The Chaos Era

by Shougo Amakusa

Capítulo 19

"Dos Ases Bajo la Manga"

El lugar estaba lleno de humo y un fuerte olor a pólvora inundaba cada una de las habitaciones de la casa, sin mencionar que ya las llamas se comenzaban a apoderar de la estructura; en el suelo del pasillo principal yacían unos cuerpos inertes y el silencio dominaba la escena sólo siendo retado por el murmullo del crepitar de las flamas. La explosión había sido muy fuerte, al extremo de que una de las pesadas puertas de la casa, que estaba en el suelo luego de ser derribada por los soldados enemigos, salió disparada hacia el exterior matando en el acto a más de 5 personas pertenecientes a la tropa invasora. Con vida sólo quedaban tres soldados quienes estaban en una de las puertas de entrada y fueron presa del pánico al ver el espectáculo que presentaba el interior de la residencia; todos los que habían entrado con el objeto de capturar a los habitantes de dicha construcción estaban inertes en el suelo con sus cuerpos horriblemente mutilados, la sangre bañaba las paredes e incluso el techo no había podido escapar la mortuoria presencia del líquido rojo.

El resto de la zona de Kyoto donde se encontraba el hogar de los Amakusa estaba prácticamente en llamas y los demás miembros de la tropa de asalto se hallaban camino a su siguiente objetivo pues el tiempo era crucial y se suponía que el contingente que habían dejado para controlar la casa de los cristianos era plenamente capaz de llevar a cabo su misión con éxito; sin embargo, el resultado de la empresa había sido muy distinto al que se suponía debía suceder. Sólo tres personas del grupo estaban con vida y sólo un milagro podría haber salvado de la muerte a los que habitaban el lugar; pero, a pesar de ello, los sujetos necesitaban estar seguros y por eso, sin tomar en cuenta el temor que sentían, se apresuraron a ingresar en la estructura. Una vez dentro tuvieron que contener el aliento para no gritar ante lo grotesco de la escena; los soldados se detuvieron para tratar de asimilar lo que veían e incluso uno de ellos comenzó a vomitar. Los otros continuaron su inspección y notaron lo evidente: todos estaban muertos; de hecho eran pocos los cuerpos que no estaban mutilados y era casi imposible pisar un lugar que no estuviera cubierto de sangre. No obstante, había un detalle más que verificar, era necesario corroborar el estado de los habitantes de la casa antes de marcharse y dar el informe definitivo; tal acción no fue muy difícil pues al hacer a un lado unos pocos pedazos de mobiliario y entrar en una de las habitaciones pudieron ver cinco cuerpos sin vida, los cuales pertenecían sin ninguna duda a los ocupantes del lugar. En ese momento, los sujetos comprendieron las consecuencias de lo que había pasado y lo que les sucedería a ellos una vez que reportaran el resultado de la maniobra...

Masaka!. Esto no puede estar pasando; todo salió mal, la misión entera salió mal" - dijo el más joven de los soldados.

"¿Tienes idea de lo que nos harán en la base cuando se enteren de esto?" - respondió su compañero.

"Como mínimo nos ejecutarán por imbéciles" - añadió el tercero al incorporarse luego de vomitar.

"¿Saben una cosa?. Yo no pienso permitir que me mate un grupo de fanáticos por algo que ni siquiera es nuestra culpa" - acotó el primero.

"¿Ah sí?, ¿Y qué piensas hacer?" - preguntó el segundo.

"Sencillo, me iré de aquí ahora mismo y me esconderé hasta que todo pase, ya luego veré cómo me largo de este país" - contestó el más joven.

"¿Tienes idea de lo difícil que es pensar en eso tal y como están las cosas?. Nos cazarán como animales hasta encontrarnos y liquidarnos por deserción y traición" - inquirió el tercero.

"Eso es preferible a ir a que me maten en la base; además, ¿quién dijo que nos perseguirán?. Mira todo esto, la casa está en llamas y hay montones de cadáveres en el suelo; cuando los demás regresen a ver qué fue lo que pasó, sólo encontrarán un montón de cenizas y cuerpos irreconocibles. Ni siquiera podrán decir cuántas personas murieron en el recinto así que por comodidad asumirán que todo el escuadrón murió junto con los habitantes" - respondió el primero.

"Tienes razón, nadie pensará que acá hubo sobrevivientes; esta es nuestra oportunidad de salir de todo esto. ¿Qué dices tú?. ¿Vienes también?" - agregó su compañero luego de meditar unos instantes.

"Cualquier cosa a una ejecución injusta; vamos, larguémonos de aquí cuanto antes" - sentenció el último.

Y sin mediar más palabras, los tres soldados huyeron del lugar a toda prisa pues ya no deseaban formar parte de todo lo que estaba sucediendo y no querían ser ejecutados por el desastroso resultado que había tenido la misión de captura.

Shougo y los demás ya habían pasado la impresión inicial provocada por el descubrimiento del plan de Takashi y se encontraban disertando sobre cuál sería el siguiente paso; el terreno donde se encontraban era de una extensión considerable y su irregularidad le hacía un lugar ideal para una batalla sobretodo si se estaba en la posición de las tropas patriotas. A lo lejos se podía divisar al ejército leal al Meiji por lo que pronto se hizo evidente que en el frente del este se había vivido algo muy similar aunque era imposible conocer los detalles sin establecer una comunicación entre ambos batallones. Las tropas enemigas estaban en calma lo cual hacía obvio que estaban diseñando estrategias para tratar de obtener la victoria en el combate final; porque, dadas las circunstancias, la siguiente batalla sería la decisiva y para ambos bandos era crucial tener un buen plan de entrada pues ello podría marcar la diferencia en los momentos finales.

"Bien, al menos ya se han acabado los misterios y las caminatas fatigantes" - dijo Sanosuke con algo de satisfacción en el rostro.

"Aunque este panorama dista mucho de ser mejor que el anterior" - señaló Omasu sin dejar de ver a las tropas rivales.

"Pues ya era hora de que entráramos a una etapa definitoria, esto de jugar al gato y al ratón no nos estaba llevando a ninguna parte" - añadió Misanagi.

"Entonces ha llegado el momento de tomar decisiones, los tiempos de pasividad han terminado" - comentó Shougo.

"Ya es hora de que esta matanza termine y que la paz regrese al país" - concluyó Kenshin.

"Y para ello hará falta mucho más que buenas intenciones" - acotó Soujiro sin su sonrisa en los labios.

"Bien, ¿qué haremos ahora?. Tenemos un batallón que dirigir y una batalla que librar" - preguntó la ninja menor.

"Lo primero es tratar de establecer comunicación con las tropas del este; si estamos aislados Takashi tendrá una gran ventaja pues nosotros no podremos coordinar ataques conjuntos en su contra" - acotó Himura.

"Tienes razón, es necesario poder estar en contacto con ellos" - complementó Shougo - "Takeda-san, Hiroshi-san inicien los preparativos para enviar un mensaje a las tropas del este; usen una vía que no pase por el campo de batalla y si es posible establezcan una ruta que no sea detectada por el enemigo, es crucial esto último; cuando tengan todo listo háganmelo saber para redactar la nota" - dijo Shougo a dos de los soldados encargados de manejar las palomas mensajeras.

"¿No crees que usar palomas mensajeras para coordinar una estrategia de combate será demasiado complicado?" - inquirió Misanagi con mucho escepticismo.

"No pretendo coordinar todo el ataque de esa forma; la idea es que acordemos un punto de partida y que luego cada batallón actúe a discreción" - respondió el cristiano.

"Estoy de acuerdo con Amakusa; además, es necesario saber qué noticias tienen los demás, tal vez sepan algo que nos sirva de ayuda" - añadió Kenshin.

