditch que tendría que enfrentar cada uno de los siete cursos de cada casa del colegio. El frio y la nieve seguía a inicios del mes por lo que una idea de una excursión al bosque a esas temperaturas se me hacia inimaginable, pero las ganas de aventura y de salir al aire libre fuera de las cercanías de Hogwarts era mayor que mi afectación hacia el clima.

La directora Mcgonagall junto con Teddy Lupin había mandado cartas a cada una de las familias de los alumnos de sexto curso para pedir los permisos correspondientes a fin de llevar a cabo la excursión. Lo supe gracias a que días después de que a mis padres les llegara la carta de la directora, me habían mandado una carta llena de recomendaciones sobre lo que debía hacer lo que no durante la excursión.

Me encanta acampar pero con mi familia nunca habíamos organizado un campamento ya que desde la Segunda Guerra Mágica, a mi madre no le agradaba acampar ni dormir al aire libre, en cambio, yo era feliz con la naturaleza rodeándome, me gusta sentir la adrenalina fluir por mis venas, la sensación de peligro embriagándome y dándome ganas infinitas de gritar.

A veces me preguntaba porque no había quedado en Gryffindor en lugar de Ravenclaw pues lo que me gustaba era el peligro, la aventura y me sentía valiente cuando me enfrentaba a ello, ¿Se supone que los Gryffindor son así, cierto? Pero había caído en Ravenclaw, porque, según el Sombrero Seleccionador mi mente era prodigiosa, incluso más que la de mi madre.

El instinto de supervivencia relucía haciendo que mis sentidos se agudizaran. Excursiones por los bosques o prados, escalar montañas, todas esas sensaciones me hacían sentir fuerte y poderosa, amo los deportes extremos y eso era algo que casi nadie sabía. Para muchos miembros de la familia, había heredado el miedo a volar de mi madre y el disgusto por el quidditch, lo que no era del todo cierto.

Era la tercera generación de mujeres Weasley y no podía negar el hecho de que como tal, el quidditch me encantaba pero no llegaba a fascinarme tanto como a mis primos varones o como mi prima más cercana, Lily Potter. Quería aventuras que asombraran al mundo, conocer otros países y no solo estar en Reino Unido durante las vacaciones gracias al trabajo de mis padres, pero también mis sueños de adolescente sobre el amor llenaban mi cabeza, quería a alguien que me entendiera y que estuviera feliz por estar conmigo, sabía que mi madre había trazado un plan de vida para mí, pero yo quería algo más que un simple plan.

Los cuatro cursos de sexto de las cuatro casas quedaron en encontrarse en el vestíbulo de entrada en el colegio, según lo que había escuchado decir a mis compañeras de habitación, teníamos permiso de llevar a algún invitado, pero yo iría sola, además sabia que estarían en la excursión Axel y los demás así que no me preocupé mucho por invitar a alguien.

Cuando llegué al vestíbulo a temprana hora de la mañana, encontré que no era la única que había llegado temprano al lugar de encuentro de todos los grupos de sexto, ya estaban ahí Brian, Roger, Louis Charles, Jazmín, Marcela y Lorcan, de las casas de Hufflepuff, Gryffindor y Ravenclaw respectivamente. Ninguno de ellos llevaba acompañante y me acerqué a ellos a paso lento cargando una pequeña mochila con mis pertenencias para la excursión.

Después de lo que sucedió hace un mes dudo que al menos me tengan en buena estima pero también Brian tuvo la culpa así que no merezco sentirme culpable ahora. Los saludé a todos y solo Marcela y Lorcan me devolvieron el saludo, técnicamente solo lo esperaba de Lorcan pero Marcela era Gryffindor, ella no sabía nada de lo que había pasado durante la clase de Transformaciones que Ravenclaw compartía con Hufflepuff, aunque las noticias volaban en el colegio.

Me senté al lado de Marcela que empezó a platicarme sobre cosas triviales, amigos, los nuevos estudiantes, novios, creo que di una negativa completa para evadir el tema de los novios porque no me gusta hablar mucho de eso por una circunstancia que hace tres años, antes de la desaparición de mis amigos, me había pasado pero que me había ayudado a darme cuenta de lo que sentía por cierto muchacho rubio de Slytherin: Engaño.

Media hora después llegaron los estudiantes de sexto de las casas que faltaban, conocía a dos muchachas del grupo que había llegado, Alice Longbottom y Susana Mcmillan. He de decir que ellas dos me caían bien, pero una de sus amigas llamada Renata, era un caso especial.

Renata era anoréxica y estaba en tratamiento desde cuarto año que fue cuando Madame Pomfrey descubrió la enfermedad que ocultaba, lo que siento por esa chica es lástima y una compasión infinita pero aún así nadie le quitaba el tono déspota y creído con el que acostumbraba hablar.

Pocos minutos después llegó Richard con Lysander que me saludaron con un gesto de la mano y comenzaron a platicar con Lorcan, Susana y Alice, mientras yo seguía muy apenas la plática que tenia con Marcela hasta que Renata habló.

-¿Ya es hora, no creen?-dijo Renata con un poco de desesperación.

-Todavía faltan Axel y Scorpius-dijo Jazmín con coquetería, como dije las noticias vuelan dentro del castillo y para nadie era un secreto que esa chica de cabello castaño rizado, de piel morena y ojos cafés sentía algo por los nuevos estudiantes, que eran mis mejores amigos.

Solté una sonrisa falsa como si su comentario me hubiera dado risa, cuando por dentro sentía como un caldero ardiente comenzaba a derramarse dentro de mí.

-Nunca le van a hacer caso-me dijo en un susurro Marcela que al parecer se había dado cuenta de cómo me encontraba después del comentario de Jazmín, no dije ni hice nada, no quería quitar o darme esperanzas.

Un humo plateado se colocó frente a nosotros, por un momento pensé que era el Patronus de Teddy Lupin que nos daría unas indicaciones, pero me fijé bien en la consistencia de ese humo plateado y parecía una densa neblina entonces miré hacia ambos lados del vestíbulo para percatarme de donde había salido esa neblina o por donde se había metido. No recordaba que el día estuviera lo suficientemente frio como para que la neblina bajara tanto hasta el vestíbulo de Hogwarts.

Entonces en medio del barullo de estudiantes sorprendidos, aparecieron Bastián y Eveline y después Axel, Charleen y Scorpius, de reojo observé como Jazmín se acercaba a Axel para darle la bienvenida y se colgaba de su brazo izquierdo. Me quedé anonadada, prácticamente su llegada había sido espectacular, lo que no entendía era el porqué de la neblina en medio del pasillo.

Miré a mis cinco amigos y ahora que podía verlos bien, estaban pálidos y con pequeñas ojeras de color morado en el contorno de los ojos. Me di una cachetada mental. ¡Cómo no me di cuenta antes de que estaban tan pálidos y que tenían ojeras que a simple vista podían hacerte pensar que no habían dormido varias noches o durante el día!

Como Axel no le hizo caso a Jazmín, ella fue al encuentro de Scorpius quién la miró con una mueca de sorpresa en su rostro pétreo y blanquecino, Marcela y yo intercambiamos miradas incrédulas y es que Jazmín Sullivan no se daba por vencida ante una nueva conquista.

Mis ojos se encontraron con Richard que me miraba con una sonrisa llena de superioridad y al mismo tiempo me indicaba con una mirada a mis amigos recién llegados, los miré confundida sin entender a lo que Richard se refería así que me volví hacia él mirándolo con las cejas enarcadas pero Richard solo sonrió abiertamente.

-Ya que estamos todos, es momento de irnos, chicos-dijo Teddy haciéndose notar ante los alumnos que no lo habíamos visto llegar-Síganme-dijo y caminó hacia las puertas del colegio y todos los grupos de sexto año lo seguimos en tropel.

Teddy caminó por la escalinata de piedra que daba a la intersección de caminos hacia Hogwarts y Hogsmeade, nuestro profesor de Transformaciones tomó el camino rumbo al pueblo de Hogsmeade y caminamos algunos minutos antes de detenernos a medio camino.

Nos enseñó dos latas corroídas que estaban sobre el piso del camino y nos instó a que tomáramos las latas. Eran trasladores, nos llevarían hasta el Bosque de Dean en cuestión de minutos. Eso era lo que adoraba de la magia, podías llegar a cualquier lugar que quisieras en tan sólo minutos, podías aparecerte, utilizar la red flu, volar en escoba o utilizar un traslador como en nuestro caso, pero me preguntaba si dos trasladores serian suficientes para casi sesenta alumnos de sexto curso.

