The Chaos Era

by Shougo Amakusa

Capítulo 10

"Una Espada Siempre Necesita Una Cubierta"

" ... Cuando estuvimos allí, lo rechacé con violencia. Trastabilló, mientras yo cerraba la puerta con un juramento y le ordenaba ponerse en guardia. Vaciló apenas un instante; luego, con un ligero suspiro, desenvainó la espada sin decir palabra y se aprestó a defenderse.

El duelo fue breve. Yo me hallaba en un frenesí de excitación y sentía en mi brazo la energía y la fuerza de toda una multitud. En pocos segundos lo fui llevando arrolladoramente hasta acorralarlo contra una pared, y allí, teniéndolo a mi merced, le hundí varias veces la espada en el pecho con brutal ferocidad.

En aquel momento alguien movió el pestillo de la puerta. Me apresuré a evitar una intrusión, volviendo inmediatamente hacia mi moribundo antagonista. ¿Pero qué lenguaje humano puede pintar esa estupefacción, ese horror que se posesionaron de mi frente al espectáculo que me esperaba?. El breve instante en que había apartado mis ojos parecía haber bastado para producir un cambio material en la disposición de aquel ángulo del aposento. Donde antes no había nada, alzábase ahora un gran espejo (o por lo menos me pareció así en mi confusión). Y cuando avanzaba hacia él, en el colmo del espanto, mi propia imagen, pero cubierta de sangre y pálido el rostro, vino a mi encuentro tambaleándose.

Tal me había parecido, lo repito, pero me equivocaba. Era mi antagonista, era Wilson, quien se erguía ante mí agonizante. Su máscara y su capa yacían en el suelo, donde las había arrojado. No había una sola hebra en sus ropas, ni una línea en las definidas y singulares facciones de su rostro, que no fueran las mías, que no coincidieran en la más absoluta identidad.

Era Wilson. Pero ya no hablaba en susurro, y hubiera podido creer que era yo mismo el que hablaba cuando dijo: 'Has vencido y yo sucumbo. Pero también tú estás muerto desde ahora...muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza. ¡En mí existías...y al matarme, ve en esta imagen que es la tuya, hasta qué punto te has asesinado a ti mismo con mi muerte!'."

Su paso era lento e inseguro; su mirada estaba fija en ninguna parte; su mente estaba en blanco. Su cuerpo sólo cumplía una función mecánica: Andar. De pronto se detuvo, miró a su alrededor y el paisaje le indicaba que no había errado el camino. El sujeto se encontraba en un antiguo cementerio que recordaba muy bien; en él se podían ver muchas tumbas, pero sólo cuatro se destacaban de entre las otras. Dichos sepulcros se hallaban juntos y significaban mucho en la vida del Samurai; demasiado tiempo había pasado desde la última vez que había visitado el lugar, pero el recuerdo del mismo estaba fresco en su memoria.

Tres de las tumbas carecían de cruz; sólo poseían una rústica roca cada una. La piedra en cada sepulcro representaba el vano intento de algún hombre en colocar una lápida. Ni siquiera un nombre escrito identificaba a los moradores de esos lugares santos. El cuarto sepulcro se hallaba cerca de los tres anteriores; una cruz de palo indicaba el lugar de descanso de algún mortal, pero carecía de cualquier cosa que indicara la identidad de la persona cuyos restos reposaban allí. Parecía que el tiempo se había detenido en aquel sitio, pues se encontraba exactamente igual a como estaba la última vez que el recién llegado lo había visto. Árboles en los alrededores, tumbas en medio de un terreno árido y con menos vida que la de los restos que en él dormían; cruces por todos lados y un silencio aterrador. Los pensamientos podían ser escuchados allí, no había ni siquiera un poco de brisa que refrescara a los muertos ni nada que recordara a la vida. Todo el paisaje representaba una sola cosa: desolación.

Kenshin se acercó a los sepulcros y se detuvo frente a las tres primeras moradas; levantó su cara hacia el cielo y recordó la primera vez que estuvo en ese lugar...

El maestro de la decimotercera Generación del Hiten Mitsurugi Ryu caminaba por el bosque sin dejar de pensar en las masacres que había visto durante el desarrollo de la Guerra del Bakumatsu; tantas muertes acabarían por desangrar al país, lejos ayudarlo. De pronto, llegó a un cementerio y en él vio al niño que había salvado de ser asesinado por unos bandidos algún tiempo atrás. Seijuro se acercó y la habló al pequeño.

Seijuro: Además de enterrar a tus padres, ¿También hiciste tumbas para los bandidos?.

