The Chaos Era
by Shougo Amakusa
Capítulo 11
"Nuevos Comienzos y Nuevas Esperanzas"
Ocho figuras se veían por entre los árboles; iban en parejas y a cierta distancia una de la otra; su paso era tranquilo y cauteloso. Todas las personas caminaban sin hacer el menor ruido y en sus rostros se podía leer frustración e impotencia. Al frente iban Seijuro y Saito; detrás de ellos se encontraban Aoshi y Misao, luego Omasu junto a Soujiro y finalmente Shougo cerraba la formación con Misanagi. Las palabras habían sido olvidadas por todos y sólo quedaba lugar para el silencio; cada vez faltaba menos tiempo para llegar a su destino: Kyoto. Era evidente que la esperanza se había alejado de los corazones de esas ocho almas y que dicho sentimiento había sido desplazado por la resignación. Todos sabían que habían fallado en su intento de detener a Takashi. Era obvio que su adversario había sido completamente subestimado y que su organización sólo dejaba filtrar lo que le interesaba. Lo más doloroso era la cantidad de vidas que se habían perdido por culpa de ese error de apreciación; y, ahora ellos mismos se encontraban huyendo, a sabiendas que la Base Meiji de Nagoya iba a ser arrasada y posiblemente todos sus ocupantes iban a ser tomados por sorpresa y posteriormente asesinados.
Eso sin tomar en cuenta el hecho de que con la toma de Nagoya, Takashi estaría en control de la mitad de país; además, estaría en una posición envidiable para lanzar su ofensiva final: La Toma de Kyoto. Si la antigua capital del Japón caía en las manos restauradoras sería prácticamente imposible derrotarlas; los miembros del gobierno Meiji así como altos funcionarios civiles y militares se habían retirado a esa ciudad poco antes de que Tokio cayera en manos patriotas, por lo que al perderse Kyoto ya no habría lugar a donde ir fuera del puerto de Nagasaki y si la situación llegaba a ese extremo la única acción posible sería huir por ese puerto hacia Europa y entregarle definitivamente las riendas del país a Takashi. Eso significaría el fin definitivo de la Era Meiji y todo lo que ella representaba.
El regimiento avanzaba decidido a aplastar la Base Meiji, pues era lo único que se interponía entre ellos y la ciudad de Nagoya; Melders y Klaudia iban al frente, mientras que Takashi estaba en medio de sus soldados para procurarse protección y poder transmitir las órdenes con la celeridad requerida. Cuando el regimiento estuvo a una determinada distancia, el líder de los restauradores ordenó que se detuviesen y mandó a llamar a sus dos personas de confianza para darles las instrucciones sin intermediarios.
Takashi: Muy bien, ha llegado la hora de aplastar a esos gusanos; en este momento no hay lugar para los errores ni para las dudas. Melders, toma los hombres que consideres necesarios y procura que ese fuerte pase a nuestras manos; ya sabes que no quiero prisioneros, que nadie escape. ¿Me has entendido?.
Melders: Perfectamente; de inmediato pondré en ejecución sus órdenes.
Takashi: Bien.
Cuando Melders se retiró, Takashi se alejó de sus tropas junto a Klaudia y cuando estuvieron a una distancia prudente para no ser escuchados decidió hablarle.
Klaudia (un poco contrariada): ¿Qué hacemos aquí?. ¿Por qué no me dejaste ir junto con Melders?. ¿Qué sucede?.
Takashi: No hagas preguntas cuando conoces las respuestas; sabes perfectamente porqué te he traído lejos de los demás; tú y yo necesitamos hablar.
Klaudia: Pues sigo sin entender, si vamos a discutir alguna estrategia bien pudimos haberlo hecho bajo la protección del regimiento.
Takashi: Vaya, veo que quieres hacerte la tonta con todo esto. Perfecto, entonces seré un poco más claro contigo. Nosotros dejamos algo inconcluso hace ya algún tiempo y creo que es hora de tomar decisiones al respecto.
Klaudia: Entre nosotros no hay nada inconcluso, a menos que te refieras a esta Guerra.
Takashi (clavando su mirada en los ojos de la mujer): ¿Estás segura de eso?. ¿Necesito ser más específico?.
Klaudia (dejando su pequeño teatro de lado): Nuestra relación quedó terminada desde aquella conversación que tuvimos luego de nuestro intento fallido de tomar esta ciudad.
Takashi: Precisamente por eso he decidido revivirla hoy; justo cuando la toma de Nagoya es un éxito seguro.
Klaudia: Nuestros logros militares no tienen nada que ver con nuestros logros sentimentales; nuestra relación fue un error desde el comienzo y ambos lo sabemos.
Takashi: Vaya, esas fueron casi las mismas palabras que me dijiste aquella vez.
Klaudia: Me sorprende que las recuerdes, pero eso sólo indica que mi opinión no ha cambiado desde ese día hasta hoy.
Takashi: Un momento, deja que te aclare algo: Dije que tus palabras eran casi las mismas, pero tu mirada es muy diferente hoy; aquella vez tus ojos se mostraban decididos y transmitían lo irrefutable de tus conclusiones, pero hoy tu mirada desmiente tus palabras.
