The Chaos Era
by Shougo Amakusa & Misanagi
Capítulo 6
"El Retorno de la Sombra de un Pasado"
El combate de por la toma de Nagoya se había iniciado, apenas habían transcurrido veinticuatro horas desde que se escuchó la primera detonación y ya cientos de cadáveres yacían sobre las estepas que servían de escenario para el encuentro. En el flanco leal al Gobierno Meiji, aún los hombres no terminaban de construir las trincheras que había dispuesto Amakusa para la defensa de sus tropas y eso lo desesperaba un tanto. Ante un ataque de la artillería de Takashi, la mayoría de sus hombres no tendrían un lugar para refugiarse.
Shougo: ¡Vamos, apresuraos! De lo contrario, lo próximo que haréis será cavar la tumba de vuestros compañeros.
Los hombres asignados para la construcción de las trincheras se miraron entre sí, contagiados por la voz angustiosa de uno de sus líderes, e imprimieron mayor velocidad a su trabajo, ante lo que Shougo sólo pudo ver al cielo y respirar profundamente. Aoshi se había acercado y observaba el rostro agotado del cristiano. Para todos había sido una larga noche, pero Amakusa se veía especialmente apesadumbrado.
Aoshi (colocándose al lado derecho de Shougo): Todo tiene un propósito, así que no busques más respuestas pues sólo existe una y deben enfrentarla juntos, no por separado.
Shougo (dándole la espalda y dejando solo al ex - líder Onniwabanshu): El problema Shinomori, es que no estamos juntos y esta guerra a lo mejor no nos permitirá hallar la respuesta.
Aoshi no contestó nada, sólo fijó su mirada en el horizonte, mientras una inquietud le quemaba el alma, aunque él mismo no quisiera percatarse de ello.
Misanagi y Seijuro, ahora acompañados por la joven líder Onni, habían emprendido el camino hacía el sitio en donde se desarrollaba el enfrentamiento. Hiko señalaba el camino mientras Misao le seguía de cerca. Unos pasos mas atrás se encontraba Misanagi, mas recuperada del dolor de su pie.
Seijuro (sorbiendo un trago de sake): Ustedes las mujeres, siempre tan viscerales. Se había acordado que permanecerías en Kioto, niña tonta. Lo que me faltaba, ahora tengo que hacer también de niñera y todo porque Shinomori te ve con los ojos de un padre.
Misao (encolerizada por el tono burlón de Hiko): ¡Basta! ¡No soy una niña! ¿Entiendes?.
Una exclamación risueña de la ninja mayor hizo que Hiko y Misao voltearan a verla un tanto desconcertados con su actitud.
Seijuro: ¿Qué te hace tanta gracia?
Misanagi (pasando al lado de ellos, sin disminuir el ritmo de su marcha): Que la chica tiene la suficiente edad como para sustituir a Shinomori como líder de los Onniwabanshu, pero a la vez su comportamiento le da la razón a todos aquellos que la tratan como a una chiquilla.
Misao (un tanto apenada): ¿De verdad crees que actúo como una niña, Misanagi? .
Misanagi (volviéndose hacia ella): Tomaste una decisión, ahora enfréntala sin dejarte influenciar por el juicio de los demás. Tu propio criterio, si es lo suficientemente fuerte, te ayudará a elegir el camino correcto y alcanzarás la meta propuesta. Todos somos niños a veces, al sentirnos desorientados, buscamos una mano que nos guíe en la oscuridad, pero en ocasiones, nos olvidamos de ver dentro de nosotros mismos y que nuestros sentimientos son nuestro mejor guía.
Al decir esto, la mujer continuó con su camino. Era ella quien ahora avanzaba a la cabeza del grupo que era cerrado por la alta figura del maestro, quien se encontraba un tanto sorprendido ante ese asomo de aplomo en el carácter, hasta ese momento voluble, de la esposa de Amakusa. Un esbozo de sonrisa sarcástica afloró en los labios de Seijuro, mientras que se decía para sí mismo que hubiera sido interesante si Misanagi se hubiese educado bajo los preceptos del Bushido.
