The Chaos Era

by Shougo Amakusa

Capítulo 9

"Crónica de una Victoria Anunciada"

Takashi había puesto en juego su As ganador y prácticamente la victoria en la batalla era suya. No había forma de que pudiera ser derrotado con la enrome superioridad numérica que tenía en esos momentos. Klaudia y Melders habían recibido el mensaje que les había mandado su líder a través del jefe del regimiento; el recado era corto y simple: No quiero sobrevivientes, aunque estaba de más pedirle eso a dos almas sedientas de sangre...

Klaudia: Bien, este es el momento de la verdad; no tenemos excusas para perder este combate y no lo haremos.

Melders: Esta vez esos desgraciados no tendrán escapatoria. ¡Soldados!. Asesinen a todos los enemigos que encuentren a su paso; nadie debe quedar vivo, no quiero prisioneros, sólo cadáveres.

En el bando de los leales al Meiji, la desesperación estaba empezando a apoderarse de los corazones de los presentes; era imposible ganar en una situación tan crítica como la que estaban viviendo y no tenían la menor idea de qué hacer. Shougo se preparaba para lo inevitable y había comenzado a confesar sus pecados ante Dios, pues sabía que Él lo estaba escuchando y no quería morirse estando impuro; le dolía que todo terminara de esa forma, pues ahora nada evitaría que los restauradores arrasaran con Nagoya y Kyoto, lo cual les daría la victoria absoluta y final. También estaba su hermana; imaginaba lo terrible que se iba a sentir cuando se enterara de su muerte y peor aún, ¿Qué muerte le esperaría a ella de manos de esos mercenarios?. Pero lo que de verdad le clavaba un puñal en el corazón era morir antes de poder tener a Misanagi en sus brazos de nuevo; era verdad lo que decían: "Un minuto de felicidad cuesta años de amargura"; la alegría de tenerla cerca la pagaría con la muerte...

Seijuro comenzaba a arrepentirse de haber decidido ir hasta allá; mejor hubiera sido quedarse en su casa, como siempre lo hacía, y esperar que los demás resolvieran todo para luego ir a criticarlos. Esta vez quiso ser de ayuda y como premio iba a recibir la muerte de parte de unos simples soldados y lo peor era que ni siquiera había tenido la oportunidad de ver de cerca de esa mujer que había sido su alumna años atrás...Kraudia, por lo poco que vio durante la confrontación anterior se había dado cuenta de los enormes progresos de su pupila y se preguntaba si sus habilidades estaban lo suficientemente desarrolladas como para ser la primera mujer Seijuro Hiko en catorce generaciones; era obvio que Kenshin no lo sería y sólo quedaban dos candidatos: Shougo y Kraudia, era cosa de determinar quién era el más fuerte, lástima que nunca iba a poder saberlo...

Aoshi se encontraba incrédulo ante la situación; aún no asimilaba que tenía la muerte cerca. Pero no le dolía su propio final, sino que esa incansable perseguidora se llevaría también a Misao. Ella no merecía morir aún, su inocencia, su encanto, todo se perdería irremediablemente en el abismo que constituía el más allá. Sólo le quedaba rezar para que en la siguiente vida ellos pudieran estar juntos tal y como él deseaba en el fondo de su corazón. Ahora se arrepentía de haber ocultado sus sentimientos, pero ya era demasiado tarde; su turno había terminado.

Misanagi se sentía aterrada como nunca antes lo había estado; jamás había visto esa enorme cantidad de soldados juntos y lo peor era que representaban al enemigo. ¿Cómo demonios iban a vencer a ese regimiento?. No había forma alguna de hacerlo, sólo quedaba resistir hasta el final y morir en el campo de batalla...vaya, ahora estaba hablando como Shougo, no podía negar que su esposo había tenido cierta influencia en ella; si esa situación se hubiese dado antes de conocerlo no habría dudado en huir del lugar, pero ahora no podía hacerlo porque eso significaría traicionar a todos los que habían peleado a su lado hasta ese instante. No podía aceptar que la muerte le llegara en tal mal momento; ya las cosas estaban empezando a arreglarse entre ella y su esposo, ya se empezaba a ver la luz al final del túnel, pero todo eso representaba una felicidad efímera que pronto acabaría...

