Capítulo 24
"Un Destino y Tres Duelos Parte 2"
Kenshin se lanzó a toda velocidad contra el otro quien lo esperaba inmóvil en la pose que había intrigado a todos los presentes; sin embargo, a esas alturas no se podía perder tiempo analizando posturas, el país había sufrido suficiente y era hora de ponerle fin a la pesadilla que había iniciado con la aparición de la Sociedad.
"Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Ryuu Kan Sen!"
Takashi leyó perfectamente el movimiento del pelirrojo y de inmediato detuvo la estocada con la Kodachi que usaba en la mano derecha para luego contraatacar con la otra Kodachi directamente al estómago de su rival quien pudo detener la inercia de su técnica para evadir la respuesta del ex Daimío aunque no pudo evitar recibir un corte... Kenshin miró la sangre salir de la herida, pero se dio cuenta que no era profunda por lo que enfundó su espada y se colocó en la posición Battou sin dejar de mirar a Ibakate.
"Espero que eso no sea lo mejor que tienes Himura" – dijo Takashi – "Ahora es mi turno de atacar".
El líder de la Sociedad se lanzó a toda velocidad contra Himura quien pudo ver cómo el otro iniciaba un ataque horizontal simultáneo con las dos Kodachi, pero justo cuando se iba a preparar para detener el golpe sucedió algo increíble; todo el paisaje se nubló; de pronto todo estaba negro alrededor... El salón, los testigos de la fusta, el balcón, todo había desaparecido incluso las paredes del recinto; no se veía nada a lo lejos; de pronto el ruido de pasos lo sacó de su ensimismamiento y pudo ver las dos Kodachi dirigirse hacia él; no obstante cuando quiso detenerlas pudo ver que quien las empuñaba no era Takashi sino Kaoru... la visión de la mujer hizo que Kenshin quedara aún más desorientado por lo que torpemente intentó desviar los sables y lo siguiente que sintió fue el roce del acero contra su carne. Nuevamente el ex Daimío asestaba un golpe contra el guerrero del Ishin Shishi quien justo después del impacto vio cómo el paisaje regresaba a la normalidad.
"¿Contrariado?" – preguntó Ibakate al ver a su oponente – "Te dije que aún guardaba muchos trucos bajo la manga así que si deseas derrotarme tendrás que mejorar mucho tu nivel" – completó el líder de la Sociedad al tiempo que se lanzaba de nuevo contra Battousai.
"Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Sou Ryuu Sen!"
Kenshin no quiso que le robaran la iniciativa y se lanzó contra Takashi, pero justo cuando estaba a punto de asestarle el golpe vio con horror que la persona que recibiría el sablazo era Tomoe; la visión de su antigua esposa le dejó perplejo por lo que perdió el flujo del movimiento y por tercera vez quedó prácticamente indefenso ante el ataque del ex Daimío. Himura por reflejo dio un salto hacia atrás al sentir la estocada y cuando sus pies tocaron el suelo nuevamente el panorama regresó a la normalidad... Cerca de donde se desarrollaba el combate, 4 personas miraban completamente incrédulos lo que estaba pasando; Kenshin parecía un amateur delante de Takashi quien lo estaba hiriendo a placer. Todos los presentes trataban de hallarle una explicación a lo que sus ojos miraban y ninguno atinaba con una que fuera completamente satisfactoria.
"Es como si Himura quisiera perder" – dijo Tokio.
"No es posible, no puedo creerlo" – añadió Misanagi.
"Algo no está bien aquí... Ese sujeto debe estar usando algún truco en contra de Battousai" – dijo Saito.
"De alguna forma Takashi ha logrado desorientar a Battousai, es cierto que la velocidad de Ibakate es buena, pero Himura parece no tener idea de lo que sucede; es como si Kenshin no pudiera ver los ataques por alguna clase de sortilegio" – dijo Shougo.
"Viniendo de ti que pareces más hechicero que espadachín lo creo" – respondió Saito con sarcasmo.
"Los estilos de combate no son rígidos y una vez que los dominas puedes mejorarlos ya sea ajustando sus movimientos o introduciendo nuevas técnicas; si tú no has logrado salir de los 4 movimientos del Gatotsu no tengo la culpa" – contestó Shougo sin inmutarse.
"No estamos para riñas infantiles" – reprendió Tokio con autoridad – "¿Qué clase de sortilegio crees que sea Amakusa?"
"No estoy seguro, pero obviamente es uno poderoso porque Himura queda completamente perdido cada vez que Takashi se acerca" – respondió el cristiano.
"Es posible que sea manipulación mental" – dijo Misanagi quien tras escuchar un gesto de incredulidad de los demás prosiguió – "Esto que diré es sólo un rumor de tantos que ha llegado a oídos del grupo Sanada; se dice que en el Tibet, los monjes han logrado perfeccionar una técnica que nubla la mente de las personas posibilitando que sean introducidas imágenes en los pensamientos de otros"
"Debes estar de broma" – dijo Saito con una media sonrisa de sorna.
"Ya dije que era un rumor... es sólo que de ser cierto explicaría a la perfección lo que le pasa a Himura"
"Aún cuando eso que dices sea posible, ¿Qué clase de imágenes podrían causar el comportamiento errático de Battousai?" – preguntó Shougo.
"Se dice que esos monjes la usaban para jugar con los miedos de los demás... supongo que alguien como Kenshin tiene muchas cosas que temer" – sentenció la ex líder Sanada sin quitarle la vista al pelirrojo.
Kenshin trató de poner en orden sus ideas, no era normal lo que le estaba pasando; todos sus sentidos se habían vuelto locos y le mostraban cosas que de sobra sabía no podían ser... Kaoru estaba en Kyoto a muchos kilómetros de allí y Tomoe ni siquiera estaba en este mundo... ciertamente aquella vez que se le apareció era similar a lo que vivía ahora, pero al final eso resultó ser un sueño... No, definitivamente algo había detrás de todo eso y era obvio que quien estaba originando esas ilusiones era Takashi; ahora sólo necesitaba serenarse para encontrarle una explicación razonable a todo.
"¿Sigues aturdido? Vamos, no creo que tus heridas sean tan graves como para que estés así... O ¿Será que te has dado cuenta de que no puedes vencer en este duelo?" – dijo Takashi con tranquilidad.
"No sé qué has hecho, pero de algún modo has logrado nublar mi mente Ibakate, pero no creas que eso te va a servir eternamente" – respondió Himura resolutivo – "Has causado dolor y sufrimiento en muchas personas y eso no lo puedo permitir; yo juré proteger al débil con mi espada y para eso tengo que derrotarte" – concluyó.
"Yo deseo lo mejor para este país; tú mismo te has dado cuenta de que ayudaste a instalarse a un gobierno torpe, débil y corrupto que no ha hecho más que traer desgracias y miserias entre nosotros; y, para aplacar tu conciencia iniciaste esa labor altruista de vagabundo justiciero, pero déjame que te de la bienvenida a la realidad; por cada persona que protegiste decenas fueron torturadas, vejadas y humilladas; por cada acto de justicia que tu espada generó, decenas de injusticias fueron cometidas. Una sola persona no puede proteger a todo un país a no ser que esté al mando de un gobierno fuerte y limpio" – contestó Ibakate.
"Es verdad que una sola espada no puede salvar a todo el país, pero al menos las personas a quienes he protegido tienen la esperanza de un mañana mejor y con eso me basta; además, hace mucho tiempo que dejé de ser un solo guerrero, ahora soy parte de un grupo de personas que creemos en lo mismo y luchamos por defender esas ideas" – dijo Kenshin.
"Claro, y me dirás que Saito tiene la misma visión altruista que tú o que Shougo está aquí porque siempre fue un ciudadano ejemplar... ni qué decir de Tokio o Misanagi y así podría enumerar a todas las personas de ese grupo tuyo que no es más que un conjunto de hombres unidos por las circunstancias y que tan pronto como todo esto termine te dejarán solo en tu cruzada utópica" – sentenció Takashi.
"Todos pensamos distinto y eso se llama libertad; nadie puede pretender que todos los demás piensen igual que él porque en ese momento deja de ser un líder y se vuelve un tirano; y , aunque los que ahora me acompañan o a quienes ahora acompaño tengan diferencia de criterios puedo asegurarte que en todos nosotros yace la misma idea: ponerle fin al derramamiento de sangre y a la guerra de hermano contra hermano. Ya suficientes sacrificios hemos visto como para aceptar o, peor aún, provocar más que es lo que tú has hecho. ¿Acaso tienes una idea de lo que están sufriendo los familiares de los soldados muertos? ¿Te has puesto a pensar cuántas familias han quedado divididas para siempre a causa de esta guerra civil? ¿Cuántos poblados han sido arrasados?" – replicó Himura.