Mientras, en la explanada donde había vuelto a iniciarse el cruento combate entre ambos ejércitos, Saito y Kenshin habían dirigido la primera ofensiva en contra de las fuerzas al mando de Takashi, quienes, de acuerdo con el plan trazado, cedían terreno a las tropas Meiji. Ambos líderes leales al Emperador observaban con cierta suspicacia el movimiento de las tropas de Takashi, por lo que la intensidad del ataque se atenuó bajo las órdenes de Hajime y Himura. El antiguo daimío no dejó pasar desapercibido el cambio en la actitud de las tropas enemigas.
Takashi (desenvainando su espada): ¡Malditos! Pero caerán en la trampa. Esta estrategia es perfecta y no van a desbaratar mis planes tan fácilmente. ¡Vamos!.
Takashi, con la idea de desorientar al bando contrario, ordenó a su artillería disparar a mansalva contra el ejército Meiji, lo que tomó por sorpresa a los peones que avanzaban al frente de la tropa. Posteriormente, dio el mandato a los hombres que conformaban la infantería ligera para que lanzaran un feroz ataque contra los soldados que aún quedaban en pie. El fragor de la batalla había logrado su cometido, Kenshin y Saito olvidaron por un momento sus sospechas anteriores.
A cada segundo, la furia del ataque se incrementaba, por lo que los Líderes Meiji tuvieron que desmontar sus bestias y participar de igual a igual con sus hombres. Hajime había dado cuenta ya de por lo menos media docena de los soldados enemigos, mientras Himura trataba en lo posible de mantener su concentración al blandir su sable, evitando usar el lado filoso del mismo. Los infantes restauradores estaban muy bien preparados y los sobrepasaban en número. A medida que el combate iba in crescendo, Kenshin podía percibir como el alma de Battousai afloraba de lo mas profundo de su ser. El miedo, mezclado con rabia, era su peor debilidad. Pronto su mirada se encendió como en antaño y en un instante, sin que el mayor esfuerzo consciente de su mente pudiera detener el movimiento rápido de su muñeca, giró la espada dejando al descubierto su filo. Una fracción de segundo después, Himura sintió de nuevo el calor de la sangre impregnando sus manos y las gotas que le habían salpicado la cara, inundaron su paladar de ese sabor salado que creyó haber olvidado. Por un instante se mantuvo inmóvil, presa de una mezcla de congoja, disgusto y desazón embriagantes. Después de tantos años de mantener una intensa pugna entre las personalidades de Kenshin el Vagabundo y Battousai Himura, esta última había ganado la batalla.
Saito se percató de la tribulación por la cual estaba pasando su antiguo adversario. Aun cuando sabía que Himura estaba bien consciente del bando al cual pertenecía, le preocupaba el descontrol que ello pudiera generar en la concentración del Samurai. Y ciertamente no estaba lejos de la verdad. Kenshin no advirtió la presencia de un soldado restaurador tras él, ante lo que Saito empuño su sable como una lanza y la arrojo en dirección a Himura, que pasó casi rozando el hombro del Samurai para clavarse certeramente en la garganta del atacante.
Saito (gritando): ¡Himura! ¡Mi sable!
Ante el grito desesperado de Saito, Kenshin despertó de un profundo sopor. Agarró la espada y se la arrojó al Oficial, quien la tomó por el mango y rápidamente la colocó en posición de ataque con sorprendente habilidad. Himura se limpió la sangre del rostro, cuyo rastro, combinado con su expresión desesperada, lo convirtió en una visión aterradora para sus contrarios. Los hombres de Takashi comenzaron a retroceder, seguidos por el ejército Meiji, lo cual agradaba al líder de los restauradores.
Takashi (ordenando a sus hombres una retirada cautelosa y diciendo para sus adentros): Bien Battousai, no contaba con tu valiosa ayuda. Arigatou Goziemashita.
Mientras tanto, en Kyoto, Kaoru y Yahiko continuaban sus entrenamientos. Maestra y alumno se atacaban sin piedad, el combate se tornó más feroz de lo usual, era como si cada golpe de las espadas de bambú pudiese borrar un elemento de la amarga realidad que vivían; esa realidad que se estaba desarrollando no muy lejos de allí y que definiría el destino del país.
Kaoru: ¡Vamos Yahiko!. Muestra todo lo que tienes.