Saito estaba enormemente enfadado. ¿Cómo era posible que Takashi tuviera guardado un ejército de tales proporciones sin que su red de espionaje se enterara?. ¿Cómo pudo ser tan ingenuo ante un rival tan astuto?. ¿Dónde había escondido a tanta gente?. Peor aún, ¿Tendría otros regimientos esperando para atacar?. Eran demasiadas dudas para el policía. Se reprochaba a si mismo tanta idiotez, pero sabía que no era el momento de buscar culpables sino de encontrar soluciones. Era evidente que un combate cuerpo a cuerpo significaría un suicidio; no quedaba otra salida sino tratar de escapar; el lugar donde se encontraban se caracterizaba por presentar un relieve muy irregular y una vegetación baja; sin embargo, estaba rodeado de un espeso bosque y allí radicaba la posibilidad de sobrevivir: Si llegaban hasta allá, Takashi no podría mandar a todas sus tropas a buscarlos pues perdería muchos hombres innecesariamente, por lo que se vería forzado a enviar un grupo reducido, el cual podía ser enfrentado con más oportunidad y habría una opción de salvación...

Misao no sabía qué hacer, la desesperación y la zozobra se habían apoderado de ella. Sentía el terror correr por sus venas y sólo deseaba que todo eso fuera una horrible pesadilla. No podía evitar culparse a si misma por no haber obtenido esa información de las fuerzas de Takashi. Se suponía que los Onniwa Banshu tenían la red de información más organizada del Japón y habían dejado pasar por alto nada más y nada menos que un regimiento de más de 5000 hombres, la pregunta obvia era, ¿Habrán más?. No había forma de estar seguros, si escondió uno bien pudo esconder dos, tres o más...Claro que el otro punto que invadía su mente era Aoshi, la pequeña Ninja tenía todas sus esperanzas en la conversación que le había prometido, pero ahora era obvio que no la iban a tener nunca. ¿No pudo encontrar otro momento para nosotros? Se preguntaba sin cesar...karma, era la respuesta que encontraba una y otra vez...

Soujiro y Omasu ya podían divisar a sus compañeros, pero pronto se quedaron impresionados al ver la cantidad de hombres que poseía el enemigo; la diferencia no era menor de 10 a 1, siendo conservadores; ¿Cómo se suponía que iban a salir de ese atolladero?. Se preguntaba cómo Takashi había logrado esconder tanta gente de la red de información de los Onni y de la red de espionaje de Saito; pues resultaba evidente que el policía tampoco conocía la existencia de ese regimiento, de otro modo no se encontrarían en una situación tan desventajosa. Ambos guerreros habían detenido su paso tratando de decidir cuál sería el siguiente movimiento.

Omasu (tomando una resolución): Yo iré a ayudar a mis amigos; ya he llegado hasta aquí y no me iré sabiendo que todos serán exterminados.

Soujiro (sin perder la sonrisa): Bien, en ese caso yo iré con Usted. Además en ninguna parte está escrita la obligatoriedad de enfrentar a ese regimiento. Una retirada en este momento no sería deshonrosa ni descabellada; de hecho, sería lo más prudente.

Omasu: Tienes razón. Debemos llegar hasta donde ellos se encuentran para informarles de tu idea y ver cómo la ponemos en práctica.

Soujiro: Hai.

Los compañeros aceleraron la marcha pues en poco tiempo llegarían a su destino y en ese momento cada segundo era infinitamente importante y vital para todos...

Saito (con cara de funeral): Escuchen bien: Si nos quedamos aquí seremos aniquilados sin piedad ni compasión y nuestras cabezas acabarán clavadas en una sucia y vieja estaca...(dudando un poco): Creo que lo mejor es tratar de escapar.

Shougo (recobrando algo de la esperanza perdida): Pues, tal y como están las cosas es preferible una retirada. ¿Qué sugieres?.

Saito: Como pueden ver, el bosque está muy cerca; si logramos llegar a él obligaremos a Takashi a reducir considerablemente el número de hombres para nuestra caza.