Niño: Ellos no eran mis padres, eran sólo comerciantes de esclavos; mis padres murieron hace un año de una enfermedad...Una vez que dejan de vivir son sólo cadáveres.

De pronto, Seijuro ve tres tumbas que no tienen una cruz de palo como las otras, sino que cada una tiene una piedra.

Seijuro: ¿Quiénes eran ellas?.

Niño: Kasumi, Akane y Sakura. Las conocí brevemente ... Yo tenía que protegerlas aún si me costaba la vida; pero, al final, ellas me protegieron a mí ... Ellas merecen unas piedras más decentes, pero éstas fueron las que pude conseguir, ni siquiera puedo ofrecerles flores.

Al escuchar estas palabras, Seijuro derramó Sake sobre los tres sepulcros.

Seijuro: Es una deshonra que ellas no pudieran disfrutar el sabor de un buen Sake; ahora les ofrezco lo que puedo.

Niño: Arigatou.

Seijuro: Watashiwa Hiko Seijuro desu, un espadachín.

Niño: Espadas...

Seijuro: Aunque no pudiste proteger a los que amaste, fuiste entregado a estas tres mujeres, en tus manos no estaban sus vidas. Tú estás forzado con su responsabilidad. Encuentra la fuerza dentro de ti para sostenerte y para proteger a los demás.

Niño: Proteger...

Seijuro: ¿Cómo te llamas?.

Niño: Shinta.

Seijuro: No es un nombre apropiado para un Guerrero. De ahora en adelante serás conocido como "Kenshin".

Shinta (muy pausadamente): Kenshin...

Seijuro: ¡Tú tendrás la mejor arma!.

Himura miró a su alrededor nuevamente, el panorama podía ser definido con una sola palabra: lúgubre, ningún ser humano a Kilómetros; sólo estaban él y los muertos. El Samurai suspiró profundo y posó su mirada en el cuarto sepulcro; el cual, como la mayoría de los que allí se encontraban, tenía una cruz de palo. Lo que marcaba la diferencia con el resto de las tumbas eran las tres piedras que tenía cerca. Kenshin se colocó frente a la cruz y no pudo evitar recordar a esa mujer quien fue su primera esposa, a esa persona que le enseñó el valor de la vida y que le mostró la felicidad por primera vez: Tomoe.

Aquellos momentos en esa cabaña fueron inolvidables, Tomoe, aún con su reservada forma de ser, supo brindarle el amor que necesitaba y el afecto que pedía a gritos; ella fue su primera mujer y por mucho tiempo fue la única...Su recuerdo siempre estará clavado en su corazón y en su mente ... Desde que Himura sesgó la vida de ese soldado en el campo de batalla, el recuerdo de la muerte de Tomoe y el de una promesa rota sacudía todo su ser ...

Kenshin (pensando y con los ojos cerrados): Yo maté a otros para defender al débil, pero por eso tú perdiste tu felicidad, yo te quité todo lo que era importante para ti sin saberlo ... sin saberlo ... y de esa forma no valgo lo suficiente para protegerte ...

Kenshin se dispuso a lanzar el sablazo final contra el Ninja, quien lo estaba apaleando; y, en ese momento, nuevamente se fue de la realidad a aquel campo donde estaba junto a Tomoe. La mujer puso sus manos en la espalda del Samurai y comenzó a hablarle ...

Tomoe: La medicina se vendió mejor de lo que esperaba. Estoy feliz por eso ... No, estoy feliz tan sólo de verte disfrutar la comida ... estoy viendo muchas luces ...

Kenshin recordaba algunas de las frases que le escuchó a Tomoe cuando estuvo junto a ella y de pronto al volverse se encontró en el mismo cementerio donde Seijuro lo vio; sólo que esta vez una de las cruces llevaba la bufanda azul que él traía en la mano cuando fue a buscarla luego de enterarse que era una traidora ...

Kenshin (pensando): Tomoe. Yo te protegeré.

El Samurai regresó a la realidad al decir esas palabras y dio el golpe definitivo ... una gran cantidad de sangre emana mientras Battousai afinca su espada para hacer más grande y profunda la herida ... De pronto, Kenshin abre los ojos y se da cuenta que Tomoe se había atravesado entre los dos para arrebatarle la daga al Ninja y que ella había recibido el sablazo de Kenshin junto al Líder de los Ninjas ...

Líder (agonizando y cayendo al suelo): Yo no entiendo ... mujeres ...

El Ninja cayó muerto al instante y Tomoe cayó agonizante hacia el otro lado ...

Kenshin (al percatarse de lo que había hecho): ¡TOMMOOOOEEEEEEEE!.

Kenshin se acercó a Tomoe y la tomó entre sus brazos ...