Yahiko empuñó su arma y atacó a su maestra con un golpe vertical de arriba hacia abajo, pero Kaoru detuvo fácilmente el ataque con la defensa clásica (poner la espada en posición horizontal y recibir el impacto), al hacerlo, giró su espada de modo que empujó el arma de Yahiko al suelo y esto dejó sin defensa a su pupilo; inmediatamente, Kaoru clavó la punta de su sable de bambú en el estómago de su alumno. Yahiko sintió el golpe y cayó de rodillas al suelo con un gran gesto de dolor.
Kaoru (irónica): Vaya, veo que has aprendido mucho.
Yahiko (aún adolorido): ¿Eso crees?. Sólo espera y observa.
En ese momento, Yahiko dio un giro en el suelo y tomó su arma para hacerle la clásica barrida a su maestra, sólo que en vez de usar sus piernas, usó la espada de bambú recién recuperada. Kaoru se sorprendió al ver el ataque recibido, pero eso la complació mucho, pues Yahiko estaba mostrando evidentes señales de progreso en el combate.
Yahiko (visiblemente complacido): ¿Qué piensas ahora?.
Kaoru (con una sonrisa): No te confíes. Aún no has ganado.
Ambos se pusieron de pie y la pelea se reanudó; los dos continuaban luchando y la pelea se veía un tanto pareja, pues poco a poco Yahiko se volvía un experto en el estilo Kamiya Kasshin Ryu y eso, a pesar de ocultarlo de su pupilo, le agradaba a Kaoru, quien desde ya lo veía como el sucesor de la Escuela. Esos pensamientos hacían que la joven maestra olvidara por momentos la Guerra que estaba desarrollándose; pero había algo que no se salía de su cabeza por más que trataba de sacarlo; era Kenshin y el sueño que había tenido la noche anterior...
Era de día y muchos soldados se enfrentaban bajo una copiosa lluvia; Kaoru podía verlos a todos desde unos árboles cercanos al lugar; ella estaba muy sorprendida de encontrarse en ese sitio, aunque más que sorprendida se hallaba desconcertada; pero, a pesar de todo, sus ojos seguían clavados en la batalla que libraban los ejércitos de ambos bandos. De pronto, un sujeto desconocido y quien cubría su rostro con una máscara (tal y como hacían algunos Ninjas de la época) llegó al lugar y mató indistintamente a todos los soldados, en ese momento, Kaoru trató de huir, pero el sujeto se paró frente a ella y se quitó la capucha que llevaba dejando su rostro al descubierto...
Kaoru (visiblemente sorprendida): ¡No puede ser!.
El asombro de la muchacha era plenamente justificado, pues ante ella; un hombre pelirrojo, de cabellos largos recogidos en una coleta (tal y como lo usaban los Samurais en la Era Tokugawa), con unas penetrantes pupilas amarillas, una cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda, ropas manchadas con la de sangre de sus enemigos y con una mirada fría como el hielo, se preparaba para asestarle el golpe mortal.
Kaoru (despertando de la pesadilla): ¡Kenshin!...¿Eh?...¿Dónde estoy?...Debo calmarme, sólo fue una horrible pesadilla.
Pero, a pesar de todo, ella no podía tranquilizarse, algo dentro de sí la hacía sentir una enorme ansiedad. Era ese lazo tan estrecho e invisible que la unía con Kenshin el que le decía que algo no andaba bien con el Samurai...
Kaoru: Kenshin, cuídate por favor. No dejes que te maten y... lucha contra Battousai, tú debes derrotarlo, por favor, no dejes que él sea el vencedor, no ahora.
En el Cuartel de las Fuerzas leales al Gobierno; Sanosuke se encontraba en un escritorio con varias hojas en blanco, tinta y una pluma, sin mencionar un montón de papeles arrugados que estaba en el piso...
Sanosuke (visiblemente enfadado): ¡Demonios!. ¿Es que no puedo escribirle algo decente a mi esposa?.
En ese momento tomó la hoja de papel sobre la cual había trazado algunos Kanjis, la arrugó con sus manos y la lanzó al piso. En ese momento Soujiro entró.
Soujiro (sonriendo): Veo que sigues siendo dominado por tus emociones.
Sano (algo enojado por el comentario): Pues, como verás, no todos tenemos esa facilidad tuya.