Seijuro: Tienes razón. Takashi es un ser muy astuto y calculador y no creo que cometa la torpeza de mandarnos a su tropa entera; pues estando en el bosque nosotros tendríamos la ventaja y aunque es probable que nos mate igual, perdería a muchos de sus hombres y sus fuerzas quedarían diezmadas considerablemente.

Misao (atreviéndose a intervenir): Eso suena lógico siempre y cuando Takashi no tenga otros regimientos dispuestos para entrar en acción cerca de aquí.

Aoshi: Creo que Misao ha tocado un buen punto: Si Takashi cuenta con más hombres no dudará en mandarnos a este regimiento entero encima; el premio pagaría el costo con creces.

Misanagi: Pues yo no creo que Takashi tenga otro regimiento cerca de aquí. Piensen un poco; es evidente que con el que ha sacado nos liquida a todos con bajas mínimas y queda en inmejorable posición para tomar Nagoya. ¿Para qué iba a movilizar dos regimientos tan grandes si uno sólo hace el trabajo?. Sería muy arriesgado pues perdería un poco del factor sorpresa que siempre lo ha caracterizado.

Shougo (complementando a su esposa): Además, si con este sólo regimiento toma Nagoya, estaría en posición de esperar refuerzos antes de lanzarse contra Kyoto.

Aoshi: Aún así, dependemos de una corazonada.

Saito: ¿Tienes una idea mejor?. Al menos si huimos tenemos esperanzas de salvarnos. Si nos quedamos estamos completamente seguros de que nuestro destino es la muerte, ¿neh?.

Shougo: Hai. Yo estoy de acuerdo con la idea de Saito y debemos ponerla en práctica ahora pues necesitamos tomar al enemigo por sorpresa.

Todos estuvieron de acuerdo y se alistaron para la huida. Justo en ese instante, dos figuras hicieron acto de presencia dejando a todos asombrados.

Omasu (sin dejar reaccionar a nadie): Esperamos haber llegado a tiempo...Soujiro tiene un plan que nos puede servir.

Soujiro: Lo mejor es tratar de escapar de aquí. El bosque está cerca y si llegamos a él pondríamos las cosas un poco más parejas.

Shougo: Gracias por la sugerencia, pero ya habíamos decidido hacer eso; sólo que ahora tenemos más esperanzas de salir airosos de todo esto. Ustedes nos serán de gran ayuda.

Sin dar más tiempo a charlas, los leales al Meiji se dispusieron a escapar y en cuestión de segundo se encontraban corriendo hacia el bosque como alma que lleva el diablo. Obviamente, este movimiento no pasó desapercibido para las fuerzas restauradoras...

Klaudia: Qué demonios...

Melders: ¡Están tratando de escapar!. ¡Tras ellos!. ¡Todos deben ser asesinados!.

Klaudia y Melders junto a sus tropas se lanzaron a darles caza a sus enemigos, mientras que Takashi hizo lo propio con sus guardias; el ex-daimío no iba a permitir que sus presas se escaparan de la trampa.

Takashi (pensando mientras cabalgaba): You can run, but you can't hide.

Los ahora ocho guerreros junto a los pocos soldados de su lado que quedaban en pie corrían como nunca antes lo habían hecho; sabían que de su velocidad de pendían sus vidas. El bosque se veía en el horizonte como el paraíso, y cada paso que daban acortaba la distancia que los separaba de la existencia en la Tierra. Pronto escucharon el rugir de los soldados, el galope de los caballos y los disparos provenientes del ejército opositor; no obstante, ninguno aminoraba el paso o volteaba a ver el panorama que se encontraba a sus espaldas; Shougo recordó el pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra y comprendía a la perfección lo que sintieron los protagonistas de aquel relato...Los soldados que con ellos se hallaban comenzaron a caer producto de las balas recibidas y eso incrementó le miedo del grupo restante; la muerte no estaba dispuesta a dejarlos ir tan fácilmente.