"¡No me vengas con moralismos ahora!" – espetó Ibakate furioso – "Tú también causaste dolor a muchos familiares, tú también arrasaste poblados enteros y tú también ayudaste a dividir familias en el Bakumatsu no Douran. Pero claro si lo hace el grandioso y legendario Himura Battousai está bien, pero si lo hace cualquier otro entonces es condenable. ¿Hasta cuándo tu doble moral?"
"Yo no justifico lo que hice y nunca he dicho que estuvo bien lo que ocurrió durante esa guerra; es por eso que he luchado contra todo aquel que ha intentado imitarme, porque aprendí de la peor forma que ese no es el camino y porque no quiero que otros carguen en sus espaldas el peso de ser responsable de incontables muertes. Aunque contigo fallé y son muchas las vidas que yacen sobre tus hombros" – terminó el pelirrojo.
"Bien, basta de charla. Esta discusión no se resolverá con palabras... espero que hayas podido recobrar tus fuerzas en esta pausa porque no habrá más interrupciones, Battousai. A partir de ahora sólo se detendrá este duelo cuando uno de los sea derrotado" – sentenció el ex Daimío al tiempo que se lanzaba a toda velocidad contra su oponente.
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En el Aoia el ambiente que se respiraba era de alivio mas no de alegría; si bien era cierto que Kyoto estaba de nuevo bajo el control Meiji, que todos los que estuvieron en la revuelta estaban bajo custodia y que el fuego se había extinguido; era igual de verídico que aunque la gente no lo supiera en aquellos momentos no tenían un gobierno funcionando. El macabro plan de Takashi había dado en el blanco y todos los líderes Meiji estaba muertos lo cual traería consecuencias nefastas para el futuro de la nación. El cansancio y la incertidumbre se veían dibujadas en el rostro de todos los presentes quienes ahora era cuando podían asimilar lo sucedido; hasta ese momento, entre la gravedad del incendio y la revuelta además del peligro que corrían Sanosuke y Soujiro ninguno tuvo tiempo de pensar en otra cosa que no fuera lo que estaba ocurriendo al instante. Sin embargo, cuando el peligro inminente había pasado y se podía descansar un poco era cuando las implicaciones de lo sucedido en la Base Militar resonaban como un aluvión en las cabezas de todos.
"¿Qué sucederá ahora?" – inquirió Kaoru exteriorizando la interrogante que carcomía a los presentes.
"Es difícil decirlo, pero no será nada bueno" – respondió Okina con el semblante sombrío.
"En lo que las aguas bajen y todos se den cuenta que no hay gobierno en funciones es casi un hecho que la anarquía se apoderará de todo" – indicó Aoshi.
"Pero aún hay representantes del gobierno y diplomáticos" – acotó Kaoru.
"Cierto, pero los líderes ya no están y no pasará mucho tiempo antes de que se den crisis internas de autoridad; saldrán grupos que quieran tomar el control y eso podría incluso desatar más revueltas u otra guerra" – explicó Shinomori.
"Además, no olviden que hay tropas extranjeras custodiando los territorios del norte y el centro del país incluyendo Tokio" – indicó Shouzo – "Si ellos vieran una situación de ingobernabilidad no dudarían en tratar de controlar el país y someterlo a su dominio"
"No puede ser, más dolor, más muertes, ¿hasta cuándo?" – protestó Omasu.
"¿No ha sido suficiente con todo lo que hemos vivido ya?" – inquirió Okon.
"Dios, espero que con tu infinito poder nos saques con bien de esta situación; ya basta de matanzas, por favor, tráenos la Paz que tanto anhelamos" – imploró Sayo con fe.
Cada comentario que hacían sólo añadía más motivos para estar preocupados por lo que se avecinaba; a decir verdad, no había ninguna razón para no estar temeroso; era cuestión de días o peor de horas para que se sintieran las consecuencias de la jugada de Takashi.
"Por cierto, ¿Alguien ha visto a Seijuro?" – preguntó Aoshi tratando de cambiar el tema y todos miraron a Sayo.
"Yo, la verdad no lo sé, cuando llegué allá sólo vi a Sanosuke y al otro sujeto; no vi a nadie más, luego no tuve tiempo de buscar, necesitaba traer a Sano lo más rápido posible. Gomen Nasai" – se disculpó la cristiana.
"No hay cuidado, no estabas para hacer investigaciones, ese es nuestro trabajo" – indicó Okina – "Ahora..." – el antiguo líder de los Onniwa Banshu fue interrumpido por uno de los ninjas que llegó corriendo con el rostro descompuesto.
"¿Qué sucede?" – Preguntó Misao tomando la iniciativa y dando un paso al frente.
"Hiko Seijuro XIII... ha muerto" – dijo el recién llegado con la mayor solemnidad que pudo.
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Kenshin veía a Takashi acercarse a toda velocidad y aún no atinaba a encontrar la forma de vencer las ilusiones del ex Daimío lo cual lo hacía sentir nervioso porque no estaba seguro de cuándo sería el siguiente sortilegio.
"Debo estar calmado, es lo mismo que en las peleas de Misanagi y Tokio, después de todo, Takashi es el maestro de los Guerreros de las Sombras por lo que tengo que cerrar mi mente a sus hechizos; tengo que concentrarme al máximo" – pensó Himura al tiempo que observaba al otro cada vez más cerca.
Kenshin tuvo una respiración profunda e hizo un esfuerzo de enfocarse al máximo en el combate; Takashi empuñaba ambas Kodachi con la punta hacia arriba; su brazo derecho estaba al frente y el izquierdo pegado al cuerpo, los codos flexionados en un ángulo de 90 grados, poco a poco el brazo derecho de Ibakate se fue abriendo lo que indicaba que de allí vendría el primer sablazo y Himura se apresuró a adelantarse a la estocada cuando todo se volvió a poner negro y nuevamente miro a Tomoe frente a él; sin embargo, esta vez aquello no tomó por sorpresa al pelirrojo y más bien confirmó sus sospechas de que Takashi obraba el conjuro justo en el momento de embestir con el fin de no dar tiempo a reaccionar.
"Tomoe, sé que a quien tengo al frente no eres tú porque jamás me harías daño" – se dijo Kenshin a sí mismo para luego cerrar los ojos y empuñar su Sokabatou con decisión – "Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Ryuu Sou Sen!"
El líder de la Sociedad jamás se imaginó que Himura sería capaz de romper el sortilegio y apenas si tuvo tiempo de reaccionar para tratar de repeler el contraataque del pelirrojo aunque con muy poco éxito; lo siguiente que ocurrió fue que Ibakate salió despedido hacia atrás debido a la fuerza del impacto, pero antes de que pudiera salir de su asombro o caer al suelo siquiera pudo ver la silueta del guerrero del Ishin Shishi en el aire.
"Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Ryuu Tsui Sen!"
La Sokabatou hizo contacto con el hombro izquierdo del ex Daimío quien cayó pesadamente al suelo.
"Ya no podrás usar ese brazo en combate" – dijo Kenshin con seriedad.
"No puede ser, es imposible, nadie había sido capaz de romper uno de mis sortilegios; nadie, esto no puede estar pasando" – dijo Takashi al tiempo que se ponía de pie tambaleándose.
"Quizás no te habías topado con guerreros de verdad" – dijo Saito con sarcasmo aunque el otro no le escuchó.
"Ninguna técnica es inmune a ser descubierta y contrarrestada, ni siquiera el Hiten Mitsurugi Ryu, por eso como espadachines siempre debemos estar preparados para cuando eso suceda" – respondió Himura.
"Vas a pagar por esto" – dijo Ibakate al tiempo que enfundaba sus Kodachi y comenzaba a recitar unas palabras en latín para luego enfocar con su mano derecha al pelirrojo.
Kenshin sintió que todo le daba vueltas y de pronto empezó a escuchar muchas voces y a ver muchas personas a su alrededor. Al principio sólo vio caras conocidas pero de pronto empezó a ver una enorme masa de personas a quienes jamás había visto en su vida.
"Cuando te necesité no estuviste, nadie me ayudo, nadie me protegió... ¡Nadie!" – dijo Soujiro.
"Un Hitokiri siempre será un Hitokiri" – dijo Jineh.
"Un policía me dio una paliza y nadie me defendió" – dijo un anciano canoso.
"Se robaron mi cosecha, estoy en la ruina y nadie me protegió" – dijo un campesino.
"Nadie me defendió... Nadie cuidó de mí... Nadie me ayudó" – repetían al unísono muchas siluetas.