Klaudia: Creo que ves cosas donde no las hay.
Takashi: ¿De verdad crees eso?. Vaya, entonces creo que no tiene caso seguir esta conversación, fue un error haberte traído aquí desde un principio, regresemos.
Klaudia: Hai.
En el primer descuido de la mujer, Takashi se lanzó hacia ella y trató de abrazarla, pero no contó con los excelentes reflejos de Klaudia quien desenfundó y le lanzó un zarpazo al ex-daimío quien cayó al suelo quejándose por el dolor y tomándose uno de sus costados. El corazón de la mujer casi se detiene al ver lo que había hecho: por segunda vez levantaba su espada contra Takashi. Rápidamente, la agresora corrió a su lado y se arrodilló junto a él.
Klaudia: Por favor, discúlpame, no fue mi intención herirte. ¿Estás bien?. Yo, yo no lo hice con intención, fue una acción inconsciente producto de mis reflejos.
Takashi: ¿Tanto me odias?. ¿Es eso lo que sientes por mí?.
Klaudia: No; nunca he dicho que te odio, nada más lejos de eso.
Takashi: Klaudia, diré esto sólo una vez y espero que me escuches: Todo lo que dije aquel día fue falso, yo no sentía nada de eso, al contrario, mi amor seguía intacto, simplemente me di cuenta que tú ya no deseabas estar a mi lado y quise darte la oportunidad de hacerlo. Ese error lo he estado pagando desde ese día hasta hoy; todos estos meses traté de negar lo que mi corazón sentía; traté de callar lo que todo mi ser decía a gritos. A pesar de todo esto te sigo amando como el primer día; aún recuerdo nuestra primera noche juntos y recuerdo que a tu lado pasé los mejores momentos de mi vida. Reconozco que no supe cuidar tu amor y que fue mi culpa que nuestra relación llegara a tal estado de deterioro, pero he aprendido mi lección; cada noche sin ti me reafirmó que yo sólo puedo estar con una persona y esa eres tú. Yo me dediqué por entero a esta Guerra para tratar de olvidarte, pero está de más decirte que no ha funcionado; así que te preguntaré por última vez: ¿Ya no sientes nada por mí?, ¿De verdad todo ese amor murió como me dijiste?.
La mujer escuchó cada palabra de Takashi y sintió como se estremecía por dentro; ella también había mentido esa noche, aunque no del todo; era verdad que ya la relación entre ambos se había vuelto insostenible, pero más verdad era que ni siquiera eso había mermado el amor que sentía por él y aún ahora después de tantos meses lo amaba tanto o más que antes. Una parte de ella quería abrazarlo y decirle que también lo amaba y que sólo a él le pertenecía, pero otra parte sentía un inmenso temor; estaba aterrada por las consecuencias de esa decisión, pero a lo que más le temía era a un segundo fracaso; ella estaba segura de que no lo soportaría y sus dudas cegaron a su corazón y fueron esas dudas las que hablaron por ella.
Klaudia (mirándolo a los ojos): Ya te he respondido a esa pregunta; entre los dos ya no puede existir nada más. Espero que entiendas y espero que sea la última vez que preguntes. Ahora debemos regresar con los demás para que te vean esa herida.
Takashi (con tono resolutivo): Bien, entonces aquí está mi última orden para ti y deseo que la cumplas al pie de la letra: "A partir de este momento quedas a cargo de la Sociedad del Dragón Negro; serás la líder absoluta de la rebelión y llevarás al Japón a un nuevo período. Melders será el segundo al mando y tu primer general; escucha con mucha cautela sus consejos y recomendaciones y nunca te fíes por completo de él; es muy leal a la causa, pero es más leal a sí mismo. Cuando tomes Nagoya reagrupa a los demás regimientos e inicia la ofensiva contra Kyoto sin perder tiempo. Recuerda que Shougo y los demás deben haber escapado y deben estar rumbo a esa ciudad en este momento; además, es obvio que al llegar iniciarán los preparativos de la defensa de la misma, por lo que no debemos dejarlos pensar mucho. Cuando se dé la pelea final, quiero que tú misma te encargues de mandar al cristiano al más allá; y, finalmente, confío en tu capacidad para encaminar a este país a un mejor futuro".
La mujer se quedó helada al escuchar esas palabras; no cabía duda de que Takashi estaba marcando una despedida con ellas y ni siquiera quería pensar en lo que iba a hacer aquel hombre; sin embargo, trató de poner en orden sus ideas y se dirigió a su líder.
Klaudia (aparentando calma): ¿Por qué esa orden?. ¿Estás pensando en abandonarnos?. Si es así no creas que lo permitiré.
Takashi: ¿Desobedecerás una orden directa?. Eso es traición y se paga con la muerte, así que espero no pretendas mantener esa postura. Ya que tienes curiosidad por saber el motivo de mi orden te complaceré. No puedo dirigir una rebelión cuando mi corazón está entregado por completo a otra cosa; esta situación se ha tornado insoportable e intolerable, es por ello que te traje hasta acá, no creas que esta decisión la he tomado producto de tu respuesta; esta resolución la tomé mucho antes sólo que su ejecución dependía de las palabras que escuchara de tus labios. No puedo estar al frente de esto por las razones que ya expuse y sinceramente sin esta revolución y sin ti ya no me queda ninguna razón para vivir. Por favor, regresa con los demás; yo le pondré fin a esto de una vez por todas haciéndome el Harakiri. Sólo espero que en mi siguiente vida pueda estar junto a ti. Una cosa más; no debes temer por tu vida, cuando pregunten por mi persona muéstrales este documento y todo quedará aclarado.
