The Chaos Era
by Shougo Amakusa
Capítulo 14
"Preludio a la Oscuridad"
¡Cómo sopla el viento en las ventanas!. ¡Cómo llueve hoy!.
¡Cómo está la calle de vacía!. ¡Cómo muere el sol!.
Estos días grises del otoño, me ponen triste.
Y al calor del fuego de mi hoguera, te recuerdo hoy.
Te recuerdo hoy, a ti que eres mi vida entera,
la brisa de primavera, la claridad.
A ti, que sufres cuando me esperas,
Que miras a las estrellas y que suspiras por mí.
¡Cómo arrastra el viento a aquellas hojas!. ¡Cómo llueve hoy!.
Y ¡Qué torpe vuela por el cielo ese gorrión!.
Se han quedado mudos esos nidos de golondrinas.
Y sentado al borde de la noche, te recuerdo hoy.
Te recuerdo hoy, a ti que eres mi vida entera,
la brisa de primavera, la claridad.
A ti, que sufres cuando me esperas,
Que miras a las estrellas y que suspiras por mí.
Los paraguas pasan lentamente frente a mi balcón,
El reloj se escucha como siempre en el comedor,
Estos días grises del otoño, me ponen triste.
Y al calor del fuego de mi hoguera, te recuerdo hoy.
Te recuerdo hoy, a ti que eres mi vida entera,
la brisa de primavera, la claridad.
A ti, que sufres cuando me esperas,
Que miras a las estrellas y que suspiras por mí.
¡Cómo sopla el viento en las ventanas!. ¡Cómo llueve hoy!.
Hajime Saito, Hiko Seijuro y el General Yamagata escuchaban con viva atención las palabras de Takagi Tokio; el avance de las tropas de Takashi era increíble y ya estaban cerca de dar el paso final: la invasión a Kyoto. El militar sintió pesar por los hombres perdidos en el cumplimiento de su deber en la base de Nagoya; no era muy difícil ni aventurado suponer que a estas alturas Takashi ya debía estar en Nagoya con completo control por lo que era imperativo planificar una estrategia de defensa lo más pronto posible y para ello debía reunirse con todos. Fue en ese momento que recordó la ausencia de Himura; lo cual era una verdadera calamidad, justo ahora que más lo necesitaban desaparecía poseído por Battousai. Por lo menos, aún quedaban fuerzas y hombres para hacerle frente a los patriotas, pero debían ser cuidadosos; un error significaría perder la guerra y entregarle el Japón a los insurrectos. Todos se quedaron en silencio luego que Tokio terminó su informe y se sumieron en sus propias meditaciones. Saito, por primera vez, estaba un poco preocupado por la situación; la desventaja era clara y estar a la defensiva no era de su agrado; el nuevo enemigo era distinto a todos con los que había tenido que lidiar, el líder de los rebeldes era astuto, excelente estratega y poseía la habilidad de controlar a sus aliados, lo cual lo hacía difícil de derrotar; sin embargo, su Aku Soku Zan debía caer sobre él pues el mal debe ser aniquilado. Seijuro se imaginaba lo que debía estar haciendo su estúpido pupilo en esos momentos; la verdad era que en el fondo sentía pena por él, ahora se hallaba en un dilema difícil de superar, pero le tenía la suficiente confianza como para contar con su ayuda en la batalla decisiva. Tokio miraba a todos los presentes y trataba de adivinar sus pensamientos; ella sólo deseaba que toda esa confrontación acabase de una buena vez para poder estar en paz consigo misma y con su esposo. Ya había tenido que sufrir horrores durante la guerra de restauración y no deseaba vivirlos por segunda vez...Pronto, el militar interrumpió el lúgubre silencio del lugar para dar unas indicaciones.
Gral. Yamagata: Es innegable que Takashi y sus hombres tienen la ventaja en estos momentos porque poseen el factor tiempo; a estas alturas ya deben estar planificando la invasión final a Kyoto por lo que es necesario organizar la defensa y trazar una estrategia para contraatacar; si nos quedamos sólo a la defensiva jamás podremos salir airosos de esto. Si Kyoto cae, el gobierno también lo hará y entonces la Era del Caos se iniciará en todo el país. Es vital que defendamos hasta la muerte este frente y que acabemos con la rebelión de Takashi en esta misma batalla.
Saito: Creo que no tenemos más alternativa; será mejor que iniciemos la planificación a partir de ahora, no tenemos mucho tiempo pues estoy seguro de que ese sujeto atacará lo más pronto que le sea posible para tomarnos desprevenidos.
Seijuro: Pues ustedes son los que deben planificar la defensa; yo sólo soy un guerrero no un estratega militar; lo que deseo sugerir es que antes de iniciar los planes nos reunamos con todos para que cada cual sepa la planificación y evitar los errores no deseados.
Gral. Yamagata: ¿Cuál es su opinión Takagi-san?.