Kenshin sentía que iba a volverse loco, las personas poco a poco lo habían rodeado y a cada instante se acercaban más como queriendo ahogarlo y acabar con su existencia por haberles fallado, pero ¿Quiénes eran? ¿Por qué les había fallado? ¿Acaso no había valido la pena su esfuerzo?... No, no, siempre había esperanza si se ayudaba a los demás; su espada había protegido al débil y lo seguiría haciendo, no podía flaquear ahora, debía ser fuerte.
"¡Basta de trucos!" – gritó Kenshin al tiempo que rompía el hechizó para ver que Takashi se le venía encima con su brazo derecho horizontal doblado hacia atrás con el fin de dar el zarpazo con la Kodachi de forma invertida; en fracciones de segundo, el guerrero del Ishin Shishi resolvió su siguiente jugada y no dudó en pasar a la acción – "Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Hi Ryuu Sen!"
Kenshin hizo un semi giro y con la inercia del mismo dejó que su sable saliera disparado como una flecha en contra de Takashi quien nuevamente fue tomado por sorpresa y recibió el golpe del mango de la Sokabatou en la frente. La fuerza del giro de Kenshin unida a la velocidad que traía Ibakate hicieron que la potencia del impacto fuera lo suficientemente grande como para dejar noqueado al líder de la Sociedad... Kenshin caminó con cautela y pronto tenía su espada en la funda; al fin, después de tanto sufrir los duelos había terminado y nuevamente podían ir a casa; el pelirrojo dio la vuelta y se dirigió hacia donde estaban los demás cuando de pronto...
"¡¡Himura cuidado!!" – gritó Misanagi haciendo que Kenshin girara para ver a sus espaldas.
"Esto aún no termina Battousai" – dijo Takashi quien respiraba con dificultad y se encontraba visiblemente aturdido.
"Takashi ¡Basta!" – dijo Klaudia quien acababa de volver en sí y veía aterrada que su amado estaba en precarias condiciones – "Aceptemos nuestra derrota, ya no podemos ganar" – suplicó.
"Klaudia..." – dijo Ibakate empezando a dudar – "¡¡No!! He dejado mi vida, mis bienes, mi empeño en esta causa y no renunciaré a ella. Sólo muerto seré derrotado. ¡Muere Battousai!" – gritó el ex Daimío al tiempo que reunía todas las fuerzas que el quedaban para lanzar un ataque final.
"Takashi ¡¡¡¡No!!!!" – gritó Klaudia al tiempo que salía corriendo en dirección del líder de la Sociedad para evitar que continuara la pelea.
"Tu terquedad cavará tu tumba, Ibakate Takashi" – dijo Kenshin al tiempo que colocaba su espada e una pose conocida por todos – "Pero no será hoy... Es tiempo de poner un alto a esta barbarie sin sentido. Hiten Mitsurugi Ryu. ¡Kuzu Ryuu Sen!"
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Si ya el Aoia se encontraba sumido en una especie de caos general producto de la ansiedad y la incertidumbre de lo que iba a pasar, la noticia de la muerte de Seijuro no había ayudado en lo más mínimo a aplacar la situación; aunque lo que sí consiguió esa información fue generar un silencio sepulcral dentro del cuartel de los Onniwa Banshu. Nadie daba crédito a las palabras del recién llegado; no podía ser posible que alguien como Seijuro resultase asesinado... ¿Acaso eran tan fuertes los miembros de la Sociedad? La muerte del maestro de Himura venía como una confirmación de los peores temores que pasaban por la cabeza de quienes estaban en la base de los Onni; un aviso macabro de que lo peor para el país estaba por venir.
"Hiko muerto... no es posible" – dijo Yahiko al tiempo que caía de rodillas al suelo recordando el momento en el que el maestro de Kenshin le salvaba de Fuji.
"¡¡Masaka!! Esto no tiene sentido, ¿Cómo pasó?" – se preguntó Kaoru incrédula.
"Eso no lo sabemos, cuando le vimos, su cuerpo yacía inerte en el suelo; los oficiales de policía lo llevaron con los demás cadáveres" – dijo el recién llegado.
Los demás nuevamente se sumieron en el silencio aunque una idea recorría sus mentes: el único que tenía la respuesta a la pregunta de Kaoru era Sanosuke... Okina se disponía a continuar el interrogatorio cuando el capitán Yagatsu entró con un semblante más sereno y dado que las demás personas estaban sumidas en la desesperación, eso ya era un avance.
"Les traigo buenas noticias" – dijo Yagatsu.
"Pues hacen falta, sobretodo en estos momentos" – respondió Okina apesadumbrado.
"Los miembros del gobierno están a salvo" – dijo el capitán con un visible gesto de triunfo.
La noticia tomó al resto del grupo por sorpresa; ciertamente aquello era mucho más que una luz al final del túnel, era un resplandor que hacía renacer la llama de la esperanza, pero la sospecha se apoderó de todos ¿Acaso Yagatsu sabía lo ocurrido en la Base militar? Quizás el capitán dio por hecho que Aoshi y los demás habían tenido éxito...
"No entiendo... nosotros cuando llegamos al lugar sólo encontramos cadáveres esparcidos por todo el recinto... llegamos, tarde, lo siento" – dijo Aoshi.
"Es cierto, que todos los que estaban en la Base murieron o casi todos más bien; sin embargo, el General Yamagata había previsto que algo así podría suceder por lo que en secreto reemplazó a los miembros del gobierno por dobles resguardando a los verdaderos en una ubicación secreta" – explicó el otro.
"¡¡Yamagata es un genio!!" – gritó Okina con júbilo – "Aún hay esperanzas para Japón".
La gama de sentimientos por la que acababan de pasar todos ellos era variopinta y lo más fuerte era que habían hecho la transición de alivio a tristeza a frustración a zozobra a dolor y a alegría en cosa de minutos; incluso algunos tenían miedo de que sus corazones no resistieran tal abanico de sensaciones. Pero lo rescatable de todo era que a pesar de las tragedias y las pérdidas, el país tenía el camino abierto a un mejor futuro o al menos a uno más estable... en ese momento sólo quedaba una llama por apagar.
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Takashi salió expelido contra una de las paredes laterales y cayó al suelo casi inconsciente; el Kuzu Ryuu Sen de Himura había impactado de lleno y el ex Daimío ya no tenía fuerzas ni siquiera para intentar levantarse por lo que el duelo quedaba oficialmente terminado con Kenshin como vencedor. Al fin, luego de tanto sufrimiento, de tanta destrucción, de tanta muerte y barbarie, se ponía coto a la Sociedad del Dragón Negro; el tercero al mando estaba muerto y los dos líderes principales yacían completamente derrotados ante ellos. Ya sólo quedaba regresar a casa con los suyos y pasar página a todo lo que habían vivido hasta ese momento... Ahora era momento de pensar en quiénes les esperaban en Kyoto porque era en ese instante cuando los 5 guerreros Meiji podían pensar en los demás... Klaudia corrió al lado de su amado sin parar de llorar creyéndole muerto; los demás, incluso Saito, no daban crédito a la demostración de sentimientos que estaba dando la Samurai. Era tal la dureza que siempre transmitía que ninguno de los presentes entendía cómo ahora esa misma mujer estaba con el corazón completamente abierto mostrando todo su dolor.
"¿Doushite?" – se preguntó Klaudia al ver a su esposo inerte – "¿Por qué tenías que morir? ¿Por qué me abandonaste" – continuó inquiriendo sin poder controlar su pena – "¡¡¡Es tu culpa!!! Pagaras la muerte de Takashi... ¡¡¡Te mataré!!!" – dijo Klaudia poniéndose de pie para atacar a Himura.
"No, no te vayas de mi lado" – dijo Takashi con mucha dificultad.
Klaudia sentía como su alma regresaba a su cuerpo al escuchar la voz del líder de la Sociedad; la mujer olvidó sus últimas palabras y nuevamente se colocó al lado de quien había robado su corazón. Shougo aprovechó el momento para acercarse a Ibakate; en una primera reacción Klaudia quiso impedirlo, pero entonces recordó que él la había ayudado a ella a reponerse luego de su duelo por lo que accedió.
"Está muy débil, pero vivirá; por suerte Himura no causó ninguna herida fatal. Sólo debe descansar" – dijo Shougo con optimismo.
"¿Estás seguro?" – preguntó Klaudia incrédula a lo que el cristiano asintió con convicción – "Yo... Domo Arigatou Gozaimasu Amakusa-... sama"
La última palabra de Klaudia tomó a todos por sorpresa, ninguno pensó que ella sería capaz de darle ese rango al cristiano, mucho más cuando acababa de derrotarla; había que tener una fortaleza enorme para vencer el orgullo herido y decir eso. Incluso el mismo Shougo no sabía cómo reaccionar ante lo que la mujer le acababa de decir.