Soujiro (visiblemente divertido): Ja, ja, ja, ja...Tienes mucha razón Sanosuke-san...(cambiando su faz de carcajada a sólo una ligera sonrisa): ¿Cómo les estará yendo a los demás?.
Sano (poniéndose serio): Según las informaciones que han llegado acá, la batalla se inclina a nuestro favor.
Soujiro: ¿No le parece extraño eso, Señor Sagara?.
Sano: Iyé Soujiro-chan. ¿Por qué habría de parecerme extraño?.
Soujiro: No lo sé; las tropas salieron a una batalla casi perdida y de pronto se encuentran ganando con gran comodidad.
Sano: Eso es porque somos mejores que ellos.
Soujiro (enseñando otra de sus sonrisas): Tal vez tengas razón...
Al decir esto, el joven Samurai salió de la habitación con más parsimonia que de costumbre; fue cuando estuvo algo alejado del lugar y completamente solo que terminó su frase.
Soujiro:...pero no la tienes y pronto lo sabrás, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de la trampa (sonriendo de nuevo): Muy interesante, muy interesante, me alegra haber decidido participar en todo esto, las cosas se están tornando muy estimulantes...Ojalá estuviera vivo para poder ver esto, Señor Shishio, estoy seguro de que quedaría complacido.
En la casa de los Amakusa, una segunda ausencia sorprendió a los presentes, aunque con menor intensidad.
Kaoru (algo sorprendida): Omasu se ha ido, no la logro encontrar por ningún lado.
Megumi (irónica): ¡Perfecto!. Ahora, ¿Alguien más desea irse?.
Yahiko: No hagan tanto alboroto, ella sólo fue a la base del ejército para obtener información de primera mano acerca de la batalla.
Kaoru (algo aliviada): Ya veo, bueno, entonces no hay nada de qué preocuparse...Cambiando de tema, Yahiko, no olvides asear el Dojo, yo iré a hacer algunas compras y quiero todo impecable cuando regresé.
Yahiko, distintamente a lo que se esperaba, no respondió; sólo se limitó a ir por un balde de agua y un cepillo...No muy lejos de allí, Shouzo estaba haciendo algunas reparaciones en una de las habitaciones de la casa cuando de pronto escuchó unos pasos que se acercaban al lugar, al volverse para ver de quién se trataba pudo ver a Megumi parada en la puerta.
Megumi (con mucha cortesía): Bien, acá te traigo lo que me pediste.
Shouzo (muy complacido por las atenciones de la Dra.): Domo Megumi-san.
La mujer puso las cosas en el suelo y se colocó, un tanto curiosa, al lado del discípulo de los Amakusa.
Megumi (algo intrigada): ¿Es esto necesario?. La verdad no sé por qué hay que usar estas piezas de madera en las paredes.
Shouzo: No sabemos qué pasará en esta Guerra y es probable que esta casa nos sirva de trinchera o refugio y por ello es preciso prepararla para resistir los hipotéticos ataques que recibiríamos.
Megumi: Ah so desu Shouzo-san.
La conversación siguió por otros derroteros, y ambos se encontraban muy interesados en que la misma no acabara, pues poco a poco la atracción entre los dos se iba incrementando, aunque ninguno de los se percatara de ello...
Mientras tanto en la batalla, las tropas leales al Gobierno Meiji habían replegado a los restauradores con cierta facilidad gracias a la ayuda de Hitokiri Battousai quien había despertado de un largo sueño; cuando se dio la oportunidad, Saito se acercó a Kenshin pues era vital que Battousai no se saliera de control en un momento tan crucial en la batalla.
Saito (con mucha cautela y midiendo el tono de cada palabra): ¿Te encuentras bien?.
Kenshin: ...
El Samurai no respondió al llamado del ex Capitán de la Tercera División del Grupo Shinsen y sólo se limitó a dar un paso para alejarse de un receloso Saito.
Saito (sin perder la calma): No es momento para que te quedes mudo, por si no lo has notado estamos en medio de una feroz batalla y si quieres sobrevivir debes salir de ese letargo en el que te encuentras.