Kenshin (casi en estado de shock): T...T...Tomoe...

La mujer no dijo nada y con sus últimas fuerzas empuñó la daga que aún conservaba en su s manos, la llevó a la cara de Himura y le hizo la cicatriz horizontal que le completó la cruz en la mejilla izquierda ...

Tomoe (con su último aliento): Gomen Nasai ... Darling ...

Y al decir esto, Tomoe murió ... Kenshin quedó petrificado y no dijo nada ... quien también estaba en un estado de shock era Enishi; el muchacho había salido de su escondite atónito ante lo que había presenciado...

Enishi (en shock): Neechan ...

Kenshin llevó el cuerpo sin vida de Tomoe a su casa y para el anochecer ya se había aseado y cambiado su ropa por un Kimono de dormir, el cuerpo de Tomoe yacía en la cama y Kenshin estaba arrodillado frente a ella ...

Kenshin: Tomoe ... después de tu muerte, finalmente me di cuenta de lo profundo de tu sufrimiento. Tú tuviste que sufrir mucho con todo esto; debió ser difícil para ti. Tú debiste odiarme también, pero al final me protegiste (acariciando el rostro de la mujer): y ahora no tendrás que sufrir más, no tendrás que sufrir nuevamente; pero ahora yo tendré que encontrar una forma de remediar mis crímenes, por todos aquellos que murieron protegiéndome y por todos aquellos a quienes he matado. Será doloroso, pero lo más probable es que esté bien; así he estado hasta ahora y si puedo recordar la calidez de tu amor (comenzando a llorar): Entonces, tal vez yo ... Tengo que irme ahora, pero ... por un momento ... estemos juntos ... Tomoe ...

Al día siguiente el líder de los patriotas llegó a la cabaña donde estaba Kenshin junto a Tomoe; fuera de la casa ...

Katsura: Pero no puedes dejar de usar tu espada todavía. Kyoto está horrible estos días. Por órdenes del gobierno, el Shinsen Gumi nos está cazando. Si no podemos detenerlos, seguramente fallaremos ... Himura

Kenshin: Hai.

Katsura: Yo le pedí a Tomoe que hiciera algo. Le pedí que se convirtiera en tu cubierta.

Kenshin (sorprendido): ¿Cubierta?.

Katsura: Sí, y aún ahora ella sigue siendo tu cubierta o al menos eso quisiera creer.

Kenshin: Katsura-san ... Lo que puedo hacer ahora es pelear con mi espada, creo que fue por eso que Tomoe quiso protegerme.

Katsura: Ya veo.

Kenshin: Pero cuando la nueva era empiece ...

Katsura: ¿Dejarás tu espada?.

Kenshin: No lo sé, pero después de eso no quiero volver a matar ... nunca más.

Katsura se fue por el mismo sendero por el que llegó y, en su camino, no paraba de meditar sobre todo lo que había ocurrido.

Katsura (pensando): Shinsaku ... tú tuviste razón todo este tiempo ... Mis disculpas ... El estilo Hiten Mitsurugi Ryu no podía ser usado para destruir la vieja Era ... debió ser usado para proteger la Nueva Era ... Perdóname, Himura.

En la casa donde Tomoe y Kenshin habían pasado tanto tiempo juntos, el Samurai ya se había puesto su ropa de siempre y se disponía a marcharse.

Kenshin: Tomoe, me voy ahora.

Kenshin se fue e incendió la cabaña, el lugar donde pasó esos días tan felices al lado de su "cubierta" ...

Himura se sentó al lado de la tumba de Tomoe y contempló el cielo. Encima del Samurai, poseía ese color azul claro que siempre tiene, pero a medida que miraba al oeste iba adquiriendo un tono rojizo y anaranjado producto del hermoso atardecer que se daba en ese momento. El guerrero cerró sus ojos, bajó su cara y se dispuso a dormir; quería ver si el sueño lo ayudaba a olvidarse de la pesadilla que, en vigilia, estaba viviendo.

De pronto, todo se hizo oscuridad; el Samurai se puso de pie, pero todo se había tornado negro, el cementerio, el cielo, los árboles, la tierra misma, todo había desaparecido y sólo quedaba la nada y él en medio de ella. De pronto, escuchó el ruido de unos pasos acercarse; el sonido era apenas audible, pero Himura pudo distinguirlo perfectamente. Al volverse, su corazón aceleró el ritmo de sus latidos; sus miembros empezaron a temblar, sus ojos se abrieron por completo y de sus labios brotó una sola palabra: Tomoe. Frente a él, se encontraba la mujer que hace mucho tiempo le había cambiado la vida.

Kenshin (muy despacio y casi en un susurro): Tomoe.