"No tienes que decir nada... Hoy me has recordado una lección que me enseñó Seijuro y que yo había olvidado en mi obstinación y mi sed de venganza..." – dijo la Samurai – "Al ver cómo fuiste capaz de cuidar de mí luego de que estuve a punto de matarte y que fuiste en ayuda de Takashi a pesar de todas las cosas que han pasado comprendí que nuestra espada y nuestro estilo de pelea no es para causar muertes ni sufrimientos sino para salvar vidas"
"Yo hace algún tiempo pasé por lo que tú estás viviendo ahora y en ese momento tuve la suerte de recibir la misma enseñanza sólo que mi mentor fue otro" – respondió Amakusa paseando su mirada de Klaudia a Himura.
"Bien, creo que es hora de irnos" – dijo Saito – "Aún hay cosas que deben hacerse"
Los demás asintieron y se dispusieron a emprender el camino de regreso; Shougo ayudó a Takashi, quien aún estaba algo aturdido, a ponerse en pie para emprender el viaje de vuelta... Nadie quiso decir nada, pero el destino de los dos líderes de la Sociedad estaba escrito; aunque Kenshin y Shougo les habían perdonado la vida, el gobierno Meiji no iba a ser tan benévolo... después de todo lo que había pasado se necesitaba una demostración de poder para recuperar o al menos empezar a retomar el control del país y qué mejor propaganda que ejecutar a los líderes de la revuela y colocar sus cuerpos como avisos del destino que les esperaba a todos los traidores. Sin embargo, aún estaban en medio del salón cuando...
"Hemos sido derrotados de forma honorable y como Samurai aceptamos el desenlace de los duelos como nuestro karma" – empezó a decir el ex Daimío al tiempo que empujaba a Shougo lejos de él, lo cual alertó a los demás – "Pero no estoy dispuesto a servir de escarmiento para otros así que a partir de ahora nuestros caminos se separan... Ja ne" – concluyó Ibakate.
Kenshin iba a responder y Saito se disponía a apresarlo cuando una bomba de humo explotó y nadie pudo ver nada por algunos segundos... luego de que se disiparan los efectos del artefacto arrojado por el líder de la Sociedad, Shougo y los demás comprobaron lo que se temían... Takashi y Klaudia no estaban en el salón y no había el menor rastro de ellos.
"Han usado esa cortina de humo para escapar" – dijo Misanagi apretando los puños porque a pesar de lo que había dicho Shougo, ella aún deseaba que Klaudia recibiera el castigo que merecía.
"¿Algún comentario aparte de lo obvio?" – preguntó Saito pagando su frustración con la Ninja.
"Pues no sé si te interese saber que esta parte del suelo es falsa" – respondió Misanagi con burla al tiempo que golpeaba una sección del piso con el pie derecho.
"Vaya, hasta que resultaste útil" – comentó Hajime al tiempo que se disponía a romper el suelo.
Ni bien el policía se había agachado a comprobar el suelo cuando una explosión sacudió el lugar; de pronto, los 5 guerreros tuvieron que abandonar toda intención de ir tras los fugitivos porque el techo y todo el recinto se les venía encima; por suerte, luego de algunos esfuerzos, Kenshin y los demás estuvieron fuera de la Base más tranquilos al sentirse seguros, pero frustrados al aceptar que ya no había forma de atrapar a los líderes de la Sociedad, al menos no por ahora.... No muy lejos de allí, dos personas vestidas como pescadores navegaban un pequeño barco artesanal con dirección desconocida.
"Todo se ha derrumbado... nuestros sueños terminan hoy" – dijo Takashi ensimismado.
"No, es cierto que nuestra lucha fue en vano y que nuestro proyecto ha sido derrotado, pero aún nos quedan sueños" – respondió Klaudia al tiempo que lo abrazaba.
"¿Cuáles?"
"Los que implican estar juntos y vivir la vida a nuestra manera... si la gente de este país prefiere seguir obedeciendo a un gobierno corrupto que no tiene la fortaleza suficiente para mantenerse unido que sufran las consecuencias"
"Si es que aún tienen gobierno" – dijo Takashi esperanzado de que al menos esa parte de su plan hubiera sido exitosa.
"Con la suerte que tiene Himura y su grupo, es posible que hasta eso haya salido mal" – dijo Klaudia con una sonrisa.
"Creo que definitivamente la Era está de su lado y nadie va a poder cambiar eso... enfrentarles es estar condenado al fracaso más temprano que tarde"
"¿Y los demás? ¿Pudieron escapar?" – preguntó Klaudia.
"Todos los que quedaban en la base se han ido y estoy seguro que no tendrán problemas, después de todo nadie podrá probarles que estaban con nosotros" – "Los que estaban en la red creo que tendrán una pérdida de la memoria y no se acordarán de nada referente a la Sociedad; y los soldados capturados... pues no creo que el gobierno haga una carnicería con ellos; es más, me atrevo a decir que más temprano que tarde pasarán a engrosar sus filas... después de todo, este régimen se alimenta de sus enemigos derrotados al igual que lo hacía Shishio..." – sentenció Ibakate – "Sobre los muertos... no podré darles la conquista del país como tributo, pero siempre estarán en mi corazón por el sacrifico que hicieron por un Japón mejor" – finalizó el hombre recordando a Katsuhiro.
"Ojalá algún día esta tierra les rinda el homenaje que se merecen... Y sobre los demás, tienes razón, ellos estarán bien" – dijo Klaudia quien estaba preocupada por irse y dejar a los otros a su suerte – "¿Y Ahora adónde vamos?"
"Lejos, lo más lejos posible de Japón y sus contradicciones, vamos a un lugar donde podamos ser simplemente Takashi Ibakate y Klaudia... Ahora que lo pienso, no creo saber tu verdadero nombre" – dijo el ex Daimío.
"Al menos he hecho un buen trabajo con eso" – respondió la mujer divertida.
"Melders penaba que había descubierto el truco llamándote Kraudia, pero ese no puede ser el correcto, es que ni siquiera así se pronuncia, en todo caso sería karaudia" – añadió Takashi reflexivo.
"Natsumi Miyamoto"
"¿Nani?"
"Ese es mi nombre, Natsumi Miyamoto... ¿Sorprendido?"
"Pues sí, no pensé que tenías un nombre japonés, me esperaba algo más, no sé, más occidental"
"Ese fue el nombre que me dieron mis padres, pero aún así, papá siempre me enseñaba nombres extranjeros porque era fanático de la cultura occidental y uno que siempre me gustó fue Claudia por eso decidí usarlo cuando les mataron y me encontró el maestro Hiko... me llamo Claudia en honor a mi padre" – terminó la mujer mirando al cielo.
"Pues a partir de ahora podrás llamarte como quieras" – dijo Takashi sonriendo.
"¿De verdad? Entonces quisiera llamarme Claudia Ibakate, así rindo honor a los dos hombres que han importado en mi vida"
El hombre se acercó a ella conmovido por la respuesta y pronto la pareja se fundía en un largo beso; al final, ya no importaba la guerra y los sueños políticos; ya les tenía sin cuidado si les llamaban cobardes o traidores por escapar, ahora lo que les importaba era el futuro juntos...
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Fuera de los restos de lo que hasta hace unos minutos era la Base de la Sociedad del Dragón Negro, cinco personas emprendían el regreso a la antigua capital del país con una mezcla de sentimientos y sensaciones que les habían hecho mantenerse en una especie de silencio reflexivo en todo lo que llevaban de trayecto; después de todo, luego del esfuerzo en los combates se veían regresando a Kyoto con las manos vacías... A pesar de la muerte de las dos guerreras de las sombras y del tercero al mando, Takashi y Klaudia habían logrado escapar lo cual impedía cerrar el capítulo por completo... Sólo las palabras finales de ambos les hacían tener algo de esperanza de que ya no intentarían seguir con sus ambiciones de poder; aunque nunca podrían estar seguros y era esa incertidumbre la que les impedía celebrar por completo la victoria que acababan de conseguir. Además, estaba el hecho de saber si Takashi había tenido éxito asesinando a los miembros del gobierno, eso era clave para el futuro del país y sobretodo para el futuro de la Sociedad; si el gobierno realmente había sido destruido era muy probable que el ex Daimío buscara la forma de reclamar su triunfo, pero si por el contrario, esa parte de su plan había fracasado, ya no había nada más que hacer y la derrota sería definitiva para él... Todo dependía de si Seijuro y los demás habían tenido tanta suerte como ellos en su misión...