Tokio: Pues, estoy de acuerdo con Seijuro, debemos avisarles a los demás una vez que la planificación esté lista para comenzar a ejecutarla.
Gral. Yamagata: Entonces se hará de ese modo; contactaremos a los demás una vez que concluyamos la planificación.
Seijuro se sentó sin decir palabra mientras los otros tres iniciaban las deliberaciones obre la estrategia de defensa; en su mente aún estaba la figura de su pupilo...
Una figura corría a toda prisa pues su destino estaba muy cerca; aún conservaba los devastadores recuerdos y pensamientos que vinieron a su mente cuando llegó a la Base de Nagoya por lo que sus temores estaban demasiado a flor de piel; se culpaba a sí mismo por no haberse enfrentado con su yo interno antes y deseaba retroceder el tiempo para hacer las cosas de otra forma. Por desgracia eso no era posible y lo único que le quedaba era llegar a tiempo para tratar de salvar los pedazos que quedaban en su vida.
Sanosuke entró sigilosamente en la habitación de Sayo pues no deseaba perturbarla, sabía que su esposa había pasado momentos difíciles al creerlo muerto por lo que quería dejarla descansar el mayor tiempo posible. El hombre se acercó a la cama donde ella dormía y se dispuso a observarla detenidamente; sin dudas, ella era una mujer hermosa y cada vez que contemplaba su belleza se sentía inferior. Todavía pensaba que todo era un sueño porque no era capaz de aceptar que ese ángel caído del cielo se había enamorado de él; al fin y al cabo, sólo era un simple guerrero y nada más. Súbitamente, Sayo abrió los ojos y los posó sobre su esposo; de inmediato una sonrisa se apoderó de los labios de la mujer quien se incorporó lentamente para poder estar más cerca de él.
Sano (tratando de acostarla de nuevo): No debes esforzarte tanto; necesitas descansar; has tenido días duros.
Sayo (sonriente): ¿Olvidas lo fuerte que soy?. Hace falta mucho más que dos noticias estremecedoras para mermar las condiciones de Sayo Sagara.
Sanosuke no pudo evitar sonreír al escuchar las palabras de su amada; las mismas le indicaban que lo que vivía era real y que ese ángel caído del cielo estaba a su lado y que siempre lo estaría; el guerrero se sentó junto a ella y no pudo contener sus deseos de besarla. Sayo respondió al beso con la misma intensidad porque era demasiado el tiempo que había pasado sola, siempre deseando ser de nuevo presa de las caricias de su esposo. Atrás habían quedado los tiempos en que se consideraba una santa; el día en que ella conoció a su marido se percató de que sólo era una simple mujer capaz de enamorarse perdidamente de un hombre. Se podría decir que fue amor a primera vista porque a pesar de lo insolente de su comportamiento y de la bofetada que le tuvo que dar, algo en ella despertó y cuando volvió a ver a Sanosuke en la cueva, donde estaba malherido, algo en su interior la llevó a cuidarlo; al principio pensó que era su voto de ayudar al prójimo, pero luego pudo darse cuenta que su deseo estaba por encima de eso, sólo que en ese momento se rehusó a aceptarlo por fanáticas creencias. Ahora, estaba de nuevo a su lado y sabía lo que sucedería entre ellos; eso la hacía sentir dichosa porque gracias a él logró salir de un mundo al cual no pertenecía para entrar en su vida y para disfrutar el ser amada. La mujer aún ahora se cohibía de muchas cosas, pero poco a poco iba derrotando todos sus tabúes, pues deseaba hacer feliz a su amado de la misma forma en que él la hacía dichosa a ella. Sayo tomó la iniciativa y comenzó a desvestir a su esposo ante lo cual Sanosuke se percató de lo que estaba a punto de pasar y recordó el estado en que ella se encontraba.
Sano (haciendo un esfuerzo sobrehumano para luchar con sus deseos y detenerla): ¿No crees que no es el momento para esto?. Apenas te estás recuperando y esto no te hará mucho bien.
Sayo (mirándolo a los ojos): Yo ya me siento mejor y no necesito estar postrada en una cama para recuperarme del todo; lo que yo necesito es lo que estoy buscando, así que te aconsejo por tu bien que no vuelvas a detenerme.
