The Chaos Era

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 5

"La Delgada Línea que Separa la Realidad de las Pesadillas"

Las tropas leales al Gobierno Meiji, que aún mantenía el control sobre el poder público del Japón desde su centro de operaciones en la ciudad de Kyoto, habían ya divisado al ejército que pretendía restaurar el régimen del Shogun. Aún cuando cada hombre perteneciente a ambos bandos estaba preparado para derramar hasta la última gota de sangre con tal de favorecer a su causa, muchos de ellos, contendores desde la Era Tokugawa, estaban hastiados de tanta guerra, hermano contra hermano, hijo contra padre. Muchos pensaban que los cambios debían darse, pero entendían que esa no era la forma correcta. Uno de esos hombres era Kenshin Himura, quien ya había matado muchos hombres y enfrentado a otros tantos con tal de preservar la paz en su país.

Kenshin, Shougo, Aoshi y Saito cabalgaban al frente de sus tropas. Aoshi había vuelto a vestir su traje de pelea, pero esta vez era de color negro. Una cinta blanca en su brazo izquierdo, con el símbolo del Yin-Yan llamaba la atención de sus hombres e inclusive de sus compañeros. De pronto, sacó de su cinturón un sobre doblado al medio.

Aoshi (con voz seca): ¡Hanoi!.

Un hombre bajo, un tanto encorvado, se colocó rápidamente al lado de la montura del Ninja.

Hanoi (sin levantar la mirada del suelo): ¡Hai, maestro!.

Aoshi (entregándole el sobre): Lleva esto al campamento inmediatamente. Me urge que lo entreguen hoy mismo en Kyoto.

Hanoi (tomando el sobre, aún sin levantar la mirada y haciendo una reverencia ante su superior): Cuente con ello Maestro.

Aoshi: ¡Hanoi!.

Hanoi (forzado a levantar la mirada por el tono autoritario de Aoshi): ¿Maestro?.

Aoshi: Gracias.

El hombre volvió a inclinarse ante su superior, no sin antes sonreírle a su Señor, quien a pesar de ello no cambió la expresión melancólica de su rostro. Shougo que los había observado se preguntaba el porqué ese hombre era inclusive incapaz de sonreír sarcásticamente.

Quien sí lo hacía era Seijuro, ante lo inconveniente que le resultaba a la señora Amakusa el recorrer tan largo trayecto afectada por el dolor de su pie lastimado. Faltaban por lo menos dos horas para que el sol se ocultase y no sería conveniente avanzar en plena oscuridad. Hiko podía escuchar el susurro de un arroyo cercano y el espesor del bosque que los rodeaba sería buen cobijo para pasar la noche. Se detuvo un instante y volteo a ver como Misanagi se sostenía de un árbol mientras apoyaba todo su peso sobre el pie derecho para hacer descansar el izquierdo. Cuando menos lo pensaba, la Ninja tenía a Seijuro en cuclillas frente a ella, tomando el pie lastimado entre ambas manos, el cual ella retiró de manera instintiva.

Misanagi: ¿Qué cree que hace?.

Seijuro (volviendo a sujetar el pie de la Ninja y viéndola duramente): ¡Deja de actuar como una niña malcriada! ¡No soy Amakusa, a quien puedes tratar como te da la gana! Ahora... ¿Vas a dejar que te revise el pie, o prefieres volver al campamento? Pero obviamente, si decides lo último, es claro que lo harás por tus propio medios.

A pesar de que el carácter de la Ninja no era muy dócil que se diga, la forma impositiva como Hiko se dirigió a ella la hizo enmudecer y cambiar su actitud. A pesar de la diferencia de edad, los años no habían hecho mella en el físico de Hiko, pero su fuerte carácter, aunado a su conocimiento en el manejo de la espada, amedrentaba al mas fuerte y hábil guerrero. Misanagi, no tuvo otra opción que asentir y dejar que Hiko le revisara el tobillo.

Seijuro: ¡Siéntate! Necesito que estés lo mas relajada posible.

Misanagi (deslizándose a través del tronco del árbol en el cual estaba apoyada): Bien, muy bien, estoy dispuesta a cooperar, entonces, ¿Serías tan amable de no tratarme en esa forma tan ruda? - ¡Ay! - ¿Pero que haces?.

Seijuro había halado del pie de la mujer, esparció con sus dedos una crema de color grisáceo y ahora vendaba fuertemente el píe de forma de se moviera lo menos posible, por lo menos durante el transcurso de la noche. Ya se vería su evolución al día siguiente.

