The Chaos Era
by Shougo Amakusa & Misanagi
Capítulo 4
"¿Cenizas de un Sentimiento?"
Shougo, Kenshin, Saito, Aoshi, Seijuro, Misanagi, Sanosuke y Soujiro se unieron al ejército del Coronel Yakamoto, quien puso parte de su tropa a las órdenes de Shougo, Kenshin, Saito y Misanagi. En tanto, al Aoia había llegado una vieja conocida de Kaoru.
Kaoru (aún sorprendida): Megumi, pero... ¿Cuándo llegaste?.
Megumi (sonriendo): Esta mañana. El Dr. Gensai creyó conveniente que viniese a prestarles mi ayuda. Un médico siempre es necesario en tiempos de guerra. ¿No lo crees así?. Además debía venir a felicitarte en persona... al fin atrapaste a Ken.
Kaoru (ocultando el sonrojo): La verdad es que soñé tantas veces el estar casada con Kenshin, que aún me parece un sueño. Y sí, tienes razón, ahora mas que nunca necesitamos de tus conocimientos médicos.
Megumi (mirando hacia todos lados): Pero.., ¿Dónde están Ken y Sano?. Y, ¿Quién es él?.
Kaoru (viendo a Shouzo, quien se había mantenido al margen de la conversación): Él es nuestro amigo Shouzo, era el guardián de Sayo Amakusa, la hermana de Shougo Amakusa...¿Recuerdas?.
Megumi (haciendo una pequeña reverencia): Mucho gusto, Takani Megumi a sus servicios.
Shouzo (haciendo lo propio): El gusto es mío Srta. Megumi.
Shouzo siempre pensó que nunca podría conocer una hermosura tan especial como la de su señora Amakusa, pero a diferencia de Santa Magdalia, la Srta. Megumi tenía una belleza madura, no tan encantadora como la de Sayo, pero igual de atrayente. Los tres pasaron a la casa y Shouzo observaba con detenimiento sus movimientos, la forma cariñosa como la saludó Yahiko, muy diferente al trato que le daba el pupilo a su maestra de Kendo, con quien más bien parecía sostener una relación de hermano pequeño... Shouzo no pudo mas que suspirar y pensar para sus adentros: "Cada vez entiendo menos a esta gente de Tokio".
En las inmediaciones de la población de Nagoya, en el campamento del Coronel Yakamoto, se revisaban los planes para mantener replegadas a las fuerzas de Takashi y de ser posible repelerlas en su totalidad.
Yakamoto (señalizando unos puntos sobre un mapa): Señores, esta es nuestra oportunidad de lanzar el contraataque contra los restauradores. Las bajas han sido importantes para las fuerzas de Takashi y debemos enfrentarlos de nuevo antes de que puedan obtener refuerzos. Tengo entendido que...
El Coronel se vio interrumpido por la entrada de Misanagi a la tienda. Caminaba con dificultad, aún le molestaba el pie. Al darse cuenta de la interrupción, sólo bajó la cabeza...
Misanagi (con voz queda): Lo siento, no volverá a suceder...
Yakamoto (visiblemente molesto): ¡Claro que no volverá a pasar!... pero puedo preguntar el porqué sucedió esta vez.
Misanagi (mirando su pie vendado y apretando los puños): Lo siento, señor, es que...
El Coronel era conocido por ser un gran estratega, un hombre sumamente inteligente, pero sin un ápice de moderación en cuanto a lo que a modales se refiere. Por ello se acercó a la Ninja y con el fuete propinó unos ligeros golpes al pie lastimado de la mujer, mientras le decía "O será que su pie lastimado le ha restado velocidad. En esas condiciones no nos es útil y menos para dirigir a un grupo de hombres". Shougo, que observaba la escena, estuvo a punto de olvidarse de todo y propinarle una buena lección a ese Realista arrogante, pero una mirada de Misanagi bastó para hacerlo entender que su intervención la hubiera humillado más. A pesar de que las cosas no marchaban como él quería entre ellos, aún la amaba y le dolía verla tratando de demostrarle algo a los demás, o sería mas bien, demostrárselo a ella misma.