Takashi le entregó un pergamino a Klaudia quien lo tomó y leyó detenidamente; en él estaba el nombramiento de ella como líder absoluta y la información de la decisión tomada por el ex-daimío. Al notar que el papel tenía el sello de la Sociedad, la mujer se percató de la seriedad de las palabras de su líder; en verdad esa decisión no había sido tomada por el dolor del momento sino que había sido planificada mucho antes. La mujer levantó su mirada hacia Takashi y el hombre pudo ver lágrimas en el rostro de su amada pero sus labios permanecieron sellados y eso terminó de matar toda esperanza de reconciliación. El ex-daimío se dio media vuelta con un ademán de despedida y se comenzó a alejar del lugar; fue en ese momento cuando Klaudia no pudo ocultar sus sentimientos por más tiempo. Una cosa era resignarse a tenerlo sólo como líder y otra era perderlo para siempre. Un grito ahogado detuvo al hombre, quien al volverse pudo ver a su amada arrodillada y arrugando el documento en medio del llanto; Takashi se acercó a ella y la mujer levantó su rostro, el cual estaba enteramente cubierto de lágrimas, para mirarlo a la cara.
Klaudia (en medio de una crisis): Por favor, no lo hagas; no me dejes sola. Yo puedo resignarme a no tenerte a mi lado como mi compañero y pareja; pero jamás sobreviviría a perderte para siempre. Yo, yo te mentí hace un rato, y también te mentí aquella noche; este sentimiento que llevo en mi corazón sigue tan firme como al comienzo y tal vez mucho más. Takashi, yo, yo te amo. Y si no lo dije antes fue por culpa mis tontos miedos, nuestra primera separación me dolió en el alma y un nuevo fracaso sería insoportable para mí. Por favor, perdóname, perdóname.
El hombre sintió que su corazón se le salía del pecho al escuchar las palabras que Klaudia pronunciaba en medio del llanto; no dudó un instante en arrodillarse junto a ella, tomarle ese hermoso rostro que las lágrimas en vano trataban de ocultar y darle ese beso que por tantas noches había soñado.
Takashi: Si sientes temor de un nuevo fracaso, entonces no fracasaremos. Sólo deseo saber si estás dispuesta a intentarlo de nuevo; esta vez prometo que lucharé por nosotros, sólo quiero contar con tu ayuda para que la pelea la libremos los dos.
Klaudia (recobrando un poco la calma): Sí, sí quiero estar contigo de nuevo y sí estoy dispuesta a luchar por los dos junto a ti.
Takashi ayudó a Klaudia a ponerse de pie y ambos se unieron en un gran abrazo y un beso, al cual le siguieron muchos más. Por desgracia, ese no era el momento para darle rienda suelta a ese sentimiento que había renacido en sus corazones pues tenían una misión que cumplir, así que decidieron regresar con las tropas; además, ya habría tiempo para que consumaran su amor. No obstante, antes de volver, Klaudia tomó el documento que Takashi le había entregado y, con su espada, lo cortó en trozos para que fuera completamente ilegible y lo lanzó a cualquier parte en el bosque, porque una nueva oportunidad había empezado para ellos.
Ninguno de los dos podía darle crédito a lo que veían sus ojos; la cantidad de soldados que poseían las tropas enemigas parecía interminable; esa interfase tierra cielo que se puede ver en el horizonte había quedado perfectamente oculta por el ejército rival. La gravedad de la situación era evidente; en la Base no había los hombres suficientes como para hacerle frente a semejante oponente y por si fuera poco el aire derrotista de los soldados leales al Meiji, incluyendo al Coronel Yakamoto, era un enemigo más poderoso que cualquier armada. Tokio no tenía la menor intención de morir en ese lugar y mucho menos en manos de las tropas enemigas; por lo que una resolución se encasilló en su mente: Escapar. El momento era ése; si esperaba a que el ataque diera comienzo sería imposible huir, por ello se alejó del sitio donde estaba junto al otro Guerrero y se fue al extremo posterior del cuartel. Sin embargo, Sanosuke fue tras ella y sin dejarle tiempo a nada la detuvo.
Sano: ¿Qué pretende?. ¿Acaso piensa irse?. ¿Abandonará a todos?.
Tokio (irónica): Vaya, ¿Cómo te enteraste?. Pues sí. No pienso dejar que esos seres claven mi cabeza en una estaca y la pongan en cualquier sitio. Yo soy la esposa de Hajime Saito y a él le debo cierto respeto y también me debo respeto a mí misma.
Sano: ¿Acaso crees que es honorable salir huyendo en una situación tan crítica como ésta?.