Susana y Richard me llevaron a empujones hasta el traslador que ellos iban a tomar con el afán de separarme de mis amigos quienes sonrieron ante la actitud de esos dos que cada día que pasaba hacían que me doliera la cabeza ante su insistencia de que me diera cuenta de que mis mejores amigos eran vampiros.

A la señal de Teddy todos tomamos los dos trasladores y sentí el empujón de mi estomago hacia abajo y escuché los gritos de mis compañeros alrededor que se soltaron del traslador cuando estábamos cayendo en picado hacia el suelo del bosque.

Caí de espaldas sobre el suelo nevado del bosque y me levanté poco a poco acostumbrándome al clima frio que había en el Sureste de Inglaterra, al parecer traer la túnica del colegio de Ravenclaw no había sido buena idea como único abrigo durante lo que durara la excursión en el bosque.

Unos contentos Richard y Susana se acercaron a mí y cuando me distraje mirando el bosque, una bola de nieve helada chocó contra mi rostro y coloqué una mueca de sorpresa y falso enfado hacia mis amigos. Sacudí la nieve de mi rostro y me agaché con un rápido movimiento para tomar un poco de nieve y lanzarla contra Richard, sin embargo no tuve buena puntería y la bola de nieve fue a parar hasta Lorcan que no nos veía a los tres nada contento.

Lysander a diferencia de su hermano gemelo, se unió a nosotros en nuestra improvisada pelea de bolas de nieve que fue interrumpida cuando los demás estudiantes comenzaron a quejarse con Teddy de que se las estábamos lanzando aposta.

Teddy comenzó a armar con ayuda de algunos estudiantes varones, las casas de campaña donde nos quedaríamos a dormir mientras que a nosotras nos tocó recolectar algunas ramas para hacer una fogata al estilo muggle y las apilamos en un monton grande en medio de las casas de campaña.

Cuando estuvieron listas, Teddy nos acomodó en grupos de ocho para ocupar las siete casas de campaña, el último grupo conformado por mis amigos, Richard y Lysander estarían con Teddy en una casa y me preocupé. Richard soltó un gruñido disconforme con la elección que había hecho nuestro profesor, no entendía la aversión que Richard mostraba hacia Bastian, Axel, Charleen, Eveline y Scorpius, en cambio, Lysander parecía feliz de la vida en compartir la casa de campaña con ellos.

Solo esperaba que Richard no hiciera nada tonto e iniciara una pelea absurda con ellos como lo que había pasado con Scorpius y que Bastián tuvo que intervenir para separarlos.

Sentí como Marcela me jalaba para que caminara rumbo a nuestra casa de campaña, pues me había quedado embobada mirando al grupo de Teddy con preocupación y junto a Marcela me dirigí hacia la casa de campaña que estaba templada y di las gracias a Merlín pues ya me estaba congelando con tan solo la túnica del colegio y saqué una chamarra de mi mochila y me la coloqué encima de mi ropa muggle.

Subimos unas escaleras hacia el segundo piso de la casa de campaña, casi me caia en las escaleras al observar una casa de campaña tan lujosa, podría afirmar que era más una casa de verano que una casa de campaña. Escuché como Marcela decía entre dientes el nombre de Renata, entonces entendí. Esa casa de campaña era de la familia de Renata.

No podía creer que ella tuviera tantos lujos y por estar tonteando y admirando una casa así casi me caigo en la escalera. Escuché unas leves risillas a mis espaldas, no me acordaba que algunas de mis compañeras de curso estaban ahí y sobre todo mis amigas Charleen y Eveline que habían pedido un cambio a Teddy de último minuto para que se quedaran puros hombres con él y ellas estuvieran con nosotras.

-Esto no es nada-aseguró Eveline dando un manotazo a su cabello para echárselo a la espalda-Deberían de ver nuestra casa.

Me giré sorprendida lo suficientemente rápido como para ver como Charleen le daba un leve codazo a Eveline para que no hablara de más.

-¿Su casa? ¿Viven juntos?-preguntó Marcela con curiosidad quitándome las palabras de la boca, siguió subiendo y todas la seguimos mientras que Charleen respondía a la pregunta de Marcela.

-Algo así-dijo desinteresadamente, ante esas palabras bajé la mirada, ¿Qué quería decir con eso?

Llegamos al rellano del segundo piso y observamos varios reconocimientos que llevaban el nombre de Renata, enarqué una ceja con incredulidad, ni a mi me daban tantos reconocimientos y eso que tenia las mejores notas de todo el colegio.

-¿Nunca se cansa de presumir?-dijo Charleen hastiada. Marcela y yo negamos con la cabeza.

Se habían perdido tantas cosas cuando se fueron de Hogwarts que contárselo todo nos llevaría un buen tiempo, pero esa era una de las cosas que se habían perdido y lo recordaba como si hubiera sido ayer.

Comenzaba nuestro cuarto año y había llegado a la hora en que el tren partía y me subí junto a mi hermano al tren de un salto, no era normal en nosotros que nos retrasáramos, pero al parecer quedarnos dormidos no entraba en los planes.

Caminé a lo largo de los vagones del tren esperando encontrar a alguien conocido, ya había pasado por el compartimiento de James que estaba con sus amigos Slytherin con Richard entre ellos, los saludó con una sonrisa y seguí mi camino hasta que encontré a Marcela junto a otras tres chicas de Gryffindor de mi curso que sólo conocía de vista, a Marcela la conocía porque me había tocado compartir la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas en tercer curso y ella había sido mi compañera de clase y sin pensarlo, toqué levemente en la puerta del compartimiento que abrió Renata que estaba muy delgada y el uniforme del colegio le quedaba demasiado holgado.

Les pedí con timidez que me dejaran estar con ellas durante el viaje y Marcela aceptó felizmente y me hicieron un lugar entre ellas que hablaban sobre las vacaciones que habían tenido y sobre la noticia que era la comidilla entre los estudiantes. Malfoy, Rumsfeld, Wells, Sandler y Marshall no volverían al colegio y llevaban desaparecidos ya algunos meses. Eso ya lo sabía.

En ese viaje que había tenido con ellas me di cuenta de lo que Renata trataba de hacer, llamar la atención hacia su persona, pensé que era una chica con problemas pero nunca imaginé hasta qué grado estaban sus problemas porque para que hubiera sido diagnosticada con anorexia significaba que estaba mal.

El sonido proveniente de un par de cortinas al fondo del pasillo, me sacó de mis recuerdos y observé como una de las amigas Gryffindor de Marcela, una chica de cabello castaño, con su rostro lleno de pecas y de lentes, se emocionó al vernos.

Se acercó corriendo agitando al viento su cabello castaño mientras sus ojos verdes brillaban de felicidad a través de los cristales de sus gafas. Me abrazó con fuerza, olviden lo que dije sobre la efusividad de Charleen, esta chica le ganaba por mucho. Le regresé el abrazo titubeando un poco.

-¡Qué bueno que al fin llegan! ¡Ya estaba hastiada de tener que escuchar a Jazmín!-exclamó la chica llamada Lauren mientras me soltaba y se iba a abrazar a Marcela.

-¿Te tocó venir en el traslador con Jazmín?-le pregunté ahogando una risa.

-No es gracioso, Rose, es insoportable-contestó Lauren fulminándome con la mirada.

-Antes no decías eso-le recordé enarcando una ceja.

-¡Basta las dos!-dijo Charleen interfiriendo en la discusión-¿En dónde nos toca dormir a nosotras?-preguntó con seriedad señalando a Eveline, Marcela y a mí con un dedo blanco como el mármol.

-Conmigo-contestó Lauren con alegría y con una sonrisa-Son esas cortinas color crema del fondo.

Escuché las voces de Axel, Bastián y Scorpius en la parte baja de la casa de campaña y me acerqué un poco a las escaleras para poder alcanzar a verlos mientras Charleen y Eveline se encaminaban hacia el que sería nuestro dormitorio.

Al no poder ver nada, me acerqué de nueva cuenta a Marcela y a su amiga Lauren quienes me miraron de forma acusadora y soltaron un susurro apenas audible por lo que tuve que agudizar el oído para escucharlas.