"Comandante Himura, nos acaba de llegar un mensaje de las tropas del este" - dijo Takeda al llegar con los demás.

"Muy bien, puede retirarse" – dijo el Samurai una vez que recibió la nota de manos de su subalterno.

El guerrero tomó el papel en sus manos y sin más largas procedió a su lectura para que los demás se enteraran de su contenido.

Queridos amigos y compañeros de batalla:

Antes que nada creo que es evidente destacar que las tropas de Takashi han empleado una estrategia similar en ambos frentes y es por ello que nos encontramos acá ahora; esto hace necesario que coordinemos las maniobras de la ofensiva pues ya hemos entrado en la fase decisiva de esta guerra y no podemos dejar lugar para los errores. Imagino que ya habrán pensado en ello y habrán llegado a la conclusión de que coordinar una batalla de esta magnitud a través de palomas mensajeras es imposible debido a la celeridad que se necesitaría en los mensajes y a que las tropas enemigas podrían cortar fácilmente ese modo de comunicación. Sin embargo, creo que es posible a través de esta vía trazar una pauta inicial para que luego cada frente trace sus propias estrategias. En función de ello me he tomado la libertad de preparar dicho plan inicial, el cual explicaré de inmediato: Como ya habrán observado el terreno presenta irregularidades significativas en toda su extensión y las mismas pueden ser usadas como trincheras; es cierto que ello le dará una ventaja a Takashi, pero también nos la dará a nosotros. Dividamos cada batallón en dos, que uno se quede como tropa de reserva en cada frente y el otro que use las trincheras para avanzar de una forma más segura hacia las tropas enemigas; de ese modo ellos tendrán una avanzada a ambos lados y necesariamente tendrán que dividir sus ya diezmadas fuerzas lo que nos dará algo de superioridad numérica aunque por el modo que se librará esta batalla no será de mucho peso pues esa diferencia no es muy grande; pero cualquier detalle que podamos usar a nuestro favor debe ser empleado pues eso podría significar mucho en el desenlace final de todo esto. Bien, este será el punto de partida y quedará en manos de cada frente, sus líderes y sus tropas llevarlo a cabo de la mejor manera para lograr la victoria y devolverle al país la paz que tanto anhela y que tanto deseamos todos. Como información adicional les digo que el grupo Sanada se ha aliado a nosotros y su ayuda fue vital en la victoria parcial que logramos en el frente del este además de una oportuna intervención del Maestro Hiko; imagino que Misanagi estará interesada en los detalles de dicha alianza, pero por limitación de tiempo no puedo darlos, espero que al final de todo esto tengamos tiempo de una buena charla en una apropiada ceremonia del té. Suerte a todos, que Kamisama y el Dios cristiano de Amakusa nos acompañen en estos tiempos cruciales para el país.

General Yamagata Aritomo.

Todos escucharon con mucha atención mientras Kenshin leía con voz firme las palabras escritas por el General en cargo del frente del este y de toda la operación en sí; en ellas había un dejo de optimismo y otro de esperanzas que no pasaran desapercibidos entre los oyentes quienes se sintieron algo reconfortados al saber que era el propio Yamagata quien había asumido el mando porque su experiencia y conocimiento podrían ser vitales en la batalla que estaba por desarrollarse frente a ellos. Una vez que el guerrero terminó de leer el mensaje fue Shougo quien tomó la palabra.

"Vaya, al menos dejó un espacio para aquellos que tenemos una creencia religiosa diferente al budismo. Ya era hora".

"Misanagi, ¿Tienes alguna idea de por qué los Sanada se han aliado a nosotros?. Pensé que ellos se mantendrían neutrales, ¿acaso hablaste con ellos antes de venir para acá?" – preguntó Omasu.

"Yo no tuve nada que ver en esa alianza; ahora de que existían motivos para que los Sanada estuvieran en contra de Takashi, pues los había. Ellos destruyeron nuestra anterior fortaleza y no tuvieron piedad para matar a muchos de los nuestros; imagino que Haita, Ren y los demás decidieron pasarle factura de esa forma" – respondió Misanagi sin mostrar emoción alguna.

"¿Qué opinas de la estrategia propuesta por Yamagata?" – inquirió Kenshin dirigiéndose hacia Amakusa.

"Creo que dadas las circunstancias es la mejor; no tenemos una mayoría definitoria como para lanzar una ofensiva a gran escala, además, el terreno no es regular y si podemos usarlo a nuestro favor no debemos dejar de hacerlo" – respondió el cristiano.

"Estoy de acuerdo con Shougo, Yamagata es un estratega de primer nivel; sus logros en la guerra de restauración son conocidos en todo el país y creo que debemos confiar en sus conocimientos en esta hora decisiva" – acotó Misanagi.

"Yo opino igual; es más, creo que debemos iniciar los preparativos para poner en práctica de inmediato dicha estrategia pues el tiempo es vital en estos momentos" – comentó Sanosuke.

"Dudo mucho que ellos inicien el ataque porque no están en posición para hacerlo así que por fuerza tendremos que ser nosotros quienes comencemos esta confrontación final" – añadió Soujiro con faz seria poco común en él.

"Entonces si todos estamos de acuerdo lo mejor será preparar todo de una vez" – concluyó Amakusa.

El cristiano fue junto con Kenshin y Misanagi a buscar a los subalternos inmediatos para transmitirles las nuevas órdenes e iniciar de una vez por todas la ofensiva; de común acuerdo decidieron tener todo listo, pero no atacar hasta que las tropas del este lo hicieran pues de un modo u otro era Yamagata quien estaba a cargo y no sería prudente pasar por encima de su autoridad en un momento tan crucial como el que vivían; una vez iniciado todo ya contarían con plena potestad en la toma de decisiones. Los preparativos no llevaron mucho tiempo pues los soldados estaban muy bien entrenados en ese tipo de maniobras a pesar de no tener mucha experiencia en combates reales pues hasta ahora sólo habían tenido que controlar focos pequeños de revueltas en distintos puntos de la geografía nipona; sin embargo, ahora debían afrontar una batalla con todas las de la ley contra un ejército tan preparado como el que ellos conformaban y eso era una especie de examen final para las personas integrantes de las filas leales al gobierno.

Con mucho esfuerzo y casi sin poder respirar debido al humo que estaba disperso por todo el lugar se puso en pie; miró a su alrededor y pudo observar que el panorama era aterrador, sangre por todas partes y cuerpos mutilados era lo que podía verse, sin mencionar las llamas que poco a poco se apoderaban del recinto. Esto último le alertó a buscar a los demás para tratar de salir lo antes posible de ese sitio pues de otro modo serían presas del fuego. Con algo de dificultad se dirigió hacia donde estaban los demás y trató de ver si seguían con vida o si por el contrario habían perecido en esa maniobra tan arriesgada que acababa de realizar. La mujer pronto estuvo de rodillas frente a los demás y rogándole con todas sus fuerzas a su Dios cristiano comenzó a llamarles.

"Shouzo, Megumi, Kaoru, Yahiko, ¿pueden oírme?. Soy yo, Sayo. ¡Por favor, respondan!" – dijo la cristiana con mucha vehemencia.

No obstante, pasaron varios minutos y los demás no daban señales de haber sobrevivido; los que habían sido sus compañeros y amigos durante la estancia en la residencia en espera de los demás yacían inertes en el suelo. Sayo trató de ver si respiraban, pero el humo le imposibilitó tal acción por lo que buscó a tientas las muñecas de todos para ver si tenían o no pulso; su hermano le había enseñado algunas técnicas de primeros auxilios en caso de que alguno de sus seguidores tuviera un accidente no estando él cerca. En pocos instantes pudo ver que estaban vivos aunque inconscientes producto del shock de la explosión; por desgracia no era posible saber si tenían heridas o la gravedad de éstas hasta tanto salir del lugar y ello ya era arriesgado pues no sabía qué panorama encontraría en el exterior o si podría sacarlos a todos antes de que las llaman los alcanzaran tomando en cuenta que era la única que estaba en pie. Fue entonces cuando un quejido llamó su atención y pudo ver a Shouzo tratando de incorporarse.