No obstante, a pesar de que los cinco compartían esa preocupación, cada guerrero tenía sus propias expectativas respecto a lo que encontrarían en la ciudad; Kenshin deseaba llegar lo más pronto posible para tener noticias de Kaoru, ahora que no estaba concentrado en la batalla, su corazón no le daba un segundo de tranquilidad al no saber si su amada estaba bien... ella tenía que estar bien... no podía dejarle ahora, cuando las cosas comenzaban a volver a la normalidad... Shougo estaba aliviado de que habían podido superar el reto que se abrió ante ellos cuando decidieron ir a Osaka sin que tuvieran que lamentar más muertes y sobretodo sin tener que perder a la persona que le había enseñado lo que era el amor verdadero y quien caminaba a su lado abrazada a él, tantas cosas habían pasado ya que, a pesar de que en términos estrictamente temporales tenían pocos meses juntos, el cristiano sentía que conocía a la Ninja de toda la vida; sólo una mancha empañaba su felicidad y era el no saber nada de su hermana; Sayo era la otra persona valiosa en su vida, esa niña a quien él juró proteger a raíz de la muerte de sus padres, cuyo dolor por la tuberculosis le hizo sufrir lo indecible y cuya decisión de casarse con ese vago le había herido en lo profundo del corazón; no obstante, poco a poco, Amakusa se había dado cuenta de que Sanosuke no era un vago ordinario sino una persona con gran fortaleza y fuertes convicciones... al menos eso ya era algo; Shougo en ese momento comenzó a rezar e hizo una promesa: Si Sayo estaba sana y salva, él prometía aceptar a Sanosuke como uno más de la familia sin ningún tipo de condiciones... Misanagi, por su parte se sentía tranquila y segura por primera vez en mucho tiempo; atrás quedaban la guerra, los movimientos de la Sociedad, los guerreros de las sombras, las intrigas, las trampas y sobretodo, atrás quedaba el Reto de Klaudia... su mayor temor y el motivo de que muchas noches no pudiera dormir; el duelo contra ella había sido intenso y por algunos momentos la ex líder Sanada pensó que perdería al amor de su vida, pero por fortuna, Shougo había resultado vencedor y ya no había nada más de qué preocuparse en lo personal; ella no tenía más familia y estaba segura de que el grupo Sanada se las había arreglado para sobrevivir a la misión en Kyoto, después de todo y su entender, eran los mejores Ninja del Japón... Saito y Tokio caminaban junto a los demás con paso firme y faz serena, el policía y su esposa no eran partidarios de esas demostraciones de afecto que hacía el cristiano con su mujer cuando estabas frente a otros guerreros; Saito sabía perfectamente lo que sentía Takagi por él sin necesidad de que se colgara de su brazo y Tokio estaba segura de los sentimientos de Hajime por lo que no le molestaba que él no la besara o abrazara frente a los otros; además, Saito no iba a mostrarse débil frente a su enemigo mortal, Himura Kenshin, aunque la mujer hacía mucho tiempo que estaba segura de que ese combate nunca tendría una conclusión, había demasiados lazos de por medio como para retomar viejas rencillas del pasado; y sobre la efusividad del lobo... ya tendrían tiempo en la intimidad para entregarse el uno al otro sin remordimientos y con la enorme pasión que les envolvía en cada uno de sus encuentros...
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Dos días han pasado desde el incendio en Kyoto y el Aoia se encontraba en medio de un revuelo ante la expectativa del regreso de Kenshin y los demás; gracias al capitán Yagatsu y a la red combinada del grupo Sanada y los Onniwa Banshu, las noticias de lo sucedido en Osaka eran del conocimiento de todos; la muerte de las dos miembros restantes de los guerreros de las sombras y la de Melders así como el escape de Takashi y Klaudia luego de ser derrotados por Kenshin y Shougo eran de dominio público; y, aunque esa fuga sembraba dudas en sus corazones, el hecho de que el gobierno se mantuviera intacto les daba esperanzas de que el ex Daimío y su mujer no intentarían nada más; pero, sobre todas las cosas, el hecho de que Kenshin, Shougo, Saito, Tokio y Misanagi siguieran con vida era el mayor motivo de celebración en esos instantes; ya no iba a haber más muertes, al fin se comenzaba a cerrar una etapa que había empezado con la llegada de la sociedad al país. Ese día había estado plagado de buenas noticias desde la mañana porque Sanosuke y Soujiro habían recobrado el conocimiento y, aunque estaban aún débiles, al menos era un signo inequívoco de que se repondrían de sus heridas; Omasu y Sayo no se habían separado de ellos desde antes de que despertaran y aún en ese momento seguían atendiéndoles, la cristiana siguiendo su papel de esposa y la Ninja practicando para el rol que deseaba jugar en la vida de Seta...
Muy cerca de la antigua capital, un carruaje se dirigía a toda velocidad hacia su destino, en su interior cinco personas trataban de descansar calmando las enormes ansias que sentían de ver a los suyos; Kenshin y los demás ya se habían enterado de lo ocurrido en Kyoto y estaban más tranquilos... aunque la noticia de la muerte de Seijuro aún retumbaba en sus corazones; de todas las personas que habían salido con la misión de proteger a los miembros del gobierno él era de lejos la más poderosa y paradójicamente había sido la única baja de los Meiji... quizás ello cerraba todas las ironías que habían comenzado cuando estalló la guerra; un sacrifico de ese calibre debía realizarse para aplacar las ansias de miseria y sufrimiento del Dios del Caos... pero a pesar de eso, ahora no era el momento de sentirse triste; finalmente, el país regresaba a la normalidad y por fin podían empezar la reconstrucción; y, por encima de todo, Kaoru, Sayo, Megumi, Shougo, Misao, Aoshi y los demás seguían con vida y de seguro ya les estaban esperando en el Aoia para brindarse el merecido abrazo que a pulso se habían ganado.
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Kaoru y el resto estaban fuera del Aoia en plena calle junto con una multitud de personas que esperaban ansiosas a los cinco héroes que le habían puesto fin a la Era del Caos en que la Sociedad del Dragón Negro les había sumido; la maestra del estilo Kamiya Kasshin Ryu estaba visiblemente emocionada no sólo por la expectativa de ver a Kenshin sino por todo lo que había generado en los habitantes de Kyoto la noticia de su regreso. Desde temprano en la mañana se comenzó a correr la voz de que los cinco combatientes que habían derrotado a Takashi y los demás líderes de la Sociedad estaban cerca y que llegarían al final de la tarde lo cual generó un revuelo en la ciudad; todos deseaban estar presentes cuando llegaran, era como ver a sus libertadores, los líderes de la resistencia, las personas que habían sido capaces de traer de nuevo la Paz; por esa razón, poco a poco la calle donde estaba el Aoia comenzó a atiborrarse de personas, en acosa de horas ya no había espacio por donde circular e incluso mucha gente que llegó después tuvo que conformarse con estar a lo lejos o se trepó en los techos de las casas, los cuales ya estaban casi repletos, para no perder detalle alguno del gran acontecimiento que estaba por iniciar. A medida que pasaban las horas la expectativa crecía; todos los presentes contaban los minutos para que Kenshin y los demás llegaran a la antigua capital luego de su campaña triunfal en Osaka; poco a poco el Sol comenzaba a ponerse en el horizonte y las personas que estaban frente al Aoia notaban que en cualquier momento escucharían el carruaje; de pronto, gritos de júbilo se empezaron a escuchar a lo lejos y ello sólo significaba una cosa: el carruaje ya había entrado a la ciudad...
Kenshin estaba atónito ante el recibimiento que estaban obteniendo; era cierto que él esperaba ver a sus amigos en el Aoia y quizás imaginaba alguna discreta celebración tomando en cuenta las muertes de Yamagata y Seijuro así como las de todas las demás víctimas, pero ver a la gente a ambos lados de las calles vitorear sus nombres a medida que pasaban era increíble; las personas corrían detrás del carruaje y aquello parecía un desfile; además, el pelirrojo se daba cuenta de que a medida que se acercaban al Aoia la masa de gente se hacía más densa y era más difícil para el carruaje avanzar por lo que llegado a un punto tuvieron que tomar la decisión de descender del mismo debido a que era imposible llegar a la Base de los Onniwa Banshu en él. La gente estaba sumida en un frenesí y cuando comenzaron a descender del carruaje los cinco guerreros los vítores fueron aún mayores; Shougo y Misanagi no asimilaban lo que estaba pasando ante sus ojos y no entendían cómo ellos podían generar ese sentimiento en todas esas personas. Ni siquiera el cristiano en sus tiempos de Shimabara había sentido esa devoción; en aquel momento todo se debía a un fervor religioso exagerado por Kaioh, pero ahora era un sentimiento de admiración genuino y Amakusa se daba cuenta de que la energía era incluso más fuerte. Misanagi, por su parte, estaba acostumbrada a recibimientos con gritos y celebraciones luego de una misión, pero la Ninja sabía que ello se debía a que era su líder y que esa devoción estaba atada a su rango; no obstante, ahora era diferente, en ese momento la gente de verdad estaba feliz de verla regresar con bien y esa sensación no podía describirse ni comprarse de ninguna forma... Saito y Tokio caminaban por entre las personas con facciones cálidas, después de todo, Gorou Fujita era un servidor público y siempre era amable con los demás por lo que no le costaba nada hacer su papel, mientras que la mujer cumplía el suyo, ante el público ella era una esposa abnegada que siempre trataba a todos con respeto y cariño, en especial a su marido; la pareja siguió saludando y sonriendo cuando casi al unísono ambos se percataron de que todos los allí presentes sabían quiénes eran en realidad, esas personas que les aplaudían no estaban aclamando a Gorou Fujita y a su esposa; ellos estaban vitoreando a Hajime Saito y a Takagi Tokio por sus logros como guerreros. La pareja de pronto se miró a los ojos y comprendió que estaban pensando lo mismo: Ya no había necesidad de fingir, a partir de ese momento podían ser quienes eran libremente.