Definitivamente, su esposa poco a poco pasaba de ser aquella persona retraída y cohibía con algunos destellos de fortaleza, a ser una mujer fuerte y decidida. Cuando él se enteró que ella y Shougo era hermanos no pudo creerlo; los dos eran demasiado distintos, eran como polos opuestos. Sin embargo, ahora que la conocía mejor, se daba cuenta que no eran tan diferentes; sólo que ella estaba demasiado enredada en los estamentos de su religión como para mostrar su verdadero ser; sólo él había logrado penetrar esa coraza y encontrar a una Sayo fuerte de carácter y dispuesta a todo por los que ama. Aquel día en la cueva le había demostrado de qué estaba hecha; no le importó su estado crítico de salud por la tuberculosis para sacar todas sus fuerzas cuando lo ayudó a liberar a Shouzo. Ella era digna de admirar y el cielo lo había premiado al permitir que fuera su esposa...sólo para él...Sanosuke decidió no detenerla más y se entregó al deseo que lo embriagaba; comenzó a despojarla de sus ropas y pronto ambos se encontraron semidesnudos; ella se colocó sobre él y comenzó a besarle su cuello, su pecho, y siguió bajando hasta encontrar el punto crítico de su marido. El guerrero se sentía en el cielo y estuvo a punto de alcanzar la cima, pero logró detenerla a tiempo pues no deseaba entrar al paraíso tan pronto; tomó muchas respiraciones profundas para calmarse un poco y decidió continuar el juego; ahora era él quien estaba encima, por lo que comenzó a recorrer muy despacio el cuerpo de la chica con sus labios. Su cara, su cuello, sus colinas; en ella se detuvo un tiempo para luego seguir bajando hasta su gloria; Sayo comenzó a quedar presa de espasmos pues el placer que sentía era intenso. Demasiados días habían pasado ya desde la última vez y la mujer no podía contener su dicha, pronto sus gemidos cada vez más sonoros inundaron la habitación. Sanosuke tuvo que taparle la boca, pues era de día y no deseaba que los demás (en especial Shougo) se enteraran que no la estaba cuidando precisamente; aún así, los gemidos de su mujer ahogados en parte por su mano lo exaltaban sobremanera. Las ganas de poseerla de nuevo lo estaban enloqueciendo, por lo que detuvo su accionar y se colocó en posición; ella lo miró a los ojos y esperó que lo hiciera, de hecho le pidió que entrara en ella. Sanosuke quiso hacerlo despacio y con sutileza, pero su pasión pudo más que él y entró fuerte, rápido y profundo; la chica gritó al recibirlo, pero la mano de su esposo evitó que otros escucharan la evidencia de lo que estaban consumando. Los dos se miraron fijamente a los ojos y él temió que ella le reclamara por lo que había hecho; no obstante, Sayo se limitó a sonreír y a decirle que lo amaba más que a nadie en el mundo. La pareja se transó en el combate amoroso por largo rato, a veces rápido, a veces lento, a veces con fuerza, a veces con delicadeza. Justo cuando alguno de los dos iba a alcanzar el momento crítico se detenían pues deseaban prolongar su acto mucho más y así cuando decidieran terminar sería sublime. La verdad no estaban errados; cuando los dos llegaron a la cima fue algo extraordinario para ambos; Sanosuke tuvo que taparle la boca a su amada por tercera vez, sólo que ahora él mismo tuvo que tapar la suya. Los esposos quedaron completamente exhaustos a causa de la batalla librada, pero eso no evitó que siguieran dándose muchos besos.
Sano: Creo que cada vez es mejor que la anterior.
Sayo (roja como un tomate): ...
Sano (notando su imprudencia): Gomen nasai. Fui un tonto al decirte eso; me dejé llevar por la situación; perdóname si te ofendí, yo...
Sayo (colocando un dedo en la boca de su esposo, pero sin perder el rojo en sus mejillas): No...no hay nada que perdonar...soy tu esposa...¿neh?. A mí también...me...gustó.
Sano: Igual te pido disculpas; no es forma de dirigirme a ti.
Sayo: No seas tonto; eres mi esposo y poco a poco nuestras costumbres se han convertido en una mezcla entre lo japonés y lo occidental. ¿Acaso no ves que estamos en una cama y no en el suelo?. No me faltas al respeto por decirme que te gusta hacer el amor conmigo. Malo seria que te gustara hacerlo con otra. (Pensando): ¡Lo dije!. ¡Lo dije!. Pude expresarme en esta materia sin titubear. ¡Lo hice!. ¡Lo hice!. ¡Pues claro que lo hice!. Soy una Sagara y si no aprendo a dejar mis tabúes con Sanosuke, creo que no podré hacerlo con nadie más.
Sano (sorprendido): ¡Hey!. La única mujer en mi vida eres tú y eso no lo dudes ni por un instante...Por cierto; jamás te creí capaz de decir ese tipo de cosas.
Sayo (nuevamente sonrojada): Pues, no esperes que las diga muy seguido. Además, tomando en cuenta la posición en que estamos; es difícil no hablar del tema.
Los dos comenzaron a reír; la felicidad nuevamente había llegado a los Sagara después de tanto tiempo de angustia y ambos decidieron acostarse a dormir pues deseaban seguir juntos un rato más...