-Deberías ser menos obvia-soltaron de forma amenazadora mirándome fijamente.

-¿Qué quieren decir?-les respondí en el mismo tono con el que me habían hablado.

-No te lo vayas a comer con la mirada-dijo Marcela con una sonrisa picara.

-¿A quién, Marcela?-pregunté llena de nervios, Marcela era una de mis amigas que hice después de la desaparición del Quinteto Maravilla, como había bautizado a mis viejos amigos y era una de las pocas que sabía sobre mis sentimientos, pero por lo pronto me hice la que no entendía de lo que hablaba, tan solo para aparentar.

-¡ A Socrpius!-exclamó Marcela mirando un momento hacia las escaleras y luego me miró sonriente-¿A quien más?

No pude responderle a Marcela pues Charleen y Eveline nos gritaron desde el extremo del pasillo donde dormiríamos durante la excursión en el bosque.

-¡Hey, no se queden ahí cuchicheando! ¡Vengan a ver la habitacion!-gritó Eveline con un chillido parecido al de una ardilla, me había acostumbrado a su voz chillona que era suave al oído durante todo ese tiempo.

Marcela, su amiga Lauren y yo nos miramos una última vez y después miré hacia las escaleras preguntándome ¿En serio soy tan obvia?

Pasaron dos horas, estaba sola en el cuarto hasta que decidí bajar hasta el campamento, miré a mis compañeros de curso que jugaban al Snack Explosivo y otros peleaban con bolas de nieve. No quería salir, me sentía asfixiada. Ver a Scorpius demasiado tiempo me seguía doliendo, aunque mantenía mis sueños intactos; no tenía miedo a perderlo, ya lo había hecho una vez, otra, sería la misma historia.

Mi mirada fue a parar a Scorpius que jugaba con la nieve junto a Axel y Bastián pero desvié mis ojos cuando sentí la mirada de Scorpius sobre mí. Entré a la casa de campaña y me senté en uno de los butacones mientras tarareaba una canción muggle que había escuchado durante las vacaciones de navidad.

Esa canción hablaba de cómo había sido mi vida sin Scorpius pero al mismo tiempo me daba fuerzas para no caer rendida ante la vida; porque yo no podía ganar las batallas que él perdía todo el tiempo, ni tampoco podía juzgarlo por haberse ido sin decirme nada, así que no podía decidir lo que estaba bien o mal, era su vida al fin y al cabo, sólo él la manejaba.

Pensé que lo conocía bien pero ahora tenía mis dudas, además no éramos los mismos chicos de trece años, ambos habíamos cambiado.

Sabía que ahora mi forma de ser era diferente a la de antes y eso se notaba cuando estaba cerca de los cinco, ese ya no era mi mundo pero el corazón no lo entendía.

Me habían dicho tantas veces que el amor era maravilloso pero a mi me dolía, no quería pensar en eso. Esa simple palabra había desaparecido de mi vocabulario hace tres años; no fue por culpa de Scorpius, sino mía por dejarme vencer, por haberme permitido perderlo.

Algo si tenía claro. Me había aislado del amor solo porque lo amaba, y ahora no sabía qué era lo que sentía por él.

A nadie me había permitido amar porque yo todavía lo quería y lo amaba y sin embargo, ahora, ¿Cuál era la diferencia?

-¿Rose?-escuché la voz de mi primo Albus que había entrado a la casa de campaña-Rose, ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no estás afuera con los demás?-me preguntó con su semblante preocupado, sentándose en otra de las butacas cerca de mí.

-Estaba pensando, Al, no te preocupes-le respondí con una sonrisa para tratar de calmarlo pero me miró interrogante.

-¿Sobre qué pensabas?-preguntó Albus con curiosidad y solté una risa al escucharlo.

-Son tonterías, Albus, no pierdas el tiempo por eso-le dije riendo y con una mirada burlona.

-Bien, si no quieres contarme está bien, pero no te aísles solo porque Richard te insista con lo de los vampiros-dijo Albus hablando con sarcasmo mientras se levantaba.

-¿Cómo sabes eso?-le pregunté sorprendida por que supiera exactamente lo que desde hace días no hacía más que darle vueltas en mi cabeza.

Albus ladeó la cabeza con confusión-Lorcan, ya sabes-dijo encogiéndose de hombros-Dice que Richard te habla de eso desde que Rumsfeld, Sandler, Wells, Malfoy y Marshall regresaron a Hogwarts, dice que se enteró por Lysander de que Richard te acosa con eso.

-¿Te molesta?-le pregunté curiosa a lo que Albus me miró sin entender, carraspeé y volví a formularle mi pregunta-¿Te molesta que Richard hable tan libremente de los vampiros?

-No son los vampiros lo que me molesta, Rose-contestó Albus metiendo las manos en los bolsillos de su chamarra-Lo que me molesta es que trate de meterte ideas en la cabeza-dijo Albus bajando sus cejas con extrañeza y desvió la mirada-Aunque creo que Richard Nott sabe más de lo que dice-dijo esto en un murmullo bajo como si se lo estuviera diciendo a sí mismo.

-¿A qué te refieres?-le pregunté levantándome de la butaca y acercándome a mi primo-¿Qué sucede, Al?

-¿No te has preguntado porque El Profeta no llega a los estudiantes que se suscribieron al periódico?-me dijo en un tono bajo y confidencial.

-No, ni siquiera me había dado cuenta-le dije un poco ruborizada y es que yo era una de esos estudiantes suscritos al periódico del mundo mágico.

-Escucha, están pasando cosas extrañas. Desapariciones, ataques a magos y muggles, cuerpos desangrados, y la única prueba que hay entre todos los casos son, casualmente, marcas de filosos incisivos, como los de los tigres o perros-dijo Albus en voz baja mirando de vez en cuando hacia la puerta de la casa de campaña pero nadie entraba-Los muggles se lo explican como que son animales salvajes de la zona sureste de Inglaterra en donde estamos y está este bosque, pero en nuestro mundo sabemos que no es eso.

-¿Qué tienen que ver todas esas cosas con que el periódico no llegue a los estudiantes?-le pregunté conmocionada por lo que me había revelado.

-Todas las desapariciones, los ataques a magos y muggles, los cuerpos ensangrentados, salen en la primera plana, no es una noticia que quisieras leer a la hora del desayuno-dijo Albus con una media sonrisa burlona-El periódico sigue su curso normal pero el Ministerio ha evitado que los alumnos se enteren de lo que sucede, no quieren que nada altere las clases de Hogwarts.

-Espera, mi madre me habló una vez sobre cómo había catalogado el Ministerio a las criaturas mágicas-dije en voz baja y confidencial para que sólo Albus pudiera escucharme-Ella me dijo que tenían dos clasificaciones, la de seres y la de criaturas, que hubo un caso en el Ministerio de que algunas criaturas no querían ser catalogadas como seres pero no me dijo porque. ¿Tiene que ver con lo que me dices?

-Sí y no-respondió Albus colocando una pose seria-Recuerda que mi padre es el Jefe de la Oficina de Aurores, los están poniendo a investigar todo esto porque no sólo está sucediendo en esta zona, está pasando en todo Inglaterra, pero mi padre dice que buscar al sospechoso no es cosa de los Aurores, está fuera de sus conocimientos. No es un mago, no es humano, sin embargo, el mundo mágico y muggle están en peligro-susurró Albus mirándome con seriedad con sus ojos verde esmeralda y le devolví la mirada, no sé que vio en mis ojos azules pero desvió la vista y soltó un suspiro lleno de frustración.

-Entonces la Oficina de Aurores están seguros de que tiene que ver con los vampiros-afirmé tomando a mi primo por los hombros con suavidad-¿Es cierto que hay vampiros entre nosotros?

-No dicen que son vampiros porque nunca se les ha considerado como un peligro para el mundo mágico, ellos se han inclinado más hacia el mundo muggle, por lo que su presencia entre los magos es mínima-dijo Albus mirándome a los ojos con expresión grave-Pero toda precaución es buena, supongo que por eso Teddy nos trajo aquí, además de saber sobre Transformaciones, sabe sobre Defensa Contra las Artes Oscuras por los escritos e investigaciones que dejó su padre antes de morir, ya sabes.