"Sabes que ya no tienes que seguir con esa sonrisa si no quieres" – dijo Tokio en voz baja al tiempo que seguía caminando y saludando al lado de su esposo.
"Tú tampoco tienes que hacerlo" – respondió el policía.
"¿Entonces por qué continuamos haciéndolo?" – preguntó la mujer contrariada – "¿Nos estaremos ablandando?" – añadió.
"No seas tonta, es sólo que estamos muy acostumbrados a fingir cuando hay gente" – respondió Saito al tiempo que rodeaba la cintura de Tokio con su brazo derecho sin dejar de saludar a la muchedumbre.
"Entonces yo no quiero dejar de fingir" – contestó Takagi llena de emoción ante el gesto del otro.
"Y yo tampoco" – sentenció el lobo.
Finalmente, luego de muchos esfuerzos, Kenshin y los demás arribaron al Aoia; fue tal el tiempo que demoraron desde que habían dejado el carruaje que incluso llegaron a pensar que les iba a dar el amanecer en el trayecto; pero, luego de tantas luchas, de tanto esfuerzo y de un largo viaje, por fin estaban frente a los suyos. En la entrada del restaurante, los cinco recién llegados pudieron divisar de inmediato, entre la multitud, a Kaoru, Megumi, Okina, Yahiko, Okon, Shouzo, Aoshi, Misao, Haita, Ren, Vacuum y el resto de Ninjas del grupo Sanada y de los Onniwa Banshu; y lo siguiente que sintieron fueron abrazos llenos de alegría y cálidos sentimientos. Kaoru no pudo contener más tiempo sus lágrimas y dejó salir todo lo que tenía por dentro cuando pudo recostar su cabeza en el pecho del pelirrojo; Kenshin también dejó salir lágrimas de alegría y, aunque quiso hablar, pronto se dio cuenta que ahora no era el momento de las palabras, ya tendrían todo el tiempo del mundo para conversar; en ese instante sólo importaba sentir el calor de un reencuentro...
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El sol ya estaba saliendo y las calles de Kyoto estaban casi desiertas; la algarabía de hace unas horas se había disipado y sólo quedaban los restos que indicaban que una enorme celebración había tenido lugar momentos antes. Después de que Shougo y los otros entraran al Aoia las demás personas fueron dispersándose y haciendo fiestas más pequeñas hasta que finalmente cada quien se fue a casa; ya habría tiempo de limpiar y de poner orden mañana, pero esa noche era para festejar el final de los tiempos de angustia y el comienzo de un futuro mejor... Dentro del Aoia, al fin estaba todo el grupo reunido alrededor de un gran banquete en el salón principal; incluso Soujiro y Sanosuke hicieron un enorme esfuerzo para acompañarles durante la cena aunque casi no habían probado bocado debido al dolor que aún sentían. Nadie se había percatado que estaba amaneciendo afuera y la verdad no importaba; las horas habían fluido como el agua entre chistes, comentarios y anécdotas; era demasiado lo que había para decir; los relatos de todas las peleas, la revuelta en Tokio, la estrategia final de Yamagata... fue en ese punto cuando la tristeza llegó a ellos, recordar la muerte del General y la de Seijuro fue doloroso así como saber que Seta y Sagara habían estado al borde de la muerte. Pero al final todos acordaron que los que se habían ido de seguro esperaban que ellos celebraran el final de la guerra y el reencuentro de amigos y amores; sobretodo Hiko quien de estar presente ya se habría emborrachado con el sake... Pronto el cansancio empezó a cobrar factura y todos fueron a dormir, ya era tiempo de tener una siesta reparadora, vaya que se la habían ganado; aún quedaba mucho por hacer y necesitaban renovar energías para acometer lo que les esperaba. Como alguna vez dijo Okubo: construir es más difícil que destruir...
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Tres días han pasado desde que los cinco guerreros regresaron de Osaka y la ciudad nuevamente se preparaba para una ceremonia, esta vez de duelo; en el cementerio de Kyoto se estaba celebrando el acto de sepultura de dos héroes de la resistencia: Aritomo Yamagata y Hiko Seijuro XIII; los miembros del gobierno Meiji estaban presentes así como el alto mando militar quienes estaban en plena formación para rendirles tributo porque aunque uno de ellos no era militar, los dos murieron como héroes de guerra. Todos los asistentes dejaron escapar lágrimas a medida que los ataúdes bajaban y los disparos de los mosquetes sonaban; ya no había marchas atrás, ambos valientes estaban viendo la luz del sol por última vez...
"Shishou... arigatou" – comenzó a decir Kenshin al tiempo que arrojaba sake al féretro de su maestro – "Así como aquel día tú ofreciste tu sake por esas esclavas que me intentaron proteger, ahora yo ofrezco este sake por ti"
No muy lejos del lugar, ocultos por los árboles, dos campesinos seguían con mucho interés la ceremonia; sus enormes sombreros evitaban que sus caras fueran vistas, aunque por sus vestimentas harapientas cualquiera que les viese difícilmente pensaría que representaban algún peligro.
"No sé cómo he consentido venir aquí" – dijo uno de los campesinos.
"Era la única oportunidad; sería muy sospechoso que alguien ajeno a Kenshin y su grupo se acercara a la tumba después; además, cuando nos vayamos no pienso regresar a este país así que prefiero despedirme ahora para no dejar pendientes" – respondió el otro campesino para luego dar un paso al frente y mirar hacia el lugar donde se llevaba a cabo el entierro – "Maestro, gracias por todo, ahora entiendo sus enseñanzas a un nivel que nunca pensé alcanzar; lamento haber tenido relación con su muerte, pero sé que al final consiguió una batalla que mereció la pena... sin remordimientos, sin arrepentimientos; yo también debo irme, no de este mundo, pero sí de la tierra que me vio nacer; por segunda vez debo dejar mi hogar para rehacer mi vida... supongo que mi karma es no estar con los míos. Ja ne Shishou" – finalizó levantando un poco la cabeza y dejando ver que detrás de aquellos harapos se hallaba una de las representantes de la escuela Hiten Mitsurugi.
"Hora de irnos" – dijo Takashi.
"Te acompaño" – respondió Claudia.
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Al día siguiente, comenzaban las tristes despedidas; a pesar de todo la vida continuaba y tarde o temprano esa reunión de amigos y camaradas tocaría a su fin así que lo mejor era hacerlo pronto; además, Tokio estaba aún más afectada que Kyoto por la guerra y era necesario volver a la brevedad posible para hacer un conteo de los daños y ayudar con la reconstrucción; del mismo modo, los miembros del grupo Sanada estaba listos para volver a su base y poco a poco los miembros del nuevo Kenshin-gumi demarcaban los caminos que seguirían y que ya no les mantendría unidos. Por suerte, las líneas ferroviarias no habían sufrido casi daños y ya se había restablecido el flujo de trenes lo cual no dejaba de ser un alivio porque hacer el regreso a Tokio de la manera antigua hubiera sido al menos pesado... El Aoia en esos momentos se encontraba desierto, todos habían ido a la estación y sólo dos personas se habían quedado en el restaurante que servía de Base para los Onniwa Banshu.
"No debió quedarse por mí Señorita Omasu" – dijo Soujiro con algo de dificultad – "Me siento apenado de que no pueda despedirse de todos por mi culpa".
"No tienes nada de qué lamentarte, la decisión de quedarme fue mía... además, tú tampoco podrás despedirte de ellos; aún estás muy débil y es necesario que descanses para que repongas fuerzas... ha sido un milagro que sobrevivieras... gracias" – respondió Omasu
"¿Por qué?" – preguntó el chico contrariado.
