The Chaos Era

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 2

"El Inicio de un Conflicto en Medio de una Guerra"

El otoño se había apoderado de los prados, los colores habían transmutado a ocres oscuros y rojos encendidos, pero un rojo aún más intenso teñía las planicies cercanas a la ciudad de Kyoto. Las fuerzas leales a Takashi habían circundado los alrededores de la ciudad y la habían incomunicado del norte del país por vía terrestre. En la residencia de los Amakusa se habían instalado Sano, Sayo, Kenshin, Kaoru, Yahiko y Shouzo, mientras que Misao y los demás que vivían en el Aoia obtuvieron hospedaje en el Templo, mientras durara la reconstrucción del restaurante y base secreta del grupo Onni, gracias a la intervención de Aoshi.

Las actividades cotidianas en la casa de Shougo se realizaban diariamente con sigilosos movimientos, mezclando las actividades domésticas con la planificación de la intervención del grupo dentro de la resistencia por parte del Gobierno Meiji por retener el control del país. Una mañana muy temprano, se llevó a cabo una de estas reuniones. Saito había regresado de Fukuoka, un poblado costero al suroeste, con noticias un tanto alentadoras para el grupo:

Shougo (recibiéndolo en la entrada de la casa): Bienvenido a mi casa Hajime Saito. ¿Qué nuevas nos traes esta vez?

Saito (tomando un sorbo de agua de la fuente y limpiando sus manos, como es costumbre al visitar una casa después de un largo viaje): La armada española ha enviado cinco buques repletos de tropas y armamento, los cuales permanecen ocultos en una bahía cercana a Fukuoka.

Kenshin (quien se incorporaba a la conversación): Entonces, por lo que puedo ver, los países de occidente no se mantendrán al margen.

Saito (desabotonando el cuello de su chaqueta, a pesar del frío otoñal, el largo camino lo había sofocado): Al principio así lo habían hecho ya que consideraban que el conflicto era interno, pero cuando Takashi ordenó detener el arribo de barcos mercantes españoles y portugueses al puerto de Tokio, la nación española fue la primera en reaccionar.

Shougo (comenzando a colocarse sus guantes de cuero negro): Lo imagino, ahora que han perdido la mayoría de sus colonias en el continente Americano, su supervivencia económica depende del comercio con las naciones orientales.

Sanosuke (que había salido y escuchaba la conversación mientras jugueteaba con una paja entre sus dientes): Y dinos entonces Hajime, ¿Cuál será el próximo movimiento?

Saito (acompañando a los demás mientras terminaban por entrar a la casa): Las tropas desembarcarán al atardecer del día de hoy y se espera que arriben a la ciudad pasado mañana al atardecer. Estas son nuestras órdenes. El sobre de Aoshi se lo entregaré a mi regreso al cuartel general.

Entregó a cada uno un pliego en donde se les especificaba que deberían ponerse a las órdenes del Coronel Yakamoto quien en su momento les asignaría un grupo de cien hombres a cada uno. El plan era replegar las fuerzas de Takashi hacía el norte y liberar a Kioto de la tensión en la cual se encontraba sumida debido al sitio por parte de las tropas restauradoras.

Mientras leían sus órdenes, Sayo y Kaoru entraban en la habitación, trayendo consigo unas bandejas con frutas de la temporada y tortas de arroz dulce para el desayuno. Misanagi permanecía parada en el pórtico, observando a las otras dos mientras servían a los presentes. En su rostro era visible su estado de incomodidad, nunca pensó que se le hiciera tan difícil el acostumbrarse a las labores domésticas. Había sido entrenada para ser una guerrera y dentro de ella no concebía esa clase de servilismo. Con repentina furia, salió de la habitación, cerrando en panel tras ella con tal violencia, que hizo que todos se percataran de que algo no estaba bien en la mente de la Ninja.

Sanosuke (en tono de mofa y tomando a Sayo de los hombros): Y ahora que le pasa a nuestra anfitriona. ¿Acaso ustedes dos riñeron anoche?

Sayo (lanzando a su esposo una de sus miradas amenazantes, que siempre lograban mantenerlo a raya): ¡Sano!