Yakamoto (dando media vuelta): Lo siento, pero no soy tan insensato como usted, no puedo poner la vida de un puñado de hombres a manos de una mujer inválida. Es usted la esposa de Amakusa. ¿Cierto?. Mejor vuelva a casa y dedíquese a las labores del hogar.
La ira de la Ninja no pudo encenderse más, a pesar del dolor en su pie izquierdo, se movió rápidamente hasta alcanzar el lugar del Coronel...
Misanagi (con una mueca de dolor que escondía bajo una irónica sonrisa): ¿Cree usted que esta velocidad le sea satisfactoria, Coronel?
Yakamoto: Sin duda impresionante, pero su comportamiento me da la razón. No puedo poner a mis tropas en manos de una mujer tan visceral. Si desea quedarse en el campamento, bien por usted, siempre podrá ser de utilidad, pero no irá con nosotros al campo de batalla. Himura y Amakusa, tomen control de la mitad de los hombres que le habían sido asignados a Misanagi... ¡Y es una orden!.
Kenshin/Shougo (al unísono): Sí, señor.
Misanagi salió de la tienda, no sin primero lanzar una mirada furibunda al Coronel, para luego pasar delante de los otros con la cabeza gacha. Todos sintieron pena por ella, conocían sus deseos de participar, siempre obedeciendo el espíritu guerrero de los Sanada, espíritu que no había cambiado en lo absoluto. Shougo pidió permiso para retirarse y fue tras ella...
Shougo: Espera.., Misanagi.
Misanagi (apoyada de espaldas sobre unas cajas de municiones, frotándose el pie lastimado): Estarás feliz ¿Verdad?
Shougo (sin poder ocultar una expresión de dolor): ¿Qué te ocurre? ¿Crees que no quería quitarle lo arrogante a ese imbécil? Pero tu misma me detuviste ¿Recuerdas?.
Misanagi (deslizándose, hasta llegar a sentarse en el suelo): Lo sé.., lo siento.
Shougo (acercándose a ella lentamente, con la cautela de un felino que teme ser herido de nuevo): ¿Qué nos pasa? ¿Por qué en los últimos días todo es agresión entre nosotros?
Misanagi (sin levantar la mirada): No lo sé.
Shougo (tomándola de la barbilla y viéndola fijamente a los ojos): Vamos, Misa, sabes que puedes hablar de lo que te sucede.
La mujer le sostuvo la mirada por un instante, luego se abrazó a él fuertemente para después levantarse, con el mismo ímpetu con el que lo abrazó primero, y desaparecer entre las tiendas de campaña. Shougo no pudo con el dolor de su corazón y una lágrima rodó por su mejilla. En ese instante una mano se posó sobre su espalda; era Kenshin, quien se había convertido en su amigo silencioso. Shougo se levantó, lo miró y luego vio al cielo, cuyos colores pasaban de un rojo encendido a un negro absoluto a medida que el ocaso llegaba a su fin...
Shougo: La estoy perdiendo, Kenshin...
Kenshin: Debes descansar amigo, mañana será un día muy difícil.
Shougo (para sí mismo): Claro, al diablo mis sentimientos, sólo tengo que descansar para poder matar...
Kenshin: ¿Oro?.
Shougo: No, nada.
Ya entrada la noche, una pequeña luz se movía rítmicamente, casi a un tiempo, a diferencia de otras luces que más bien parecían extinguirse al poco tiempo de brillar.
?: Veo que el lobo no cambia sus hábitos nocturnos.
Saito: Los cuales no te incumben en lo absoluto; a mí me tiene sin cuidado el verte siempre con una botella de sake en la mano.
Seijuro: Bien por ti... ¿Quieres un trago?
Saito lanzó la colilla al suelo, sin preocuparse por apagarla del todo. Asintió con la cabeza, a lo que el maestro tomó un pequeño recipiente de barro y sirvió sake para luego ofrecerlo a su compañero de insomnio. Saito, después de dar un sorbo, dijo:
Saito: ¿Qué crees que suceda?.