La mujer golpeaba al caballo con furia producto de la impotencia al no poder avanzar más aprisa; sentía que sus odiados rivales se le estaban escapando de las manos y que la satisfacción de verlos muertos se le escurría como agua entre los dedos. Sin cesar le gritaba a sus tropas que avanzaran más aprisa y que continuaran disparando; sabía que si los sujetos llegaban al bosque todo sería más difícil...El alemán iba en su caballo profiriendo todo tipo de maldiciones en su idioma natal al ver que la distancia que los separaba era más grande de lo que hubiera deseado; insultaba a sus hombres por ser incapaces de disparar más rápido y con más precisión; y se insultaba a si mismo por no prever esa maniobra con antelación. Lo que más le enervaba era que lo habían tomado por sorpresa...aún así no iba a dejarlos escapar.

Cerca de ellos se encontraba Takashi acompañado de sus guardaespaldas, el líder de la rebelión sabía la razón de la maniobra y sabía que si lograban arribar al bosque habrían ganado la oportunidad de seguir vivos; pues la victoria en el combate ya estaba otorgada tras la rendición obvia de sus rivales y la toma de Nagoya estaba a un paso de ser alcanzada. Sin embargo, no quería que esos seres lograran huir, pues seguirían representando la espina en el costado que hasta ahora habían sido. Esta vez tenía la oportunidad de eliminar el mayor riesgo de sus planes y no estaba dispuesto a fallar; recordaba la leyenda del Ave Fénix que conoció en Europa donde un ave mítica podía revivir de sus cenizas y la analogía encajaba perfectamente en la situación actual: si los dejaba ir, ellos buscarían la forma de resurgir y eso sería peligroso para su movimiento.

El bosque estaba cada vez más cerca y había una posibilidad de lograrlo; sin embargo, los pocos soldados que quedaban con vida iban cayendo como moscas por ser mucho más lentos. Shougo era todo frustración e impotencia al no poder impedir que sus compañeros de armas fueran derribados de esa forma, pero sabía que detenerse a ayudar significaría su propia muerte y el instinto de supervivencia era más fuerte que la consciencia en ese momento. Saito se sentía por el suelo al verse forzado a retirarse de esa manera, pero sabía que si lo mataban no podría cobrar venganza por todos los que murieron a manos de las fuerzas patriotas y eso lo mantenía en pie. Misanagi sólo deseaba poner un pie en ese maldito bosque de una buena vez al igual que Misao y Aoshi. Hiko Seijuro se preguntaba si tendría la oportunidad de observar las habilidades de Kraudia como tanto lo deseaba...

Al fin el grupo de los ocho llegó a su destino y rápidamente se internó en él, apenas 5 soldados lograran la misma hazaña y se dispusieron a seguir órdenes sin dejar de correr. Misanagi tomó la iniciativa junto con Omasu y Misao, pues al ser Ninjas tenían los conocimientos necesarios para usar todas las ventajas que les ofrecía el lugar en contra de las fuerzas de Takashi. Misanagi propuso subir a los árboles y avanzar de una rama a la otra; de ese modo, contarían con el factor sorpresa y serían menos visibles. Obvio que los 5 soldados que estaban con ellos no podían realizar esa maniobra, por lo que Saito les ordenó que siguieran corriendo normalmente y que no se detuvieran por nada, no había necesidad de sacrificar a más hombres y esos 5 soldados no iban a ser de gran ayuda. Los ocho restantes se detuvieron y comenzaron a planificar la estrategia que usarían para la defensa, pues no iban a estar huyendo perennemente y si lograban acabar a los soldados que mandaran por ellos le generarían ciertas bajas al regimiento enemigo que más tarde pudrían ser aprovechadas.

Takashi se acercó a Klaudia y a Melders sin decir nada, sólo observaba el sitio por donde Shougo y el resto habían penetrado. Melders seguía gritando cualquier cantidad de cosas en alemán y lanzando piedras hacia los árboles; Klaudia apretaba los puños para tratar de contener la ira que la estaba consumiendo y se preguntaba qué iba a hacer Takashi ahora. El líder meditó largo rato antes de tomar la palabra y dirigirse a todos...

Takashi: Primero que nada felicito a todos los presentes pues la victoria se ha conseguido y nuestros enemigos han escapado como ratas asustadas.

Todos los soldados empezaron a gritar de júbilo tras las palabras de su comandante pues los objetivos estaban cada vez más cerca de alcanzarse...en lo que la algarabía cesó, Klaudia pasó al frente y encaró a su líder.