Tokio: Para serte sincera, prefiero salvar el pellejo de forma cruel y no morir de forma honorable; así que te agradezco que me dejes el camino libre, no quisiera tener que ponerme violenta contigo.
Sano (en voz muy baja): Siendo esposa de Saito no lo dudo.
Tokio: ¿Nani?.
Sano: No, nada (pensando): Esta mujer tiene mucha razón, no hay forma de que ese ejército pueda ser detenido y los que se queden aquí están condenados a morir. Yo tampoco puedo perecer acá, no ahora; Sayo nunca me lo perdonaría. Además, yo le hice una promesa.
Tokio: Bien, entonces me voy.
Sano: Mejor dicho, nos vamos; yo iré con usted.
Tokio (sorprendida e irónica): ¿En serio?. ¿Qué pasó con ese discurso acerca de lo honorable?.
Sano: Pues, tengo una esposa que no se va a sentir para nada consolada con esas palabras si llego muerto a casa.
Tokio: Vaya, así que eres casado; bueno, entonces si has decidido "escapar" será mejor que nos vayamos ahora.
Sano: Hai.
Los dos escalaron el muro trasero de la Base y pronto estuvieron en medio de una carrera por sus vidas; no tuvieron que esperar mucho para escuchar los sonidos de la batalla que se había iniciado tras la barrera que poco antes ellos habían saltado. Por sus mentes pasaban imágenes de lo que podía estar sucediendo en aquel sitio; era evidente que iba a ser una masacre cruel y despiadada pues Takashi no se caracterizaba por ser un hombre benevolente. Sano se sentía mal por haber salido de esa forma, pero sabía que no había tenido más opción; antes que todo estaba Sayo y él no tenía el corazón para causarle semejante sufrimiento. Tokio, sólo pensaba en la suerte que habría corrido Saito; ¿Habría muerto?. Esa pregunta estaba oprimiendo su alma de una forma insoportable; la incertidumbre del estado de su esposo era algo que no podía tolerar; por esa razón había ido a la base y había decidido ir al campo de batalla; para ver de cerca de su esposo y poder estar a su lado. Los dos llevaban un ritmo acelerado pues necesitaban llagar a su destino lo antes posible y ese destino tenía un nombre: Kyoto.
Disparos, hombres cayendo al suelo mortalmente heridos; el sonido metálico de espadas al chocar, gritos, todo eso era lo que provenía de la Base del Ejército Meiji; no había duda de que Melders estaba cumpliendo al pie de la letra las órdenes recibidas de Takashi. Los soldados rivales caían como moscas tras cada detonación y tras cada golpe de espada; la batalla se había transformado en un espectáculo dantesco. Aún quedaban unos pocos soldados en pie y el Coronel Yakamoto estaba con ellos; Melders y un grupo de sus hombres se les acercó para terminar el trabajo que habían iniciado instantes atrás.
Cnel. Yakamoto: Ustedes son basura. ¿Cómo pueden pretender llevar al Japón a una nueva Era si todo lo que son capaces de hacer es destruir lo que encuentran a su paso?.
Melders: La verdad, yo en su lugar mediría mejor las palabras. Usted no es quien para llamarnos basura; este gobierno está corrupto y su fama de ladrones ha traspasado fronteras; incluso en Alemania saben sobre sus sucios métodos de hacer las cosas.
Cnel. Yakamoto: Tú ni siquiera eres Japonés; ni siquiera usas una espada japonesa en tu cinto; por lo tanto, no tienes derecho a estar al frente de ninguna revolución dentro de este país.
Melders: Vaya, ahora criticas mi espada y mis orígenes; muy interesante lo que el miedo a morir te hace decir. ¡Soldados!. Maten a todos los que están con él, pero dejen vivo al Coronel; yo personalmente lo voy a enviar al otro mundo.
Las sentencia dictada por el alemán no demoró mucho en ser cumplida, en pocos minutos los soldados que defendían al Coronel cayeron al suelo decapitados y aún víctimas de las convulsiones post-morten. Melders se acercó a su oponente y le pidió a los soldados que hicieran un círculo alrededor de ellos dos.
Melders: Escuchen bien todos. Este militar afirma que yo soy menos hombre que él por usar una espada europea; muy bien, les demostraré a él y a todos ustedes que en Europa también sabemos hacer espadas y que también sabemos usarlas. No quiero que nadie intervenga en este combate, será entre el Coronel y yo; si por casualidad llego a ser derrotado quiero que claven mi cabeza en una estaca y que la quemen. ¿He sido claro?.
Todos los soldados: ¡Hai!.
Melders desenfundó su sable y se colocó en guardia; el Coronel Yakamoto hizo lo propio y pensaba que si iba a irse del mundo de los vivos, ese sucio alemán se iría con él. Muchos de los soldados sabían de las excelentes habilidades con la espada del Meiji y además conocían de la mala calidad de las espadas Europeas; la gran mayoría de ellas no resistían dos golpes contra una espada japonesa. Sin embargo, la seguridad con la cual su líder había dicho sus últimas palabras les hacía tener cierta confianza en el alemán. En pocos instantes el duelo dio inicio. El Coronel lanzó el primer sablazo y el alemán lo detuvo sin mucho esfuerzo; todos los presentes, Yakamoto incluido, se sorprendieron al ver que la espada de Melders había resistido ese golpe. El Meiji había lanzado el zarpazo con mucha fuerza y si las espadas Europeas eran tan malas como decían la espada del alemán debió haber caído al suelo en trozos.