Seijuro: Una profunda oscuridad se cierne sobre nosotros.
?: Una interesante respuesta.
Saito y Seijuro voltearon y vieron a Shougo caminar hacia ellos, el cristiano se veía sereno y su paso era lento, pero firme.
Shougo: Mística, pero acorde.
Saito: Veo que tampoco has podido dormir.
Shougo: La verdad, no he querido hacerlo.
Seijuro: ¿Un trago de Sake?.
Shougo: No, pero gracias de todos modos... Mañana se iniciará el ataque, a ver qué sucede.
Seijuro: Pues no te veo convencido de todo esto.
Shougo: ¿Por qué habría de estarlo?. Sea como sea el resultado será el mismo, campos llenos de cadáveres, olor a sangre en todos lados, familias enteras aniquiladas, niños huérfanos y todas las cosas que una Guerra trae.
Seijuro: Tienes razón, pero no tenemos alternativa. Takashi no ve las cosas del mismo modo que tú, a él no le interesa sacrificar vidas para lograr sus objetivos.
Shougo: Lo sé, por eso estoy acá, pero ello no quiere decir que esté confome con lo que estoy haciendo.
Saito: Pues, tú hace poco estuviste en el lugar de Takashi.
Shougo: No; yo luchaba para que no aniquilaran a los míos y no para iniciar una Guerra Civil. Sólo quería que este Gobierno nos dejara en Paz.
Seijuro: Sea por la razón que sea, ahora estamos en medio de esta Guerra, y la única manera de terminarla es luchando en ella hasta que uno de los dos bandos resulte victorioso.
Los tres Samurais se quedaron charlando mientras la noche continuaba con su constante oscuridad. Mientras tanto, en la base de los restauradores, Takashi celebraba una reunión con Melders.
Takashi: ¿Encontraste los refuerzos?.
Melders: Sí, las tropas de Yokohama y Toyama están listas.
Takashi: Bien, es lo bueno de tener un batallón de reserva; mis espías me han informado que el Coronel Yakamoto está planeando un ataque contra nosotros y que ese ataque será mañana. Al parecer, ellos no tienen idea del tamaño de nuestro ejército y creen que con su pequeña victoria han logrado diezmar significativamente nuestras fuerzas.
Melders (con una ligera sonrisa): Idiotas...Bien, ¿Qué haremos al respecto?.
Takashi: Tengo varias alternativas. ¿Alguna sugerencia?.
Melders: Sí.
Y en ese momento, Melders señaló el mapa de Japón que estaba en la mesa de la habitación.
Melders: Ellos están cerca de Nagoya y nuestras fuerzas están entre Nagoya y Tokio, sugiero que cuando ellos lancen el ataque nos regresemos a Tokio.
Takashi: ¿Sugieres que cedamos todo lo que hemos avanzado?. ¿Una rendición?.
Melders: Nunca sugeriría eso. Al hacer lo que ya dije ellos creerán que nos están replegando, y mientras se acercan a Tokio junto con nosotros, las tropas de Toyama se colocarán en su retaguardia, mientras que las tropas de Yokohama se ubicarán en uno de sus flancos, en ese momento, nosotros iniciaremos el ataque por el frente y los rodearemos.
Takashi: Brillante estrategia mi querido Melders, pero, ¿tenemos suficiente tiempo?.
Melders: Sí; si envío a un mensajero a Toyama y me dirijo de inmediato hacia Yokohama podremos hacer la maniobra, sólo que Ustedes tendrían que detener a las tropas del gobierno el mayor tiempo posible.
Takashi: Eso no será problema, iniciemos esa maniobra, si todo sale bien les daremos un fuerte golpe y la Toma de Nagoya sería un hecho.
Melders: Y luego le seguiría el turno a Kyoto.
Takashi: Sí; bien, parte de inmediato.
Melders: ¡Por la Sociedad!.
El alemán partió y Takashi se quedó sólo en la habitación, luego de un rato de meditar, el líder de la Sociedad salió y contempló la noche.