Klaudia (bajando la cara): Fue culpa nuestra que esos seres escaparan. Gomen Nasai.

Takashi: No hay lugar para disculpas ahora, es verdad que escaparon al bosque, pero pueden ser capturados, además nuestro triunfo es más importante que su escape...por ahora.

Takashi ordenó a unos 100 soldados que fueran por ellos y que no se atrevieran a regresar con las manos vacías. Rápidamente los soldados se adentraron en el bosque para cumplir la orden recibida. Acto seguido, el ex-daimío comenzó los preparativos del ataque a Nagoya ya que no podía darse el lujo de perder tiempo. Llamó a Klaudia y a Melders aparte para repartirles instrucciones...

Melders: ¿Qué pasará con Misanagi y los demás?. No podemos permitir que escapen. Debemos ir por ellos. No...

Takashi: ¡Suficiente!...¿Crees que me alegra que hayan escapado?. Pues no, pero no es bueno andar quejándonos de nuestras fallas enfrente de la tropa. A los soldados se les deben enaltecer los logros y ocultar los fracasos para mantenerles la moral bien alta.

Klaudia: Pero no tenías que enviar a esos 100 hombres a una muerte segura; estando en los bosques, Amakusa y el resto tienen toda la ventaja.

Takashi: ¿Crees que no lo sé?. ¿Piensas que los mandé para capturarlos?. Nada más lejos de la verdad. Los mandé para retrasarlos, medita un poco, te explicaré el fondo de su movimiento: Se internan en el bosque sabiendo que allí tendrán ventaja; claro a menos que yo mande al regimiento entero a cazarlos, sin embargo, esa acción les da ciertas esperanzas de sobrevivir que no hubieran tenido en una confrontación frontal. La duda que los embarga aún es si tengo o no más regimientos de hombres listos para atacar.

Melders: Déjeme continuar: si Usted hubiese mandado al regimiento entero, ellos sabrían de inmediato que contábamos con más tropas de reserva y si alguien sobreviviese iría a informarles a las tropas Meiji en Nagoya y Kyoto.

Klaudia: ¡Por supuesto!. Mandando a esos cien hombres les está diciendo que no tienes más tropas a la mano y los retrasa para que no informen nada a los Meiji antes de la toma de Nagoya.

Takashi: Exacto. Eso debieron verlo antes de que se los explicara, si quieren ser líderes en esta revuelta deben pensar de esa forma. Me duele haber mandado a esos soldados a la muerte, pero en esta Guerra los sacrificios son los que abren las puertas de la victoria...(luego de meditar un poco y respirar profundo): Klaudia; envía órdenes a los mandos en Tokio para que aseguren todo el territorio que hemos tomado hasta ahora. Melders; envíale un mensaje al resto de los regimientos de reserva: Deben seguirnos a una distancia prudente para evitar que sean vistos y deben ir asegurando todas las áreas que vayamos ganando; envíen las palomas y los quiero de regreso de inmediato para iniciar al ofensiva contra Nagoya...descansaremos cuando la ciudad sea nuestra.

Los dos salieron a ejecutar la orden recibida, mientras que su Jefe continuó sumido en sus pensamientos...

Takashi (pensando): Mi adorada Klaudia, casi puedo escucharte preguntarme: ¿Por qué no enviaste al regimiento entero igual?. La posibilidad de que queden sobrevivientes es baja y aún tenemos regimientos de reserva. Y yo te respondería que perder gran parte de un regimiento sólo por darme la satisfacción de matar menos de diez personas es absurdo e inconcebible. Tú me dirías: Recuerda que ese pequeño grupo está formado por los enemigos más peligrosos que tenemos. Y yo contestaría que aún así, siguen siendo un puñado de gente y si se produce un segundo enfrentamiento contra ellos, no tendrían oportunidad pues la superioridad numérica seguirá siendo amplia; claro que la verdadera razón me la reservaría para mí: Esos seres morirán frente a mis ojos, yo quiero ver como la vida se apaga lentamente en cada uno de ellos; además, sé que en el fondo no deseas que el cristiano muera para poder enfrentarte nuevamente con él y pienso complacerte, y, finalmente, quiero demostrarles a todos que mi estilo de pelea es más poderoso que cualquier otro, y ¿Qué mejor forma para hacerlo que asesinando a los Guerreros más poderosos del Japón con mis propias manos?...