Seijuro (dándole a Misanagi un recipiente de arcilla): Ahora bebe. Es necesario que descanses. Mañana veré si el ungüento a base de opio hizo el efecto que espero. ¿Cómo no te hiciste ver ese pie antes? Tenías dislocado el tobillo.

La expresión del rostro de la Ninja se ensombreció, al recordar la forma como había rechazado la ayuda de Shougo cuando quiso revisarle el píe en casa. Seijuro no pasó por alto el cambio en el carácter de la mujer, por lo que la dejó sola con sus pensamientos.

Seijuro (levantándose): Voy a buscar unas ramas secas, pasaremos la noche en este lugar.

Ya era entrada la noche, cuando en casa de Shougo Amakusa ya habían terminado de cenar. Misao no había querido regresar al templo con Okina y Omasu, pues la única razón que le permitía soportar aquel taciturno lugar no se encontraba con ellos, por lo que hizo los mil y un berrinches hasta que la dejaron quedar con ellos. Kaoru fue la mas agradecida por la compañía de la joven. A pesar de que los roces entre Megumi y ella habían cesado, la diferencia de edad se hacía en ocasiones demasiado evidente, por lo que se encontraba muy a gusto con la joven Onniwabanshu. Yahiko, de pronto rompió con la tranquilidad nocturna, extendiendo sus brazos y exclamando a toda voz:

Yahiko: Al fin he vuelto a comer como se debe. El Dr. Genzai no sólo nos envió la mejor doctora del Japón, sino también a una excelente cocinera... ¿Verdad feita?.

Kaoru (levantándose, dispuesta a echar a correr tras su pupilo): ¡Basta Yahiko! ¿No te cansas nunca de faltarme al respecto? ¡Recuerda que soy tu maestra!

Megumi: Mientras sigas correteándolo y comportándote como una niña, lo seguirá haciendo. Eres tú quien no guarda la distancia Kaoru, ya eres una mujer casada.

Misao (un tanto molesta por el tono desdeñoso de Megumi): Deja Kaoru, que yo me encargo de ese mocoso atrevido e insolente.

Al tiempo de decir estas palabras, la joven Onni se levantó y antes de que pudiera alcanzar al chico, tropezó con Sayo, quien entraba en la habitación un tanto agitada y con un sobre en su mano.

Sayo (tomando aire): ¡Misao! Es para ti. ¡Viene del frente y es urgente!

La joven se quedó paralizada, al igual que todos los presentes en el lugar.

Kaoru (rompiendo el silencio): ¡Misao! ¿Es que piensas quedarte petrificada toda la noche? ¡Vamos, abre ese sobre!

Misao reaccionó de manera autómata. Tomó el sobre de manos de Sayo y rompió uno de los bordes de manera nerviosa. Reconoció la caligrafía de Aoshi por instinto, tantos años junto a él, observando minuciosamente cada gesto, cada maña, cómo podía pasar desapercibida entonces su forma particular de plasmar sobre el lienzo cada símbolo, ¡Imposible! A medida que sus ojos recorrían el papel de arriba hacia abajo, la tez de la chica se tornaba cada vez mas pálida.

"Mi querida Misao

Han pasado muchos años desde el momento en que prometí a tus padres el cuidar de ti. He cumplido con mi promesa. Eres una adolescente parada ante el umbral de tu madurez como mujer. Pero como el padre con sus hijos, fui yo el que no quiso darse cuenta antes. Lamento las veces en que mi ceguera te causó dolor. Es lo menos que hubiera querido para ti, mi querida niña. En estos momentos me encuentro frente a mi destino. No sé si volveré de esta batalla, pero quise despedirme de la persona que dio un nuevo significado a mi vida. Gracias por ser el canto del ruiseñor en mis mañanas tristes.

Tu protector

Shinomori Aoshi - San"

Misao (arrugando la carta entre sus manos): ... ¿Un padre con sus hijos?... ¿Mi protector?...¡No! ¡Así no, así no!

Al decir esto, la chica rápidamente deslizó el panel que daba a la parte exterior de la casa y se hundió en la oscuridad de la noche. Todos se sorprendieron al ver la actitud de la Onniwa Banshu, y la primera en reaccionar fue Kaoru.

Kaoru (angustiada): ¿Qué se le habrá metido en la cabeza?. Debemos ir tras ella. No hay tiempo que perder.

Pero cuando Kaoru quiso correr detrás de Misao fue detenida por Megumi.

Kaoru (histérica): ¡¿Qué crees que haces?!. ¡¿No ves que le puede pasar algo?!.