Las tropas restauradoras habían tomado pleno control de la ciudad de Nagoya y se preparaban para su siguiente misión: La Toma de Kyoto. Melders estaba en el sitio que habían elegido para que funcionara como centro de operaciones y minutos después arribaron a ese lugar Takashi y Klaudia. La pareja había llegado horas atrás a la ciudad, pero sólo se retiraron al aposento que el alemán les había preparado sin decir palabra alguna; a partir de ese momento, Melders los esperó para iniciar la planificación de la ofensiva final. Los recién llegados observaron todo el lugar y se sintieron satisfechos por el trabajo que había realizado el europeo, seguidamente se sentaron en la mesa para comenzar la creación de la estrategia.
Takashi: Bien, nuestros objetivos están próximos a cumplirse y eso me llena de mucho orgullo; ya estamos a un movimiento del final; sólo falta la toma de Kyoto para que este régimen caiga ante nosotros.
Melders: Ya recibí la confirmación desde nuestra base en Osaka; los 3500 hombres están listos para iniciar la ofensiva. En el cuartel sólo se quedarán los hombres necesarios para protegerlo.
Takashi: Perfecto. Melders, debo reconocer que tu ayuda ha sido valiosa en este movimiento y has probado que estuve en lo cierto al recibirte con nosotros; ya falta poco para que nuestras metas se cumplan y entonces todos veremos los frutos de nuestros sacrificios. ¿Nuestro ejército acá está listo?.
Melders: Sí, sólo esperan su orden.
Takashi: Bien, envía una paloma mensajera a Osaka de inmediato; el ataque comenzará a primera hora de la mañana; por ahora todos debemos descansar para recobrar las fuerzas. Necesitamos estar al 100 para lo que se nos viene encima.
Melders asintió y fue a cumplir la orden que le había sido dada; mientras que Takashi y Klaudia se fueron a su habitación; los dos tenían algo que hacer antes de descansar...
Ya se podían ver algunas casas y era evidente que había llegado a su destino; el hombre se detuvo unos segundos para recuperar el aliento y de inmediato reanudó su marcha; poco después ya estaba frente a la residencia de los Amakusa y dudó varios minutos antes de atreverse a tocar la puerta. Las noticias que traía no eran nada buenas y en su mente buscaba la forma menos dolorosa de transmitirlas. La puerta de la casa se abrió y el Samurai no pudo ocultar su alegría al ver caras conocías que creía fallecidas; Soujiro y Omasu fueron quienes lo invitaron a pasar y la Ninja corrió a avisarle a los demás. Pronto, Sayo, Sanosuke, Shougo y Misanagi estuvieron en la sala y no pudieron dejar escapar una sonrisa al verlo de nuevo; el cristiano le pidió a su esposa que fuera a avisarle a Kaoru, porque era ella quien debía disfrutar de ese momento. Kenshin saludó a todos los presentes y pronto se encontró cara a cara con el que otrora fuera su némesis.
Shougo: Bienvenido una vez más a mi casa, Himura. Es bueno verte de nuevo.
Kenshin (recuperándose un poco de la impresión que le había causado ver a todos los que creía muertos con vida): Pues, la verdad no esperaba encontrarlos aquí. Cuando regresé, vi la Base de Nagoya en manos de Takashi y pensé lo peor. Creía que todos ustedes estaban muertos.
Shougo: Bueno, no faltó mucho para que eso fuera verdad, pero todos logramos escapar...(bajando un poco la cabeza por la vergüenza): Aunque no fue de la forma más honrosa y eso le costó la vida a casi todos los soldados que estaban con nosotros.
Kenshin: La verdad, lamento mucho escuchar eso; imagino que fue duro para ustedes.
Shougo (recuperando el ánimo): Descuida, ya lo hemos superado, luego te daré los detalles sobre eso y sobre los nuevos planes; por ahora, tú tienes una charla pendiente con alguien...(sintiendo algo de pesar): a nuestro regreso, tuvimos que decirle lo que te había sucedido y desde entonces está muy mal; espero me sepas disculpar por mi impertinencia.
Kenshin (comprendiendo): No, no fue impertinencia. Peor hubiera sido mentirle...no te preocupes, ahora estoy en condiciones de enfrentarme con lo que sea; muchas cosas han cambiado en mí y creo que mi primera prueba será Kaoru.
La joven Kamiya tenía varios minutos parada en la entrada de la sala observando a Kenshin; no podía creer lo que sus ojos estaban mirando; ante ella estaba el amor de su vida, pero aún así no sentía alegría, sólo sentía miedo y tristeza. Esa persona no era Kenshin, ese ser era Battousai, el horrible fantasma que siempre aparecía para atormentarla y que ahora se había apoderado de la persona que más quería y amaba. Himura pronto la miró y Shougo les hizo un ademán a todos para que se retiraran del lugar; en ese momento, la pareja debía estar sola. El recién llegado comenzó a acercarse a la chica, pero Kaoru comenzó a retroceder; estaba aterrada, recordaba aquella pelea contra Jinei y el combate contra Saito además de las atrocidades que había cometido Battousai en la guerra de restauración. El hombre entendía perfectamente por lo que pasaba su esposa, pero era necesario enfrentar los acontecimientos. La joven maestra de Kendo pronto se vio contra la pared e instantes después tuvo a su esposo justo frente a ella. Ambos se miraron fijamente a los ojos, aunque en silencio, y poco después el hombre habló.