Asentí con la cabeza al entender a lo que Albus se refería, sin querer mi primo me había dado y abierto la puerta para comenzar con mi investigación. Si eran o no vampiros yo lo descubriría a como diera lugar. Ahora debía ir donde Teddy para hablar con él sobre criaturas oscuras, le sonreí a Albus que no había quitado su expresión grave y me encaminé junto a mi primo para salir de la casa de campaña, miré que habían prendido la fogata y que el aire frio común del invierno no se notaba, habían hechizado nuestro campamento para que la improvisada fogata muggle no se apagara con el frio viento.

Busqué a Teddy con la mirada y lo encontré sentado a un lado de Susana que sonreía sobre alguna anécdota que el profesor de Transformaciones le contaba, sonreí ese era el momento.

Iba a avanzar hacia Teddy pero la mano de mi primo sobre mi brazo derecho me hizo detenerme abruptamente y me giré hacia Albus mirándolo confundida pero los ojos de él me dejaron sorprendida.

Sus ojos verde esmeralda estaban llenos de preocupación, amargura y me pedía en silencio que me cuidara porque se preocupaba por mí, nunca lo había visto mirarme de ese modo.

-Rosie-habló Albus con la voz entrecortada y alzó la cabeza por encima de mí para ver a alguien o algo para evitar que no escucharan lo que tuviera que decirme, después de unos minutos donde su expresión se volvió fría y sus cejas se encorvaron hacia abajo con enojo y apretó mi brazo con fuerza pero no hice amago de querer soltarme ni solté un quejido de dolor y solo me quedé observando a mi primo que seguía con sus ojos fijos en algo que miraba con gran determinación y frialdad.

¿Por qué los que se encontraban a mi alrededor me estaban ocultando cosas? ¿Por qué desde que regresamos de las vacaciones de navidad todo había cambiado tan de repente?

Albus sabía que algo ocurría fuera de los muros del colegio, ya me lo había dicho, y nadie del alumnado lo sabía, sólo mi primo o quizá también James pero ninguno hablaba de ese tema a menos de que fuera estrictamente necesario como había pasado con Albus dentro de la casa de campaña.

Escuché como Albus soltaba un gruñido en señal de molestia pero no me soltaba, es más, su agarre sobre su brazo se hacía más fuerte conforme su enojo aumentaba, entonces recordé que no era la primera vez que observaba ese comportamiento. Cuando recién comenzaba el colegio, en mi segundo curso, mi papá Ronald, me había llevado al Callejón Diagon a comprar los materiales para mi nuevo curso; entonces nos encontramos con la familia Malfoy, los padres de Scorpius y mi amigo.

Mi padre había evitado abalanzarse sobre el padre de Scorpius mientras el señor Malfoy le soltaba insultos a mi padre quien me mantenía agarrada del brazo tal y como Albus lo estaba haciendo en ese momento. Era como si estuviera protegiéndome de algo que se encontraba a mis espaldas, impidiéndome volverme para observar lo que Albus veía con frialdad y determinación.

Era la misma forma de comportamiento que tuvo mi padre cuando nos encontramos a los Malfoy, una forma de protección, como si dejarme sola fuera a ser contraproducente mientras que al mismo tiempo era una muestra de que formaba parte de una familia y que mi familia estaba conmigo protegiéndome.

Pero no iba a pasarme nada, solo quería hablar con Teddy Lupin sobre lo que me había contado Albus, no es que fuera a ponerme en peligro voluntariamente, vamos, no soy tan tonta como para hacer eso.

-¿Albus?-le pregunté mientras me acercaba a su pecho y lo abrazaba como aquella vez con mi padre, al parecer el contacto tuvo el efecto que quería pues mi primo me envolvió en un fuerte abrazo sin quererme soltar hasta que tuve que hacerlo yo.

-Prométeme que no harás nada imprudente, que te cuidarás y que cualquier cosa que necesites me lo dirás, ¿De acuerdo?-me susurró Albus volviéndome a abrazar pero con menos fuerza.

Reí y me solté un poco de él para elevar mi cabeza y mirar a mi primo con una sonrisa-¿Aunque tenga que ir a despertarte a la torre de Gryffindor a media noche?

Albus volvió a abrazarme de nuevo y lo sentí sonreir sobre mi rojo cabello-Como si no supiera que te encanta salir a medianoche-dijo con un susurro sarcástico dándome un beso en el cabello y ambos soltamos una leve risa pero Albus habló con seriedad esta vez-Prometelo Rose, no siempre estaremos nosotros para protegerte, pero aún así me preocupo por ti, no quiero que nada te pase, no te metas en problemas, ¿Bien?

-Estaré bien, no tienes de qué preocuparte, pero si con ello te quedas tranquilo, está bien, lo prometo-le dije en un susurro apretándolo más dentro del abrazo que después soltó y me miró con una sonrisa y se fue hacia una de las casas de campaña donde le había tocado a él.

Después de mirar como Albus se alejaba y entraba a su casa de campaña, solté un suspiro lleno de frustración, algo ocultaban, todos y cada uno de los que conocía pero iba a descubrir lo que era. Volví a mirar al mismo lugar donde había visto a Teddy y lo encontré solo frente a la fogata y me acerqué lentamente hacia él dejando que las pisadas torpes de mis botas sobre la nieve me delataran.

Me senté en el hueco vacio al lado de Teddy que me miró con una sonrisa burlona y lo miré con una igual que lo hizo soltar una carcajada.

-Rose, ¿Qué te trae por aquí? Pensé que no saldrías de tu madriguera-me dijo Teddy con una media sonrisa.

Sonreí de medio lado al escuchar que no sólo Albus se había dado cuenta de qué algo me pasaba, también Teddy lo sabía.

-Tarde o temprano debías salir, no podías estar toda la excursión encerrada-dijo mirándome con su alegría característica mientras su cabello rubio adoptaba el color azul oscuro que le había visto en toda mi vida.

-¡No uses Legeremancia conmigo, Ted Remus Lupin!-repliqué enojada de que pudiera leer mi mente y ver todo lo que pensaba y me crucé de brazos frente al fuego de la chimenea.

-No es a propósito, lo sabes, sólo que a veces es divertido hurgar en la mente adolescente, ¡No te imaginas lo que puedes ver!-dijo riendo pero después colocó una mueca de asco en su rostro-Pero no te recomiendo que lo hagas, es demasiado traumático, aún no me recupero de lo que vi en una de las mentes de alumnos de séptimo.

Solté una carcajada mientras me hacia una idea de lo que Teddy pudo haber visto en los alumnos de séptimo-Nada nuevo que tu no hubieras hecho-le dije enarcando una ceja con picardía logrando sacarle un sonrojo a Teddy.

-Rose Jeane Weasley, soy tu profesor, así que respétame como tal-replicó furioso y rojo solo lo había visto así cuando Lily, mi prima lo obligaba a jugar con ella con sus muñecas y el pobre de Teddy tenía que imitar la chillante voz de chica que según él, era una imitación de la de Victoire, mi prima mayor con la que tenía una relación.

-Esta bien, de hecho vengo a platicar contigo como profesor, pero no de Transformaciones sino de Defensa Contra las Artes Oscuras-le dije rápidamente para no darle tiempo a una negativa.

-Muy bien, Rose-dijo Teddy sorprendido regresando su cabello azul a su color original, rubio dorado-Dispara.

¿Cómo le preguntaría lo que quería preguntarle? Debía escoger las palabras exactas para que no sospechara nada, entonces recordé algo relacionado con su pasado. Me senté mejor en el tronco y lo miré con determinación a los ojos. Bien, allá vamos.

-¿Tu padre fue un hombre lobo, verdad?-le pregunté haciéndome la inocente y dirigí mi mirada al fuego de la fogata.

-Si, lo fue-dijo Teddy sorprendido por la pregunta y a la vez triste al recordar a su padre, iba a retractarme al escucharlo pero cuando lo vi con una sonrisa en su rostro me contuve y esperé a que él siguiera hablando-Aunque siempre vivió estigmatizado por lo que significa, incluso tenía miedo de que heredara su condición de licántropo, ¿Por qué la pregunta?-dijo mirándome con curiosidad.

-Bueno, solo quería saber un poco más sobre el tema, ya sabes, lo estudiamos en Defensa pero no a gran profundidad-le dije con voz de marisabidilla que había escuchado en mi madre y traté de imitarla y al parecer funcionó.