"Por no dejarte morir"
"La verdad, una parte de mí quería reunirse con el Señor Shishio, algo dentro de mí le extraña; pero luego me di cuenta de que aún tengo cosas que descubrir en este mundo" – sentenció Seta.
"¿Como cuáles?"
"Como por qué cuando estaba a punto de morir la pude ver a Usted llorando a mi lado y sentí que no deseaba abandonarla, que quería conocerla más antes de partir"
"Pues entonces me encargaré de que tardes muchos años para conocerme; así no te irás pronto" – comentó Omasu sonriendo y mirando al chico con el amor que estaba floreciendo en su interior.
"Yo tampoco tengo prisas" – respondió Seta dedicándole a la mujer una de sus mejores sonrisas, sólo que esta vez, su expresión era sincera.
No muy lejos del Aoia, todos los demás estaban en la estación de ferrocarril para despedir a quienes partían a Tokio en ese momento.
"Bien Himura, supongo que esta es la despedida" – dijo Okina mirando al pelirrojo.
"Hai, debemos volver al dojo para ver qué daños ha tenido y ayudar a los demás" – respondió Kenshin.
"Pero siempre serán bienvenidos, visítennos cuando quieran" – añadió Kaoru.
"Pero no traigan a la comadreja" – dijo Yahiko.
"Nunca vas a cambiar, ¿verdad?" – afirmó Misao sonriendo.
Los presentes se extrañaron ante la respuesta de la Ninja, quizás porque esperaban que la chica persiguiera al joven como siempre lo hacía; sin embargo, ese detalle, esa simple contestación hacía evidente que tantas cicatrices y experiencias cambias a las personas y que muchas veces esos cambios no son reversibles... Misao ya nunca más sería esa niña que Himura conoció en su viaje a Kyoto...
"Espero que no" – contestó Yahiko devolviendo la sonrisa.
"¿Realmente vas a quedarte en Kyoto Sanosuke?" – preguntó Kaoru.
"Sí, la Residencia Amakusa quedó muy afectada y Shougo va a necesitar toda la ayuda posible... Además, aquí está mi razón para vivir" – concluyó mirando a Sayo.
"Pero no te descuides con tus heridas, aún sigues convaleciente por lo que no deberías hacer labores pesadas... aunque para un vago como tú eso no será problema""- dijo Megumi.
"¿A quién llamas vago?" – preguntó Sagara enfadado – "Bueno, creo que esta es una despedida Himura, gracias por todos los momentos que compartimos, pero nuestros caminos se separan hoy" – completó mirando al pelirrojo.
"Tienes razón Sanosuke; después de tantas cosas hoy nos decimos adiós; te deseo mucha suerte y que todo te salga bien" – respondió Himura de buena gana.
"Espero que consigas un trabajo y pagues tu deuda en el Akabeko que ya va siendo hora... Aunque Tae está resignada yo aún tengo esperanza" – añadió Kaoru – "Te estaremos esperando en Tokio, Megumi"
"Descuida, una vez que me asegure de que el vago y el chico estén más recuperados iré a darles guerra... sólo que esta vez llevaré refuerzos" – culminó la doctora mirando a Shouzo.
"Shougo, Sayo, gracias por todo lo que han hecho por mí; de nos ser por ustedes ahora estaría muerto, jamás podré pagárselos" – dijo Shouzo solemne.
"No tienes que pagar nada, esa deuda nunca ha existido; siempre hemos sido una familia y no dejaremos de serlo sólo porque luego de que nos ayudes en la reconstrucción te vayas a Tokio, ¿O acaso no piensas visitarnos?" – contestó Shougo.
"Mira que soy capaz de buscarte y traerte a golpes" – amenazó Sayo riendo de buena gana, risa que contagió a todos.
"¡Claro que vendré a visitarlos! De eso pueden estar seguros" – dijo Shouzo.
"Himura, siempre serás bienvenido a mi casa, al igual que todos ustedes" – finalizó el cristiano refiriéndose a los presentes – "Gracias a ti ahora puedo estar en mi tierra y eso es más de lo que podría pedir"
"No tienes nada que agradecer, este país ahora también te debe mucho a ti" – sentenció Himura.
"Bueno, creo que nosotros también nos vamos" – dijo Haita resolutivo – "Es hora de poner orden en el cuartel"
"Imagino que desde que me fui nadie ha arreglado nada... siempre han sido unos vagos para la limpieza" – dijo Misanagi con voz casual.
"Eh, bueno, nosotros... hay mucho trabajo para estar pendiente de pequeñeces..." – respondió Haita.
"No le haga caso, la verdad es que nadie ha podido llenar el vació que Usted dejó... Jefa" – dijo Ren sonriente – "Quizás ese desorden es lo que nos recuerda que una parte de nosotros se ha ido" – añadió.
"Vamos, me van a hacer llorar panda de inútiles; ya verán, pronto iré a dar una vuelta a la base y más les vale que encuentre todo impecable" – contestó la Ninja enfática.
"¡Hai!" – respondieron Haita y Ren al unísono poniéndose firmes lo cual generó aún más risas en todos, Vacuum sólo atinaba a mover la cabeza negando lo que veía.
"Y pensar que ellos son los que quedaron al mando... así nos va" – dijo Vacuum.
"Vamos, no seas duro con ellos" – intervino Misanagi.
"Entonces, han decidido aceptar el pacto de cooperación ¿verdad?" – le preguntó Misao a Haita interviniendo en la conversación.
"Hai, creo que es tiempo de dejar atrás viejas rivalidades y comenzar una nueva era de trabajo en equipo, después de todo, al inicio éramos un solo grupo" – dijo Haita.
"¿Y adónde irás Misao?" – preguntó Megumi curiosa.
"La verdad aún no lo sabemos, por ahora estaremos en el Aoia y luego ya veremos" – respondió la Ninja.
"¿Colgarás las Kodachi Aoshi?" – preguntó Kenshin.
"La verdad, no lo sé; una vez quise hacerlo y me vi forzado a retomarlas, ahora espero que esa necesidad no surja de nuevo. Creo que ya es tiempo de empezar una nueva vida lejos de todos los problemas del pasado, pero nunca se puede estar seguro... Además, no creo que ninguno de ustedes vaya a abandonar las armas y no quiero quedarme atrás" – terminó el Ninja a manera de chiste.
"Y ¿Qué harán Ustedes?" – preguntó Okina a Saito y Tokio.
"Volver a casa, esperemos que la encontremos como la dejamos, aunque lo dudo" – suspiró Takagi.
"La vida sigue y mis labores como policía no han acabado" – añadió el lobo.
"Entonces, creo que la conclusión nuestro duelo se pospondrá indefinidamente" – indicó Himura.
"O no... No te oxides Battousai, en cualquier momento el capitán de la División #3 del grupo Shinsen puede tocar a tu puerta" – respondió Saito retador pero sonriente.
"Y Himura Battousai le estará esperando" – contestó el otro con su sonrisa de siempre.
"Feliz viaje a todos" – dijo Okon.
"Vuelvan cuando quieran" – dijo Shiro.
"Acá siempre serán bien recibidos" – completó Kuro.
"Despídannos de Omasu y Soujiro, por favor" – pidió Kenshin al tiempo que el tren iniciaba su marcha.
"Descuida, así lo haremos" – dijo Okina.
"Es una lástima que no pudieran estar aquí" – se lamentó Kaoru.
"La situación de Seta aún es delicada, no puede hacer mucho esfuerzo" – comentó Megumi.
"Adiós" – dijeron todos fundidos en ademanes de despedida a medida que el tren se alejaba de la estación.
Poco a poco el tres se perdía en el horizonte y sólo se divisaba una columna de humo que indicaba que el viaje hacia la capital había iniciado y los que quedaron en la estación pronto empezaron a retirarse, había mucho aún por hacer y una vida para realizarlo. Finalmente, la paz llegaba al país y nuestros amigos podían dedicar su tiempo a labores menos altruistas como centrarse en ser felices, en superar sus problemas y en iniciar una familia que continuara su legado; sólo que esta vez, los lazos que se habían creado eran indestructibles y por mucha distancia geográfica que les separara siempre estarían unidos tanto en las buenas como en las malas. La Era del Caos había terminado y una nueva Era Meiji, plagada de esperanzas e ilusiones, emergía de sus cenizas como el ave Fénix, esta vez, para no ser derrotada jamás...