Kenshin: Sé lo que debes estar sintiendo en este momento; lo entiendo perfectamente. Yo soy el culpable de tu tristeza, Kaoru. Siempre he sido el culpable de tu dolor. Y no sólo del tuyo sino del de mucha gente; todo por mi temor a enfrentarme conmigo mismo. No es necesario que hables; en este momento soy yo quien desea aclararte las cosas. He pasado por momentos difíciles estos días, imagino que tendrás una idea del porqué; cuando vi mis manos manchadas de sangre en la batalla no supe qué hacer; en ese momento perdí el control de mi ser y eso casi cuesta más vidas. Por fortuna, Shougo me ayudó y luego no tuve el valor de seguir con ellos; levanté mi espada en contra de los que estaban peleando a mi lado y eso es imperdonable; aún cuando ellos lo entendieron no podía con mi consciencia; por esa razón decidí irme. Necesitaba poner en claro mis ideas y tenía que enfrentarme contra Battousai de una vez por todas; pero, en medio de ese caos que era mi mente logré darme cuenta que no tenía caso luchar en contra suyo, pues él y yo somos la misma persona. Kaoru, todos los asesinatos de la guerra de la restauración que cometió Hitokiri Battousai, en realidad los cometí yo, Kenshin Himura. El gran error que hice en la vida fue tratar de separarme en dos seres e intentar enterrar a uno de ellos; yo soy una sola persona, no dos, lo que siempre debí hacer fue crecer, madurar, evolucionar; en cambio decidí huir y olvidarme de mi pasado como si nunca hubiese existido; por ello constantemente venía a recordarme que jamás lograría hacerlo. Ahora aprendí que debo ser un solo ser de nuevo, es la única forma de tomar el control de mí mismo; Battousai es una parte de mí y...(recordando las palabras de Tomoe): es sólo otra forma de decir mi nombre.
Kaoru (impresionada por lo que estaba escuchando): Ken...shin...
Kenshin: No puedo mostrarte otra realidad, no puedo venir a decirte que las cosas regresaron a la normalidad y que todo será como antes. Esa promesa de no matar no la hice yo, la hizo sólo una parte de mí; pero ahora te haré una promesa que podré cumplir: Kaoru, lucharé por nuestra felicidad y pelearé por la paz de este país No sé si tenga que matar de nuevo, pero mientras pueda evitarlo, lo haré. Sólo deseo que estés a mi lado, ahora te necesito más que nunca; deseo estar contigo...Sin embargo, entenderé si no lo aceptas; tú te enamoraste de alguien irreal, yo sólo te mostré la parte buena, siempre traté de ocultarte la maldad que yace en mi interior. Ahora, te prometo que verás al verdadero Kenshin, al ser humano capaz de cometer errores y que, como todo el mundo, tiene virtudes y también defectos. Simplemente deseo estar contigo para poder seguir creciendo...
Kaoru no podía creer lo que escuchaba, las palabras de su esposo taladraban su cerebro lentamente; un profundo dolor se apoderó de su ser y sentía como partes de ella se caían a pedazos. Ella estaba parada sobre un piso que en parte lo sostenía la imagen de Kenshin; y, verlo de ese modo hacía que ese suelo se destruyera. Sin embargo, por primera vez sentía que era honesto con ella; por primera vez sentía que no había nada oculto en él. Antes siempre estaba rodeada por la sombra de los secretos, siempre sentía el temor de que una mañana Battousai fuera quien despertara y le arrebatara todo en la vida. Ahora se sentía segura a su lado; ella sabía que su amado tenía razón, no podía pretender que Kenshin se dividiera en dos personas y si le ponía eso como condición para estar a su lado sería la mujer más desconsiderada en el mundo; su amado pasaba ahora por uno de los momentos más difíciles en su vida y ella debía estar a su lado para apoyarlo. Una vez le escuchó decir a Shougo que el matrimonio está en las buenas y en las malas; y en ese momento entendía perfectamente el significado de aquellas palabras. Kenshin la necesitaba y no iba a darle la espalda, pasara lo que pasara estaría con él, pues juntos nada podría contra ellos...La mujer se lanzó a los brazos de Himura en medio del llanto y lo apretó con todas sus fuerzas; tuvo tanto miedo de perderlo que su corazón le dolía más de lo común. El Samurai le correspondió al abrazo y se sintió feliz porque su esposa y el amor de su vida lo había aceptado a su lado; esta vez no traicionaría ni la confianza ni el apoyo de Kaoru porque ya no habría secretos entre ellos.
Kenshin (feliz): Ai Shiteru Kaoru-dono.
Kaoru (llorando): san, Kenshin, san. Ahora soy Kaoru-san. Y me enorgullece ser tu esposa, no importa los errores que hayas cometido o los que cometas, siempre estaré orgullosa de ser tu esposa...Ai Shiteru mo, mi Kenshin.