Melders (sarcástico): ¿Qué le sucede, Coronel?. ¿Le sorprende la resistencia de mi sable?. Déjeme explicarle algo; es cierto que la mayoría de las espadas en Europa son muy débiles, pero eso es porque la mayoría se construyen para duelos de corte y no para batallas reales. Sin embargo, nosotros también conocemos el arte de la creación de espadas para Guerras y para combates más fuertes. ¿La mía?. Es un espadón Toledo de 1630; uno de los sables mejor elaborados y más resistentes de su época; fue construida en España y como puede ver, no tiene mucho que envidiarle a su Ninhotou, así que será mejor que piense de nuevo cuando opine acerca de nuestras espadas. Por lo demás, sólo me resta demostrarle que nosotros también sabemos dominar estas armas.
Yakamoto se lanzó contra el alemán y el sonido de sus espadas al chocar se dejó escuchar en toda la base; una y otra vez ambos metales entraban en contacto y para sorpresa de todos; Melders estaba muy cómodo en el combate. El Coronel trató de decapitar a su oponente, pero el golpe fue fácilmente evadido, por lo que el japonés quedó desprotegido y su rival aprovechó para lanzarle un zarpazo que le abrió una profunda herida en el pecho. Yakamoto puso una rodilla en el suelo, mientras su mano izquierda se tocaba la zona de la cortada; mucha sangre corría por su cuerpo y el dolor era inmenso. No obstante, aún le quedaban fuerzas y no iba a dejarse matar tan fácilmente. El japonés se puso de pie y se colocó en guardia; Melders ni siquiera se molestó en protegerse y se dispuso a esperar a que su enemigo tomara la iniciativa. El Coronel no tardó en hacerlo, pero ya sus ataques estaban muy desorientados por lo que el alemán sólo se limitada a evadirlos, poco a poco las reducidas energías que le quedaban al militar se fueron terminando y cada vez era menor la cantidad de golpes que lanzaba. De repente, Melders detuvo uno de ellos con su espada y se limitó a correr sable por encima del de su enemigo para poco después levantarlo y hacerle una herida en el cuello. El Japonés cayó al suelo tratando en vano de respirar, pues su tráquea había sido cortada al igual que su yugular; la sangre salía de su cuerpo a borbotones y poco a poco el Coronel dejaba de existir. El alemán se acercó a él con mucha parsimonia y cuando estuvo cerca de su rival sacó un pañuelo de su uniforme y empezó a limpiar el filo de su sable.
Melders: Bien mi querido Coronel; como pudo darse cuenta, nuestras espadas son tan buenas como las suyas y nuestras habilidades son notables. Del resto sólo me queda decirle que el destino que usted está experimentando en este momento es el mismo que le espera a todos los miembros de este gobierno; dentro de muy poco el Japón estará en manos de alguien que sabe cómo dirigirlo y nadie podrá impedirlo.
El Coronel Meiji gimió por última vez y murió tras una tormentosa, pero corta agonía; seguidamente, el alemán ordenó que todos los cuerpos fueran sacados del lugar y quemados para que Takashi pudiera tomar posesión de la base lo antes posible. Ese cuartel sería el centro de operaciones para dirigir la ofensiva final; desde ese lugar se lanzaría el ataque contra Kyoto. Cada vez la Sociedad del Dragón Negro se encontraba más cerca de alcanzar sus objetivos. Era cierto que él se había unido a ellos sólo para tener la oportunidad de vengarse del gobierno Meiji, pero poco a poco la filosofía de Takashi lo había influenciado notablemente; aunque nadie lo creyera, Melders creía en las metas de la organización y estaba dispuesto a morir por ellas. Poco a poco los soldados restauradores comenzaron a despejar el lugar y su líder salió de la Base para ir a darle las buenas nuevas a su superior. Su caballo apresuró el paso y pronto el alemán se hallaba frente a Takashi; sin embargo, lo que vio le sorprendió mucho. Ante sus ojos, Klaudia y Melders estaban tomados de la mano; era evidente que ambos se habían reconciliado pues los dos estaban sentados uno al lado del otro y de la forma ya descrita. A decir verdad, a él le tenía sin cuidado si ese par estaban juntos o no; no obstante, el alemán pudo ver un brillo en los ojos de ambos que le dio mucha más confianza en el éxito del movimiento, por lo que se apresuró a comunicarle el resultado de su encomienda.
Melders: La Base ha sido tomada; no hubo sobrevivientes. Yo personalmente me encargué de matar al Coronel Yakamoto.
Takashi: Excelente, excelente. Imagino que ya iniciaste la limpieza de ese lugar, pues quiero ocuparlo lo más pronto posible.
Melders: La Base casi está en condiciones de ser ocupada.
Takashi: Bien. Por cierto, ¿Viste a alguno de los miembros del grupo de Himura en ese lugar?.
Melders: No; es muy probable que decidieran irse antes de nuestro ataque; si es que había alguno.
