*adfsraiurfgnmcRUMIKOyagsaygsahaTAKAHASHIjhauygden cxESjasjaLAiiejaCREADORAuyeniauDEahydhernsINUYASHA . (¡La forma en que lo escribí hace que me sangren los ojos!) Bueno, en otras palabras, Rumiko Takahashi es la creadora de Inuyasha.
Enchanted
La luna; brillante, blanca y redonda, cuál perla recién pulida, había desaparecido esa noche, como una vez al mes.
Siempre sucedía, sin falta.
Inuyasha refunfuñó molesto y se removió en su lugar. Aquella rama era muy incómoda.
Demasiado.
Algunas astillas se enterraban en su trasero y las hormigas se adentraban por su traje, provocándole una sensación molestamente molesta. ¿Molestamente molesta? Y hasta ya hablaba extraño.
Aunque, ¿Para qué culpar a los inocentes insectos, cuando lo que en verdad lo traía de un humor de perros era el hecho de que esa noche era un humano?
Un débil e inútil humano.
Observó a sus amigos, reunidos y dormidos alrededor de una fogata que todavía se encontraba encendida.
Masculló algo entre dientes, similar a una maldición y bajó del árbol de un solo salto. Se recostó en el tronco de éste, dispuesto a dormir, pero no pudo.
¿La razón?
Kagome estaba teniendo una pesadilla. Los descontrolados latidos de su corazón y la forma en que se retorcía dentro de su saco de dormir la delataban.
Frunció el ceño y se acercó, acunándola en sus brazos, notando al instante como ella se aferraba a él como si su vida dependiera de ello.
Le acarició el cabello suavemente, intentando tranquilizarla.
Sus hebras azabaches eran hermosas, y desprendían un aroma adictivo para él. Sus ojos chocolates le transmitían un mar de sensaciones difíciles de describir y los sentimientos que intentaba expresarle con todas y cada una de sus acciones eran tan puras y sinceras que hasta a ella misma debían de sorprenderle.
Claro, todo aquello jamás lo diría frente a nadie y lo negaría si alguien se enteraba.
De pronto, se encontró con un par de ojos-sus ojos favoritos-que le miraron con curiosidad, provocando que un sonrojo se posara sobre sus mejillas.
-¡Feh!-se cruzó de brazos y desvió la mirada, intentando ocultar su rostro ruborizado.
Kagome no dijo nada; tan solo se limitó a sonreír y se acurrucó más entre sus brazos.
E Inuyasha quedó mirando hacia la nada como un completo idiota, dándose cuenta de algo: No eran sus ojos, su cabello o su aroma, lo que en verdad le tenía encantado era su reluciente sonrisa. Esa que le dirigía siempre y sólo a él.
FIN
Notas de Autora:
Lamento si no les gusta, pero estoy media enferma. ¡Sí, enferma! Primero me dieron 39 grados de fiebre, y al día siguiente me dio hipotermia. Ahora sólo tengo dolor de cabeza y creo que tengo amigdalitis. Ohh, estos días fueron hermosos (nótese el sarcasmo) Y para que vean que enferma y todo igual puse algo.
¡Vean animé, y que no les de hipotermia! :c
-El Sombrerero Loco