"Ten cuidado, no te esfuerces demasiado que no sabemos qué tan afectado estás" – dijo Sayo al tiempo que le ayudaba a incorporarse.

"Descuida, creo que estoy bien; al menos no tengo ningún dolor extraño, aunque estaré seguro cuando salgamos de aquí" – respondió el cristiano.

"Espero puedas ayudarme a sacarlos; los demás están vivos, pero aún no recuperan el conocimiento y el fuego nos atrapará si no salimos pronto" – comentó Sayo.

"Eso creo que puede solventarse, Shougo tenía unas reservas de agua para contingencias como ésta. Creo que él sospechaba que nosotros seríamos blanco de un ataque y decidió tratar de tener la residencia lo más preparada posible, sólo espero que las llamas no hayan cerrado el paso hacia el almacén donde se encuentra la misma" – respondió Shouzo.

"¿No crees que sería mejor salir de aquí?, no veo la necesidad de salvar la casa a costa de arriesgar nuestras propias vidas y las de ellos; al final son sólo cosas materiales las que protegemos" – reclamó la mujer.

"Al contrario, intentar sacarlos a todos en el estado en que nos encontramos podría ser contraproducente pues las llamas no están lejos aunque por lo que veo aún pueden ser controladas. Detener el fuego ahora que es posible no sólo salvaría las cosas que quedan en la residencia sino que nos daría el tiempo necesario para salir de acá sin correr tantos riesgos; además no sabemos si afuera está peor que acá, por ello es mejor procurarnos un refugio acá adentro en caso de que en el exterior consigamos al enemigo" – respondió el cristiano.

"Creo que tienes razón, bien ve y busca los tambores con agua y trata de aplacar las llamas; yo por mientras veré qué panorama hay allá afuera en dado caso de que no puedas controlar el fuego y tengamos que salir apresurados. Por favor, no te esfuerces más de lo necesario, si no logras apagar el incendio nadie te reclamará nada, así que no te pongas en riesgo" – rogó Sayo.

"Descuida, no lo haré; pero tengo esperanzas en poder apagarlo pues las paredes y el techo no han servido de combustible para las llamas y han retrasado su propagación, más me preocupa el humo que se producirá una vez que comience a aplacar el fuego con el agua" – comentó Shouzo al tiempo que iba al almacén.

El discípulo de Amakusa se dirigió con cautela hacia el sitio donde estaban los tambores de agua para tratar de aplacar y apagar las llamas que estaban en la residencia; dicho fuego estaba focalizado en el pasillo principal y por fortuna para él no había penetrado ninguna de las habitaciones gracias a las puertas de las mismas, ello le daba bastantes esperanzas de poder controlar esa contingencia y ello les daría el tiempo y la tranquilidad necesarias para socorrer a los demás. En su búsqueda pudo notar que no estaba herido pues no tenía problemas para caminar ni para usar los brazos; además, cuando encontró el agua no tuvo inconvenientes en levantar los tambores para llevarlos a la zona afectada; sin embargo, si hubiera prestado más atención a los cuerpos de los soldados enemigos que yacían en el suelo habría notado que uno de ellos no estaba inmóvil...No necesitó tantos viajes de ida y vuelta en búsqueda del vital líquido como pensaba para resolver el problemas de las llamas; el cristiano ya había apagado incendios con anterioridad y sabía que si atacaba la raíz de las flamas en lugar de lanzar agua hacia la zona alta de las mismas, como hacía la mayoría de las personas, podría ahorrarse tiempo y esfuerzo. Una vez resuelta esa contingencia, Shouzo regresó a la habitación de Shougo para encontrarse con Sayo y saber qué estaba pasando afuera y decidir lo que iban a hacer; una vez que llegó allá pudo observar que Kaoru y Megumi estaban conscientes y que la doctora estaba revisando a Yahiko quien aún no había despertado. La esposa de Kenshin tampoco presentaba heridas de consideración y lo mismo sucedía con la señorita Takani; al parecer las heridas de todos se reducían a raspones y contusiones lo que no dejaba de alegrarle al cristiano a pesar de que el Samurai Myoujin no había recobrado la consciencia. Sayo también estaba en la habitación y fue ella quien le dirigió unas palabras.

"Al parecer afuera no hay peligro, por alguna razón los demás miembros de la tropa que atacó este sector de la ciudad se han retirado; aún así, hay incendios por todas partes y el caos domina todo el lugar por lo que tendremos que ir con cuidado si decidimos movernos de acá".

"Ya veo, al parecer tenía razón y todo esto no era más que un distractor para desviar la atención del verdadero objetivo del ataque...cómo quisiera saber cuál es, pero por ahora tenemos otras cosas en qué ocuparnos" – dijo el cristiano – "Kaoru-san, Megumi-san, ¿están ustedes bien?" – preguntó con voz firme.

"Pues hasta ahora creo que sí tomando en cuenta todo lo que ha pasado" – respondió Kaoru con voz apagada.

"Pues yo no tengo más que heridas superficiales así que no tienen de qué preocuparse. Lo que me sorprende es que hayas tomado todo esto de manera tan tranquila Kaoru, cuando desperté y te vi sin sentido una de las cosas que pensé fue que entrarías en shock una vez que despertaras" – añadió Megumi.

"A mí también me sorprende, pero con tantas cosas que han pasado creo que ya estoy comenzando a curarme de este tipo de impresiones...esta guerra acabará por endurecernos los corazones a todos y ya luego será imposible regresar al estado en que estábamos antes" – sentenció la maestra de kendo.

"Bueno, ahora lo que necesitamos es decidir qué hacer, ya luego habrá tiempo de sobra para disertar sobre las cicatrices que a todos nos dejará esto" – interrumpió Sayo.

"Lo mejor es salir de aquí cuanto antes porque el humo ya nos está afectando y mientras más tiempo pasemos será peor. Yo iré adelante para cerciorarme de que todo esté despejado" – resolvió Shouzo.

"Yo llevaré a Yahiko" – completó Megumi.

Kaoru y Sayo comenzaron a mirar la habitación tratando de buscar las armas que habían usado para ver si aún quedaban algunas en buenas condiciones pues no sabían si en el exterior iban a necesitar ese tipo de defensa y la idea de salir desamparadas no les agradaba; la doctora, por su parte, tomó a Yahiko en brazos y se dispuso a salir del recinto pues estaba comenzando a toser producto del humo. En ese instante, la señorita Takani pudo ver una figura de pie en la puerta y de inmediato supo que no era un conocido por lo que intentó gritar; no obstante, su voz se vio ahogada por un disparo de mosquete al que segundos después siguió otro. El soldado enemigo se desplomó al suelo y Sayo, quien le había disparado al sujeto con un rifle que había encontrado entre los escombros, corrió en ayuda de Megumi y de Shouzo, quien de un salto se había interpuesto en la trayectoria de la bala disparada por el desconocido para luego caer al suelo y quedar completamente inmóvil...

Takashi, Klaudia, Melders y Katsuhiro se encontraban reunidos en una tienda de campaña trazando la estrategia que emplearían sus tropas en la batalla decisiva; era evidente que dadas las circunstancias estaban relativamente parejos y ello no dejaba de ser un triunfo para los patriotas porque algún tiempo antes estaban a punto de ser aniquilados por las tropas Meiji; sin embargo, estaban lejos de considerarse vencedores, aún necesitaban de un buen plan y algo de suerte para contener la ofensiva que sus enemigos iniciarían en cualquier momento.