Tomoe (sin expresión en su rostro): Kenshin.

Kenshin: Tomoe, no puedo creer que te esté viendo de nuevo. ¿Acaso he muerto?.

Tomoe: No, no has muerto, y acá estoy a tu lado. Nunca he dejado de estarlo, siempre te he acompañado desde ese día.

Kenshin (bajando la cara): Gomen Nasai. No tiene perdón lo que te hice, primero te arrebaté tu felicidad al matar a tu prometido y luego te quité lo único que te quedaba: Tu vida.

Tomoe: Estás equivocado. Es verdad que tú me quitaste la felicidad, pero a cambio me diste otra; junto a ti. Estando a tu lado encontré la felicidad de nuevo, esos días en la cabaña contigo me hicieron sentir amor nuevamente. Todo ese odio que una vez pude tenerte desapareció cuando pude conocer lo frágil que eras y que aún sigues siendo. Y sobre mi vida, esa fue mi decisión. Tú no tienes la culpa de mi muerte; yo quise protegerte así como tú juraste protegerme a mí y a mi felicidad esa noche en la que me entregué a ti por primera y única vez.

Kenshin: Aún así, me avergüenza lo que hice. Tú fuiste la persona que me enseñó a amar y así fue como te pagué.

Tomoe: No, tú me pagaste al recordarme que mi corazón podía amar de nuevo. ¿Crees que morí estando triste?.

Kenshin: ¿Quién no?.

Tomoe: Pues no, al morir experimentaba otro sentimiento. Estaba en paz conmigo misma.

Kenshin: Ya veo ... Aún no puedo creer que esté aquí, en ninguna parte, hablando contigo. ¿Puedo saber por qué?.

Tomoe: Ya te dije que siempre he estado a tu lado. ¿Recuerdas lo que te dijo Katsura?.

Kenshin (regresando al pasado en su mente): Katsura-san.

Tomoe: Él me dio una misión en vida y aún después de muerta la sigo cumpliendo.

Kenshin (recordando): Ser mi cubierta.

Tomoe: Hai. Y si he decidido permitir que me veas es porque estás dudando de ti y de tus creencias y eso no te ayuda.

Kenshin: Entonces imagino que también conoces la causa de mis dudas.

Tomoe: Hai. Yo estaba a tu lado en ese campo de batalla, así como lo estuve en el final de la Guerra del Bakumatsu y en tus peleas contra Saito, Shishio, Shougo, y Melders. Y, mientras me sigas llevando en tu corazón, yo estaré a tu lado incluso hasta el día de tu muerte; y, entonces nos reuniremos de nuevo.

Kenshin (dudando un poco): Gomen Nasai Tomoe-dono, pero creo que debo decirte algo.

Tomoe (sin dejar de verlo): ¿Me hablarás de tu matrimonio con Kaoru-san?.

Kenshin (sobresaltado): ¿Lo sabías?.

Tomoe (con una imperceptible sonrisa): ¿Acaso no escuchaste lo que dije?. Claro que lo sabía y no te culpo por eso. Al fin y al cabo yo estoy muerta y tú mereces rehacer tu vida con alguien que te quiera; además, Kaoru fue hecha para ti.

Kenshin: Arigatou.

Tomoe: Recuerda, en cada pequeña cosa que hiciste durante todo este tiempo, estuve a tu lado. Pero, es en este momento donde debo intervenir. En tus anteriores confrontaciones siempre fuiste fiel a tus convicciones y jamás dudaste de tus creencias; ni siquiera cuando estuviste al borde de la muerte en tu batalla contra Shishio ni cuando quedaste ciego en tu pelea contra Shougo. Ahora, y por primera vez en mucho tiempo tienes una duda real y poderosa en tu corazón.

Kenshin: Es verdad, en este momento no sé qué es lo correcto y qué no lo es. Sinceramente, creo que Jinei tenía razón: "Un Hitokiri siempre es un Hitokiri". Cuando me enfrenté a él iba a matarlo, Tomoe. Si estuviste allí, sabes que tengo razón; iba a asesinar a ese hombre para liberar a Kaoru de su hechizo, pero el destino no quiso que lo hiciera en ese momento, karma. Sin embargo, durante esta última confrontación, por más que me concentré y por más que tuve cuidado, no pude evitar que mi espada se manchara de sangre. Pero, lo peor es que luego la levanté en contra de mis propios compañeros.