Shougo (levantándose de la mesa, con voz grave y saliendo en busca de su esposa): Mi relación matrimonial no te incumbe. En vez de meter tus narices, deberías ver la forma de colocar a mi hermana en su propia casa.

Kaoru (realmente molesta, golpea al entrometido en la cabeza): ¡Shougo tiene razón! No es de nuestra incumbencia su relación como pareja y menos de la forma tan descortés como tú lo has hecho.

Sanosuke (frotando con su mano el lugar donde recibió el golpe): ¡Ya Kaoru! ¡Estoy muy grande para tus golpes!

Sayo: No, you are not; your behavior tell us that you still don´t grow up.

Todos: ¿Eh?

Sayo: Ehh... ahh, sí, bueno que Kaoru está en lo cierto.

Sanosuke (sentándose al tiempo que cruzaba sus brazos también): Está bien, perdonen, sólo quise bromear un poco...

Saito (encendiendo un cigarrillo): Creo que el conflicto entre esos dos va mucho mas allá de una broma.

La mirada preocupada de Sayo, por las palabras del oficial, se encontró con la de éste; y como si un lazo psíquico los hubiese unido, los dos estaban seguros del origen del problema. A pesar de que no dudaban que el amor entre Shougo y Misanagi era muy fuerte, también sabían que estaba fundamentado en unas bases aún muy débiles, que solo el tiempo y el sacrificio de ambas partes lograrían fortalecer. Misanagi era una Ninja, y lo que agravaba la situación es que no era una Ninja de la prole, sino que fue la Líder de los Sanada. Como tal, estaba acostumbrada a hacerlo todo a su antojo, sin importar los medios y cuanto o a cuantos era necesario sacrificar para alcanzar sus objetivos. No era la misma de antes, eso también era cierto, pero... ¿Hasta qué punto su naturaleza interior permanecería inerte? Por otro lado, Amakusa era un Samurai, con una concepción casi inflexible del honor, la cual se fortalecía aún mas dados sus principios cristianos. Shougo en ocasiones llegaba a ser un asesino formidable, pero nunca sería capaz de matar por la espalda a su oponente. Esa clase de concepto no era del todo entendido por los Ninjas, entonces.. ¿Cómo dos formas de pensar, de vivir, de actuar tan distintas podrían fusionarse en una sola? Los conflictos de la pareja Amakusa apenas estaban comenzando.

Sayo (saliendo al corredor, musitó): Niichan...

Misanagi estaba en la habitación que Shougo había destinado para las reuniones más formales y a su vez; cuando quería escribir se encerraba por horas ahí. Sobre un escritorio, había una carta que aún no había sido guardada en el sobre. Misanagi observaba esa caligrafía que no podía entender, mientras sus nudillos se apoyaban sobre la madera. Shougo entró a la habitación en el preciso instante en que la mujer bajaba la cabeza y pudo escuchar un sollozo que ella trató inútilmente de contener. Cuando se colocó tras ella, vio que una gruesa lágrima había caído sobre el manuscrito, precisamente en el lugar donde él estampó su firma, esparciendo la tinta en un borrón que hacía ilegible su nombre.

Shougo (colocando sus manos sobre los hombros de su esposa): ¿Qué te ocurre Misanagi?. No logro entender tu comportamiento de hace un momento. ¿Qué berrinches son esos?.

Misanagi no contestó, solo se hizo a un lado y limpió las lágrimas de sus ojos de manera soberbia. En sus manos sostenía unos papeles de viaje que Shougo había preparado para ella y su hermana. Los alzó, mostrándoselos, para dejarlos caer luego.

Misanagi: ¿Crees que te será fácil el separarme de ti?. No puedo leerlos, pero sé reconocer los permisos de viaje y los boletos de barco. ¿Me crees tan ignorante?. Por lo visto, piensas que puedes tratarme como a Sayo, a quien todavía llevas de la mano como una niña.

Shougo tomó los papeles del piso, los ordenó y guardo en una de las gavetas del escritorio. Conocía a la Ninja que estaba frente a él. El responderle con el mismo arrebato, terminaría por empeorar las cosas; pero a su vez, el tratarla suavemente haría incrementar su cólera.