"Creo que lo mejor sería lanzar a un pequeño contingente en una ofensiva para tratar de diezmar los frentes Meiji, es necesario que aprovechemos la ventaja de que sus tropas están divididas con nosotros de por medio" – sugirió Melders.

"No es mala idea, pero no creo que tengamos suficientes hombres para realizar esa maniobra con éxito y mantener nuestra posición de retaguardia fortalecida; además, estas hondonadas e irregularidades del terreno no favorecen en nada un ataque frontal contra ninguno de los dos bandos" – comentó Katsuhiro.

"Entonces ¿nos quedaremos acá a esperar que vengan a matarnos?" – inquirió Klaudia.

"No, la estrategia de Melders es buena, pero tiene la limitación de la cual habló Katsuhiro por lo que no podemos aplicarla. Ahora bien, lo que podemos hacer es una especie de combinación entre la idea sugerida por nuestro amigo alemán y la criticada por Klaudia. Tomaremos mil hombres y los dividiremos en dos grupos de quinientos soldados cada uno, los cuales apostaremos a cada lado de nuestra armada principal para que nos sirvan de escudo y eliminen a la mayor cantidad de enemigos posibles minimizando nuestras bajas. Esa misión no es suicida porque estos dos pequeños pelotones podrán usar las trincheras naturales del terreno para ubicarse en una posición inmejorable a la hora de repeler el ataque enemigo, los demás formaremos parte del batallón de reserva y de acuerdo a como se vayan desarrollando las acciones daremos apoyo a los dos grupos primarios" – añadió Takashi – "Eso sí, antes de que todo esto comience debo advertirles a algo: por las condiciones en las que estamos ambos ejércitos y lo que se juega en esta victoria, esta batalla será la más sanguinaria y cruel de todas; así que será vital mantener la moral de las tropas en todo momento pues ello podría ser la diferencia, no lo olviden" – completó el ex Daimío.

"Wakarimasu" – respondieron los tres al unísono.

"Bien, entonces alisten todo porque los Meiji atacarán en cualquier momento" – ordenó el líder de la Sociedad del Dragón Negro.

Aoshi, Misao, Seijuro, Saito y Tokio estaban atentos a lo que aconteciera en el campo de batalla; los soldados se encontraban a la expectativa y todos deseaban que la orden de iniciar el ataque se diera de una vez por todas para liberar la tremenda tensión que se había apoderado de los miembros del frente del este. El General Yamagata ya había comentado su estrategia y sólo necesitaba ponerla en marcha pues el inicio de todo recaía en sus manos; pues, aunque no lo especificó en su carta, era obvio que los líderes del sur respetarían su jerarquía y le darían la potestad de la avanzada inicial para luego acompañar la ofensiva. No obstante, cuando estaba dispuesto a hacerlo Haita se le acercó y ambos iniciaron una charla que para todos estaba siendo eterna aunque no tenían más de cinco minutos en la conversación. Finalmente el líder Sanada se retiró junto a los suyos para tomar parte en la formación preparada y el comandante de ese frente lanzó el comando tan ansiado. Un grito sonoro proferido por incontables almas pareció emerger de las entrañas de la tierra y segundos después ya se podían escuchar las innumerables detonaciones, las cuales indicaban sólo una cosa: el combate final había empezado.

Kenshin y los demás al ver el inicio de la ofensiva por parte de las tropas provenientes del este pusieron en marcha a sus soldados para atacar el otro lado del ejército de Takashi, el cual sólo contaba con 4500 de los 8500 hombres que iniciaron el ataque contra la antigua capital del país, sus bajas habían sido considerables y ello les había llevado a la retirada estratégica ordenada por su máximo líder para reunir sus dos frentes y reagruparse antes de la batalla final. La armada leal al Meiji, por su parte, sólo había sufrido mil bajas en el enfrentamiento inicial, por lo que ahora contaba con 5000 hombres bien armados y entrenados, además de tener de su parte a todos los miembros restantes del grupo ninja Sanada, los cuales no dejaban se ser una valiosa ayuda. Las trincheras pronto comenzaron a jugar un papel fundamental en el desarrollo de la confrontación pues las tropas patriotas se valieron de ellas para crear una especie de comando de choque a cada lado de su pelotón principal y las bajas en los Meiji comenzaron a sentirse pues eran ellos los que estaban haciendo el gasto de avanzar y en esos trayectos fuera de las trincheras eran blanco fácil para los rifles enemigos. En cuestión de minutos el campo ya comenzaba a proferir un fuerte olor a muerte y los cuerpos de ambos bandos caían por doquier, pues a pesar de que las trincheras usadas por los fieles a Takashi eran ideales para cubrirse de las balas enemigas, representaban un blanco cómodo para las granadas y cañones del ejército leal al gobierno. Evidentemente que la pérdida de casi toda la artillería de los patriotas en manos de los Sanada en el enfrentamiento inicial le estaba pasando factura al ex Daimío; eso sin mencionar que el mencionado grupo ninja ya estaba causando problemas en el grupo apostado para detener a las tropas provenientes del este. Pronto se hizo notorio que si el líder del ejército contrario al Meiji no hacía algo su derrota sería inevitable porque los grupos primarios que apostó no estaban cumpliendo con su misión de evitar el avance de las tropas enemigas y causarle el mayor número de bajas posible.

Shougo y Misanagi estaban complacidos del rumbo que estaban tomando las acciones pues sus tropas estaban dominando la batalla y las bajas no estaban siendo de consideración; sin embargo, ellos no contaban con una maniobra que Takashi estaba reservando para una situación como aquella. Minutos después los soldados leales al gobierno comenzaron a caer de formas misteriosas, los mismos era heridos sin que pudieran ver a su agresor e incluso los mismos miembros del grupo Sanada estaban desconcertados; pronto la noticia llegó hasta los líderes de cada uno de los frentes y fue entonces cuando la causa de tan inexplicable cambio de circunstancias salió a la luz.

Masaka!. No entiendo qué es lo que puede estar pasando; imagino que la causa de todo se reduce a una tropa de élite empleada por Takashi y la cual no había usado antes en nuestra contra" – comentó Shougo algo incrédulo.

Kenshin iba a decir algo, pero en ese momento todos se vieron sorprendidos por la llegada de varios murciélagos al lugar donde ellos se encontraban; la única persona que estaba impávida era Misanagi aunque algo de sorpresa había en su rostro.

"Descuiden, ellos no les harán daño, son aliados de los Sanada y los usamos para comunicarnos. Al parecer Vacuum está en el otro frente" – dijo la ninja mayor.

"¿Acaso traen mensajes atados a sus patas?" – preguntó Sanosuke.

"Ese guerrero Vacuum los empleaba para desorientar a su oponente en la batalla, pero no recuerdo si los usó para comunicarse" – añadió Himura.

"El sistema de comunicación es mucho más complejo de lo que pudieran pensar" – explicó Misanagi.

Acto seguido escuchó detenidamente el murmullo que producían aquellos mamíferos alados y en pocos instantes ya estaba enterada del mensaje que su ex subalterno le había enviado.

"Al parecer los últimos ataques sin rastro de las tropas de Takashi están siendo realizados por un comando elitesco de la Sociedad del Dragón Negro. Haita y Ren han oído hablar sobre ellos y al parecer se hacen llamar 'Los Guerreros de las Sombras', pero fuera de eso no saben nada más, ni cuántos son, qué habilidades poseen o por qué están aliados a Takashi" – explicó la ex líder del grupo Sanada.