Los dos unieron sus labios en un tierno beso, el cual ambos ansiaban desde hace mucho y eso no era lo único que deseaban; sin saber ni cómo llegaron, poco después estaban en la habitación que tenía Kaoru en la casa; la oscuridad reinante en el lugar fue cómplice para el juego de caricias que se inició. Los dos estaban cansados de tanta guerra, de tantos cambios y de tanto dolor; en ese momento sólo deseaban ser una pareja que se amaba y nada más; ya habría tiempo para solucionar los problemas. Kenshin poco a poco fue llevado por sus deseos, al igual que su esposa; los dos estaban absortos entre caricias y besos por lo que no pensaban en nada más. Pronto la ropa no fue más que un estorbo, una barrera entre dos seres que se deseaban y que ardían en pasión por lo que fue puesta a un lado; aún en su desnudez, los dos no dejaban de tocarse, era como si necesitaran llenarse el uno del otro para seguir existiendo. Las caricias fueron cada vez más sensuales, entonces los gemidos ahogaron el silencio de la habitación. La siempre chica escandalosa, histérica y gritona con todo el mundo no hacía más que dar gemidos quedos de placer; sin saber que era ese sonido celestial lo que encendía aún más a su amado. Ya no había lugar que no hubiera sido tocado en el cuerpo de ambos, los amantes conocían perfectamente el cuerpo del otro y sólo le daban un recorrido más. Muchas posturas adoptaron para darse los más variados tipos de caricias, hasta hubo tiempo para inventar cosas nuevas, siempre teniendo como meta el placer mutuo. Fue entonces cuando Kenshin entró en Kaoru, la chica colocó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos con fuerza en el momento de recibirlo; el placer era enorme y fue mayor cuando su esposo comenzó a balancearse dentro de ella. En cada roce, en cada sutil embestida, la mujer se sentía morir, pero al mismo tiempo se sentía viva. Una vez más recordaba que le pertenecía a ese hombre que por tantos años amó en silencio y que ahora estaba su lado a pesar de las calamidades. Kenshin no podía contener la satisfacción que sentía en ese momento; una vez más estaba con la persona que más amaba; su timidez y sus temores motivaron que guardara en secreto sus sentimientos por largo tiempo, pero ahora podía demostrarle cuánto la amaba y deseaba. Los dos estuvieron luchando para ver quien amaba más y fue entonces cuando alcanzaron la cima, fue cuando ambos entraron al paraíso llamado éxtasis. Los jadeos y gemidos se volvieron un lenguaje entre los amantes para comunicarse los deseos y la pasión que sentían en ese momento. Finalmente, ambos quedaron exhaustos y viéndose a los ojos.
Kenshin: Deseo estar siempre a tu lado; te amo como a nadie en este mundo.
Kaoru: Yo también quiero estar contigo. Yo lucharé a tu lado y estaré junto a ti para apoyarte. Te amo, Kenshin, siempre te voy a amar.
Kenshin (tornándose serio y mirando fijamente a su esposa): Me alegra poder estar contigo ahora sin tener sombras que nos hagan daño; pero aún queda algo que debo decirte. Todavía hay algo, mejor dicho; alguien de mi pasado que debes conocer; en este momento deseo hablarte de la mujer que cambió mi vida y la marcó para siempre: Deseo contarte sobre Tomoe Yukishiro....
El resto de los habitantes de la casa estaban en la habitación de reuniones, pues todos intercambiaban comentarios sobre el recién llegado. Sólo dos personas se daban cuenta que había otro conflicto cuyos protagonistas deseaban callar...
Sanosuke (cordial): Me alegra saber que Kenshin está de regreso. Ya era tiempo. Ahora estoy seguro que ganaremos.
Soujiro (con una de sus típicas sonrisas): Aunque, el señor Himura llegó algo cambiado. No es el mismo de siempre.
Omasu: Yo también pude notarlo, es como si fuera otra persona; pero no sabría decir qué es lo que lo hace diferente.
Shouzo: Yo no podría saberlo, para mí sigue siendo el mismo.
Megumi: Ya era tiempo de que cambiara; todas las personas deben evolucionar y Kenshin no podía escapar de ello.
Misanagi: Esperemos que todo eso haya sido para bien; él es una buena persona y lo que le ha pasado no ha sido justo.
Shougo (sonriendo): Al contrario, ha sido muy justo. Ya era hora de que comprendiera su verdadera naturaleza y creo que lo ha hecho. Ahora es cuando podremos ver al verdadero Kenshin Himura y pronto lograremos sentir su verdadero poder...Bien, creo que iré a descansar; si mal no recuerdo, Omasu y Soujiro tomarán la guardia; buenas noches y hasta mañana.