Takashi: Pronto este país verá la luz de un nuevo amanecer, el amanecer de una Nueva Era.
En ese momento, dos siluetas salieron de las sombras.
Takashi: Ustedes serán nuestros mensajeros para realizar esta maniobra, no fallen.
Al escuchar las palabras de Takashi, las dos figuras desaparecieron...Pronto, la noche dio paso al día y con él, a muchas posibilidades, Shougo, Kenshin, Saito y Aoshi estaban listos para partir y el Coronel Yakamoto les daba las últimas instrucciones. Sanosuke y Soujiro estaban junto con el Coronel; ellos no irían a la batalla y se quedarían en el campamento como una tropa de reserva, una vez dadas las instrucciones, las tropas partieron al encuentro del ejército de Takashi. En el campamento, Misanagi estaba frustrada por el vuelco que habían dado las cosas, su ira era muy grande, pero no sólo contra el Coronel, sino contra su suerte, pues en mala hora se había venido a lastimar el tobillo, de pronto una persona se colocó junto a ella.
?: Entiendo como te sientes y por eso he venido hasta acá.
Misanagi (reconociendo a la persona e intentando mostrarse indiferente): ¿Qué desea?.
Seijuro: Bueno, sé que quieres ir a la batalla y vengo a invitarte.
Misanagi: ¿Eh?.
Seijuro: Lo que escuchaste.
En ese momento, Seijuro empezó a caminar.
Seijuro: Las dudas no son buenas amigas, si vas a venir te sugiero que lo hagas ahora.
Misanagi se quedó viendo al Samurai y tomó la decisión de ir con él a la batalla, aunque se sentía más aliviada, el dolor persistía, pero su orgullo de Ninja Sanada era más fuerte que cualquier dolencia física. Tiempo después, en Kyoto.
Kaoru: ...y eso es un resumen de todo lo que ha ocurrido.
Megumi: Vaya, la verdad me he perdido de muchas cosas, a ver si dejo de desaparecerme.
Luego Megumi volteó a ver a Sayo, aunque lo negara en el fondo sentía algo de envidia por ella, pues la cristiana había logrado atrapar a Sanosuke.
Megumi: A ver, así que tú eres la esposa de Sano.
Sayo: Hai.
Megumi: Pues felicitaciones, espero que seas capaz de hacer que se comporte.
En ese momento Megumi y Kaoru se quedaron mirando y empezaron a reír.
Sayo (algo sonrojada): La verdad, creo que eso es imposible.
Y las tres mujeres rieron un buen rato.
Megumi (suspirando): Bueno, pues ahora nos toca esperar noticias de los demás.
Kaoru: Espero que Kenshin esté bien.
Sayo: A ver si Sano no se mete en líos.
En ese momento Yahiko y Shouzo entraron con una carta.
Shouzo: Lamento interrumpirlas, pero traigo noticias de Nagoya.
Las tres mujeres se pusieron de pie y se dispusieron a escuchar.
Sayo: ¿Qué ha sucedido?.
Shouzo: Santa Magdalia...
Megumi: ¿Santa?.
Kaoru: Luego te explicamos. Por favor, Shouzo, continúa.
Shouzo: Bien, Sanosuke escribió para informarnos que ya se inició el ataque contra Takashi; él y Soujiro se quedaron en el campamento para formar parte del batallón de reserva y los demás han ido al combate a excepción de Misanagi quien desapareció luego de tener un enfrentamiento con el Coronel Yakamoto.
Kaoru: Espero que salga todo bien.
Sayo: Cuídate, hermano.
Mientras tanto, las tropas del gobierno se acercaban al lugar indicado para el ataque.
Shougo: Bien, ya puedo ver al ejército de Takashi.
Kenshin: Creo que llegó la hora.
Aoshi: Sólo espero que podamos regresar de ésta.
Saito: Que la batalla se inicie.
¿Qué sucederá ahora?. ¿Funcionará la estrategia de Melders?. ¿Acaso este es el fin de la Guerra?. ¿Takashi será el vencedor?. No se pierda el próximo capítulo de The Chaos Era.