"Vaya, es sorprendente la forma en que puedes entender a esos animales y la manera en que los Sanada los han domesticado para su beneficio" – dijo Shougo – "Pero ahora necesitamos hacernos cargo de esta nueva contingencia...amigos, creo que ha llegado la hora de intervenir en esta batalla, es obvio que los soldados bajo nuestro mando no han podido hacer nada en contra de este grupo por lo que nos toca a nosotros neutralizarlos y tratar de averiguar algo más de su naturaleza" – añadió el cristiano.

"Tienes razón, ya es tiempo de que luchemos en esta confrontación" – comentó Kenshin con resignación en su voz.

"Yo esperaba no tener que hacerlo pues estábamos ganando, pero dado el estado en que están las cosas, creo que es lo más lógico" – completó Sanosuke.

"Opino igual así que debemos ponernos en marcha para alcanzar al grupo primario lo más pronto posible, de otro modo no habrá nada que defender" – dijo Soujiro.

"Bien, vayamos de una vez, yo le avisaré a Vacuum y los demás que hemos decidido intervenir y les pediré a los líderes de aquel frente que también lo hagan" – concluyó Misanagi.

"¿Iras en ese estado?" – le preguntó Soujiro a Omasu.

"Hai, no me perderé el combate, nunca he sido cobarde; además, es sólo un rasguño así que no tienes de qué preocuparte" – contestó la ninja menor – "Además, tú me cuidarás, ¿verdad?" – preguntó sonriendo la miembro de los Onniwa Banshu.

"Eh...este...pues sí, eso haré" – respondió el Samurai con una risa sincera.

"Entonces no se diga más, partamos de una vez" – ordenó la ninja.

La doctora Megumi estaba desesperada, unos instantes antes estaba en la mira de uno de los sujetos enemigos quien al parecer había sobrevivido también a la explosión y justo cuando pensaba que moriría fue salvada por ese ser, por esa persona que le hacía sentir cosas que creía olvidadas, esa alma que le estaba devolviendo la ilusión y que ahora yacía en el suelo inerte. Él había dado su vida por ella, a él no le importó nada sino protegerla y eso era lo que más tenía afectada a la señorita Takani, más aún cuando luego de aquel beso ella sólo se alejó en lugar de entregarse a lo que estaba sintiendo. Pero no era el momento de lamentos ni de redefinir posiciones, ahora lo único importante era salvar la vida de Shouzo, ella debía hacerlo, tenía que hacerlo y mirando su rostro juró que lo haría; deseaba darse la oportunidad de estar a su lado y quería que él viviera para poder agradecerle el enorme sacrificio que había hecho por alguien que no lo merecía debido a la forma en que le había tratado. La mujer se arrodilló ante el cuerpo del cristiano y comenzó a palpar en busca de la herida porque evidentemente debía haber una, a menos que el soldado hubiese fallado, pero de haber pasado eso Shouzo no estaría inconsciente. No le tomó mucho tiempo sentir el cálido líquido que emanaba del cuerpo del guerrero y fue entonces cuando el terror en todo su esplendor se apoderó de ella; antes albergaba la esperanza de que el sujeto hubiera errado el tiro o de que la herida hubiera sido sólo un rasguño, pero al ver que de uno de los costados de esa persona estaba emanando sangre se dio cuenta de la gravedad de la situación: la vida de Shouzo estaba en verdadero peligro.

Kaoru y Sayo también se percataron de la difícil situación al ver el rostro de la otra mujer; evidentemente las cosas habían cambiado y ahora eran ellas quienes debían proteger y salvar la vida de la persona que estaba cuidándolas. Eran momentos de decisiones rápidas y no había lugar ni para la duda ni para el error, cualquier detalle podría significar la muerte del cristiano y todas lo tenían claro; además, Yahiko seguía inconsciente por lo que más que ser parte de la solución era parte del problema. Fue entonces cuando la cristiana se decidió a tomar las riendas de todo y de inmediato trazó una plan a seguir; Kaoru llevaría a Yahiko mientras que Megumi tomaría a Shouzo porque era imperativo que salieran del lugar o el humo se convertiría en factor mortal además la escasa visibilidad impedía saber la naturaleza real de la herida de Shouzo además de no permitirle a Megumi que le atendiera. La cristiana mandó a todos a salir y ella se quedó al final pues necesitaba tomar al menos dos rifles y todas las municiones que estuvieran a mano para proteger al grupo en caso de que afuera tuvieran problemas; a pesar de que era la primera vez que había disparado en contra de otras personas sabía que no era el momento de lamentaciones ni de arrepentimientos; era la vida de ella y los suyos o la de personas inescrupulosas dispuestas a las peores bajezas con tal de lograr sus cometidos por lo que la decisión no era tan complicada para ello como pudiera parecerle a un tercero. Una vez que la mujer consiguió lo que buscaba salió y se encontró con los demás quienes le informaron que no había soldados enemigos cerca y que necesitaban ir lo más pronto posible a un lugar donde pudieran atender a Shouzo.

"No nos queda otra salida que intentar llegar al Hospital" – dijo Megumi.

"No creo que sea buena idea, tal y como están las cosas es muy posible que ese lugar haya sido atacado; cualquier entidad que represente al gobierno no es un lugar seguro para nosotros en estos momentos y menos cuando tenemos a un herido y a una persona inconsciente" – respondió Sayo.

"¿A dónde vamos entonces?" – preguntó Kaoru.

"Creo que lo mejor es ir al Aoia, los Onniwa Banshu ya han regresado sólo que no lo han abierto al público para hacerles creer a todos que aún está en remodelación. De ese modo llevan a que la gente a que piense que está deshabitado y el grupo se protege de posibles ataques enemigos, al menos por ahora" – respondió la cristiana.

"¡Pues vayamos de una buena vez, aquí parados perdemos tiempo valioso!" – indicó Megumi con mucha vehemencia.

Las tres emprendieron la carrera hasta la base de los Onniwa Banshu, en su recorrido muy pronto pudieron notar que la ciudad estaba siendo presa de incendios, pero no tanto como sospecharon en un principio; al parecer los mismos estaban focalizados en los alrededores del sitio en donde vivían lo que venía en cierto modo a confirmar las sospechas del herido de que ese ataque era sólo un distractor para algo más grande y esto reforzaba la tesis de Sayo de que cualquier dependencia del gobierno no era sitio seguro en esos momentos. La zona de la ciudad por la que iban estaban en relativa calma y sólo se veía a la gente desesperada al enterarse de lo que ocurría a escasos metros de donde se hallaban. El Aoia no quedaba lejos de la residencia de los Amakusa, pero para Megumi el trayecto se hacía interminable, con tanta desesperación no había podido ver la herida de Shouzo y la doctora sabía que cada minuto que pasaba le restaba posibilidades de vida al cristiano, sin mencionar que cada instante transcurrido le oprimía más el corazón a la mujer. Kaoru iba en silencio levando a Yahiko en brazos, pero sin aminorar la marcha porque también estaba preocupada por el estado del guerrero, además ya estaba comenzando a inquietarle el que su pupilo no despertara pues eso no indicaba nada bueno; Sayo, por su parte, iba al frente con un rifle cargado en cada mano, la cristiana no tenía intenciones de permitir que algo o alguien les retrasara y su cara lo reflejaba; de hecho, la gente al verla se alejaba pues lo que menos deseaban en esos días era un lío con alguien armado.