El Samurai se puso de pie y poco después lo hizo su esposa; el cristiano quiso despedirse de su hermana, pero cuando la vio, ella sólo volteó su cara para evitarlo. Megumi y Shouzo salieron de la habitación junto con Sayo y Sanosuke para irse a sus respectivos cuartos; mientras que Soujiro y Omasu se dispusieron a iniciar la guardia que les había sido asignada.
Sayo iba del brazo de su esposo sumida en muchos pensamientos, pero Sanosuke los interrumpió todos al hablarle.
Sano: Veo que sigues enfadada con tu hermano. ¿Me equivoco?.
Sayo (seria): No deseo hablar de ese tema.
Sano: Vaya, ahora hay temas que no podemos tocar; eso es nuevo, así que tendré que empezar a clasificar mis cosas en temas que puedo hablar contigo y temas que son prohibidos.
Sayo (riendo un poco por el comentario de su esposo): No seas tonto; es sólo que aún está muy reciente la herida.
Sano: Vamos, no pudo ser tan grave. Ustedes son familia...si tan solo yo pudiera estar con la mía aunque fuese para pelear...
Sayo: ¡Mi hermano es un perfecto idiota!. Eso es lo que sucede; tengo un hermano imbécil.
Sano: Vaya, veo que estás muy enojada con él.
Sayo: ¡Claro que lo estoy!. Él estaba muy contento cuando vino a decirme que estabas muerto; ¿Cómo pudo alegrarse ante semejante noticia?. Jamás se lo perdonaré.
Sano: Es verdad que yo no soy del agrado de tu hermano, pero sinceramente, no lo creo capaz de algo así. Yo no creo que Shougo sea capaz de alegrarse con la muerte de alguien. Ni siquiera cuando luchó contra Kenshin se alegró al dejarlo ciego; tampoco se alegró con la muerte de Kayoh, aún cuando ese desalmado lo había traicionado. Él no es esa clase de persona, pero creo que tú sabes eso mejor que yo; tienes que hablar con él. Ustedes son hermanos, y la unión que existe entre los dos es digna de admirarse, no vayan a dejar que esos lazos se deterioren y se vayan a la basura sólo por una pelea. No sería justo para ninguno de los dos y al final sólo terminarás frustrada y triste.
Sayo (conmovida por las palabras de su esposo): Son por cosas como ésta que me enamoré de ti; aunque todos digan que eres un vago y aunque yo sepa que eres un vago; en el fondo tienes un gran corazón y eres una persona maravillosa.
Sano (con una gota en la cabeza): Vaya, jamás me habían alabado de una forma tan insultante.
Sayo (sonriendo): Mañana hablaré con él; trataré de aclarar las cosas; gracias Sanosuke, me has abierto los ojos.
Shouzo y Megumi caminaban por el corredor que les llevaría a sus aposentos; los dos iban callados, pero en sus mentes bullían un sin fin de pensamientos...El silencio que los envolvía fue cubierto de pronto por las palabras del cristiano.
Shouzo: Imagino que estarás feliz al ver a Sanosuke y a Kenshin a salvo.
Megumi: Pues la verdad, me alegra mucho que regresaran con bien. Espero que esta suerte nos acompañe hasta el final.
Los dos siguieron caminando y pronto llegaron a la habitación de la mujer; sin saber porqué ambos estaban nerviosos, ya la noche había llenado de oscuridad el lugar y eso los hacía sentir más intranquilos. Ambos se miraron a los ojos y sin entender la razón sus rostros se fueron acercando cada vez más...Todo el tiempo que habían pasado juntos había servido para que en ellos surgiera un sentimiento nuevo y que ninguno de los dos se esperaba, por eso no podían percatarse de ello y por primera vez en mucho tiempo estaban verdaderamente cegados por él...Pronto sus labios se rozaron; no obstante, la doctora resbaló un poco abrió de golpe la puerta de su cuarto, esto hizo que los dos reaccionaran y se separaran. Shouzo usó todas las formas de disculparse que conocía; su conducta había sido demasiado impropia y nada acorde con sus creencias religiosas. Luego de pedir perdón varias veces más, se retiró del lugar y se encerró en su habitación; se reprochó de todas las formas que conocía lo que acababa de hacer y sintió verdadera vergüenza de ver a la doctora de nuevo. Megumi aún estaba sorprendida por lo sucedido, y sólo atinó a pasar sus dedos por los labios que aquel hombre había tratado de besar y poco a poco fue entendiendo lo que desde hace mucho estaba frente a sus ojos...
Dos figuras estaban contemplando la noche; una recostada de una pared y la otra acostada boca arriba en el suelo. El cielo estaba estrellado y eso le agradaba a la Ninja.
Omasu (sin dejar de ver el cielo): ¿No te agradan las estrellas?. Es muy hermoso ver el cielo cuando tiene muchas.
Soujiro (mirando hacia arriba): Debo admitir que es muy bonito, Omasu; pero no veo lo grandioso de todo eso.