Sanosuke ya había perdido la paciencia buscando a Soujiro, Seijuro y Misanagi. Luego de revisar todo el lugar y los alrededores unas 10 veces estaba completamente seguro de que ellos no estaban allí. El guerrero se encontraba sumamente molesto pues estaba seguro de que los otros habían ido al combate y él se había quedado sin hacer nada dentro del cuartel. Ya no había tiempo para ir y no le quedaba otra opción que esperar a que le llegaran noticias del desenlace de la batalla... y vaya que le llegarían...

Ocho sujetos se encontraban camuflados en los árboles casi sin proferir ruido alguno, los mismos se habían dividido en 4 grupos: Aoshi junto a Misao, Soujiro con Omasu, Saito con Seijuro y Shougo junto a Misanagi; cada grupo estaba separado por una distancia prudente para evitar que el enemigo tuviera un solo punto al cual atacar. El cristiano se encontraba con la vista fija al sendero por donde vendrían los soldados a buscarlos; Misanagi se debatía entre varios pensamientos cuando sobre su mano se posó la de su esposo, inconscientemente permitió que sus dedos se entrelazaran con los de él y ambos terminaron tomados como hacía mucho no lo estaban.

Shougo (en voz baja, casi para si mismo): Ai Shiteru, Misanagi-san.

Misanagi (en el mismo tono): Ai Shiteru mo, Shougo.

De pronto, Shougo tomó la barbilla de la Ninja y le dio u beso como hacía rato no se lo daba; Misanagi al principio dudó en corresponderle, pero luego terminó arrastrada por ese sentimiento que unía a ambos. No obstante, no podía permitirse una distracción en semejante situación...

Misanagi (irónica): La verdad siempre escoges los mejores momentos para todo, ¿neh?.

Shougo: No se preocupe Señora Amakusa, si alguien viene y le dispara yo pongo mi cuerpo entre la bala y Usted para evitar que se haga daño.

Misanagi (sonriendo): Me parece bien; pero su estrategia tiene una falla: Usted resultaría muerto y me dejaría sola.

Shougo (sonriendo también): Detalles, detalles...*sigh*...Si salimos de esto vivos, recuérdame dejar de meterme donde no me llaman, colgar mi sable y dedicarme a vivir contigo junto a todos los hijos que vamos a tener.

Misanagi: Bien, pero habrá que hacer espacio para colgar mi Kodachi y mis armas, pues tampoco tengo la más mínima intención de seguir en estas andanzas...Lo de los hijos...ya veremos...

Ambos siguieron charlando sin dejar de tomarse de la mano; esta vez no iban a permitir que sus lazos se desvanecieran sólo porque eran un par de orgullosos cabeza dura. De pronto, un ruido los puso alerta, y seguidamente pudieron ver a un numeroso grupo de soldados que se acercaban.

Shougo (irónico): Nuestro comité re bienvenida ha llegado.

Misanagi (con la misma ironía): Salgamos a recibirlos.

Los esposos Amakusa dieron la señal a los demás y aguardaron a que los soldados estuvieran lo suficientemente cerca como para no darles tiempo a replegarse; cuando llegó el momento Misanagi tuvo el "honor" de iniciar la matanza; varios Shurikens y dagas silbaron por los aires y unos cuantos soldados cayeron muertos; fue entonces cuando los disparos hicieron acto de presencia; cuando los soldados de Takashi se percataron ya estaban flanqueados por los cuatro grupos de guerreros, pues recibían ataques del norte, del sur, del este y del oeste; lo peor era que ni siquiera podían divisarlos en la espesura de los árboles por lo que se veían forzados a disparar en todas direcciones esperando darle a alguno de ellos. Algunos soldados, en su desesperación, se alejaban del resto y eran cazados por los Samurai. Omasu no mostraba la menor compasión por sus rivales y asestaba sus shurikens con una puntería envidiable; Misao hacía lo propio y todo esto hacía que los enemigos cayeran como moscas, pronto estuvieron reducidos a unos 70 y con muy pocas municiones; en ese momento, tal y como estaba planeado, los Samurai arremetieron contra ellos sin piedad alguna; las cabezas empezaron a rodar y el número de opositores seguía disminuyendo, esta vez, de manera vertiginosa.