Luego de correr unos minutos más las tres llegaron muy cerca del Aoia, pero en ese momento la cristiana se detuvo; la mujer sabía que tenía que evitar en lo posible que alguien les viera entrar al restaurante porque ello podría delatar que los Onniwa Banshu ya habían reanudado operaciones en su base, fue por eso que les dijo a los demás que pararan, la idea era caminar por esa calle lo más naturalmente posible y cuando vieran la primera oportunidad entrar al lugar. Así lo hicieron y para suerte de todos no había casi nadie en esa zona, de hecho las únicas dos personas que estaban eran una pareja que pronto cruzó en una esquina perdiéndose de vista; en ese momento, las tres féminas entraron sin mayor problema porque la puerta que daba al exterior estaba abierta. Okina había ideado esa estrategia, dejar dicha puerta abierta para que los curiosos pasaran y vieran que el sitio seguía en ruinas, lo que reforzaba la fachada; la verdadera entrada al centro de operaciones estaba bien oculta entre los escombros; y, si aparecían vagabundos intentando dormir allí dentro o usar ese sitio como casa siempre surgían los útiles perros callejeros a espantarlos, los cuales no eran más que canes muy bien entrenados por el grupo ninja. Una vez dentro, en la parte que seguía en ruinas, Sayo comenzó a buscar la entrada real pues Okon le había indicado su ubicación cuando fue a visitarla y fue ella quien la puso al tanto de lo que había hecho el grupo Onni. No le costó mucho trabajo dar con el sitio pues la ninja había sido muy precisa en la explicación e instantes después, todos se hallaban ante unas escaleras que bajaban; las tres mujeres descendieron con cuidado guiadas por la cristiana quien había tomado una antorcha de la pared para marcar el camino en medio de la oscuridad reinante. Finalmente se encontraron en una especie de salón y de inmediato un rostro conocido se les acercó.

"Sabíamos que vendrían hasta acá; nuestras fuentes nos indicaron que miembros de las fuerzas de Takashi atacaron la residencia Amakusa y gran parte de la zona donde la misma está ubicada causando muchos incendios; además, les vimos entrar. Ahora es nuestro turno de responderles la hospitalidad que tiempo atrás nos mostraron" – les dijo Okon con voz formal – "¡Pero por Kamisama, la situación es más grave de lo que pensamos!. Vamos vengan, los demás les están esperando, de inmediato informaré que hay dos heridos para que sean atendidos cuanto antes, síganme" – pidió la ninja percatándose del estado de Shouzo y Yahiko.

Las tres mujeres partieron detrás de Okon un poco más tranquilas al estar en un sitio más seguro y con personas que pudieran protegerlas en caso de una contingencia mayor; además, ahora sabían que podrían dedicarse por entero a los muchachos y ellas no estaban dispuestas a dejarles continuar en ese estado por más tiempo.

La noche abrazaba todo el campo de batalla con su implacable negrura, su tristeza subliminal irradiaba el alma de todos los soldados y líderes combatientes llevándolos a recordar cuan lejos estaban de sus familias, a pensar que quizás nunca más regresarían a casa y a arrepentirse de haber ido a esa horrible guerra en primer lugar. Un viento frío se podía sentir por doquier, quizás para hacer juego con la desolación y muerte que podía mirarse en todo el terreno; las detonaciones no cesaban ni por un minuto y los gritos ahogados de dolor junto con el sonar del choque de metales eran los sonidos que le hacían juego. Tal y como Takashi había predicho, el combate era aún más sanguinario que el vivido en Nagoya y según muchos más cruento que cualquier batalla de la Guerra de Restauración; los bandos se profesaban un odio extremo y las vidas se sesgaban sin piedad ni compasión, no había dudas ni resentimiento a la hora de matar a otro ser humano y eso quizás daba un clima aún más frío porque se sentía directo en el corazón. Sin embargo, ya no había marcha atrás, la única forma de que aquella carnicería sin control se acabara era que uno de los dos bandos resultara vencedor, de otro modo, el salvajismo reinante en el lugar se extendería indefinidamente.

Las tropas leales al Meiji, quienes al inicio habían causado estragos en las defensas primarias del ejército patriota, ahora se veían presas del pánico porque una especie de fuerza invisible traía la muerte por donde pasaba. Soldados caían al suelo de forma inexplicable con heridas que parecían hechas por el mismo aire y visiones de sombras estaban sembrando el terror en los hombre leales al gobierno. Fue por hecho que los líderes de ambos frentes se dirigieron a la zona primaria de combate; era necesario explicarle a los soldados que esas muertes eran causadas por una tropa especial de la armada de Takashi, ocultando su naturaleza mística claro, y que ellos habían llegado a controlar esa amenaza. Misanagi le había avisado a Aoshi y los demás usando los murciélagos entrenados por Vacuum, quien estaba en la batalla junto con sus compañeros del grupo ninja Sanada, que era necesario intervenir porque de otro modo la derrota sería inminente y minutos después ya habían partido hacia su destino. En pocos minutos ya estaban en la zona primaria de fuego e instantes después ya habían ubicado a los luchadores de Takashi; la verdad era que los mismos poseían una velocidad y unas habilidades envidiables, pero tampoco eran invencibles; momentos luego ya todos les estaban haciendo frente y el número de bajas en las tropas leales al gobierno por esta causa cesó por completo, aunque era evidente que ese grupo de élite le había asestado un golpe muy fuerte a los Meiji, abonando el terreno para que las tropas hicieran el resto.

El General Yamagata se percató rápidamente del rumbo que estaban tomando las cosas; al inicio el dominio de sus hombres era innegable, luego las tropas rivales al usar a ese escuadrón habían puesto la balanza a su favor y parecía que se encaminaban a la victoria y entonces intervinieron esos guerreros excepcionales, quienes fungían de líderes de ambos frentes, para equilibrar un poco la balanza. Ahora todo estaba en una especie de paridad endemoniada y no se vislumbraba un claro ganador, lo que ocasionaba el recrudecimiento del combate y la pérdida de muchas más vidas humanas; el alto militar sabía que si no ocurría algo y pronto, ambos ejércitos se aniquilarían mutuamente lo cual no le convenía a nadie. Aritomo esperaba que la estrategia propuesta por Shougo semanas atrás y ejecutada antes de que se iniciara la batalla de Nagoya fuese ese toque de sorpresa que terminara de romper el equilibrio y pusiera las cosas a su favor; de acuerdo a los informes recibidos durante los días sucesivos al inicio de dicho plan, el general pudo concluir que el mismo se estaba llevando a cabo con total éxito y eso le daba esperanzas. La propuesta del cristiano tenía enormes probabilidades de marcar la verdadera diferencia hacia el final de la guerra y dadas las circunstancias podría representar el golpe de gracia para el ejercito de Takashi, ahora lo que faltaba por ver era si esas tropas eran capaces de llegar a tiempo o no.

****** Flash Back ******

En el campamento cerca de la ciudad de Nagoya el coronel Yakamoto junto con quienes iban a ser los líderes de tropa y algunos militares discutía los planes a mediano plazo para detener a los hombres de Takashi; de pronto, se hizo un silencio y una figura harto conocida por todos apareció.

"He venido personalmente por dos razones, la primera es para saludar a viejos conocidos y desearles suerte y la segunda porque es imperativo trazar un plan de contingencia en el caso de que se pierda estaba batalla acá en Nagoya" – anunció el general Yamagata.

"La verdad es que no creo que podamos perder esta batalla, el ejército de patriota ha sufrido un revés que le ha costado muchos hombres y se encuentran en clara desventaja; incluso me atrevo a decir que este ataque terminará de una vez por todas con este conflicto" – respondió el coronel Yakamoto con una sonrisa de triunfo en los labios.