Megumi (enojada): ¿Hasta cuándo tratarás a Misao como una niña?. Mientras nosotros mismos no dejemos de tratar a Misao como una bebé, Aoshi no dejará de hacerlo; si de verdad queremos que Aoshi vea a Misao como una mujer, nosotros debemos dar el primer paso y tratarla como tal. Ella necesita arreglar muchas cosas y es algo que debe hacer por sí misma, así que no metamos nuestras narices donde no nos están llamando. ¿Wakarimasu ka?.

Las palabras de Megumi hicieron reflexionar a los presentes (Kaoru incluida), por lo que hubo un profundo silencio en la casa, de pronto Kaoru habló.

Kaoru: Wakarimasu Megumi-san. Gomen nasai. Tienes razón. Lamento haberme comportado de esa forma. Espero que todo le salga bien.

Megumi (suspirando): Yo también, pero no la va a tener nada fácil.

Lejos de allí; Misanagi se encontró de pronto, sola. El crepitar de las últimas brasas de la fogata se había vuelto ya inaudible. De pronto un sonido ensordecedor la sobresaltó. El estallido de municiones, unas de menor intensidad que otras, la hizo levantarse instantáneamente. Hecho a andar, pero a medida que el sonido de lo que parecía ser una batalla se hacía cada vez mas agudo, la frecuencia y rapidez de sus pasos también se incrementaba. Le llamó la atención el hecho de que la molestia de su píe había desaparecido. Definitivamente el medicamento de Hiko fue efectivo. Pero este pensamiento solo duró una fracción de segundos. Para el momento en que se encontró en medio del fragor de aquel enfrentamiento, cualquier idea se borró de manera instantánea. Sólo un nombre, un rostro. ¡Shougo!.

Como si de un sortilegio se tratara, en el momento en que sus labios pronunciaron el nombre de su esposo, lo vio en combate de espadas, mientras un soldado enemigo le apuntaba por la espalda. Trató de advertirle, pero sus gritos eran silenciados por el eco de las explosiones. Corrió hacía él, alcanzándolo en el momento justo en que su cuerpo inerte se desplomaba en los brazos de ella. Colocó la cabeza de Shougo sobre sus muslos y lo llamaba, una y otra vez, pero él no respondía. Los ojos abiertos de él, no miraban a ningún lugar, no la miraban a ella. Misanagi cerró los ojos y un grito ahogado en llanto emergió de su garganta. Segundos mas tarde, sintió como alguien que la tomaba de los hombros, la llamaba insistentemente. Cuando abrió los ojos, era Hiko quien estaba frente a ella.

Hiko: ¡Misanagi! ¡Vamos! ¡Reacciona!

Misanagi (abrazándose a Seijuro, sin dejar de llorar amargamente): ¡Shougo! ¡Shougo está muerto! ¿Por qué él? ¿Por qué?

Seijuro (tomándola nuevamente de los hombros y colocándola frente a él): ¡Misanagi! ¡Mírame! ¡Vamos, mírame! Tuviste una pesadilla. Shougo no está muerto ¿Me escuchas?

La Ninja quedó como en shock por unos segundos.

Seijuro: ¿Me escuchaste Misanagi?

Misanagi (llevándose la mano al rostro y moviendo la cabeza en señal afirmativa): S...si.., si te escuché.

Seijuro (ofreciéndole una vasija a la mujer): Vamos, toma un poco.

Misanagi (haciendo a un lado la vasija): No, ahora no quiero sake.

Seijuro (volviendo a ofrecérsela): Anda bebe, te hará bien un poco de agua. Mírate, estas bañada en sudor.

La Ninja miró a Seijuro un tanto divertida, era raro verlo ofrecer algo para beber distinto al sake. Tomó la vasija de las manos del maestro y comenzó a beber. En el lugar de la batalla, ya se habían producido los primeros disparos y el combate se había iniciado; Shougo, Saito, Aoshi y Kenshin eran los cuatro que estaban al mando, pues el Coronel Yakamoto se había quedado en la base; los cuatro guerreros se quedaron a una distancia prudente para dirigir a sus tropas, pues en ese tipo de batallas, él o los líderes dirigían desde un punto seguro, debido a que si el estratega era muerto en combate, no quedaría nadie para planificar los planes en la batalla.