Luego de escuchar esas palabras, el joven pelirrojo dio media vuelta y quedó frente a Saito, Kenshin se encontraba erguido, pero su cabeza estaba baja. Lentamente comenzó a levantar su cuello al mismo tiempo que abría los ojos y el encendido amarillo de sus pupilas no dejó de sorprender al ex miembro del Grupo Shinsen.
Saito (sonriendo para sus adentros): Hace mucho que no tenía la oportunidad de verte el rostro...Battousai.
Kenshin se quedó mirando fijamente a Saito y para sorpresa del policía, el Samurai pelirrojo se lanzó hacia él en un feroz ataque...
Saito (poniéndose en guardia defensiva): ...Qué demonios...
Las espadas de ambos chocaron y los dos se transaron en una candente pelea, Kenshin estaba fuera de sí y Saito se limitaba a defenderse, pues sabía lo que estaba en juego y, aún cuando muy dentro de sí disfrutaba de la batalla y quería llevarla hasta sus últimas consecuencias para determinar de una vez por todas quien era el mejor, ese no era el mejor momento para disputas personales. Sin que ninguno de los dos lo notara, una tercera persona se había acercado a ellos, el sujeto levantó si mano derecha y una fuerte corriente de aire hizo imposible, para ambos Samurai, continuar la pelea. Saito dirigió una mirada al sujeto del mismo modo en que Kenshin lo hizo, pero ninguno de los dos profirió palabra alguna, por lo que el recién llegado tomó la iniciativa de la conversación.
Shougo: La verdad no me interesan en lo más mínimo sus problemas personales, pero les recuerdo a ambos que estamos en medio de un enfrentamiento y que eso debe ser lo primero en nuestra lista de prioridades.
Saito siguió sin hablar, pero dentro de sí sabía que Shougo estaba en lo correcto y se aliviaba de su oportuna interrupción, pero Kenshin cambió su objetivo de ataque y se lanzó contra el cristiano...El primer choque de las espadas le bastó a Amakusa para darse cuenta de que su oponente no era el mismo con el que se había enfrentado poco más de un año antes en Shimabara.
Shougo (algo sorprendido): No puede haber otra explicación, estoy peleando con el mismo Hitokiri Battousai en persona.
Ahora era el cristiano quien se encontraba en el dilema que instantes atrás tenía atrapado a Saito, pero Shougo rápidamente tomó la decisión que consideró adecuada para el caso y se dispuso a llevarla a término...Aprovechó un nuevo contacto entre sus espadas para lanzar una especie de sortilegio hacia Kenshin quien casi de inmediato se desplomó ante los pies de su rival. Shougo guardó su sable y tomó a Kenshin en brazos para luego dirigirse a Saito.
Shougo: Bien, creo que por ahora la situación está controlada.
Saito: Es una fortuna que los restauradores se estén replegando, sino está hubiese sido una excelente oportunidad para aplastarnos.
Shougo: Yo no lo pondría en ese tono tan dramático, recuerda que así como ellos lo tuvieron que haber notado, Yo también lo hice y por consiguiente tuve que ordenar un ataque con todas las tropas para evitar que nuestros enemigos se aprovecharan de la situación.
Saito: Ya veo, pues creo que tu estrategia dio resultado.
Shougo (algo distante): Sólo espero que no nos salga demasiado costosa...
Ambos se quedaron en silencio presa de sus pensamientos mientras regresaban a la trinchera con los demás. Al llegar, Shougo dejó a Kenshin junto con otros soldados para que se recuperara; Saito habló sobre lo inconveniente de esa decisión, pues si Kenshin se despertaba como Battousai correrían grave peligro a lo que Shougo le respondió que la posesión de Kenshin se había terminado por el momento...Poco después Amakusa ordenó a sus tropas que se detuvieran pues se estaban alejando demasiado y era necesario construir nuevas trincheras cerca de la posición recién ocupada con el fin de fijarla y darle mayor solidez a la defensa en caso de un contraataque de las fuerzas de Takashi.
Takashi estaba complacido con el camino que estaban tomando las cosas, pues todo ello favorecía enormemente la estrategia que Melders, brillantemente, había sugerido.
Takashi: Perfecto, si todo sigue a este ritmo el plan será todo un éxito. Espero que mañana las tropas de Yokohama al mando de Melders y las tropas de Toyama al mando de Klaudia hagan su parte...Este movimiento es vital para la Guerra, si logramos tomar Nagoya habremos dado un gran paso hacia la consolidación de nuestra rebelión...La victoria está cerca...muy cerca.