En un suspiro ya sólo restaban unos 20, quienes no representaban oposición alguna; sin embargo, una bala perdida alcanzó el brazo izquierdo del cristiano, quien se vio forzado a detenerse por el dolor; fue entonces cuando 4 soldados se lanzaron hacia él para liquidarlo; Shougo se preparó para defenderse, pero Misanagi apareció a su lado y con una velocidad aterradora decapitó al autor del disparo y a uno de sus acompañantes; sin embargo otro de los 4 se había colocado a sus espaldas y se disponía a asesinarla cuando una daga pasó silbando cerca del rostro de la Ninja y se clavó en el ojo izquierdo del atacante; seguidamente, el autor del lanzamiento se encargó del cuarto sujeto y se acercó a la mujer.

Misanagi: Vaya, eres bueno con las dagas, amor.

Shougo (sobresaltado por el nombre que le había dado su esposa): Bueno, algo aprendí en mi estadía por Europa...además...yo le tiré al brazo que empuñaba la espada...

Misanagi (riendo un poco): Bueno, entonces hay que agradecerle a tu mala puntería.

La conversación fue interrumpida por Soujiro, para indicar que el resto de los enemigos había sido contenido y que no presentaban ninguna baja...Los ocho se reunieron y presentaron sus lamentos al ver la herida del cristiano...

Shougo: Bah; no es nada...lo que me molesta es que todas las balas las recibo yo; ¿Alguien desea ocupar mi lugar privilegiado?.

Los demás no pudieron evitar reír ante el comentario y por pocos instantes olvidaron la situación por la cual estaban pasando...No pasó mucho para que Saito pusiera fin a la celebración y empezara a planificar las futuras acciones.

Shougo: No hay duda de que ellos atacarán Nagoya, si es que no han iniciado el ataque.

Misao: Tienes razón; debemos alertarlos.

Saito: ¿Estás loca?. En primer lugar, jamás llegaríamos antes que ellos y en Segundo lugar, mira las condiciones en las que estamos; debemos buscar un lugar para descansar y poder planificar una contraofensiva.

Aoshi: Por mucho que duela, nada podrá evitar que Nagoya caiga en manos de Takashi.

Omasu: El Señor Aoshi tiene razón; no podemos hacer nada para evitarlo.

Soujiro (sonriendo): Al menos, todos estamos aquí y no habrá bajas importantes en esa toma.

Seijuro: En ese te equivocas; el Coronel Yakamoto está en el cuartel...al igual que Sanosuke.

Saito: El coronel será una pérdida lamentable; por lo demás no hay bajas sustanciales.

Misao (enfadada): ¡¿Acaso no te importa la vida de Sano?!.

Saito: Para ser breve; no.

Shougo: A mí tampoco, pero, por desgracia, mi hermana se moriría si matan a ese infeliz bueno para nada...anyway, de todos modos no hay forma de salvarlo y sólo espero que tenga la suficiente inteligencia como para escapar de allí a tiempo.

Misanagi: Sugiero que vayamos a casa; todos nosotros; podemos usarla como centro de operaciones y es obvio que llegaremos a Kyoto primero que ellos; si Takashi toma el control de Kyoto su victoria será definitiva, así que nuestros esfuerzos deben concentrarse allá y no en Nagoya.

Misao quiso seguir defendiendo a Sanosuke, pero la mano de Aoshi en su hombro se lo impidió; sin más discusiones, los ocho salieron rumbo a la antigua capital para esperar el vendaval que se les venía encima.