Tomoe: Tarde o temprano eso iba a suceder, ese es tu karma. No podías ocultar a Battousai toda tu vida; afortunadamente, tus anteriores enfrentamientos fueron muy distintos a la Guerra del Bakumatsu, todos menos tu segunda pelea contra Saito, y allí Battousai hizo su primera aparición desde que decidiste usar esa Sokabatou; no obstante, ese no era el momento para que regresara tu pasado y por ello esa lucha fue detenida a tiempo. Esta nueva Guerra que vive el Japón, donde el hijo lucha contra el padre, el hermano contra el hermano y el vecino contra el vecino es el momento propicio para el regreso del Battousai. ¿No lo ves?. Este es el inicio de un segundo Bakumatsu no Douran. Por eso, ahora es cuando menos debes flaquear.

Kenshin: Yo siempre pensé que todo lo anterior había sucedido porque mi karma era dejar atrás mi pasado. Yo prometí que no volvería a matar y he faltado a mi promesa, eso me ha dejado sin honor y un Samurai no puede vivir sin él. He meditado mucho esta decisión, pero ya está hecha: Me haré el Harakiri.

Tomoe (sobresaltada): ¡¿Nani?!. ¡¿Acaso te has vuelto loco?!. Este no es el momento de tu muerte; esa promesa que hiciste estaba condenada a ser rota desde que salió de tus labios, así que tu honor no ha sido dañado. Tu cabeza y tu corazón no estaban en paz cuando la sellaste, además esa promesa iba en contra de tu karma. ¿Es que no lo ves?. Battousai no puede ser escondido, pero sí puede ser usado a tu favor. Tú no puedes ir por la vida con esa filosofía de "No Matar" eternamente; tarde o temprano iba a pasar esto. ¿Qué pensabas?. ¿Que podías ir a esa Guerra y salir airoso sin tomar una vida?. En la Guerra, sea por el motivo que sea, siempre hay vencedores y vencidos; y el precio de su culminación siempre es el mismo: Seres Humanos Muertos. Desde el mismo momento que decidiste participar en esta confrontación, aceptaste (aunque fuera forma inconsciente) que Battousai regresaría.

Kenshin: ¡Iyé!. Battousai había quedado enterrado en el pasado para no volver jamás; esto nunca debió suceder y su ocurrió es porque soy débil, por eso ya no merezco seguir en el mundo de los vivos.

Tomoe (exaltada): ¡Baka!.

Kenshin se sorprendió enormemente, tras escuchar el insulto de Tomoe. Era la primera vez que veía a su antigua esposa en tal estado de rabia; a través de sus ojos la ira fluía hacia el exterior y su mirada estaba clavada en él. Los puños de la mujer estaban cerrados y ella los apretaba con fuerza para tratar de contenerse. Tomoe no podía creer lo que estaba escuchando, no podía concebir la idea de que Kenshin realmente estuviera pensando en quitarse la vida, eso fue suficiente para que su rabia saliera a flote por primera vez.

Tomoe: ¡Battousai no puede ser enterrado!. ¡Battousai no puede ser echado al olvido!. ¡Battousai no puede ser desaparecido!. ¿Sabes por qué?. ¡PORQUE TÚ ERES BATTOUSAI!. Kenshin Himura y Hitokiri Battousai son un mismo ser; mientras niegues a Battousai, negarás una parte de ti. Ningún ser humano puede vivir si se niega a sí mismo. Mientras sigas con la idea de sepultar a Battousai en el pasado, siempre regresará para recordarte que mientras tú vivas, él vive. Si persistes en tu idea de "No matar", él te hará saber que hay momentos en que es necesario. Sólo cuando aceptes su existencia que es la tuya propia, sólo entonces serás capar de dominar a los demonios de tu pasado y será en ese momento que te volverás un verdadero Samurai. Esa promesa que hiciste, sólo la hizo la mitad de tu ser, por ello ante ningún ser viviente puede ser considerada válida.

Kenshin (sin saber qué hacer): Tomoe.

Tomoe: Los asesinatos cometidos en la finalización de la Era Tokugawa fueron cometidos por Kenshin Himura, y eso no puedes negarlo. Hitokiri Battousai es sólo el nombre con que la gente te conocía, pero sólo es un nombre, nada más. No puedes pretender separarte en un lado bueno y uno malo; eso es negarte como ser humano. Tú eres Kenshin Himura, ese cruel asesino que perdió a sus padres por una enfermedad, que fue entrenado por Seijuro Hiko XIII para dominar el estilo Hiten Mitsurugi Ryu, que me arrebató mi felicidad, pero que me dio una nueva. Tú eres una persona maravillosa y por eso me enamoré de ti, pero también eres un poderoso guerrero asesino. Es cierto, que el Mitsurugi está concebido para proteger al débil, pero también es verdad que la espada es un arma asesina y que ese estilo se concibió para matar. No puedes ir en contra de los preceptos básicos.