Shougo (mirándola fijamente desde donde se encontraba): Es cierto, saqué los permisos de viaje sin decirles nada, pero te equivocas en algo, en ningún momento pasó por mi mente la idea de enviarlas fuera del Japón sin consultarles primero a las dos. Por si lo olvidas, mi hermana está casada y alguna vez tú y yo estuvimos de acuerdo en que no habría secretos entre nosotros; pero eso no es todo, sé que hay algo mas que te molesta. ¿Quieres decirme que es?.

Lejos de ahí, dentro del Templo, Aoshi se encontraba meditando mientras unos ojos inquietos no dejaban de observarlo desde la entrada. Sin mover un solo músculo, Aoshi de pronto rompe el sacro silencio del lugar.

Aoshi: ¿Qué sucede Misao?

Misao (dando un paso atrás): Lo siento, no quería molestarte...

Aoshi (poniéndose en pie): No lo has hecho, solo que terminé mi meditación y me intrigaba saber que pasaba por esa cabecita.

Al decir esto, la mano se Aoshi se posó sobre la cabeza de la joven y la frotó cual si fuera una chiquilla. El gesto desesperó a Misao, quien se movió rápidamente fuera del alcance del hombre y le contestó con cierta fiereza en su mirada...

Misao: ¡Basta! Estoy cansada de que me trates como a una niña. ¿Cuándo te percatarás de que soy una mujer? El sólo hecho de ser la líder del grupo Onni debería ser la mejor demostración...

Un suspiro de Aoshi no dejó que la chica terminara la frase, lo cual la desconcertó un tanto.

Misao: ¿Qué ocurre?

Aoshi (acercándose a ella): Que no puedo detener el tiempo... y aunque no lo creas... eso me asusta.

De regreso en casa de los Amakusa, Misanagi había permanecido en silencio, sin saber como responderle a Shougo. A pesar de que lo amaba mas que a nada, le costaba mucho controlar su carácter rebelde y en los últimos días se había sentido extraña, como acorralada. Acostumbrada a hacerlo todo a su antojo, ahora se sentía subordinada a las acciones de otros, especialmente a las de su esposo. Cayendo en cuenta que actuaba como una niña malcriada, se acercó a él y le tomó de las manos.

Misanagi: Perdóname por mi comportamiento, pero...

Shougo (mirándola severamente): ¿Vuelves otra vez con tus dudas Misanagi?.

Misanagi (con rencor en su mirada, un sentimiento que Shougo no conocía): ¡Esta vez no son dudas! ¡Estoy bien segura del papel que quiero jugar! Te amo mas que a nada, pero nunca podré ser como ellas.

Shougo: Explícate mejor, porque realmente no te entiendo.

Misanagi: Pues que no pienso quedarme en casa, mientras tú y los otros van al campo de batalla. Quiero ir contigo.

Shougo: No lo sé, será extremadamente peligroso

Misanagi: ¡Ves! Al final, me tratas como a Sayo.

Shougo se quedó callado, no quería que nada malo le pasara, pero ella tenía razón; él la estaba tratando como a una niña. Pocas cosas amedrentaban al Samurai, pero la mirada de Misanagi era lastimosa, por lo que optó no decir mas que un "ya veremos" y salió de la habitación. La sensación de rabia e impotencia se hizo mas fuerte y quedarse un minuto más en aquel lugar la agobiaba. Deslizó el panel que daba a la parte de atrás de la casa, miró el nublado cielo de otoño y aspiró profundamente. Antes de salir, se dio vuelta y miró la silla donde Shougo solía sentarse a escribir, cerró los ojos para volverse nuevamente. Solo los ojos entrenados de un ninja o el sentido de la percepción de un samurai, caerían en cuenta del momento en que Misanagi abandonó la casa.

Cuando Shougo regresó con los demás, Saito se había marchado para entregarle las órdenes a Aoshi. Sayo no se atrevió a preguntarle nada, pues conocía esa mirada aparentemente calmada e infranqueable de su hermano mayor.

Shougo: ¿Cuál es el próximo paso?.

Kenshin: Nos reuniremos con el Coronel Yakamoto, esta noche, en su casa que está en el centro de Kioto.