Takashi se reunió con algunos de sus soldados para trazar la estrategia que aplicarían a la mañana siguiente para luego iniciar el contraataque cuando las fuerzas de apoyo llegaran.
A la mañana siguiente, Shougo, Aoshi y Saito estaban discutiendo y meditando sobre los acontecimientos del día anterior cuando una cuarta persona los interrumpió...
Shougo: Veo que ya despertaste.
Kenshin: Sí, ya estoy despierto.
Saito (algo irónico): Espero que estés de mejor humor.
Kenshin (muy apenado): Gomen Nasae Saito-san...La verdad lo que me sucedió ayer nunca debió ocurrir...Te agradezco mucho lo que hiciste, Shougo-san.
Shougo: Ni lo menciones; no iba a permitir que Uds. dos se mataran de una forma tan infantil y en un momento tan inoportuno.
Kenshin: Bien...(cambiando su semblante por uno más sombrío): ...He decidido retirarme.
Los tres Samurais que lo escuchaban se sorprendieron al escuchar las palabras de Himura, la verdad no daban crédito a lo que sus oídos habían escuchado.
Shougo: ¿Acaso escuché bien?.
Aoshi: ¿De verdad están pensando en irte?.
Saito: No creo que seas tan insensato.
Kenshin: Si me quedo es muy probable que escenas como la de ayer se repitan y eso no lo deseo, la verdad pierdo el control de mi mismo en esos momentos y no puedo permitir que vuelva a suceder.
Shougo (con el tono en el que un profesor se dirige a una clase): Himura, la solución a los problemas no es huir de ellos, es enfrentarlos, me sorprende que una persona como tú caiga en esos errores tan mundanos; Battousai toma el control de ti porque lejos de aprender a manejar esa fuerza has luchado contra ella desde la restauración y es obvio que cuando el asesino que llevas por dentro se libera toma el control absoluto de tu ser.
Aoshi (complacido por las palabras del cristiano): Shougo tiene razón, ya es hora de que cambies tu actitud hacia tu pasado; es tiempo de que dejes de esconderlo pues de esa forma éste siempre te dominará.
Saito (continuando la clase): Todos fuimos asesinos en el pasado y si todos hubiésemos asumido tu posición, todos tendríamos a un Battousai por dentro.
Shougo: Si tan solo dejaras de esconderte de Battousai y lo dejaras salir a la luz de la forma correcta podrías controlar ese poder pues controlarías tus más oscuros temores...Si aún deseas irte no te detendré, pero de ti depende el seguir viviendo bajo la sombra de tu pasado o el abrir tus ojos hacia una nueva vida...tu escoges...
Kenshin escuchó los argumentos de todos con paciencia y luego les agradeció por sus consejos, pero no cambió su decisión, esa misma mañana, Kenshin Himura se fue del frente sin tener un destino, pues necesitaba tiempo para meditar muchas cosas...
Saito (con aires de resignación): Bien, tendremos que seguir sin él.
Shougo: Creo que es lo mejor, no podemos darnos el lujo de que lo de ayer se repita, pues pondría en peligro nuestro éxito en esta batalla.
Aoshi: Además, Kenshin tiene una batalla consigo mismo que debe librar mucho antes de querer involucrarse en cualquier contienda por más insignificante que esta sea...
Saito: Bien, es muy entretenida esta charla, pero por ahora tenemos ciertas responsabilidades que atender...Esta es nuestra oportunidad, debemos asestar el golpe definitivo. Unamos a las tropas y lancemos el ataque final.
Aoshi: Creo que Saito tiene razón, ellos salieron muy mal parados del combate librado ayer y están vulnerables.
Shougo (casi para sí mismo): This is too easy. Takashi's army is better than this, but, Why are they doing all this theatre?. He must have a really good reason to do it. What's he going to do?. Damn it!. I can't figure it out.
Aoshi (algo irónico): ¿Crees que podrías compartir tus pensamientos con nosotros?.
Shougo (notando que había sido escuchado): Gomen nasai. Es sólo que no me gusta esto, esta era una lucha casi suicida y ahora estamos ganando de manera muy sencilla, hay algo raro aquí.