Takashi: Sí, es muy probable que eso pasara. Bien, entonces no perdamos más tiempo. Amigo mío, como premio a tu logro y a tu lealtad te cederé el honor de dar la orden para que el cuartel sea ocupado.
Melders (con una muy pequeña reverencia): Muchas gracias, me siento muy complacido (manteniéndose erguido y con triunfo en sus voz): ¡Soldados!. Les ordeno iniciar la Ocupación de la Base Militar de Nagoya que a partir de este momento es propiedad de la Sociedad del Dragón Negro.
Todos los soldados: ¡Por la Sociedad!.
Una figura corría por entre el bosque; sabía que no había tiempo que perder. Necesitaba saber cómo había terminado la batalla contra Takashi y como estaba la situación en ese momento. Cada minuto que transcurría podía ser crucial y el Samurai estaba perfectamente consciente de ello. Su primer objetivo era llegar a la Base leal Meiji en Nagoya para ponerse al tanto de la situación general; la verdad era que había pensado dirigirse al campo de batalla, pero tomando en cuenta el tiempo que había pasado era ilusorio suponer que la batalla aún continuaba. Era evidente que las respuestas a sus dudas las iba a encontrar al llegar a la Base desde donde partió junto a sus amigos; sólo deseaba que al llegar el panorama fuera alentador. La mañana avanzaba con su ritmo habitual y el sol ya casi estaba exactamente sobre la cabeza de Himura, lo que indicaba que el mediodía estaba haciéndose presente. De todas formas, el Samurai seguía con su paso decidido; la incertidumbre lo hacía enfocarse sólo en el camino y en nada más. Su conversación con Tomoe y la idea de Kaoru esperándolo en casa habían sido relegadas por los momentos, pues tal y como estaban las cosas lejos de ayudarlo lo distraerían.
Kenshin: Debo apresurarme, necesito saber qué diablos ha sucedido en mi ausencia, sólo espero que las cosas no estén muy mal; vamos kami ayúdame a ir más rápido.
La noche había caído llenando de oscuridad el paisaje; aún así, los ocho guerreros seguían su ruta hacia Kyoto. De pronto, Seijuro se detuvo y los demás se colocaron alrededor de él.
Seijuro: Creo que lo mejor será que acampemos aquí por esta noche. No hacemos nada llegando a Kyoto con nuestras fuerzas mermadas. Ya estamos cerca y creo que es necesario para todos.
Saito: Bien, entonces es mejor que establezcamos grupos de guardia, le último que necesitamos es un ataque sorpresa.
Aoshi; Estoy de acuerdo contigo.
Shougo (con una sonrisa casi imperceptible): En ese caso será mejor que decidamos en qué orden haremos guardia, pues creo que los 4 grupos de dos personas ya están formados.
Soujiro: El Señor Shougo tiene razón.
Saito: Bien, si a nadie le molesta desearía tomar la última guardia. ¿Estás de acuerdo, Seijuro?.
Seijuro: Bien, no tengo problema con eso.
Omasu: Me gustaría la segunda guardia. ¿Tienes problemas, Soujiro?.
Soujiro: Ninguno, Señorita Omasu.
Shougo (después de recibir un mensaje al oído de su esposa): Misanagi y yo tomaremos la tercera guardia.
Aoshi: Bien, esos nos deja a Misao y a mí con la guardia inicial. Sólo una cosa más: ¿Cómo mediremos el tiempo?.
Shougo: Eso no será problema, acá está un reloj de arena; lo adquirí en Europa y es muy exacto; cada ciclo mide exactamente una hora. Tomando en cuenta las cosas, sugiero que cada guardia dure dos ciclos; con seis horas de sueño por cada uno será suficiente para reponer fuerzas.
Seijuro: Bien, entonces a falta de otra cosa seguiremos las indicaciones de Shougo.
Los ocho prepararon una fogata y con los conocimientos de Misanagi y Misao lograron crear un sitio más o menos decente para pasar la noche. Seijuro usó un árbol para recostarse al igual que Saito; Soujiro y Omasu se colocaron uno al lado del otro para procurarse calor mutuamente; mientras que Shougo se sentó recostándose de otro árbol para luego dejar que su mujer se colocara entre sus piernas, seguidamente la abrazó y así el matrimonio trató de dormir un poco. Aoshi y Misao se quedaron despiertos para iniciar su turno de guardia. El ex-líder de los Onniwa Banshu colocó el reloj de arena en posición tal y como se lo había dicho Shougo y se sentó a una distancia prudente de los demás. Pronto la fogata se apagó y todo quedo en tinieblas; Misao se colocó al lado de él y usando como escudo a la noche fijó su mirada en la cara del hombre que estaba a su lado. Los dos permanecieron en silencio por unos instantes, pero poco a poco la tensión iba aumentando en el lugar; entonces el Ninja mayor decidió tomar la palabra.
Aoshi (suspirando): Bien, cuando llegaste al campo de batalla te prometí una larga conversación y creo que ha llegado el momento de cumplir con mi palabra.
Misao (sintiendo su corazón en la garganta y con voz muy baja): Hai.