Desde lo lejos, los cuatro guerreros parecían ser los cuatro jinetes del Apocalipsis, quienes, tal y como lo profetizan las escrituras, vienen a traer la muerte a sus enemigos. La calma de aquellas planicies era interrumpida por el ruido de las espadas al chocar; cada golpe de sable llevaba muchos ideales en su interior; unos sables luchaban por mantener la estabilidad del Japón y otros peleaban por un cambio en el país. Pero el silencio sepulcral de aquel lugar no sólo era enturbiado por las espadas, las armas de fuego, con sus detonaciones, también llenaban el vacío de la zona.

Yakamoto y Takashi eran seguidores fieles del código Bushido y por tal motivo consideraban el uso de armas de fuego como una conducta deshonrosa durante la Guerra; si dicho combate se hubiese celebrado en la Era Tokugawa, dichas armas no estarían presentes, pero, aunque ellos lo negasen, este armamento poco a poco había penetrado las estrategias militares. Ambos recordaban los tiempos del feudalismo, donde todas las guerras eran luchas de espadas entre los Samurais, los Ronin y los Ninjas y donde las armas de fuego eran una novedad y se usaban sólo en las actividades de caza. Pero desde su aparición poco antes del año 1600, dichas arma invadieron al Japón como una plaga y lucharon hasta que lograron salir victoriosas y entrar al campo de batalla.

Poco a poco el día expiraba y le daba paso a una sombría y gélida noche, lo cual poco a poco le iba restando intensidad al combate, lo único que les recordaba a ambos bandos que se encontraban en una Guerra eran las constantes detonaciones. Saito, Shougo, Aoshi y Kenshin retrasaron a sus tropas y se colocaron alerta, pues la noche se ajustaba perfectamente a los ataques sorpresas y a las emboscadas.

Saito: Bien, debemos rotarnos las guardias, pues esos sujetos pueden iniciar un ataque en cualquier momento.

Aoshi: En el primer ataque perdimos a muchos hombres, esos seres están muy bien preparados.

Saito: Pues, eso esperaba, Takashi es un gran líder militar y eso es para tenerse en cuenta.

Kenshin: ¿Quién tomará la primera guardia?.

Shougo: Yo tomaré la primera guardia, si algo sucede, los despierto.

Saito: Bien, la segunda es mía.

Kenshin: Yo iré después.

Aoshi: Bien, yo me quedo con la última guardia; ya que está decidido mejor será que vayamos a dormir.

El sitio donde se encontraban los cuatro líderes era una especie de trinchera improvisada por ellos mismos y por algunos de sus hombres, mientras unos combatían, otros se quedaban a construir las trincheras, pues éstas resultaban vitales para proteger las posiciones y para cubrirse del fuego del enemigo. Dichas trincheras aún se encontraban en construcción, pues hacía muy poco que se había iniciado el combate; en ese sentido, las fuerzas de Takashi les llevaban mucha ventaja, pues sus trincheras ya estaban listas y en funcionamiento. Este tipo de construcción es una de las tantas influencias extranjeras al Japón, pues como las antiguas batallas eran sólo de espadas, no había necesidad de tales cosas, pero la incursión de las armas de fuego las hacían necesarias.

Shougo había diseñado una red de trincheras para defenderse, poder pasar la noche y colocar a la tropa de reserva, la cual también había sido creada a sugerencia de Shougo usando hombres de cada uno de los cuatro frentes que constituían el ejército del gobierno. Pero, para aquel momento, sólo se habían construido dos trincheras de defensa, una trinchera para los líderes y otra para la tropa de reserva.

El ritmo de la batalla fue aminorando, y se reducía a detonaciones esporádicas, pero eso, en lugar de calmar a Shougo, lo ponía alerta, pues eso podía ser señal de un próximo ataque sorpresa. Shougo se encontraba a la expectativa, pero había algo que no quería salirse de su cabeza por más que él trataba de sacarlo; eso era su matrimonio con Misanagi. El cristiano sabía que las cosas no estaban nada bien y, para su desgracia, las circunstancias lo obligaban a no hacer nada para mejorar la situación, eso lo agobiaba, pues él seguía amando a la Ninja y sabía que poco a poco la estaba perdiendo.

Shougo (pensando): Como quisiera estar a tu lado ahora, como quisiera estrecharte entre mis brazos y empezar de nuevo todo esto; mandar al diablo todos nuestros errores y reconstruir nuestras vidas. Señor, sabes cuánto la amo, por favor, dame la oportunidad de retenerla a mi lado...