Saito (con cierto enfado): ¿Qué sugieres?...Si no lanzamos un ataque de inmediato les daremos tiempo de planear una contraofensiva.
Shougo: No he dicho que no lancemos el ataque; lo que quiero decir es que no lo lancemos con todos los hombres.
Aoshi: Te entiendo, Amakusa. Esa es una sugerencia prudente y comparto tu opinión.
Saito: No puedo negar que hay algo de sensatez en eso...Bien, entonces lanzaremos el ataque con tres tropas, Shougo y yo guiaremos la ofensiva. Aoshi, tú quédate en la retaguardia y prepara nuestra retirada en caso de ser necesario; el mando de la tropa de reserva también es tuyo.
Aoshi: Bien, se hará de ese modo.
Shougo: Por cierto, ¿Cómo van las nuevas trincheras?.
Aoshi: Están casi terminadas...no se puede negar que nos han sido de gran utilidad en esta lucha.
Shougo: Es algo que aprendí en Europa, allá las armas de fuego son usadas del mismo modo en que acá se usan las espadas, de hecho allá los duelos de honor son, en su mayoría, con pistolas y no con sables...bien, volviendo a lo que nos interesa, esas trincheras deben estar terminadas lo más pronto posible...(para sí mismo): es probable que ellas sean nuestra única salvación si mis suposiciones son correctas...
Aoshi: Descuida, así se hará.
Shougo y Saito hicieron los preparativos y poco tiempo después se encontraban, junto a las tres tropas que prepararon, camino hacia la posición enemiga...Esa misma mañana la ofensiva de los soldados leales al Emperador se inició; nuevamente la tranquilidad del lugar se vio interrumpida por los sonidos de las armas de fuego al detonar y de los sables al chocar unos contra otros, una vez más la sangre tiñó la tierra por la cual ambos bandos luchaban...Poco a poco los restauradores cedían más y más terreno y casi podía vislumbrarse una victoria contra ellos, pero luego de intensas horas de combate se cumplió el terrible presentimiento de Amakusa...Las tropas de Klaudia y Melders llegaron al lugar y cercaron a los soldados leales al Emperador...
Shougo (sorprendido): ¡No puede ser!.
Saito (con marcado enfado): Todo era una asquerosa emboscada.
Pero mientras todos se encontraban casi paralizados por el vuelco que habían dado las cosas, Shougo se apresuró a poner en práctica una estrategia que había preparado por si sus premoniciones eran correctas.
Del otro lado del conflicto, Takashi se mostraba muy complacido, pues había logrado su objetivo: encerrar a sus enemigos y llevarlos a una muerte segura.
Takashi (sonriente): Bien, muy bien, las cosas salieron a pedir de boca...¡Soldados!. ¡Atacad a nuestros enemigos sin piedad ni consideración!.
El bando de Takashi fuer el primero en iniciar el ataque y casi de inmediato las tropas de Klaudia y Melders se unieron, estaba claro que el ex daimío no quería darles tiempo de digerir la sorpresa a sus oponentes...
Saito (resignado): Es hora de morir como hombres...
Shougo (con cierto dejo de esperanza): Aún no han vencido...además...tengo un plan...
¿Qué sucederá con nuestros héroes?. ¿La estrategia de Melders dará resultado?. ¿Cuál es la estrategia que ha preparado Amakusa?. ¿Qué sucederá con Himura?. No se pierdan el próximo capítulo.
Nota del Autor: Los Daimíos eran los Señores Feudales en la Era Tokugawa; eran ellos los poseedores de las tierras y tenían un gran poder. Los Samurais les servían a los Daimíos y conformaban el ejército de ellos. Ese grado jerárquico les permitía tener aspiraciones a puestos importantes dentro de la estructura de mando japonesa de aquella época. Muchos Daimíos llegaron a ser Taikos, el cual era un elevadísimo rango, muchos llegaron a formar parte del Consejo de Regencia, el cual era una especie de Asamblea que gobernaba al Japón cuando no había un Shógun definido y sólo pocos llegaron al más alto nivel que un Japonés (fuera de la familia Imperial) podía esperar en esos tiempos: El ser Shógun.