-Digna hija de Hermione Granger-dijo Teddy con una sonrisa y suspiro levemente-¿Qué quieres saber?

-Su historia, ¿Por qué se convierten en lobos? ¿De dónde provienen los licántropos?-le dije con alegría al saber que había accedido a contarme un poco sobre eso, ya tenía lista mi cuartada.

Teddy lo pensó por unos minutos posando su mirada sobre el fuego, creo que los demás estudiantes escucharon nuestra plática y se acercaron a la fogata para escuchar lo que Teddy tendría que relatar, se sentaron de tres en cada tronco, algunos se quedaron parados y otros sacaron algunos bancos de las casas de campaña.

Teddy alzó la mirada y descubrió a la mayor parte de sus estudiantes y conocidos colocados alrededor de la fogata para escuchar la historia sobre los licántropos que me iba a contar, miró al cielo y todos lo imitamos, estaba oscureciendo y sonrió, era buena hora para una historia de criaturas mágicas y oscuras, también sonreí cuando ese pensamiento se posó en mi cabeza y puse atención a lo que Teddy nos relataría.

-A veces cuando estás rodeado de magia y sabes cada uno de los cuentos que te leen cuando eras un niño, es normal que pienses que criaturas como los hombres lobo o licántropos existan, pero cuando eres un hijo de muggles escuchar esas historias sobre licántropos es símbolo de miedo y oscuridad y todo lo que observas a tu alrededor cuando entras al mundo mágico todo es maravilloso. Sin embargo, criaturas como los licántropos o los vampiros, que ya han estudiado en el colegio, tienen sus orígenes en las historias que cuentan los muggles, aquellas que consideramos un mito o leyendas. Se dice que el primer licántropo que se conoce se llamaba Licaón, era un rey griego, un hombre sabio, culto y una persona extremadamente religiosa que había sacado a su pueblo de las condiciones inhumanas en las que vivían, pero Licaón aún siendo rey, su condición de salvaje predominaba sobre sus instintos meramente humanos, lo único que comía y ofrecía como banquete a sus invitados era carne humana que ofrecía como sacrificio a los dioses del Olimpo. Pero toda practica sobrenatural tiene sus consecuencias, se dice que Zeus, el dios de los griegos se enteró de los asesinatos que cometía Licaón en su nombre, entonces la ira de Zeus se desató y condenó a Licaón y a todos sus descendientes a convertirse en lobos como castigo por ir en contra de su naturaleza humana. En el mundo mágico como en el mundo muggle, ser un licántropo es una maldición de por vida, es un castigo divino; aunque las historias muggles son diferentes en algunos aspectos, para los muggles, los licántropos son llamados Hijos de la Luna, creados gracias a la magia negra, por obra de un conjuro que en la Edad Media realizaban algunos magos para unir sus almas con las de los lobos a fin de llevar a cabo la transformación. Fue en esta época donde los magos sufrimos una enorme persecución por toda Europa, la utilización de la magia estaba prohibida entre los muggles y aquellos muggles que eran descubiertos realizando hechizos y conjuros eran llamados herejes y llevados a la hoguera; es por eso que hasta nuestros días, la Ley del Secreto está intacta por temor a que los gobiernos actuales salgan en nuestra búsqueda de nuevo, el temor a lo desconocido lleva al hombre a su perdición, se debe temer sólo a aquello que puede perjudicar a otro, quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido equivale a mantenerse con vida pero no vivir-dijo Teddy con voz solemne impregnada de una seriedad que no era muy común en él.

Miré a mis compañeros que escuchaban el discurso de Teddy completamente callados y anonadados ante la sabiduría de nuestro profesor de Transformaciones, mis ojos vieron a Richard sentado cerca de Susana y Alice, a Lorcan y Lysander sentados junto a Albus, a Marcela junto a Renata, Jazmín y Lauren pero no vi por ningún lado a Axel, Bastián, Charleen, Scorpius y Eveline, pensé que quizá se hubieran quedado en la casa de campaña que los muchachos compartían con Teddy y no querían escuchar la historia. Sentí como una gélida mirada se posaba sobre mí y observé a la persona que me miraba de ese modo.

Richard. Sus ojos eran fríos pero su sonrisa era burlesca y llena de arrogancia, apreté los puños con fuerza para no caerle a golpes y dejara de mirarme de ese modo. Teddy siguió con su relato y el silencio volvió a caer alrededor de la fogata.

-Los licántropos se transforman siempre que haya luna llena, porque sus instintos lupinos se los dictan, porque los lobos le aúllan a la luna, aunque esa es otra de las historias que rodean a los licántropos. Los licántropos no aúllan a la luna, aúllan para comunicarse entre ellos, para señalar su territorio, está es una de las características lupinas que tienen con los lobos normales, cuando un hombre se transforma en licántropo adopta todas las características lupinas de los lobos, es un mito que le aúllen a la luna porque no lo hacen, de ese modo se comunican con otros licántropos, su aullido es suave y lastimero gracias a lo doloroso que es la transformación, los licántropos completos, aquellos que no estén bajo la influencia de la Poción Matalobos, son más animales que humanos, su raciocinio queda oculto bajo los instintos del animal que ha domado su cuerpo humano, en cambio, un licántropo bajo el efecto de la Poción Matalobos, no puede convertirse en licántropo, mantendrá su apariencia humana y será más humano que lobo. Los licántropos pueden andar solos vagando por el mundo, pero otros se encuentran reunidos en manadas. Son hombres en los días que no haya luna llena pero son hombres salvajes sin un ápice de humanismo en ellos, gozan de morder a los humanos y convertirlos en lo que son.

-Profesor, disculpe, entonces, ¿Por qué a los licántropos se les llama hijos de la luna, si no es verdad que le aúllan a la luna?-preguntó una alumna de Hufflepuff a quien Teddy le dirigió una sonrisa de medio lado.

-Hay dos versiones sobre eso, señorita Simmons-contestó Teddy con una sonrisa-La primera menciona que la primera transformación de un hombre lobo fue durante la noche, en una noche de luna llena, por eso se les llama hijos de la luna, la segunda es porque esta criatura solo aparece por las noches cuando hay luna llena ya que los demás días del mes son hombres como nosotros, pero si me lo pregunta, creo que la versión correcta es la primera.

-Profesor Lupin, ¿Por qué los licántropos son enemigos de los vampiros?-preguntó Richard con falsa curiosidad que lo delataba gracias a su sonrisa ladina y sarcástica.

Había soltado el meollo del asunto, a donde quería llegar, pero no tenía pensado que fuera de ese modo y que mucho menos Richard soltara la pregunta nada más porque sí, al menos que tuviera sus propios planes. Lo miré fijamente sin apartar la mirada y él solo sonrió burlón, el sonido de algo rompiéndose y unos murmullos que parecían provenir de Lorcan y Lysander junto a Albus hicieron que desviara sin querer mi mirada hacia ellos y vi a Albus con el ceño fruncido mientras bufaba enojado y miraba a Richard con enojo al igual que los hermanos Scamander que apretaban los puños con fuerza y miraban a Richard con ganas de matarlo. Escuché a mi lado como Teddy se reía a carcajada abierta ante la pregunta hecha por Richard que enarcó el ceño.

-Lo lamento-dijo Teddy respirando entrecortadamente tratando de aguantar la risa-Lamento esto señor Nott, pero su pregunta me tomó desprevenido. ¿Vamos de los licántropos a los vampiros? ¿No son criaturas diferentes?

-Lo son profesor-dijo una voz detrás de nosotros, todos sin excepción nos giramos para ver a quien había hablado y nos encontramos con Bastián que sonreía abiertamente y se acercó a nosotros tomando asiento sobre la blanca nieve y después siguió hablando con un toque de ironía y escepticismo-Las historias de los licántropos y los vampiros son diferentes tanto en tiempo y forma, pero lo que tienen en común es que son seres de la noche, o así los han catalogado los muggles.