El hilo de sus pensamientos fue interrumpido por una fuerte explosión producida por uno de los cañones que formaban parte del amplio arsenal de Takashi. De esa forma la noche transcurrió, cada uno de los líderes hizo su respectiva guardia y, para fortuna de ellos, no hubo ningún ataque importante de parte de los restauradores. Al día siguiente, en Kyoto, las cosas estaban normales si era posible usar esa palabra en las circunstancias actuales; Kaoru y Yahiko estaban entrenando junto con Omasu; Sayo estaba en su habitación descansando y Shouzo se encontraba en el Jardín Central de la casa; de pronto, Megumi se le acercó.

Megumi: Konnichi wa Shouzo-san.

Shouzo: Konnichi wa Megumi-san. ¿Cómo estás?.

Megumi: Bien, algo preocupada por los demás, pero creo que todos estamos así, ¿neh?.

Shouzo: Hai. Espero que todo salga bien, aunque la verdad, ellos están en una situación muy grave.

Megumi: Pues, por los rumores que he escuchado, las fuerzas que se hacen llamar "restauradoras" están muy bien preparadas.

Shouzo: Y de verdad lo están...Quisiera estar con ellos en este momento.

Megumi: ¿Por qué no fuiste?.

Shouzo: Me quedé porque no quise dejar a San...perdón, quise decir Sayo, sola, es mi deber protegerla y mucho más en estas circunstancias.

Megumi: Creo que para eso está Sanosuke, ¿no?.

Shouzo: Pero él se fue a la batalla.

Megumi: ¿Por qué te haces responsable?. Ella ya es una mujer casada, creo que no necesita de un guardián. No puedes dedicarte a cuidar de ella por siempre.

Shouzo: Ellos cuidaron de mí cuando más los necesité, el Señor Shougo salvó mi vida y Sayo se quedó junto a mí hasta que mis heridas sanaron.

Luego Shouzo le contó a Megumi lo sucedido entre los seres que intentaron matarlo cuando era un adolescente y cómo Shougo lo salvó y cómo ambos se ocuparon de él.

Shouzo: Desde ese momento les juré lealtad y no faltaré a mi palabra.

Megumi escuchó con paciencia las palabras de Shouzo, le parecía increíble que una persona se sacrificara tanto por otras en esos tiempos y eso la hacía sentir una profunda admiración por aquel hombre.

Megumi: Aún así, no puedes renunciar a tu vida, ¿no crees?.

Shouzo se quedó mudo, la verdad nunca había pensado en eso; desde que se dedicó a ser el protector de Sayo, sólo vivía para ello, pero Megumi tenía razón, él también tenía derecho a una vida, y Sayo ya no lo necesitaba como antes.

Shouzo: Tal vez tengas razón, pero sólo el Señor sabe lo que me depara el destino.

Las palabras de Shouzo le recordaron a Megumi, que él era cristiano, eso le hizo sentir algo de curiosidad, la verdad no sabía casi nada de esa religión y tenía muchas ganas de aprender, pero sobretodo de aprender de él.

Megumi: Tú también eres cristiano, ¿neh?.

Shouzo: Sí, lo soy, creo en Jesucristo como nuestro salvador. ¿Por qué lo preguntas?. ¿Rechazas a los cristianos?.

Megumi: No, por favor, no malinterpretes mis palabras, la verdad mi posición es neutral al respecto, además, como comprenderás, conozco muy poco de tu religión. ¿Crees podrías hablarme sobre ella?.

Shouzo (algo sorprendido por esas palabras): Pues...claro, no hay problema.

Shouzo empezó a hablarme sobre la doctrina cristiana a Megumi quien escuchaba con un interés sincero. A medida que Shouzo hablaba, la Doctora se daba cuenta de que él era una persona sumamente culta y preparada y eso le agradaba, inconscientemente lo comparaba con Sanosuke y notaba que ambos eran muy distintos, Sano era muy tosco e ignorante, pero con un corazón que vale su peso en oro; mientras que Shouzo era más sobrio y culto y sus sentimientos eran aún una interrogante para Megumi...

Pronto el día concluyó y una noche aún más lúgubre que la anterior se inició; a cierta distancia del lugar de la batalla, un ruido en el bosque puso en alerta a Seijuro y Misanagi. Pronto, una grácil figura apareció frente a ellos.

Seijuro: ¿Qué haces aquí niña tonta?.

Misao (enseñando un trozo de papel que languidecía aprisionado en su mano): ¡Necesito ver a Aoshi! Él no puede despedirse de mí así. ¡No de esta forma!.

¿Qué sucederá entre Megumi y Shouzo?. ¿Lograrán emboscar a las tropas del gobierno?. ¿Qué papel jugarán Misao, Seijuro y Misanagi en la batalla?. No se pierda el próximo capítulo.