"Admiro tu optimismo, pero tal y como están las cosas las precauciones nunca están de más; Takashi ha demostrado que no es alguien a tomar a la ligera y dudo mucho que no haya previsto un revés como el que le sucedió así que no debemos confiarnos en ningún momento. Bien, escucho sugerencias sobre una estrategia a emplear en el caso de perder esta batalla; casi todos los mejores guerreros del Japón así como muchos de sus más grandes estrategas militares están acá y será difícil reunirlos a todos luego porque muchos irán a batalla y otros tendremos que regresar a Kyoto para proteger a los miembros del gobierno. Si de acá no salé un plan de acción dudo mucho que lo encontremos en otra parte" – comentó Aritomo.

Todos se vieron las caras, la petición era bastante compleja y era difícil presentar una propuesta coherente en tan poco tiempo; por ello muchos prefirieron callar y otros preguntaron si era necesaria una respuesta inmediata o si podían luego enviar las sugerencias a Kyoto, pero ante esto último Yamagata fue muy claro, él no se iría de allí sin una solución definitiva.

"Les puedo informar que los gobiernos de Holanda e Inglaterra se han puesto de nuestra parte en este conflicto y de hecho mandaron varios barcos con tropas dispuestas a colaborar en la batalla, estas embarcaciones atracaron el Matsue y están a la espera de nuestras órdenes; imagino que eso les será útil a la hora de hacer sus propuestas" – añadió el general.

Muchos se preguntaban por qué él mismo no trazaba una plan, era conocido que Yamagata era una persona muy inteligente y un estratega militar de alto prestigio; sin embargo, la respuesta llegaba muy rápido: el plan cualquiera que fuese necesitaba tener el consenso de todos los presentes. En ese recinto, tal y como había dicho el general, se encontraban los hombres de mayor importancia en el ejército Meiji y trazar un plan sin la aprobación de ellos podría ser el desastre; de tener éxito era muy probable que el autor fuera excluido de las filas secreta y discretamente; y, de fracasar su muerte sería un hecho. Evidentemente, Yamagata se estaba cuidando las espaldas lo cual iba de acuerdo con su agudeza mental y su brillantez militar. Pero eso no le restaba dificultad a la petición sobretodo porque el tiempo jugaba en contra de todos; no obstante, una voz interrumpió el silencio del lugar.

"Yo creo tener un plan, si gustan puedo darlo a conocer y ustedes pueden adoptarlo o hacerle modificaciones" – dijo Shougo pasando al frente.

"Te escuchamos" – respondió Yamagata en medio de un mar de murmullos que desató la acción del cristiano.

"Bien, como todos sabemos Takashi está en control de casi toda la parte norte del país incluyendo la capital" – comenzó Shougo mientras todos escuchaban con atención y asentían – "Por muy buen estratega que él sea, Takashi siempre esperará una ofensiva proveniente desde acá, es decir, desde el sur, porque sin esa ayuda extranjera no tendríamos las tropas disponibles para lanzar un ataque desde el norte y recuperar el territorio ocupado; pues al contar con dicho apoyo se nos abre esa posibilidad, ¿por qué no mandamos esas tropas en barco hasta Akita y comenzamos un ataque desde el norte?. Cuando él vea nuestra avanzada desde el sur estará seguro de que no intentaremos nada más y es probable que baje la guardia por lo que no creo que sea tan difícil para los batallones extranjeros recuperar el territorio invadido y no sólo eso, en la medida que avancen y expulsen a los patriotas se acercarán a su retaguardia lo que podría ser decisivo a la hora de una hipotética batalla en las afueras de Kyoto" – finalizó el Samurai.

"Eso asumiendo que perdamos esta confrontación y nos veamos obligados a replegarnos y librar una batalla definitoria desde la propia ciudad de Kyoto, ¿no?" – complementó Yamagata.

"Sí, eso les daría tiempo a los extranjeros de llegar hasta la antigua capital y servirnos de apoyo" – respondió el cristiano.

"Me parece una sugerencia razonable, ¿qué opinan los demás?, ¿alguna sugerencia y/o acotación?" – inquirió el general.

"Yo no dejaría sólo en manos de extranjeros la recuperación del territorio ocupado; eso podría ser contraproducente para nosotros en una etapa post guerra pues nadie nos garantiza que ellos se irán y nos devolverán toda esa zona sin pedir nada a cambio y debemos recordar que Tokio es parte de ese territorio" – acotó Yakamoto.

"Estoy de acuerdo con esa acotación, para que eso sea seguro tendríamos que mandar tropas japonesas junto a ellos, de ese modo sea vería su participación en menor escala lo cual reduciría sus posibles exigencias futuras; y, al tener tropas leales al gobierno en el territorio recuperado será más difícil para los extranjeros la idea de una ocupación hostil" – completó uno de los estrategas presentes.

"Bien, eso ya le va dando forma al plan, ¿algo más?" – preguntó Yamagata.

"Para que esa estrategia tenga verdadero éxito nosotros deberemos estar en permanente contacto con esas tropas desde el mismo momento de su desembarco en Akita, una falla en las comunicaciones puede ser fatal" – añadió Kenshin.

"Tienes mucha razón, Himura; pero descuida, eso también es solucionable, el contacto se realizará a través de palomas mensajeras y para ellos necesitaríamos intérpretes nuestros con ellos, lo que nos daría la excusa perfecta de mandar tropas japonesas en dicha misión sin levantar suspicacias entre los generales extranjeros" – respondió el general.

La conversación luego se volvió más técnica, pero al final el plan propuesto por el cristiano, con las acotaciones de los demás, fue aceptado con la aprobación unánime de todos los presentes, quedando Yamagata como encargado de su ejecución, la cual inició pocos días después.

****** Fin del Flash Back ******

El general estaba ensimismado en sus recuerdos cuando de pronto fue interrumpido por uno de sus hombres quien se veía totalmente exhausto por la carrera que había tenido que dar, el alto militar le dirigió una mirada tranquila y le preguntó cuál era el motivo de su actitud y de su estado.

"General, he venido a informarle que las tropas provenientes de Akita ya están aquí y en pocos momentos estarán unidas al batallón de reserva a la espera de sus órdenes" – informó el soldado con la cara llena de felicidad.

"Perfecto, al parecer ese cristiano tuvo razón al final y ese plan será el peso que incline la balanza a nuestro favor" – dijo el general casi para sí mismo – "Bien, ve con los líderes que quedan acá y dales está orden: Una vez que las tropas de apoyo lleguen se creará un comando de asalto que constará de tres mil hombres de los cuales, mil doscientos cincuenta serán los integrantes del batallón de reserva de este frente y el restante será llenado por los soldados que vienen en apoyo; este comando estará listo para entrar en acción en espera de mi orden. Los demás soldados provenientes de Akita servirá como batallón de reserva hasta nuevo aviso" – informó el general con una visible sonrisa en sus labios.

El alto militar vio como el soldado se alejaba corriendo a cumplir la misión que le había sido encomendada y luego giró su cabeza para mirar el campo de batalla.

"Cuando estábamos en ventaja sacaste tu mejor as y enviaste a tu comando élite para poner las cosas en balance y en este punto yo juego mi as para inclinar la balanza a mi favor. Ahora quisiera saber mi querido Takashi, ¿qué estrategia usarás para salvarte de esto?, porque algo vas a hacer, de eso estoy completamente seguro" – dijo Yamagata para sí mismo.