Aoshi: Gomen Nasai Misao-dono. No fue mi intención hacerte sentir mal en aquel lugar. Sólo trataba de protegerte.
Misao (sacando fuerzas de donde no las tenía): ¿Hasta cuando harás eso?. ¿Cuándo te darás cuenta que ya he crecido?. Yo ya no soy la niña que mi padre te encargó; soy la líder de los Onniwa Banshu y soy capaz de cuidarme sola.
Aoshi: No sé qué decirte; no puedo negar que has crecido, pero aún así no puedo dejar de verte como esa pequeña que siempre estuvo a mi cargo.
El corazón de Misao recibía cada una de las lanzas que le lanzaba Aoshi; esas dagas que no hieren el cuerpo, pero que acaban el alma; esos proyectiles con forma de palabras socavaban los sentimientos de la joven Ninja. El Ex-líder de los Onniwa Banshu trataba por todos los medios de no mostrar las dudas que en ese momento sentía; aunque él luchaba por evitarlo, poco a poco había empezado a ver a la joven mujer de otra forma; sin embargo, él no quería aceptarlo pues consideraba que eso sería traicionar la promesa que le había hecho a su padre. Misao se mantuvo callada luego de escuchar las últimas frases de Aoshi y eso intrigó al Ninja; él esperaba otro tipo de reacción, pero la joven sólo giró su cabeza para dejar de mirarlo y se sumió en un profundo silencio. Lo que el hombre no podía ver, eran los caminos de lágrimas que salían de los ojos de la líder Onni quien se encontraba destrozada al darse cuenta de su terrible realidad. Lo que Aoshi acababa de decir había sentenciado su destino y había terminado de matar las ya deterioradas esperanzas que poseía de empezar una relación con él.
Aoshi: ¿Te sientes bien?. ¿Qué te sucede?. Por favor, dime algo.
Misao siguió callada por lo que Aoshi trató de acercársele un poco más para tratar de saber qué le ocurría.
Aoshi (poniendo una mano sobre el hombro de Misao): Vamos pequeña, ¿Qué te sucede?.
La última oración que salió de los labios de Aoshi hizo que el carácter de Misao explotara; sin que el hombre pudiera hacer nada, la mujer le lanzó una fuerte bofetada a la que le siguieron dos más; fue entonces cuando el Ninja pudo ver el rostro de la joven enteramente cubierto de lágrimas y con una mirada que exteriorizaba una mezcla de melancolía con rabia. El ex-líder Onni trató de hablarle, pero fue interrumpido por Misao.
Misao (tratando de no dejarse llevar por su ira para no despertar a los demás): ¿Sabes qué?. Ve y dile pequeña a cualquier perra que se te cruce por tu camino, pero nunca más te dirijas a mí de esa forma ni de ninguna otra que me haga ver como una niña; de otro modo, usaré mis dagas contra ti y créeme que lanzaré a matar. Ya estoy harta y obstinada de que tu trato hacia mí sea así; ya me cansé de rogarte que me trates como a una mujer y ... (tomando una resolución): Ya me cansé de hacerte entender que te amo desde hace mucho tiempo y que tú significas todo para mí. Así que de ahora en adelante no te pediré ni te rogaré nada más; a partir de hoy te exigiré que me trates como me merezco; he hecho méritos suficientes como para ser considerada adulta y uno de ellos es ser la líder de los Onniwa Banshu y si tienes problemas con eso podemos resolverlos en un duelo. ¿He sido suficientemente clara?. Mis dagas serán las que hablen por mí la siguiente ocasión.
Aoshi se quedó helado al escuchar las palabras de Misao; no sólo por lo que ellas significaban, sino por la fuerza y la determinación con que habían sido proferidas. Era evidente que la joven estaba reprimiendo una enorme ira y él sabía de sobra quien era el causante de la misma. Por primera vez en mucho tiempo, el Ninja vio a su compañera de armas como una verdadera mujer, pues para tener el valor de decirle esas cosas en esa forma había que ser una persona muy madura y segura de sí misma. Atrás habían quedado esos días en que él la cuidaba y la tenía entre sus brazos; ahora Misao era una gran guerrera dispuesta a hacer valer sus derechos, castigando a quien los mancillara. Nuevamente el silencio se apoderó del lugar; la joven siguió llorando amargamente tratando de olvidarse del mundo; ella tenía sus esperanzas es esa conversación y ahora sabía que todo había terminado, que su amado jamás la vería como tanto deseaba y que ellos nunca estarían juntos. De pronto, se puso de pie y empezó a alejarse del lugar, aunque sólo pudo dar un par de pasos pues sintió que tomaban su mano y la obligaban a detenerse.
Aoshi: Esta conversación aún no ha terminado; tu dictaste sentencia sin dejarme derecho a la defensa.
Misao (tratando de soltarse): Tú tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste.
Aoshi: ¿Me dejarías intentarlo de nuevo?.
Misao (un poco contrariada): ¿Nani?.