Kenshin: Entonces, ¿Qué debo hacer?. ¿Seguir mi vida matando al que se me atraviese en el camino?.

Tomoe: Sabes que esa no es la respuesta, esa respuesta yace en tu corazón y creo que ya la has encontrado. Ahora debo irme, mi misión ha sido cumplida, creo que Katsura-san podrá descansar tranquilo. Tú eres Kenshin Himura, Samurai del Estilo Hiten Mitsurugi Ryu. Hitokiri Battousai no es más que otra forma de decir tu nombre. Adiós.

Kenshin: ¡Tomoe!. Espera.

Tomoe: ¿Sí?

Kenshin (mirándola a los ojos): Arigatou.

Tomoe (sonriéndole): No tienes que darme las gracias, sólo cumplía con mi deber.

Kenshin: ¿Te volveré a ver?.

Tomoe: Una espada siempre necesita una cubierta; así que mientras vivas y me recuerdes, yo estaré a tu lado. Sólo espero que en nuestra siguiente vida logremos estar juntos y ser felices, esa es mi esperanza. Ja ne. Hasta siempre, amor mío.

Kenshin: No, espera, Tomoe.

El Samurai despertó bruscamente y cuando lo hizo, ya era avanzada la noche; miro a su alrededor y se dio cuenta de que seguía en el cementerio. Todo había sido un sueño, pero Kenshin estaba seguro de que Tomoe se encontraba a su lado; ella, como siempre, tenía razón. Battousai no podía ser negado, porque eso implicaría negarse a sí mismo. De ahora en adelante se esmeraría por conocer esa parte de su ser para poder controlarla y regresar a ser uno solo. Ahora estaba seguro de que lo lograría porque Tomoe sería su cubierta. Juntos encontrarían el equilibrio necesario para poder seguir adelante; ahora sabía que lo que había ocurrido no había sido culpa suya sino karma. Y la respuesta a su pregunta ya había sido hallada, ahora podía pensar en regresar para ayudar a sus amigos y al Japón ante esta nueva amenaza. Un nuevo y verdadero Kenshin había nacido.

En la base de Nagoya, el Coronel Yakamoto estaba muy molesto por la repentina desaparición de Soujiro, Misanagi y Seijuro. Obviamente de las tres ausencias la que más le enervaba era la de la Ninja. El militar no podía creer que esa mujer hubiera sido capaz de irse de esa forma; pero claro, eso le ocurría por estarse fiando de mujeres, las Guerras fueron hecha exclusivamente para los hombres y las mujeres sólo tenían la obligación de quedarse en casa; eso era lo que pensaba el Coronel, mientras recorría de un lado a otro la habitación. De pronto, Sanosuke hizo acto de presencia en el lugar.

Cnel. Yakamoto: ¿No has sabido nada de ellos?.

Sano: No, hasta ahora nada.

Cnel. Yakamoto: Kuso. Esa mujer me va a oír y también los otros dos. Bueno, será mejor que nos alistemos para partir, ha pasado mucho tiempo desde que los demás se fueron a la batalla y aún no tenemos noticias de ellos.

Sanosuke: Bien, yo iré con ustedes.

Cnel. Yakamoto: Como quieras.

El guerrero salió del lugar y se comenzó a preparar para la travesía, de pronto escuchó cierta conversación afuera y salió a investigar, cuando lo hizo pudo ver a varios soldados impidiéndole el paso a una mujer. El luchador se acercó para ver quien era y cuando estuvo a corta distancia pudo detallar a la recién llegada. Era una mujer morena, de ojos verdes, cabello negro y bastante largo, el cual llevaba recogido de modo que dos largas coletas le caían (una a cada lado del rostro); además, iba vestida con un kimono muy llamativo por los colores que tenía. Sanosuke llegó hasta el sitio y pidió hablar con la mujer.

Sano: ¿Puedo ayudarle en algo?. ¿Qué se le ofrece?.

?: Deseo hablar con el Coronel Yakamoto. Es importante.

Sano: Comprenderá que estamos en una contingencia y que no podemos llevarla con el Coronel sin siquiera saber quién es usted. Podría ser una espía.

?: ¡Kuso!. Muy bien, mi nombre es Takagi Tokio. Y, soy la esposa de Hajime Saito.

Sano: ¡¿Nani?!. ¿Quiere decir que usted es la esposa de Hajime Saito?. ¿Acaso escuché bien?. ¿Del policía Hajime Saito?.

Tokio (sin sentir la más mínima gracia por el comportamiento del hombre): Pues, creo que eso es lo que acabo de decir. ¿Me dejará pasar ahora?.