El maestro del estilo Hiten Mitsurugi Ryu estaba enfrascado en el combate contra uno de los integrantes de los llamados "Guerreros de las Sombras", era evidente que el sujeto tenía dotes extraordinarios y el guerrero se complació de tener una lucha digna de su altura. Seijuro estaba atento con la mirada enfocada en un punto del horizonte esperando que su enemigo atacara y en pocos momentos lo hizo, pero el maestro detuvo el golpe y contraatacó con enorme velocidad aunque sin resultados positivos ya que su sablazo sólo golpeó el aire, pero lo peor fue la mueca de dolor que tuvo Hiko cuando lanzó la estocada, era evidente que algo no andaba bien en él y sea lo que fuese ya estaba comenzando a afectarle en el combate pues su velocidad no era la misma de siempre y sus reflejos estaban cediendo; por desgracia, ninguno de sus compañeros se había percatado de aquello debido a que cada quien estaba enfrascado en su propia pelea y un descuido podía ser fatal en esa hora; además, el enorme ego y el gran orgullo del Samurai impedían que fuera él quien solicitara la ayuda, cualquier conducta parecida a eso significaba una deshonra y una muestra de debilidad para el poderoso luchador. Así que, a pesar de todo, el maestro siguió enfrascado en su confrontación contra ese adversario "invisible" sin prestarle atención a su estado o al pequeño camino de sangre que emanaba de alguna parte de su cuerpo y el cual poco a poco se hacía más notorio...

Takashi y los otros tres líderes del ejército patriota se encontraban con la mirada fija en el campo de batalla; cuando el ex Daimío lanzó a su comando élite al ataque todos pensaron que sería la maniobra definitiva, pero la intervención de Kenshin, Shougo y los demás había neutralizado dicha estrategia aunque no sin antes perder muchos soldados leales al gobierno lo cual equiparaba las fuerzas. Los cuatro ahora estaban enfrascados en sus pensamientos tratando de encontrar una forma de mover la balanza de su lado y obtener la victoria definitiva. Victoria que significaría el logro de una de las metas trazadas y la obtención del control absoluto de la nación; los demás objetivos se irían logrando poco a poco, pero todo el proyecto de gobierno y de país que tenía la sociedad partía de dominar y derrocar a los Meiji. Todos se sentían tan cerca de saborear las mieles del éxito que la desesperación por encontrar una vía para ganar la batalla se estaba apoderando de ellos, sin mencionar el creciente temor que se alojaba en sus corazones de que fuera el enemigo quien rompiera la paridad primero. No obstante, y a pesar de todos sus esfuerzos, ninguno de los cuatro podía dar con una maniobra lo suficientemente contundente y segura para obtener la victoria y cada minuto que transcurría les desesperaba más lo que les impedía pensar con claridad; incluso, el propio Takashi no había escapado a esto y aunque se estaba esforzando al máximo no le encontraba solución al problema. Lo único que el ex Daimío atinó a maquinar fue una especie de plan de emergencia por si eran los Meiji los que inclinaban la balanza a su favor; y, aunque era una estrategia que tenía prevista de antemano para otro escenario, la misma podría serle útil para ganar tiempo y crear el suficiente caos, confusión e indecisión para retrasar cualquier acción en su contra y así tener más tiempo para poder pensar en algo que fuese más contundente; todo eso sin mencionar su plan de escape por si las cosas se ponían críticas.

Los mencionados líderes continuaban desesperados en sus cavilaciones cuando una visión que parecía sacada de sus peores pesadillas se presentó ante ellos; un contingente de hombres que a simple vista superaban los dos mil soldados estaba iniciando una ofensiva verdaderamente aplastante en contra de las tropas que estaban en la defensa primaria para detener los batallones Meiji que provenían del este; los cuatro se quedaron petrificados ante tal escena y la misma conclusión se formó en cada una de sus mentes: la batalla estaba perdida. La única explicación que Takashi le encontró a esas tropas de apoyo que sacaron los leales al gobierno fue que su idea de un ataque enemigo por el norte para recuperar los territorios conquistados por ellos y servir de apoyo en una batalla final por el control de Kyoto no estaba errada, lo cual no sólo significaba que la batalla actual se le había escapado de las manos sino que la sociedad había perdido su garantía de seguridad ante la derrota. El ex Daimío siempre pensó que en caso de que fueran vencidos, tendrían buena parte del país bajo su control incluyendo la ciudad capital y ello les daría fuerza a la hora de negociar los términos de la rendición, entre los cuales estaban la protección de sus vidas, el no juzgarles bajo ningún cargo y el permitirles la salida del país, de otro modo se convertirían en una especie de guerrilla luchando en contra del orden establecido, lo cual sabía que era algo indeseable para el actual régimen; pero si sus sospechas eran ciertas la situación en la que estaban era sumamente precaria, una derrota ya no sólo representaba la pérdida del control absoluto del país y la rendición, bajo estas nuevas circunstancias, la derrota significaba la ejecución sumaria por alta traición y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir; el futuro que había soñado con Klaudia era algo que no quería perder y en ese momento se juró que de alguna forma ambos saldrían vivos de todo aquello; fue en ese momento cuando tomó la palabra.

"Bien, creo que todos estaremos de acuerdo en que lo que acabamos de ver significa la derrota no sólo en esta batalla sino en toda la guerra; sin embargo, aún no es el final, todavía ellos no ven lo mejor de nosotros y se los vamos a demostrar" – sentenció Takashi con un fulgor tan imponente en sus ojos que les dio verdaderas esperanzas a los otros tres que estaban presentes.

¿Qué intentará Takashi ahora que ha sido derrotado?. ¿Será este el fin de la Guerra?. ¿Será la conclusión de todo el derramamiento de sangre?. ¿La paz por fin regresará al país?. ¿Qué es lo que sucede con Seijuro?. ¿Morirá Shouzo?. ¿Se recuperará Yahiko?. ¿Es este el triunfo definitivo de los Meiji?. No se pierdan el próximo capítulo.

Notas del Autor:

Wow, al fin me salió este capítulo; lamento la demora, pero con la defensa de mi tesis, el papeleo del título y las entrevistas de trabajo no tuve mucho tiempo para escribir sino hasta ahora; lo bueno es que tendré al menos dos meses verdaderamente libres y me dedicaré a mis fan fics de lleno, a leer todo lo que tengo atrasado de muchos de ustedes, a poner en el aire la página de esta serie y a actualizar la otra. Gracias por la paciencia y espero que este capítulo sea de su completo agrado, a mí en lo particular me gustó mucho ^^.

Como verán ya las cosas se van resolviendo, los conflictos se acercan a su fin y el final de esta historia ya se ve a la vuelta de la esquina; sin embargo, todo lector de Agatha Christie (me incluyo en esa larga lista) sabe que cuando el final está cerca es cuando suceden las cosas más inesperadas y no creo que esta historia rompa esa línea je, je, así que no crean que ya han visto todo o que el conflicto terminará tan fácil; aún hay detalles por ver y situaciones que definir, así que estén atentos a lo que ocurrirá y esperen cualquier cosa ^^.

No hay mucho más que decir, je, je excepto que ya soy Ingeniero de Petróleo VIVA!. Bastante que me esforcé y estoy muy contento de haber logrado la meta, ahora vendrán tiempos mejores.

Agradecimientos a mi mamá por su eterno apoyo, a mi abuela Fanny, mi abuela Carmen y mi tía Eneida por su colaboración ahora que no tengo trabajo.

A Misao (la chica de Cancun) por sus palabras sobre mis fics.

A Kenssan por su apoyo hacia la page que en cierto modo le hace competencia jejejejeje.

A Jessica quien a pesar de algunas cosas es una muy buena persona.

A María Antonieta por ser siempre una amiga fiel.

A Charlene por sus palabras de aliento.

A Luis Alfredo por ser siempre un buen amigo.

A Marisol por servirme de guía.

A Asuka por tenderme una mano ahora que la necesité.

A Amilcar por no abandonar a los amigos en crisis.

A Christel por ser tan especial y apoyarme siempre.

A Sakura (Beatriz) por todo el apoyo que me ha dado.

A todos los que de una u otra forma contribuyeron a que este capítulo sea hoy una realidad. Espero tener listo los que faltan que no son muchos. Nos vemos en la próxima entrega.