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Tokio, año 1987, la capital nipona continuaba desarrollándose rápidamente y se encaminaba a ser una de las cunas económicas del mundo; con una historia milenaria y costumbres que no desaparecían a pesar de la tecnología y los nuevos tiempos, la ciudad representaba la unión de dos mundos; el del Japón Feudal, donde los Samurai eran los reyes, y el del Japón moderno, representado por los rascacielos y los carros que transitaban por las calles... En pleno corazón de la ciudad, un padre y sus dos hijos disfrutaban de una velada familiar aprovechando que la madre estaba en un viaje de negocios en Kyoto. El padre les había ofrecido ir al parque y luego al cine, pero los niños rechazaron la idea porque preferían escuchar sus historias; fue entonces cuando el hombre decidió que ya era tiempo de narrarles algo muy especial y se dirigió a la biblioteca del apartamento donde vivían para extraer un libro enorme decorado con finos dibujos y en cuya portada podía leerse en Kanjis "Historia de los Amakusa"; luego, con voz solemne les dijo a ambos que estaban a punto de escuchar la historia de cómo sus ancestros habían salvado a Japón de la malvada Sociedad del Dragón Negro... Los dos hermanos escucharon atentamente cada una de las palabras de su padre y en su mente vivieron cada batalla, cada traición, cada romance y cada muerte... ciertamente que el hombre omitió los detalles más íntimos y suavizó las partes más oscuras, pero el mensaje final se mantenía intacto: un grupo de personas con pasados y vidas disímiles terminaba formando lazos de amistad sólidos y duraderos en medio del caos. Finalmente, luego de contar la despedida en la estación, el padre cerró el libro y miró a sus hijos esperando ver sus reacciones.
"¡Ha sido un hermoso final!" – dijo la niña de piel blanca, cabellos marrones y unos ojos verdes que parecían hipnotizar.
"Al menos después de tantas cosas malas, todos pudieron tener un final feliz" – dijo su hermano quien era blanco como ella, pero más bronceado y con el cabello más negro.
"Bueno, no todos tuvieron un final feliz... el Maestro Hiko y ese General..." – empezó a decir la hermana, pero su llanto le impidió continuar.
"No llores, Sayo, a pesar de sus muertes, la contribución de ambos fue decisiva en el desenlace de la guerra por lo que estoy seguro de que donde quiera que estén no se sienten tristes" – dijo el Padre mientras acariciaba el cabello de su hija – "¿Quieren ver cómo eran?" – preguntó el padre para tratar de desviar la atención de las muertes de los dos héroes.
"¡Hai!" – respondieron ambos niños al unísono.
El hombre abrió el libro y justo luego de las escena que acababa de relatar les mostró a sus hijos que había varias páginas llenas de dibujos y fotografías en blanco y negro que ya notaban el paso de los años; los niños se asombraron al ver las imágenes de cada uno de los protagonistas de la historia que acababan de escuchar y su mirada finalmente encontró la última imagen que mostrada a todo el grupo sentado con muchos niños alrededor.
"Esa foto fue tomada algunos años más tarde en una reunión que celebraron en Tokio, como verán, están todos los presentes y sus hijos" – declaró el padre contento – "A ver adivinen quién es quién"
"Esta es Misanagi" – dijo la niña señalando a unas de las personas.
"Este es Kenshin" – dijo su hermano.
"Este es Shougo"
Y así continuaron tratando de descubrir las identidades de los que aparecían en la fotografía; su padre asentía cuando acertaban y corregía cuando erraban y así siguieron hasta que el niño se dio cuenta de que aún quedaban algunas páginas que su padre no les había mostrado.
"¿Qué más hay en el libro?" – preguntó.
"Eres muy observador mi querido Shougo; en esas páginas están las últimas anotaciones que se hicieron y narran lo que pasó varias años después con cada una de las personas que participaron en esta historia" – contestó el padre con una sonrisa.
"¿Nos puedes leer esa parte?" – preguntó la niña haciendo un puchero.
"Sí, por favor, cuéntanosla" – añadió el otro.
"Está bien, pero primero vamos a hacer la cena ; les prometo que cuando hayamos comido les termino de contar le historia"
"Arigatou, Tou-san" – dijeron los dos al mismo tiempo.
En el próximo capítulo se narrará lo que pasó con nuestros héroes en los años sucesivos; no se pierdan en el epílogo de esta historia.
Notas del Autor: Vaya, vaya, al fin ha llegado el momento que tanto demoró y que tanto temí; el final de esta historia; son ya casi 10 años desde que escribí el primero boceto de la misma y ni qué decir de las cosas que han pasado en el mundo y en mi vida durante este tiempo. La verdad no quiero extenderme demasiado, pero sí quiero agradecer a todas las personas que me han apoyado en este proyecto; en especial claro a mi ex socia Misanagi quien aunque no está conmigo escribiendo siempre tendrá parte de su esencia en los personajes y en la historia. A todos las personas que han leído partes de este escrito y a aquellos que han sido fieles al fan fic hasta el día de hoy; gracias por dedicar parte de su vida a leer mi trabajo. Mil perdones por la demora, han pasado 3 años desde el capítulo 23 hasta este (aunque el 23 lo rescribí hace menos de un mes, me refiero a la primera vez que lo publiqué) y realmente no tengo excusas. No quiero dar nombres porque son tantas personas que seguro olvidaré a alguien y me sentiría muy avergonzado de hacerlo. Es una sensación extraña la que ahora experimento porque empiezo a cerrar esta etapa de mi vida (lo cual no quiere decir que vaya a dejar de ser otaku o fan writer ni mucho menos) sino que uno de mis mayores proyectos al fin se culmina y tengo el mismo sentimiento de un padre cuando mira a su hijo volar del nido.
Espero que la espera haya valido la pena y que me sigan acompañando en mis futuros proyectos; parafraseando al Doc de Volver al Futuro: nunca puedes tener a un escritor quieto así que ya hay nuevas ideas y pronto tendrán noticias mías. Sobre el capítulo como tal creo que no hay mucho que contar; la pelea de Kenshin y Takashi fue más mental que física y quizás fue la prueba para Himura de que podía dominar su mente y sus sentimientos; al final no me atreví a matar a nadie más (mi vida corrió peligro con la muerte de Seijuro ja, ja) y quise dejar lo de Omasu y Soujiro en el aire porque la verdad era muy pronto para otra cosa. Ciertamente, a pesar de la victoria, el país quedó muy devastado y apenas si estaban por empezar las reparaciones por lo que nuestros héroes no iban a tener mucho tiempo para el ocio al menos por unos meses o años, pero lo importante era que la paz había llegado y esta vez para quedarse.
Supongo que se preguntarán de dónde rayos saqué esa técnica rara que usa Kenshin contra Takashi (El Hi Ryuu Sen) les explico que no la inventé yo, aunque no sale en el anime; es una técnica que aparece en el manga en la pelea de Kenshin contra Raijuuta (el desarrollo de ese duelo difiere muchísimo en el anime respecto al manga) y básicamente hace lo que describí durante el combate así que si ese movimiento no les gusta o lo ven raro no me culpen a mí, fue idea de Watsuki-sama. Lamento haber usado algo que sólo sale en el manga porque sé que muchos lectores quizás no han tenido la oportunidad de leerlo, pero si no lo han hecho les daré esta dire .com/ allí podrán bajar todo el manga de la serie y de muchas otras.
No creo que Takashi fuera cobarde por irse con Claudia; al final sus hombres escaparon y como él mismo dijo, el gobierno no iba a atreverse a matar a los soldados capturados, ya había demasiada sangre derramada y todos ellos terminaron engrosando las filas del ejército Meiji. Además, la pelea contra Kenshin le había abierto los ojos en muchos sentidos y ahora quería tener éxito en un sueño más mundano al lado de su mujer quien también saldó sus cuentas y podía dedicarse tranquila a su felicidad (Además ni loco mataría a mi personaje del alma ^^ obvio que me refiero a Claudia por si alguien pensó lo que no era ja, ja)
Finalmente, aprovecho para agradecer al gran Nobuhiro Watsuki por haber creado una serie tan fabulosa como Rurouni Kenshin (Samurai X) para mí una de las diez series más grandes de todos los tiempos la cual creo que nunca perderá vigencia y por muchos años que pasen impactará a todo aquel que tenga al oportunidad de verla.
Como ya comenté en el capítulo anterior, ahora también publico en , mi nick es Shougo Amakusa, pueden buscar mis historias que a parte de las de samurai x hay otras y pronto habrá más. Espero me apoyen en esta nueva etapa. Además, mi website sigue en pie y estoy por terminar la reestructuración, vendrán sorpresas por ese lado, les mantendré informados.
El capítulo siguiente no es más que un epílogo aunque habrá alguna sorpresa; espero que este relato les haya agradado y que el cierre esté a la altura de las expectativas; ha sido un verdadero honor escribir para ustedes y con mucho gusto seguiré haciéndolo; espero sus comentarios y nuevamente, nos vemos en la próxima entrega.