Sano: Vaya, aún no puedo creer que usted sea quien dice. Ese ser no se merece tanta belleza. Yo pensaba que su esposa...

Tokio (haciendo lo imposible para permanecer calmada): ¿Era una especie de bruja?. ¿Una abominación acaso?.

Sano (dándose cuenta de la porquería que había hecho): ¡No!. No, por favor, nada de eso, faltaba más. Es más, ¿Por qué no pasa de una vez?. ¡Vamos, dejen pasar a la mujer!.

Tokio (con falsa cortesía): Gracias.

Sanosuke la condujo hasta la presencia del Coronel. La mujer se presentó y el militar se mostró cordial, y hasta amable con la esposa del Samurai. Definitivamente el que ella fuera la esposa de Saito influía bastante en el comportamiento del Coronel. A decir verdad, nadie quería estar de enemigo del policía a quien se le conocía por ser muy frío e implacable con sus rivales. En pocos minutos la puso al tanto de la situación (omitiendo la parte de la desaparición de los tres sujetos ya descritos) y la mujer, luego de unos minutos de análisis, decidió ir con ellos al campo de batalla. En ese momento, ninguno de los tres podía imaginarse que el campo de batalla se acercaba a ellos a pasos agigantados.

Sanosuke y Tokio salieron del lugar y se dispusieron a partir junto con la tropa. El guerrero no podía evitar mirar a la mujer que tenía al lado; era muy bonita y su rostro irradiaba calidez, pero al mismo tiempo temor. No había duda alguna de que el policía había contado con mucha suerte al tenerla como esposa.

Sano: Bien, creo que pronto iniciaremos el viaje.

Tokio: Cuanto antes mejor.

Sano: Y, ¿Hace mucho que están casados?.

Tokio (lanzándole una mirada de verdadero hielo al hombre): Eso no es de su incumbencia. Usted sólo necesita saber que él y yo estamos felizmente casados.

Sano: Hey, lo siento, tampoco es para que me trate de esa forma. Es verdad que me porté como un bruto hace un rato, pero fue más por la sorpresa que por otra cosa. Es verdad que Saito una vez habló de usted con Kenshin, pero ninguno de nosotros pensó que era cierto. ¿Qué tal si empezamos de nuevo?. ¿Me perdona la vida?

Tokio (sonriendo): Ya veremos; además, por la manera de ser de Saito, no me extraña para nada que usted reaccionara de esa forma.

Sano: Por favor, no me trate de usted, suena demasiado formal. Mi nombre es Sanosuke Sagara, pero mis amigos me llaman Sano y usted es bienvenida a hacerlo también.

Tokio (dejando que su rabia se fuera): Muy bien, Sano.

El hombre iba a decir otra cosa cuando de pronto el caos se apoderó de la base. Soldados empezaron a correr de un lado a otro y la voz de alarma se dio en el lugar. Los dos se pusieron de pie alertas y trataron de averiguar qué era lo que estaba ocurriendo. En ese momento, el Coronel Yakamoto se acercó a ellos, su rostro estaba blanco como una hoja de papel y no podía articular sonido alguno. Tokio y Sanosuke no comprendían aún porque el escándalo y le preguntaron al militar qué era lo que pasaba; entonces el Coronel como pudo levantó su brazo derecho y señaló uno de los puestos de vigilancia. Los otros dos fueron al sitio señalado y al llegar a él se quedaron helados al ver a un regimiento entero, usando el estandarte de las tropas de Takashi, acercarse a ellos con intenciones poco pacíficas.

Miro a mi alrededor y sólo veo oscuridad.

Trato de escapar, pero donde voy siempre es igual.

Sólo quisiera huir a otro mundo y hallar la felicidad.

Pues en el que estoy ahora sólo encuentro soledad.

Mi amiga es la amargura. Mi compañera la tristeza y mi celestina la Luna.

Sólo pienso en ti y en el vacío que has dejado.

Pues en todo este tiempo mi amor por ti no ha cambiado.

¿Qué sucederá ahora en la Base de Nagoya?. ¿Podrán sobrevivir Sanosuke y Tokio?. ¿Qué papel jugará la esposa de Saito en la Guerra?. ¿Qué hará Kenshin ahora?. No se pierda el próximo capítulo.

Notas del Autor:

Primero que nada, haré una pequeña aclaratoria aquí: En el anime se da a entender que la tumba de Tomoe está en Kyoto; mientras que en el OVA 4 se da a entender que su sepulcro está en un bosque desconocido dentro del Japón. En este fan fic se seguirá lo que dicen los 4 OVAs.