Aoshi decidió abrir su corazón a esa posibilidad que por tanto tiempo había temido; después de todo no había nada de malo en ello; Misao lo amaba y eso era información de dominio público y él desde hace mucho tiempo estaba luchando contra un sentimiento que aún no había definido del todo. "¿Qué diablos importa lo demás?. Su padre no puede oponerse a esto, pues mi misión de cuidar a la pequeña Misao ha terminado; esa niña ahora es una mujer fuerte y decidida; tal vez joven por su edad, pero muy madura de acuerdo a su carácter" esas eran las frases que pasaban por la mente del hombre en ese momento. Definitivamente, él no quería morir pensando en qué habría pasado si hubiera enfrentado sus miedos; por lo que después de varios instantes de vacilación atrajo con un poco de fuerza a la joven y sin darle tiempo de reaccionar le dio un beso muy tierno y largo que sellaba el inicio de un viaje hacia lo desconocido. Misao correspondió al beso más por instinto que por convicción, a decir verdad, la joven sentía que le estaban moviendo la tierra que estaba bajo sus pies; todo su cuerpo comenzó a estremecerse y de pronto sus miembros dejaron de responderle a las órdenes de su cerebro; la Ninja estaba siendo arrastrada por un torbellino que le era totalmente desconocido. Definitivamente, no es lo mismo ver a una pareja besarse que experimentar esa sensación; ella percibía el roce de los labios de Aoshi contra los suyos, sentía como su lengua jugaba con la de él y sentía como los brazos de su amado la rodeaban haciéndola su prisionera; aunque ella no tenía las menores intenciones de escapar. Cuando los dos se separaron, sus miradas se encontraron y ambos sonrieron, pero por varios minutos nadie dijo nada; los dos necesitaban gozar ese momento un poco más.
Aoshi (con cierta vacilación): Ai Shiteru Misao-dono.
Misao (con una calma que nadie habría soñado en ella): Ai Shiteru mo Aoshi-san.
Como quisiera poder vivir sin aire.
Como quisiera poder sin agua.
Me encantaría quererte un poco menos.
Como quisiera poder vivir sin ti.
Per no puedo, siento que muero, me estoy ahogando sin tu amor.
Como quisiera poder vivir sin aire.
Como quisiera calmar mi aflicción.
Como quisiera poder vivir sin agua.
Me encantaría robar tu corazón.
Como pudiera un pez nadar sin agua.
Como pudiera un ave volar sin alas.
Como pudiera la flor crecer sin tierra.
Como quisiera poder vivir sin ti.
Per no puedo, siento que muero, me estoy ahogando sin tu amor.
Como quisiera poder vivir sin aire.
Como quisiera calmar mi aflicción.
Como quisiera poder vivir sin agua.
Me encantaría robar tu corazón.
Como quisiera lanzarte al olvido.
Como quisiera guardarte en un cajón.
Como quisiera borrarte de un soplido.
Me encantaría matar esta canción.
¿Qué pasará ahora con nuestros héroes?. ¿Qué ocurrirá cuando Kaoru se entere de lo sucedido con Kenshin?. ¿Cómo se desarrollara la historia entre Misao y Aoshi?. ¿Cuál será el siguiente paso de Takashi?. No se pierda el próximo capítulo.
Notas del Autor:
¡Jo!. Si alguien esperaba un lemon entre Aoshi y Misao será mejor que se siente y busque algo de comer, je, je, je. La verdad creo que he complacido a muchos de mis lectores con unirlos, pero no pidan milagros. Sinceramente yo veo a Misao como una bebé para pensar un lemon con Aoshi, pero bueno tal vez más adelante pueda que cambie de opinión. Sinceramente la conversación de ese par me costó un poco, pero creo que era hora de que Misao le demostrará al Ninja de lo que estaba hecha y en mi opinión quedó muy bien. Además, esa unión quise empezarla de una forma romántica y un lemon le hubiese quitado ese toque.
¿La canción final?. Si no la conocen será mejor que empiecen a botar los discos basura de Christina Aguilera, Five, N'Sync y Britney Spears y comiencen a escuchar música de verdad. Esa letra le pertenece a uno de los primeros éxitos del grupo mexicano Maná (Que vivan Fher, Alex González, Juan Calleros y Sergio Vallín; son unos maestros y soy fan número uno de esa banda), el nombre de esa canción es "Vivir sin Aire" y pertenece al segundo disco de ellos, llamado "¿Dónde Jugarán los Niños?". ¿Por qué decidí colocarla?. Sencillo, ¿No se imaginan a Aoshi cantándola?. Cuando vi el lío amoroso entre Aoshi y Misao pensé en esa canción para ellos; pues, en el fondo, el Ninja lucha contra lo que su corazón siente al tratar de no quererla, pero eso sería como vivir sin aire ^^.
Bueno, como habrán notado; estos capítulos no avanzan mucho con respecto al desarrollo de la trama principal, pero es necesario resolver ciertas cosas antes de dar inicio a la gran batalla por Kyoto, ¿No creen?. Otra cosa; amárrense bien los pantalones porque a partir del siguiente capítulo empieza la operación lemon, ja, ja, ja. No pensarán que nuestros héroes se van a ir a jugar la vida sin antes tocar el cielo junto a sus respectivas parejas. Así que no se pierdan ni un solo detalle de esta operación. Ahora sí, nada más que decirles, sólo que nos vemos en la próxima entrega.