Shougo: Muy bien.

Kenshin (colocando una mano sobre el hombro de su amigo): ¿Está todo en orden?

Shougo lo miró sin pronunciar una palabra.

Sano (verdaderamente apenado por su comportamiento anterior): Lo siento Amakusa, realmente no quise...

Shougo: Es suficiente, hay cosas mas importantes que resolver en estos momentos.

Misanagi no se había alejado mucho de la casa, solo quería despejar su mente. A medida que el astro rey cumplía con su recorrido matinal y las nubes poco a poco dejaban pasar con menor obstáculo sus rayos hacia la madre tierra, el frío del otoño daba paso a un clima un poco más cálido y reconfortante. El olor de los eucaliptos que crecían en el bosque, cuyo verdor contorneaba la orilla del río, le era familiar y la transportaba a su niñez. Un tanto mas calmada, caminaba por el sendero que bordeaba el río, inmersa en sus pensamientos, si se quiere, un tanto distraída de lo que sucedía a su alrededor. De pronto, el sonido de lo que al parecer era una rama que se quebraba, la puso en alerta. Cuando vio salir del bosque una pequeña gacela que al parecer no se amedrentó con su presencia, un hondo suspiro emergió del fondo de sus pulmones. Cual fue su sorpresa cuando una estrella ninja rasgó su kimono a nivel del muslo. Instintivamente dio un salto atrás, pero un hombre completamente vestido de negro, cuyos ojos eran lo único visible en su rostro, se había colocado a sus espaldas, cerrando su primer flanco de escape. Le rodeó el cuello con su brazo izquierdo, mientras la amenazaba con una Kodachi que sostenía en su mano derecha.

Por un momento, Misanagi se sintió desconcertada, pero recuperó la calma y trató de relajarse, pues sabía que si oponía resistencia sería peor. Su atacante pronto cedió la tensión y fue lo que aprovechó la Ninja para golpearlo con su codo y liberarse de su opresión, colocándose ella detrás del individuo y quitándole el arma de la mano. Pero pronto se vio rodeada por un grupo de ocho individuos, todos vestidos igual al primero y entre los cuales se encontraba una mujer. Por las vestiduras, sin duda eran ninjas renegados, expulsados de sus escuelas y que escondían sus rostros tras una máscara para evitar ser cazados por sus crímenes.

La mujer: Pero si es nada menos que Misanagi Moriya.

Misanagi: ¿Te conozco?

La mujer: Soy Tsunami, del Koga clan.

El Koga clan, era un grupo de ninjas elite, a las órdenes del Shogun, encargados del espionaje y de realizar las tareas más delicadas, aquellas que no podían ser realizadas ni por los ejércitos ni por los miembros del daimio, sólo por la mano oscura y sigilosa de los ninjas. Quienes la rodeaban, relajaron sus posiciones y la mujer, que al parecer era quien los comandaba, se acercó a ella.

Misanagi: Por lo visto, todos queremos recuperar los privilegios perdidos.

Tsunami: Bien lo sabes Líder Sanada y tú deberías estar de nuestro lado, el Gobierno Meiji ha despreciado a los nuestros. Tú y tu grupo deberían unirse a nosotros en la lucha contra ellos.

Misanagi: No soy mas la Líder Sanada, por lo tanto no soy a quien debes acudir para pedir ayuda.

Tsunami (arqueando sus cejas en gesto de extrañeza): ¿Quién o qué te hizo abandonar a los tuyos? ¿Acaso fuiste expulsada?. En cualquier caso, será un placer para nosotros contar con tus habilidades.

Misanagi (sosteniendo la mirada inquisitiva de su igual): Me halagas, pero como dije antes no debes acudir ante mi para pedir ayuda.