-Tiene razón, señor Rumsfeld-coincidió Teddy con la participación de mi amigo y después se giró a los estudiantes-Los vampiros son una historia, casi una leyenda en nuestro mundo, demasiado vieja, ya no quedan vampiros en nuestro mundo pero los muggles han encontrado la forma de explotar la imagen del vampiro haciendo que surjan nuevas historias sobre ellos; mientras que los licántropos son una historia más actual, pero ambas se unen entre sí por el fenómeno llamado Seres de la Noche, que es como están catalogados en el Ministerio de Magia, ambos, vampiros y licántropos son seres, no criaturas. ¿Alguien sabe la diferencia entre seres y criaturas?-preguntó Teddy como si estuviera dando una clase de Defensa Contra las Artes Oscuras mezclada con Cuidado de Criaturas Mágicas.

Mi mano fue una de las que se alzó entre todas las de los demás estudiantes de sexto, sin embargo, no pude contestar ya que Teddy le cedió la palabra a Rachel de Slytherin.

Rachel Zabini dio un manotazo a su cabello oscuro para que cayera por su espalda mientras se preparaba a contestar la pregunta realizada por Teddy.

-Una criatura es un ser vivo de naturaleza desconocida, que son estudiadas para aprender sus formas de vida, de crianza o cómo diferenciarlas de otras, son seres creados por la naturaleza, así como los humanos y un ser es una entidad o ente, en tanto que sería una cosa que posee existencia y autonomía-dijo Rachel como si estuviera leyendo un libro de Cuidado de Criaturas Mágicas.

-Buena definición, señorita Zabini-dijo Teddy sonriente-¿Qué podemos determinar entonces de acuerdo a lo que nos mencionó la señorita Zabini? Pues bien, un centauro o un unicornio son criaturas porque son seres vivos, fueron creados por la magia para existir solamente en el mundo de los magos y en este caso, los vampiros y los licántropos no entran dentro de esta definición porque los vampiros son conocidos como los no-muertos, una vez fueron humanos pero ahora ya no lo son, están estancados entre el mundo de los vivos y los muertos, los licántropos son hombres pero también lobos y será así por el resto de su vida hasta que mueran. Los licántropos son mortales, los vampiros son inmortales, eso explica que algunas criaturas mágicas, como los centauros, tengan miedo de los vampiros por lo que son y representan, ¿Ha quedado claro?

-Profesor, aún no responde mi pregunta-insistió Richard-¿Los licántropos son enemigos de los vampiros?

-¿Qué quiere que le diga, señor Nott?-dijo Teddy con disgusto y se quedó en silencio un momento en donde solo se escuchaban el canto de los grillos y los búhos del bosque, Teddy se levantó del tronco y miró a Richard con una expresión severa-No, no hay ninguna enemistad real entre los vampiros y los licántropos, tampoco es cierto que los licántropos estén hechos para matar a los vampiros, son historias diferentes, seres diferentes. Todo eso de supuestas enemistades entre criaturas de la noche son meras fantasías del mundo muggle. Bien, muchachos es tarde, todos a dormir, ahora-ordenó Teddy con voz enojada y se encaminó a su tienda dejando a su paso a algunos estudiantes estupefactos por su respuesta tan fría y seca.

Todos nos levantamos y nos dirigimos hacia nuestras respectivas tiendas de campaña para dormir acatando la orden del profesor Lupin que se había marchado enfadado.

Al dia siguiente, desperté temprano, el día estaba soleado pero un viento frio refrescaba el ambiente, antes de dormir había escuchado que haríamos una excursión hacia dentro del bosque, llevaríamos nuestras varitas y equipamiento para escalar paredes si era necesario subir por un muro de piedra, eso me pareció bien. Al fin adrenalina.

Como había despertado temprano miré el reloj muggle que estaba sobre la mesa de noche de Lauren. Marcaba las siete de la mañana, entonces decidí que era el momento de dar una vuelta por el lugar yo sola ahora que todos estaban dormidos.

Salí de la cama y me sorprendió no ver a Charleen ni a Eveline durmiendo en sus camas, es más, ni desatendidas estaban. No le di mayor importancia, a lo mejor salieron a hacer ejercicio, yo que sé.

Minutos después salí del cuarto vestida con unos jeans azul marino, una blusa rosa y unos converse, en el camino iba arreglándome el cabello en una cola alta, toda la tienda estaba oscura y callada, ni el sonido de los pajarillos cantando se oía, eso era extraño.

Caminé hacia las afueras del campamento y me interné en el bosque, saltaba los arboles caídos, agudizaba mis oídos tratando de escuchar a algún animal salvaje para tratar de buscar la salida rápida del bosque. Miraba por todos lados, todo lo que observaba me envolvía en adrenalina, sonreí con suficiencia, eso me encantaba.

Dejé mis problemas y mis pensamientos sobre vampiros y licántropos en el campamento, aquí, en medio del bosque, me sentía libre y la sensación era genial. Caminé más hasta internarme bastante en el bosque, casi no se veía nada y se me había olvidado la varita en el campamento así que no tenia medio para crear un Lumus. Me di un golpe mental por impulsiva y atrevida.

Encontré una especie de claro, donde la luz del sol se colaba en todo su esplendor. Estaba lejos de la civilización y me sentía tranquila, en paz, sin problemas ni preocupaciones, solo éramos la naturaleza y yo. Casi me ponía a cantar la canción de una película muggle infantil donde un jabalí y un suricato vivían sin problemas.

Pero ese momento de tranquilidad no duraría para siempre, como era de suponerse.

Escuché las fuertes pisadas de algo o alguien que se acercaba a donde me encontraba, después un fuerte aullido que me hizo saltar del susto se escuchó por cada rincón del bosque y recordé lo que Teddy nos había contado anoche sobre los licántropos.

Giré mi cabeza hacia donde venia el aullido, alcancé a ver la silueta de un animal bastante grande que poco a poco se iba acercando.

Tragué saliva con dificultad, la piel comenzó a erizarse del miedo que sentía, no sabía si iba a morir o iba a vivir, sacudí la cabeza con desesperación, no tenía tiempo para pensar en eso.

Otro aullido, mi rostro se contorsionó de miedo, podía ser un coyote o un lobo, retrocedí varios pasos hasta que mi espalda chocó con un árbol, me quejé de dolor audiblemente y eso hizo que el lobo, coyote o lo que fuera se alertara y caminó más rápido hacia el claro.

¡Ay no, porque era tan estúpida! Ahora ya no tenia salida.

Apareció un gran lobo de color pardo, enseñaba sus afilados dientes preparado para atacar, a mi mente regresó el relato de Teddy y recordé a los licántropos y lobos, carne humana como sacrificio y ahora yo era la presa.

No podía moverme por el miedo que sentía, el lobo se apoyó sobre sus patas delanteras y saltó hacia mí, grité asustada, esperaba el impacto que me mataria y que nunca llegó.

Abri los ojos y descubrí frente a mí a un precioso jaguar que había evitado tal vez, el embuste del lobo protegiéndome.

-¡Rose, Rose!-escuché como alguien me llamaba a gritos, pero seguía embelesada mirando al jaguar. Su pelaje amarillento con machas oscuras brillaba majestuosamente a la luz del sol, mi inesperado protector ladeó su cabeza hacia mi y me fijé en sus ojos parecidos al color del caramelo, misteriosos y majestuosos al mismo tiempo.

El jaguar me indicaba con su cabeza un sendero que salía del claro, lo obedecí y me fui corriendo del claro.

No escuché los sonidos de lucha entre el jaguar y el lobo por más que me esforcé, corría sin rumbo fijo aún asustada, a la salida del sendero me encontré con quien menos lo esperaba.

-¡Rose! ¡Rose, estas bien!-dijo Charleen abrazándome.

-¿Qué haces aquí?-le pregunté sorprendida recuperándome del susto inicial y de la corrida que había dado.

-¡Yo soy la que debería preguntarte eso!-replicó Charleen enojada colocando sus brazos en jarra.

-Pero…-dije a medias tratando de encontrarle una explicación a esa situación tan extraña.

-No nos des el lujo de perderte, Rosie Jeanie-dijo Charleen con nostalgia, yo me perdí completamente, no entendía nada.

-¿Puedes explicarme que hacías aquí?-me preguntó Charleen regañándome como una madre lo haría con sus hijos.

-Sólo quería dar una vuelta-me excusé en defensa, no tenía sentido mentirle.

-Y ponerte en peligro en el bosque-añadió Charleen sarcástica-¿Y la promesa que le hiciste a Albus, en donde quedó?