Las tropas avanzaban con paso firma y decidido para terminar el trabajo que habían iniciado; Nagoya debía caer en manos de su líder lo antes posible para poder iniciar la ofensiva definitiva contra Kyoto. Cada vez estaban más cerca y pronto anexarían esa importante base de operaciones Meiji a sus dominios. Klaudia se encontraba radiante al ver el rumbo que tomaban las cosas; Melders no esperaba la hora en iniciar la toma para seguir matando monos ojirasgados y Takashi seguía planificando las estrategias a seguir y tratando de adivinar los próximos movimientos de sus enemigos; sobretodo los de Shougo y su grupo.

Takashi (pensando): El día de la victoria está cerca, ya casi puedo sentirlo. Pronto los pocos focos de resistencia que quedan serán arrasados y el Japón sucumbirá ante mí y nada ni nadie podrá impedirlo...

Saito y el resto caminaban sin descanso pues debían llegar a la residencia de los Amakusa lo antes posible para tener tiempo de descansar todo lo necesario y planificar lo que harían contra las fuerzas restauradoras. Seis de ellos no podían evitar su asombro al ver la actitud de los dos restantes: como últimos del grupo, Shougo y Misanagi no sólo iban tomados de la mano al tiempo que caminaban, sino que la Ninja iba recostada del Samurai...eso sin mencionar la cara de bobos idiotas que ambos tenían...pronto el cristiano soltó la mano de su esposa y pasó su brazo izquierdo alrededor de su cuello para continuar la travesía unidos en un abrazo...

Tú, mi proa, mi timón, mi timonel, mi barco y todo,

Mi mar, mi ancla, mi arena y mi caña de pescar,

Mi brújula y mi norte, mi puerto y mi soporte,

Mis velas y mis redes, mi pesca y mi muelle,

Mi drama, mi naval mareo, mi capitán y mi tripulación,

¿Qué más puede pedir el corazón?.

Tú, mi piano, mi papel, mi tinta china, verso y todo,

Mi mejor musa, mi guitarra y mis intentos de canción,

Mi alfabeto en español, mi mejor inspiración,

Mis cuartetos, mis clavijas, mis ideas sin valijas,

Mis cartas sin correo, esta historia merodeando la razón,

¿Qué más puede pedir el corazón?.

Tú, el teflón donde resbalan mis problemas,

Tú mi paz y mi batalla, mi verdad y mi novela.

Tú, mi vicio, mi adicción mi filosofía,

Mi coherencia y mi locura, mi desorden, mi armonía,

Tú, mi remedio y mi mal, la kriptonita de este Superman.

Tú, mi semilla, mi jardín, mi jardinero, flor y todo,

Mi mejor abono, mi hoja y tallo, mi rama y mi raíz,

Mi sol, mi regadera, mi agua y coladera,

Mi fertilización, mi estambre tornasol,

Mi polen, mi pistilo en celo, mi lluvia, mi pétalo y botón,

¿Qué más puede pedir el corazón?.

Tú, el teflón donde resbalan mis problemas,

Tú mi paz y mi batalla, mi verdad y mi novela.

Tú, mi vicio, mi adicción mi filosofía,

Mi coherencia y mi locura, mi desorden, mi armonía,

Tú, mi remedio y mi mal, la kriptonita de este Superman.

¿Qué pasará con Sanosuke durante la toma de Nagoya?. ¿Cuáles serán los próximos pasos de Takashi?. ¿Qué harán nuestros héroes ahora?. ¿Cuánto durará la felicidad de Shougo y Misanagi?. No se pierda el próximo capítulo.

Notas del Autor:

Bueno, inicialmente les diré que la canción que cierra este capítulo se llama "Tú" (Obvio, ¿neh?), y es de ese archifamoso cantautor llamado Ricardo Arjona; la usé para darles una idea del amor que se tienen Shougo y Misa. Grande, ¿neh?.

Felicidades a los que acertaron la forma en que nuestros héroes escapaban de su muerte y espero que el privilegio de leer estas líneas antes que el resto de los mortales sea premio suficiente; sino, denme un número de cuenta para enviarles el premio en efectivo...ja, ja, ja, sólo bromeaba ^^.

Espero que los lectores de esta historia disfruten los cambias que estoy realizando en mi forma de escribir, pero honestamente creo que es para bien y para beneficio de todos ustedes y obvio que para el mío propio ^^. No tengo nada más que agregar por ahora, así que nos vemos en la próxima entrega.