Los ninjas siempre tienen un truco escondido bajo la manga y en esta ocasión, Misanagi literalmente lo tenía. Mientras aparentemente conversaba con la mujer, introdujo su mano derecha dentro de la manga diestra de su kimono y sacó una pequeña esfera de color negro, la cual lanzó al piso apenas hubo terminado la frase. Una densa capa de humo los envolvió, permitiéndole a Misanagi alejarse un tanto. El kimono no le permitía moverse con soltura. Tomó la Kodachi, cortó sus vestiduras por encima de la rodilla y terminó de rasgarlas de un tirón. Ahora sus movimientos eran más ágiles y logró posarse en una rama. Pero inmediatamente, una lluvia de estrellas de acero, la hizo moverse de una a otra. Se encontraba a una altura un tanto peligrosa, cuando una pequeña explosión quebró la rama en la cual se sostenía, cayendo al piso de forma estrepitosa. Trató de levantarse, pero un agudo dolor en su tobillo izquierdo la hizo gritar, permaneciendo en el suelo, sin mayor defensa que la Kodachi que aún sujetaba.

Ya la habían rodeado de nuevo cuando uno de ellos hizo un gesto para que los demás se volvieran. Un hombre alto, de largos cabellos negros, se aproximaba por el sendero. Era un tanto extraño, vestía una larga capa blanca y de su cinturón colgaba una vasija de cerámica que se movía al compás de su caminar. Tsunami dio la orden de que ayudaran a levantar a Misanagi y actuasen con la mayor naturalidad, no quería intromisiones de nadie. Comenzaron a avanzar, cuando el desconocido interrumpió.

? (lanzando una mirada rápida a la pierna herida de Misanagi): ¿Necesitan ayuda? Tengo buen sake para calmar el dolor.

Tsunami (tratando de ocultar su incomodidad): No gracias, nosotros nos encargaremos de cuidarla.

? (tomando la vasija con las dos manos y acercándosela a Misanagi): Vamos, un trago alejará el dolor de ese hermoso rostro.

Tsunami (tirando la vasija al piso con un golpe): He dicho que nosotros nos encargaremos.

?: Ustedes los ninjas, siempre tan falsos.

Al tiempo que el individuo decía estas palabras, tomó su bastón y con una velocidad sorprendente golpeó uno a uno a cada ninja, dejándoles inconscientes. Tsunami blandió una katana, ante lo que el hombre sacó su espada del bastón y la enfrentó, con una técnica que Misanagi había visto antes. Pronto la mujer yacía en un charco de sangre a los pies del hombre.

?: Nunca derrames el sake de Hiko Seijuro.

Misanagi había caído al suelo cuando Hiko golpeó a quienes la sostenían. Su rostro reflejaba el dolor de su pie lastimado, mientras ella trataba en vano de ponerse de pie.

Seijuro (acercándose a ella y tomándola en brazos): No lo hagas, será peor. Lástima, el sake te hubiera ayudado un poco, pero esa mujer lo derramó todo. Ahora tendré que comprar más.

Misanagi (aferrándose al firme cuello del Samurai): Gracias.., pero ¿Eres tú el maestro de Himura?.

Seijuro (un tanto sorprendido de escuchar el nombre de su pupilo de labios de alguien a quien acababa de conocer): ¿Kenshin Himura?. Sí, soy su maestro ¿Acaso le conoces?

Misanagi: En un pasado no muy lejano, me enfrenté a él.

Seijuro (suspirando): El pasado de Kenshin, siempre se cierne sobre él como una nube negra en su destino...Perdón, pero no sé tu nombre.

Misanagi: Soy Mo..., perdón, Amakusa Misanagi...Kenshin vive en mi casa ahora.

Seijuro: ¿Amakusa? ¿De los Amakusa de Shimabara? ¿Pero tenía entendido que eran sólo dos hermanos?.

Misanagi: Soy la esposa de Shougo.

Seijuro (lanzando una risotada): Vaya coincidencia, dos de los exponentes del estilo Hiten Mitsurugi

juntos. Será divertido unirme a ellos. Los únicos hombres que manejan ese estilo juntos.., ja.

Misanagi: Pero también existe una mujer que maneja ese estilo.

Seijuro (con una expresión de sorpresa): ¿Una mujer?

¿Volverán a encontrarse el maestro y la alumna? ¿Cuál será la estrategia a seguir por nuestros amigos para replegar a las fuerzas de Takashi? Disfruten de la continuación de la saga de "The Black Dragon Society" en los próximos capítulos de "The Chaos Era".