Al inicio de este capítulo podrán leer los último párrafos de una de las "Narraciones Extraordinarias" de ese destacado escritor (y uno de mis favoritos personales) Edgar Allan Poe. La historia se llama "William Wilson" y trata sobre un hombre que se consigue con otro que, sin ser familia, es exactamente igual a él, no sólo en apariencia sino en carácter, gustos y pensamientos. Y no sólo eso, el otro sujeto, que incluso se llama igual que él, empieza a desplazarlo en la Universidad y a desenmascararlo en algunos tratos turbios que tenía; los párrafos que decidí extraer son de cuando William Wilson decide poner punto final a su otro yo, pero en la conclusión de la historia el sujeto (aparentemente) se mata a sí mismo. ¿Por qué la he colocado?. Pues porque se identifica con el duelo interno de Kenshin Himura; la verdad quise poner algo del libro del Dr. Jeykill y Mr. Hide, pero no pude conseguir esa obra. En mi opinión personal, creo que en el caso de Himura sería Dr. Kenshin y Mr. Battousai.

Al final de este capítulo leerán un pequeño poema escrito por mi persona, no sé si se adapta o no a este episodio, pero consideré propicio el momento para dejar colar uno de mis escritos en verso para su lectura, espero les haya gustado.

Bueno, acá está un capítulo donde más de la mitad del mismo está dedicado a Kenshin y Tomoe. Sanosuke también tiene su participación y el episodio sirve de marco para el ingreso de Tokio a la historia. En este punto debo agradecerle a mi querida Sensei Nyaar porque me he basado en el perfil que ella ha hecho de la esposa de Saito para desarrollarla. Si quieren leer dicho perfil no dejen de visitar su site.

Como les decía, en este capítulo ni Shougo, ni Misanagi, ni Sayo, ni Shouzo tienen protagonismo; esto lo digo en respuesta a los diferentes mails que he recibido diciendo que Shougo no tiene porqué tener tanta importancia. Bien, yo difiero mucho de esas opiniones y les diré la razón: La gran mayoría de los fan fics siguen la línea trazada de que Kenshin es el héroe y protagonista absoluto y es quien siempre termina salvando el día. La verdad nunca me ha gustado ser "uno más del montón" y por eso quise darle a mi historia un matiz totalmente diferente. Es muy feo que cuando alguien lee un fic de RK diga: "Vaya, qué raro, Kenshin y su Amakakeru Ryu no Hirameki". Eso vuelve a las historias predecibles por muy bien narradas y contadas que estén. Es como ver las novelas, pueden ser muy buenas y tener gran presupuesto, pero irremediablemente, al final, la chica pobre se quedará con el hombre rico. Además, si yo no pongo a Shougo como uno de los personajes principales nadie va a venir a hacerlo por mí.

El otro punto, es sobre Kenshin y su asesinato; bien, en las peleas del anime y del manga (fuera de la Guerra del Bakumatsu), Himura no se enfrenta a una verdadera rebelión, sino a diversos antagonistas; en mi historia, el Samurai está en medio de una guerra civil; así que vamos a ser sensatos. ¿Creen ustedes que un Samurai puede sobrevivir a una batalla contra un ejército sin matar a nadie?. Si yo hubiese escrito eso me habría llamado a mi mismo mentiroso o me habría puesto como Jim Carrey en la película "Mentiroso, Mentiroso". Es cierto, que eso va en contra de la filosofía original de Kenshin, pero no deja de tener lógica, sino, lean de nuevo lo que le dice Tomoe a Himura.

Una cosa más, recuerden que la trama original no debe ser una camisa de fuerza que coarte la creatividad del escritor, al contrario, debe ser sólo un punto de partida para desarrollar nuevas ideas. En la portada de esta historia hago referencia a un fic de Candy Candy, cuya autora se llama Alys Avalos; el fic se llama "Reencuentro en el Vórtice" y gran parte de él se desarrolla teniendo a Terry y a Candy en medio de la 1ª Guerra Mundial. Todo el que halla visto ese anime jamás se puede imaginar a ese par en semejante situación, además la autora nos muestra a una Candy adulta y mucho más madura, dispuesta a luchar por lo que quiere; muy distinta a la adolescente dispuesta a sacrificarse por los demás que nos pinta el anime y el manga. Ese fic ha sido un verdadero éxito en los lectores de habla hispana, habla inglesa y habla francesa, pues está en esos tres idiomas (la autora domina esas tres lenguas).

Mi opinión es que mientras el fic lleve consigo la esencia de la serie, no tiene más límites que la propia imaginación. Además, recuerden que los fan fics nacieron para responder a una sola pregunta: ¿Qué pasaría si ... ?. Nos vemos en la próxima entrega.