Omasu: Pues a mí me gusta ver las figuras que forman. Mira, allá se puede ver a dos tigres peleando y si miras más a la derecha podrás observar a un dragón en pleno vuelo.
Soujiro no pudo ocultar su curiosidad al escuchar a su compañera y se acercó para que le indicara dónde estaban esas criaturas que podía ver en el cielo; no pasó mucho tiempo para que él mismo pudiera mirarlas y eso le gustó bastante. Sin embargo, el estar tan cerca de la chica comenzaba a surtir efecto en esa muralla de sentimientos que se llamaba Seta Soujiro; de pronto se sintió extraño, el calor del cuerpo de la Ninja le gustaba de una forma que jamás había experimentado; la respiración de ella, su figura comenzaba a despertar en él, cosas que creía olvidadas. Al principio sintió miedo y deseos de alejarse, pero era tan cálida la sensación que decidió disfrutarlo un rato más...tal vez, sólo tal vez existía alguien capaz de atravesar esa pared del mismo modo en que la mano de Dios derribó el muro de Jericó siglos atrás...
Al fin un nuevo día había llegado; Misanagi y su esposo estaban levantados porque Shougo había decidido preparar el desayuno ese día. Hace mucho que no cocinaba y no quería perder ese toque. Sin embargo, el destino vendría a arruinarles la velada por medio de uno de sus enviados. Se sintieron golpes en la puerta y la Ninja fue a abrir, al hacerlo pudo mirar al recién llegado y en ese instante supo que esos momentos de paz y tranquilidad que había tenido en su casa no eran más que un preludio del infierno que les esperaba.
Seijuro: Takashi ha iniciado la ofensiva final contra nosotros...la hora ha llegado.
El amor es una gota de agua en un cristal,
Es un paseo largo sin hablar,
Es una fruta para dos.
El amor es un espacio donde no hay lugar
Para otra cosa que no sea amar.
Es algo entre tú y yo.
El amor es llorar cuando nos dice adiós,
El amor es soñar oyendo una canción,
El amor es rezar poniendo el corazón.
Es perdonarme tú y comprenderte yo.
El amor es parar el tiempo en un reloj,
Es buscar un lugar donde escuchar tu voz,
El amor es crear un mundo entre los dos.
Es perdonarme tú y comprenderte yo.
El amor es una boca con sabor a miel,
Es un lluvia en el atardecer,
Es un paraguas para dos.
El amor es un espacio donde no hay lugar
Para otra cosa que no sea amar.
Es algo entre tú y yo.
El amor es llorar cuando nos dice adiós,
El amor es soñar oyendo una canción,
El amor es rezar poniendo el corazón.
Es perdonarme tú y comprenderte yo.
El amor es parar el tiempo en un reloj,
Es buscar un lugar donde escuchar tu voz,
El amor es crear un mundo entre los dos.
Es perdonarme tú y comprenderte yo.
¿Qué sucederá ahora?. ¿Cuál será el desenlace de la batalla final?. ¿Qué sorpresas nos tiene reservada esta historia?. No se pierda el próximo capítulo.
Notas del Autor:
Vaya, vaya, al fin terminó este capítulo; bastante más variado que el anterior¿no?. La verdad me gustó mucho y creo que el reencuentro entre Kenshin y Kaoru me quedó genial (modestia aparte ''''). Me llevó cinco días terminar este capítulo, pero creo que valió la pena el esfuerzo.
Ahora vamos a las canciones; las dos son del mismo artista quien es alguien que admiro desde que tenía unos 5 ó 6 años de edad; mamá me decía que cuando viajábamos en avión yo me ponía a cantarlas y los demás pasajeros me hacían coro (prueba de las extravagancias que hace uno cuando niño ''''''). Pues sin más revelaciones vergonzosas de mi infancia les cuento que el cantante es español y se llama José Luis Perales.
La canción del comienzo se llama "Canción de Otoño" y está dedicada a Kenshin y Kaoru; la letra les queda perfectamente y encaja justo en la situación que están viviendo. José Luis Perales tiene letras románticas muy bonitas y si alguien no lo conoce será mejor que busque sus discos y comience a escucharlos. La del final se llama "El Amor" y cuando me preguntan ¿Qué es el amor? Respondo que es lo que dice el cantautor español en esa canción. La coloqué para cerrar la parte lemon y romántica de esta sección del fic . Se las dedico a todas las parejas que tienen una ilusión en mi fic ya sea que la hayan concretado o no; ellos merecen un regalo y acá se los doy.
Por desgracia, los momentos de dicha de todos nuestros amigos se han terminado y una vez más deberán irse a la guerra; nuevamente vendrán tristes despedidas y se harán nuevas promesas; poco a poco esta historia va entrando en su etapa decisiva. Espero les haya gustado tanto como a mí; está de más decir que acá termina la Operación Lemon para dar paso a la Batalla Final por el control del Japón. No vemos en la próxima entrega.