-A…además no fui la única, ni Eveline ni tú durmieron en la casa de campaña-recordé mientras que mi voz sonaba entrecortada y nerviosa. ¿Cómo sabia lo de la promesa que le hice a Albus si tan sólo él y yo sabíamos de ella?

-No tienes pruebas de eso-dijo Charleen tratando de intimidarme y con voz seria.

-¡Si las tengo y sabes que Teddy Lupin sabe Legeremancia por haber estado entrenando para auror junto a mi tío Harry, él puede ver mis recuerdos si se lo pido, y, ¿Sabes que verá? Sus camas sin deshacer y luego te encuentro aquí!-dije enojada por el tono que había usado conmigo, no me gustaba que me intimidaran de ese modo. Y el que supiera sobre la promesa con Albus no ayudaba mucho al asunto.

-No es la misma situación-dijo Charleen seria y con la mirada fija en mí como si quisiera saber si haría lo que le había dicho o no.

-Sí lo es porque las dos estamos en el bosque-exclamé con enojo apretando mis puños y cerré los ojos a causa del enojo.

-Y estuviste al borde de la muerte-agregó ella con ironía-¿Qué dirá Ted Lupin sobre eso?

Abrí la boca para reclamarle pero la cerré de inmediato. Debía admitir que ella tenia algo de razón; todo lo hice siguiendo un impulso que ahora me hacia sentir estúpida. Bajé la mirada, me había quedado sin argumentos para rebatir mi casi muerte.

Ahora que podía pensar mejor, entrar al bosque sola fue algo más que un acto suicida por mi parte, podía haberme pasado de todo y mi encuentro con ese lobo pardo era una clara señal.

¿Cómo lo habría tomado mi propio hermano, mi familia, mis amigos? ¿Y mi promesa a Albus? La había roto completamente y apenas hace un día que la había hecho. Me enfermaba imaginarme al menos muerta o en una cama de hospital, detestaba esos lugares.

-Vamos, te llevaré al campamento con los demás-dijo Charleen soltando un suspiro lleno de resignación mientras me pasaba un brazo por los hombros.

-¿Eveline y tú están aquí, en el bosque?-pregunté intrigada. Mi amiga no me contestó, solo se limitó a caminar conmigo a su lado.

El caminar de Charleen era delicado y grácil, parecía como si flotara sobre el piso de hierbas, hojas y piedra. Iba delante de mí mostrándome el camino, su cabello negro azabache era mecido por el viento de una manera casi mágica, como si estuviera hechizado que me provocó un poco de envidia.

En cambio, mi paso era algo rápido pero me tropezaba con mis pies, eso cuando me sentía un poco tensa o nerviosa, pero parecía aburrir a Charleen porque iba adelante, muy delante de mi.

Habíamos llegado a una especie de riscos no muy altos pero la caída desde esa altura hacia el rio que esperaba debajo congelado, podía ser fatal. Miré a Charleen que caminaba sin darse cuenta de donde estaba yo, no me quedó de otra más que gritarle para que me esperara.

-¿Crees que así te voy a poder seguir?-le grité y mi grito se esuchó por todos los rincones del bosque al menos, por el eco que hizo.

Charleen dirigió su mirada chocolate hacia mi divertida y me gritó de vuelta y sin embargo, su voz no hizo eco como la mia.

-Te creía capaz de algo más-dijo ella tratando de incitarme con una sonrisa burlona y una ceja enarcada como si no creyera que no podía seguirle el paso.

Arrugué el entrecejo con hastio por lo que dijo. Así que comencé a correr, era buena campista pero también humana y como tal cometo errores y ese fue uno de ellos. La situación más horrible y embarazosa no pudo ocurrirme en ese fatídico día.

Mientras corría me resbalé con un montón de hielo que estaban esparcidos por el suelo, perdí el equilibrio y cai al acantilado.

Escuché el grito desgarrador de Charleen, abrí los ojos y ya me tenia sujeta con una mano, volteé a verla, en su cara pude observar que estaba desesperada, me veía con ojos suplicantes.

-Por favor no te sueltes, Rose, no te sueltes-decia Charleen angustiada.

-Lo estoy intentando-dije con la voz entrecortada-Todo seria más fácil si trajera mi varita.

-Ya somos dos, resiste Rose, no te sueltes-dijo Charleen entre jadeos.

Ya no podía más, se me comenzaba a resbalar la mano y eso lo notaba Charleen muy levemente. Cerré los ojos en un intento de ser fuerte y aguantar que estaba siendo difícil ya que la mano de Charleen estaba helada y la mia un poco más, unos sollozos me hicieron abrir los ojos y centré mi mirada en Charleen, debía ser fuerte al igual que yo.

-Charleen, concentrate, vamos, sé que puedes-le dije con una sonrisa tranquila.

-Rosie fue mi culpa-lloró aún mas y aflojó un poco el agarre.

-No pienses en eso y ¡No me dejes caer!-le grité asustada.

-Lo siento-dijo secándose las lágrimas con la mano libre, pero a mi ya no me quedaban fuerzas, cada vez me resbalaba más y más.

-Ya no puedo, Charleen….

-¡Ni siquiera lo pienses tonta!-gritó Charleen que había dejado de llorar y ante mis palabras reaccionó inmediatamente.

No supe cómo, nuestras manos se soltaron, grité de miedo y Charleen conmigo mientras observaba como caía hacia el río.

-¡NO! ¡ROSE JEANE!

Grité hasta que algo detuvo la caída, no me percaté de que había cerrado los ojos hasta que los volví a abrir y vi al águila que miré aquella vez frente a la ventana de la sala común de Ravenclaw, hace ya un mes.

Era la misma águila, podía jurar que el águila tenia tamaño humano, algo irreal ya que yo iba en su lomo.

Voló lentamente sobre la superficie transparente y congelada del río Severn, bajó lo suficiente como para que pudiera tocar el hielo del rio y lo hice, estaba helado y un escalofrío me recorrió cuando alejé la mano del hielo.

El águila alzó el vuelo y sentí el viento frio acariciar mi piel, el paseo estaba terminando, voló en círculos alrededor del inicio del bosque por donde había entrado.

Aterrizó levemente y lo suficientemente cerca del suelo para que me bajara de un salto. Le acaricié su suave pelaje café dorado, observé como el águila cerró sus ojos grises, me acerqué a su cabeza y comencé a acariciarla mientras le hablaba.

-Gracias por todo, por salvarme, por no dejarme caer-le dije en un susurro, era extraño que estuviera hablándole a un águila que no podía entenderme, pero hizo algo que no esperaba.

Abrió sus grandes ojos repentinamente y me miró fijamente y le sostuve la mirada. Creo que esa águila era mi pequeño ángel guardián y comenzaba a confiar en ella.

-Espero verte pronto, de nuevo, pero en diferentes circunstancias-dije entre risas, el águila elevó sus alas y emprendió el vuelo de nuevo.

Me quedé absorta mirando como desaparecía en el horizonte, cuando perdí su rastro, me dirigí hacia el campamento, tal vez estaban preocupados porque no estaba ahí o a lo mejor aun no se daban cuenta.

Pensé en el águila, era la segunda vez que la veía pero, ¿Porque cuando, como ahora, aparecía siempre que estaba en peligro? No sabía porque pero la sensación que me daba el águila era muy parecida a la de una persona que conocía, pero no podía ser, no conocía esa sensación aunque mi cabeza y mis pensamientos decían lo contrario.

Caminaba con la cabeza gacha y mis manos las coloqué en los bolsillos de los jeans, me preguntaba muchas cosas, como por ejemplo, si el encontrarme con Charleen era casualidad o ya sabía que yo estaba ahí, era extraño, ¿Cómo podía aparecer justo donde yo me encuentro?

Eso era imposible de una u otra manera, así de simple, pero que hacía en el bosque, eso nunca lo sabré. Otra era el jaguar, no era normal que un jaguar defendiera a un humano cuando lo normal sería comerte en un abrir y cerrar de ojos. ¡Por Merlín, estaba confundida!

Nada era como decían los libros de Cuidado de Criaturas Mágicas y los libros muggles sobre seres vivos, los animales con los que me había topado no eran normales. ¿No puedo estar loca o sí?

Al menos me quedaba el consuelo del testimonio de Charleen aunque sigo insistiendo, hay algo que no termina de encajar en ella.

Por un momento desconecté mi cabeza de mis pensamientos y me dediqué en observar todo por donde pasaba. Mis pies pisaban la nieve que comenzaba a derretirse, los pajaros cantaban dándole al lugar un toque algo tétrico, la luz solar me encandilaba pero en ocasiones se nublaba haciendo más misterioso mi lento andar hacia el campamento.

Algo si tenía seguro. No volvería al bosque sola, aunque fue una experiencia única, es algo que no quiero volver a vivir.

Sacudí la cabeza con nerviosismo quería quitar todo pensamiento y sentimiento sobre mi anterior vivencia en el bosque para dar buena cara a mis familiares y amigos. Llegué al campamento y observé como Renata caminaba de un lado a otro desesperada mientras que Charleen, Eveline y Scorpius estaban sentados en los troncos cerca de la fogata ya apagada con expresión preocupada y algo turbia.

Tragué saliva al ver a Charleen, ¿Les habría contado? De verdad esperaba que no. La mayoría de mis compañeros se veían fastidiados y cansados. ¿Cuánto tiempo habré estado ausente? Lo sabría dentro de un momento.

-¡Miren!-gritó Jazmín, suspiré derrotada-¡Ya está aquí!

En un segundo tuve a Renata frente a mí que me miraba con angustia en los ojos, desvié la vista un poco hacia los tres que estaban sobre los troncos, me sorprendí al ver que ahora estaban Bastián y Axel con ellos.

La mirada de Bastián no me agradó, me miraba con odio y amargura, giré la mirada y me encontré con Eveline y Charleen que rehuyeron mi mirada, busqué a Axel quien me veía con recelo para después darme la espalda; al final choqué mi mirada con la de Scorpius. No supe interpretar su mirada, transmitía tantas cosas; me observaba fijamente como analizándome, no quise mirarlos más, así que me concentré en Renata pero ya tenía al lado a Teddy que me estaba regañando a grito abierto.

No supe de lo que hablaba hasta que dijo medio día.

-¿Medio día?-dije sin voz.

-Sí, estuvimos buscándote toda la mañana y parte del medio día, ¿Dónde diablos estabas?-dijo Teddy rojo de furia y separando las silabas de cada palabra para que entendiera.

-Ehh...-dudé en contestar porque sabia que a Teddy no le iba a gustar la respuesta, pero su mirada de furia me decía que contestara o que me atuviera a las consecuencias-En el bosque.

-¿Qué hacías en el bosque?-dijo Teddy falsamente serio y tranquilo.

-Solo quería dar una vuelta-contesté con miedo porque cuando Teddy se enfada es peor que la abuela Molly enojada.

Renata rió con ganas para despues mirarme con burla-¿Dar una vuelta?-volvió a soltar una carcajada-¿No pretendías matarte más bien?

¿Matarme? ¿Cree que quería suicidarme? De verdad estaba loca y eso quería hacerles creer a mis compañeros de curso, no era una chica como lo que ella trataba de insinuar, no me dejaba guiar por mis sentimientos aunque en ocasiones lo hacía, pero ¿Matarme? Eso no era algo con lo que me tenia permitido soñar, ni era el estilo de vida que llevaba.

-Di lo que quieras Renata, ya me cansé de que se burlen de mi, de mi cabello, ¿Sabias que la mayor parte de la población de Reino Unido es pelirroja? Soy una chica que sigue sus ideales, que lucha por lo que quiere y soy la chica que tiene las mejores calificaciones de todo Hogwarts, ¿Sabes una cosa? Al menos yo tengo dignidad y orgullo y no ando como otras buscando una oportunidad para quitarme la vida que es lo más valioso que tengo. No soy como ustedes, eso lo tengo claro y no me podrán cambiar aunque quieran-solté en un grito todo lo que debí de haber dicho desde la vez de la pelea con Brian en Transformaciones y entré a mi casa de campaña sin mirar a nadie y pasando por el frente de los cinco nuevos.

Llegué al cuarto y lloré de rabia, no era justo que me juzgaran sin siquiera conocerme, sin saber lo que había pasado y lo que he tenido que luchar para ser la mejor. Escondí la cabeza en la almohada, no quería ver a nadie, solo quería desaparecer.

Sentí como el colchón crujía por el cambio de peso, alguien estaba ahí conmigo, agarré fuerte la sabana cuando escuché que alguien me hablaba.

-Rose, esta todo bien-dijo la voz suave de Eveline.

-Fuiste muy valiente en defenderte como lo hiciste-dijo una alegre Charleen a lo que sonreí de medio lado y me incorporé en la cama limpiándome las lágrimas con una mano.

-Valiente e impulsiva, es lo que yo diría-corregí a mi amiga con voz suave. Me volví y encontré a Eveline y Charleen cerca de mí sentadas en el borde de la cama, atrás de ellas estaban Bastián y Axel que estaban sonriendo, apoyado en el marco de las cortinas se encontraba Scorpius que sonreía de medio lado como burla.

-¿Qué hacen aquí?-pregunté mirando a los cinco, no podía negarlo me sorprendía que estuvieran ahí.

-¡Nosotros que venimos a consolarte y tu nos preguntas eso!-soltó Axel divertido.

-No es eso, es solo que…me sorprendí, es todo-le contesté algo cohibida.

-¿Por qué?-preguntó Scorpius que se había acercado.

Desvié la mirada mientras contestaba-Pensé que serian los primeros en odiarme, ya saben, por las miradas de odio de Bastián y todo eso.

-¡Eso no tiene nada que ver!-dijo Bastián exaltado y volteé a mirarlo con sorpresa.

-Tenemos más tiempo de conocerte que ellos, no saben como eres en realidad-dijo Charleen sentándose a mi lado-Si estamos aquí, es porque de algún modo, te queremos y nos preocupa verte triste.

-Gracias-le contesté con voz ahogada levantándome de la cama y caminé hacia el extremo de la habitación.

Es difícil creer que después de tres años de no vernos, me dijeran eso; de Charleen y Eveline lo creía pero de Axel, Bastián y Scorpius lo dudaba y mucho. Cerré los ojos y una lágrima solitaria salió de ellos, sentí como una mano fría agarraba mi mano izquierda, abrí los ojos y encontré a Scorpius a un lado de mí, elevó nuestras manos entrelazando nuestros dedos y le dio un suave beso a mi mano.

Sus labios eran helados pero no como un tempano de hielo, estaban helados pero ese frio era agradable o quizá era yo que me puse roja de vergüenza pues esa acción me traía viejos recuerdos que creía haber olvidado.

-Creo recordar que una vez te pregunté si te molestaba y me dijiste que no-susurró en mi oído y apretó más el agarre de nuestras manos-Y creo recordar que no solté tu mano hasta que tu lo hiciste, ¿Ese fue mi motivo para odiarte? Creo que no, Rose Jeane-dijo con una sonrisa colocándose tras mi espalda y giré mi rostro hacia él con una sonrisa que se desvaneció cuando observé lo cerca que estábamos él uno del otro.

Recordé ese momento del que hablaba Scorpius, a partir de ese momento todo cambió entre nosotros.

-Pero pudiste tener muchos otros-le dije mientras observaba la tela color beige de la casa de campaña. Me soltó, otra vez era frio y distante. ¿Por qué?

-Nunca te odiamos, supimos apreciarte como tú a nosotros, supongo-dijo Axel atrás de mí.

-Eso no lo explica todo-dije con segundas esperando a que entendieran a lo que me refería con esas palabras, aún así no me giré para ver a los cinco.

-Tal vez hace tres años nos comportamos como unos patanes, pero créeme que cambiamos, no somos los mismos-dijo Bastián con voz grave.

-Éramos tontos e inmaduros y si alguna vez te hicimos daño, perdónanos, no era nuestra intención herirte-dijo Scorpius con voz amarga y suplicante.

-Tú misma viste el cambio de Lorcan y Lysander y lo aceptaste-dijo Eveline sin emoción alguna, raro en ella.

-¿Podrás aceptar que cambiamos?-me preguntó Bastián con nerviosismo.

¿Cambiaron en qué forma? Me había encontrado con uno de ellos en medio del bosque, alguno había dado la alarma de que no estaba en el campamento, alguno debió saber donde me encontraba.

Me habían mentido con todas las de la ley, algo me ocultaban y no me decían nada.

-No lo sé-contesté con voz fría y distante.

Y era cierto, no lo sabía y era difícil aceptarlo y creerlo.